Diabetes: la enfermedad del desamor

La diabetes es una enfermedad que viene motivada por la insuficiente producción de insulina por el páncreas, hecho que origina que la glucosa que ingerimos no se metabolice y permanezca en la sangre provocando que el nivel de azúcar en ésta sea muy alto. Un problema que afecta a muchos españoles dificultándoles llevar una vida normal.

La Diabetes Mellitus -que así se llama científicamente- es una enfermedad del sistema endocrino que afecta al metabolismo celular y a los sistemas enzimáticos que lo regulan y que se desarrolla a causa de la insuficiente producción de insulina que debería generar el páncreas respecto de las necesidades del organismo.

Como se sabe, la glucosa y las grasas que ingerimos con los alimentos son empleados como fuente de energía. Pero para su aprovechamiento y utilización necesitamos insulina, una hormona que es segregada por el páncreas y cuya principal función consiste en facilitar el paso de la glucosa al interior de las células de nuestro organismo -especialmente de las cerebrales-. Es decir, que sin insulina nuestro organismo sería como una caldera que no se puede encender. Una caldera en la que la insulina sería la chispa, el fósforo que hace quemar el gas -en nuestro caso la glucosa- para transformarla en energía aprovechable. En suma, si falta la chispa no se puede producir la esperada combustión y el exceso de gas -glucosa- terminaría por asfixiarnos.

En consecuencia, cuando el páncreas no produce insulina, no lo hace en cantidad suficiente o existe resistencia a su actividad, el metabolismo se ve alterado dando como resultado una hiperglucemia mantenida; es decir, una elevación de la cantidad de “azúcar” en la sangre donde se acumula al no poder ser metabolizada. Niveles altos que provocan -especialmente en los vasos sanguíneos- las lesiones y síntomas conocidos: aumento brusco de la sed, diuresis (ganas de orinar) excesiva, aumento de apetito y pérdida de peso, lo que se desarrolla a lo largo de varios días. El shock metabólico es entonces tremendo y el desequilibrio descomunal. La persona come, bebe, orina y adelgaza exageradamente con lo que se siente desenergetizada y cansada.

La diabetes es, de hecho, la alteración metabólica crónica más severa y común en la población occidental y se clasifica en dos tipos que se diferencian por sus características epidemiológicas, clínicas e inmunológicas. La diabetes tipo 1 o insulinodependiente -DMID- (también llamada juvenil por su edad de comienzo: niños, adolescentes y, en general, menores de 30 años) y la de Tipo 2 -o de adulto- (no insulinodependiente -DMNID-). En ambos casos existe un déficit de insulina; si el déficit es absoluto se la denomina de Tipo 1 y si es relativo de Tipo 2.

En el mundo occidental -especialmente en Europa y Estados Unidos- es sin duda una de las enfermedades más comunes. Según fuentes de la Asociación Británica para la Diabetes, en el año 2010 cerca de 220 millones de personas en el mundo -el doble que ahora- padecerán diabetes. Pero será en los países en vías de desarrollo donde el incremento de esta enfermedad será espectacular. No cabe la menor duda de que para estos países el mundo occidental es el paraíso, la tierra prometida, y tratan de emular sus costumbres socioculturales, entre las que se encuentran los hábitos alimenticios. En la sociedad occidental, sociedad de la opulencia y del logro, altamente competitiva, industrializada, alienada y materializada, el incremento de enfermedades cardiovasculares y diabetes es realmente alarmante.

Sin contar hospitalizaciones y demás atenciones, el gasto de nuestro país sólo en fármacos se eleva a más de 900.000 millones de pesetas. Alrededor del 10% del gasto sanitario está relacionado con la diabetes. Estamos pues ante una enfermedad con unos costes económicos, sociales y humanos de enormes proporciones. Por todas estas razones, la diabetes es motivo de preocupación creciente por su elevada prevalencia y por ser causa directa de elevados costes sanitarios, discapacidad y muerte.

Sin embargo, ni las causas ni la manera de tratar la enfermedad están hoy claras. De ahí que nos haya llamado la atención la aparición de una obra que con el título “Vivir con diabetes” acaba de salir a la calle y en la que se aborda esta problemática de una manera no sólo novedosa sino, sobre todo, lúcida. Un libro que va a resultar sin duda una guía útil y práctica tanto para quienes padecen esta enfermedad como para sus familiares y allegados. En especial, porque les ayuda a mantener una actitud positiva ante la vida y les muestra el lado más humano de la diabetes enseñando que la enfermedad es también una maravillosa oportunidad para cambiar, crecer, ser más humanos y, en consecuencia, más felices.

No dudamos por ello en ponernos en contacto con su autor, Juan José Murillo, con quien mantuvimos la siguiente charla.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

-Sinceramente, yo nunca me había planteado escribir un libro y mucho menos que tratase de esta enfermedad. Ni siquiera mi formación académica inicial podía augurar que así lo hiciese ya que estudié Derecho, carrera que nada tiene que ver con la salud y la enfermedad. A veces tengo la sensación de que en realidad ha sido el resultado del empeño y la suma de más voluntades que de la mía propia. Me explico. Mi pasión era la Quirología científica y la Dermatoglifia, ciencia que estudia la íntima relación entre el sistema nervioso central y las alteraciones a nivel de huellas. Por esa razón lo primero que hice fue trabajar en un proyecto de investigación sobre la interrelación existente entre los caracteres dermopapilares (huellas digitales y palmares) y la diabetes Tipo 1 con el fin de encontrar marcadores dermatoglíficos que nos permitieran prediagnosticar la susceptibilidad de desarrollar diabetes a lo largo de la vida. Tuve entonces la suerte de contactar con la doctora Mª Teresa Ramos, profesora titular del Departamento de Toxicología y Medicina legal de la Facultad de Medicina en la Universidad Complutense, quien se interesó por mi trabajo y me ayudó mucho. Ha sido un proceso y cinco años de duro trabajo pero ha merecido la pena.

-Según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2025 habrá en el mundo cerca de 300 millones de diabéticos. Una cifra con carácter de epidemia…

-Lamentablemente así es. La diabetes es la epidemia de nuestro tiempo. A todos nos toca algún día, de cerca o de lejos. ¿Quién no conoce a alguien, familiar o amigo, que padezca esta enfermedad? Entre un 2,5% y un 6% de la población oocidental -llega al 8% entre los mayores de 65 años- padece diabetes. Estos datos suponen, por ejemplo, que en España, con una población en torno a los 40 millones, puede haber algo más de 2.000.000 de diabéticos de los que el 10% serán de tipo 1 o insulinodependientes. Pero lo peor es que una de cada dos personas diabéticas desconocen que lo son. Esta población no diagnosticada es muy importante porque ya la prediabetes es muy nociva para la salud en términos patológicos. Por eso con demasiada frecuencia se diagnostica la diabetes de forma casual al hacerse unos análisis rutinarios: intervenciones quirúrgicas, reconocimiento médico laboral, chequeo, etc.

-¿Y cuál puede ser la causa de este incremento tan espectacular de los casos de diabetes? Porque cada vez más investigadores plantean que está relacionada con la falta de cariño, especialmente durante la infancia, aunque luego ese desamor se manifieste años más tarde…

-Como cualquier enfermedad, la diabetes no puede ser contemplada únicamente desde una perspectiva biológica sino desde una perspectiva integral biopsicosocial. Y es verdad que actualmente nuestra sociedad promueve comportamientos desde la infancia utilizando los poderosos medios de comunicación, incompatibles muchas veces con la salud. Muchas enfermedades se producen como causa de nuestros hábitos culturales -consumismo, alimentación, tabaco, alcohol, etc.- y de la contaminación ambiental, en cuya raíz se encuentra el comportamiento del hombre. El notable incremento de la diabetes y de otras enfermedades -por ejemplo, el cáncer de mama- probablemente obedezca a cambios operados en el medio ambiente y en los hábitos de vida. Porque aun cuando las causas de la enfermedad sean biológicas, como las originadas por un virus, su frecuencia, distribución y perturbación están no obstante determinadas por la forma en que la cultura establece los roles de los hombres, de las mujeres, de los niños y de los adultos. Por todo ello, se pueden establecer ciertas conexiones entre los modos de relacionarse las personas con su medio interpersonal –familiar, social, laboral, etc.- y la aparición de la enfermedad. La diabetes es una enfermedad multifactorial en la que se combinan factores genéticos y de tipo ambiental. Uno de los desencadenantes de la diabetes, por ejemplo, son los errores alimenticios. La llamada comida rápida o comida-basura -rica en proteínas y grasas saturadas- así como la ingesta excesiva de azúcares refinados, dulces y bollería, conjuntamente con la competitividad, el estrés y la vida sedentaria, hacen que en nuestra sociedad la prevalencia de la diabetes sea cada vez mayor.

 -Pues muchas personas piensan que la diabetes es una enfermedad genética…

-A pesar del indudable avance tecnológico, a día de hoy la medicina no conoce la verdadera causa de la diabetes. En los últimos años, en el mundo de la ciencia, se ha generado una larga polémica sobre si los diabéticos nacen o se hacen. Y se ha hablado mucho de su carácter genético pero su mecanismo hereditario, en términos mendelianos, no se conoce bien. En conjunto, la probabilidad de desarrollo de diabetes de Tipo 1 en los familiares de primer grado es únicamente del 5% al 10%. Por el contrario, la diabetes de Tipo 2 tiene una marcada influencia genética. El riesgo para la descendencia y los hermanos de los pacientes de este tipo de diabetes es mayor que en los de Tipo 1. Aproximadamente el 40% de los hermanos y la tercera parte de la descendencia puede acabar desarrollando intolerancia a la glucosa o diabetes manifiesta. Está claro pues que los factores genéticos influyen en la aparición de la diabetes. Pero también es cierto que, en todo caso, lo que se hereda es la “predisposición a la diabetes”. De ahí que los factores ambientales, al igual que la falta de ejercicio, la obesidad, la vida sedentaria o el estrés emocional, sean igualmente determinantes para la posterior aparición de los síntomas de la enfermedad. No sé cuál de los dos factores – hereditario o ambiental – es el principal o el primario en la patología de la diabetes pero parece probable que sea una interacción de los dos lo que lleva a la manifestación de la enfermedad. La diabetes, en consecuencia, no es una enfermedad puramente genética. En suma, en primer lugar es necesaria la susceptibilidad genética a la enfermedad; y, en segundo lugar, se requiere el efecto de un factor ambiental para iniciar el proceso patológico en los sujetos con susceptibilidad genética. Probablemente la predisposición genética es de tipo permisivo y no causal.

-De hecho, en su libro habla de la vital importancia del medio sociocultural y del estrés emocional en la aparición de la diabetes.

-Efectivamente, estos dos puntos los considero cruciales. Durante algún tiempo yo me reuní dos veces al mes con un grupo de enfermos que aceptaron colaborar conmigo en un estudio sobre los factores psicológicos en la diabetes. En la intimidad de las entrevistas yo les preguntaba por la manera y el talante de vivir la enfermedad, cómo surgió, que pasó, cómo vivieron aquel momento. Y la formalidad inicial se fue transformando en una comunicación entrañable de corazón a corazón, preñada de vivencias y sentimientos. Ellos me hablaban de sus sueños, esperanzas, inquietudes, sentimientos y emociones; de todo lo no ortodoxo y que no se atrevían a contar a sus médicos. Y así me di cuenta de que la mayoría de ellos, con anterioridad a la aparición de los síntomas diabéticos, habían vivido algún periodo de tensión psicológica o alguna experiencia traumática de fuerte impacto. Pero lo más sorprendente fue que estaban convencidos de que ese período de su vida influyó decisivamente para enfermar de diabetes.

-¿Me está diciendo que la diabetes puede ser motivada por un conflicto emocional? Esa es la tesis que, también respecto de esta enfermedad pero no sólo en cuanto a ella,  defienden igualmente investigadores como Joaquín Grau -autor de la terapia Anatheóresis– o, incluso, el perseguido doctor Hamer sobre las causas del cáncer.

-Pues coincidimos todos. La tensión emocional es parte esencial del proceso patológico de la diabetes. El cuerpo físico y la conciencia del ser humano trabajan siempre en equipo y de ahí la importancia de ser conscientes de nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, deseos y creencias ya que de todos ellos dependen las reacciones de nuestro organismo. Nuestra mente, según lo que estamos pensando, vibra emocionalmente. Y según lo que estamos sintiendo, hacemos en consecuencia funcionar el cuerpo físico. Las perturbaciones del espíritu se hallan en íntima dependencia del subconsciente. La falta de armonía en el plano de la conciencia es la que genera posteriormente las molestias y síntomas de cualquier padecimiento físico. La enfermedad es, por tanto, la manifestación física de la carencia de equilibrio y armonía en la conciencia del individuo. Es obvio que las personas estamos hechas de células, moléculas, órganos, etc., pero también de experiencias. Los pensamientos, sentimientos, emociones y el correspondiente equilibrio cuerpo-mente afectan a nuestro organismo exactamente igual que los factores genéticos y ambientales.

-Entiendo, pero, ¿qué me dice entonces de los niños de corta edad que enferman de diabetes?

-Ese es un tema tan complicado como apasionante. Cuando un miembro de la familia enferma se produce una sacudida en el seno familiar. Cuando además el que enferma es un niño, esa sacudida se transforma en una bomba emocional. Para los padres la experiencia será inolvidable y uno de los acontecimientos más difíciles de sus vidas. Es de lamentar que cada vez haya más niños a los que se le diagnostica diabetes. Afecta igual a ambos sexos y presenta dos momentos de máxima frecuencia: a los 6 o 7 años y al llegar a la pubertad. En los casos que conozco he procurado obtener la mayor información posible de sus padres. Un punto muy importante de interés para mí es conocer cómo han vivido el embarazo, su paternidad–maternidad, incluso la concepción. Porque hoy sabemos que desde el primer despertar de la conciencia el feto vive al compás del corazón de su madre. Cada vez que se mueve la madre, el niño se mece suavemente dentro de su vientre. Durante la gestación, todas y cada una de las emociones y sentimientos que una madre vive -es decir, su estado físico, su entorno social y vivencial, su vida sentimental y emotiva, etc.- es compartida también por el bebé, quien vive en simbiosis total con su madre. Conoce y sabe de sus pensamientos, sentimientos y emociones, siente cuándo su madre ríe, llora, está triste o es feliz, si ha sido bien recibido o por el contrario es rechazado…. Incluso intuye si llega en un mal momento o viene con un pan debajo del brazo.

Bien, pues todos estos datos son cruciales para entender la personalidad del pequeño, cómo siente y, en consecuencia, de qué manera se relaciona con el mundo y consigo mismo. Aunque es en el adulto cuando se observa de manera meridiana lo dicho anteriormente. Generalmente, la persona diabética ha sido un bebé al que le ha faltado el contacto con los padres porque uno de ellos o ambos eran poco demostrativos de su afecto. Esto no quiere decir que los padres no le quisieran pero sí nos habla de que una cosa es sentir el cariño paternal-maternal por los hijos y otra muy diferente demostrarlo a través de caricias, cogiendo al bebé en brazos, besándolo y achuchándolo. Manifestaciones de cariño como éstas evidencian que el amor y la confianza son cuestiones cruciales en el posterior desarrollo de la personalidad.

-Entonces la familia puede jugar un papel muy importante cuando se manifiesta la diabetes en el niño…

-Fundamental. La aparición de la diabetes es un hecho que afecta a todos y cada uno de los miembros de la familia y no sólo al niño que la padece. Se diría que es la familia en su conjunto quien enferma. Esta afirmación está basada en la certeza de que la enfermedad no es un asunto privado: se origina, desarrolla y repercute física, psíquica y emocionalmente en el grupo familiar. La familia es la estructura básica de la vida y proporciona a los hijos refugio, guía, educación, amor y seguridad emocional y física. No es casualidad que en esta vida coincidamos padres e hijos; sin duda algo debemos de aprender los unos de los otros. Y aunque suene duro, la aparición de una enfermedad como la diabetes puede ser una ocasión magnífica para cambiar y desarrollarse conjuntamente.

-Sé que su interés por el tema y el hecho de haber escrito este libro se debe en parte a que hace unos años le dijeron que era diabético…

-Es cierto. Hace algo más de siete años la diabetes me vino a visitar de improviso, en una época de mi vida en la que coincidieron importantes cambios vitales. Entonces estaba centrado en la superficie de la vida, buscando causas y soluciones mecánicas a los problemas que me planteaba la existencia. Y apareció la diabetes. Al principio me sentí derrotado, vencido y me costó muchos meses entender que a partir de ese momento me aguardaba otra vida y que en mis manos estaba la oportunidad de entender y comprender qué es lo que nos sucede cuando enfermamos. Algo que luego me ha servido para entender a los diabéticos que “debutan”. Por eso instintivamente les pregunto si han perdido el trabajo o, por el contrario, han comenzado uno nuevo, si se han cambiado de casa, si les ha dejado el novio o la novia o han iniciado una nueva relación, si han sufrido recientemente alguna pérdida que ellos consideren importante… Y claro, se extrañan de que lo pueda saber. Pero no hay ningún misterio: pueden cambiar las circunstancias, las personas, pero la vida se manifiesta de igual manera.

Y entonces, ¿cree que tiene curación la diabetes?

-Tendríamos que empezar por definir a qué llamamos curación. En la actualidad, y desde el punto de vista de la medicina alopática, la diabetes Tipo 1 no tiene curación. La diabetes de Tipo 2, sobre todo si se detecta precozmente, tiene posibilidades de mejorar sensiblemente hasta llegar a su curación.

Pero así como la enfermedad es el resultado de alteraciones que el organismo ha sido incapaz de superar, la curación ha de ser el fruto de una serie de cambios activos por parte de la unidad cuerpo-mente que restablezcan el equilibrio perdido. Tenemos que entender además que la verdadera curación no está sólo en la vuelta a un estado anterior a la aparición de la diabetes sino que se trata de aprovechar la maravillosa oportunidad que nos ofrece la enfermedad para cambiar, para crecer, ser más humanos, más armónicos con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. En definitiva, para ser más felices.

 Jorge Campos

Este reportaje aparece en
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Marzo 2000
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