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| EL
AGUA DE MAR PURIFICADA CURA DIVERSAS ENFERMEDADES. Plama de
Quinton |
El agua de mar purificada
extraída de grandes profundidades -bautizada
como Plasma de Quinton en honor de quien hizo
este descubrimiento- ayuda a curar o mejorar
los síntomas de patologías tan dispares como
las afecciones de la piel -incluida la psoriasis-,
la desnutrición, el asma, los problemas de
próstata, la artritis, la osteoporosis, la
bronquitis, la gingivitis, los problemas gastrointestinales,
el desequilibrio de los sistemas nervioso
central e inmune, la obesidad, el cansancio,
la sinusitis, la anorexia y el estrés, entre
otras dolencias. Sin embargo, en España sólo
está hoy autorizado su uso como complemento
dietético -con el nombre de Quinton Isotonic-
a pesar de que durante décadas se han contrastado
las propiedades terapéuticas de este plasma,
incluso en casos de enfermedades mortales.
Aunque el conocimiento de las propiedades
curativas del agua de mar se remonta muchos
siglos atrás en la historia del saber humano
no fue hasta principios del XX cuando el agua
marina empezó a aplicarse por vía subcutánea
como alternativa terapéutica para tratar y
curar hasta enfermedades presuntamente mortales.
Se asegura que los tratamientos dirigidos
con ella por René Quinton, filósofo
francés y apasionado defensor de la aplicación
terapéutica del agua de mar, permitieron en
su época la curación de pacientes con cólera,
tuberculosis y desnutrición.
Las ideas de Quinton nacieron como consecuencia
de la similitud fisiológica que encontró entre
el agua de mar y el plasma sanguíneo de los
mamíferos -incluidos, por tanto, los humanos-
y que le llevó a inferir que quizás fuera
posible curar enfermedades sustituyendo simplemente
el plasma sanguíneo del enfermo por plasma
marino -agua de mar- debidamente tratado.
Y el caso es que la excentricidad de sus postulados
y lo revolucionario de su técnica curativa
le convirtieron en un hombre muy famoso a
principios del siglo pasado, como bien recoge
la doctora española Montserrat Palacín
en un libro que está preparando -parte del
cual nos ha hecho llegar-, en el que habla
extensamente de ello.
El hallazgo se basaría en su propia experiencia
personal. En 1897, aquejado de tuberculosis,
Quinton consultó a un jesuita amigo suyo que
le refirió un texto de Platón donde
el filósofo griego cuenta cómo unos sacerdotes
egipcios le trataron positivamente con una
"cura marina" que consistía en estar en contacto
con el mar y beber sus aguas previamente tratadas.
Decidido a probar, Quinton sanaría en poco
tiempo de su problema pulmonar, lo que le
llevaría a la conclusión de que el plasma
marino tenía que tener propiedades curativas
en los organismos vivos. Pero sus ideas -como
suele ocurrirle a quien propone una forma
alternativa de pensar- le enfrentaron enseguida
a la comunidad científica de la época. Quinton,
tras estudiar el asunto en profundidad, llegó
a concluir además que las especies no se adaptan
al medio externo por efecto de la casualidad
sino que, de forma voluntaria y consciente,
tienden a mantener sus condiciones de origen,
su medio celular interno original, que en
todas las plantas y animales es similar al
medio marino. Esta similitud se explica por
un simple hecho: todas las especies que pueblan
la Tierra proceden del mar y sus líquidos
corporales son "agua de mar". Para Quinton
era obvio, pues, que el plasma marino influye
necesariamente en todos los procesos vivos
de la Tierra porque de alguna manera forma
parte de todos ellos, desde la savia de las
plantas a los torrentes sanguíneos de todas
las especies.
EL AGUA DE MAR CURA
En 1904 Quinton
publicaría los resultados de sus observaciones
en un libro titulado El agua de mar: medio
orgánico donde recoge las leyes -que él
llamaría Leyes de la constancia general-
en las que se sustenta su terapia marina y
en el que afirma: "El agua de mar, introducida
en el organismo humano, juega un papel útil
en todos los casos donde el medio interno
esté viciado por una causa cualquiera".
Es decir, Quinton consideraba la enfermedad
como un vicio de ese medio interno por lo
que, si se limpiaba con agua de mar,
se curaría. Tradujo así esta idea en una terapia
que primero probaría en perros enfermos a
los que sustraía una parte importante del
volumen sanguíneo sustituyéndolo por agua
de mar mezclada con agua desmineralizada y
llevada a una concentración isotónica (9 gramos
de sales por litro, la misma concentración
en sales marinas que contiene el plasma sanguíneo
de los mamíferos). Y pronto observó que los
perros sobrevivían perfectamente y que, incluso,
en unas pocas horas aumentaban su vitalidad.
Poco después empezó a tratar con plasma marino
(vea en el recuadro adjunto cómo y de dónde)
todo tipo de enfermedades en humanos. Abrió
entonces hospitales (el primero en 1907) -o,
como él los denominó, dispensarios marinos-
a los que -como explica la doctora Palacín-
acudían cada día niños, moribundos y adultos
con enfermedades mortales como la tuberculosis.
A todos se les inyectaba agua de mar con la
misma concentración de sales marinas que contiene
el plasma sanguíneo humano, siendo rápida
la mejoría. Muchos, incluso, sanaban completamente
de sus dolencias.
"La verdad es que Quinton no hizo nada
nuevo -nos explicaría por su parte
Laureano Domínguez, periodista colombiano
que lleva 25 años estudiando el legado de
Quinton y que defiende actualmente la necesidad
de reabrir los dispensarios marinos-. Simplemente
recuperó algo que se había perdido, concatenó
las ideas, las ordenó, escribió las leyes,
las demostró y se dedicó a curar en silencio".
El caso es que poco a poco se fueron estableciendo
centros para la aplicación de sus métodos
en lugares tan dispares como Egipto, Bélgica,
Inglaterra o Estados Unidos y esta terapia
marina vivió un auténtico esplendor en las
primeras dos décadas del siglo XX. Justo hasta
que la muerte de Quinton -en 1925- y otros
acontecimientos prolijos de explicar hicieron
que esta forma de curar fuera cayendo lentamente
en el olvido, como nos explicaría la doctora
Palacín: "La terapia de Quinton fue dejada
de lado por los médicos de las sucesivas generaciones
porque la floreciente industria farmacéutica
desvió su interés hacia nuevos 'específicos'
de moda. Y este método tan simple, sobradamente
probado y exento de efectos secundarios se
dejó de lado por desidia". La irrupción
de la penicilina y el caos producido por las
dos guerras mundiales hicieron el resto.
EL RESURGIR DE LA
TERAPIA MARINA
Corría sin embargo
el año 1943 cuando, en plena Segunda Guerra
Mundial, el Plasma de Quinton fue presentado
en el Laboratorio Nacional de Control de Medicamentos
de Francia e inscrito como medicamento bebible,
inyectable y de uso tópico -es decir, externo-
con una concentración de 9 gramos de sales
marinas por litro. Treinta años después se
le otorgaría el ANN (el equivalente al Registro
Sanitario español) a un producto denominado
Duplase de Quinton, con una concentración
de 21 gramos de sales marinas por litro de
agua y un año después al propio plasma
que llevaba tanto tiempo usándose. Pero
he aquí que en 1982 ambos productos perderían
los ANN al no poder adecuarse el laboratorio
fabricante a las nuevas normas exigidas por
la Comunidad Europea. Se producía así un segundo
rechazo histórico a la cura marina ideada
por René Quinton que no volvería a ser reinscrito
-en su fórmula hipertónica (concentración
de 30/1000)- en el Diccionario de Especialidades
francés hasta 1994 y sólo como complemento
dietético bebible y producto alimenticio destinado
a una alimentación especial. Es decir, no
se autorizaba su uso vía subcutánea y perdía
su condición de medicamento.
EL PLASMA DE QUINTON,
HOY
A pesar de todos
estos avatares, en muchos países se sigue
utilizando actualmente el Plasma de Quinton
de la misma forma que lo empleó el científico
francés. Sus numerosos usos terapéuticos se
basan en su capacidad -contrastada- para renovar,
purificar y regenerar el fluido interior del
organismo así como para mantener el equilibrio
vital. Según los defensores de esta terapia,
el Plasma de Quinton es uno de los mejores
regeneradores de los mecanismos celulares.
En Estados Unidos se está empleando para corregir
problemas de próstata, psoriasis, quemaduras,
alopecia, artritis, osteoporosis, bronquitis,
asma, gingivitis, problemas gastrointestinales
o desequilibrios del sistema nervioso central,
entre otras patologías. Incluso se ha demostrado
su eficacia para tratar casos de drogodependencia,
alcoholismo y hemofilia. Y está además específicamente
recomendado para problemas de piel, depresión
del sistema inmune, infecciones, fatiga crónica
o aguda, desórdenes de huesos en adultos,
dolores del crecimiento en niños, embarazo
y lactancia, abortos espontáneos repetidos,
estrés y como normalizador de las deficiencias
nutricionales.
En España algunos centros de medicina complementaria
lo recomiendan también en casos de obesidad,
estados de cansancio, sinusitis e, incluso,
anorexia o desnutrición.
Y lo singular es que, a pesar de que esta
terapia ha demostrado sobradamente su capacidad
para curar enfermedades mortales ya en el
siglo pasado, tanto en España como en la Unión
Europea no se permite en la actualidad su
uso más que como complemento dietético y
"sólo se permite su comercialización en forma
de ampollas bebibles o sprays", como nos
diría Juan Miguel Coll, director de
Laboratoires Quinton, empresa que comercializa
estos productos en todo el mundo.
Resulta paradójico que hoy en día se limite
tanto su uso aunque, afortunadamente, parece
que se están revisando de nuevo en estos momentos
las teorías centenarias de Quinton. Incluso
se han creado centros de estudio e investigación
con el propósito de disponer de datos actualizados
sobre las propiedades del plasma que lleva
su nombre. En este sentido, la Universidad
de Barcelona y el Hospital Veterinario de
Mataró llevan varios meses experimentando
en animales la utilidad y capacidad curativa
del Plasma de Quinton. Su trabajo supone
una posibilidad de rescatar del olvido las
aportaciones de un hombre que creyó firmemente
que el mar -del que todos procedemos- cura.
El éxito de estas investigaciones podría poner
a nuestro alcance otra vez una terapia barata,
sencilla y cuya materia prima -el agua del
mar- pertenece a todos y podría beneficiar
al común de los humanos. Y, además, ¿por qué
no pensar que si del mar vino la vida de él
puede venir la forma de curar a los que están
vivos?
Laura Jimeno Muñoz
El plasma de Quinton
ayudaría a millones de niños desnutridos
"El Plasma de
Quinton es el biberón que requieren los seis
millones de niños que, según la OMS, mueren
cada año". Así de rotundo se expresa
Laureano Domínguez, periodista y escritor
colombiano que se ha convertido -tras 25 años
de investigación- en un apasionado defensor
de los estudios de Talasoterapia del científico
francés René Quinton y de la aplicabilidad
en humanos del plasma marino con propiedades
curativas que hoy lleva su nombre y al que define
como "la especialización en fisiología de
la Talasoterapia tradicional".
Domínguez trata de retomar la antorcha de Quinton
y se ha embarcado en la tarea de dar a conocer
su obra "con el único fin de crear conciencia
entre quienes puedan impulsar la creación de
dispensarios marinos en zonas de alta mortalidad
infantil, no sólo para salvar vidas sino para
que sirvan como cátedras de observación a la
ciencia médica". Pero su ilusión va más
allá de la confirmación experimental de las
propiedades curativas del plasma: "Lo deseable
es que pueda convertirse en una opción al alcance
de los colectivos sociales desfavorecidos que
no pueden acceder a la farmacología tradicional".
Busca convencer para ello a los científicos
de la necesidad de rescatar las aportaciones
de Quinton del olvido. A este respecto, una
victoria parcial es el hecho de que en el Hospital
Veterinario de Mataró (Barcelona) y la Universidad
de Barcelona se estén llevando a cabo experimentos
con el Plasma de Quinton. Después de 18 meses
de trabajo, un equipo de científicos de ambas
instituciones consiguió que el Comité Ético
de Experimentación Animal aprobara los protocolos
que actualmente les están permitiendo experimentar
la terapia marina de Quinton en modelos animales
con enfermedad irreversible.
Laureano Domínguez sostiene incluso que es posible
sustituir el plasma sanguíneo humano por plasma
marino ya que el agua de mar tiene los mismos
nutrientes que el plasma sanguíneo. "El agua
de mar -dice- tiene 30 gramos de sales
marinas por litro mientras la sangre contiene
unos 9. Por este motivo, si el agua de mar se
rebaja servirá perfectamente como plasma sanguíneo.
El agua de mar es un suero que, además de sustituir
líquidos, nutre. Podría evitar la muerte de
muchas personas pero, desgraciadamente, a las
multinacionales de fármacos no les conviene
que se divulgue un remedio tan fácil, accesible
y barato". Y concluye: "ojalá podamos crear
la inquietud entre jóvenes investigadores para
que se repitan las experiencias de Quinton".
Usos del Plasma de
Quinton
El Plasma de Quinton
se utiliza para tratar patologías o afecciones
tan dispares como:
-Problemas de próstata.
-Psoriasis y otras enfermedades de la piel.
-Quemaduras.
-Infecciones.
-Alopecia.
-Artritis.
-Osteoporosis
-Bronquitis.
-Asma.
-Gingivitis.
-Problemas gastrointestinales.
-Desequilibrios del sistema nervioso central.
-Hemofilia.
-Obesidad.
-Sinusitis.
-Anorexia y bulimia.
-Depresión del sistema inmune.
-Fatiga crónica o aguda.
-Desórdenes de huesos.
-Dolores del crecimiento en niños.
-Estrés.
También se emplea en embarazo y lactancia, en
casos de abortos espontáneos repetidos o para
normalizar deficiencias nutricionales.
Indicaciones para
su uso oral
El Plasma de
Quinton no está clasificado como medicamento
sino como "suplemento nutricional de la
función del organismo". Se comercializa
con el nombre de Quinton Isotonic (9 gramos
de sales marinas por litro) en
forma de ampollas bebibles, regenerador de
todas las funciones de la nutrición
celular. Deben tomarse siempre con el estómago
vacío unos 20 o 30 minutos antes de las comidas
o, al menos, una hora y media después de las
mismas. Puede beberse tal cual o diluido en
agua, leche o zumo. Su aplicación subcutánea
todavía no está aceptada aunque ya están en
marcha estudios experimentales en animales
en los que se está probando su aplicación
parenteral. No se han descrito incompatibilidades
ni efectos secundarios.
Existe un Quinton Hypertonic (30 gr/1000 de
sales). Se trata de agua de mar pura preparada
en frío, revigorizante y fortalecedora
por su composición mineral.
Fundamentos de la
Terapia Marina de Quinton
Quinton observó
un día que una víbora aletargada por el frío
recuperaba su actividad al ser trasladada a
una habitación caliente y pensó que "la naturaleza
no crea a los seres vivos para dormir" y
que no era lógico que esos animales de sangre
fría tuvieran que pasar gran parte del año hibernando.
Dedujo así que la vida debía haberse originado
en unas condiciones de temperatura constantes
ideales para el buen funcionamiento celular
y que, a medida que el planeta se enfriaba,
se producía la decadencia de especies que -como
los reptiles- no encontraron un sistema para
crear calor internamente al tiempo que surgieron
otros (mamíferos y aves) que pusieron en marcha
un sistema de termogénesis para mantener esas
condiciones ideales de origen. A partir de ahí
logró dilucidar que es la temperatura interna
de cada especie lo que determina la fecha exacta
de su aparición en la serie zoológica y enunció,
así, su Ley de la Constancia Térmica:
"Frente al enfriamiento del globo, la vida
aparecida en estado de célula a una temperatura
determinada tiende a mantener, para su elevado
funcionamiento celular, esta temperatura de
origen".
Para Quinton, la voluntad de mantener las condiciones
originales -la constancia del medio interno-
necesarias para el máximo rendimiento celular
es lo que hace evolucionar a los seres vivos.
Termómetro en mano, especie por especie, comprobó
su hipótesis: las especies más evolucionadas
tienden a mantener las condiciones óptimas originales.
Y no es precisamente el hombre el ser más evolucionado
en este sentido sino las aves, cuya temperatura
es más elevada que la nuestra.
La siguiente cuestión que se planteó fue qué
otras características existían en los orígenes
además de la temperatura. Entonces pasó a fijarse
en la composición del medio interno de los seres
vivos -es decir, el líquido extracelular que
baña el conjunto de células y tejidos del organismo-
y dedujo que la vida empezó en el agua, cuando
el planeta estaba enteramente cubierto por los
océanos. Por tanto, el medio interno del vertebrado
es agua de mar: sus células nadan en agua marina.
A partir de este supuesto, revolucionario para
la época, enunció la Ley de la Constancia
Marina: "La vida animal, aparecida en
estado de célula en los mares, tiende a mantener,
a través de la serie zoológica y para su funcionamiento
celular elevado, el medio marino de origen".
Además demostró que las especies tienen una
gama escalonada de concentraciones salinas según
su época de aparición. Tal es la base de la
Ley de la Constancia Osmótica: "La
vida animal, aparecida en estado de célula en
mares de una concentración salina determinada,
tiende a mantener, para su funcionamiento celular
elevado a través de la serie zoológica, esa
concentración de los orígenes".
La última de sus leyes es la de la Constancia
General, que dice así: "Frente a las
variaciones de todo orden que puede sufrir en
el curso de las eras la vida animal aparecida
en condiciones físicas y químicas determinadas,
ésta tiende a mantener, para su funcionamiento
celular, las condiciones de sus orígenes a través
de la serie zoológica".
¿Cómo se obtiene el
Plasma de Quinton?
El agua de mar se
sigue extrayendo hoy del mismo punto que señaló
en su día Quinton, a 30 metros de la superficie
y a 10 metros del fondo del Océano Atlántico
ya que ésta es la zona de penetración solar
y en ella el agua es de excepcional pureza.
Una vez recogida se transporta a los laboratorios
mantenida a una temperatura de 4 grados centígrados.
Antes de su envasado se esteriliza en frío para
que no pierda sus propiedades terapéuticas y
se pasa por un microfiltro con orificios de
0,22 micras. Con esta operación -que dura menos
de 48 horas- se obtiene un agua de mar hipertónica
de alrededor de 30 gramos de sales totales por
litro que se comercializa en forma de spray
o de ampolla bebible.
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