Actualmente existen
métodos de diagnóstico para detectar el cáncer
más precisos, específicos y baratos que los
comúnmente utilizados por buena parte de los
expertos. Y ese simple hecho podría salvar
muchas vidas ya que la precocidad de un diagnóstico
es en la mayor parte de las ocasiones fundamental
para la salvación del enfermo. ¿Por qué no
se utilizan? Este mes continuamos el análisis
de la situación, iniciado en el número pasado
hablando del test de detección AMAS y centrando
nuestra atención en el cáncer de mama. Esta
vez lo hacemos en el cáncer colorrectal.
En el caso del cáncer colorrectal -al
igual que ocurre en el cáncer de mama, como
vimos el mes pasado- tanto la prevención como
la detección precoz juegan un papel mucho
más importante, si cabe, que en otros tipos
de tumores malignos. Porque cuando es detectado
con la antelación suficiente su tratamiento
y erradicación es infinitamente menos complejo
que cuando el diagnóstico se realiza en una
fase tardía y, en particular, porque según
las estadísticas existentes en los países
industrializados es el segundo tipo de cáncer
más frecuente y uno de los más agresivos y
letales cuando no se trata de modo adecuado.
Aproximadamente un 23% de los fallecimientos
por cáncer acaecidos en Estados Unidos, Canadá
y México son atribuidos al cáncer colorrectal,
a alguna de sus variantes o a las metástasis
distales del mismo de los que la mitad muere
antes del año y medio de su detección y un
42% entre ese año y medio y los cinco siguientes
siendo un escaso 8% los que superan ese plazo.
Dramático cuadro que se debe en buena medida
a un diagnóstico tardío. Por el contrario,
una detección precoz permite resultados mucho
mejores.
Una de las pruebas más comunes e importantes
para la detección del cáncer colorrectal es
la búsqueda de sangre oculta en las heces.
Invisible al ojo, en el sangrado colorrectal
la sangre se encuentra mezclada o en la superficie
de la masa de desechos. Y sólo es detectable
mediante un proceso químico denominado Hemo-Occult
(Sangre oculta). Hablamos, por tanto, de la
identificación de pequeñas cantidades de sangre
y no de hemorragias identificables visualmente.
Otra cosa es cuando síntomas como el dolor,
la distensión abdominal o la inflamación del
bajo vientre acompañan a la aparición de sangrados
pero desgraciadamente esa sintomatología no
suele aparecer hasta que el tumor ha crecido
y su tratamiento es ya prácticamente imposible.
En tales casos lo único que se puede hacer
es intentar una agresiva intervención quirúrgica
o dar quimioterapia, algo esto último que
comporta efectos muy tóxicos.
En suma, por eso se realiza habitualmente
el test de Hemo-Occult (sangre oculta)
por el llamado "método del guayaco"
(porque una muestra fecal simple se coloca
sobre un soporte impregnado en solución de
guayaco, una especie vegetal). En presencia
de la hemoglobina y tras aplicar un líquido
revelador sobre las heces, al contacto con
la impresión se produce un cambio de color
-generalmente pardo azulado, como tinta de
bolígrafo- que indica la presencia de sangre
y, por tanto, determina la positividad del
test.
Ahora bien, si el "positivo" se produce es
necesario reconfirmarlo porque se han dado
casos de positividad falsa en pacientes que
habían consumido recientemente algunos vegetales
frescos, carnes rojas, suplementos vitamínicos,
hierro, vitamina C o antiinflamatorios químicos
del grupo de los llamados no esteroideos.
Por tanto, estos alimentos y productos deberían
evitarse en las 24 horas anteriores al test
al menos.
Si el positivo se confirmase lo prudente sería
realizar una exploración asistida por procedimientos
fiberópticos, es decir, la introducción por
vía rectal de un tubo flexible que contiene
una pequeña cámara y un iluminador de campo
a través del cual se visualiza el interior
de la cavidad colorrectal y se alcanza la
posición inferior interna del colon conocida
como colon signoideo o sigma en busca de elementos
tumorales macroscópicos o proliferativos que
de otro modo serían difícilmente visibles
o localizables, por no decir imposible.
En algunos casos, y en presencia de ciertos
elementos proliferativos (poliposis), la introducción
del fibroscopio -al que se asocia una cabeza
instrumental- puede utilizarse para la extirpación
directa. No obstante, y entendiendo el hecho
de que 2 de cada 3 cánceres colorrectales
son determinados con cierta precisión mediante
la combinación de estos métodos, existen limitaciones
a su uso tales como procesos microscópicos
o microcelulares que no han proliferado, cambios
ocultos en la región externa (extramural)
de la cavidad colónica o procesos que, por
su naturaleza, presentan mínimos cambios a
nivel de la mucosa anorrectal y sus tejidos
adyacentes paro se están comportando de un
modo terriblemente agresivo en órganos o tejidos
que se encuentran a distancia (distales) del
original y primario sitio de aparición del
tumor.
En suma, hay que analizar las circunstancias
o elementos de nuestro comportamiento habitual
que pueden ayudar a la prevención. Este tipo
de cáncer, por ejemplo, es bastante común
en varones por encima de los 50 años cuya
dieta ha sido pobre en general, con predominio
de carnes y grasas. De ahí que las personas
que siguen hoy una alimentación de ese tipo
debieran plantearse reducir factores de riesgo
volviendo a una alimentación más vegetariana.
La observancia de hábitos intestinales regulares
así como la higiene colónica frecuente, una
dieta rica en fibras y baja en grasas y proteínas,
el ejercicio regular y el alejamiento de hábitos
tóxicos suelen ser elementos suficientes (descartando
factores genéticos) para ejercer una prevención
activa. Y a pesar de que se recomienda realizar
una sigmoidoscopia cada 3 o 4 años desde la
cincuentena, si no se ha tenido síntoma alguno
eso no suele ser necesario.
QUÉ HACER SI SE
DETECTA EL CÁNCER
Si a pesar de
las medidas preventivas el cáncer colorrectal
aparece, la primera opción debería ser acudir
a algún experto en Medicina Biológica y/o
Alternativa. Claro que contactar con médicos
alternativos serios, formados y con experiencia
puede ser una labor ardua en un país como
el nuestro donde la Medicina Alternativa ha
estado durante años en manos de personal sin
formación académica alguna, autodidactas o
aficionados con más buena intención y voluntad
que conocimientos. Es más, las medicinas no
alopáticas han sido ignoradas por los médicos
ortodoxos y proscritas por las organizaciones
de presión y acción política así como por
los gobiernos dificultando el acceso a información
veraz y seria, restringiendo la posible formación
y capacitación profesional, y forzando a los
médicos interesados en ellas a estudiar en
el extranjero.
Debo añadir en todo caso que, como norma general
e independientemente del programa específico
diseñado por el profesional para cada caso
particular, se debe empezar erradicando el
consumo de tóxicos (alcohol, tabaco, café),
adoptar una alimentación que minimice los
factores de riesgo e ingerir los suplementos
nutricionales adecuados. Porque si bien estas
medidas son más útiles para prevenir el cáncer
que para tratarlo una vez manifestado éste,
sí son muy útiles a la hora de prevenir su
recurrencia.
LA DIFICULTAD DEL
DIAGNÓSTICO
Cuando se habla
de "diagnóstico", la gente en general asume
que se trata de algo sencillo y casi automático
al que todo médico o científico llega por
un procedimiento u otro en mayor o menor espacio
de tiempo. Y nada más alejado de la realidad.
Ese reduccionismo simplista que consiste en
confundir hallazgos tantas veces normales
con presuntas anormalidades y lo anormal con
lo anormalmente patológico en una enseñanza
y una lección difícil para todo profesional
de la salud. Especialmente porque si un diagnóstico
correcto supone un elevado porcentaje de esperanza
en el camino hacia la curación de un enfermo
no es menos cierto que la tarea diagnóstica
posee un elevadísimo porcentaje de fracaso
implícito en el propio hecho investigativo
teniendo en cuenta que conocimientos actuales
y medios son elementos limitados y de complejo
manejo y decisión.
Es decir, que los científicos y los médicos
-al igual que el público- se equivocan muchas
veces. Y en demasiadas ocasiones porque tienen
asumidas como verdaderas muchas cosas que
no lo son o deberían ponerse en entredicho.
Tal es el caso, por ejemplo, de la arraigada
creencia de que los microbios -bacterias y
virus- sólo generan enfermedades infecciosas
(como el SIDA, la gripe o la tuberculosis,
la neumonía o el sarampión). En su día se
dio por hecho que la sangre no contenía organismos
vivos que pudieran contribuir a la aparición
de cáncer... porque los microscopios convencionales
no los podían detectar. La aparición del microscopio
electrónico -un alarde de potencia que amplió
el alcance y uso de la técnica de exploración
mediante microscopía aplicada a las ciencias
en general y a la medicina en particular-
demostró que sí existían en la sangre microorganismos
y agentes microbianos... pero muertos. Una
conclusión a la que llegaron los científicos
debido a que ya sí podían observar esos especímenes
pero "comprobaron" que no estaban "vivos".
Más tarde se sabría que esos microbios sí
estaban vivos en el momento de preparar la
solución y que era el vacío creado por la
lluvia de electrones del mecanismo intrínseco
del microscopio lo que los mataba. Así se
entendería con el desarrollo de microscopios
más sofisticados que emplean la luz como base
y con los que se logró saber además que muchos
microbios desempeñan un papel importante ya
que pueden inducir cambios degenerativos celulares,
precursores de cáncer.
Es más, no sólo se pueden hoy detectar estos
microorganismos vivos en la sangre sino que
se pueden hallar evidencias de su actividad
en signos de naturaleza energética y metamórfica
aun cuando no se halla producido tumoración
evidente alguna .
CUANDO LA TECNOLOGÍA
CAMBIA LAS CONVICCIONES
Naessens,
biólogo canadiense de origen francés, desarrollaría
luego un microscopio óptico llamado Somatoscopio
que le permitió ver partículas delgadísimas
de color blanquecino a las que bautizó como
somatides y que jamás habían sido investigadas,
vistas o clasificadas. Llegando a la conclusión
de que se trataba de las partículas más pequeñas
jamás vistas y existentes en la sangre por
lo que intuyó que era la más pequeña unidad
vital, un precursor del ADN capaz de transformar
la energía en materia. Al tiempo que este
revolucionario hallazgo tenía lugar, en otro
lugar del planeta el bacteriólogo alemán Gunther
Enderlein los denominó protitos y la Dra.
Virginia Wheeler criptocitos progenitores
(Progenitor Cryptocides). Diferentes investigadores
en diferentes lugares creyeron que tan sólo
se trataba de variaciones del mismo microbio.
Independientemente de ello, todos llegaron
a la conclusión de que podía confirmarse la
existencia de microorganismos de naturaleza
pleomórfica o cambiante que se hallan tras
el proceso canceroso de un modo u otro.
Más adelante, la introducción del uso del
microscopio de campo oscuro produjo un cambio
de pensamiento en las rutinas de investigación.
Uno de los impulsores de este revolucionario
cambio de mentalidad frente a la investigación
en cancerología y su génesis fue el Dr.
Marteen Klatte, patólogo clínico y homeópata
sueco. Al igual que muchos de sus colegas,
él había asumido el precepto de que los organismos
vivos existían en la sangre y de que sus componentes
esenciales podían ser detectados a través
del microscopio electrónico. Sólo que hasta
entonces en lugar de mirar los componentes
sólo se tenía en cuenta la cantidad; es decir,
se realizaban recuentos. El cambio se produjo
cuando el doctor. Klatte cayó en la cuenta
de que los análisis de sangre tradicionales
-en los que se observaba la sangre y sus elementos
componentes en formula cuantitativa, (recuentos)-
decían muy poco sobre la condición y las funciones
desempeñadas por estos. Por lo que comenzó
a mirar su movimiento y comportamiento intrínseco
estableciendo una variable en el tipo de análisis
sanguíneo realizado que distinguía entre el
análisis convencional y el microscópico de
campo oscuro dándose cuenta de la brutal diferencia
que suponía establecer criterios de competitividad
y competencia -cualitativos- de la sangre
frente a los tradicionales criterios de número
o cuantitativos.
A modo ilustrativo, imaginemos que un individuo
acude por primera vez a que se le realice
este tipo de prueba. El sujeto padece cáncer
y se le practica un recuento de célula blanca,
lo cual significa que se practica un recuento
de neutrófilos (un tipo de célula de la sangre).
El procedimiento estándar es contrastar el
recuento del sujeto frente a los rangos de
normalidad comúnmente aceptados y compararlos.
Si el recuento se halla dentro de lo considerado
rango de "normalidad" se le clasifica como
"normal". Sin embargo, usando un microscopio
de campo oscuro aquello normal cuantitativamente
puede ser anormal siguiendo un criterio de
funcionalidad por lo que aún siendo normal
en número su actividad celular respecto de
la normal o deseable se halla bastante alejada.
El microscopio de campo oscuro permitió observar
cómo la pared celular de estos neutrófilos
se rasgaba y permitía al citoplasma salir
desde el interior de la célula y observar
cómo éstas se desnaturalizaban y morían lentamente.
La mayoría sufrían un proceso de paralización
o rotura y disgregación con lo cual el recuento
celular carecía de valor alguno aun estando
dentro de los rangos de normalidad ya que
se trataba de células de nula actividad y,
por tanto, incompetentes.
El movimiento proporcionó información valiosa
sobre las células: su forma proporcionaba
información valiosa sobre el modo en que resultaban
dañadas por la presencia de radicales libres
o cómo defectos de pared celular podían ser
corregidos en base a aspectos nutritivos de
las mismas.
Un defecto de pared significa que la membrana
celular no es estanca sino que se transforma
en permeable y porosa, hallándose fragmentada
y permitiendo a sustancias y elementos indeseados
la penetración por invasión. Es decir, que
aumenta la falta de respuesta frente a microorganismos
extraños.
En aquella época muchos científicos tendían
a creer que la sangre y la orina eran, en
esencia, fluidos estériles. Pero a través
del microscopio de campo oscuro se constató
que ambos fluidos están repletos de elementos
vivos cuyos componentes se hallan en constante
cambio debido al efecto y comportamiento de
las somatides.
Mas allá de esta teoría, el Dr. Klatte se
atrevió a afirmar que los cambios en estos
ciclos celulares se correspondían con los
ciclos de salud y enfermedad en el sujeto.
Así, el ciclo de las somatides indicaría la
presencia de cáncer en una variabilidad de
tiempo intermedia entre los 8 y los 18 meses
antes de que existieran cambios clínicos -como
un ganglio linfático anormalmente abultado
o un nódulo mamario- de tal modo que cuando
el ciclo pleomórfico de las somatides aparece
podríamos revertirlo mediante terapia específica.
Y si no se produce una regresión en ese ciclo
sabremos que la terapia empleada no está funcionando.
EXCELENTE MÉTODO
PREVENTIVO
Podemos deducir,
por tanto, que en su aplicación clínica el
microscopio de campo oscuro es un elemento
diagnóstico que permite a la vez no sólo conocer
antes de que aparezca la tendencia al cáncer
de un paciente sino que, además, compone una
monitorización muy fiable para la evaluación
del impacto de las terapias empleadas.
Al mismo tiempo, observando cómo la sangre
de los pacientes mejora a lo largo del tiempo,
las imágenes de campo oscuro sirven como una
retroalimentación psicobiológica haciendo
al paciente proclive a un refuerzo en su actitud
hacia los cambios positivos.
Actualmente en Estados Unidos se realiza un
tipo de análisis microscópico por un procedimiento
simple llamado LBA (Live Blood Analysis),
una forma rápida y precisa de evaluación de
la sangre del paciente pues permite conocer
y observar deficiencias vitamínicas y minerales,
grados de toxicidad y oxigenación de la sangre
así como posible insuficiencia hepática, grasa
excesiva, agregación plaquetaria y arterioesclerosis.
Es decir, tendencias hacia reacciones alérgicas,
incluyendo algunas de difícil diagnóstico
o imposibles de determinar basándose en síntomas
externos.
En nuestro creciente interés por la conservación
y la importancia de un sistema defensivo,
sano y activo el LBA constituye pues un medio
insuperable que nos ayuda a la evaluación
dinámica de los grados de resistencia que
una persona posee frente al cáncer. Este análisis
permite que los problemas sean detectados
y tratados antes de complicarse.
No hay que olvidar que en el uso clínico el
hecho de poder observar los cambios experimentados
con un procedimiento que implique una base
para la comparación y confirmación de resultados
supondrá un mayor entendimiento y claridad
para el paciente y, de algún modo, reforzará
su propia adhesión al estricto y disciplinado
programa de tratamiento elegido. Es evidente
que el LDA, combinado con otros métodos diagnósticos,
permitirá en el futuro una mejor comprensión
del cuadro clínico y de la condición específica
del individuo.
Dr. Jose Manuel
López
Para
más información:
José
Manuel López
E-mail: cotelopez@wanadoo.es
Tlf.:
981 35 27 48