Formas de administración de las plantas medicinales: los hidrolitos

Se denomina Forma farmacéutica a la forma de presentación y dosificación, es decir, a la forma de administración de cualquier producto medicinal, incluidas las plantas medicinales.
Aquí hablaremos de las formas farmacéuticas más empleadas, algunas bien conocidas y otras no tanto, despejando algunas dudas importantes sobre su preparación y composición.

 Comenzaremos para ello por los Hidrolitos, que consisten en la simple disolución o extracción del/los principio/s activo/s en un disolvente, que en este caso es el agua.

 Dentro de los hidrolitos se engloban las formas de preparación más empleadas popularmente: el infuso, el decocto y la tisana.

 Hay que destacar que lo que habitualmente denominamos infusión realmente es un infuso y lo que denominamos decocción es un decocto pues los términos infusión y decocción están reservados a formas farmacéuticas de preparación compleja que requieren ser realizadas por un experto -en este caso un farmacéutico- con materiales adecuados y siguiendo las normas que indica la Farmacopea Europea. Tanto el infuso como el decocto son pues simplificaciones de la infusión y la decocción respectivamente  y consisten en preparaciones efectuadas con pocos medios materiales y ninguna complicación técnica, de modo que el propio paciente pueda realizarlo en su domicilio sin problemas.

EL INFUSO 

El infuso (popularmente llamado infusión) es la forma de administración que más se emplea en fitoterapia. El procedimiento a seguir es el siguiente:

  • Se calientan 100 ml. de agua (una taza) hasta el punto de ebullición.
  • Se apaga el fuego.
  • Se vierten 5 gramos de la droga (aproximadamente una cucharada sopera rasa) convenientemente troceada sobre el agua y se tapa el recipiente.
  • Se deja en maceración de 3 a 5 minutos.
  • Se cuela y el líquido resultante se consume endulzado preferentemente con miel o azúcar de caña.

Se trata de una preparación extemporánea (no puede conservarse mucho tiempo) por lo que es conveniente consumirla inmediatamente y preferiblemente caliente ya que así se evita la pérdida de actividad farmacológica por la precipitación de algunos principios activos.

Si la droga es muy activa o contiene principios potencialmente tóxicos se utilizarán 2 gramos de droga por cada 100 ml. de agua (una cucharadita de café por taza).

Esta forma de preparación se recomienda para drogas de poca densidad (hojas, flores…), no siendo aconsejable para drogas de organografía dura (raíces por ejemplo) donde el tiempo de ebullición debe ser mayor para conseguir una buena extracción de los principios activos. En estos casos recurriremos al decocto.

EL DECOCTO 

El decocto (popularmente, decocción) es también una forma de administración muy extendida. El procedimiento a seguir es el siguiente:

  • Se calientan 100 ml. de agua (una taza) hasta el punto de ebullición.
  • Se vierten 5 gramos de la droga (aproximadamente una cucharada sopera rasa) convenientemente troceada sobre el agua y se tapa el recipiente.
  • Se mantiene hirviendo durante un tiempo que oscila entre 5 y 20 minutos.
  • Se apaga el fuego.
  • Se deja en maceración durante 15 minutos.
  • Se cuela y el líquido resultante se consume endulzado preferentemente con miel o azúcar de caña.

Como en el caso anterior, se trata de una preparación extemporánea y conviene consumirla nada más prepararla y preferiblemente caliente para evitar también la precipitación de algunos principios activos.

 También en este caso se emplearán 2 gramos de droga (por cada taza) cuando ésta es muy activa o contiene principios activos que pueden ser tóxicos a dosis elevadas.

LA TISANA 

La Tisana es una forma de dosificación farmacéutica en la que se agrupan distintas drogas, unas que poseen la actividad farmacológica buscada, otras coadyuvantes que van a potenciar o modular su acción y otras correctoras que van a corregir los efectos adversos que puedan derivarse de la composición de las demás drogas que componen la tisana.

 Para su preparación se recurre al infuso o al decocto, dependiendo de la naturaleza de las drogas que la componen.

 Una tisana debe cumplir los siguientes requisitos:

No es recomendable utilizar más de 5 ó 6 componentes. Primero porque a más drogas menor cantidad de cada principio activo; y segundo, para evitar posibles incompatibilidades entre distintos principios activos. En general, las drogas no deben aparecer en un porcentaje inferior al 20%, exceptuando aquéllas que son muy activas y las que se emplean como correctores organolépticos (correctoras del sabor, olor y color).

-Debe resultar agradable al gusto, a la vista y al olfato. Para ello, suelen introducirse drogas que actúan como “correctores organolépticos”, que mejoran estos aspectos de la tisana. Algunos ejemplos son la corteza de limón, la canela en rama o el anís verde.

 Debe ser homogénea, troceando y mezclando bien las drogas para conseguir que la proporción de principios activos vaya a ser aproximadamente la misma en cada porción que tomemos para preparar una taza. Esto suele realizarse empleando drogas coloreadas que sirven de referencia como pétalos de rosa, flores de caléndula o flores de malva.

-En algunos casos es necesario corregir el efecto irritante o astringente de algunas drogas debiéndose recurrir a drogas demulcentes (suavizantes) como las flores de malva o de malvavisco.

María José Valcárcel

Este reportaje aparece en
18
Julio 2000
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