Salud al aire libre

Según la medicina tradicional china, el 21 de junio entramos en una estación regida por el elemento fuego y el calor se hará patente por lo que nuestro organismo precisará realizar una serie de ajustes a fin de vivir de acuerdo a las altas temperaturas típicas de esta época. Los espacios abiertos y el ocio son por tanto dos aspectos a tener en cuenta a la hora de mantener nuestro organismo equilibrado en este periodo; pero, además, debemos procurar introducir alimentos que faciliten ese proceso.

Este mes explicaré, pues, cómo hacer para disfrutar del verano al aire libre y vitalizar nuestro cuerpo y nuestra mente mientras disfrutamos del agua, de la tierra, del aire y del sol, elementos esenciales que dan vida a todo lo que existe y que ahora están a nuestro alcance más que nunca.

Y lo que propongo a través de este artículo es que nos dispongamos a disfrutar de los elementos al aire libre de forma consciente, que podamos sentir el sol en nuestra piel disfrutando de su acción pasando de la pasividad y la búsqueda del “moreno” al acto consciente de recibir vida a través de nuestros poros. Que cuando nos sumerjamos en el agua percibamos la fuente de vida de donde emergió todo lo que hoy se expresa sobre la Tierra y recuperemos la sensación de ingravidez que este elemento proporciona además de sus beneficiosas acciones terapéuticas. Que al caminar descalzos sobre la arena sintamos el abrazo amable de la Tierra que permite nuestra expresión en el planeta y, al sentir el aire en nuestros cuerpos desnudos, recuperemos la libertad del movimiento fluido de todo lo que existe. En definitiva, que llevemos nuestra atención a estos cuatro elementos que dan vida a todo lo que existe mientras hacemos lo que nos gusta cuando nos acercamos al mar.

EL SOL

Los beneficios de bañar nuestros cuerpos al sol son altamente conocidos: el aporte directo de vitamina D -esencial para nuestro organismo- y la estimulación de la glándula pineal por el efecto de los rayos solares, lo que potencia nuestra alegría de vivir. Pero extrememos las precauciones para que el baño de sol, fuente de salud, no se convierta en una acción que desencadene posteriores agresiones a nuestro cuerpo.

Conviene por ello recordar algunas de las principales recomendaciones a seguir para beneficiarnos de la luz solar en la playa. Y son tan simples como éstas:

-Acostumbre la piel poco a poco a la toma de sol. Para ello, expóngase a sus rayos gradualmente antes de que el verano esté en máximo apogeo.

-Introduzca suficiente vitamina A en su dieta desde unos días antes aumentando su ingesta de zanahoria y tomate así como las verduras de color naranja ya que todas contienen betacaroteno. Así, la encontraremos en verduras –además de en las mencionadas- como el perejil, las espinacas, la escarola, la lechuga, las endibias, la achicoria o el pimiento. Y en frutas como la cereza, el albaricoque, la grosella, las ciruelas etc.

-Cuando tome el sol, ya en verano, hágalo durante las primeras horas del día o en las últimas de la tarde. No es en modo alguno aconsejable hacerlo de 13 a 17 h, especialmente a  causa de las condiciones actuales de la capa de ozono.

-Empiece tomando el sol no más de una hora al día y aumente progresivamente el tiempo.

-Alterne la exposición solar con inmersiones en el agua para devolver al cuerpo su temperatura habitual y evitar que se reseque la piel.

-Mantenga la cabeza a la sombra.

-Recuerde que si pasea en lugar de quedarse tumbado obtendrá mayor beneficio y la acción de los rayos solares será más homogénea.

-Sea consciente de los efectos del sol en su cuerpo para evitar posibles quemaduras. Si tiene la piel sensible y poco habituada al sol utilice protectores solares de alta gradación, a poder ser con elementos naturales.

-Beba agua varias veces durante la exposición al sol.

EL AGUA

Sentir nuestro cuerpo en el agua es una sensación muy agradable pero, además del aspecto placentero, este elemento proporciona grandes beneficios a nuestro organismo.

Existe un tratamiento terapéutico con agua de mar denominado Talasoterapia que ha probado su efectividad en los procesos de recuperación de enfermedades concretas como reuma, psoriasis y otras enfermedades de la piel, el aparato circulatorio y el sistema nervioso.

Nadar lentamente respirando de forma consciente potenciará nuestra musculatura y activará nuestra capacidad pulmonar. Si añadimos a esto la acción directa de los micronutrientes contenidos en el agua de mar -como yodo, magnesio, calcio, potasio, silicio etc.- estaremos nutriéndonos de una forma plácida mientras disfrutamos de este delicioso placer.

Caminar por la orilla del mar fortalecerá nuestro sistema nervioso mientras estimulamos a través de los puntos reflejos de nuestro pie todo el organismo. Caminar dentro del agua, en cambio,  fortalece los músculos por la resistencia que el agua ejerce al caminar.

Los cambios de temperatura que se producen al entrar en contacto con el sol después de un baño de agua fría harán que se dilaten los capilares y la sangre llegará a puntos de nuestro cuerpo donde antes no llegaba produciendo una agradable sensación de relax.

Debemos tener presente que los cambios bruscos de temperatura pueden alterar la digestión por lo que durante el proceso de asimilación de la comida debemos evitarlos.

No se asuste si ingiere agua de mar siempre que no exista contaminación en ella; en pequeñas cantidades el agua de mar tiene propiedades terapéuticas.

EL AIRE

Respirar al aire libre siempre reporta grandes beneficios a nuestro organismo por la pureza del oxígeno que inhalamos pero al hacerlo a la orilla del mar potenciaremos esta acción gracias los minerales en suspensión que el aire rescata del mar.

Respirar lentamente sentados a la orilla del mar -con la sensación de estar alimentándonos- puede ser una experiencia muy reconfortante si además contemplamos el horizonte mientras escuchamos el suave murmullo de las olas: alcanzaremos un estado de relajación muy intenso que nos revitalizará en todos los sentidos.

La respiración consciente y profunda reporta un masaje muy beneficioso a los órganos internos, al vientre y a los órganos adyacentes.

Puede introducir este pequeño ejercicio mientras disfruta del ocio en un día de playa: mientras respira y siente cómo el aire nutre su cuerpo imagine cómo los órganos internos se relajan, se expanden y se llenan de vida. Inspire lentamente por la nariz a su ritmo, llenando los pulmones sin exagerar y exhale lentamente por la boca. Repita este ciclo siete veces.

El aire sobre nuestro cuerpo desnudo vitaliza al sistema nervioso, ayuda a cicatrizar heridas y lesiones, y limpia de impurezas.

LA TIERRA

Sentir nuestros pies desnudos sobre la arena nos devuelve el contacto con la madre Tierra. Caminar descalzos provoca una descarga de la electricidad estática que hemos acumulado por aislarnos del suelo con zapatos -sobre todo si las suelas son de goma- y por utilizar prendas sintéticas. Sólo el hecho de descalzarnos sobre la tierra produce instantáneamente una descongestión de energía negativa que nos hará sentirnos mucho más relajados.

Si nos enterramos en la arena de la playa total o parcialmente provocaremos una acción a modo de sauna que hará que nuestros poros se abran y al contacto con la tierra absorban un gran número de minerales directamente por la piel. Este acto, además, potencia la eliminación de toxinas a través del sudor al tiempo que provoca una sensación de relajación por la presión de la tierra y la temperatura.

Como ya he expresado anteriormente, al pasear por la orilla del mar la acción del agua y la presión de los granitos de arena sobre las plantas de nuestros pies estimulan puntos concretos reflejos que revitalizarán nuestro organismo; pero también podemos caminar por la tierra seca con lo que, además, estaremos fortaleciendo músculos de nuestras piernas que a veces ni sabemos que existen.

ALIMENTACIÓN

Durante el verano debemos tener en cuenta la necesidad que tiene nuestro organismo de sentirse fresco y ligero. No es casualidad que la Naturaleza nos ofrezca en esta época una gran variedad de frutas y verduras. Por ello recomiendo la ingesta diaria de frutas jugosas y verduras variadas. Ensaladas multicolores que pueden acompañarse de frutos secos y semillas y, sobre todo, tener en cuenta la necesidad constante de agua que nuestro organismo nos reclama.

Espero que disfruten de un apacible verano al aire libre. En el próximo numero introduciremos elementos que palien los síntomas de los pequeños accidentes que podemos tener en vacaciones.

Luis Jiménez

Este reportaje aparece en
18
Julio 2000
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