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| MATÍAS
RATH : "SON LAS MULTINACIONALES FARMACÉUTICAS LAS
QUE CONTROLAN EL MUNDO" |
El
perfil del doctor Matías Rath no responde
al del médico habitual. Sus trabajos de investigación
sobre la influencia positiva de la lisina
y la vitamina C como alternativa al tratamiento
farmacológico de algunas de las más graves
enfermedades que afronta la Humanidad -incluido
el cáncer-le han enfrentado abiertamente con
los guardianes de la ortodoxia médica y la
industria farmacéutica. Sobre sus terapias
hablamos el mes pasado. En esta ocasión hemos
conversado con él para que nos explicara su
denuncia de las maniobras de algunas grandes
multinacionales para conseguir eliminar los
productos naturales como alternativa a los
productos farmacéuticos a través del llamado
Codex Alimentarius que próximamente
va a regularse así como sobre su decisión
de denunciar ante el Tribunal Internacional
de La Haya al presidente norteamericano George
Bush y a las grandes corporaciones farmacéuticas
por "crímenes contra la Humanidad".
Investigar...
pero no a cualquier precio. Encontrar el éxito,
sí; claudicar ante el dinero y el poder, no
Es evidente que el doctor Matías Rath
es digno discípulo de Linus Pauling,
único científico que ha recibido dos premios
Nóbel no compartidos. Primero recibió el premio
Nóbel de Química y después el de la Paz por
su compromiso para conseguir el primer acuerdo
de desarme, el Tratado de Prohibición Parcial
de los Ensayos Nucleares de 1963. Pauling
un auténtico gigante de la ciencia, encontraría
la solución a la estructura molecular de incontables
moléculas orgánicas e inorgánicas y descubriría
las propiedades estructurales de las proteínas
y de la primera enfermedad genética. Hace
más de 20 años, cuando Rath se empezaba a
significar como portavoz de los estudiantes
de Medicina en Alemania y formaba parte del
consejo de la Asociación de Estudiantes de
Medicina de la Organización Mundial de la
Salud (OMS) conoció a Linus Pauling. En esa
primera época su relación no estuvo basada
en la ciencia sino más bien en el mutuo interés
para lograr la paz y el desarme nuclear. Años
más tarde, sin embargo, las investigaciones
de Rath en el campo de la salud cardiovascular
le llevaron a constatar el importante papel
de las vitaminas. Informado, Pauling le propondría
convertirse en el primer director de investigación
cardiovascular de su instituto en California.
Desde entonces Pauling y Rath fueron más que
colegas científicos: compartían una visión
común de un mundo más sano y pacífico en el
que los intereses comerciales no primaran
sobre la salud de sus habitantes. Por tanto,
no fue ninguna sorpresa que poco antes de
morir Linus Pauling manifestara que, sin duda
alguna, su sucesor era Matías Rath. De sus
teorías científicas les hablamos ya en nuestro
número del mes pasado; esta vez sabremos de
su lucha contra los gigantes farmacéuticos
-Primero se permitió usted echar por tierra
lo que "oficialmente" se afirma sobre los
ataques al corazón y después descubrió la
eficacia de los tratamientos naturales, especialmente
el uso de dos aminoácidos -la lisina y la
prolina- y la vitamina C contra el cáncer
y otras enfermedades. ¿Cuál ha sido el impacto
de sus investigaciones en la industria farmacéutica?
-Comencé en la investigación convencional
profundizando en las causas de las enfermedades
cardiovasculares. En esa época aún se pensaba
que un nivel alto de colesterol constituía
la principal causa de las mismas. Bajo la
influencia de los fabricantes de fármacos
que disminuyen los niveles de colesterol se
"enseñó" a los médicos que un alto nivel del
mismo daña las paredes de los vasos arteriales
y, junto a los depósitos de calcio y tejido
fibroso, es la principal causa de la formación
de los ateromas que llevan a obstruirlas provocando
los infartos y derrames. Hoy sabemos que eso
era sólo otro cuento más del márketing de
la industria farmacéutica. Si el colesterol
alto dañase las paredes de los vasos arteriales
lo haría también en otros lugares de nuestro
sistema circulatorio sanguíneo. El sistema
se obstruiría en todas partes y no sólo en
el corazón o en el cerebro. En otras palabras,
también tendríamos infartos de la nariz, la
oreja, las rodillas, los codos, los dedos
y cualquier otro órgano del cuerpo. Y es evidente
que ese no es el caso.
Después descubrí que las enfermedades cardiovasculares
son prácticamente desconocidas en el mundo
animal mientras que entre los seres humanos
es la principal causa de muerte. Fue un gran
avance para la salud natural en todo el mundo.
Los animales producen su propia vitamina C,
necesaria para producir las moléculas de refuerzo
de nuestro cuerpo y de su sistema circulatorio,
llamadas colágeno. Cuanta más vitamina C,
más colágeno, más estabilidad para las paredes
de nuestros vasos sanguíneos, menos infartos.
Los animales raramente tienen infartos porque
producen cantidades suficientes de vitamina
C en sus cuerpos. Los seres humanos no podemos
producir ni una sola molécula de esta vitamina
y normalmente obtenemos muy pocas vitaminas
de nuestra dieta con el consiguiente riesgo
de que nuestro sistema circulatorio se debilite.
Esta serie de descubrimientos fue tan convincente
que no sólo explicaba por qué los animales
no sufren infartos y las personas sí, sino
también por qué sufrimos ataques al corazón
y no de nariz. Posteriores investigaciones
y estudios clínicos confirmarían más allá
de toda duda tan impresionante hallazgo.
-Y fue cuando usted denunció lo que sucedía
en su libro Por qué los animales no sufren
infartos y las personas sí.
-Exacto. En él enumeraba, por primera
vez, las "leyes de la industria farmacéutica".
Unas leyes que identifican el negocio farmacéutico
de la enfermedad como una industria de inversión
y no como una industria para la salud. Desenmascaré
el principio de patentabilidad con el que
se rigen porque sustituía el objetivo de investigar
para solucionar problemas de salud por el
de investigar para ganar dinero. Y responsabilicé
abiertamente a la industria farmacéutica de
la muerte prematura de cientos de millones
de personas de todo el mundo en las últimas
décadas y de la ruina económica de naciones
y personas a consecuencia del gigantesco gasto
en medicamentos.
-Extraña que la industria farmacéutica
no reaccionara contra usted...
-La única razón por la que la industria farmacéutica
no tomó represalias contra mí es porque vinculé
ese "negocio de la enfermedad" sin escrúpulos
con los mayores crímenes cometidos contra
la humanidad en el siglo XX: el asesinato
masivo durante la Segunda Guerra Mundial.
Es un hecho histórico que el mayor cártel
europeo petroquímico y farmacéutico financió
la toma de poder de Hitler hace 70
años. La Segunda Guerra Mundial fue primordialmente
una guerra por la conquista de los recursos
naturales de Europa del este y Asia. El Tribunal
de Guerra de Nüremberg (1946/47) declaró que
la Segunda Guerra Mundial no hubiera sido
posible sin ese cártel petroquímico llamado
I. G. Farben. Como resultado de
ese tribunal I. G. Farben fue dividido
en Bayer, BASF y Hoechst,
y algunos de sus directivos fueron sentenciados
por comenzar una guerra en contra del Derecho
Internacional, por el asesinato masivo y la
explotación y saqueo de la propiedad pública
y privada en países extranjeros y otros crímenes
contra la humanidad. La historia de la actuación
empresarial que había detrás de la Segunda
Guerra Mundial está documentada en un libro
de Joseph Borkin, El crimen y el
castigo de I. G. Farben" (The Crime and Punishment
of I.G. Farben), que se encuentra documentado
en la página web de nuestra fundación. Por
eso desde el comienzo mismo de mi estrategia
de desenmascaramiento la industria farmacéutica
ha estado a la defensiva. Por eso no es ninguna
sorpresa que nunca se hayan atrevido a tomar
represalias o a comenzar un pleito por injurias
y calumnias. No puede aceptarse que unos cuantos
inversionistas que apoyan a políticos sin
escrúpulos, incluidas las administraciones
actuales de Estados Unidos y Gran Bretaña,
sacrifiquen la salud de millones de personas
y la economía de los países del mundo con
el propósito principal de seguir manteniendo
este multimillonario fraude en nuestro planeta.
-Viviríamos entonces la culminación de
un proceso que nace con la propia industria.
¿ Son opuestos los términos negocio y salud,
al menos tal y como han sido interpretados
hasta ahora?
-La industria farmacéutica no es una
industria que haya crecido de forma natural.
Fue creada artificialmente por inversionistas
que, para poder ganar dinero con las enfermedades,
tuvieron que bloquear los tratamientos médicos
naturales y no patentables de forma que no
estuvieran disponibles en ninguna parte del
mundo. Al comienzo del siglo XX el grupo
Rockefeller ya controlaba la mayor parte
del negocio petrolero de Estados Unidos y
muchos otros países. Y con la ayuda de esos
billones de dólares en ingresos ese grupo
de inversión decidió convertir la salud en
un nuevo mercado. Sólo que el beneficio o
rendimiento de esa inversión dependía de las
patentes comerciales de los medicamentos farmacéuticos
inventados. Así que los beneficios de la nueva
industria se usaron sistemáticamente para
convertir la medicina en un negocio manejado
sólo por las farmacéuticas. Y en sólo unas
décadas la medicina pasó a estar controlada
por estos grupos de interés a través de la
influencia que ejercían en las escuelas o
facultades de Medicina, en los medios de comunicación
y en el ruedo político.
Obviamente, uno de los principales problemas
a los que esa industria tenía que hacer frente
era la competencia de los productos naturales
para la salud. Ya entre 1920 y 1935 se descubrieron
la mayor parte de las vitaminas y de los nutrientes
esenciales que eran necesarios para el metabolismo
básico de las células. Para el mundo científico
estaba claro que, sin esas moléculas esenciales
en su metabolismo, las células no funcionarían
adecuadamente y serían el origen de las enfermedades.
Los estrategas de la industria farmacéutica
se percataron de ello y se embarcaron en una
campaña mundial para impedir que esa información
vital estuviera a disposición de todos. Aunque
silenciar esa información fue sólo el primer
paso. Con posterioridad adoptaron otras medidas
estratégicas para fortalecer el fraudulento
plan del negocio farmacéutico como desacreditar
la información sobre terapias naturales y
no patentables y, finalmente, tratar de prohibir
cualquier declaración sobre prevención y terapias
naturales.
Todas esas medidas tenían únicamente un propósito:
proteger a la industria farmacéutica basada
en fármacos patentables -que solamente palian
síntomas- de las terapias naturales y no patentables
que son esenciales para el mantenimiento de
la salud celular. Sencillamente, una enfermedad
prevenida o erradicada no permite obtener
beneficios.
-Es decir, que a su juicio los propios
médicos han estado siendo sometidos desde
hace décadas a una especie de lavado de cerebro
o de programación de "conocimientos" para
que creyeran lo que a la industria le interesa.
-Evidentemente. Es especialmente importante
reflexionar acerca de la influencia de la
industria farmacéutica en la profesión médica.
A través de la creación de universidades de
medicina privadas en Estados Unidos, incluidas
las llamadas universidades "Ivy League" como
Harvard, Yale, la Clínica Mayo y otras, la
industria farmacéutica simplemente compró
la opinión médica en todo el mundo. La enseñanza
de las terapias médicas se centró cada vez
más en los medicamentos farmacéuticos a la
vez que consideraban los tratamientos de salud
naturales "anticuados".
Casi ningún médico que se haya licenciado
en una universidad de Medicina durante las
últimas décadas sabe que el primer premio
Nóbel por el papel de la vitamina C en el
metabolismo celular se concedió en 1937. Así,
durante más de medio siglo, generaciones de
médicos -millones en todo el mundo- se licenciaron
en Medicina sin saber nada del papel vital
de las vitaminas y los minerales. Y cualquiera
puede entender de inmediato las consecuencias
devastadoras de esa estrategia para la salud
humana en todo el mundo. Especialmente porque
de los miles de millones de personas que viven
en la actualidad poquísimas saben que el cuerpo
humano es incapaz de producir por sí mismo
vitamina C. Cuando es un hecho científicamente
demostrado que la vitamina C no sólo protege
de la llamada "enfermedad de los marineros",
el escorbuto, sino que es el factor principal
para prevenir los problemas cardiovasculares
y muchas otras patologías. Así que la simple
decisión de que este conocimiento vital llegase
a la profesión médica posibilitó deliberadamente
la actual epidemia de enfermedades
cardiovasculares, causa número uno de muerte
en el mundo industrializado así como en las
zonas más urbanizadas del mundo en vías de
desarrollo.
Apenas sabe nadie tampoco que el cuerpo humano
no produce el aminoácido natural lisina, un
bloque de proteínas esencial. Y resulta que
esa molécula natural, la lisina, es uno de
los factores más importantes a la hora de
impedir la propagación del cáncer por el cuerpo.
El cáncer es la segunda epidemia más numerosa
en el mundo industrializado y los fármacos
vendidos durante el último mes de vida de
un paciente con cáncer conforman uno de los
mercados más rentables del negocio farmacéutico
de las enfermedades.
Ahora, a comienzos del siglo XXI, la humanidad
empieza a despertar de esta pesadilla. Sin
embargo, dos de cada tres personas del mundo
industrializado y del tercer mundo se habrían
salvado probablemente de la muerte en las
últimas décadas sólo con que se hubiera propagado
la información sobre las moléculas necesarias
para el buen funcionamiento celular que nuestro
cuerpo no produce. Y la razón de que tantas
personas hayan estado "dormidas" durante todo
un siglo no es que sean poco inteligentes
sino que se debe al hecho de que para que
el fraudulento y engañoso negocio de las farmacéuticas
funcione éstas se gastan miles de millones
de dólares cada año en crear una fachada artificial
que las muestre como "benefactoras de la humanidad".
Y para alcanzar ese objetivo la industria
farmacéutica se gasta en marketing el doble
de lo que gasta en investigación.
Donald Rumsfeld, actual Secretario
de Defensa de Estados Unidos, ha sido consejero
delegado de varias multinacionales farmacéuticas.
Y recibió varios "premios" por sus "servicios"
en esta industria antes de que lo designaran
para su cargo actual en la administración
Bush. No hay duda de que Rumsfeld y todos
los ejecutivos de la industria farmacéutica,
incluido el grupo de inversión Rockefeller,
conocen estos hechos. Y como podrá imaginar,
tiemblan ante la idea de que la verdad sobre
el negocio farmacéutico de las enfermedades
se propague por todo el mundo como un reguero
de pólvora. Si eso pasa la suerte estará echada.
Serán considerados los responsables de la
muerte de millones de personas a causa de
enfermedades que se podrían haber prevenido
si no hubiera sido por sus decisiones totalmente
intencionadas. Ellos lo saben: o aplastan
a la humanidad en una guerra de implicación
mundial tipo Gran Hermano o un día la humanidad
los aplastará a ellos. No hay punto medio.
Ese es el trasfondo de la guerra de Irak.
Por eso se enfrentan a todo el planeta.
-¿Y que papel juega en todo este entramado
de intereses la Organización Mundial de la
Salud? ¿No debiera ser la primera interesada
en promover la nutrición como elemento de
salud preventiva?
-La Organización Mundial de la Salud (OMS)
se creó hace más de 50 años con el fin de
mejorar la salud en todo el mundo. Y uno de
sus principales objetivos iniciales fue la
difusión de información sobre nutrición. Junto
con la Organización para la Agricultura y
la Alimentación (OAA), la OMS publicó informes
anuales durante una década a los que adjuntaba
Reportes conjuntos sobre Nutrición. Pero después
de ese período la industria farmacéutica tomó
ya el control absoluto de la OMS. Desde ese
momento se convirtió en lo opuesto a lo que
era. En 1963, sólo 15 años después de que
se fundase la OMS para servir a los habitantes
del mundo, se había convertido en un instrumento
del cártel farmacéutico mundial. Ese año se
creó una nueva comisión para luchar específicamente
contra los micronutrientes (vitaminas, minerales
y aminoácidos) e impedir que se usasen para
prevenir, curar y erradicar enfermedades.
El propósito del llamado Codex Alimentarius
(estándar alimentario) de esa comisión
de la OMS / OAA era el de imponer "límites
superiores" artificiales para impedir que
la gente usase estos componentes naturales
para la salud con fines terapéuticos. Esa
comisión también se embarcó en una "guerra
santa" contra la propagación de la información
sobre los beneficios científicos de estos
micronutrientes para la salud. De esta forma,
el farma-cártel utilizó a la OMS como su instrumento
mundial para dar el empujón a la primera legislación
de la globalización, leyes proteccionistas
para asegurar artificialmente el monopolio
mundial de la salud de los fármacos patentados.
Y así, durante los últimos 40 años la organización
creada para mejorar la salud se ha utilizado
para satisfacer los intereses de un puñado
de inversionistas haciendo exactamente lo
opuesto: mantener a los habitantes del mundo
ignorantes de una información vital para prevenir
las enfermedades más comunes de la actualidad.
-Su campaña de denuncia de todo esto parece
haberse acentuado a partir del verano del
pasado año...
-La publicación de mi Programa de 10 puntos.
Salud para todos en el año 2020 que se
presentó en la cumbre mundial de Johannesburgo
en agosto del 2002 fue, efectivamente, un
punto de inflexión para la OMS. Con más de
100 jefes de estado a quienes se les hizo
tomar conciencia de la naturaleza fraudulenta
del negocio farmacéutico y las alternativas
naturales para la salud comenzó la batalla
para recobrar la OMS y usarla para beneficio
de los habitantes del planeta. Los países
en vías de desarrollo de África, Sudamérica
y Asia están dirigiendo esta batalla histórica.
Pero que no haya confusiones: las fuerzas
del cártel farmacéutico consolidadas en la
OMS no se darán por vencidas voluntariamente.
Los intereses que convirtieron la OMS en lo
opuesto de lo que debía ser son los mismos
intereses que han forzado la guerra contra
Irak y la actual crisis internacional. Por
tanto, la guerra por el control de la OMS
se llevará a cabo con la misma brutalidad
que cualquier batalla militar. La comparación
es válida ya que, después de todo, las víctimas
en ambos casos son millones de personas.
El resultado de esta batalla por el control
de la OMS es seguro: los habitantes del mundo,
por su propio bien y por el bien de las generaciones
futuras, la ganarán y retomarán el control
de ese organismo mundial. Cuánto tiempo lleve
dependerá en última instancia de que se informe
a la gente de estos acontecimientos y de que
se comunique a sus gobiernos que han de tomar
medidas tanto a nivel nacional como internacional.
Mientras tanto, es esencial que haya organizaciones
que no se puedan comprar, sobornar o influenciar
de ninguna manera. La Fundación para la
Salud Dr. Rath se fundó como una contribución
a ese propósito.
-En los primeros días de este mes de noviembre
se celebra en Alemania una importante reunión
del Codex Alimentarius. ¿Cómo funciona
la cuestión?
-El Codex Alimentarius es una
comisión conjunta integrada por personas de
la OMS y de la OAA. Y alrededor de la mitad
de sus miembros están relacionados -directa
o indirectamente- con la industria farmacéutica.
Por eso, a la vez que en ella se trata de
numerosas cuestiones relacionadas con la seguridad
de los alimentos, la mayor parte de su tiempo
lo dedican, atendiendo a los intereses del
cártel farmacéutico, a impedir que se difunda
información sobre cómo mejorar la salud de
forma natural con vitaminas, minerales y otros
nutrientes esenciales.
Tras mis descubrimientos sobre la conexión
entre la vitamina C y las enfermedades del
corazón, del éxito de mi libro Por qué los
animales no tienen infartos y después de que
fracasase en 1994 su primer intento de ilegalizar
las terapias naturales en Estados Unidos las
multinacionales farmacéuticas revitalizaron
el Codex Alimentarius en 1995. Desde
entonces han dirigido una enérgica campaña
para proteger el negocio farmacéutico de los
micronutrientes, eficaces, seguros y no patentables.
En la actualidad esa comisión se reúne todos
los años a puerta cerrada. Su objetivo principal
no confesado es prohibir todo aquello que
tenga que ver con las vitaminas, los minerales
y otros nutrientes esenciales para la prevención
de enfermedades. Luego intentarán, sin escrúpulos,
que esas recomendaciones pasen a la Asamblea
General de Naciones Unidas para que se conviertan
en ley vinculante para todos los países miembros;
es decir, para todo el mundo. Ese es, por
lo menos, el plan del cártel farmacéutico.
-Que ustedes no están dispuestos a consentir...
-En los últimos años hemos organizado regularmente
protestas contra ese plan, incluidas conferencias
científicas, concentraciones y campañas de
protesta dirigidas a los miembros de la comisión
del Codex Alimentarius y a los gobiernos
que aún la apoyan. Durante la última campaña
se logró hacer llegar millones de cartas de
protesta a los gobiernos y a los miembros
de los parlamentos de los países que aún apoyan
tan vergonzoso intento. La víspera de la reunión
del Codex Alimentarius que tuvo lugar
en noviembre del 2002 en Berlín tuvimos una
conferencia de expertos en salud de todo el
mundo, incluidos sudafricanos. Y fue precisamente
en esa reunión cuando la delegación oficial
de Sudáfrica desenmascaró por primera vez
la hipocresía existente tras el Codex Alimentarius.
Para comprender la importancia de este paso
se deben entender los siguientes hechos: nadie
en su sano juicio apoyaría una prohibición
por las buenas. Por tanto, el cártel farmacéutico
necesitaba proporcionar un pretexto a los
políticos aún indecisos acerca del motivo
por el que deberían ilegalizar las terapias
naturales. Y como pretexto inventaron la existencia
de efectos secundarios en las vitaminas, lo
que es falso. Tales efectos secundarios sólo
existen en la imaginación de los grupos que
sostienen los intereses farmacéuticos y en
las mesas de diseño de su maquinaria mundial
de relaciones públicas. Las vitaminas, los
minerales y los aminoácidos son los bloques
de construcción de la vida y el cuerpo puede
eliminar cualquier excedente de ellos sin
problema.
Una situación diametralmente opuesta a los
medicamentos farmacéuticos sintéticos. Precisamente
porque los fármacos son sintéticos y no naturales
el cuerpo no los reconoce y esa es la razón
por la que casi todos ellos causan graves
efectos secundarios. Según la edición del
15 de abril de 1998 del Journal of the
American Medical Association -publicación
de la Asociación Médica Americana- los efectos
secundarios mortales de los medicamentos se
han convertido en la cuarta causa principal
de muerte en el mundo industrializado. Bueno,
pues a pesar de tal evidencia la maquinaria
de relaciones públicas farmacéutica intenta
manipular a la opinión pública mundial y presionar
a los políticos para que aprueben las recomendaciones
sin escrúpulos del Codex Alimentarius.
Es desde esta posición desde la que tenemos
que valorar la postura que el Gobierno de
Sudáfrica tomó en la reunión del 2002 apoyando
nuestros argumentos oficialmente y desenmascarando
la hipocresía de la campaña que durante décadas
ha realizado el cártel farmacéutico. Claro
que no se trató de una coincidencia. Dos años
antes el gobierno sudafricano se había enfrentado
al cártel farmacéutico negándose a pagar los
derechos de los fármacos para el SIDA. Su
argumento era sencillo: pagar tan exorbitantes
derechos por esos fármacos los dejaría fuera
del alcance de la mayor parte de la gente
de Sudáfrica y del mundo en vías de desarrollo.
Y acusó a la industria farmacéutica de que,
al insistir en mantener sus enormes márgenes
de beneficios, estaba deliberadamente poniendo
en peligro la vida de millones de personas
de África y de todo el mundo. El cártel farmacéutico,
es decir, la Federación Internacional de
Fabricantes Farmacéuticos, fue lo suficientemente
arrogante como para denunciar al Gobierno
sudafricano ante los tribunales en Pretoria.
Y no es de extrañar que esta guerra no se
ganase en los juzgados pero sí en el tribunal
de la opinión pública Manifestantes en todo
el mundo contra la "matanza por los intereses
del negocio farmacéutico de las enfermedades"
hicieron imposible que el cártel farmacéutico
continuase con el litigio. En enero del 2001,
sólo unas semanas después de haber desafiado
al Gobierno sudafricano en los tribunales,
el cártel farmacéutico admitió su derrota
y retiró el litigio. El Gobierno sudafricano
había ganado una victoria histórica contra
el cártel farmacéutico. Mientras, los gobiernos
de otros muchos países han seguido su ejemplo
y están fabricando sus propios fármacos sin
tener que pagar tasas estranguladoras de patentes.
-En la reunión que va a celebrarse este
mes las vitaminas y minerales vuelven a estar
sobre la mesa junto a una propuesta sobre
los requisitos que debe cumplir todo producto
que afirme poseer "propiedades saludables".
-Bajo el paraguas de Naciones Unidas,
la comisión del Codex Alimentarius -que
se reunirá en Bonn del 4 al 7- mantendrá una
reunión decisiva a la luz de los acontecimientos
de los últimos doce meses, máxime teniendo
en cuenta que todas las decisiones que emanan
de ella son directamente incorporadas por
la OMS y acaban repercutiendo finalmente en
las legislaciones nacionales. La nueva amenaza
puede proceder de la Unión Europea que ha
decidido adoptar nuevas directivas que terminarían
por suponer de hecho la prohibición final
de todas las terapias naturales. Es probable
que los 15 miembros de la Unión Europea formen
un bloque de poder que esté frente a los pocos
estados miembros que demandan un acercamiento
más libre a las terapias naturales. Bien es
verdad que también podría suponer una nueva
oportunidad para los países en vías de desarrollo.
El empujón histórico de Sudáfrica en la reunión
de Berlín demandando abiertamente un acceso
sin restricción para su población supuso mucho
más que una controversia feroz dentro de la
comisión. Activó un mecanismo de apoyo que
puede muy bien derivar en la resistencia de
todos los países en desarrollo a la prohibición
de las terapias naturales porque son la llave
para librar a sus economías de la carga del
negocio farmacéutico "con la enfermedad".
-Sudáfrica se ha distinguido también desde
el año 2000 por su batalla permanente contra
la industria farmacéutica y sus carísimos
fármacos contra el SIDA. La decisión recientemente
adoptada sobre los genéricos supone de hecho
una victoria pero siguen siendo medicamentos.
¿Hay alternativas naturales a esos fármacos?
-Es un hecho científico que prácticamente
todos los virus se pueden bloquear, total
o parcialmente, con terapias naturales. El
ascorbato (vitamina C) reduce la multiplicación
(replicación) de los virus. Un estudio publicado
en 1990 en la influyente revista norteamericana
Proceedings of the National Academy of
Science (Procedimientos de la Academia Nacional
de la Ciencia) mostró que la vitamina
C, en cantidades que una persona puede tomar
a diario, ¡podía bloquear la replicación del
VIH en más de un 99,9%! Y hablamos de una
de las publicaciones científicas más leídas
en el mundo.
Mire, la industria farmacéutica, la Organización
Mundial de la Salud y los dirigentes médicos
saben que existen alternativas naturales a
los fármacos que además no son patentables.
Y que son más eficaces además que cualquier
otro enfoque farmacológico actual para controlar
una enfermedad.
Una segunda sustancia crítica para bloquear
la propagación de los virus es el aminoácido
lisina. Como todos los virus se propagan destruyendo
el tejido que los rodea -el colágeno- con
la ayuda de enzimas (colagenasas), la neutralización
de esas enzimas reduce o impide la propagación
del virus. Bueno, pues se ha demostrado que
los aminoácidos naturales lisina y prolina
consiguen precisamente este efecto. Aún más,
se ha documentado que la vitamina A y otros
nutrientes esenciales mejoran el sistema inmunológico
y de ese modo contribuyen a una prevención
y tratamiento eficaz del SIDA.
-¿El programa de la ONU para el SIDA beneficia
a la industria farmacéutica?
-La mayoría de los programas de Naciones
Unidas están dominados por grupos de interés
farmacéuticos. Y eso incluye el programa de
la ONU para el SIDA. Debemos entender que
para la industria farmacéutica ha comenzado
una batalla sobre su credibilidad tanto en
los países en vías de desarrollo como en los
industrializados. Más y más países se percatan
de que hay alternativas naturales a los medicamentos
que no sólo son más eficaces sino que además
están disponibles a mucho menor coste y sin
pagar derechos de patentes prohibitivos. Y
muchos gobiernos del mundo se han dado cuenta
de la naturaleza sin escrúpulos y del plan
fraudulento de las farmacéuticas que "negocian
con las enfermedades" por lo que ahora vuelven
a centrar nuevamente sus estrategias nacionales
en enfoques naturales de salud.
Tenemos que comprender que cualquier país
que decida apartarse del negocio farmacéutico
de las enfermedades es un clavo en el ataúd
de esa industria. Y que una decisión así no
sólo significa que la industria farmacéutica
obtendrá una fracción mucho menor de sus ingresos
en ese país sino que hay una consecuencia
aún mejor: cada estado que de la espalda al
negocio farmacéutico hace una contribución
para que el mundo abra los ojos ante el viejo
negocio fraudulento de más de un siglo, mantenido
y promovido por los grupos farmacéuticos.
Las consecuencias, a medida que más y más
países se liberen del yugo del cártel farmacéutico,
serán devastadoras para esa industria. Imagine
lo que pasará cuando cada vez más países del
mundo se percaten de que la epidemia de SIDA
se puede contener mediante el suministro a
los enfermos de suficiente vitamina C y otras
terapias naturales no patentables en cantidades
óptimas. Imagine la reacción de la gente cuando
se de cuenta de que la industria farmacéutica
ha retenido deliberadamente información vital
de esos ingredientes naturales para que no
llegase a ellos.
Por eso comenzamos a ser testigos de cómo
se empieza a volver la espalda a las empresas
farmacéuticas a escala mundial. Los gobiernos
de Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Nigeria,
Sudáfrica, Angola, Malawi y muchos otros gobiernos
africanos así como la República Popular de
China han decidido embarcarse en estrategias
naturales para el cuidado de la salud. Los
inversionistas de la industria farmacéutica
no sólo se enfrentan al "efecto dominó", es
la caída del "muro de Berlín" del "negocio
farmacéutico mundial con las enfermedades".
-¿No se ha arrepentido nunca de atacar
a grupos con intereses tan poderosos como
los representados en la industria farmacéutica?
-He hecho frente a esos poderes desde que
recogí la antorcha del dos veces ganador del
premio Nóbel, Linus Pauling. Desde el principio
fui totalmente consciente de que sólo el descubrimiento
de la conexión entre la vitamina C y las enfermedades
del corazón incinera un multimillonario mercado
farmacéutico para siempre. Así que retomar
esta batalla para liberar a la humanidad del
yugo de esa industria inmoral y engañosa fue
una decisión voluntaria y meditada.
En todos estos años en los que me he enfrentado
a la industria farmacéutica acusándola públicamente
de cometer fraude y arriesgar la vida de millones
de personas nunca se han atrevido a contraatacar
abiertamente. Ni a cuestionar mis descubrimientos
científicos. Sin embargo, algunos formadores
de opinión médica y distintos medios de comunicación
farma-dependientes sí han tratado de desacreditarme
como persona. Pero eso forma parte del sino
de cualquiera que se atreva a hacer frente
a lo que no está bien. Espero que muchos jóvenes
aprendan también a hacerlo en el futuro y
tengan el coraje de enfrentarse a lo que reconozcan
como incorrecto cuando llegue el momento.
En cuanto a mi seguridad personal mucha gente
me pregunta si no temo por mi vida. Hacen
referencia a la última novela de John le
Carré, El jardinero constante, en la que
el modelo de negocio de la industria farmacéutica
no respeta la vida. El propio John le Carré
escribió en el epílogo de su libro que mientras
trabajaba en su obra se dio cuenta de que
"comparada con la realidad farmacéutica, su
novela se lee como una postal de vacaciones".
Si uno está en una posición privilegiada -como
es mi caso- y sabe que puede influir positivamente
en la vida de millones de personas y en las
de generaciones futuras debe tomar la decisión
correcta. Decir la verdad en alto y en todas
partes se convierte además en la mejor protección
frente a esos grupos.
Antonio
Muro
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