El
acoso a la medicina natural se ha incrementado
brutalmente en Europa con la aplicación de
nuevas normas restrictivas sobre el uso terapéutico
de oligoelementos (vitaminas, minerales, etc.),
complementos alimenticios y productos fitoterapéuticos.
Hace sólo unos meses el Parlamento y el Consejo
Europeo aprobaron una dura Directiva para
regular su comercialización que el Gobierno
español transfirió a la legislación a través
del Real Decreto 1275/2003 de 10 de octubre.
Pues bien, se pretende ahora que las normas
que elabora el Codex Alimentarius sean
adoptadas por todos los países miembros de
la Organización Mundial de Comercio. La libertad
de prescripción de los médicos y terapeutas
así como la libertad de elección de terapia
de cualquier enfermo están intentando ser
cercenadas. Centenares de empresas, amenazadas
de cierre inmediato. Y nuestro arsenal terapéutico,
limitado. ¿Entenderán los españoles y demás
europeos que en estos momentos se está poniendo
en juego el futuro de su salud así como la
de su pareja, sus hijos, familiares y amigos?
Aparentemente
no debería objetarse nada al intento de unificar
la legislación del mercado comunitario europeo
en materia de salud y evitar así, por ejemplo,
que lo que un ciudadano puede comprar en Gran
Bretaña esté prohibido en España. Y menos
si el argumento utilizado para establecer
esa normativa común es que se busca la seguridad
del consumidor. Sin embargo, la apelación
a la seguridad -una vez más- se va a utilizar
para recortar las libertades individuales
que como consumidores poseemos. Y no sólo
eso: las grandes beneficiarias de las normas
ya aprobadas y de las que se preparan para
el futuro serán exclusivamente -de nuevo-
las grandes multinacionales farmacéuticas.
Lamentablemente estamos ya tan acostumbrados
a no ser informados -ni consultados- sobre
lo que aprueban nuestros representantes políticos
-¿cómo sabrán nuestra opinión si jamás nos
la consultan?- que la mayoría de la gente
no es consciente del alcance de una legislación
que, como en este caso, pretende poco a poco
dejarnos sin poder de decisión en lo que a
nuestra propia salud se refiere.
De momento se están ya imponiendo en Europa
pero la negra sombra que desde hace tiempo
se extiende sobre la medicina natural en el
Viejo Continente puede ahora extenderse a
todo el mundo si la delegación europea consigue
imponer su postura en el seno del Codex
Alimentarius, una comisión internacional
creada en 1963 por la FAO (Organización de
las Naciones Unidas para la Comida y la Agricultura)
y la OMS (Organización Mundial de la Salud)
a fin de desarrollar normas alimentarias,
reglamentos y otros documentos relacionados
con la protección de la salud de los consumidores.
Porque todo indica que las pautas del Codex
Alimentarius adoptadas por consenso se
pueden convertir en normas obligatorias desde
el momento de su aprobación definitiva en
virtud del acuerdo firmado con la Organización
Mundial del Comercio. De hecho, el incumplimiento
de las mismas facultaría a esa organización
a imponer fuertes sanciones económicas por
lo que es evidente que el poder del Codex
Alimentarius en materia de salud alimentaria
es muy superior a lo que pudiera uno haber
imaginado.
En el ámbito de los complementos de vitaminas
y minerales, por ejemplo, se quieren restringir
las dosis recomendadas: "El empleo de determinados
complementos de vitaminas y minerales -se
alega en el texto- puede ser limitado por
razones de protección de la salud e inocuidad
para los consumidores". ¿Protegernos del
"exceso" de vitaminas y minerales? Son muchos
los expertos que contestan que la verdadera
razón que se esconde tras esa restricción
no es sino limitar la efectividad del producto.
Asimismo, quieren evitar que se aleguen las
propiedades terapéuticas de las vitaminas
y minerales. Y para ello han decidido exigir
prácticamente lo mismo que se le pide a un
fármaco: "La declaración de propiedades
que asocia el consumo del alimento, la sustancia
o el ingrediente al incremento de una función,
al mantenimiento o la mejoría de un estado
relacionado con la salud, o a la reducción
de un riesgo de enfermedad deberá apoyarse
con evidencias científicas a lo largo de uno
o varios de los siguientes procesos: estudios
experimentales in vitro y/o in vivo; estudios
epidemiológicos o clínicos en seres humanos
(…) El mecanismo bioquímico y fisiológico
que explica el efecto benéfico sobre la salud
debe ser dilucidado o ser explicable con un
grado suficiente de certeza a partir del estado
actual de los conocimientos(…) Por regla general,
la evidencia ha de obtenerse en seres humanos".
Nos preguntamos si harán falta ensayos clínicos
protocolizados antes de poder decir, por ejemplo,
que la vitamina C previene el escorbuto ya
que es obvio que para nuestros legisladores
la experiencia históricamente adquirida no
sirve para nada.
Cabe añadir que la influencia de la Unión
Europea en el seno del Codex Alimentarius
ha crecido este año considerablemente y su
delegación está intentando persuadir al resto
de los miembros de la Comisión de Nutrición
y Comidas para uso en dietas especiales de
que la regulación sobre vitaminas y minerales
establecida por el Consejo de Europa se aplique
a nivel mundial. La norma en elaboración -el
Proyecto de Propuestas de Pautas para Vitaminas
y Complementos Minerales- acaba de ser
discutida en Bonn del 3 al 7 de noviembre.
Y de momento ya se han cumplido 4 pasos de
un proceso total de 8.
Para el mundo, pues, se trata de una amenaza
en ciernes; para los europeos, una realidad
plasmada ya en una norma que recorta abusivamente
nuestras libertades.
UN
PELIGRO REAL
El Real Decreto 1275/2003 de 10 de octubre
aprobado por el Ministerio de Sanidad que
penosamente dirige Ana Pastor, reflejo
de la Directiva Europea, afecta a los complementos
alimenticios y a los nutrientes. Una nueva
regulación que entiende por complementos
"los productos alimenticios cuyo fin sea complementar
la dieta normal y consistentes en fuentes
concentradas de nutrientes o de otras sustancias
que tengan un efecto nutricional o fisiológico,
en forma simple o combinada, comercializados
de forma que permitan una dosificación determinada
del producto y que deben tomarse en pequeñas
cantidades unitarias"; y por nutrientes
a "las vitaminas y minerales".
Obviamente debió haber sido preceptivo celebrar
un amplio y público debate sobre lo que iba
a regularse en este ámbito porque nos afecta
sobremanera a todos pero es evidente que han
preferido ocultar a la ciudadanía lo que iba
a hacerse. Y así, empresarios, médicos, terapeutas
y consumidores asistimos inermes a un nuevo
recorte de las opciones curativas.
Desde luego, en lo que a España se refiere
al menos, es una vergüenza que ni se informe
a los ciudadanos de lo que defiende el Gobierno
sobre salud en el Parlamento Europeo, en el
Consejo o en las reuniones del Codex Alimentarius.
En el más absoluto de los silencios, sin ningún
debate -ni público, ni privado-, sin consultar
a los médicos, farmacéuticos y demás profesionales
del sector relacionados con la medicina natural
-a los que se ignora-, nuestros gobernantes
-con el silencio cómplice de la oposición-
siguen adoptando posturas sistemáticamente
contrarias al uso de la medicina natural,
en este caso el de vitaminas y complementos
alimenticios, factores fundamentales para
la prevención de enfermedades.
Estamos ante una legislación que, entre otras
cosas, prohíbe taxativamente que los complementos
alimenticios afirmen -e incluso sugieran-
en sus etiquetas propiedades saludables para
la salud. Las etiquetas -dice el artículo
6.4 del Real Decreto- "no podrán atribuir
a los complementos alimenticios la propiedad
de prevenir, tratar o curar una enfermedad
humana, ni se referirán en absoluto a dichas
propiedades". Como denunciábamos en nuestro
último editorial, "queda prohibido decir
que la vitamina C previene el escorbuto o
el resfriado. O que el ajo tiene propiedades
antibióticas y cardiovasculares. O que la
vitamina A mejora los problemas de visión.
¡La estupidez llevada al rango de norma legal!".
Sin embargo, la Directiva europea y el Real
Decreto esconden mucho más.
LISTA
NEGRA
Según la lista de productos admitidos por
la regulación europea y española, más de 300
sustancias nutrientes quedan excluidas. Entre
ellas, un número elevado de las que durante
décadas se han mostrado más seguras, más fácilmente
asimilables y más eficaces. El absurdo es
tan grande que la exclusión abarca formas
de vitaminas naturales -como la mezcla tocoferoles/tocotrienoles
(la vitamina natural E), los carotenoides
y la metilcobalamina-, todas las formas de
azufre, boro, vanadio, silíceo y otros elementos
básicos así como las más fácilmente asimilables
-y más seguras- formas de calcio, magnesio,
zinc, selenio, cromo y molibdeno.
De entre los 300 nutrientes excluidos por
la Directiva Europea y el Real decreto quizás
uno de los más importantes sea el boro mineral,
usado extensamente en los complementos para
ayudar a la captación de calcio en la estructura
de esqueleto del cuerpo. El boro es imprescindible
para tener unos huesos y dientes fuertes y
se usa a menudo en formulaciones destinadas
a las mujeres junto con el magnesio, la vitamina
D y el vanadio (también excluido de la lista)
durante el embarazo y la menopausia al igual
que en caso de osteoporosis.
Otro importante mineral excluido es el azufre,
usado en innumerables complementos y esencial
para el tejido conjuntivo y otras funciones
del cuerpo. También ha quedado excluida la
selenometionina, la forma predominante y más
fácilmente aceptada por nuestro organismo
de selenio; de hecho, es la misma sustancia
que se encuentra en el brócoli. Es decir,
a pesar de que la selenometionina ha sido
escogida para su uso en el Instituto Nacional
del Cáncer de Estados Unidos -o quizás precisamente
por eso- la Directiva prohíbe el uso de esas
formas orgánicas de selenio.
Y otro tanto ha ocurrido con el cromo. Mientras
el cromo orgánico -fundamental como factor
de tolerancia de la glucosa- ha sido eliminado
de la lista de nutrientes permitidos, el cloruro
inorgánico y el sulfato de sales de cromo
sí han contado con la aprobación del Comité
Científico para la Comida sin importarles
los datos sobre su posible toxicidad o falta
de aceptación por el organismo humano.
Claro que los mencionados son sólo algunos
ejemplos de lo que supondrá la aplicación
estricta de la Directiva cuando ésta entre
definitivamente en vigor en agosto del 2005.
Es más, la propia redacción que se ha hecho
del texto permite abrir paso a restricciones
futuras de otros nutrientes además de las
vitaminas y minerales, como es el caso de
los ácidos grasos, los aminoácidos, las enzimas,
los probióticos, los fitonutrientes, etc.
LIMITACIÓN
INNECESARIA
La reglamentación europea, pretendidamente
ambigua, sigue sin definir oficialmente los
límites de las dosis de vitaminas y otros
nutrientes permitidos en los productos pero
su apuesta por "los datos científicos generalmente
aceptados" deja clara su intención de
ser claramente restrictiva a la hora de la
verdad: "Si las vitaminas y minerales son
declarados suplementos de comida (no medicamentos)
deberán estar presentes en el producto en
una cantidad insignificante". Ello supondrá
la eliminación del mercado de todos los productos
que presenten altas dosis, ignorando los beneficios
de vitaminas y minerales en la prevención
de gran número de enfermedades. En España,
mientras llega la directriz europea, seguimos
con los límites reconocidos en el año 92 que,
por ejemplo, fijan la cantidad diaria de vitamina
C en sólo 60 mg. diarios.
Es extraño, pues, que las asociaciones de
profesionales, productores y consumidores
españoles no se hayan pronunciado aún cuando
la Directiva es tan sólo un adelanto de lo
que se está preparando a través del Codex
Alimentarius. En Gran Bretaña y Estados
Unidos, donde los consumidores han contado
hasta ahora con libertad absoluta para adquirir
vitaminas en altas dosis y todo tipo de complementos
alimenticios, las protestas por la adaptación
de la Directiva están siendo en cambio ruidosas
y contundentes. El profesor Arnold Beckett
-profesor emérito de Química Medicinal
del King's College de Londres y miembro
durante 25 años de la Comisión Médica del
Comité Olímpico Internacional- ha encabezado
una dura carta de protesta firmada por más
de 300 profesionales de la salud y dirigida
al Primer Ministro británico Tony Blair
que resume el problema de forma contundente:
"Nos oponemos -dice la nota- a la
Directiva de Suplementos y Productos Medicinales
Herbarios Tradicionales en su forma actual.
Esa Directiva llevará a la pérdida o degradación
de multitud de productos útiles y, por consiguiente,
constituirá una medida contra la salud. Muchos
de los 300 ingredientes que se prohíben por
la Directiva son superiores a aquellos que
se permiten y son prohibidos sin una buena
razón; su exclusión es caprichosa, sin justificación
científica alguna y no se basa en los intereses
del consumidor. Las reducciones de la dosificación
también son injustificadas ya que no existe
ningún tipo de preocupación sobre los niveles
actualmente empleado. Como colectivo de médicos
y científicos conscientes de la importancia
de la nutrición en el mantenimiento de la
salud estamos seriamente preocupados por las
amenazas del legislativo a la industria de
los complementos".
En pleno acoso a la Medicina Natural, la normativa
europea y la española ignoran las auténticas
cuestiones de fondo que permanecen sospechosamente
ocultas ante los ciudadanos, candidatos todos
-antes o después- a enfermar. Porque la legislación
amenaza con fijar a medio plazo dosis mínimas
y máximas que obvian la discusión permanente
y no solucionada sobre las bases en virtud
de las cuales se fijan las cantidades diarias
de nutrientes que necesita una persona y la
cantidad que se puede obtener en una " dieta
normal ", cifras fundamentales para determinar
las "dosis" que pueden contener un suplemento.
Para empezar, no todas las personas consumen
el mismo tipo de nutrientes en cantidad y
calidad en su "dieta normal" diaria. Las normas
ignoran además que los individuos asimilan
de forma distinta los nutrientes que consumen
y tampoco entran a considerar que nuestros
hábitos de comida cambian con la edad, el
estado de salud y el nivel de actividad. Añádase
a todo ello las dificultades existentes para
establecer diferencias entre nutrientes que
son esenciales para la salud y aquellos que
no siendo esenciales refuerzan el funcionamiento
saludable del cuerpo humano y son útiles para
la prevención de enfermedades crónicas.
En definitiva, con tal cantidad de variables
es imposible señalar la cantidad diaria que
cada uno de nosotros necesita. De hecho, habría
que aclarar que ni siquiera puede hablarse
de una opinión única ya que los científicos
no son capaces de ponerse de acuerdo sobre
las necesidades básicas diarias de nutrientes
como lo demuestran múltiples estudios realizados
a nivel internacional. Valga como ejemplo
que el nivel superior "oficialmente" seguro
de vitamina B6 está establecido en 25 mg diarios
y el recomendado por la legislación española
es de 2 mg, mientras amplios sectores de la
comunidad científica internacional lo han
situado en 100-200 mg diarios. Y como éste,
cientos de casos y discrepancias.
Es más, a pesar de las enormes posibilidades
que ofrecen las vitaminas y los complementos
alimenticios para prevenir y tratar enfermedades
la Directiva no hace ni siquiera referencia
a ellas. Josef Hasslberger, representante
de la Asociación para la Libertad de Elección,
piensa que la norma sólo servirá para eliminar
una contribución esencial para la salud humana:
"Reduciendo el número de sustancias nutrientes
que pueden utilizarse en la formulación de
complementos alimenticios y ajustando las
dosificaciones a límites severos, la Directiva
está elaborada para eliminar, en la práctica,
el inmenso potencial de los complementos alimenticios
para mejorar la salud pública de una manera
decisiva. La Directiva amenaza con degradar
la aportación de los complementos a un estado
de ineficacia forzada, no más que un simple
parche entre la ingesta insuficiente actual
de nutrientes en las comidas y la ingesta
mínima sugerida de niveles admitidos y acordados
de vitaminas y minerales en los estados miembros
de la Unión Europea. Sus previsiones no tienen
en cuenta el uso de altas dosificaciones de
suplementos nutrientes como una medida científicamente
probada capaz de mejorar la salud de poblaciones
enteras y como cura para una miríada de enfermedades
causadas por los desequilibrios nutrientes
en los individuos".
También en el escrito dirigido a Tony Blair
se denuncia esta ignorancia: "Alabamos
el deseo de la Unión Europea de incorporar
un alto nivel de protección a la salud humana
pero la seguridad de las vitaminas y suplementos
minerales, sencillamente, no presenta ninguna
preocupación. Al contrario, el potencial de
estos suplementos para mejorar la salud pública
es sustancial y ello ha sido completamente
ignorado en el desarrollo de esta Directiva".
Realmente es vergonzoso que mientras tanta
sustancia segura desaparece de la Lista Positiva
otras consideradas tóxicas, como el hidróxido
de sodio, el hidróxido de potasio y el óxido
de calcio, son aceptadas para su uso en los
complementos alimenticios, algo muy difícil
de entender por farmacéuticos, químicos, médicos
y profesionales de la medicina natural.
ADEMÁS,
¿RIESGO DE QUÉ?
Las opiniones más críticas con la actual redacción
de la Directiva -cuya aplicación, insistimos,
será total en agosto del 2005- sostienen que
para la aplicación de las dosis máximas se
han ignorado los principios básicos de la
Dirección de Riesgos, una emergente
disciplina científica que se ha desarrollado
para tratar riesgos específicos. El propósito
de cualquier Dirección de Riesgos no
es la eliminación total de los mismos -algo
imposible- sino su reducción a niveles tan
bajos como razonablemente prácticos. Pues
bien, si se hubiera valorado de forma real
el hipotético riesgo de "sobredosis" de sustancias
nutritivamente relevantes se hubiera llegado
a la conclusión de que históricamente es nulo.
Por ejemplo, entre 1983 y 1990 no hubo en
Estados Unidos un sólo caso de muerte causada
por vitaminas, aminoácidos u otros productos
naturales. En el mismo periodo, sin embargo,
murieron sólo en Estados Unidos MÁS DE
100.000 PERSONAS AL AÑO como consecuencia
de la utilización de fármacos aprobados por
la FDA.
De hecho, los graves efectos secundarios de
los fármacos han degenerado en una auténtica
epidemia en los países industrializados situándose
en el cuarto lugar en la lista de causas más
frecuentes de defunción. El nivel de riesgo
de vitaminas y complementos, en cambio, es
mínimo por no decir inexistente. No hay pues
ningún motivo alarma que obligara a legislar
el sector -y menos tan drásticamente- porque
nadie ha definido claramente qué presuntas
situaciones de riesgo se pretenden atajar
limitando la dosificación. Es más, aún en
el hipotético caso -jamás demostrado- de que
existieran riesgos por el consumo de altas
dosis de vitaminas y complementos minerales
la Directiva podría haber optado antes por
otras opciones. Por ejemplo, exigir declaraciones
de advertencia en las etiquetas del producto
del estilo de"No deje este producto al
alcance de los niños" "No lo consuma si está
embarazada", "No exceda la dosis recomendada
sin consultar a un especialista"... Al
final, como explica el ya mencionado Josef
Hasslberger, "parece escasamente inteligente
prescindir de las posibilidades preventivas
y terapéuticas de vitaminas y complementos
en aras de un exceso de proteccionismo injustificado".
Es obvio que las decisiones adoptadas suscitan
muchos interrogantes. Por ejemplo: ¿por qué
no se tuvieron en cuenta otras opciones?,
¿por qué la Unión Europea ignora que sus decisiones
suponen diezmar un sector significativo de
los productos de salud comercializados durante
las últimas tres décadas y que ha crecido
inmensamente gracias al duro trabajo de pequeñas
y medianas empresas?, ¿por qué no se ha puesto
ningún énfasis en el lado positivo de los
complementos?, ¿por qué la Directiva establece
una prohibición general del uso de sustancias
(fuentes nutrientes) que han estado en el
mercado durante muchos años sin ningún problema
de seguridad? El antes mencionado doctor Arnold
Beckett -a quien su experiencia de 25 años
en el Comité Médico del Comité Olímpico le
da un indudable crédito en el campo de las
vitaminas y complementos- y sus colegas resumen
todas las preguntas que genera la Directiva
en una: ¿A quién beneficia esta Directiva?
Y contestan: "Ciertamente, no al
público cuyo acceso a muchos productos familiares
les será negado. Ciertamente, no a las compañías
pequeñas que producen los productos que serán
eliminados del mercado. Ciertamente, no al
minorista que verá reducida su mercancía para
ser probablemente sustituida en el futuro
por productos inferiores pero elegantemente
empaquetados a precios muy superiores (alguien
tiene que pagar por los costos de obedecer
la legislación). Ciertamente, no a la profesión
médica y a otros profesionales de la salud
cuyo trabajo se ve aliviado por las medidas
de autoayuda que suponen el consumo de vitaminas,
complementos y plantas. Y ciertamente, no
al Sistema de Salud que tendrá que enfrentarse
inevitablemente a un aumento del trabajo y
de los costes. La Directiva también trata
de facilitar el comercio de productos derivados
de las plantas a lo largo de Europa creando
requisitos legislativos comunes. Sin embargo,
sus términos favorecen sólo a las compañías
grandes, particularmente a aquellas que operan
en el sector farmacéutico y que ya tienen
los recursos y experiencia para tratar con
las normas farmacéuticas impuestas. Las compañías
pequeñas u otras compañías sin aspiraciones
de ventas paneuropeas son perjudicadas gravemente
por una legislación que es, por consiguiente,
injusta. A quién beneficia parece
ser, pues, la llave para entender esta Directiva"
(las negritas son nuestros).
GANAN
LOS DE SIEMPRE
No cabe duda alguna: la Directiva y el Real
Decreto español afectarán dramáticamente a
la industria de complementos alimenticios
con serias consecuencias para los minoristas,
especialistas, profesionales de la Medicina
Natural y Complementaria y a aquellos consumidores
que suelen decidir por sí mismos sobre su
propia salud.
Una vez más, los grandes beneficiados serán
las multinacionales farmacéuticas. Porque
si bien es cierto que a nivel europeo se contempla
la posibilidad de incluir en la lista de productos
permitidos nuevas sustancias que se han mostrado
seguras desde hace décadas también lo es que
ahora se les exige estudios científicos de
tal nivel que prácticamente se convierten
en prohibitivos para las industrias pequeñas
y medianas de productos naturales. La Unión
Europea está exigiendo rango de medicamento
para sustancias de comida lo que significa
que en casi todos los casos la información
requerida no está disponible. Por eso los
fabricantes han comenzado ya a buscar esa
información alrededor del mundo. Sólo que
aun cuando la información pudiera encontrarse
o producirse, los costes de los estudios de
investigación, los ensayos clínicos y su administración
serían de centenares de miles de euros y,
por consiguiente, prohibitivos. Además, los
posibles estudios de investigación difícilmente
podrían estar listos para julio del 2005,
fecha límite para la entrada en vigor de la
Directiva.
A ello cabe añadir que no sólo no existen
incentivos para que los fabricantes lleven
adelante esas investigaciones sino que difícilmente
las harán porque no hay ningún mecanismo de
protección al no ser patentables y no podrían
impedir que cualquier otra empresa, sin haber
hecho gasto alguno, use luego ese trabajo
para usar la sustancia una vez aprobada.
El resultado final es que no sólo se limita
la libertad del consumidor para consumir vitaminas
y complementos sino que la medida afecta decisivamente
a los productores de los mismos en toda Europa,
tal y como denunciaban los más de 300 profesionales
de la salud que se dirigieron al Primer Ministro
británico: "En total, unos 5.000 productos
se hallan afectados por la normativa. Y no
será posible reformular todos esos productos
porque no hay ningún sustituto para algunos
de los ingredientes prohibidos y no será factible
reformular otros. Un número no precisamente
insignificante de productos se perderá así
para siempre. Y en cuanto a la mayoría de
los productos afectados potencialmente reformulables
lo son a un coste estimado por el propio Gobierno
de 3.000 libras por producto. Es decir, a
la industria probablemente le cueste 10 millones
de libras mantener los productos hoy comercializados
como legales, aunque degradados; y en el caso
de los productos que contengan selenio, serán
más tóxicos".
En suma, si las dosis máximas se siguen modificando
con los requisitos "paramédicos" exigidos
igual dará que las vitaminas y complementos
sean considerados "comida" o "medicamentos",
adquiridos en los supermercados o en las farmacias...
porque al final su producción estará en manos
de las grandes multinacionales. Y, desde luego,
no parece que la solución pase por tomar múltiplos
de dosis más bajas para obtener niveles más
altos porque supondría tragarse diez o más
tabletas juntas pagando encima más al tener
que comprar varios envases de dosis bajas
en lugar de uno con dosis superiores.
Y
AHORA, EL MUNDO
Hasta ahora, la resistencia a todo esto de
asociaciones y grupos defensores de la Medicina
Natural no han pasado de ser testimoniales.
Y en el caso de España, ni eso. No es de extrañar,
pues, que Europa encabece con paso firme en
el Codex Alimentarius las posturas
más restrictivas. Y poco importa que enfrente
estén los mismísimos Estados Unidos. Allí
la venta es libre y sin problema con las dosis
desde que en 1993 se intentara restringirlas
y se impusiera la postura de los defensores
del uso de vitaminas y minerales en la protección
y prevención de la salud. Aunque ya existen
al parecer divisiones internas que impiden
su posicionamiento claro hoy.
En la reunión del Codex Alimentarius
recientemente finalizada en Bonn la postura
de los defensores del libre acceso a las vitaminas
y minerales estuvo una vez más encabezada
por la delegación de Sudáfrica. Pero fue rechazada
globalmente por el Comité porque de nada sirvió
que esgrimiera un informe de la propia OMS
titulado Dieta, Nutrición y Prevención
de Enfermedades Crónicas -un documento
habitual de consulta para especialistas- donde
se confirma que la ingesta de vitaminas y
minerales puede reducir la incidencia de la
diabetes y los ataques cardíacos, controlar
la tensión arterial alta y tratar muchas otras
enfermedades crónicas que han alcanzado proporciones
epidémicas mundiales.
Así que, ignorando las recomendaciones de
la propia OMS, el comité del Codex Alimentarius
desestimó las propuestas de Sudáfrica. Lo
único que consiguió la delegación africana
es estar al frente de un grupo de trabajo
destinado a revisar los valores de referencia
para los nutrientes -las cantidades de ingesta
diaria entre las poblaciones normales- que
servirán para establecer los límites seguros
de las dosis altas. Una presencia que supone
al menos la esperanza de que los estudios
científicos y las evidencias que sirvan para
fijar las cantidades reflejen la realidad
de las posibilidades preventivas de vitaminas,
minerales y otras sustancias naturales.
En suma, habrá que esperar a que decidan sobre
las sustancias naturales quienes no creen
en la medicina natural. Tremenda paradoja.
Y no parece muy buena señal que sea la delegación
australiana la que se encargue de presidir
el comité responsable de establecer los límites
superiores seguros porque Australia ya regula
las vitaminas y complementos minerales como
medicamentos y no como alimentos.
El debate definitivo en el Codex Alimentarius
se celebrará el próximo año. Apenas queda
tiempo pues para que las asociaciones de fabricantes,
de médicos, de farmacéuticos, de profesionales
de la medicina natural y de consumidores presionen
a sus respectivos gobiernos para evitar una
limitación drástica del consumo de vitaminas
y minerales.
La Fundación Rath aboga incluso por tratar
de forzar la celebración de referéndums a
nivel nacional. Y diversas asociaciones británicas
están encabezando un movimiento para rectificar
la Directiva europea. Así, la Alliance
for Natural Health ha iniciado una batalla
legal contra ella a la que ha invitado a unirse
a asociaciones de toda Europa. Del resultado
final de esta batalla dependerá probablemente
el futuro de la práctica de la Medicina Natural.
Esperemos pues que todos los sectores relacionados
se aúnen. No para dar respuestas individuales
y aisladas sino para manifestar su posición
con una única y potente voz.
Porque lo que se esconde detrás del Codex
Alimentarius es simple y lo denunciamos
en el editorial de este mismo número: "Como
quiera que las sustancias naturales no son
patentables, las multinacionales farmacéuticas
quieren quedarse la exclusiva de su uso utilizando
determinadas organizaciones internacionales
para imponer una serie de normas a los ciudadanos
a través de los gobiernos con la recurrente
pero falsa excusa de que lo hacen para proteger
nuestra salud de posibles efectos negativos.
Y no sólo eso: quieren asegurarse de que las
dosis alivien al enfermo pero no le curen.
El negocio está en tener enfermos crónicos
que de forma permanente consuman sus productos.
Y para lograr ese objetivo hay que retirar
del alcance de la ciudadanía las sustancias
naturales cuyos potenciales efectos terapéuticos
sean evidentes. Esa es la verdad y la pregunta
obligada es: ¿vamos a permanecer impasibles
ante tamaño dislate?"
Antonio
Muro
Manifestación
contra el Codex Alimentarius
Durante el desarrollo de la reunión del Codex
Alimentarius representantes de 15 países
y casi 1.000 personas convocadas por la Fundación
Rath para la Salud se manifestaron en
protesta contra las leyes planeadas ante el
Hotel Maritim de Bonn bajo el lema Parar
el Codex Alimentarius. Y entre
los testimonios que pudieron escucharse o
leerse durante la misma destacamos varios.
Es el caso del ofrecido por el cantante Paul
McCartney, cuya mujer murió de cáncer
y ha escrito recientemente a sus amigos y
colegas diciendo: "Creo que tenemos derecho
a comprar complementos alimenticios seguros,
legítimos y naturales. Ese derecho está bajo
amenaza y me complace que mi nombre se una
a una campaña que puede volverse necesaria
para conservar nuestra libertad de elección
en el Reino Unido. Estaría encantado si usted
hiciera lo mismo".
Anthony Rees co-fundador de la organización
Pharmapact y consejero de la delegación
sudafricana, afirmó por su parte: "El mundo
afronta un gran riesgo por culpa del Codex
Alimentarius ya que el gran grupo de intereses
farmacéuticos que está detrás no está interesado
en absoluto en nuestra salud".
Eduardo Luiz Barbosa, de Sao Paulo
(Brasil), que asistió al Codex Alimentarius
como presidente de una organización de
apoyo contra el HIV/AIDS, dijo: "Creo en
la acción de las terapias naturales alternativas
dado que éstas son menos dañinas para las
personas y están basadas en principios éticos".
Y concluyó su presentación con una cita de
Mahatma Ghandi: " El mundo tiene
bastante para la necesidades de todos... pero
no para la codicia de todos".
El doctor Wong Ang Peng, presidente
de una asociación nacional de remedios naturales
en Malasia, contó cómo la Medicina Tradicional
China ha formado parte de la vida diaria en
Oriente desde hace centenares de años y aunque
todavía no hay ningún problema en el acceso
a las terapias naturales "lucharemos como
tigres por la libertad de las vitaminas porque
si ustedes pierden contra el Codex Alimentarius
en Europa nosotros perderemos pronto también
en Asia".
Finalizamos con las palabras pronunciadas
por la cantante Katja Ebstein -representante
alemana en Eurovisión en 1970, 1971 y 1980-
durante la presentación del evento: "El
Codex Alimentarius representa hoy lo mismo
que los esfuerzos de la Iglesia de hace 500
años por tratar de impedir la salida de la
oscuridad del periodo medieval. Se impidió
entonces y se impedirá esta vez también. Pretende
violarse el deseo humano fundamental de buscar
la salud. Me gustaría pedirle a la gente que
haga lo posible para promover en Europa un
referéndum de apoyo a las terapias naturales".
Cabe añadir que el Dr. Matías Rath
-cuya fundación convocó la manifestación-,
tras repasar la historia del Codex Alimentarius
y examinar el desarrollo de la industria
farmacéutica, presentó numerosos evidencias
del éxito de la investigación científica en
la medicina celular.