Cortar y pegar genes. Ese es el futuro de la
Medicina que a diario nos venden, un futuro en el que las enfermedades
desaparecerán, los errores de la Naturaleza serán corregidos por
la ingeniería genética y viviremos cada vez más años. Muy prometedor...
si no fuera porque a lo largo de la historia de la Medicina se
nos han hecho promesas similares que nunca se han cumplido. Cortar
y pegar: el mismo razonamiento que venimos aplicando en Occidente
desde el Renacimiento, desde el mismo instante en que fuimos capaces
de asomarnos al interior de un organismo y empezamos a pensar
que el ser humano es como un mecano y, por tanto, pieza que no
funciona debe ser arreglada o sustituida. Y así, por ese camino
de cortar y pegar -o cortar y tirar cuando consideramos que la
pieza no es imprescindible- hemos ido "avanzando" con sus luces
y sus sombras. Y esa misma filosofía es la que nos ha llevado
a tratar de estudiar nuestro ADN convirtiéndolo en un almacén
de genes y clasificándolos según su "utilidad".
En suma, buscando la causa de la enfermedad la Medicina que conocemos
ha ido desmontando el cuerpo humano pieza a pieza, órgano a órgano,
tejido a tejido -como el niño que desmonta el juguete tratando
de entenderlo- hasta llegar al interior de la célula donde nos
hemos encontrado con los cromosomas, el ADN y los genes. Con lo
que ya ha surgido toda una pléyade de superespecialistas que creen
haber hallado ahí la solución a todos los males. Claro que cuando
se cansen de cortar los genes empezarán con las proteínas y después
con las enzimas. Y así habrá más especialistas y más negocio para
todos...
En definitiva -y sin dudar de la buena voluntad de la mayoría
de los sostenedores de ese sistema-, lo peor es que un pesado
mundo de silencios espesos, de intereses económicos y de fundamentalismos
científicos -que en la Ciencia también los hay- han bloqueado
casi todos los canales de información hasta hacer creer al ciudadano
medio que esa es la mejor manera -la única, de hecho- de afrontar
los retos que a diario se le plantean a la Medicina. Y eso es
completamente falso.
Afortunadamente no todos los científicos comparten la filosofía
del cortar y pegar genético ni la visión sobre el funcionamiento
del ADN. Ni todos los médicos y científicos comparten la visión
del organismo humano que la medicina occidental tiene y que -no
lo olvidemos- continúa sin saber curar ninguna de las grandes
enfermedades que nos amenazan. Lo que ocurre es que de tales científicos
jamás se habla. Dicho esto agregaré que lo que en esta ocasión
vamos a contarles puede parecer ciencia ficción pero se trata
de estudios, experimentos y conclusiones de prestigiosos científicos
rusos sobre nuestro ADN. Que no sólo permiten afrontar la investigación
genética de manera completamente diferente sino que además pueden
ser el primer paso para explicar muchos otros fenómenos con los
que el hombre ha convivido sin explicarse como la telepatía, la
clarividencia y otras facultades extrasensoriales. Y que también
podrían explicar el poder de las inducciones hipnóticas capaces
de modificar constantes biológicas, el poder de la oración o el
de los mantras como creadores de estados alterados de conciencia
y herramientas de emisión de frecuencias conscientes. Quizás incluso
-¿por que no?- nos permita entender por fin por qué
"en el
Principio fue el Verbo (la Palabra)".
EL ADN: UN BIOORDENADOR POR ONDAS
Konstantin Korotkov, catedrático de la Universidad de San
Petesburgo y diseñador de la cámara especial GDV (Gas Discharge
Visualization) que permite visualizar el aura de un ser vivo e
interactuar sobre ella para prevenir enfermedades (vea en el apartado
Ciencia y Conciencia de nuestra web los artículos publicados
al respecto en los números 24 y 27 con los títulos
"El estudio científico del cuerpo energético" y
"La investigación científica del aura y la prevención de enfermedades")
contaba hace poco a nuestro compañero
Fernando Sánchez Quintana
que durante la guerra fría participó como científico en proyectos
militares clasificados como "alto secreto". Uno de ellos consistía
en enviar un enorme submarino nodriza hasta la costa de Estados
Unidos que debería dejar caer desde el interior, antes de retirarse,
otro submarino más pequeño con los motores y sistemas eléctricos
apagados hasta que se posara, merced a su propio peso, en el fondo
del océano. Allí debería esperar la eventualidad de que la guerra
comenzara y lanzar entonces sus ojivas nucleares. Llegado el momento,
el submarino recibiría una orden
telepática que activaría
el sistema de lanzamiento. Korotkov participó en aquel proyecto
porque había inventado un sensor de agujas de wolframio capaz
de medir la capacidad de una persona para comunicarse mentalmente.
Según su testimonio, tras un año de pruebas el proyecto fue suspendido
porque "sólo" se alcanzó un 95% de aciertos en las transmisiones
telepáticas y eso era mucho dado el objetivo final. Los científicos
rusos siempre han demostrado ser más prácticos y menos dogmáticos.
Los demás que sigan discutiendo si existen o no ángeles: ellos
los buscan.
Pues bien, algo similar ha hecho el biofísico y biólogo molecular
Peter P. Gariaev y otros colegas suyos del
Institute
Control of Sciences Russian Academy of Sciences en Moscú.
Mientras los investigadores occidentales se centraban sólo en
el 10% de nuestro ADN -la parte donde se localiza la producción
de proteínas- ellos han buscado en el 90% restante porque no les
resultaba creíble que millones de años de evolución hubieran hecho
más importante la parte que el todo. Obviamente, sus experimentos
ofrecen una visión absolutamente diferente del código genético
y de la función del ADN. Así, su trabajo presenta a nuestro ADN
como un bioordenador capaz de recoger y transmitir información
de su entorno a través de ondas a partir de las cuales pueden
modificarse los patrones de comportamiento de las células. Tal
y como recogen Gariaev y sus colaboradores en
The DNA-wave
Biocomputer los experimentos llevados a cabo en Moscú en el
Institute of Control Sciences, en Wave Genetics Inc., así
como otros trabajos teóricos les han llevado a las siguientes
conclusiones:
-La evolución ha creado en los biosistemas -organismos vivos-
"textos genéticos" articulados de acuerdo a patrones semejantes
al conjunto de normas y reglas subyacentes en todas las lenguas
humanas en los que los nucleótidos del ADN, dotados de frecuencias
cargadas de información, juegan el papel de caracteres. Y a partir
de esos "textos genéticos" se van conformando los distintos procesos
orgánicos, Siendo pues el ser humano, en definitiva, un "bello
discurso" de la Naturaleza.
-El aparato cromosómico actúa como antena de recepción y transmisión
de "textos genéticos", los descifra, los codifica y los reenvía.
-Y aun más, los cromosomas de los organismos multicelulares constituyen.
en forma replegada. una puerta holográfica (capaz de reproducir
la imagen de todo el organismo en cada una de su partes) abierta
al espacio y al tiempo.
EL CÓDIGO GENÉTICO, NUESTRA PRIMERA LENGUA
Para su estudio del ADN, Gariaev -director del
Instituto de
Biología y Medicina por Ondas en Moscú y miembro de la Academia
Rusa de Ciencias Naturales, de la Academia Rusa de Ingenierías
y Medicina, y de la Academia de Ciencias de Nueva York- se rodeó
de físicos del renombrado
Instituto Lebedev: biólogos moleculares,
biofísicos, genetistas, embriólogos y lingüistas. Y desde ese
campo comenzaron a llegar las sorpresas...
Como se sabe, la Lingüística es la ciencia de la estructura de
los idiomas. Investiga no sólo los idiomas naturales que se desarrollaron
en las distintas naciones y culturas sino también los idiomas
artificiales usados; por ejemplo, para programar los ordenadores.
Bueno, pues a partir del estudio comparado de la semántica, la
sintaxis, las bases de la gramática y otros aspectos del estudio
de las lenguas con la configuración del código genético y la síntesis
de proteínas llegaron a la conclusión de que éste comparte con
nuestros idiomas las mismas reglas. No con los idiomas locales
sino a un nivel más profundo donde todas las lenguas presentan
estructuras comparables a la hora de unir caracteres para formar
mensajes inteligibles. Una relación que puede que nos extrañe
menos si ponemos en relación el lenguaje de los propios lingüistas
con el de los biólogos y vemos que, por ejemplo, definen el fonema
como la unidad mínima de una lengua que no se deja analizar en
unidades más pequeñas (nucleótido) y cuya función se define a
través de:
a) Su expresión. Que es la materialización de los
mismos (el sonido vibracional, la onda)
b) Su forma. Que es el lugar que ocupan
en el sistema (la cadena de ADN). Y,
c) Su contenido. Que será el papel que
puedan desempeñar dentro de la economía gramatical de una lengua
(la formación de determinadas proteínas en función de sus relaciones).
Y otro tanto ocurre cuando leemos que el valor de las piezas de
una lengua reside en las relaciones que se establecen entre ellas
(bases y tripletes en nuestro ADN).
Pues bien, los investigadores rusos han descubierto que la inteligencia
subyacente en los procesos que dan lugar a una lengua se da ya
en la interrelación y elección de compañeros para la síntesis
de proteínas a nivel del ADN.
Si el ADN y el código genético existían ya antes de que los primeros
humanos dijeran una sola palabra articulada es fácil deducir que
cada lengua se desarrolló a partir del modelo básico existente
en la estructura de nuestro código genético siendo éste la fuente
de todas las lenguas. Esto no quiere decir que la capacidad de
hablar sea sólo un efecto secundario de las proteínas elaboradas
por algunos genes sino que el orden de los nucleótidos en el ADN
sigue un plan inmaterial inteligente que ha sido imitado en la
estructura de nuestros idiomas.
"A través de una señal láser
y sus campos electroacústicos solitónicos -podemos leer en
The DNA-wave Biocomputer"- es como el gen 'lee y entiende'
estos textos de manera similar al pensamiento humano. Pero a su
propio nivel genómico de 'razonamiento'. Esto significa que los
textos humanos (independientemente del idioma usado) y los textos
'genéticos' tienen características matemático-lingüísticas y entrópico-estadísticas
similares, y donde en caso de los textos 'genéticos' los caracteres
se identifican con los nucleótidos". En otras palabras, si
el ADN entiende ciertas frecuencias entonces puede establecerse
un tipo de intercambio de información con él.
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
Hay que agregar que para probar el alcance de su teoría el equipo
de Gariaev realizó experimentos modulando ciertos patrones de
frecuencia
¡y consiguió reparar cromosomas dañados por rayos
X! Tal y como explican
Grazyna Fosar y
Franz Bludorf
en su libro
Vernetzte Intelligenz -en el que se ocupan
ampliamente de las investigaciones de Gariaev- llegaron incluso
a capturar patrones de información de un ADN y lo implantaron
en otro reprogramando así las células de éste De esa manera
consiguieron ¡transformar embriones de rana en embriones de salamandra!
Insistimos: simplemente
transmitiéndoles nuevos patrones de
información del ADN. Un proceso que se realizó sin los efectos
colaterales derivados de la manipulación directa de los genes.
Pues bien, los investigadores rusos están convencidos de que
armonizando
los sonidos que emitimos -es decir, palabras-
en una determinada
frecuencia se puede llegar a influir en el ADN. Ello quizás
pudiera explicar los sensacionales descubrimientos del investigador
japonés
Masaru Emoto (vea
el artículo
La estructura del agua
cambia con el sonido, las emociones y los pensamientos
publicado en el nº 52) quien ha demostrado -a través de experimentos
repetibles y acompañados de gran cantidad de imágenes gráficas-
cómo las palabras y la música son capaces de alterar la estructura
molecular del agua. También podríamos entender mejor cómo el sonido
de los cuencos de cuarzo puede curar el cáncer (vea en nuestra
web el artículo
La curación mediante
el sonido de cuencos de cuarzo que publicamos en el nº
35). Recordemos también a este respecto que el doctor
Mitchell
L. Gaynor -director del Departamento de Medicina Oncológica
e Integrativa del
Centro Strang-Cornell para la prevención
del cáncer de Nueva York- afirmó haber utilizado terapéuticamente
con éxito el sonido obtenido en los cuencos de cuarzo en cientos
de pacientes. Hablamos, en definitiva, de la posible explicación
del poder de la Musicoterapia pero también de por qué funcionan
las afirmaciones positivas, los mantras, las inducciones hipnóticas
y, por supuesto, la oración. Recordemos que desde hace miles de
años los maestros espirituales vienen insistiendo en la posibilidad
de alcanzar a través de la oración, la repetición sistemática
de palabras o frases -mantras- o los estados alterados de conciencia
la posibilidad de actuar sobre la propia salud y la de los demás.
El problema es encontrar las frecuencias con las que entrar en
resonancia con nuestro propio yo interior -¿nuestro propio ADN?-
porque, tal y como han demostrado los mencionados científicos
rusos, la vibración y el lenguaje en lugar del arcaico proceso
de cortar y pegar puede llevar a triunfar a lo que podríamos denominar
la genética de ondas. Ahora bien, ¿se pueden obtener las claves
de tan especial "gramática"?.
UNA ANTENA GIGANTE
Hay que decir que la base de todo este complejo proceso de intercambio
de "textos" en forma de sonidos está, según comprobaron Gariaev
y sus colegas mediante experimentos, en la naturaleza vibracional.
Concretamente, el ADN se expresa -según los investigadores rusos-
a través de ondas solitónicas, ondas que pueden almacenar información
durante mucho tiempo y son capaces de propagarse sin deformarse
a grandes distancias en medios no lineales. Cuando hablamos de
información pensemos que a diario las ondas de radio y televisión,
por ejemplo, trasladan información de un lado a otro. Pero para
hacernos una idea de la capacidad de las ondas solitónicas recordemos
que ya en 1988
Thierry Georges y su equipo del Centro de
Investigación y Desarrollo de
France Telecom combinaron
ondas solitónicas de diferentes longitudes para realizar una transmisión
superior a un terabit por segundo (1.000.000.000.000 bits / segundo).
"La mayoría -explica Gariaev-
intenta entender los principios
del ordenador biológico que es el ADN a través de una fijación
exclusiva a las reglas del ADN de Watson, Crick y Chargaff: la
igualdad entre las bases adenina-timina, guanina-citosina. ¡Y
eso es correcto pero no suficiente! El ADN cromosómico en los
sistemas vivos tiene atributos de onda que nos llevan a una dimensión
desconocida. El 'muy conocido' código genético es tan sólo la
parte del código referida a la síntesis de proteínas... y nada
más. Pero los cromosomas trabajan como ordenadores solitónicos
holográficos bajo la influencia de radiaciones láser endógenas
del ADN".
Las consecuencias de todo esto son tan incomprensibles como simples
y lógicas: si uno modula un láser con una determinada frecuencia
puede afectar con ella la información de las ondas del ADN y,
así, la información genética en sí misma.
Para ello el ADN funciona como una antena cuyas características
técnicas vienen determinadas por su tamaño. La molécula extendida
tiene alrededor de dos metros de larga y una frecuencia natural
de 150 megahertzios. Curiosamente esta frecuencia está exactamente
en la banda utilizada por el radar humano para las telecomunicaciones
e ingeniería de microondas. Es decir, que nosotros usamos exactamente
el mismo rango de frecuencia para recibir y emitir señales a nivel
de ADN que en nuestra tecnología. Singular "coincidencia".
Además el ADN puede también almacenar ondas armónicas de 150 megahertzios.
Lo mismo que la luz visible. La 22 octava de 150 megahertzios
queda directamente en este rango... y el color de esta radiación
lumínica es el azul. ¿Será también una coincidencia que la radiación
solar se descomponga en la atmósfera terrestre de tal manera que
nosotros vivimos en un mundo con el cielo azul?
Es decir, el ADN -según las investigaciones científicas de los
rusos- no sólo puede resultar afectado por la radiación electromagnética
de forma dañina -algo que ya sabíamos- sino que también puede
ser alterado en la dirección contraria con la radiación adecuada
porque, en el fondo, para ello somos portadores de un microchip
electrobiológico, un superconductor que toma la información electromagnética
del ambiente, la almacena y posiblemente después de codificarla
puede también emitirla. Este hecho abre posibilidades desconocidas
hasta ahora para la medicina. Porque con los dispositivos adecuados,
igual que ahora aplicamos corrientes electromagnéticas para ayudar
a la recuperación de una lesión ósea o muscular... en el futuro
podremos actuar sobre el metabolismo celular y desarrollar nuevas
terapias contra las grandes enfermedades. Hasta la reparación
de defectos genéticos sería posible sin los riesgos y los efectos
secundarios de los procedimientos actuales.
UNA PUERTA AL ESPACIO Y EL TIEMPO
Bien, pues con resultar increíbles las posibilidades de los descubrimientos
realizados por los investigadores rusos aún existen otros descubrimientos
que nos sitúan al borde mismo de la Imaginación -con mayúsculas-
porque nos hablan de
una comunicación a nivel cuántico de nuestro
ADN que rompería las barreras del espacio y del tiempo lo
que confirmaría la visión holística de un ser humano interrelacionado
con todo y con todos.
Los científicos rusos descubrieron con sus experimentos que la
oscilación vibratoria de nuestro ADN puede causar patrones de
perturbación en el vacío produciendo así agujeros de gusano magnetizados,
equivalentes microscópicos de las perturbaciones Eisntein-Rosen
formadas en las inmediaciones de los agujeros negros. Y recordemos
que los agujeros de gusano son considerados por la Física teórica
como túneles que conectan áreas completamente diferentes del universo
a través de los cuales se puede transmitir información fuera del
espacio y del tiempo. Pues bien, a través de los agujeros de gusano
microscópicos el ADN podría atraer información de más allá del
vacío e incorporarla a nuestra conciencia. En la Naturaleza, la
hipercomunicación se ha venido produciendo con éxito durante millones
de años. El comportamiento social de los insectos podría servirnos
de prueba, como bien recuerdan los ya mencionados Grazyna Fosar
y Franz Bludorf. Cuando una hormiga reina es separada "espacialmente"
de su colonia la construcción continúa de acuerdo a lo planeado.
Sin embargo, si se mata a la reina se detiene todo el trabajo
en la colonia. Ninguna hormiga sabe qué hacer. Aparentemente la
reina es la portadora de los "planes de construcción" y los envía
incluso desde muy lejos por medio de la "conciencia grupal" de
sus súbditos. Ella puede estar tan lejos como quiera... en tanto
esté viva.
En el hombre tenemos ejemplos que hasta ahora han sido considerados
más o menos anecdóticos y que podrían referirse a este tipo de
hipercomunicación que normalmente es experimentada como inspiración
o intuición. El químico ruso
Dimitri Mendeleyev aseguraba
que había visto en sueños la clave para la organización de la
tabla periódica de elementos. El también químico
Friedrich
Kekulé mantenía que había deducido la estructura hexagonal
de la molécula del benceno después de soñar con una serpiente
que se mordía la cola.
Igor Stravinsky escuchó en su cabeza
mientras dormía
La consagración de la primavera; Giuseppe
Tartini, su sonata
El trino del diablo interpretada
por el propio Satanás. Y fue un sacerdote asirio quien reveló
en sueños al historiador
Herman Hilprecht la traducción
exacta de la inscripción cuneiforme de la llamada
"piedra de
Nebuchadnezzar".
Cabe añadir que cuando la hipercomunicación tiene lugar uno puede
observar fenómenos especiales en el ADN. Los científicos rusos
irradiaron muestras de ADN con luz láser en cámaras especiales.
En la pantalla se formó un patrón de ondas típico. Y cuando retiraron
la muestra de ADN los patrones de onda no desaparecieron: permanecieron.
Bien, pues muchos experimentos de control demostraron que el patrón
seguía proviniendo de la muestra retirada cuyo campo energético
aparentemente subsistía por sí mismo. Este efecto fue denominado
"efecto del ADN fantasma". Se supone que la energía del espacio
exterior y del tiempo todavía fluye a través de los agujeros de
gusano después de retirar el ADN.
Vladimir Poponin, físico
cuántico reconocido mundialmente por sus estudios sobre las interacciones
entre los campos electromagnéticos y los sistemas biológicos e
investigador del
Biochemical Physics of the Russian Academy
of Sciences se refería así a ese efecto fantasma: "Después de
reproducir esto muchas veces y verificar el equipo de todas las
maneras concebibles nos vimos obligados a aceptar la hipótesis
de trabajo de que alguna nueva estructura de campo estaba siendo
excitada desde el vacío físico. Y lo denominamos 'ADN fantasma"
para dar énfasis a que su origen está relacionado con el ADN físico.
No hemos observado ese efecto todavía con otras sustancias en
la cámara. Después de ese descubrimiento iniciamos un estudio
más riguroso y continuo de estos fenómenos. Y nos encontramos
que con tal de que el espacio de la cámara no se perturbe se puede
medir ese efecto durante largos periodos de tiempo. Lo hemos observado
durante un mes en varios casos. Es importante dar énfasis a que
dos condiciones son necesarias para observar el ADN fantasma.
El primero es la presencia de la molécula de ADN y la segunda
es la exposición del ADN a una débil radiación de láser coherente.
Esta última condición puede darse con dos frecuencias diferentes
de radiación del láser. Quizás el hallazgo más importante de estos
experimentos es que proporcionan una oportunidad de estudiar la
subestructura del vacío bajo perspectivas estrictamente científicas
y cuantitativas. Es posible debido a la habilidad intrínseca del
campo fantasma de acoplarse con los campos electromagnéticos convencionales".
Esto implica que en ese acoplamiento podría producirse una transmisión
de información desde lo que hoy consideramos "vacío". Se abre
así todo un mundo de maravillas. De hecho, podría estar sucediendo
que nuestro ADN estuviera recibiendo desde el primer día sus "instrucciones
de montaje" desde más allá del espacio y del tiempo conocido,
desde el vacío o más allá si lo hay. Y a partir de esas instrucciones
la naturaleza holográfica del ADN iniciaría el proceso de organización.
"Los solitones del ADN -puede leerse en DNA-wave Biocomputer-
tienen dos tipos conectados de memoria. El primero involucra la
capacidad de los sistemas no lineales para recordar modos iniciales
de energetización y repetirlos periódicamente. Los cristales líquidos
de ADN dentro de la estructura del cromosoma forman un sistema
no lineal. El segundo es el del ADN total en un organismo. Tal
memoria es un aspecto no localizado del genoma. Es cuasi-holográfico/fractal
y tiene que ver, como es el caso para cualquier holograma o fractal,
con la propiedad fundamental del biosistema, es decir, su habilidad
de restaurar el todo a partir de una parte. Esta propiedad es
bien conocida. Recordemos el crecimiento de las plantas dañadas,
la regeneración de la cola de un lagarto...)".
En suma, los científicos rusos han realizado unos descubrimientos
tan extraordinarios que extienden nuestra comprensión de la genética
humana hasta alcanzar la frontera de ciertas creencias metafísicas
que desde siempre han estado esperando este tipo de pruebas para
mostrar su existencia. Puede pues que no esté ya tan lejos el
día en que la Espiritualidad vuelva a ser la expresión más alta
de la Ciencia.
Antonio Muro
Peter Gariaev (International Center for Wave
Genetics).
Web: http://www.self-managing.net/genetica/
e-mails: info@project-financing.org o fsmidt@project-financing.org