Tratamiento del asma con anestésicos locales

El número de personas con asma aumenta año tras año. Y como ocurre con la mayor parte de las “enfermedades crónicas”, ni se conoce su causa ni cómo tratarla eficazmente sin provocar efectos yatrogénicos. Pues bien, el doctor Jaime Arango Hurtado, médico cirujano de la Universidad de Antioquía, ha diseñado un protocolo para el tratamiento del asma bronquial mediante la aplicación de anestésicos locales –básicamente procaína y lidocaína- con el que está obteniendo excelentes resultados. Hemos hablado a fondo con él.

Cuanto más nos esforzamos menos avanzamos. Bien pudiera ser ésta la maldición bajo la que viven cada día los investigadores, médicos y pacientes de las enfermedades calificadas como “crónicas”. Miles de millones de euros invertidos en cada una de ellas han dado lugar a avances “asombrosos” en Genética o en Inmunología pero, sobre todo, a fármacos, a muchos fármacos ingeridos a todas horas mezclados con otros fármacos. Investigaciones que, sin embargo, no han impedido que el número de afectados por “enfermedades crónicas” crezca día a día. Así ocurre con el asma, una de esas enfermedades crónicas que se caracteriza por episodios de obstrucción generalizada y variable de las vías respiratorias y que clínicamente está asociada a tos, disnea, sibilancias al respirar y sensación de ahogo. En la actualidad afecta a más de 150 millones de personas en todo el mundo padeciéndola cinco de cada cien adultos así como un porcentaje de niños que oscila entre el 6 y el 15%. Y su incidencia va en aumento año tras año, sobre todo en los países denominados desarrollados. Todo ello sin contar con que la mitad de los asmáticos ignoran que lo son al confundir sus síntomas con catarros o al tratar de explicarlos como consecuencias de su hábito de fumar.

Los datos presentados por Iniciativa Mundial para el Asma (GINA) con motivo de la celebración del Día Mundial del Asma de este año no dejan lugar a dudas: es una patología en continuo crecimiento. En la actualidad los países con mayor índice de población afectada son el Reino Unido (15,3%), Canadá (14,1%) y Estados Unidos (10,9%) pero el país donde se ha producido mayor crecimiento es Australia donde el 25% de los niños padece ya la enfermedad.

España, con el 5,7% de habitantes afectados, se sitúa por detrás de Alemania y Francia pero por delante de Italia. De hecho, también en nuestro país los estudios ponen de manifiesto un aumento en el número de afectados. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, las crisis atendidas en los servicios de Urgencias de los hospitales pasaron del 7,3% en 1993 al 9,4% en 2001 (datos de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica (Neumomadrid). Y hablamos de una enfermedad que provoca algún tipo de limitación en el 72% de los afectados y que en España tiene una tasa de mortalidad de 4,9 por cada cien mil habitantes, superior a la del Reino Unido con 3,2.

CAUSAS DEL ASMA

Pero, ¿qué provoca el asma? Pues hay que decir que para explicar su origen se plantean en la actualidad seis teorías principales:

-La teoría alergénica según la cual el asma se trata fundamentalmente de un proceso alérgico. El aumento de casos se explicaría pues porque cada vez son más las sustancias presentes en nuestro medioambiente ante las que nuestro organismo reacciona.

-La teoría neurogénica según la cual el asma es una enfermedad nerviosa y la broncoconstricción refleja se produce como respuesta a la inhalación de sustancias irritantes. Se fundamenta en el hecho de que el árbol bronquial está sembrado de receptores neurológicos sensibles a la irritación.

-La teoría miogénica según la cual el asma lo causa la contracción (broncoespasmo) sostenida del músculo liso bronquial. Es decir, la principal causa estaría en la obstrucción de las vías aéreas por migración de células forasteras que interactuarían con el músculo liso, con el epitelio o con ambos.

-La teoría genética según la cual el asma es un problemafundamentalmente hereditario, es decir, una dolencia que se transmite de padres a hijos a través de los genes. Eso sí, no se conoce aún cómo se transmite esa herencia. Y,

-La teoría inflamatoria según la cual el asma es en realidad una enfermedad inflamatoria de las vías aéreas. Según esta teoría la enfermedad activa presenta unas vías aéreas hiperreactivas y una respuesta bronconstrictora excesiva frente a diferentes estímulos. Los mediadores inflamatorios identificados en las secreciones de las vías aéreas del asmático contribuirían a la constricción bronquial, la hipersecreción de moco y la hiperpermeabilidad microvascular provocando un edema de la submucosa con aumento de la hiperreactividad bronquial.

-La teoría de la deshidrataciónsegún la cual el asma es un mero indicador de que el cuerpo está deshidratado. Así lo postula el doctor iraní Fereydoon Batmanghelidj en su obra “Su cuerpo reclama agua a gritos” para quien buena parte de las enfermedades –especialmente las degenerativas- las causa la deshidratación del organismo ante la carencia crónica de agua (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com- lo publicado en los números 56 y 57 de la revista). Según Batmanghelidj, cuando el organismo se deshidrata reacciona aumentando la producción del neurotransmisor histamina a fin de regular la cantidad de agua disponible. Sólo que cuando eso sucede y la histamina y sus reguladores de agua subordinados son demasiado activos pueden aparecer alergias, asma y dolores crónicos en diferentes zonas del cuerpo, desde el dolor dispépsico hasta el artrítico reumatoide pasando por el de angina, el lumbar, el de piernas, la migraña, la colitis. Y es que aunque esos dolores se perciban en zonas localizadas en realidad están avisando de que hay deshidratación de todo el organismo.

El asma, según esta explicación, no sería más que un mero indicador de que el cuerpo ha recurrido a un aumento en la producción de histamina ante la falta de agua. Y está constatado que en los asmáticos hay un incremento del contenido de histamina en sus tejidos pulmonares y que es precisamente esa sustancia la que regula la contracción muscular bronquial. A fin de cuentas, los pulmones son uno de los órganos que tienen mayor pérdida de agua a causa de la evaporación que provoca la respiración. La histamina, pues, la produciría el organismo para evitar la constricción bronquial. Se trataría de una maniobra simple y natural para preservar el agua. Obviamente, cuando el estado de deshidratación es importante se libera una cantidad exagerada de histamina. Por eso beber la cantidad adecuada de agua diariamente ayudaría a aliviar y prevenir tanto el asma como las alergias.

Debe añadirse, en cualquier caso, que según Batmanghelidj en el asma desempeña otro papel importante el sodio (que normalmente se ingiere con la sal o cloruro sódico). Y es que cuando hay escasez de agua el cuerpo empieza a retenerlo. Y resulta que en algunas personas la escasez de sodio en el cuerpo puede producir los mismos síntomas que en el caso de la falta de agua. De ahí que aconseje que en las crisis asmáticas graves se tome abundante agua con una pizquita de sal –póngala bajo la lengua sin que toque el paladar para que no lo irrite- ya que ésta es un antihistamínico natural. Además, si bien el agua mantiene el paso del aire húmedo y evita que los conductos se sequen cuando el aire entra y sale de los pulmones, en las primeras fases del asma se secreta moco para proteger los tejidos de las vías respiratorias… pero a veces en demasiada cantidad y el moco se queda pegado a las paredes evitando el paso normal de aire por ellas. Afortunadamente, el sodio es un rompedor natural del moco.

En suma, para Batmanghelidj el asma no sería una enfermedad sino una adaptación fisiológica del cuerpo a la deshidratación y a la restricción de sal que se manifestará siempre que no se preste suficiente atención al consumo de agua y sal.

Tales son pues las principales teorías sobre la causa del asma si bien es esta última explicación la más plausible a la par que la menos conocida entre los médicos. Aunque no cabe descartar sin más, por supuesto, otras opciones como las víricas o la “hipótesis higiénica”, asociada a la alergénica y citada, entre otros, por el coordinador del Grupo de Asma de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica, Antolín López, según la cual sería un exceso de higiene en las personas nacidas a partir de la década de los sesenta lo que podría estar provocando el aumento de casos entre la población infantil. Es decir, que sería la obsesión actual por eliminar todo tipo de bacterias y gérmenes lo que habría terminado por impedir que el sistema inmune de los organismos madure propiciando que cada vez haya más enfermedades de tipo alérgico.

TRATAMIENTOS HABITUALES

En suma, como respuesta a un cuadro tan variado de posibilidades a lo que suele recurrir la mayoría de los expertos es a establecer un control ambiental sobre aquellas sustancias susceptibles de provocar reacciones alérgicas. Así que recomiendan efectuar una limpieza a fondo del hogar, usar humidificadores y/o filtros de aire, eliminar todo producto que contenga sustancias tóxicas, etc. Y a continuación se recurre al consabido arsenal farmacológico en un intento de evitar la aparición de las llamadas “crisis”. Los más utilizados son los antiinflamatorios, es decir, corticoides inhalados -que constituyen en la actualidad la terapia de primera línea-, cromonas -para inhibir la liberación de histamina- e inhibidores de leucotrienos (-agentes broncoconstrictores que aumentan la producción de moco y la dilatación microvascular-). Hablamos de fármacos que en su mayor parte tienen efectos secundarios negativos… a pesar de lo cual se insiste en que deben tomarse de forma combinada y regular para que sean efectivos. Si a pesar de todo los síntomas se agravan se utilizan entonces medicamentos del denominado grupo Beta-2 mimético selectivo: los anticolinérgicos o teofilinas. Y ya en los casos más rebeldes o en situaciones de crisis se añaden esteroides aun cuando, usados de forma habitual, pueden producir efectos secundarios graves. En suma, hoy se dispone de todo un arsenal farmacológico para combatir los síntomas de esta enfermedad considerada crónica y lo suficientemente importante como para que en el Informe sobre el impacto mundial del asma sea considerada “una prioridad en las políticas sanitarias de todos los gobiernos del mundo”. Eso sí, nadie -salvoBatmanghelidj- recomienda la simple medida de beber suficiente agua cada día y controlar el nivel de sodio en el organismo. ¿Por qué?

¿Le parece todo lo dicho hasta ahora razonable al lector? Porque es evidente que cuando en cualquier actividad social se dedican miles de millones de euros a resolver un problema y al cabo del tiempo se comprueba que no se avanza… lo inteligente es hacer un replanteamiento general del problema. No ya sólo de la estrategia de abordaje sino del enfoque del problema. Es decir, se busca una nueva panorámica. En el campo médico, sin embargo, todo planteamiento novedoso es observado con enorme desconfianza -cuando no procede de los grandes laboratorios, claro- bien porque lo descubierto no es patentable o no le resultaría “rentable” comercializarlo a la gran “industria de la enfermedad”, bien porque cuestiona gran parte de las líneas de investigación o tratamiento utilizados hasta el momento y eso no se admite fácilmente. Y es que a los médicos les tiene que resultar muy duro admitir en un momento determinado–en especial de cara a sus pacientes- que todo lo que habían estado haciendo era inútil porque se basaba en convicciones que resultaron erróneas.

A pesar de lo cual siguen de vez en cuando surgiendo nuevas propuestas, más baratas, con menos efectos secundarios y buenas expectativas de las que -como en el caso que nos ocupa- merece la pena informar para que los médicos y demás terapeutas sepan de su existencia.

ANESTÉSICOS LOCALES CONTRA EL ASMA

La propuesta a la que nos referimos se presentó internacionalmente durante el pasado mes de julio con motivo de la celebración del “I Congreso Mundial sobre las bases científicas de la Medicina Bioenergética y V Congreso Internacional de Medicina Bioenergética” en la ciudad cubana de Holguín en el que sorprendieron dos ponencias presentadas por el médico colombiano Jaime Arango Hurtado: Protocolo alternativo para el manejo del asma bronquial y Teoría sobre el mecanismo de acción de los anestésicos locales en el manejo del asma. Médico y magister en Epidemiología de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquía (Colombia), Arango Hurtado –54 años- atiende hoy a sus pacientes en el Hospital Gabriel Peláez Montoya de la localidad de Jardín. Y a pesar de no ser neumólogo ha trabajado en los últimos años diez años en el desarrollo de un novedoso tratamiento contra el asma.
Mis primeros contactos con pacientes asmáticos –nos contó durante nuestra entrevista– los tuve como estudiante de Medicina y posteriormente como médico. Y, obviamente, seguía los protocolos convencionales con los enfermos: nebulizaciones, inhaladores, antihistamínicos, corticoides, esteroides… Sin embargo, la gran mayoría regresaba con una crisis asmática después de recibir el tratamiento convencional pasadas tan sólo 24 o 48 horas. E intuí pronto que tenía que haber otros aspectos del problema que no estaban siendo tenidos en cuenta. Así que me planteé la existencia de una posible infección respiratoria y resultó que con el nuevo tratamiento la recuperación de los pacientes fue más rápida y las recaídas menos frecuentes. Lamentablemente han pasado los años y observo que en los protocolos actuales sigue sin prestarse suficiente atención a la infección de las vías aéreas que acompaña en muchos casos al asma persistente y a los cuadros de crisis asmática. Los protocolos siguen manejando sólo las manifestaciones pulmonares del asma, es decir, la dificultad respiratoria ocasionada por el proceso inflamatorio pero no tienen en cuenta la multifactorialidad de la enfermedad. En suma, se trata de protocolos que carecen de una visión integral. Por el contrario, yo entiendo que deben tenerse en cuenta todas las afecciones de tipo inflamatorio, obstructivo e infeccioso de las vías aéreas si se quiere tratar el problema en su real dimensión”.

En otras palabras, Arango Hurtado comienza por considerar el asma no como una patología aislada circunscrita a un trastorno respiratorio sino un síndrome, es decir, un conjunto de síntomas propios de una serie de estados patológicos que comprometen toda la vía aérea -desde la mucosa nasal hasta el último alvéolo pulmonar- y en el que es especialmente relevante tener en cuentala importancia de los procesos infecciosos, no sólo de origen viral sino también bacteriano, en el origen del estado asmático.

Por eso decidió buscar un tratamiento que combinara y mejorara los aspectos positivos de los fármacos utilizados pero que, al mismo tiempo, teniendo cualidades antiinflamatorias minimizara los efectos colaterales de los antialérgicos, los broncodilatadores y los esteroides. Y que además disminuyera la excesiva dosificación de los inhaladores así como los altos costos y la limitada acción de los antileucotrienos. Algo que finalmente halló.

La base de su tratamiento es el nuevo uso de dos anestésicos locales muy conocidos, la procaína y la lidocaína, elementos fundamentales de la Terapia Neural. Como ya conocen nuestros lectores habituales, la Terapia Neural se basa en la interacción entre mente, sistema nervioso y sistema inmunitario. El fundamento de la Terapia Neural es que al funcionar el sistema nervioso como una red de información que llega a todas las células a través de la matriz extracelular cualquier irritación que altere las propiedades y funciones de una parte del sistema afecta a la totalidad y se sienten y aprecian las repercusiones allí donde se halle predisposición a la disfunción. Pues bien, la Terapia Neural busca neutralizar esas alteraciones que, al afectar el tono neurovegetativo, desencadenan o aceleran la enfermedad. Y ello se consigue aplicando en bajas concentraciones un anestésico local (procaína-lidocaína) exactamente en los sitios donde el sistema nervioso vegetativo ha sufrido agresión o lesión… y que no son necesariamente los lugares donde se manifiesta el dolor o síntoma. Esta interacción a distancia es provocada por los denominados en Terapia Neural “campos interferentes”. Es decir, eliminando los bloqueos que alteran el intercambio de información se reactivan los mecanismos de regulación celular que permiten al propio organismo iniciar sus mecanismos autocurativos.

Bueno, pues conocedor de los buenos resultados obtenidos por la Terapia Neural en distintas patologías y las propiedades -no sólo anestésicas- de la procaína y la lidocaína, Jaime Arango decidió apostar por algo tan simple como la aplicación tópica de estos anestésicos en la mucosa de la nariz para el tratamiento del asma.

Mi tratamiento –comenta Jaime Arango– podría ser incluido dentro de las terapias neurales. Sin embargo, los ortodoxos de la Terapia Neural exigen que ésta sea aplicada con aguja y mi protocolo no incluye la infiltración directa sino la aplicación tópica. Y es que la base del tratamiento no es la eliminación de campos interferentes como en la Terapia Neural sino la estabilización de las membranas celulares que consiguen tanto la lidocaína como la procaína… fijándose a los lípidos de la membrana de mastocitos, eosinófilos y células epiteliales del aparato respiratorio por medio de su grupo lipófilo aromático (estabilizador de la membrana celular mediante la fijación a los lípidos de la membrana)”. Lo realmente novedoso de este tratamiento, por tanto, es que Arango utiliza los anestésicos locales como antiinflamatorios y como estabilizadores de las membranas celulares lo que les permite funcionar no sólo como tratamiento sintomático sino también curativo precisamente por la estabilización conseguida en las membranas celulares.

MECANISMOS DE ACTUACIÓN DE LOS ANESTÉSICOS LOCALES

Hay que agregar que la procaína y la lidocaína, sustancias utilizadas hace ya tiempo en la Terapia Neural, son ya muy conocidas por los médicos aunque no ciertamente en el marco del tratamiento del asma. Lo que no es óbice para que no hablemos un poco de ellas y de sus efectos.

-La procaína. Fue el primer anestésico local sintético. Se obtiene al enlazar dos nutrientes vitamínicos: PABA (ácido paraaminobenzoico) y DEAE (dietilaminoetanol). Es probablemente el menos tóxico de todos los anestésicos locales. Su acción es rápida pero su duración corta. Es destruido rápidamente por el hígado al llegar a la circulación sanguínea. En las cantidades que se emplean en cirugía general y especial, lo mismo que en Odontología, la procaína está casi libre de efectos desagradables sobre los sistemas respiratorio y circulatorio. Según la experiencia acumulada por Arango, la infiltración de 0,5 cc al 2% no produce vasoconstricción ni vasodilatación y no produce efectos posteriores sobre los tejidos. En el curso de sus investigaciones ha llegado a inyectar hasta 360 cc de la solución al 1% y hasta 570 cc de la solución al 0.5% sin que se presenten síntomas secundarios apreciables.

-La lidocaína. Es actualmente el anestésico local más versátil y más empleado a causa de su potencia con un inicio de acción bastante rápido y una duración bastante prolongada. Su potencia y toxicidad es 2 o 3 veces mayor que la procaína. La lidocaína es útil para la intubación de pacientes despiertos, se utiliza en la práctica clínica para la realización de gastroscopias, broncoscopias y sondaje uretral, y posee también un gran número de usos no anestésicos como antiarrítmico en pacientes con arritmias ventriculares, antiepiléptico y analgésico intravenoso.
A lo ya sabido por su uso en la práctica convencional y en la Terapia Neural, Jaime Arango ha sabido añadir nuevas posibilidades terapéuticas de los anestésicos locales al estudiar su actividad sobre elementos tales como el sistema nervioso autónomo, el sistema de complemento, el calcio en su forma de iones libres (Ca++), las membranas de las células del epitelio del tracto respiratorio, las membranas de las células liberadoras de mediadores inflamatorios (mastocitos, eosinófilos y linfocitos T) y la lipofilicidad de ciertas sustancias. El estudio de todas estas interacciones llevó al doctor Arango Hurtado a postular y desarrollar la siguiente teoría sobre los mecanismos de acción de los anestésicos locales en el asma bronquial:

-Actividad antiinflamatoria. La acción antiinflamatoria de los anestésicos locales se produce a nivel del epitelio de la vía aérea. Al estabilizar las membranas celulares de las células epiteliales mediante la cadena lipófila aromática se impide la liberación de citoquinas y neuropéptidos; y al conseguir la estabilización de la membrana celular de mastocitos y eosinófilos por el mismo método se bloquea la liberación de histamina, leucotrienos y demás mediadores inflamatorios y se bloquea igualmente la acción de la Inmonoglubina E, principal mediador de las reacciones alérgicas que provocan asma, rinitis alérgica (fiebre del heno), dermatitis atópica y reacciones alérgicas o anafilácticas a los alimentos, los fármacos o las picaduras de insectos. Finalmente, la ocupación de la porción lipídica de la membrana celular impide la acción del CAM (complejo de ataque de membrana del complemento) y, por tanto, también de la liberación de mediadores inflamatorios.

-Actividad broncodilatadora. Los anestésicos locales producen una inhibición de la liberación de neuropéptidos comprometidos en la génesis del asma de acuerdo con la teoría neurogénica. La relajación del músculo liso bronquial se obtiene también por el desplazamiento de los iones de Ca++ bloqueando la interacción de la actina y la miosina (proteínas que forman el citoesqueleto de la fibra muscular), necesarias para la contracción muscular. Asimismo, el bloqueo autonómico produce relajación del músculo liso bronquial.

-Actividad descongestiva. Alregular la excitabilidad del sistema nervioso autónomo los anestésicos locales inhiben también la secreción mucosa.

EFICAZ Y SIN EFECTOS NEGATIVOS

Por si fuera poco, la nueva propuesta carece de riesgos. “La aplicación del tratamiento –nos explicaría Jaime Arango- no produce efectos colaterales nocivos pues la dosis mínima letal de la lidocaína es de 200 miligramos en una sola aplicación y la dosis recibida por el paciente en cada sesión es de 30 miligramos”.

En uno de los estudios -realizados en los hospitales colombianos San Rafael de Andes y Gabriel Peláez Montoya- se trató a 30 pacientes asmáticos que habían seguido anteriormente el tratamiento convencional (inhalador, antialérgicos, esteroides, antileucotrienos, etc). El 100% presentaba dificultades respiratorias, el 50% tos y todos ellos hacían uso persistente de los inhaladores. Pues bien, los pacientes recibieron tres sesiones -con intervalos entre sesión y sesión de 5 a 7 días- en cada una de las cuales se les aplicaron 30 miligramos de lidocaína disuelta en 30 cc de agua destilada en forma tópica sobre la mucosa nasal. Es decir, un total de 90 miligramos por tratamiento y paciente. Con el tratamiento convencional la calificación subjetiva de mejoría en una escala del 1 al 5 se repartía entre quienes no sentían ninguna (0%) y quienes, como mucho, calificaban su mejoría con un tres (el 36%). Sin embargo, tras el tratamiento con lidocaína el 63,3% calificó su mejoría con un 4 sobre cinco y el 36,6% con un cinco. De hecho, el 73,3% decidió suprimir por completo la medicación anterior (inhalador, esteroides, antialérgicos etc.) mientras el otro 26,6% la eliminó parcialmente. Cabe agregar que tras la aplicación del tratamiento con lidocaína el 73,3% estuvo seis meses sin presentar síntoma alguno de asma.

Obviamente, para Jaime Arango no hay duda alguna de la eficacia de su tratamiento. Es más, apunta sus posibilidades en otras patologías respiratorias. “La respuesta al tratamiento –nos diría– es bastante buena, tanto en niños como en adultos, en casos de asma y bronquitis crónicas. La aplicación del anestésico local en la forma propuesta logra la eliminación inmediata del uso de inhaladores y la disminución o eliminación del uso de esteroides orales. También proporciona una mejoría evidente en patologías tales como amigdalitis repetidas, rinitis, hipertrofia de cornetes, sinusitis crónica, bronquitis crónica y faringitis así como en pacientes con cuadros gripales repetidos. En los pacientes con enfisema pulmonar se obtiene una mejoría parcial en cambio reduciéndose el proceso inflamatorio y de broncoconstricción, aunque, obviamente, persiste el proceso enfisematoso”.

Hay que añadir que cuando se utiliza lidocaína la dosis total recibida en las fosas nasales por el paciente es de 30 miligramos en cada aplicación y que cuando se utiliza procaína la dosis es de 50 miligramos, la mayor parte de las cuales es luego eliminada. Estas dosis son bastante inferiores a las recibidas en otros tratamientos. Y, por supuesto, están muy por debajo de una dosis tóxica.

Terminamos indicando que los médicos –especialmente los neumólogos- cuentan ahora con una nueva terapia para tratar a los enfermos de asma. Con sustancias ya conocidas a las que Jaime Arango, simplemente, ha descubierto nuevas posibilidades. Que lo hagan o no es ya cuestión suya.

Francisco San Martín

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67
Diciembre 2004
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