Abel Novoa: “Hay que modificar amplia y rápidamente nuestro sistema sanitario”

Para la Plataforma No Gracias que actualmente preside el Dr. Abel Novoa el sistema sanitario corre el peligro de quebrar en breve y entiende que ni privatizar la gestión -como proponen los políticos conservadores- ni continuar con el derroche actual -que es en realidad por lo que apuesta la izquierda- son la solución y hay pues que propugnar una tercera vía: crear un contexto vital más saludable. La idea es que la gente esté y se sienta más sana y no más enferma. Una propuesta que choca claramente con los intereses de una industria sanitaria que cada vez reclama a los estados más dinero para fármacos, equipos, hospitales y profesionales sanitarios sin que por ello la salud de la población mejore. De hecho afirma que hoy entre el 30% y el 50% del gasto sanitario es improductivo. Es más, recuerda que la propia atención sanitaria es ya la tercera causa de muerte en Estados Unidos tras las patologías cardiovasculares y el cáncer. En cuanto a las recientes actuaciones de la Organización Médica Colegial (OMC) sobre las terapias alternativas y complementarias no solo se muestra en contra sino que considera inadmisible el autoritarismo con el que los dirigentes de esa entidad actúan.

La Plataforma No Gracias nació en Asturias en 2008 con la finalidad de promover un modelo sanitario alternativo ante la progresiva pérdida de confianza de la sociedad en sus principales agentes: los sanitarios, las empresas farmacéuticas, los gestores políticos y las agencias reguladoras. Hablamos de una entidad -hoy integrada en un movimiento internacional- que preside desde 2013 el doctor Abel Novoa Jurado, Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Alcalá de Henares, Doctor en Medicina por la Universidad de Murcia, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria  y Máster en Bioética por la Universidad Complutense de Madrid que cuenta con amplia experiencia clínica en los servicios de Urgencias de Atención Primaria y fue entre 2005 y 2007 Director General de Calidad Asistencial, Formación e Investigación Sanitaria de la Consejería de Sanidad de Murcia. Y con él hemos hablado de los problemas que aquejan a la sanidad española y de las debilidades del actual modelo sanitario constatando así que también hay médicos dispuestos a la autocrítica y a apostar por un modelo diferente al que hasta ahora -tanto desde la derecha como desde la izquierda- se nos trata de imponer.

-Tenemos entendido que para ustedes hay algo obvio: el actual modelo sanitario no funciona bien y además empieza a ser inviable…

-Cierto. Entre otras cosas porque empieza a ser económicamente insostenible. Vivimos inmersos en un modelo biológico expansionista que crece por mor de unos intereses económicos cuya tendencia es medicalizarlo todo. Quieren gente enferma para que aumente la atención sanitaria y el consumo de productos. Es verdad que en las cuatro décadas que siguieron al final de la II Guerra Mundial el desarrollo tecnológico fue beneficioso para los enfermos pero hoy tal beneficio empieza a ser marginal. Es más, los datos indican que se abusa de la tecnología y empieza a ser un problema de salud. Es hora pues de asumir que invertir en Medicina no lleva necesariamente a una sociedad más sana. De hecho actualmente hay más personas que se sienten enfermas que hace 20 años. Hay pues que dar un giro de timón y el problema es que los políticos no saben cómo enfrentarse a la situación. ¿Por qué? Porque requiere cambiar el actual paradigma médico/sanitario y ello tiene el riesgo de ser considerado “anticientífico” aunque no sea así.

-¿Y cuáles son las soluciones que proponen los grandes partidos políticos?

-Ahora mismo solo se valoran dos vías para evitar el colapso del sistema. Una es la que propone la derecha: buscar mecanismos de mercado para que la gente contribuya directamente a sostener el sistema y sea menos gravoso para el estado con la falsa idea de que la gente adquiera más conciencia y responsabilidad. Un modelo que se aproxime al estadounidense, claramente fracasado y en el que hay una medicina razonablemente buena para quien se la puede pagar pero donde 40 millones de personas no tienen la más mínima atención sanitaria y existen pues núcleos de población con graves problemas de salud. Se trata de un modelo en el que priman los intereses económicos, el negocio.

La otra vía es la de la izquierda que como en realidad no tiene alternativa lo que propugna es más de lo mismo: seguir con este modelo expansionista mientras se pueda; incluso aumentando el gasto. Y eso que en algunas comunidades autónomas la partida destinada a Sanidad se lleva ya ¡el 40% de los presupuestos! Solo que eso implica reducir las partidas de gasto en educación, medio ambiente, dependencia… Por eso hay quienes hablan ya de confiscación de la riqueza por parte de la Sanidad.

Tales son las dos vías y es  evidente que ninguna vale. La primera conduce al fracaso y la segunda. a la ruina absoluta

-¿Y ustedes proponen una tercera vía…

-En la plataforma propugnamos un cambio de paradigma y lograr una sociedad más sana cambiando la mentalidad: hay que crear un contexto social, cultural, laboral y ambiental capaz de generar más salud.

La salud no la da el sistema sanitario. Se calcula que éste solo es responsable del 10% al 25% pues depende en realidad de otras variables: de los genes, del medio ambiente, de la alimentación, de la calidad del trabajo, de la calidad de vida, de la educación, de la participación social… Tener en cuenta todos esos factores hace que la población esté más sana. Y es más eficaz y más barato.  Así que aunque parezca un contrasentido ya que somos médicos lo que propugnamos es ¡dejar de gastar en Sanidad! Dejar de derrochar en dispositivos tecnológicos y en medicamentos e invertir en esos otros factores. De hecho la crisis actual es una magnífica oportunidad para crear una sociedad más sana.

Obviamente sabemos que se trata de un cambio cultural radical que precisa de una profunda modificación de la mentalidad de los ciudadanos que viven hoy en el paradigma biomédico y quieren “más medicina” por lo que va a ser difícil romper la dinámica; pero debemos esforzarnos por explicar los nuevos planteamientos y que la gente no crea que lo que proponemos son simplemente nuevos recortes. Y es importante porque no hay opción: es una necesidad absoluta. O cambiamos el modelo o desaparece.

 A MÁS MEDICINA MENOS SALUD

 -Un problema de educación…

-Sí. Y lo primero que hay que explicar es que la salud depende de las condiciones de vida y no tanto del  sistema sanitario. La medicina resuelve problemas pero no proporciona salud. Además la medicina nos puede producir infelicidad y estrés, por ejemplo, a través de diagnósticos irrelevantes. Es muy eficaz y necesaria en las patologías agudas pero menos en las crónicas y degenerativas. Y es también peligrosa. De hecho da a lugar a numerosos sobrediagnósticos  y tratamientos innecesarios y iatrogénicos.

Hoy día se diagnostican por ejemplo “cánceres” que nunca llevarían a la muerte al paciente pero se tratan igual que si fueran extremadamente malignos. Antes pensábamos que prevenir era curar pero ahora sabemos que no es así siempre. El enorme sobrediagnóstico y tratamiento de los tumores de  próstata y mama son ejemplos paradigmáticos de ello.

El actual sistema produce además la percepción de que uno se halla más enfermo de lo que realmente está.  Y eso genera frustración y que el paciente se sienta desatendido por lo que busca respuestas yendo de médico en médico. Es hora pues de que los profesionales aprendamos a enfrentarnos a esta realidad. Y de que dejemos de pedir pruebas diagnósticas y de recetar fármacos que muy a menudo los pacientes no necesitan.

Mire, lo que la mayor parte de los enfermos precisa es una persona de confianza que les diga: “Tranquilo, no parece nada grave. Vamos a dar tiempo al organismo para que se recupere  y ya veremos si procede hacer algo más. Voy a estar contigo en el proceso”. La Medicina se caracterizó un día por ejercer el arte de la espera, de ver y valorar, pero hoy los médicos hemos perdido esa capacidad porque siempre hay algo tecnológico que podemos hacer. Y a menudo, sin quererlo, provocamos enfermedades y aumentamos la morbilidad. Mis colegas y los propios pacientes se resisten a admitirlo pero hoy día la atención sanitaria -por errores médicos, mal uso de medicamentos y dispositivos, efectos secundarios de los fármacos, etc.- ya es la tercera causa de muerte en Estados Unidos. Y eso es inasumible.

-Bueno, la principal causa está en el exceso de medicalización y reconocerá usted que buena parte de la culpa es de los médicos…

-Es cierto. Nos han formado así y nosotros hemos educado a los pacientes de la misma manera. ¿Tiene usted una manchita? ¡Vaya al dermatólogo! ¿Le pica la nariz? ¡Vaya al alergólogo! Estamos continuamente generando un pánico que crea demanda y luego nos quejamos de que nuestras consultas están saturadas. Obviamente no podemos desatenderles pero va siendo hora de que dejemos de meter miedo a los pacientes y mantengamos con ellos  una auténtica relación terapéutica. La verdad es que se ha  perdido esa capacidad porque la formación médica se ha ido también deteriorando. Se ha ido basando en la tecnología, en la hiperespecialización, en la incapacidad para ver al paciente en su conjunto y eso hace que tengamos menor capacidad para ayudar a los enfermos.

-Ustedes sitúan como base de su propuesta la independencia profesional del médico pero esa sugerencia implica que hoy no la tiene…

-Y así es. El médico está hoy sometido a las dos grandes fuerzas que dominan la sociedad. Por una parte, a la industria farmacéutica y tecnológica que lo que quiere es vender sus productos y por tanto busca generar demanda de nuevos medicamentos y tecnología. La industria no solo controla el “descubrimiento” sino también el posicionamiento del producto mediante un enorme engranaje comercial que le permite ganar cada vez más dinero.

Y por otra, el médico está sometido a la burocracia de los sistemas sanitarios. Los sistemas públicos quieren controlar el gasto de forma exponencial y han creado sistemas de tomas de decisión basados en historias clínicas electrónicas que permiten controlar cada vez más el trabajo del médico, lo protocolizan y exigen indicadores que no van siempre en beneficio del paciente. Y la productividad variable de los médicos -en función de las pruebas que recomienden o los fármacos que receten- puede ir en perjuicio del paciente. Así que el médico está entre el estado que quiere ahorrar pero no sabe cómo y los intereses comerciales de la industria. Y como los pacientes solo cuentan con los profesionales sanitarios para defender sus intereses si los médicos no son independientes porque están condicionados por los intereses del mercado o por la burocracia estatal quienes salen siempre perdiendo son los enfermos.

El caso es que la la mayoría de los médicos, que no quieren problemas, opta por someterse a las directrices que reciben obviando a veces su compromiso ético y moral con los pacientes. Por eso la confianza en nosotros se está perdiendo.

LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA NO ES FIABLE

-¿Qué opinión les merece que los laboratorios hagan hoy públicas sus “transferencias de valor” (pagos en dinero o especies) a los médicos?

-La sociedad tiene muy mal concepto de la industria farmacéutica. Los ciudadanos saben desde hace tiempo que no es fiable porque ha cometido grandes fechorías que con el tiempo se han ido conociendo pero en cambio sigue confiando en los médicos. Por eso la industria decidió cambiar en su día el modelo de negocio basado durante años en influir directamente en nosotros en tanto prescriptores mediante regalos. Un modelo lógicamente insostenible en el tiempo que además es una forma más de corrupción. La propia clase médica se dio cuenta de que no podía seguir por ahí y tanto ella -con sus códigos deontológicos- como la industria -con su “código de buenas prácticas”- fueron cambiando el modelo. Y lo que pasó es que la propia industria se dio cuenta de que no le hacían falta tales prácticas porque les basta con !manipular el conocimiento científico! Y eso es a lo que se dedican a hacer ahora.

-¿Cómo?

-Logrando su control porque los estados les han otorgado competencias que nunca deberían haber tenido. Actualmente cuatro quintas parte de la inversión en investigación es privada y la industria tiene pues sumo interés en que los productos en los que ha invertido lleguen cuánto antes al mercado. Así que la propia industria diseña los ensayos, contrata a los investigadores -que suelen ser profesionales de alto nivel con muchos conflictos de interés-, contratan a profesionales para que firmen trabajos manipulados que en realidad no hicieron y hasta validan sus propios resultados. De hecho hay ya muchas empresas especializadas en redactar esos trabajos que luego firma el testaferro contratado, se encargan de publicarlos en revistas “científicas” -casi todas ellas dependientes de la publicidad de la industria- y luego los presentan a través de las sociedades médicas y científicas -casi todas creadas o financias por la propia industria- en congresos, conferencias, cursos y seminarios. Todo un montaje comercial de relaciones públicas y tráfico de influencias en el que la industria invierte una cantidad enorme de dinero para conseguir posicionar sus productos en el mercado.

Se trata de todo un montaje así que la industria, para adelantarse a las críticas y lavar la cara, aceptó en España parecer “transparente” publicando voluntariamente sus “transferencias de valor” a los médicos. Lo cual me parece bien pero no es en absoluto el modelo de transparencia adecuado. En otros países -como Estados Unidos y Francia- es el estado el que se encarga de regular la transparencia con una normativa legal, el que ha establecido un sistema por el que el paciente puede ver los conflictos de interés que tiene su médico.

Lo que ha hecho la industria se conoce como “captura de las políticas”. Lo hace ella y así se evita que lo regule por ley el estado.  Algo que solo aceptan las administraciones débiles. No es pues admisible: debe aprobarse una ley que regule todo esto y que haya de verdad transparencia en todos los ámbitos.

-Luego la transparencia de la que presume la industria es ficticia…

-Al menos es insuficiente; de hecho desde que se aprobó ese código no ha disminuido en Estados Unidos la cantidad de transferencias de valor. Y si los legisladores pensaban que los ciudadanos iban a penalizar las relaciones de los médicos con la industria se equivocaban. A los pacientes les parece incluso bien que los médicos tengan mucha relación con ella porque piensan que entonces debe ser mejor médico. El conflicto no se cura con la declaración; sigue existiendo.

Mire, la solución es simple: en determinados ámbitos no puede haber relaciones. Punto. Y eso es lo que se está proponiendo ya desde revistas de prestigio como el British Medical Journal y por algunas instituciones académicas.

En cuanto a España todo lo que hace la industria es puro marketing. Publicitan lo que hacen por los médicos, por su formación, por el avance de la ciencia, su inversión en I+D… pero gran parte de lo que dicen que es investigación no lo es. Son ensayos clínicos comerciales que no generan conocimiento, solo generan la adhesión de médicos a sus productos. Y el resto son pagos a sociedades científicas, a asociaciones de pacientes, a congresos claramente sesgados… Luego en realidad son gastos en publicidad. No es ayuda a la investigación y formación de los médicos. Es falso. La propia Unión Europea ha hecho público un documento en el que afirma que son gastos en publicidad y la industria tiene pues que tributar por él.

 MÁS INVERSIÓN NO IMPLICA MÁS SALUD

 -Afirman ustedes que entre el 30% y el 50% del gasto sanitario se desperdicia, aseveración valiente y osada porque se está presionando desde todos los frentes para aumentarlo…

-Son datos contrastables extraídos de investigaciones sobre economía de la salud. El gasto en Sanidad se caracteriza por lo que los economistas llaman curva de rendimiento decreciente. Cuando se invierte en ella mejoran los indicadores pero llega un momento en el que se pone en fase de meseta, horizontal. Y eso significa que por mucho que sigas gastando los indicadores de salud no van a seguir mejorando.

Las naciones del Tercer Mundo necesitan invertir en Sanidad pero países como España -y en general todos los países occidentales- están en la fase de meseta: seguimos invirtiendo y los indicadores no mejoran  porque más inversión no implica ya más salud. Y si estás en fase de rendimiento decreciente significa que en esa meseta hay mucho desperdicio, mucha ineficiencia. Y efectivamente es así. En España, lamentablemente, tenemos muy pocos estudios pero los economistas de la salud calculan que un 30% de la inversión se desperdicia, se gasta en medicamentos, en tecnologías o en intervenciones sanitarias que no producen salud. En estados Unidos calculan que es entre el 30 y el 50% porque allí si hay estudios serios. Y se trata de algo trascendente porque hablamos de muchísimo dinero. En Murcia por ejemplo, que es mi comunidad, el 40% del gasto público va a Sanidad y si un 30% de ese presupuesto se está desperdiciando ¡cuántas cosas podrían hacerse con ese dinero! Es verdad que no hay sistema completamente eficiente pero el desperdicio no puede ser de un 30%.

-¿Y cuál es la solución?

-Los economistas de la salud han apostado hasta ahora por evaluar mejor las tecnologías, las aportaciones al sistema, para pagar solo por lo que produce salud pero es un sistema que tampoco funciona porque si examinas los informes éstos suelen decir algo así como: “`Para esta subgrupo de población, bajo estas condiciones, existe un beneficio pero solo en estos casos”.

El problema es que una vez se aprueba la nueva tecnología o el nuevo fármaco se utiliza de forma mucho más amplia porque es así cómo gana la industria: convenciendo al médico de que tiene que utilizarla en muchos más pacientes. Además de la prescripción ampliada hay “prescripción fuera de ficha técnica” y es cada vez más prevalente. Lo increíble es que el médico puede prescribir sin que haya evidencias reales de la eficacia de los fármacos. Puede hacerlo -a eso se le llama libertad de prescripción- y es sobre lo que incide la industria.

Mire, la evaluación de las nuevas tecnologías y fármacos debería ser prescriptiva, dictaminar qué hay que pagar y qué no. Pero eso ya no es evaluación, más racionamiento, palabra que espanta a todo el mundo. Porque racionar es decir “esto no lo pago”. Sin embargo es lo que tenemos que empezar a hacer. No pagarlo porque no aporta valor y el riesgo de que sea malgastado, de que se introduzca en el sistema para pocos pacientes y después se amplíe su prescripción a muchos más es muy alto. En Reino Unido existe un organismo -el National Institute for Health and Care Excellence (NICE)- que vigila esto pero en el resto de Europa no se hace.

 LOS ONCÓLOGOS UTILIZAN MEDICAMENTOS INÚTILES

 -Ustedes denuncian también que no hay pruebas fehacientes de la eficacia de muchos fármacos que financia el estado así como el coste desmedido e injustificado de muchos de ellos. Es el caso de los quimioterápicos usados por los oncólogos en cáncer que como mucho -y es discutible- solo alargan la vida unos pocos meses y generalmente a costa de perder calidad de vida. ¿Cómo es posible que se sigan usando y financiando?

-Con el cáncer tenemos un enorme problema. Hay varios frentes en los que en este momento se está librando la batalla de la supervivencia del sistema sanitario y uno de ellos es el de la Oncología, la especialidad donde más dinero está invirtiendo la industria farmacéutica y donde más gasta el sistema público de salud. El problema es que las nuevas líneas de investigación -como la inmunoterapia, la terapia génica y otras-, tan prometedoras hace 20 años, no han obtenido mejoras significativas salvo en algunos casos de cánceres raros minoritarios. En los más prevalentes y frecuentes -los poligénicos- los resultados son decepcionantes. A pesar de lo cual la industria genera enormes  expectativas a través de los medios de comunicación para aumentar exagerada e injustificadamente los precios de unos medicamentos que en realidad apenas aportan beneficios. En Oncología, llevados por el deseo de evitar la muerte, siempre se ha jugado con los tratamientos más agresivos y esa tradición se ha mantenido hasta hoy. El caso es que hace un par de décadas había 10 anticancerígenos y ahora hay 200 que son más caros a pesar de que la inmensa mayoría no logran beneficios reales.

-Cuyo uso ha sido aprobado sin embargo por las agencias reguladoras…

-Con la justificación de que se trata de fármacos para tratar enfermedades graves la industria ha conseguido que las agencias reguladoras sean más permisivas y permitan introducir en el mercado fármacos sin casi evidencias de su eficacia. En teoría se comprometen a que una vez en el mercado investigarán si son efectivamente útiles pero la realidad es que raramente realizan luego tales estudios. En suma, hay quimioterápicos que llevan años en el mercado ¡y no han demostrado nada! Como mucho que reducen el tamaño del tumor o el tiempo libre de progresión, que son variables subrogadas; es decir, variables que no repercuten ni en la calidad ni en la cantidad de vida. En otras palabras: que no han demostrado ni mejorar la supervivencia ni la calidad de vida. ¡Y a pesar de todo se les sigue dando a los enfermos!

Los oncólogos están pues utilizando medicamentos inútiles porque las agencias reguladoras lo han permitido. Tratan a los enfermos de cáncer con fármacos que en muchos casos no han demostrado nada. Y como nadie separa el grano de la paja nos estamos gastando en ellos ingentes cantidades de dinero. Los quimioterápicos son medicamentos sobrevalorados que además provocan serios daños en los pacientes.

-A pesar de lo cual los oncólogos se los dan a los enfermos hasta sus últimos días de vida…

-Así es. Siguen siendo tratados hasta sus últimas semanas de vida con quimioterápicos muy tóxicos que no les producen beneficios y sí mucha toxicidad. Evidencias publicadas este año han demostrado que un paciente con cáncer avanzado que no se va a curar vive lo mismo tratado con un tratamiento paliativo que los tratados con quimioterapia ¡solo que el primero con mejor calidad de vida! Los tratados con quimioterápicos viven con peor calidad de vida porque sufren sus efectos tóxicos. Es más, mueren peor. Según un trabajo publicado en el British Medical Journal mueren a menudo en la UCI solos e intubados  en lugar de en casa rodeados de familiares y amigos. Además sufren más porque tienen menos cuidados paliativos ya que todo el mundo asume que con el tratamiento activo de quimio aún pueden prolongar su vida cuando no es así. Hay en suma que cambiar de estrategia. La actual no funciona.

 EN LAS VACUNAS NO HAY TRANSPARENCIA

 -El problema es que quienes explican todo esto son de inmediato acusados de “anticientíficos” a fin de intentar desprestigiarles y que no se les escuche. Pasa con el cáncer pero también con otras muchas patologías cuyos tratamientos son más que discutibles. Y con la vacunas; a cualquiera que critique algún aspecto de ellas -su modo de fabricación, la peligrosidad de sus coadyuvantes, su dudosa eficacia, el número de dosis, la inoculación conjunta de varias, el calendario vacunal o incluso una vacuna determinada- se le tacha inmediatamente de fanático “antivacunas”. ¿Cuál es su postura sobre ellas?

-Hay actualmente tres frentes en los que se está produciendo un claro choque entre paradigmas: el de la Oncología, el de la Psiquiatría y el de las vacunas. Las vacunas han supuesto sin duda un gran avance porque el pronóstico de muchas enfermedades infecciosas mejoró espectacularmente gracias a ellas: la poliomielitis, la difteria, el sarampión… Algunas enfermedades han desaparecido gracias a las vacunas y son pues un gran valor que hay que cuidar.

El problema es que en este ámbito la industria vio un filón porque se trata de productos que se aplican de forma preventiva a poblaciones enteras de personas sanas, no solo a enfermos. Luego son un enorme negocio. Así que la industria ha decidido sacar vacunas para casi todo. Para enfermedades infecciosas pero también para muchas otras no infecciosas. Incluso para el cáncer. Y se están introduciendo en el mercado sin suficientes evidencias. Como pasó con Gardasil, la vacuna del virus del papiloma humano.  Sin embargo con las terapias que se aplican a las personas sanas deberíamos ser más cuidadosos que con los medicamentos que se utilizan en las enfermas con las que igual puedes permitirte algún riesgo. No es admisible hacer correr riesgos a personas sanas.

-Pues lo cierto es que el movimiento antivacunas crece a nivel internacional y sin embargo gobiernos occidentales como Francia e Italia han decidido apostar por vacunaciones masivas  obligatorias…

-Yo no defiendo la vacunación obligatoria; me parece una agresión. No hacemos ningún favor a la ciencia obligando a padres con dudas a que vacunen a sus hijos por imperativo legal. El movimiento antivacunas es uno de los efectos de la medicalización de la vida que padecemos. Hay personas que tienen dudas pero se vacunan y otras que tienen dudas y se vacunan de unas sí y de otras no. Así acaece sobre todo en  los países ricos y cultos en los que la gente se da cuenta de que hay enormes intereses comerciales detrás de muchas cosas que se le proponen. Y como las vacunas se ponen a los hijos no se fían. El crecimiento de la duda vacunal es proporcional a la falta de confianza en los médicos y eso me parece preocupante porque hay personas que están en contra de la vacunación e impiden que sus hijos se beneficien de ellas.

Lo que sí es inadmisible es la falta de información sobre sus efectos secundarios, por raros que sean. Además en el ámbito de las vacunas tampoco hay transparencia. No se sabe por qué en el calendario vacunal se introducen unas vacunas y no otras ni cómo se toman esas decisiones. ¿Por qué antes se inoculaba por ejemplo la vacuna de la varicela a los niños preadolescentes y ahora se les pone a los más pequeños. ¿Por qué cambió el Ministerio de Sanidad de criterio? ¿Por qué hay sociedades científicas que dicen que no hay que poner esa vacuna a niños pequeños y otras que sí? Pues porque las sociedades científicas que dicen no a la vacuna de la varicela en niños pequeños son independientes y no tienen relaciones con la industria y las que dicen que sí las tienen. Y claro, la gente está dejando de confiar en los médicos y en las instituciones.

-Por eso y por numerosas cosas más. A muchos nos resulta incomprensible por ejemplo que la vacuna del virus del papiloma humano se aprobara cuando se sabe que su eficacia no podrá constatarse hasta al menos dentro de 20 años. Como tampoco vemos justificación en la de la varicela. Ni en la de la hepatitis B en recién nacidos. Aunque lo más llamativo es que los médicos hayan optado por ignorar sus potenciales efectos secundarios a pesar de figurar en las fichas técnicas. Incluso desprecian aquellos estudios que asocian el descenso de las enfermedades infecciosas no tanto a las vacunas como a la mejora de las condiciones de salubridad, de la alimentación, la potabilidad del agua y otras condiciones ambientales.

-Las dudas sobre las vacunas solo pueden resolverse con respuestas, no criminalizando su cuestionamiento. Muchos médicos piensan que si hablamos de las dudas que generan las vacunas infantiles fomentaremos el movimiento antivacunal pero esa es una manera muy negativa de afrontar el problema. En la sociedad de la información el conocimiento no es ya algo exclusivo de expertos. Hay muchas fuentes de conocimiento no controlables y por tanto las dudas van a seguir si no se responde a ellas; no es pues buena idea rechazarlas de forma agresiva. Sin embargo cuando unos padres expresan dudas sobre las vacunas los sanitarios les tratan hoy poco menos que como maltratadores. Hay cientificistas autodenominados “escépticos” que hasta les acusan de criminales. Tenemos pues que ser capaces de responder a las dudas que están generando las vacunas. Con transparencia e independencia.

 COMPORTAMIENTOS AUTORITARIOS, INICIATIVAS PELIGROSAS

 -No podemos dejar de preguntarle por la polémica que ha generado la postura oficial de la Organización Médica Colegial (OMC) sobre las medicinas complementarias y alternativas. ¿Qué opinión tienen ustedes?

-Si una persona que va a Tai-Chi o toma un producto recomendado por un terapeuta se encuentra luego mejor, ¿alguien cree que le importa si ello tiene o no “evidencia científica”? Querer poner puertas al campo de la salud intentando determinar qué produce bienestar es absurdo. La salud no es algo objetivo y eso es algo que quienes están en contra de esas terapias no entienden. Quieren que cualquier cosa que contenga el concepto “terapia” se defina en el marco de “lo científico” y eso es mero reduccionismo, una imposición autoritaria. Ya hay leyes que permiten defenderse de las estafas y de aquellas prácticas que resulten fraudulentas o sectarias y con eso el problema debería estar cubierto. De hecho la mayoría de los profesionales que utilizan terapias alternativas son personas responsables que las aplican cuando creen que pueden ayudar a un paciente que, por otra parte, acude a ellas por propia iniciativa. ¿Es eso perseguible? No. ¿Tiene sentido pues crear un observatorio en la OMC para perseguir a los médicos que practican la Homeopatía? No. Esa actitud es autoritaria. Además nadie puede negar la experiencia empírica.

Yo no ejerzo la Homeopatía pero no soy nadie para decirle a un compañero si debe o no utilizarla. Personalmente nunca recomendaría su inclusión en el sistema sanitario público pero no es aceptable que se persiga a un médico porque la ejerza en su consulta privada. En el llamado “Observatorio” de la OMC se han juntado churras con merinas, no se discrimina y su actuación constituye una injustificada agresión hacia muchos compañeros que utilizan esas terapias de forma responsable. Y con éxito porque si no la gente no acudiría a sus consultas. Perseguirles por ello es pues una intolerable muestra de autoritarismo científico además de una iniciativa peligrosa.

-En España mueren cada año de cáncer 110.000 personas mientras son tratadas con los tratamientos oncológicos que financia el estado y ello no merece una sola línea en los medios de comunicación pero basta que una persona renuncie a ellos buscando alternativas para que su muerte se considere un escándalo y se diga que fue víctima de “ignorantes curanderos”.  Hay mucha hipocresía en el ámbito de la salud.

-Así es. Se está asentando una especie de nuevo paternalismo cientificista que trata de imponer a los pacientes y médicos valores presuntamente objetivos que no lo son. Hay personas que rechazan la quimio a las que sus oncólogos presionan enormemente para que la acepten o no vuelvan. Y eso no tiene ningún sentido. El paciente tiene derecho a rechazar una terapia y a que se le atienda de otra forma si no acepta la propuesta. Así que quienes actúan así forman parte de un neopaternalismo peligroso y autoritario. El 50% de los tratamientos que hoy se hacen no se basan en evidencias o experimentos replicables. Así que quienes dogmatizan sobre las actuales “verdades médicas” deberían pensárselo mejor.

No olvidemos además que la Medicina se ha ido alimentando de terapias que en su momento se consideraban alternativas y posteriormente quedaron integradas en el cuerpo metodológico. Y seguramente dentro de 10 o 20 años muchas de las terapias hoy rechazadas habrán demostrado los mecanismos por los que producen beneficios.

Lo que no puede hacer alguien que dice basarse en la ciencia es rechazar toda terapia que no pueda sin más someterse al método científico. Ningún filósofo de la Ciencia acepta eso. La Ciencia avanza porque hay hipótesis arriesgadas y las terapias alternativas nos ponen delante hipótesis arriesgadas que hay trabajar para demostrar. Mire, los médicos deberíamos respetar la libre elección de los pacientes. Y ser menos orgullosos porque la Medicina se ha convertido en un gran negocio donde no siempre prima la ética. Pero es que la Medicina es el último bastión del positivismo del siglo XIX cuando ningún físico es ya positivista. Los médicos seguimos sin asumir que la ciencia es contextual e ignoramos el Principio de Indeterminación que impide establecer sin ningún género de duda relaciones causales.

 

 Antonio F. Muro

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208
Octubre 2017
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