Jesús Devesa Múgica, referencia mundial en el ámbito de la regeneración cerebral

Hoy, desde la localidad coruñesa de Teo, a seis kilómetros de Santiago de Compostela, Jesús Devesa dirige aún a sus 71 años el Centro Sanitario Foltra que fundara en su día dedicado fundamentalmente a la rehabilitación neurológica. Y es que a él acuden diariamente para tratarse casi un centenar de pacientes de toda España y otros muchos países. Hablamos de una institución que acaba de ser elegida “mejor centro de rehabilitación neurológica de España” por el diario La Razón y de un personaje recientemente propuesto por la Royal Society of Medicine de Londres -de la que es miembro- para figurar en el The Wall of Honour (Muro de Honor), panel en el que figuran científicos de talla mundial como Isaac Newton y Albert Einstein junto a otros 850 insignes científicos de todo el planeta. Es más, hace unos días, la Academia de Ciencias de Nueva York -a la que también pertenece- le invitó a ejercer como mentor y orientador científico de los más destacados jóvenes investigadores de todo el mundo así como de escolares de entre 15 y 18 años.

-Llegan los reconocimientos nacionales e internacionales. ¿Qué sensación le produce?

-Una sensación intensa. Especialmente porque Foltra nació a raíz de una promesa que me hice a mí mismo hace ahora 15 años. Me prometí que si era capaz de sacar a mi hijo adelante tras su grave traumatismo cerebral, pese a los más que pesimistas pronósticos que me hacían respecto a su vida, crearía una fundación para ayudar a otros en situaciones parecidas. Lo logré. Y su recuperación total tras el accidente que sufrió fue el premio más importante de mi vida. Promesa que cumplí gracias a la ayuda de mi esposa que siempre estuvo y está a mi lado y es el auténtico “alma mater” de Foltra y a quien debo todo lo alcanzado en mi vida personal y científica. Una promesa que afortunadamente ha servido luego para ayudar a otros muchos niños y adultos a priori condenados.

Luego el accidente que sufrió su hijo no solo supuso un punto de inflexión en lo personal sino que marcó también su devenir profesional…

-Un daño como el que él había sufrido en el accidente de tráfico, con lesión axonal difusa y de tronco cerebral, era casi sinónimo de vida vegetativa. La verdad es que fue la gravedad de su estado lo que hizo cambiar mis prioridades y comenzar a pensar en soluciones alternativas. Recordé que pocos meses antes había leído que en el cerebro se expresa el receptor de la hormona del crecimiento (GH por sus siglas en inglés de growth hormone) e inferí que ello indicaba que debía jugar en él algún papel aún no bien analizado. Busqué pues publicaciones y encontré dos del año anterior en las que un grupo australiano dirigido por M. Waters y otro neozelandés encabezado por A. Scheepens describían el efecto reparador de esa hormona en ratas con daño cerebral (hipoxia/isquemia o trauma). Ahí se me abrieron los ojos, máxime cuando, estando ya decidido a utilizarla, leí un trabajo en el que se describía que la prolactina -hormona de la familia de genes relacionados con la hormona del crecimiento- inducía en ratas lactantes la formación de nuevas neuronas que se dirigían al bulbo olfatorio aumentando así su capacidad discriminatoria olfativa y permitiéndole diferenciar a sus crías de las que no lo eran. E inmediatamente inferí que si la prolactina era capaz de hacer eso la hormona del crecimiento debía también estimular la neurogénesis del cerebro adulto.

No lo dudé más y tras comentárselo a los médicos de la UCI comencé a administrar hormona del crecimiento a mi hijo ¡y la recuperación fue asombrosa! Al punto de que ocho meses después del accidente lograba aprobar 4 asignaturas -estudiaba Biología Molecular- y pudo finalizar el curso siguiente con su promoción. Posteriormente iría al extranjero a hacer investigación y defendería su tesis doctoral en inglés obteniendo el título de Doctor Europeo tras constatar que las células madre del giro dentado del hipocampo del cerebro adulto producen hormona del crecimiento y delinear las vías de señalización intracelular por las que actúa en la neurogénesis.

-Es decir, creó Foltra para cumplir la promesa que se hizo a sí mismo si su hijo lograba curarse…

-Así es. Aunque por problemas de salud tardé más tiempo de lo previsto logré crear la fundación y pronto comenzamos a obtener resultados muy importantes. Como en una joven de 26 años que tras ser operada de un astrocitoma bulbar cuando tenía 11 se había pasado los quince siguientes sin poder hablar o tragar porque la lengua y las cuerdas vocales estaban paralizadas; incluso tenía que dormir conectada a una máquina que le proporcionara oxígeno durante la noche. Pues bien, cuando a los 8 meses de tratamiento le dimos el alta hablaba, tragaba y la tráquea estaba cerrada. Con la hormona del crecimiento y rehabilitación. Insisto: ¡15 años después de su lesión bulbar!

-Y Foltra se convirtió en la plasmación de un sueño…

-No; del cumplimiento de una promesa. Lo que es un sueño es el tratar de crear un instituto de investigación en el que además se puede hacer terapia celular y génica y fabricar en laboratorio órganos para trasplantes. Algo para lo que hice –al igual que mi hijo Pablo– un máster internacional de dos años -donde por cierto obtuve una calificación de 9.5- que me cualificó como Qualified Deputy for Advanced Regenerative Therapies. Y le aseguro que fue duro porque todos los alumnos -de muy diferentes naciones, incluida Australia- eran jóvenes biólogos moleculares con experiencia que sabe Dios qué pensaron cuando me vieron llegar el primer día con tantos años…

-Tenemos entendido que Foltra empezó en un campo de fútbol…

-Cierto. Yo era directivo de un equipo de Santiago de Compostela en el que por las mañanas, aprovechando la falta de actividad en el campo, comenzamos a tratar gratuitamente a pacientes con daño cerebral que empezaron a llamarme tras conocer el resultado obtenido con mi hijo. En aquel momento teníamos un fisioterapeuta, una psicóloga, dos preparadores físicos, una licenciada en Magisterio y una enfermera. Yo trabajaba en la Facultad de Medicina y en el hospital universitario pero los sábados veía las evoluciones y marcaba las pautas a seguir. Y lo cierto es que pese a la escasez de medios -todo se hacía en el terreno de juego y en un aula que yo había financiado para que los pequeños de los equipos inferiores del club tuviesen una ayuda en sus deberes escolares- conseguimos resultados espectaculares. Como el de la chica que antes comenté, la recuperación plena de un ictus con hemiplejía y afasia y el de un joven tetrapléjico con lesión medular completa C5-C6 ocurrida 6 años antes que según los informes médicos que nos aportó nunca llegaría más que a mover los brazos -y con ayuda- para comer. Ese chico salió de Foltra por sus propios pies apoyado en un andador y hoy camina con él 5 kilómetros diarios. Con el tiempo pasamos del campo de fútbol a un chalet alquilado porque el número de pacientes crecía y crecía; de hecho llegamos a tener 20.000 personas en lista de espera. Y del chalet pasamos al actual edificio que tiene unos tres mil metros cuadrados en sus 5 plantas, está dotado de buenos medios, robótica incluida, y cuenta con varios certificados AENOR de calidad.

-¿Cuál es la clave del éxito de su tratamiento? Porque supongo que no basta con administrar hormona del crecimiento a los enfermos…

-Para diseñar un protocolo de tratamiento -en cualquier especialidad- hay que saber hacer cuando menos tres cosas: saber “leer” -es decir, saber diferenciar el trigo de la paja entre los miles de trabajos que diariamente se publican-, saber escuchar -porque el paciente tiene mucho que decir y aportar y hay que escucharle atentamente- y tener sentido común -es decir, no pensar siempre en lo más complicado y comenzar por lo más sencillo-. Y por supuesto hacer una historia clínica lo más detallada posible para tratar de ir siempre a la raíz del problema e instaurar un tratamiento lo más lógico posible. Y es que la medicina moderna, con sus prisas, ha confundido la causa con la consecuencia y se ha convertido en buena medida en una medicina de “parches”. A lo dicho cabe añadir la necesidad de entender algo importante: no hay dos pacientes iguales. Pueden padecer la misma patología pero siempre hay matices y las decisiones deben ser individualizadas y adaptadas al momento en que se toman.

Y con estas bases se pauta el tratamiento médico y la rehabilitación que, en función de la evolución, pueden ser modificados. Esa es la clave. Porque el tratamiento médico sin rehabilitación y la rehabilitación sin tratamiento médico no funcionan como lo hacen conjuntamente. Al menos en los casos tan sumamente complejos que acuden a Foltra. Nada pues de tratar a cientos de pacientes de la misma manera, si no a cada uno con sus particularidades específicas.

-¿Es el descubrimiento de las posibilidades de la hormona del crecimiento el culmen de su vida?

-Bueno, mi relación con ella comenzó hace muchísimos años cuando con mi buen amigo Francisco Novoa -hoy catedrático de Biología- comenzamos a intuir que la vida es pura bioquímica. En tercer curso de Medicina entré como alumno interno en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela que dirigía el profesor Domínguez y allí realicé mi tesis doctoral en Neurofisiología; y no porque me gustara esa disciplina en particular sino porque todo el Departamento estaba enfocado en esa dirección. Sin embargo todo cambió cuando un día vino por allí un discípulo de mi jefe, el profesor Osorio, Catedrático de Fisiología en Granada y endocrinólogo de gran prestigio. Desconozco lo que hablaron entre ellos pero a los tres días el profesor Domínguez me preguntó si estaba dispuesto a irme con Osorio a Granada a formarme en Endocrinología y obviamente le dije que sí.

Y allí empezó mi auténtica relación con la hormona del crecimiento. Osorio tenía un gran laboratorio de Bioquímica y Endocrinología y era el único en España capaz de extraer y purificar la hormona del crecimiento de hipófisis humanas. Era un trabajo muy complejo pues había que recurrir a sepultureros que extirpasen la hipófisis de cadáveres recién inhumados a fin de extraer de ellas hormonas del crecimiento con las que tratar a niños con déficit de crecimiento. Aprendí así a purificar hormonas del crecimiento para tratamientos que sin embargo no pudieron luego llevarse a cabo. ¿La razón? No había cadáveres para obtener las hipófisis porque todas las compraba una multinacional sueca que luego vendía las hormonas de crecimiento en España.

En 1985 pudo empezar a obtenerse hormona del crecimiento a gran escala mediante ingeniería genética. Bastaba insertar el gen de la hormona humana en una bacteria como la Escherichia Coli o en células murinas y permitir que proliferasen en cantidades industriales en biorreactores purificándose la hormona del crecimiento a partir de esas células. A partir de ahí su utilización pasó ya a ser algo de uso común, sin riesgos como los que se daban con las hipófisis obtenidas de cadáveres. Era ya posible obtenerla pura y en cantidades prácticamente ilimitadas. Una disponibilidad que fue la solución para muchos niños afectos de déficit secretor de la hormona que podían disponer ya de un tratamiento eficaz y seguro.

El caso es que la hormona se llegó a vender en farmacias con receta pero entonces el gasto público se disparó porque se consideraba -y considera- un poderoso anabolizante muscular -lo que no es correcto- y comenzó a utilizarse de forma indiscriminada en equipos de fútbol, baloncesto, atletismo, gimnasios, etc. Ello llevó a que la hormona solo se pudiese prescribir a nivel hospitalario para niños con déficit pero para ello había que demostrar que el déficit era real mediante pruebas de estimulación en general poco fiables.

De hecho en 1989 publicamos un trabajo titulado Reasons for the variability in growth hormone (GH) responses to GHRH challenge: the endogenous hypothalamic-somatotroph rhythm (HSR)Razones para la variabilidad de las respuestas de la hormona del crecimiento (GH) a la estimulación con GHRH: el ritmo hipotalámico-somatotrófico endógeno (HSR)– en el que demostramos que en el ser humano existe un ritmo propio hipotálamo-hipofisario que justificaba la variabilidad de respuestas a la estimulación con somatocrinina (GHRH por sus siglas en inglés), el estimulador hipotalámico de la liberación de hormona del crecimiento, por entonces recientemente identificado y disponible. Estudio que fue considerado por la Sociedad Española de Endocrinología mejor trabajo del año. Posteriormente publicaríamos sobre el tema muchos otros muchos trabajos, algunos de los cuales también fueron premiados por la misma sociedad y otras. Aparecieron en importantes revistas científicas, tuvieron una gran repercusión y no han sido refutados hasta la fecha. Como no lo ha sido nada de lo que hasta ahora hemos publicado. Además nos permitió desarrollar un test diagnóstico, barato, seguro e infalible para comprobar si alguien tiene déficit de la hormona del crecimiento: el Test clonidina-GHRH.

Es más, demostramos por primera vez que esta hormona no solo la fabrica la hipófisis sino cualquier órgano o tejido donde cumple funciones auto/paracrinas. Y asimismo demostramos que es un importante inductor de la supervivencia celular estimulando la fosforilación de la serín-treonín kinasa Akt.

-¿Es la hormona del crecimiento una panacea?

-No, no lo es pese a sus múltiples acciones beneficiosas a todos los niveles. Además, en contra de lo que mucha gente cree, nosotros no utilizamos solo hormona del crecimiento para tratar el daño cerebral. De hecho en muchos casos ni siquiera la empleamos y recurrimos a otras hormonas.

-¿Y su uso terapéutico no tiene efectos negativos?

-Se le atribuyen algunos efectos secundarios indeseables pero nosotros solo hemos constatado un síndrome de túnel carpiano en un paciente. Es el único efecto secundario negativo que hemos detectado en miles de pacientes tratados; tanto en Foltra como en otros países. Se le atribuye por ejemplo efecto diabetógeno porque induce una discreta hiperglucemia y resistencia a la insulina pero si se utiliza inmediatamente antes de la fisioterapia o de hacer ejercicio físico -como hacemos en Foltra– ese efecto no se da porque el músculo tiene una gran avidez por la glucosa y la capta del plasma sin necesidad de insulina. Además utilizamos la hormona durante cortos períodos de tiempo seguidos de períodos sin tratamiento.

¿Hasta qué punto la hormona del crecimiento es realmente capaz de reparar un cerebro dañado?

-Depende de factores como el tipo y magnitud del daño y la edad del paciente. El cerebro sufre a lo largo de la vida daños que autorrepara sin necesidad de tratamientos. Pero cuando ese daño es de gran magnitud la edad es un factor clave para la regeneración -lo que se conoce como neurogénesis del adulto- que precisamente estimula la hormona del crecimiento. Hemos visto casos de bebés de pocos meses con cavidades quísticas y encefalomalacia cuyos cerebros se habían regenerado por completo un año después; algo constatado con resonancias magnéticas pre y post-tratamiento. Casos que hemos publicado. En cambio tratamos a un joven al que tras un accidente de aviación le quedó solo una tercera parte del cerebro y aunque la regeneración de las zonas perdidas fue imposible ¡la recuperación funcional fue prácticamente completa! ¿Cómo se explica?

Pues de forma similar a lo que observamos en ratas a las que mediante aspiración del córtex motor frontal del hemisferio dominante les provocábamos una monoplejía y vimos que tras tratarlos inmediatamente después de la lesión con hormona del crecimiento ¡recuperaban a los cinco días el control de la pata delantera que lógicamente ya no podrían mover como de hecho ocurría en los animales tratados con placebo! y la utilizaban para comer exactamente igual que los animales de control. Constatamos que la hormona del crecimiento había propiciado la formación de nuevas neuronas en el hemisferio intacto que habían asumido las funciones del territorio perdido tras la aspiración. Es decir: la hormona del crecimiento había inducido una neurogénesis que había llevado a una clara plasticidad cerebral.

-¿Sabemos que también ha investigado usted sobre otra hormona importante: la melatonina. ¿Qué puede decirnos sobre ella?

-Pues que es una hormona sorprendente. Durante un tiempo se creyó que la producía básicamente la glándula pineal pero hoy sabemos que la producen las células de todos los seres vivos: unicelulares, vegetales y animales. La melatonina aparece en la evolución como sincronizador entre el organismo y el exterior, para adaptarse a los ciclos día/noche. De hecho empieza a secretarse hacia el atardecer, cuando disminuye la luz, “indicándole a las células que se preparen para dormir”. Y deja de secretarse en cuanto amanece. El organismo empieza a liberarla más o menos a los dos años y de ahí que los más pequeños no tengan ritmos de sueño-vigilia. Y se libera en menor cantidad a medida que envejecemos y de ahí los problemas de insomnio en muchas personas mayores.

Ahora bien, hoy sabemos que la melatonina tiene otras muchísimas funciones, extraordinariamente importantes; por ejemplo como quelante de los tóxicos radicales libres de oxígeno y muchos otros tóxicos. Protege a las mitocondrias e incluso puede sustituir parcialmente el déficit de los factores I y II de la cadena respiratoria mitocondrial. Por eso la utilizamos en mitocondriopatías en las que la causa es el déficit genético de alguno de esos factores; y aunque no les curamos sí mejoramos la calidad de vida de esos niños.

-Se dice que la melatonina podría ser útil para tratar personas con cáncer… ¿Es así?

-Sí. La melatonina es antitumoral. Además se sabe que las personas que trabajan en turnos cambiados -unas veces de día y otras de noche como muchos médicos y enfermeras- sufren una desincronización de su organismo con el exterior por la pérdida del ritmo de la melatonina y que ello aumenta el riesgo de padecer cáncer de mama, entre otros. También se está utilizando para prevenir la mucositis que aparece en tratamientos contra el cáncer.

Hoy está constatado que es oncostática y actúa selectivamente sobre las células cancerosas promoviendo su apoptosis o suicidio. De hecho se ha publicado recientemente una amplia revisión sobre su positivo efecto incluso en cánceres tremendamente agresivos de ovario, páncreas, mama, leiomiosarcomas, gliomas, etc.

¿Y es igualmente eficaz en otras patologías?

-Sí. Se ha constatado que es neuroprotectora, cardioprotectora, antiviral y antiséptica. Puede jugar un papel importante en la prevención o tratamiento de patologías neurodegenerativas como el alzheimer, el parkinson y otras. Algunas publicaciones recientes hablan asimismo de su eficacia en el tratamiento de migrañas resistentes a los tratamientos convencionales y en las terribles cefaleas en racimo o Cluster headaches.

Es más, nosotros mismos hemos publicado que cuando en el organismo se produce en exceso interferón 1 (por una mutación en el gen que lo codifica) -responsable de la inmunidad innata- ello puede dar lugar al desarrollo de patologías autoinmunes como el lupus eritematoso, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple e, incluso, diabetes tipo 1 en niños con riesgo genético de padecerla. Pues bien, la melatonina es capaz de bloquear o reducir esa “firma del interferón” -así se conoce- y evitar la manifestación de síntomas de esas patologías autoinmunes. Solo que hay que utilizarla a dosis muy superiores a la recomendada de 3 mg diarios para conciliar el sueño en las personas de más de 50 años. Hemos constatado que es prácticamente inocua y solo produce una mayor somnolencia matutina los primeros días. En fin, a nivel comercial se obtiene del cacao así que tomar melatonina equivaldría a tomar grandes dosis de cacao. En suma, es una hormona de propiedades sorprendentes cuyas posibilidades terapéuticas están empezando ahora a ser consideradas.

-Permítame que volvamos a hablar de algunos de los llamativos casos tratados por ustedes; por ejemplo del niño al que faltando cinco vértebras y el sacro lograron que volviese a caminar…

-La verdad es que fue un caso espectacular porque todo lo que estaba publicado afirmaba que a un niño con síndrome de regresión caudal y agenesia sacra lo único que se le podía ofrecer es mejor calidad de vida; de hecho hay autores que proponen que a estos pacientes se les debe amputar las piernas a la altura de las rodillas para que al menos puedan sentarse más cómodamente.

En este caso se trataba de un niño en el que el desarrollo de la columna vertebral y la médula espinal, por tanto, se había interrumpido a nivel de la segunda vértebra lumbar. A partir de ahí no tenía ni columna ni sacro. Es más, tampoco se había formado uno de los riñones. Las vértebras se forman (somitogénesis) durante una etapa crítica del desarrollo fetal  y lo que no se forme en ese período no va a poder formarse ya en ningún otro momento. Por tanto ese niño carecía de inervación sensitiva y motora desde el muslo a los pies y no tenía control de los esfínteres. Además los huesos ilíacos se habían soldado entre sí y el acetábulo donde se aloja la cabeza del fémur tenía un desarrollo incompleto al igual que la propia cabeza del fémur. Pues bien, a los tres años de tratamiento era capaz de caminar con bastones y a los cinco de mantenerse en pie con los brazos abiertos. Es decir, se había inervado todo a nivel sensitivo y motor así como los esfínteres.

La publicación de su caso tuvo gran impacto porque nunca se había logrado algo así. Probablemente el éxito se debió a lo temprano que iniciamos el tratamiento ya que a partir de los 18 años parece que las células madre del epéndima medular ya no funcionan como tales. Además abre a los pacientes con mielomeningocele -la llamada espina bífida- la posibilidad de conseguir respuestas similares si se les trata precozmente, algo que siempre es clave, sobre todo en niños.

-¿Con qué caso se sintió más satisfecho?

-Como es lógico con el de mi hijo quien con un futuro brillante y una gran inteligencia vio cómo en segundos su vida pudo haberse truncado. Pero también con todos y cada uno de los casos en los que ha habido resultados positivos. Especialmente los de lesiones cerebrales recuperados por problemas durante el parto, ahogamientos, accidentes de tráfico… Gran satisfacción me produjo ver por ejemplo cómo una paciente que llevaba diez años en coma vegetativo comenzó a hablar al año de tratarla. Y cómo se van recuperando y saliendo del coma otros muchos pacientes. O cómo se recuperó un chico que tras un accidente de aviación perdió totalmente el hemisferio derecho y un tercio del izquierdo y ha recuperado prácticamente todas sus funciones, marcha con ayuda incluida: habla, visión, inteligencia… De hecho reanuda sus estudios ahora. Había pasado nueve meses en coma hasta que alguien de su familia creyó detectar una sonrisa ante un comentario, contactaron conmigo y le trajeron desde Sudamérica. Estuvo casi cinco años a tratamiento pero valió la pena.

En fin, son ya muchos los casos complejos tratados con buenos o muy buenos resultados. La pena es que, por lo general, los pacientes nos llegan demasiado tiempo después de la lesión, cuando su recuperación ya ha sido descartada… y aun así hemos recuperado a muchos. Incluyendo a un paciente cuya lesión se había producido ¡26 años antes! Hemos recuperado incluso a más de un paciente con edades entre 80 y 90 años tras haber sufrido un ictus.

-¿Cree que en un futuro próximo habrá avances en el terreno de la rehabilitación neurológica o hemos tocado techo por el momento?

Creo que no se ha tocado techo aunque ello va a depender de muchos factores; entre otros el de actuar lo antes posible. Y de que se encuentren otras moléculas -o tratamientos- que ayuden a las que ahora mismo usamos con éxito como la hormona del crecimiento y la melatonina -ambas protectoras de las mitocondrias- o la IGF-1. La hormona de crecimiento no tiene solo efecto directo sobre la neurogénesis del adulto sino que además induce la expresión de un gran número de factores neurotróficos.

Administrando precozmente hormona del crecimiento conseguimos recuperar plenamente a un niño de 4 años que estuvo en parada cardiorrespiratoria no menos de 45 minutos al ahogarse en una piscina. Y a otro de 11 años en Canadá  tras un gravísimo accidente de tráfico; en este caso el padre se dirigió a mí por email y le expliqué lo que debía decirle a sus médicos del Children’s Hospital de Vancouver. Éstos dudaban del tratamiento que propuse pero tras varias discusiones por email logré que accediesen a y a partir de ahí el niño tuvo una recuperación milagrosa según sus terapeutas y médicos; de hecho el protocolo de actuación de ese hospital para casos así lo modificaron a raíz de ello.

En Foltra hemos recuperado plenamente asimismo a niños con daño cerebral tras el parto; incluso a algunos a los que ya se iba a desconectar del soporte vital cuando apenas tenían tres semanas de edad. La doctora Raili Riikonen, Catedrático de Neuropediatría de la Universidad de Kuopio (Finlandia), me dijo hace unos meses que nuestro protocolo ha comenzado de hecho a practicarse ya en Holanda e Israel en niños con hipoxia/isquemia en el parto o prematuridad.

-Sabemos que usted fue también de los primeros en apostar por las células madre…

-Cierto. El año 2000 presenté un detallado proyecto al entonces presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, en el que proponía crear un banco de células madre en el que cada ciudadano dispusiera la suyas. La idea era que si alguien sufría un ictus o un trauma se dispusiese de sus células madre almacenadas; obviamente tras hacerlas proliferar en laboratorio y etiquetarlas de forma que en caso de urgencia el banco pudiese proporcionar al hospital las células madre del paciente en tiempo récord. De esa forma en apenas 4 horas -como mucho- cada persona tendría a su disposición el suficiente número de células madre como para salvarle la vida dada la gran cantidad de factores neurotróficos que liberan.

Administrar células madre tiempo después del daño no es tan útil porque no se integran en el parénquima cerebral dañado a menos que antes se hubiesen modificado en laboratorio para conseguir la integración. Algo similar a la tecnología NurOwn desarrollada en Israel y patentada por Brain Storm que está actualmente en fase III de ensayo en Estados Unidos en pacientes con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Se ha probado también insertar en el cerebro un recipiente cargado de células madre conectado con el exterior mediante un catéter para su recarga celular periódica pero no ha funcionado.

-Por eso insiste usted tanto en la necesidad de actuar lo antes posibles tras el daño…

-Efectivamente. Administrando de forma precoz hormona del crecimiento, melatonina o ambas se consigue la proliferación de células madre cerebrales, su diferenciación y su migración hacia las zonas dañadas además de proteger a las mitocondrias y evitar la muerte celular.

-¿Y hay otras moléculas en estudio?

-Sí. A mi juicio tiene un futuro prometedor la utilización de péptidos derivados de IGF-I. Actualmente hay ya un ensayo en fase III en Estados Unidos efectuado por la empresa NeurenPharma. Entre ellos el GPE y el cGP, péptidos que se forman naturalmente en las neuronas tras la rotura proteolítica del extremo N-terminal de IGF-I. Poseen una importantísima actividad neurotrófica como hemos comprobado en nuestro laboratorio y publicado recientemente.

Otra terapia en desarrollo de presumible gran utilidad en determinados pacientes es la de la tecnología cerebro-máquina; ya se están probando prototipos que permiten “leer” y traducir el pensamiento cerebral del enfermo. Es decir, pronto habrá máquinas que podrán ser manejadas mentalmente. Y no olvidemos la música, el llamado “efecto Mozart”. Hemos comprobado que es extraordinariamente útil para la plasticidad cerebral y coopera con otras terapias.

-La verdad, sorprende que sea usted más conocido y valorado en el extranjero que en España…

-No lo creo; me conocen… para bien y para mal. Otra cosa es que no se conozcan las innumerables acciones positivas de la hormona del crecimiento. En cuanto al extranjero es cierto que soy muy conocido y valorado; he impartido conferencias en casi todo el mundo y recibo por email no menos de diez invitaciones diarias para impartir conferencias -sobre todo desde Estados Unidos- y publicar mis trabajos en múltiples revistas internacionales cuyos editores nos halagan diciéndonos que nuestra contribución proporcionaría mayor relevancia a sus revistas. Pero aunque sigo publicando he decidido no volver a viajar. La última conferencia que tenía prevista era en  junio pasado en Calgary (Canadá); me había comprometido pero al final decidí no asistir por razones médicas. Lo sentí mucho pero los años no pasan en balde para nadie.

¿Se planteó alguna vez tirar la toalla ante las críticas?

-Sí, una vez. Fue en 2010 ante una situación absolutamente injusta… pero se me pasó rápidamente. Es más, me dio fuerzas para continuar con más ahínco. ¿La razón?, personas con intereses que deberían investigarse y descalifican faltando a la verdad o tergiversándola. Hay quien ha intentado descalificar lo que hago con la peregrina afirmación de que la hormona del crecimiento solo sirve para el crecimiento. Algo rotundamente falso como sabe cualquiera que haya estudiado o lea sobre esta hormona. Sus efectos a nivel cognitivo se han publicado por ejemplo en Nature y no creo que alguien dude de lo que significa esa revista a nivel científico. Y recientemente prestigiosos científicos suecos han descrito el efecto reparador de la hormona del crecimiento sobre el cerebro devastado de adictos a drogas. Es más, tengo dudas -y así acabo de publicarlo- de que la llamada “hormona del crecimiento” sea la auténtica responsable del crecimiento. Al menos no lo es en la etapa fetal y el primer año de vida, períodos en que quienes actúan son la insulina y el IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina tipo I). Tampoco lo es en cualquier otra etapa del desarrollo hasta la pubertad si no hay IGF-1 y aunque la hormona del crecimiento induce la expresión hepática de este factor en ausencia de un adecuado aporte nutricional (glucosa hepática en concreto) no actúa sobre IGF-1. De hecho hay un caso recién publicado por un grupo de investigadores de la Universidad de Seúl según el cual una chica coreana de 16 años ha llegado a medir 1,68 habiendo nacido sin hormona del crecimiento por sección del tallo hipofisario y sin haber recibido tratamiento sustitutivo con la hormona.

¿Cuál es su opinión sobre la formación que reciben hoy los médicos actuales en las facultades de Medicina y su actitud? Porque no parecen profesionales vocacionales como antaño…

-Hay muy buenos profesionales pero predomina la superespecialización en detrimento de un conocimiento más general e integral. Lo que no es malo si está debidamente compensado. A lo largo de mis 42 años como profesor y Catedrático de Fisiología he observado que desde que se introdujo la selectividad y las notas de acceso a Medicina eran cada vez más elevadas no había una correlación entre el nivel intelectual que se le presumía a los alumnos -por sus notas tan altas en las pruebas de acceso- y su interés por aprender. En muchos momentos pensé que una parte de los que entraban lo hacían no por vocación si no por la certeza de tener asegurado un puesto de trabajo al acabar la carrera. En los años setenta llegué a tener 1.600 alumnos en clase -cuando la selectividad no existía- y pese al número y a que muchos tenían que sentarse en el suelo o en la propia tarima desde la que yo hablaba el silencio y la atención eran absolutos. Y aún con tal masificación salieron promociones muy buenas que llegaron a cotas muy altas en la profesión. Pues bien, no creo que para ser un buen médico haya que tener una alta nota de acceso y sí en cambio vocación. He tenido muchos ejemplos de ello.

Quizás esa falta de vocación sea la causa de que uno de cada cinco alumnos abandone la carrera antes de finalizarla. Otra cosa que echo en falta y compruebo directa o indirectamente a través de los comentarios que me hacen familias que acuden a Foltra es la deshumanización, algo que en la Medicina actual se da con demasiada frecuencia. ¿Cómo se le puede decir a un padre o madre cuyo hijo ha sufrido un daño cerebral, en el parto, por ejemplo: “Hazte a la idea de que lo que tienes es como un vegetal y siempre va a ser así. Dale de comer, déjalo en una habitación y no te calientes la cabeza porque no hay nada que hacer”. O que a un niño al que sus padres llevaron varias veces al hospital por fuertes dolores de cabeza y fiebre se le despachase siempre con un antipirético afirmando una y otra vez que era un simple virus y entrase en coma porque lo que en realidad tenía era una meningitis tuberculosa y a los padres se les dijese: “Pensad que lo que vais a tener es un niño con un daño equivalente a una caída de un quinto piso”. Afortunadamente se está recuperando con nosotros y ya habla, come y anda; con ayuda pero ya anda. Y se recuperará totalmente.

-Son muchos ya los que piensan que la Medicina se ha deshumanizado…

-Es cierto. Yo mismo he padecido en mis propias carnes la falta de humanidad de la medicina actual; y no me refiero a todos los médicos, por supuesto. Ocurrió en 2008 a la vuelta de un viaje a Argentina a donde había ido a impartir una serie de conferencias durante 15 días. A la vuelta mi esposa me llevó directamente a un hospital porque había observado que en Argentina no era capaz de dar más de dos pasos sin tener que descansar, entre otras cosas. El caso es que me detectaron una hemoglobina de 6 y un cateterismo cardíaco detectó que tenía dos coronarias totalmente bloqueadas que no pudieron desobstruir, y así siguen. Y por si fuera poco me detectaron un cáncer de vejiga sumamente agresivo y recidivante porque de hecho tuve que someterme a seis intervenciones quirúrgicas y a dos meses y medio de quimio y radioterapia.

Pues bien, en esas condiciones, estando encamado en el hospital, entró un adjunto con 3 o 4 exalumnas a las que yo había dado clase el curso anterior y se dirigió a ellas diciéndoles: “Supongo que conocen a este señor porque les habrá dado clase; pues bien, tiene (…) y como mucho le queda un año de vida”. Y a continuación, dirigiéndose a mí, me dijo: “Ahora se lo puedo decir porque usted ya no puede tomar represalias contra mí”.

Seguramente se trataba de un ex alumno a quien igual suspendí o expulsé de clase en alguna ocasión. Lo ignoro pero, ¿alguien cree que aquélla actitud es la de un médico honesto y con ética? Mi respuesta fue automática: “Salga inmediatamente de aquí y no vuelva nunca más“. Desde entonces me he preguntado muchas veces por la relación médico-paciente. Aquello se me quedó grabado. De más está decir que sigo vivo…

Y en cuanto a la Medicina actual hay algo que me parece especialmente inadmisible: que se conceda prioridad para entrar en los despachos de los médicos a los visitadores médicos -con todos mis respetos para sus actividades- cuando ves que hay largas colas de pacientes esperando para ser atendidos.

-Hablando de enfermos… ¿Dónde ha quedado la máxima médica  de que es mucho más eficaz prevenir que curar? ¿Por qué parece haberse olvidado la medicina preventiva?

-Estoy totalmente de acuerdo. Especialmente tras los nuevos conocimientos aportados por la Genómica y la Proteómica. Hoy sabemos que el genoma humano quedó definitivamente establecido hace 40.000 años. Desde entonces hasta hoy tan solo se ha producido una variación genómica del orden de un 0.1% y, sin embargo, el número y variedad de enfermedades aumenta día a día. Evidentemente ello se debe en parte a los malos hábitos -tabaco, alcohol, drogas, ambientes tóxicos, contaminaciones alimentarias, etc.- pero hay algo sumamente importante de lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó hace unos meses. Y es que en la dieta actual del llamado Primer Mundo la relación entre la ingesta de ácidos grasos omega 6 –proinflamatorios- y omega 3 –antiinflamatorios- es de 40 a 1 cuando la proporción hace 40.000 años era de 1 a 1. Pues bien, la OMS estima que esa relación no debiera sobrepasar le proporción 5 a 1 porque la actual lleva a la aparición de numerosas patologías relacionadas con la inflamación: obesidad, hipertensión, arterioesclerosis, cáncer…. Y este problema deben conocerlo los médicos y ser explicado a todo el mundo desde niños. Y los gobiernos prohibir el actual consumo indiscriminado de comestibles que en realidad no son alimentos.

El problema es que prevenir las enfermedades no es precisamente algo que interese a las multinacionales farmacéuticas. Éstas solo buscan obtener beneficios vendiendo fármacos a personas enfermas y las sanas no los consumen. Tiene su lógica porque el gasto en el desarrollo de un nuevo fármaco puede ser brutal pero, por ejemplo y volviendo a la hormona del crecimiento, su producción está ya más que amortizada y su coste es excesivo. Y hay otros muchos ejemplos como es el caso de todo lo relacionado con el colesterol. Basta comer seis nueces al día para tener un adecuado aporte de omega-3 y evitar los problemas derivados del exceso de colesterol; y además hacer ejercicio (10.000 pasos diarios). Por otra parte, la arteriosclerosis no tiene nada que ver con las tasas de colesterol circulante sino con la oxidación y desintegración de las paredes arteriales; otra cosa es que en ellas se deposite por esa causa el colesterol y se estreche la arteria o se formen trombos. Lo que hay que hacer pues es evitar el deterioro de las paredes arteriales, algo que por cierto también hace la hormona del crecimiento como estamos comprobando en un ensayo clínico que se realiza en un hospital de Pontevedra en pacientes condenados a la amputación por isquemia crítica del miembro inferior.

-Permítanos una última cuestión. Sabemos que usted está oficialmente “jubilado” pero lo cierto es que sigue activo. ¿Hasta cuándo?

-Me jubilé voluntariamente en la universidad 4 años antes de lo que me correspondía porque no estaba de acuerdo con el tipo de enseñanza que ha impuesto el Plan Bolonia. En mi opinión es un desastre para la Medicina. Pero sigo manteniendo mi pasión por la investigación básica y por eso colaboro con investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela, del Instituto de Neurobiología de Querétaro (México), de la Universidad de Salamanca y del Instituto de Neurociencias de Castilla y León así como con otros investigadores de Argentina, Brasil y Finlandia. Y voy a empezar a colaborar en breve con el Instituto Liggins de Nueva Zelanda. En fin, no estoy ya para dirigir trabajos de laboratorio pero sí para diseñarlos, valorar resultados y escribir publicaciones.

 

Daniel Sánchez Harguindey

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208
Octubre 2017
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