Nuevos trabajos sobre el peligro de los tratamientos convencionales para el cáncer

Someterse a quimioterapia antes de una operación quirúrgica ¡aumenta el número de células cancerosas que circula por el organismo y por tanto el riesgo de metástasis!, principal causa oncológica de muerte; así lo acaba de revelar un trabajo de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York dirigido por el Dr. George Karagiannis tras analizar el tratamiento farmacológico convencional del cáncer de mama. Y un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de España coordinado por Marcos Malumbres que el uso prolongado de inhibidores de la Plk1 -recientemente reconocido por la FDA como “terapia innovadora para la leucemia”- puede provocar problemas de hipertensión, la ruptura de vasos sanguíneos y graves problemas cardiovasculares. Pésima noticia para quienes aun defienden el uso de quimioterápicos en cáncer.

El tratamiento del cáncer con quimioterapia no solo no funciona tan bien como la Oncología quiere hacernos creer sino que a menudo precipita la muerte de quienes la reciben por lo que son  cada vez más los oncólogos que se plantean la necesidad de abandonar ya su uso. Y es que se trata de un tratamiento altamente tóxico que encima tiene un elevadísimo coste y está llevando al borde de la ruina a los sistemas públicos de salud. Lo hemos explicado ampliamente en numerosos artículos de la revista, entre ellos en el que apareció en el nº 204 con el título Dr. Peter Weis: “Los quimioterápicos son poco eficaces” y puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com. Y es que la quimioterapia no solo no evita el desarrollo del cáncer sino que puede propiciar la formación de metástasis según revelan diversos estudios científicos hasta ahora ignorados.

Como el que acaba de aparecer poco antes del pasado verano elaborado por un equipo del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York (EEUU) dirigido por George S. Karagiannis y Maja H.Oktay y publicado en Science Translational Medicine con el título Neoadjuvant chemotherapy induces breast cancer metastasis through a TMEM-mediated mechanism (La quimioterapia neoadyuvante induce la metástasis del cáncer de mama a través de un mecanismo mediado por TMEM). Y aclaremos que TMEM es un acrónimo inglés que hace referencia al microambiente tumoral, es decir, al grupo de células cancerosas, endoteliales y macrófagos que rodean al tumor y actúan como puentes para la entrada de las células tumorales en los vasos sanguíneos; de ahí que su cuantificación -su densidad- se considere un marcador de metástasis desde hace casi una década. Pues bien, estos investigadores han descubierto que varios tipos de quimioterápicos aumentan la cantidad de TMEM y por tanto las posibilidades de metástasis. Luego la práctica oncológica habitual de administrar quimioterapia antes de una operación quirúrgica para extirpar un tumor a fin de reducir primero su tamaño es un tremendo error ya que aumenta la probabilidad de que las células malignas se expandan. Así lo coligieron tras medir los niveles de TMEM en 20 mujeres con cáncer de mama y comprobar que los más elevados aparecían entre las que recibieron quimioterapia antes de la cirugía. Investigado el hecho posteriormente en modelos murinos de cáncer de mama la conclusión se corroboraría. “Utilizando imágenes de tejido fijo e intravital y xenoinjertos derivados de pacientes –explica el estudio- demostramos que la quimioterapia aumenta la densidad y actividad de las zonas TMEM y la expresión de MENA promoviendo la metástasis a distancia. Por otra parte, en los cánceres de mama residual tanto el nivel TMEM como el de su isoforma mecánicamente conectada MENAINV aumentaron en los pacientes tratados con el neoadyuvante paclitaxel tras la doxorrubicina + ciclofosfamida lo que sugiere que la quimioterapia, a pesar de disminuir el tamaño del tumor, aumenta el riesgo de diseminación metastásica(la negrita es nuestra).

Tal es la tremenda conclusión pero lo chocante -una vez más- es que los investigadores no proponen dejar de usar ese tratamiento quimioterápico sino utilizar otros fármacos, unos inhibidores de la TIE2 -como el rebastinib- para revertir la actividad TMEM y por ende la diseminación de las células tumorales.

Eso en el futuro -si alguien acepta la propuesta- porque la pregunta hoy es cuántas metástasis han provocado los oncólogos con su práctica de dar antes quimioterapia a las personas a las que querían extirpar sus tumores. Y aterra pensar en la respuesta.

 LA CITOQUINA TGF-BETA

Ya en 2007 un grupo de investigadores de la Universidad de Vanderbilt de Tennessee (EEUU) coordinado por el Dr. Carlos Arteaga publicó en The Journal of Clinical Investigation el trabajo Inhibition of TGF-β with neutralizing antibodies prevents radiation-induced acceleration of metastatic cancer progression (La inhibición de TGF-β con anticuerpos neutralizantes evita la aceleración de la progresión del cáncer metastásico inducida por la radiación) La TGF-beta es una potente citoquina pleiotrópica conocida como factor de crecimiento transformante beta que regula en los mamíferos el desarrollo, la diferenciación y la homeostasis de casi todos los tipos y tejidos celulares y la investigación se centró en saber si los tratamientos oncológicos la sobreexpresan y ello acelera la progresión tumoral. Pues bien, la respuesta fue afirmativa. Cuando los ratones infectados con células de cáncer de mama humano fueron tratados tanto con radiación como con el quimioterápico doxorrubicina presentaron niveles más altos de TGF-beta en sangre y más células tumorales minúsculas que metastasizaron propagándose a los pulmones. “En este trabajo -se dice en él- mostramos que tanto la radiación como la quimioterapia aumentaron los niveles circulantes de TGF-β, el número de células cancerosas circulantes y las metástasis tumorales”. Evidentemente tampoco en este caso propusieron abandonar tan dañinas terapias sino que se dedicaron a buscar un nuevo fármaco -un anticuerpo bautizado como 2G7- que inhibiera la TGF-beta“. ¡Como si fuera inocuo privar a un organismo de una citoquina natural y multifuncional como la TGF-beta con funciones neurales -entre otras- que es clave en el control de la homeostasis metabólica del tejido óseo!

LAS PROTEÍNAS WNT16B

Cinco años después -en 2012- un equipo del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson (EEUU) coordinado por el doctor Peter Nelson, Yu Sun publicó en Nature Medicine un trabajo titulado Treatment-induced damage to the tumor microenvironment promotes prostate cancer therapy resistance through WNT16B (El daño inducido por el tratamiento en el microambiente tumoral promueve la resistencia a la terapia del cáncer de próstata a través de WNT16B) según el cual los quimioterápicos dañan el ADN haciendo que las células estromales sanas del microambiente tumoral segreguen ¡hasta 64 veces más proteínas WNT16B aumentando el crecimiento tumoral y su capacidad invasiva! Comprobando que aumenta su densidad en los tejidos prostáticos obtenidos de pacientes tratados con mitoxantrona y docetaxel. Asimismo observaron una mayor cantidad de WNT16B en los fibroblastos de mama y ovario de mujeres tratadas con mitoxantrona.

Bueno, pues tampoco su propuesta fue dejar de usarlos sino buscar inhibidores de la WNT16B. De hecho pocas semanas después -ya en 2013- se publicaba en Cancer Biology and Therapy el trabajo de un equipo de la Sección de Farmacología Molecular de la Subdivisión de Oncología Médica del Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda (EEUU) titulado Treatment-induced secretion of WNT16B promotes tumor growth and acquired resistance to chemotherapy (La secreción de WNT16B promueve el crecimiento tumoral y la resistencia a la quimioterapia) en el que se dice: “La inhibición de proteínas específicas de la WNT16B puede mejorar la respuesta a la quimioterapia; sin embargo la viabilidad de los inhibidores de WNT se desconoce debido a la expresión omnipresente de WNT16B en tejidos humanos, con niveles más altos en riñón adulto, placenta, cerebro, corazón y bazo”. O sea, que no es precisamente fácil (por no decir imposible).

LOS PERICITOS

También en 2012 apareció en Cancer Cell un trabajo dirigido por Raghu Kalluri -Jefe de la División de Biología de la Matriz en el Beth Israel Deaconess Medical Center- titulado Pericyte depletion results in hypoxia-associated epithelial-to-mesenchymal transition and metastasis mediated by MET signaling pathway (El agotamiento de pericitos da como resultado una transición de epitelial a mesenquimal asociada a hipoxia y metástasis a través de una vía de señalización MET) según el cual los pericitos -un grupo de células poco exploradas que forman parte estructural de la red de vasos sanguíneos del tumor primario- dificultan la progresión del cáncer y la metástasis. Pues bien, los inhibidores angiogénicos que los oncólogos usan para cortar el suministro de sangre a los tumores disminuyen o destruyen esas células provocando una reacción posterior que promueve el desarrollo tumoral. “Nuestros datos -explica el trabajo- demostraron que la pérdida de pericitos aumenta la metástasis y ello se asocia a la aparición de hipoxia tumoral y a un aumento de la expresión de HIF1 alfa. Es pues posible que los cambios en el estroma cooperen con los cambios autónomos de las células cancerosas a acrecentar la metástasis”. Y aclararemos que la expresión del factor H1F1 alfa se asocia a un aumento del potencial metastásico, algo verificado tanto en estudios animales como en tumores humanos.

Según comprobó ese grupo de investigadores en ratones con quimioterápicos tan usados como imatinib y sunitinib disminuyen en un 70% el número de pericitos en los tumores haciendo que las metástasis se multipliquen por tres. Afirmando entonces Kalluri: “Hemos demostrado que un tumor grande con una buena cobertura pericítica es menos metastásico que un tumor más pequeño del mismo tipo con menos cobertura pericítica”. Kalluri corroboraría luego el hallazgo en otros tipos de cáncer al repetir los experimentos con carcinomas de células renales implantadas y melanoma.

Finalmente examinaron 130 muestras de tumores malignos mamarios en distintas etapas y tamaños y constataron que las muestras con menos pericitos en la vasculatura tumoral y altos niveles de expresión del oncogén MET se correlacionaban con los cánceres más invasivos y unas tasas de supervivencia entre 5 y 10 años inferiores al 20%. “Si valoramos solo el crecimiento del tumor los resultados parecen buenos -explicaría Kalluri- pero si se valora globalmente se comprueba que la inhibición de los vasos del tumor no controla la progresión del cáncer. De hecho se extiende”.

Tres años después -en 2015- un equipo del Departamento de Biología del Cáncer del Anderson Cancer Center de Houston (EEUU) coordinado por D. Keskhin publicó en Cell Reports un trabajo titulado Targeting vascular pericytes in hypoxic tumors increases lung metastasis via angiopoietin-2 (Atacar los pericitos vasculares en los tumores hipóxicos aumenta la metástasis pulmonar mediante la angiopoyetina-2 según el cual “el agotamiento de los pericitos en los tumores no hipóxicos de fase temprana suprime la angiogénesis naciente, el crecimiento tumoral y la metástasis pulmonar. Por el contrario, el agotamiento de los pericitos en los tumores hipóxicos de estado avanzado con vasculatura preestablecida dio lugar a una mayor hipoxia intratumoral, disminución del crecimiento tumoral y aumento de la metástasis pulmonar”. Demostrando una vez más que la reducción del tamaño del tumor primario no es lo esencial para la supervivencia del paciente.

 LOS CAFS (FIBROBLASTOS ASOCIADOS AL CÁNCER)

En 2016 un grupo de investigadores del Hospital General de Massachusetts coordinado por Biju Parekkadan publicaría por su parte en Scientific Reports un estudio titulado Suicide Gene-Engineered Stromal Cells Reveal a Dynamic Regulation of Cancer Metastasis (Las células del estroma impulsadas al suicidio por ingeniería genética revelan una regulación dinámica de las metástasis del cáncer) sobre el papel que en el desarrollo de las metástasis juega una subpoblación de fibroblastos estromales conocida como CAF (por las siglas en inglés de cancer-associated fibroblasts) que son capaces de impulsar la angiogénesis y contribuir a la remodelación de la matriz extracelular. Pues bien, según afirman cuando los quimioterápicos los destruyen el riesgo de metástasis aumenta drásticamente.

Y es que así ocurrió al utilizar la quimioterapia a los diez días de implantar tejido mamario maligno humano en ratones y tratarles. Así lo explican: “El equipo esperaba eliminar los CAFs el décimo o undécimo día pero entonces descubrimos que además de aumentar el número de macrófagos el cáncer se extendió a los pulmones y los huesos. Los inesperados resultados de nuestro experimento deberían estimular una mayor investigación sobre el papel de los CAF en el crecimiento del cáncer y las metástasis”. Por el contrario, cuando los CAFs se eliminaron en el tercer o cuarto día no se vio ninguna diferencia importante en el crecimiento del tumor o en el riesgo de metástasis.

Si se piensa de forma simplista sobre los CAF –explicaría Biju Parekkadan- lo lógico parece intentar destruirlos; hay evidencias que apoyan tal idea y hasta hace poco yo mismo compartía esa opinión. Pero ahora, al ver el impacto de su eliminación selectiva en distintos momentos de tiempo mediante ingeniería genética, entiendo que debemos investigar mejor la dinámica del microambiente tumoral y cuál sería el mejor momento para hacerlo. Deben hacerse nuevas investigaciones que revelen si se justifica destruirlos y, de ser así, tener en cuenta que el momento importa. Aunque ninguno de los tratamientos afectó al crecimiento del tumor inicial es importante entender que la mayoría de las muertes por cáncer se deben a las metástasis que se producen en órganos vitales y no a los efectos directos del tumor primario”.

En suma, los estudios citados indican que los tóxicos tratamientos que afectan al microambiente tumoral (TMEM), sobreexpresan el factor TGF-beta, promueven las WNT16B, agotan los pericitos y eliminan los CAF dan lugar a una mayor proliferación celular incontrolada, a la pérdida de apoptosis, a evadir la vigilancia inmune, a la angiogénesis y, finalmente, a metástasis. Y lo que hemos descrito hasta ahora son sólo cuatro estrategias oncológicas de la quimioterapia que ya se han constatado erróneas. ¿Cuántos problemas más provoca que siguen sin descubrirse?

MANTENER EL TUMOR VIVO EVITA QUE SE PROPAGUE

 También en 2016 nos sorprendió el estudio Cell Competition Drives the Grow of Intestinal Adenomas in Drosophila (La competencia por el espacio celular regula el crecimiento del adenoma intestinal en la Drosophila) publicado en Current Biology por un grupo de investigadores del Wellcome Trust/Cancer Research del Gurdon Institute de la Universidad de Cambridge (Gran Bretaña) dirigido por la Dra. Eugene Piddini. Y es que manipulando genes de la mosca de la fruta fueron capaces de programar las células circundantes de un tumor para que resistiesen el proceso de destrucción celular lo que permitió contener su crecimiento e impedir su propagación. Es decir, ayudar a las células sanas a sobrevivir impide o retrasa el crecimiento tumoral; justo lo contrario que ocurre con las terapias genotóxicas que acaban con las células sanas que rodean el tumor.

Nuestra conclusión de que la inhibición de la apoptosis permite al tejido huésped contener adenomas en crecimiento –dicen de hecho en el trabajo- podría tener consecuencias para el tratamiento del cáncer ya que podría proporcionar una vía para prevenir o retrasar un aspecto letal del cáncer: el fallo orgánico. Además sugiere que los inhibidores de la apoptosis pueden constituir un arsenal inexplorado en terapias combinadas contra el cáncer. Se trata de una sugerencia radical dado que muchos tratamientos anticancerígenos basados en quimio y radioterapia se basan, por el contrario, en inductores de muerte celular de amplio espectro”. Y añaden: “Nuestros hallazgos abren nuevas posibilidades de tratamiento del cáncer porque sugieren que el crecimiento de las lesiones tempranas o micrometástasis podrían prevenirse más eficazmente fortaleciendo el tejido sano circundante en lugar de centrarse en matar las células cancerosas que es el objetivo principal de los tratamientos actuales”.

Palabras que nos hacen recordar el trabajo del investigador español Antonio Brú Espino quien después de demostrar que todos los tumores malignos crecen de la misma manera con independencia del órgano en el que lo hagan constató que su crecimiento se detiene haciendo que el sistema inmune aumente el número de neutrófilos para que los “encapsule”, las células malignas mueran de inanición y el tumor se necrose. Lo que se logra por ejemplo usando Factores de Crecimiento de Colonias de Granulocitos (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos Antonio Brú: “Bastaría potenciar el sistema inmune para superar el cáncer”, Antonio Brú: “Hemos demostrado que el cáncer se puede superar potenciando el sistema inmune” y Antonio Brú: “Me estoy planteando abandonar mis investigaciones experimentales sobre cáncer porque no he conseguido dinero para desarrollarlas” publicados en los números 65, 74 y 102 respectivamente).

QUIMIOTERAPIA A BAJAS DOSIS

 Buena muestra de que los tratamientos actuales de quimioterapia comienzan a ser ampliamente cuestionados por su ineficacia y toxicidad es que ya hay oncólogos e investigadores que se plantean darlos más frecuentemente en dosis más bajas a fin de permitir al organismo recuperarse tras cada ataque tóxico. En noviembre de 2016 The Journal of Experimental Medicine –revista de la Universidad Rockefeller– difundía una nueva investigación con una nota de prensa que en su primer párrafo decía: “Los tratamientos convencionales de quimioterapia a altas dosis pueden hacer que las células fibroblásticas que rodean a los tumores segreguen proteínas que los hagan más agresivos. Pues bien, según un nuevo estudio dosis bajas frecuentes de quimioterápicos evitan ese efecto pudiendo ser así más eficaces al tratar ciertos tipos de cáncer, como los de mama y páncreas”. Así presentaban el trabajo Metronomic chemotherapy prevents therapy-induced stromal activation and induction of tumor-initiating cells (La quimioterapia metronómica impide la activación estromal inducida por la terapia y la inducción de células iniciadoras de tumores) publicado por un grupo de investigadores de la Universidad Médica de Taipei, el Instituto Nacional de Investigación del Cáncer de Taiwán y la Universidad de California de San Francisco dirigidos por Kelvin Tsai y Valerie Weaver tras investigar el efecto de la quimioterapia sobre los fibroblastos -componente vital del estroma- en tumores desmoplásicos como el cáncer de mama y el adenocarcinoma ductal pancreático.

Recordemos que los quimioterápicos se administran generalmente a los enfermos cada pocas semanas a dosis altas, las “máximas toleradas”. Pues bien, la nota de la universidad reconoce que aunque así se destruyen la mayoría de las células tumorales a menudo pervive un pequeño número que termina dando lugar a nuevos tumores más agresivos que se expanden a otros tejidos. Y es que los fármacos también atacan las células del tejido estromal que rodea a los tumores, las del sistema inmune y las endoteliales de los vasos sanguíneos. Según explican al llegar los quimioterápicos a los tumores los fibroblastos segregan grandes cantidades de unas proteínas de señalización celular llamadas quimioquinas ELR positivas que son las que promueven el crecimiento tumoral y la metástasis. Efectos dañinos que unidos a los anteriormente citados explican la ineficacia y peligrosidad de la quimioterapia. Pues bien, el trabajo citado indica que si se baja la dosis y el quimioterápico se da cada menos tiempo  -a eso lo llaman un régimen metronómico a dosis bajas- no se induce la producción de quimioquinas ELR positivas y se reduce la capacidad de los fibroblastos para promover la formación de TIC, el crecimiento de los vasos sanguíneos y la producción de macrófagos.

EL CASO GRYGIEL

Cabe añadir que pocos meses antes un oncólogo del St Vicent’s Hospital de Sydney (Australia), John Grygiel, había sido despedido al descubrirse que había tratado a más de un centenar de pacientes de cáncer de cabeza y cuello con dosis de quimioterápicos basados en carboplatino más bajas de las recomendadas por los protocolos de Nueva Gales del Sur. El escándalo posterior promovido por familiares de los pacientes tratados, medios de comunicación y algunos políticos provocó una audiencia parlamentaria para analizar su comportamiento y el del centro hospitalario que concluyó finalmente con un acuerdo entre médico y hospital que si bien no incluyó su reincorporación al centro contempló la realización de un simposio sobre el uso de la quimioterapia.

Y es que en el proceso quedó claro que también hay oncólogos que defienden el uso de dosis más reducidas de quimioterapia. Así lo defendió el oncólogo Ian Haines, Prefecto de Investigación y Educación Médica del Departamento de Medicina de la Monash University and Cabrini Health de Melbourne en un artículo que publicó en Medical Journal of Australia titulado Quimioterapia: más, a menudo no es mejor en el que diría: “La cuestión de la dosis de quimioterapia adecuada y basada en la evidencia sigue siendo una parte muy importante, controvertida y a menudo discutida de la oncología clínica. La creencia popular de que ‘más quimioterapia debe ser mejor’ ha impulsado el tratamiento del cáncer y la investigación durante más de 40 años pero sigue sin apoyarse en evidencias. A pesar de haberse hecho decenas de miles de ensayos clínicos nunca ha habido pruebas de nivel 1 para establecer una relación dosis-paliación o dosis-curación para la quimioterapia en cánceres sólidos, incluidos cánceres muy sensibles a la quimioterapia y curables como el cáncer de mama temprano”. Agregando al referirse al caso de Grygiel: “Sorprendentemente, a pesar de muchos años de investigación, no sabemos aún la mejor dosis de carboplatino para usar en cualquier paciente. Un estudio evaluó varias dosis en el cáncer de cabeza y cuello concluyendo que la eficacia de la dosis más baja puede compararse favorablemente con la más alta. La dosis efectiva mínima todavía no se ha establecido para el carboplatino y puede pues ser mucho menor de la que se usa convencionalmente”.

OTROS DAÑOS DE LA QUIMIOTERAPIA

Agregaremos que cuando estábamos terminando la elaboración de este reportaje tuvimos conocimiento de que el volasertib, inhibidor de la proteína Plk1que interviene en la multiplicación celular y ha sido reconocido como “terapia innovadora” por la FDA para la leucemia mieloide aguda, puede provocar problemas de hipertensión, la ruptura de los vasos sanguíneos y graves problemas cardiovasculares que pueden desembocar en la muerte. Con lo que otro de los modernos tratamientos de vanguardia de los que presume la Oncología parece irse al traste.

Lo acaba de descubrir un grupo de investigadores españoles coordinados por Marcos Malumbres, Jefe del Departamento de División Celular y Crecimiento del Cáncer del Centro Nacional de investigaciones Oncológicas (CNIO) y coordinador del estudio Plk1 regulates contraction of postmitotic smooth muscle cells and is required for vascular homeostasis (La Plk1 regula la contracción de las células musculares lisas postmitóticas y son necesarias para la homeostasis vascular) recién publicado en Nature Medicine.

La Plk1 se caracteriza por ser una proteína que controla la multiplicación de las células y eso llamó la atención de las compañías farmacéuticas que vieron en ella un nuevo objetivo terapéutico para frenar el crecimiento tumoral. Pues bien, el citado equipo de investigadores españoles -integrado por científicos del CNIO, el Centro Español de Investigación Cardiovascular, el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, la Universidad de Salamanca y el London Research Institute de Londres- trató a ratones durante dos meses con bajas dosis de volasertib y pronto comprobaron que se les rompían las arterias y sufrían problemas cardiovasculares. Guillermo de Cárcer, autor principal del artículo, nos diría: “Fue asombroso: la mitad de los ratones empezaron a morir de hemorragias torácicas por ruptura de arterias. Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que los machos murieron durante la primera noche que pasaron con las hembras en la misma caja, una de las situaciones que causa mayor aumento de la presión arterial en los machos jóvenes”. La Plk1 es una proteína esencial necesaria para la formación de las células contráctiles de las paredes arteriales, movimiento tisular responsable de mantener la presión arterial en niveles aceptables.

Pues bien, resulta que este descubrimiento llega cuando el volasertib –fármaco de  Boehringer Ingelheim que inhibe la proteína serina/treonina quinasa- ¡está probándose ya en ensayos fase III! Marcos Malumbres, consciente de las implicaciones de este descubrimiento, quiso aclarar que lo descubierto “no va en contra del uso de los inhibidores de Plk1 en los tratamientos clínicos porque desafortunadamente, todas las drogas tienen algún tipo de efecto secundario. El problema es no ser conscientes de ellos. Tenemos pues que estudiar muy bien las funciones biológicas de la proteína en modelos apropiados antes de usarla en personas. Es la única manera de utilizarla correctamente”.

Hasta aquí las conclusiones de los trabajos científicos citados. Nosotros solo queremos agregar que a pesar de haberse efectuado cientos de miles de trabajos con quimioterápicos sigue sin haber uno solo que logre curar el cáncer. Y esta afirmación es irrebatible.

 

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
208
Octubre 2017
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