Miguel Jara: “En el ámbito sanitario se ha institucionalizado la compra de voluntades”

Parte de la gran industria farmacéutica utiliza métodos poco éticos -cuando no ilegales- para lograr que los médicos receten sus productos. De hecho con la excusa de “informarles” sobre sus “novedades” algunos laboratorios han creado un auténtico entramado mafioso para alquilar o comprar sus conciencias con dinero, viajes, regalos… Con consecuencias muy negativas ya que se promueve así una injustificable sobremedicación con productos tan nocivos como ineficaces. Pues bien, el periodista español Miguel Jara acaba de publicar un libroen el que de manera novelada da cuenta de sus hallazgos y en él algunos de esos visitadores, arrepentidos, cuentan lo que hicieron.

Hace ya una década que Miguel Jara -periodista y escritor especializado en la investigación de temas relacionados con la salud y la ecología- comenzó a trabajar sobre las prácticas de la gran industria farmacéutica. Y cuando le preguntan cómo se le ocurrió tirar de ese hilo suele contestar que estaba en casa leyendo un periódico de actualidad crítica –Motivos de actualidad– cuando se topó con un reportaje que, en cierto modo, cambiaría su devenir profesional. Trataba de cómo muchas personas pierden su salud o ésta queda gravemente dañada tras la ingesta de medicamentos o por efectos del sistema sanitario. “Quedé impresionado –nos contaría-. Yo, como supongo que tantas personas, sabía que los medicamentos son productos tóxicos que pueden causar daños pero los datos que ofrecía aquel reportaje me impactaron. Además, como periodista, pensé que casi nadie estaba publicando ese tipo de informaciones por lo que apunté algunas de las fuentes de la información e intenté contactar con ellas para publicar algo más sobre el asunto. A algunas no las localicé pero a otras sí y lo que me contaron me animó a seguir tirando del hilo. Hasta hoy”.

El caso es que Jara fue publicando sus trabajos hasta que en el año 2007 llegaron a las librerías sus dos primeros libros –Traficantes de salud: cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad y Conspiraciones tóxicas: cómo atentan contra nuestra salud y el medio ambiente los grupos empresariales-, el segundo de ellos escrito en colaboración con Rafael Carrasco y Joaquín Vidal. El tercero, ya en solitario, sería La salud que viene: nuevas enfermedades y el marketing del miedo. Y el cuarto, Laboratorio de médicos: viaje al interior de la medicina y la industria farmacéutica, acaba de aparecer en las librerías y es la razón de esta entrevista.

-¡Su cuarto libro ya…! Díganos, ¿qué novedades aporta respecto a sus anteriores obras?

-Los tres libros anteriores son ensayos –en realidad tienen diferentes características pero se les ha etiquetado como ensayos- que analizan de manera general cada tema tratado: la iatrogenia y las prácticas no confesas de la industria farmacéutica, el poder de los lobbies empresariales del medioambiente y las nuevas enfermedades ambientales y el marketing del miedo, respectivamente. Pero Laboratorio de médicos aborda un asunto concreto: cómo consiguen muchos laboratorios farmacéuticos influir en la voluntad de numerosos médicos para que receten lo que a ellos les conviene. Este tema lo expuse ya en Traficantes de salud pero en aquel momento no disponía de fuentes de primera mano y documentos originales –en ello está el secreto de su dificultad- que prueban estas prácticas; ahora en cambio estoy en condiciones de probarlo donde haga falta y por eso he dedicado un libro entero al asunto y a cómo afectan estas prácticas poco éticas –por no decir ilegales- a la salud de la ciudadanía, a los sistemas sanitarios y, obviamente, a la hacienda pública.

-Y hay otra novedad: el estilo es más narrativo.

-Cierto. También hay un cambio de estilo respecto de los libros anteriores. Laboratorio de médicos no es un ensayo sino un texto que puede catalogarse de periodismo narrativo. Decidí presentar al lector mi investigación utilizando recursos propios de la literatura; por eso está escrito en primera persona, narrado por un periodista que investiga los hechos. Pese a ello ese periodista no es el protagonista: es Nikita, pseudónimo de una visitadora –se llaman visitadores a los comerciales de los laboratorios que acuden a las consultas de los médicos para “informarles” de las novedades medicamentosas de sus empresas- que trabajó realmente para una conocida multinacional farmacéutica: AstraZeneca. Una persona íntegra que a medida que fue conociendo algunas de las prácticas de dudosa ética que ésta efectuaba comenzó a enfrentarse con la compañía. En fin, el libro está salpicado con las historias de los muchos visitadores que el periodista va encontrando durante su investigación.

-Todas las denuncias que realiza en el libro se apoyan en una extensa y rigurosa documentación. ¿Cómo accedió a ella?

-Me la fueron pasando los propios visitadores médicos. En la Navidad de 2006 conocí al primero de ellos. Me escribió un correo electrónico. Le había despedido una multinacional farmacéutica alemana y, como explico en el libro, creo que simplemente quería dar un escarmiento a su ex empresa contándole sus experiencias a un periodista del sector. Aquella historia, como usted bien sabe, la publiqué en su día en Discovery DSALUD y con posterioridad Tele 5 la ofreció en sus telediarios. Fue entonces cuando Nikita me vio en la televisión y contactó conmigo. Y a partir de ahí se sucedieron los encuentros con otros visitadores que, con muy diferentes actitudes y nivel de compromiso con la denuncia del tema, me han ido explicando cómo han corrompido médicos y qué estrategias y herramientas utilizan para ello.

-¿Hasta qué punto están extendidas las prácticas que usted documenta? ¿Son casos minoritarios?

-No, no son minoritarios. Tendemos a pensar que la corrupción en el ámbito sanitario es similar al existente en otros ámbitos, que existe pero no es para preocuparse. ¡Como si la mera existencia de irregularidades no fuera ya determinante en la calidad de un servicio! Pero la verdad es que la corrupción existente en el ámbito sanitario es mucho mayor de lo que la gente cree; con el agravante de que es la salud de las personas la que se pone en peligro por intereses privados.

El año pasado se realizó en Toledo uno de los escasos estudios sobre la materia. Fue publicado por la Revista Clínica de Medicina de Familia y sus conclusiones son cuando menos preocupantes: el 98,4% de los médicos recibe a los delegados de los laboratorios, el 77,8% ¡a diario! Aunque lo peor es que los visitadores aparecen como ¡la segunda fuente de información de los sanitarios sobre medicamentos! Y cuando asisten a un congreso el 60,3% reconoce hacerlo invitado por la industria. Además el 61,9% suele ir a comidas o cenas con visitadores. No cabe extrañar pues que el 55,6% reconozca haber recibido algún regalo de los laboratorios. Y éstos no suelen regalar nada sin obtener algo a cambio. Creo que estas cifras, objetivas, contextualizan bien el problema.

-¿Y cuáles son las conclusiones a las que ha llegado tras investigar este lado podrido de la medicina y la industria farmacéutica?

-Pues que la práctica del denominado -en la jerga profesional- tarugueo (comprar la voluntad de los médicos para que receten los productos de un determinado laboratorio) está institucionalizada. Es decir, todas las instituciones que conforman el sistema sanitario saben que se realizan estas prácticas pero las consienten a pesar de que violan las leyes, entre ellas el Código Penal y la Ley del Medicamento que prohíben expresamente ofrecer dádivas a funcionarios públicos para recibir una contraprestación de los mismos.

También he comprobado que el tarugueo está impulsado, planificado y/o financiado por los departamentos de ventas o de marketing de los laboratorios. Éstos disponen de recursos económicos para ello, contratan y entrenan a los visitadores médicos para desempeñar esa labor -que disfrazan de “información técnica sanitaria”-, llevan un control contable sobre esas “acciones” de “colaboración” con los médicos –que es como las denominan- y exigen a sus visitadores cumplir unos objetivos de ventas de medicamentos por esta vía. A los que cumplen les “incentivan” y a los que no… los despiden.

De hecho los departamentos comerciales de estas compañías cuentan con un gran presupuesto para comprar voluntades. Piénsese que entre el 30 y el 35% de lo que factura un gran laboratorio se destina a “marketing y promoción de medicamentos”, es decir, más de lo invertido en Investigación y Desarrollo (I+D). Por lo general, las multinacionales farmacéuticas reparten cada año entre sus visitadores grandes cantidades de dinero y regalos para conseguir que los médicos receten sus productos. Los galenos son además agasajados con todo tipo de prebendas, incluidos viajes a congresos en sitios apetecibles en los que va todo incluido por cuenta del laboratorio de turno. Se les ofrece de hecho todo lo que uno pueda imaginar ya que los visitadores suelen tener vía libre para manejar el “presupuesto” en lo que crean oportuno y agrade al galeno que se presta a ello. Las anécdotas que ofrece el libro son numerosas. Incluso hay empresas que llegan a comprar sin más las recetas ofreciendo al médico dinero a cambio de un determinado número.

-En cuanto a las prácticas o estrategias que antes comentaba, ¿hay alguna que le haya llamado la atención en especial?

-Por citar una, la de trabajar “en espejo”, que significa que varios vendedores visitan a los mismos médicos con el mismo producto para aumentar el número de “impactos” porque según las grandes cabezas pensantes que diseñan los planes de marketing de la visita médica está demostrado que acrecienta las prescripciones. Esto demuestra lo que le comentaba antes: que los departamentos de ventas o marketing organizan este trapicheo cotidiano.

Los visitadores médicos son pues imprescindibles para estas tareas ya que si no existieran la mayor parte de los laboratorios no facturarían lo que facturan. Tenga en cuenta que de nada sirve tener productos en el mercado farmacéutico si quien ha de prescribirlos, el médico, no lo hace.
Un visitador me contó también otra práctica menos conocida: ofrecer a los médicos cursos falsos para encubrir la entrega de dinero a cambio de recetas.

-Antes habló del diferente grado de compromiso que han tenido con usted los diferentes visitadores médicos que aparecen en las páginas de Laboratorio de médicos. ¿A qué se refiere en concreto?

-Como antes dije el primero de los empleados de los laboratorios que conocí –al que llamo J. en el libro- se puso en contacto conmigo por despecho con su contratante. A él le gustaba su trabajo y no tenía problemas éticos pese a hacer -como me probó- lo que hacía: ofrecer dinero a médicos a cambio de recetas de los productos que él representaba para esa farmacéutica alemana. Y ésa ha sido una de las constantes durante mi investigación. Se ha repetido con varios visitadores y me planteó un problema ético a mí mismo. Yo sabía que intentaban utilizarme de diferentes modos. Como periodista decidí aprovechar sus documentos, informaciones y experiencias para ofrecérselas a los lectores acompañadas de la explicación sincera y limpia de cómo conocí a cada uno de ellos, qué sensaciones me causaron y lo que podían pensar ellos… y yo mismo. ¿Por qué no? Por supuesto no accedí a sus pretensiones. Ni cuando alguno de ellos -como el que en el libro llamo E55– intentó en repetidas ocasiones que le pagara por sus documentos y por contar su historia. Un periodista, por deontología profesional, no debe ofrecer dinero a cambio de una historia.

En cambio algunos, como Nikita o Francesc (el único que he podido citar con su nombre real), se enfrentaron por cuestiones éticas de manera abierta con el laboratorio que les tenía contratados y me ayudaron en mi investigación. Otros solo aparecieron, me contaron cosas y se los tragó la tierra; no volví a saber nada más de ellos.

Obviamente sólo he publicado lo que tengo documentado. Por otra parte, como alguno podía ser identificado fácilmente por lo que contaba decidí diluir su personalidad a lo largo de las páginas del libro.

Mire, cuando recuerdo las cosas que me contaron algunos visitadores se me pone aún la piel de gallina.

-¿Cuáles son a su juicio las principales consecuencias de la institucionalización de estas prácticas corruptas?

-En primer lugar, la sobremedicación de la población. Consumimos más medicamentos de los necesarios en muy buena medida por la presión sobre los médicos de las farmacéuticas. La iatrogenia, muertes o daños a la salud provocados por el sistema sanitario ha aumentado en los últimos años por ello. La Agencia Europea del Medicamento lo ha corroborado: reconoce que 197.000 personas fallecen cada año en Europa como consecuencia de los efectos adversos de los fármacos. A fin de cuentas el fenómeno de la “medicalización” o tráfico e invención de enfermedades pasa por la prescripción facultativa.

Otra consecuencia es el actual riesgo de fractura del sistema sanitario y las continuas amenazas de privatización de sus servicios. No podemos olvidar que todo ello conlleva el desprestigio de la medicina en general y de la parte que entra en ese juego, en particular. Cuando los ciudadanos tienen constancia de estos escándalos pierden la confianza en los profesionales que les atienden. Luego estas prácticas hacen pagar a justos por pecadores y son negativas para el conjunto de la medicina.

Y eso que al practicar soborno o cohecho con los médicos quienes realizan estas prácticas pueden incurrir en varios delitos: contra la salud pública, cohecho o soborno a funcionarios públicos, contra la Hacienda… Porque como cuenta uno de los personajes en el libro algunos llevan dinero en efectivo, negro como el carbón, del que no tributa y que se utiliza para este tipo de corruptela. Y si usan dinero negro, de una u otra manera, están engañando al fisco.

-Es evidente que las administraciones públicas consienten estas prácticas porque las conocen muy bien. Pero, ¿a su juicio qué beneficio obtienen con ello? ¿Y por qué cree que no quieren acabar con esta situación anómala e ilegal?

-No obtienen ningún beneficio… que yo sepa. Con estas prácticas sólo ganan los grandes laboratorios y las industrias anexas. Como las de marketing farmacéutico, material sanitario, organización de congresos médicos, hostelería y restauración…; así como los médicos que se dejan sobornar. Asimismo podíamos contabilizar a los empleados de la industria –visitadores incluidos- que gracias a ello tienen puestos de trabajo. En fin, existe toda una industria que vive del tarugueo pero las administraciones –es decir, todos nosotros- pierden siempre. Salvo que los responsables de las mismas hayan sido también sobornados, algo que no puedo demostrar ya que de eso no se ocupan los visitadores. En cualquier caso lo más indignante es que todo esto está mermando la salud de la población.

-Usted conoce de cerca lo que se está moviendo en este corrompido ámbito así que díganos: ¿cree que podrá revertirse alguna vez esta situación mafiosa?

-Quiero creer que sí. Porque cuando empecé esta investigación no sólo pretendía saber hasta qué punto influye la industria privada en las decisiones de salud pública sino conocer el rostro humano de la decadencia, sus gestos de compasión y hasta de ternura, su capacidad de rebeldía y de creación de universos paralelos, de producir el germen de la esperanza. En el libro cuento que en los últimos años se han creado por parte de estudiantes de Medicina y profesionales sanitarios entidades como Farmacríticxs o la Plataforma No Gracias, que intentan establecer unas relaciones éticas entre la medicina y la industria. Y hay asociaciones de pacientes, abogados y profesionales del sector comprometidos con la defensa de la salud pública. Lo que no hay es un clima general, institucional, favorable a la ciudadanía. El enfoque es primar los intereses comerciales.
Otras iniciativas interesantes que narro en el libro es la creación en los últimos años de una Oficina de Evaluación de Medicamentos 100% pública en Extremadura. Esta entidad está realizando un gran trabajo de análisis del coste-beneficio de medicamentos aprobados por la Agencia Española de Medicamentos y se ha encontrado ya con que hay algunos en las farmacias cuya presencia no se justifica en absoluto. Siendo otro de los programas innovadores que realiza esa institución uno para formar “visitadores” independientes, farmacéuticos que con la información científica y técnica que publica esa oficina recorren las consultas médicas de los centros de salud extremeños informando a los galenos de la verdad de las “novedades farmacológicas”.

-Es evidente que se precisa un cambio de paradigma en el ámbito sanitario. ¿Cómo cree que debería afrontarse?

-Cuestionando para empezar el enfoque medicamentoso y mercantilista de la Medicina actual. Buena parte de las personas acuden al médico cuando tienen un problema de salud pero no encuentran ya satisfacción en los remedios farmacológicos y empiezan a buscar otras terapias menos agresivas en las mal llamadas medicinas alternativas o complementarias… sin decírselo a su médico. Normalmente porque saben que si el médico se enfada al saberlo no les encargará luego las pruebas analíticas que ellos necesiten en el futuro. Y muchas son costosas e inalcanzables si deben pagarlas de su bolsillo.

En suma, aunque cada vez hay más centros públicos de salud -y mejores tecnológicamente hablando- también hay cada vez más gente que decide no utilizarlos y prefiere acudir a consultas privadas en busca de otros diagnósticos y tratamientos. Así que más vale que el estado reconozca este hecho e intente llegar a una Medicina Integrativa que ofrezca terapias eficaces.

Vivimos en un mundo complejo con muchos intereses en juego. Solo que el de la salud lo vemos con especial inquietud porque el número de “enfermedades” aumenta año tras año sin que los médicos sepan ni curarlas ni a menudo aliviarlas. Así que los enfermos empiezan a querer gestionar ellos mismos su salud, algo que implica estar bien informados y seguir un estilo de vida saludable. Cada vez más personas asumen en serio que es mejor prevenir que curar.

-Una última pregunta: tras tantas denuncias, ¿ha recibido usted presiones de algún tipo?

-Si se refiere a demandas interpuestas por personas o entidades mencionadas en mis obras, no. Trabajo siempre con documentos; no publico nada que no tenga bien documentado. Es la manera de evitar querellas. Lo que sí me consta es que algunos colegios de médicos han presionado para que no diera determinadas conferencias pero en cambio hay otros que han reseñado mis libros en sus boletines o me han invitado a actos públicos en sus sedes. También sé de algún lobby de las farmacéuticas que ya en dos ocasiones ha intentado manipular a periodistas que han hablado o lo iban a hacer conmigo.

Jorge Carlos Palafox

Este reportaje aparece en
139
Junio 2011
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