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| LA GRIPE AVIAR, EL TAMIFLU
Y EL NEGOCIO DEL MIEDO |
Desde que el famoso virus de la gripe
aviaria fuera detectado en Vietnam hace ya nueve años no llegan
a cien las víctimas mortales que se achacan a la enfermedad
en todo el mundo a pesar de lo cual una bien orquestada maquinaria
de propaganda ha hecho creer a la población que hay riesgo de
pandemia y que un producto llamado Tamiflu -cuyo principio
activo se extrae del anís estrellado- es la solución. Una gigantesca
mentira que obedece a una estrategia comercial para hacer negocio
a costa del miedo. Desvelamos las claves de un tinglado al que
están inexplicablemente contribuyendo la práctica totalidad
de los grandes medios de comunicación. Hablar de una posible
pandemia cuando el virus de la gripe aviaria no se contagia
ingiriendo carne de aves infectadas y jamás se ha transmitido
entre humanos es una burla.
Después
de arrasar miles de granjas y provocar la muerte indirecta de
millones de aves -por cada ave encontrada muerta y presuntamente
contagiada se masacran miles- el virus de la gripe aviaria ha
dejado Asia llegando a Europa. Un peligrosísimo virus al
que se achaca ser el causante de un centenar de muertes ¡en nueve
años! -desde el 23 de diciembre al 9 de enero murieron en las
carreteras españolas 176 personas- y eso que sólo en Asia -donde
aparentemente comenzó todo- viven miles de millones de personas
y decenas de miles de millones de aves, en algunos casos en convivencia
muy próxima. Es más, nueve años después de que la Organización
Mundial de la Salud (OMS) se pusiera a seguir las evoluciones
del virus ¡sigue sin aparecer un solo caso de transmisión entre
humanos! Y a pesar de todo vivimos angustiados de miedo ante los
grandes titulares de los medios de comunicación, temblamos con
cada cisne muerto y, de paso, llevados por la histeria, amenazamos
el futuro de nuestra industria avícola y llevamos a la ruina a
las granjas ecológicas. A este paso en Asia acaban comiendo pollos
envasados... en Kentucky.
En suma, puede que algún día llegue una pandemia -afirman que
en cada siglo cae más de una- pero cualquier científico responsable
reconoce hoy que nadie puede afirmar ni cuándo, ni cómo. Y por
supuesto tampoco si se producirá la "temida" mutación del virus
de la gripe aviaria y si, en el caso de que así sea, será peligrosa
para el hombre o para otros mamíferos y si surgirá de la naturaleza...
o de un laboratorio dedicado a buscar vacunas contra virus fantasmas.
LA PANDEMIA
Así que tratemos de nadar contracorriente y de ver de otra manera
lo que ocurre más allá de cada cisne, pato, loro o pollo muerto
que aparece en el mundo. La sensación de miedo ante la gripe aviaria
-que una política de comunicación irresponsable e interesada alentó
a lo largo del 2005 como ocurriera con el virus SARS durante los
años 2002 y 2003- se convirtió en "certeza" el pasado 1 de noviembre.
George Bush, con todo el boato de una gran declaración
pública y rodeado de sus colaboradores de confianza -la Secretaria
de Estado Condolezza Rice, el Secretario de Seguridad Interna,
el de Agricultura, el de Servicios Sociales y de Salud, el de
Transportes, el de Asuntos para los Veteranos y hasta el Director
General de la OMS- hacía en los Institutos Nacionales de la
Salud una declaración de alcance planetario alertando de una "posible
pandemia". De hecho, sus primeras palabras las dedicó a meter
miedo recordando la gripe de 1918. "En el último siglo
-dijo Bush- nuestro país y el mundo han sido víctimas de tres
grandes pandemias de gripe y los virus de las aves contribuyeron
a todas ellas. La primera, la de 1918, mató en torno a medio millón
de norteamericanos y a más de 20 millones de personas en todo
del mundo". Después acentuó la sensación de peligro: "Los
científicos y los médicos no pueden decirnos dónde o cuándo estallará
la próxima pandemia o cómo será de severa pero la mayoría está
de acuerdo: en algún momento deberemos afrontarla". Para terminar
a Bush sólo le quedó "facilitar" la asociación de ideas al desinformado
ciudadano de a pie: "La comunidad científica está cada vez
más preocupada por un nuevo virus de la gripe conocido como H5N1
o gripe aviar". En otras palabras, hizo tañir la campana del
miedo y en el mundo occidental nos dispusimos a correr como pollos
sin cabeza a la búsqueda de soluciones.
Bush anunció a continuación que iba a solicitar al Congreso una
partida económica extraordinaria para hacer frente al pánico virtual
creado interesadamente y que no se correspondía en absoluto con
la realidad atendiendo a la cifra de afectados y muertos por la
gripe aviar. ¡Mil doscientos millones de dólares para la adquisición
de vacunas destinadas a proteger a veinte millones de estadounidenses,
dos mil ochocientos millones para la investigación de métodos
más rápidos de producción de antídotos contra la enfermedad y
mil millones más para la compra de medicinas. Pero como sólo el
que habla se equivoca... al Secretario de Salud estadounidense,
Mike Leavitt, se le escapó ante la prensa, en el calor
del debate provocado por las declaraciones de Bush, esta perla:
"Si no es el actual virus H5N1 el que provoque una pandemia
de gripe... en algún momento del futuro otro virus lo hará".
Pero en ese caso, ¿a qué viene todo el tinglado que se ha montado?
En suma, lo que hizo Bush fue declarar la guerra preventiva versión
II, esta vez ¡contra un H5N1 mutado inexistente! Y como ocurriera
en el caso de la guerra preventiva 1 -la de Irak- también se usaron
fotos para explicar la "necesidad" de actuar. El mundo occidental,
conservador y miedoso, comenzó a tal fin a ser bombardeado con
viejas fotos en blanco y negro de pabellones abarrotados de enfermos
y decenas de tumbas causadas por la gripe española... aunque tal
gripe nunca fue española ya que se inició en un campamento militar
de Kansas en marzo del 1918 viajando hasta Europa cuando ya las
autoridades militares sabían de su gran virulencia.
Y de la mano del problema... nos dieron la "posible" solución
(ya se sabe que los problemas sin soluciones suelen producir el
descrédito y caída de los gobernantes). Y de repente, de la noche
a la mañana, tras un año negro para la Big Pharma -las
multinacionales farmacéuticas-, los laboratorios volvieron a ser
presentados ante el mundo como los salvadores de la humanidad.
Un fármaco conocido como Tamiflu comercializado por la
empresa suiza Roche y avalado por las autoridades norteamericanas
y la OMS se presentó al mundo como la gran esperanza ante tan
"terrible" amenaza. Sólo que el Tamiflu (oseltamivir)
es un "antiviral" que no previene ni cura nada. Como mucho alivia
-y no siempre ni completamente- los síntomas de una gripe normal
por lo que es muy improbable que sirva ante un virus mutado pues
lo que realmente se precisaría en tal caso es una vacuna específica.
Pero, ¿acaso eso importaba? En absoluto. Sólo unos días después
del anuncio el Tamiflu se convertía en lo que la industria
denomina un blockbuster o fármaco estrella, un medicamento
capaz de alcanzar 1.000 millones de dólares anuales de facturación
cuando en el 2004 había registrado una caída en las ventas del
19% bajando hasta "sólo" 254 millones. En los primeros momentos
de euforia los analistas económicos calcularon que en el 2006
podría alcanzar cifras de facturación cercanas a los 1.800 millones
de dólares. Incluso se ha hablado ya de la instalación de una
planta de la farmacéutica en Estados Unidos -principal avalista
del medicamento- para el próximo otoño a fin de aumentar la producción.
En pocas palabras, las ventas se dispararon a pesar de la opinión
expresada por muchos especialistas y del informe realizado por
el instituto italiano de investigación Cochrane Vaccines Field
-financiado en parte por el Ministerio de Sanidad británico y
recogido por la revista The Lancet- en el que se cuestionaba
la utilidad del Tamiflu y la política de los gobiernos
de acumular millones de dosis del producto. Todos sabemos que
las compras compulsivas efectuadas en las farmacias por la gente
más influenciable y miedosa de los países donde está autorizado
el Tamiflu provocaron que se agotara pronto, algo a lo
que contribuyeron las absurdas peticiones de muchos gobiernos
-entre ellos el nuestro- de millones de dosis... que se servirán
a lo largo de los próximos años. Es decir, la Ministra de Sanidad
y Consumo, Elena Salgado, contribuyó también a tamaño dislate
como en su día hiciera su antecesora, Ana Pastor, encargando
millones de dosis para protegernos del virus de la viruela que
en cualquier momento nos podía lanzar Sadam Hussein. Como
todos sabemos hoy los arsenales de destrucción masiva almacenados
en Irak eran también terribles. En definitiva, la nueva "guerra
preventiva" de George Bush tenía ya un primer claro ganador entre
ganadores: la multinacional Roche.
GILEAD INCORPORATIONS ENTRA EN EL ESCENARIO
Entonces, cuando nadie se lo esperaba, hizo
su entrada en el escenario -a través de las páginas de información
económica- la empresa californiana de Biotecnología Gilead
Sciences Inc. Y todos nos enteramos de que esa empresa era
inicialmente la titular de la patente del Tamiflu cuyos
derechos de comercialización había cedido a Roche en 1996
y que había entablado un proceso legal contra ella para recuperar
el control del producto -por el que aún cobraba derechos por cada
dosis vendida- alegando que Roche no hacía esfuerzos suficientes
para comercializarlo. "Roche -explicaría John Martin,
Jefe Ejecutivo de Gilead Sciences Inc- no ha demostrado el
compromiso requerido con el Tamiflu desde su lanzamiento en Estados
Unidos hace casi seis años, ni le ha asignado los recursos necesarios
para hacer 'comprender' a médicos y consumidores el potencial
del producto como tratamiento preventivo para la gripe".
El resultado de la iniciativa fue que ambas empresas se sentaron
a "negociar" y acordaron en un tiempo récord constituir dos comités
conjuntos, uno que se encargase de coordinar la fabricación mundial
del fármaco y decidir sobre la autorización a terceros para fabricarlo,
y otro para coordinar la comercialización de las ventas estacionales
en los mercados más importantes, incluido Estados Unidos. Además
Roche pagó a Gilead Sciences Inc unas regalías retroactivas
por valor de 62,5 millones de dólares. Y por si fuera poco la
empresa norteamericana se quedó con otros 18,2 millones de dólares
extra por unas ventas superiores a las contabilizadas entre 2001
y 2003. A lo que hay que añadir un dato: Roche tiene el
90% de la producción mundial de anís estrellado, árbol que crece
fundamentalmente en China -aunque también se encuentra en Laos
y Malasia- y que es la base del Tamiflu.
En suma, la gripe aviaria permitió poner a disposición del Tamiflu
la mejor campaña de marketing que nadie podía esperar: miles de
periódicos y cadenas de radio y televisión trabajando cada día
a favor del producto gratuitamente y con el beneplácito de las
autoridades de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y
así, mientras los pollos muertos seguían apareciendo en Asia y
algunas pocas aves empezaban a aparecer muertas en Europa, Roche
hacia caja y Gilead recogía los beneficios de "su" patente.
¿Y QUIÉN ESTABA ENTRE BAMBALINAS? ¡DONALD
RUMSFELD!
Llegados a este punto hay que decir que lo
que muchos ignoraban es que detrás de todo esto había un personaje
bien conocido y de enorme poder en el mundo: el Secretario de
Estado de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld.
Y si bien algunas revistas especializadas y diarios locales se
dieron cuenta y lo dieron a conocer de inmediato no se valoraría
su importancia hasta que el New York Times se hizo eco
de la verdad el pasado 2 de febrero. Y esa verdad es que Rumsfeld
-uno de los cerebros de la "guerra preventiva" contra Irak- fue
el máximo responsable operativo de la compañía fabricante del
Tamiflu -la Gilead Sciences Inc.- desde 1997 hasta
su nombramiento por George Bush como Secretario de Defensa. Es
más, aún hoy es uno de los mayores accionistas de Gilead Sciences
Inc. Según el diario norteamericano ha reconocido ese hecho
en todas sus declaraciones de renta.
Como el lector podrá imaginar fueron muchas las personas que se
mosquearon. Y al Pentágono no le quedó otro remedio que emitir
un comunicado -que se dio a conocer a mediados de octubre pasado-
"aclarando" que Rumsfeld no había tomado parte en ninguna decisión
relacionada con los medicamentos designados por el Gobierno para
prevenir o tratar la gripe aviaria ni lo haría en el futuro. Poco
después, en noviembre, la conocida revista Fortune comentaba
que Rumsfeld, después de realizar diversas consultas jurídicas,
había decidido no vender sus acciones para no ser acusado de "información
privilegiada". ¿Fue por eso? ¿O fue porque sabía lo que iba a
pasar? Porque lo cierto es que las acciones de Gilead Sciences
Inc han pasado de valer 7 dólares cuando Rumsfeld pasó de
su cargo ejecutivo en la multinacional a la Secretaría de Defensa
¡a cerca de 60! En otras palabras, el Tamiflu ha enriquecido
-aún más- al Jefe del Pentágono.
¿Ha estado pues Rumsfeld "al margen" de la toma de decisiones
del Gobierno del que forma parte? Es discutible pero lo que no
lo es que en el Gabinete está su amigo Dick Cheney, actual
vicepresidente de Estados Unidos. Y recordemos que hablamos de
la persona que encabezaba la corporación Halliburton hasta
que fue nombrado vicepresidente por Bush... y que esa corporación
recibió contratos multimillonarios para la reconstrucción de Irak
así como para el suministro de material a las fuerzas estadounidenses.
Nadie medianamente informado duda pues de que ambos reman en la
misma dirección desde hace años. De hecho ya en tiempos de la
Administración de Ronald Reagan trabajaron juntos aunque
entonces la relación jerárquica era a la inversa: ¡Rumsfeld era
el jefe de Cheney!
Además en la ejecutiva de Gilead Sciences Inc ha habido
mucha gente cercana al poder. Es el caso de George Schultz,
ex Secretario de Estado de Ronald Reagan entre 1982 y 1989. Y
el de Etienne F. Davignon, que fue vicepresidente para
las políticas de Energía, Industria e Investigación en la Unión
Europea de 1981 a 1984. ¿Habrá relación entre ellos? Porque da
la casualidad de que Davignon y Rumsfeld, por ejemplo, son identificados
como miembros del denominado Club Bilderberg compuesto
por destacados hombres de la política y la economía de todo el
mundo que se reúnen anualmente para hablar de los problemas internacionales
(y hay quien sostiene que también para proponer cómo "resolverlos").
Hablamos de un selecto club cuya filosofía quizás la resuma la
declaración de David Rockefeller -uno de sus miembros más
ilustres, participante en todas las reuniones desde que el club
se fundara en 1954 y fundador de la Comisión Trilateral-
cuando en febrero de 1999 declaró a la revista Newsweek: "Ya
que los gobiernos son incapaces de llegar a acuerdos en los grandes
asuntos nadie mejor que la iniciativa particular para lograr este
fin". Añadiendo sin tapujos: "Algo debe reemplazar a los
gobiernos y el poder privado me parece la entidad adecuada para
hacerlo".
UNA VEZ PUEDE SER CASUALIDAD. ¿Y DOS?
Por otra parte en la trayectoria política
de Rumsfeld no es la primera vez que sus intereses privados se
ven afectados al alza por decisiones de carácter "político" tomadas
en su entorno. Todos sabemos que tras el atentado de las Torres
Gemelas en Nueva York la cultura del miedo se instaló en la sociedad
norteamericana y que los envíos de cartas con polvo de ántrax
realizados en los meses posteriores contribuyeron bastante a ello.
Y también sabemos que en un principio fueron presentados como
obra de terroristas conectados con Al Qaeda y quizás con Irak
hasta que a la Casa Blanca no le quedó más remedio que admitir
públicamente que no existían "pruebas" de tales conexiones. A
pesar de lo cual la Administración Bush se las ingenió para manejar
la incertidumbre y conseguir mayor respaldo a su recién planteada
estrategia de guerra preventiva adoptando medidas legales encaminadas
a "proteger el país de posibles ataques bioterroristas". Y eso
que al poco tiempo las pruebas señalaron como autores a terroristas
de la ultraderecha estadounidense sin conexión con el terrorismo
islámico. Es más, se planteó que el ántrax utilizado podía haber
salido de instalaciones militares norteamericanas. De hecho el
13 de diciembre del 2001 el New York Times recogía las
declaraciones de varios responsables norteamericanos que reconocían
que científicos que habían trabajado para el Ejército norteamericano
habían producido ántrax en forma de polvo similar al encontrado
en las cartas enviadas por correo... con usos militares. Una noticia
que resultó especialmente significativa porque por primera vez
se desvelaba que el Gobierno norteamericano había ordenado producir
ántrax a pesar de que Estados Unidos suscribió el tratado de 1969
sobre la prohibición de armas biológicas.
Bueno, pues a pesar de todo la posibilidad de ataques tanto dentro
como fuera del país -las tropas ya estaban en Afganistán- siguió
siendo esgrimida por el Gobierno de Bush y al ántrax le sustituiría
en la estrategia del miedo... ¡la viruela! Comenzó a hablarse
así de un posible ataque -tanto a las tropas como a la población
civil en territorio norteamericano- con armas biológicas y, en
especial, con el virus de la viruela. Y en diciembre del 2002
Bush dio a conocer el Programa Federal de Vacunación contra
la Viruela que abarcaba en principio a medio millón de soldados
y 40.000 miembros de los cuerpos de emergencia. El día 12 Rumsfeld
declaraba ante la CNN que, siguiendo las indicaciones presidenciales,
él sería el primero en vacunarse (de lo cual, por cierto, no existen
pruebas documentales).
Como resultado de la decisión presidencial el Pentágono hizo acopio
no sólo de vacunas sino también de un medicamento, el Vistide,
para "paliar" los fuertes efectos secundarios que podía provocar
la vacuna. Lo singular es que el Vistide era un medicamento
autorizado para ¡el tratamiento de infecciones virales graves
en los ojos de personas infectadas con el VIH! Y fue el US
Army Medical Research & Materiel Command (USAMRMC) quien obtuvo
de la FDA permiso en septiembre del 2002 para usarlo bajo un protocolo
especial en los casos de viruela. ¿La excusa? Que el U.S. Army
Medical Research Institute of Infectious Disease tenía en
su poder investigaciones que concluían que el Vistide podía
usarse para prevenir la enfermedad y muerte relacionadas con la
varicela ¡en monos!, similar a la viruela en humanos. Sin embargo,
que se sepa ningún estudio hecho sobre humanos avalaba su uso
en soldados o civiles en nada relacionado con esa grave enfermedad.
William Engdahl, analista político crítico con la Administración
Bush, recordando el episodio de la amenaza de la viruela, escribió
a finales del pasado año en un artículo titulado ¿Es la gripe
aviaria otra broma del Pentágono? lo siguiente: "Cada vez
más profesionales experimentados advierten de los peligrosos efectos
secundarios de la vacuna contra la viruela. Afirman que puede
producir, entre otros, graves enfermedades cerebrales y del corazón,
autismo, cambios cromosomáticos anormales, diabetes y diversos
cánceres y leucemias así como la desmielinización de los tejidos
nerviosos años después de la vacunación. Muchos pensaron si no
sería mejor correr el riesgo de un ataque bioterrorista que vacunarse.
La campaña de vacunación masiva contra la viruela fue un fracaso.
Pero entre tanto se produjeron millones de dosis de Vistide que
se vendieron al Gobierno norteamericano para disminuir los efectos
de la viruela por si se llevaba a cabo un hipotético ataque. El
Pentágono fue uno de los mayores compradores de Vistide en ese
momento".
Bueno, pues resulta que el Vistide, el fármaco beneficiado
por el Pentágono, es -¡qué casualidad! - un fármaco de
Gilead Sciences Inc, la multinacional de la que es accionista
Donald Rumsfeld. Todo un negocio si tenemos en cuenta que según
la Universidad de Pensilvania el coste de la unidad de
Vistide (375 mg) era en julio del año pasado de 725,64
$ y la recomendación para su uso como antivírico es la de una
dosis de 350 mg cada dos semanas. Otro negocio redondo.
NO HAY DOS SIN TRES
Agregaremos para los que todavía crean en
tantas casualidades que no fue con motivo de la vacunación contra
la viruela cuando apareció por primera vez el nombre de Rumsfeld
vinculado con un producto relacionado con la salud. En 1965, mientras
trabajaba en un fármaco contra la úlcera, James Schlatter
-un químico de la empresa GD Searle- descubrió accidentalmente
el aspartamo, una sustancia 180 veces más dulce que el
azúcar pero sin calorías que aún hoy, a pesar de su uso generalizado,
sigue envuelta en la controversia. El caso es que ocho años después
de su descubrimiento -en 1973- la FDA descartó la comercialización
del producto ante las dudas existentes sobre su toxicidad. Y seguir
el relato de lo ocurrido a través de la descripción de James
Turner -director del National Institute of Science, Law
and Public Policy- en The History of the Aspartame Controversy
es adentrarse en un mundo oscuro de maniobras políticas donde
al parecer casi todo vale. Resulta que en 1976, dos años después
de que el producto obtuviera la autorización para su uso en comidas
aunque no en bebidas, la FDA decidió emprender una investigación
sobre la fiabilidad de los estudios presentados por GD Searle.
Y se descubrió que los resultados de las pruebas estaban llenos
de inexactitudes y datos maquillados. Por primera vez en su historia
la FDA solicitaría por ello a la Fiscalía General una investigación
para averiguar si GD Searle había cometido delito por "ocultar
hechos materiales y realizar falsas declaraciones en las pruebas
de seguridad del aspartamo".
Bueno, pues el 8 de marzo de 1977 GD Searle, ante el
acoso al que estaba sometida, decidiría nombrar a Donald Rumsfeld
-por aquel entonces miembro del Congreso y antiguo Secretario
de Defensa con la Administración de Gerald Ford, nuevo
Jefe Ejecutivo de la empresa. Sin embargo, a pesar de que finalmente
el Gran Jurado nunca llegaría a reunirse, en 1980 The Public
Board of Inquiry concluiría que el NutraSweet (aspartamo)
no podía ser aprobado hasta que se realizasen más investigaciones
ya que se habían detectado tumores cerebrales en los animales
a los que se había suministrado el producto. GD Searle
se veía así de nuevo en un callejón sin salida.
Lo que pasó luego lo relata claramente Turner: "En enero de
1981 Rumsfeld, en una reunión de directivos de ventas de la compañía,
declararía que iba a hacer un gran esfuerzo para conseguir la
aprobación del aspartamo ese mismo año. Añadiendo que en lugar
de medios científicos a fin de asegurarse la aprobación usaría
sus influencias políticas en Washington". Sólo unos días después,
el 21 de enero, Ronald Reagan juraba como Presidente de
Estados Unidos e incluía en su equipo a Donald Rumsfeld. Nombrándose
poco después un nuevo Comisionado en la FDA: Arthur Hull Hayes
Jr.
El resto es conocido: en junio de ese mismo año se aprobaba el
uso del aspartamo en bebidas gaseosas y otros líquidos.
Lo que fue posible porque en uno de sus primeros actos como máximo
responsable de la seguridad alimenticia y farmacéutica Hull Hayes
decidió con su voto de calidad el empate que se produjo en la
votación. Empate que, por otra parte, fue posible -según se denunció-
porque a última hora se incorporó además a la Comisión que tenía
que decidir nuevamente sobre los estudios sobre el aspartamo
un hombre cercano a Hayes.
Don Harkins -del Idaho Observer, publicación crítica
con el Gobierno norteamericano- describió así lo sucedido: "Rumsfeld
antepuso la política a la seguridad y salud públicas, y a causa
de ello cientos de millones de personas en el mundo no pueden
pensar claramente y sufren diversas enfermedades crónicas. Por
tanto es lógico que los síntomas asociados al uso del aspartame
sean conocidos como "la enfermedad de Rumsfeld'". A día de
hoy, como decíamos, sigue la polémica sobre el aspartamo
aunque eso es ya objeto de otro reportaje.
NI HAY TRES SIN CUATRO
Claro que como no hay tres sin cuatro resulta
que tampoco fue esa la primera vez que el nombre de Rumsfeld ha
aparecido vinculado a una vacunación masiva. Rumsfeld formaba
parte del gabinete de Gerald Ford -con quien a los 43 años llegó
a ser el Secretario de Defensa más joven de la historia de Estados
Unidos (1975-1977)- cuando en 1976 se empezó a extender la alarma
entre la población sobre una posible epidemia de gripe similar
a la de 1918. Como vemos, lo de las alarmas no es nuevo.
Todo empezó cuando un recluta murió en New Jersey de una gripe
que los expertos pensaron que "podía" estar relacionada con el
virus de la gripe del cerdo. Y enseguida empezó a hablarse de
una pandemia similar a la de 1918. ¿Y cuál fue la solución propuesta
por la Administración? Poner en marcha una campaña de vacunación
masiva.
En su reciente obra Las Guerras del cangrejo: un cuento de
cangrejos herradura, bioterrorismo y salud humana, William
Sargent -escritor medioambiental- recuerda: "Rumsfeld,
que era entonces y es de nuevo Secretario de Defensa, hizo de
la gripe del cerdo un problema político para prestigiar la campaña
del presidente Ford, un líder interino sin una causa (recordemos
que Ford llegó a la presidencia por la dimisión de Richard
Nixon a causa del caso Watergate en 1974 y las elecciones
se celebraban al año siguiente). A instancias de Rumsfeld la
Administración llegó a afirmar que 'vacunaría a cada hombre, mujer
y niño'. Se fabricaron grandes cantidades de vacunas y se distribuyeron
rápidamente. Algunos lotes resultaron contaminados. Seiscientas
personas enfermaron y 52 murieron. El programa se detuvo un mes
después de comenzar. Y nadie murió de la gripe del cerdo". El
colofón de la historia es que el uso de la vacunación como arma
política acabó mal en esa ocasión: Ford perdería las elecciones
y James Carter se convertiría en el nuevo presidente de
Estados Unidos.
BUSH, AL AUXILIO DE LAS MULTINACIONALES
FARMACÉTICAS
En definitiva, al igual que las coincidencias
unen a Donald Rumsfeld con diversos estados de alarma sanitaria
en el pasado quizás sea también casualidad que coincidiendo con
la alarma de la gripe aviaria los republicanos hayan dado luz
verde a una ley -de momento en el Senado- que cubre algunas de
las grandes aspiraciones de los fabricantes de vacunas al aprobarse
en el Subcommittee on Bioterrorism and Public Health Preparedness
la "iodefense and Pandemic Vaccine and Drug Development
Act of 2005 (S1873).
La ley S1873 -o Ley Burr por Richard Burr,
presidente del Comité- crea la Biomedical Advanced Research
and Development Agency (BARDA) como responsable único en el
Estado de la investigación avanzada y desarrollo de medicamentos
y vacunas en respuesta a los brotes de bioterrorismo y epidemias
de enfermedades naturales como la gripe.
La nueva agencia, la BARDA, operará en secreto y estará exenta
de la Freedom of Information Act and the Federal Advisory Committee
Act de tal manera que ninguna evidencia sobre lesiones
o muertes causadas por medicamentos y vacunas etiquetadas como
"contramedidas" se hará pública nunca. La ley eliminará
además los elementos reguladores y legales aplicados a las vacunas
así como el derecho de los niños y adultos dañados por
vacunas y medicamentos a presentar su caso ante la Justicia.
"Esta legislación -manifestó Bárbara Loe Fisher,
presidenta del National Vaccine Information Center (NVIC),
como el poder y el dinero otorgado a los funcionarios de salud
federales y a la industria en el Homeland Security Act of 2002
y en el Project Bioshield Act of 2004, es un esfuerzo inconstitucional
por absolver a todos los relacionados con la fabricación de vacunas
de cualquier responsabilidad por las lesiones y muertes que ocurran.
Significa que si un americano es dañado por una vacuna de gripe
experimental o ántrax que se le obliga a ponerse a ese ciudadano
se le prohibirá ejercer el derecho constitucional a pedir responsabilidades
aún cuando se revele que el fabricante de la vacuna incurrió en
un fraude delictivo y negligencia en la fabricación de la vacuna".
Y por si no tuviera bastante con esa ley, George Bush, en el marco
de la actual crisis sanitaria mundial, ha defendido la Pandemic
Flu Countermeasure Liability Protection Act de 2005 por la
que se insiste también en proteger a productores y distribuidores
de vacunas de urgencia de posibles pleitos por lesiones
excepto en los casos de "mala conducta voluntaria", un
término que en todo caso será definido por las propias autoridades
gubernamentales.
Si la ley de Burr y la de Bush llegan a término tal y como pretenden
sus impulsores las cargas económicas necesarias para asegurar
que las vacunas asignadas son seguras podrán quedar reducidas
y los americanos se enfrentarán a un futuro en el que el Gobierno
podrá obligarles a que tomen drogas experimentales poco reguladas
y vacunas presentadas como "contramedidas" sin poder tan siquiera
ejercer sus derechos ante la Justicia en caso de lesión o muerte.
Se habrá concretado "el sueño de cualquier accionista de una
compañía farmacéutica y la peor pesadilla de un consumidor",
tal como definió a la ley Burr la portavoz del National
Vaccine Information Center, Bárbara Loe Fisher.
Una razón más que podría ayudar a entender mejor a los lectores
el contexto de las decisiones de George Bush: desde 1998 los políticos
más beneficiados por las aportaciones de las multinacionales farmacéuticas
han sido los republicanos, con George W. Bush a la cabeza, que
ingresó -según un informe del Centro para la Integridad Pública
de Estados Unidos- 668.339 euros procedentes de ellas, la
mayor parte en donaciones individuales. En cuanto a los demócratas
destaca el senador y candidato a la presidencia John Kerry
con 255.379 euros. El informe revela además que la industria
farmacéutica gastó durante el año 2004 más de 107 millones de
euros en tratar de condicionar las decisiones del Gobierno a través
de lobbys (grupos de presión). En los últimos siete años la industria
farmacéutica -según datos del mencionado Centro para la Integridad-
ha invertido en total ¡más de 670 millones de euros! en actividades
encaminadas a presionar al Gobierno y en donaciones para campañas
electorales a nivel federal y estatal. Y supone el mayor gasto
realizado jamás desde un sector industrial para tratar de influir
sobre las decisiones del ejecutivo estadounidense.
LOS VIRUS TAMBIÉN SON ARMAS
El número de coincidencias en torno
a la gripe aviaria es, en suma, inexplicable. ¿O no lo es acaso
también que justo en plena expansión de la gripe aviaria -con
amenaza de pandemia incluida- se de a conocer a la opinión pública
que un equipo de investigadores ha logrado reconstruir el mortífero
virus de la gripe española en un laboratorio de alta seguridad
en un intento de tratar de conocer los secretos de la virulencia
de la gripe de 1918? Imprescindible "avance" -se nos dice- si
se quiere tener una vacuna. Aunque lo que menos tranquiliza de
la noticia es que junto a entidades como el Instituto Médico
Monte Sinaí o el Centro estadounidense para el Control
de Enfermedades aparezca el Instituto de Patología de las
Fuerzas Armadas uno de cuyos responsables, Jefferey Taubenberger,
fue el encargado en octubre pasado de anunciar al mundo que la
gripe de 1918 se había iniciado en las aves. Y es que resulta
preocupante saber que desde la década de los 50 del pasado siglo
XX, en que el Ejército de los Estados Unidos promovió una expedición
a Nome (Alaska) para tratar de recuperar el virus de cadáveres
enterrados bajo la nieve, los militares están detrás de descubrir
los secretos de su virulencia. Entonces los restos no se encontraron
lo suficientemente congelados y ha habido que esperar hasta el
pasado año para recrear la secuencia completa del virus. ¡Qué
suerte! ¡Justo ahora!
Claro que además de estas investigaciones hay decenas de laboratorios
en todo el mundo manipulando el virus de la gripe en busca de
vacunas. Pero, ¿contra qué virus mutado? No se sabe. En la Universidad
de Wisconsin, por ejemplo, un grupo de investigadores dirigido
por Yoshihiro Kawaoka -director del proyecto de investigación-
ha averiguado cómo manipular genéticamente un tipo de virus de
la gripe común que no es muy virulento para convertirlo en un
virus agresivo añadiendo sólo dos genes del devastador agente
infeccioso de la llamada gripe española. Y se trata sólo
de una de las muchas investigaciones que se están realizando al
respecto. La diferencia es que ésta, al menos, es pública.
En definitiva, la gripe aviaria podría estar siendo utilizada
como perfecta coartada para realizar investigaciones que atendiendo
al convenio internacional de 1969 contra la proliferación de armas
biológicas no resultarían muy presentables. La creación de variaciones
artificiales sobre el virus H5N1 u otros virus de la gripe o sobre
otros agentes biológicos con la justificación de ataques bioterroristas
o epidemias podría acabar desembocando en la creación de virus
artificiales mucho peores que cualquier mutación de la naturaleza
o de virus nuevos... Eso sí, con vacunas y fabricantes incluidos.
Así que por el mismo precio tendríamos virus... y vacuna.
¿Qué guía la voluntad del actual Gobierno norteamericano, locomotora
científico-económica-militar de Occidente? ¿La preocupación por
nuestra salud, sus propios intereses privados o más bien oscuros
intereses estratégicos fruto de una particular visión mesiánica
del mundo?
Por si acaso no estará de más terminar recordando una cita de
Benjamín Disraeli, Ministro de Finanzas de la Reina Victoria
de Inglaterra: "El mundo está gobernado por personajes que
no pueden ni imaginar aquellos cuyos ojos no penetran entre los
bastidores".
Antonio F. Muro
El Tamiflu se extrae del anís estrellado
El Tamiflu se extrae del anís estrellado
El principal componente del Tamiflu es el anís estrellado
o badiana -fruto de un pequeño árbol conocido como Illicium verum
Hook- y en él se encuentra una notable cantidad de aceite esencial
rico en anetol, felandreno y limoneno, aldehídos y cetonas, cineol
y algo de safrol. Composición que determina su acción carminativa,
eupéptica, espasmolítica y antidiarreica. De hecho es lo primero
que se suele dar en muchos lugares a los niños recién nacidos
en cuanto empiezan con problemas digestivos ya que logra aplacar
los gases. También se indica en las personas mayores que sufren
gastroenteritis, meteorismo, espasmos gastrointestinales, catarros
y bronquitis. Según el fabricante el Tamiflu contiene también
fosfato de oseltamivir, una sustancia que en el organismo
se convierte en oseltamivir, droga activa que tiene la
facultad de inhibir las neuraminidasas, unas enzimas de los virus
de la gripe constituidas por glucoproteínas. La actividad neuraminidásica
es esencial para que las partículas víricas recién formadas abandonen
las células infectadas y prosigan la diseminación infecciosa por
el organismo siendo precisamente eso lo que según el fabricante
impide el oseltamivir activo. Además de bloquear el crecimiento
de los virus gripales inhibiendo su replicación y patogenicidad.
Ahora bien, en dosis elevadas puede resultar tóxica. De hecho
entre los efectos secundarios conocidos y reseñados en muchos
libros se dice que el anís estrellado puede producir delirios,
anestesia y convulsiones. De hecho la FDA comunicó hace escasas
semanas que ha detectado en 32 casos delirios, alucinaciones,
encefalitis y convulsiones. También la Agencia Europea del
Medicamento (EMEA) solicitó el 16 de noviembre pasado a la
multinacional Roche que revise sus datos sobre la seguridad
del Tamiflu tras haber registrado problemas psiquiátricos
en pacientes que tomaban el fármaco e, incluso, dos casos de presuntos
suicidios: un joven de 17 años en febrero de 2004 y un niño de
14 en febrero del 2005. En ambos casos los adolescentes manifestaron
antes del fatal desenlace un comportamiento anormal. Ya en noviembre
del 2001 nuestro Ministerio de Sanidad y Consumo prohibió la venta
y distribución de anís estrellado en España al sospechar que su
ingesta podía haber provocado efectos adversos en 20 lactantes.
Dicho lo cual hay que añadir que el Tamiflu sólo sirve
para aliviar síntomas, no está demostrado que prevenga siquiera
el contagio de la gripe común y la posibilidad de que pudiera
ser eficaz contra una mutación del famoso virus de la gripe aviaria
H5N1 que se contagiara entre humanos es puramente especulativa.
Hoy por hoy adquirir Tamiflu es un completo sinsentido.
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