El escándalo del Tamiflú: ni seguro, ni eficaz

Que no esté demostrado que el fármaco más usado contra la gripe sea eficaz y seguro cuando desde la OMS y los ministerios de Sanidad de todo el mundo se ha estado diciendo lo contrario y se han comprado de forma masiva cientos de millones de dosis -más de quince en nuestro país- es una vergüenza. A fin de cuentas parece haber causado ya varias muertes y numerosos casos de alteraciones psicológicas, comportamientos anormales, agresividad, delirios, alucinaciones, convulsiones y hasta pensamientos suicidas. Y eso queel Tamiflu ni siquiera previene la gripe y lo único que hace una vez alguien se ha contagiado -si es que de verdad hace algo positivo- es reducir mínimamente el tiempo y la severidad de los síntomas.

Aunque no esté incluido en el programa de actuaciones para la presidencia española de la Unión Europea José Luis Rodríguez Zapatero bien podría aprovechar alguna de las reuniones al más alto nivel a las que va a acudir para tratar de buscar solución a una de las cuestiones que comienzan a dar dolor de cabeza a sus principales gobernantes: Y ahora que la gente -vaya papelón el nuestro- se ha dado cuenta de que lo de la gripe A era una estafa, ¿que hacemos con todas las vacunas acumuladas? ¿Y con el Tamiflu?

Y es que en muchos países ya se habla de renegociar los contratos que firmaron los gobiernos europeos con las multinacionales farmacéuticas confundidos por una Organización Mundial de la Salud (OMS) que comenzó tocando la campana de alarma innecesariamente y terminó aconsejando dos dosis de vacuna por persona. ¿Se pedirá por ello responsabilidades a los dirigentes de la OMS? No debería descartarse en absoluto. De hecho el presidente de la Comisión de Salud del Consejo de Europa, el alemán Wolfgang Wodarg -médico y epidemiólogo-, va aponer en marcha una comisión de investigación para averiguar si en la toma de decisiones de la OMS pesaron más las razones del lobby farmacéutico que las razones médicas. ¡Por fin alguien al más alto nivel parece decidido a investigar el gigantesco fraude de la gripe A!

Otra opción que barajan algunos gobiernos es colocarles las vacunas y los antivirales a los países menos desarrollados y por tanto con una población menos o peor informada. Lo mismo hasta contabilizan el envío de las vacunas sobrantes dentro de las partidas para el desarrollo, un artilugio contable que les serviría para justificar lo injustificable: un gasto descomunal innecesario de dinero público.

El mismo problema tienen nuestros gobiernos con la enorme cantidad de oseltamivir -o, como ya es internacionalmente conocido, de Tamiflu- un antiviral cuya eficacia real ha pasado a estar ya bajo sospecha científica en los últimos dos meses. Pero a grandes males, grandes remedios. En una decisión insólita la Agencia Europea del Medicamento ha decidido ¡aumentar el tiempo de caducidad del producto ya envasado con lo que comprimidos que hasta hace dos días caducaban en cinco años ahora lo harán ¡en siete! Es decir, con un simple chasquido de dedos -y una vez más justificándose con la excepcionalidad de la gripe A- lo que ayer no se estropeaba en 5 años pasa ahora a no estropearse en 7 ¿Quién dice que los políticos no hacen magia?

España, claro está, acogió diligentemente esa decisión. No es para menos si tenemos en cuenta que tenemos una reserva de ¡15 millones de unidades de antivirales” -fundamentalmente de Tamiflu– y apenas se han utilizado en esta “grave crisis”. Los diez millones que se compraron entre 2005 y 2006 ven ampliados así su “vida útil” a la espera de una nueva pandemia (aunque ahora deberán inventársela mucho mejor para hacerla creíble, algo ya muy difícil). Lo curioso es que mientras el Ministerio de Sanidad se escuda en que se trata de una decisión “habitual” Farmaindustria –la propia patronal farmacéutica-reconoce que se trata de una medida “excepcional”. Una más…

Claro que peor lo tienen los franceses. Francia adquirió ¡94 millones de dosis! el pasado mes de julio por 869 millones de euros (1.250 millones de dólares) y tan sólo hace unos días el diputado por París del partido gobernante UPM, Bernard Debré, médico, señaló que su país había comprado un tercio del Tamiflu de todo el mundo sólo por “las presiones de los laboratorios” subrayando que “en julio hubo una presión absolutamente fantástica de los mismos”. E incapaces de soportar esa presión entonces –¡qué poco aguante el de los políticos- ahora quieren trasladársela a los médicos. El Director General de Salud francés, Didier Houssin, ha enviado una circular a todos los médicos invitándoles a que receten oseltamivir (Tamiflu) como tratamiento para ¡todas las infecciones gripales! En pocas palabras: ¡Tamiflu para todo el que estornude! Afortunadamente ya ha recibido respuesta en forma de carta abierta firmada por más de mil médicos que se manifiestan contrarios a generalizar la prescripción de un producto que según denuncian “no ha demostrado su eficacia real”. En fin, que no ha sido un buen final de año para el Tamiflu.

NOSOTROS SÍ LO ADVERTIMOS

La eficacia del rey del verano, el medicamento escogido por los medios al servicio de las farmacéuticas como la gran solución para prevenir y luchar contra la gripe A, la compra estrella de los gobiernos occidentales fue puesta en evidencia antes de que se acabara el 2009. En esta ocasión los avisos dudando de los datos proporcionados por el laboratorio fabricante llegaron desde el todopoderoso British Medical Journal por lo que ahora sería de esperar que entonaran el mea culpa de su servilismo quienes antaño cargaron desde sus privilegiadas tribunas contra quienes de forma independiente venimos denunciando las limitadas posibilidades del Tamiflu en el tratamiento de la gripe, el fraude que suponía la enorme campaña mediática que los grandes medios de comunicación le regalaron y el gasto inútil de cientos de millones de euros para reducir sólo los síntomas de la gripe apenas ¡un día!

En estas mismas páginas, y a la vista de estudios que ya estaban al alcance de cualquiera con un mínimo interés por la verdad, dijimos que el “Tamiflu (oseltamivir) es un antiviral queno previene ni cura nada. Como mucho alivia -y no siempre ni completamente- los síntomas de una gripe normal siempre y cuando comience a tomarse a las 48 horas como máximo de aparecer los primeros síntomas. Está pues muy lejos de ser un medicamento eficaz como se ha hecho creer. Ni siquiera es seguro como la gente piensa”.

Y también recordábamos a nuestros lectores que en marzo del 2007 el Ministerio de Salud de Japón prohibió la administración del oseltamivir a los jóvenes de entre 10 y 19 años. El ministerio había decidido previamente -en mayo del 2004- cambiar los textos que acompañaban al oseltamivir e incluir como posibles efectos adversos “trastornos neurológicos y psicológicos como la alteración de la conciencia, el comportamiento anormal y las alucinaciones”. Según el ministerio entre el 2004 y marzo del 2007 quince personas de entre 10 y 19 años resultaron heridas o murieron por saltos voluntarios o caídas de edificios tras tomar oseltamivir y uno de 17 murió por ponerse voluntariamente delante de un camión.

Lo dijimos cuando los demás medios guardaban un silencio que ahora se ha revelado cómplice con el poder y desleal con sus lectores, radioyentes o telespectadores. Pues bien, un equipo de la prestigiosa organización internacional Cochrane Review confirmó a comienzos de diciembre de 2009 en el British Medical Journal que de los ensayos clínicos del fármaco sólo puede desprenderse que el Tamiflu es capaz de reducir el curso de una infección de gripe en sólo un día. “Los inhibidores de la neuraminidasa (oseltamivir) –señalan en su conclusión- tienen una modesta eficacia frente a los síntomas de la gripe en adultos sanos”. Los autores del estudio señalan además que del análisis de esos mismos datos no se puede concluir, como se ha venido afirmando, que el medicamento sea efectivo para reducir las complicaciones y hospitalizaciones causadas por la gripe. Y lo que quizás sea más preocupante; no es posible afirmarlo porque según denuncian el fabricante, Roche, les negó el acceso a datos clave de ocho ensayos clínicos fundamentales. “La escasez de buenos datos –añaden- ha socavado los hallazgos previos sobre la capacidad de prevención del oseltamivir de complicaciones de la gripe. Se hacen necesarios ensayos aleatorios independientes para resolver estas incertidumbres”.

Así que a ver, ¿quién se hace responsable ahora de los cientos de millones de euros gastados en almacenar dosis de un producto, el Tamiflu. sobre cuya seguridad y eficacia hay a nivel científico dudas más que razonables?En un comentario editorial que acompaña el informe la editora del British Medical Journal Fiona Godlee afirma: «Los gobiernos de todo el mundo se han gastado miles de millones de libras en un medicamento del que la comunidad científica se muestra ahora incapaz de juzgar su utilidad».

Obviamente lo ocurrido no sólo pone en tela de juicio la eficacia y seguridad del Tamiflu sino el propio sistema por el que un fármaco acaba adquiriendo reconocimiento internacional. Pero vayamos por partes.

DATOS OCULTOS, VERDADES A MEDIAS

Cochrane Reviewes una organización británica sin ánimo de lucro especializada en la revisión independiente de los ensayos publicados sobre la eficacia de un medicamento o tratamiento para determinar su efectividad. En una revisión del 2005 de los trabajos publicados sobre el Tamiflu y en una actualización posterior del 2008 un grupo encabezado por Tom Jefferson -del grupo de infecciones agudas respiratorias de la Cochrane en Roma- llegó a la conclusión de que el fármaco era eficaz para reducir las complicaciones de la gripe. Sin embargo el pediatra japonés Keiji Hayashi cuestionó por carta sus resultados el pasado verano en una carta alegando que el equipo no había visto de forma directa los datos en bruto sobre los que se basaban los estudios examinados. Hayashi estaba especialmente preocupado por los efectos secundarios del fármaco: insomnio, náuseas, pesadillas, dolor abdominal, dolor de cabeza y ciertos trastornos neuropsiquiátricos sospechosos de ser causa de suicidio o de intento entre los adolescentes japoneses (como ya mencionamos anteriormente).Hayashi se mostró especialmente preocupado sobre todo por el hecho de que Japón consume más del 60% de la producción mundial del medicamento.

Bajo las normas de Cochrane el equipo tenía seis meses para responder a Hayashi. El grupo de trabajo dirigido por Chris Del Mar, coordinador del Cochrane Acute Respiratory Infections del que formaba también parte Jefferson, intentó acceder a los datos originales de los ensayos pero lo que debería haber sido un sencillo ejercicio para confirmar la base de las pruebas en la práctica se convirtió en una compleja investigación. Los investigadores intentaron analizar los datos de los ensayos en los que habían basado sus conclusiones anteriores. Llegaron así al trabajo de Kaiser y otros que sirvió para confirmar los posibles efectos positivos del oseltamivir en la reducción del riesgo de hospitalización y sobre las posibles complicaciones (neumonía y otras infecciones respiratorias bajas) en personas aquejadas de gripe. El núcleo sobre el que se cimentó la credibilidad del producto. Pues bien, el grupo de Cochrane constató que el análisis de Kaiser había sido financiado ¡por el propio fabricante del medicamento!: la multinacional Roche. Y que además se basaba por completo en 10 ensayos también financiados por Roche, sólo dos de los cuales habían sido publicados como artículos en revistas revisadas por homólogos. Los 10 ensayos incluidos habían sido escritos por empleados de Roche y consultores académicos pagados asimismo por el laboratorio. La revisión no pudo encontrar ensayos de oseltamivir en adultos sanos de carácter independiente. Así que cuando trataron de acceder a los datos de los 8 ensayos no publicados -que incluían la participación de 2.691 pacientes- se encontraron con la oposición de Roche que más tarde propuso proporcionar los datos siempre que los hombres de Cochrane firmaran un acuerdo de confidencialidad que impedía su publicación. Como era de esperar se negaron y las negociaciones llegaron a un callejón sin salida. Más preocupante aún: el autor académico nombrado en el abstract del ensayo en el análisis de Kaiser y en otros documentos de la compañía había declarado al British Medical Journal que ¡no estaba involucrado en el ensayo!

Ante la falta de acceso a los datos necesarios y en contradicción con su anterior actualización – escriben la ya mencionada Fiona Godlee (editora en jefe de la revista) y Mike Clarke (director en el editorial adjunto al informe)- Jefferson y otros concluyeron que ya no mantienen la confianza en las afirmaciones de que el oseltamivir reduce el riesgo de complicaciones y hospitalización en las personas con gripe. Al hacerlo han llegado a una conclusión similar a la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos y a la reciente evaluación de tecnologías sanitarias realizada en el Reino Unido por el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (NICE) que concluyeron que no hay pruebas suficientes sobre su acción en caso de complicaciones (…) Sin embargo, afirmar que el oseltamivir disminuye las complicaciones ha sido un elemento clave para justificar la promoción del medicamento, su uso generalizado. Los gobiernos de todo el mundo se han gastado miles de millones de libras en un medicamento del que la comunidad científica se muestra ahora incapaz de juzgar su utilidad».

Con el plazo terminado el equipo de Jefferson decidió publicar sus resultados sin tener en cuenta los datos de los ocho estudios a los que se les había negado el acceso. Y sin esos estudios no hay conclusión posible sobre la eficacia de la droga.

ADEMÁS DE INEFICAZ, NOCIVO

“El oseltamivir no solo es ineficaz sino que es perjudicial: ésa es la cuestión”. Esta contundente afirmación es el título de la carta dirigida por Rokuro Hama -jefe del Instituto de Farmacovigilancia del Japón, entidad sin ánimo de lucro- al British Medical Journal al hilo del debate suscitado por el artículo de Cochrane y los editoriales adjuntos.

Los argumentos de Hama tienen una mayor relevancia si tenemos en cuenta que Japón es el mayor consumidor mundial de Tamiflu, importado por la compañía farmacéutica japonesa Chugai –cuyo 50% es propiedad de Roche– y la casuística registrada entre sus jóvenes.

La cuestión –comienza diciendo en su carta Rokuro Hama- no es sólo que es ineficaz (al menos no hay pruebas de eficacia y efectividad) para prevenir complicaciones en personas sanas o que no haya pruebas de que evite complicaciones en personas con enfermedades asociadas. Más grave es el problema de los efectos nocivos del oseltamivir. Por ejemplo, hay pruebas sustanciales de que cuando se utiliza en ensayos controlados aleatorios (ECA) para la prevención de la gripe dirigida a personas sanas los principales efectos psicóticos y/o reacciones psiquiátricas, las mayores complicaciones renales y diabéticas se observaron en el grupo del oseltamivir”. Y después continúa hablando de otros riesgos: “Si tienen hipercitokinemias severas inducidas en diversas complicaciones de la gripe tales como insuficiencia respiratoria aguda, encefalopatía o sepsis con múltiples fallos orgánicos el oseltamivir puede afectar más seriamente”.

Hama continúa señalando que el producto es arriesgado no sólo entre las personas que sufren complicaciones derivadas de la gripe sino también entre quienes padecen patologías previas al contagio de la enfermedad. Señala por ejemplo que el sistema nervioso central puede ser fácilmente deprimido por el oseltamivir en pacientes que tienen trastornos del sistema nervioso hasta llegar, en el peor de los casos, a poder provocar una parada respiratoria repentina. Y agrega que puede contribuir también a que la apnea del sueño aumente en personas extremadamente obesas dando como resultado la muerte súbita durante el sueño. O aumentar la insuficiencia respiratoria en pacientes que sufren de complicaciones pulmonares y/o enfermedades cardiacas. Es decir, hablamos de grupos de riesgo a los que las autoridades sanitarias animaron precisamente a utilizar antivirales. Esperpéntico.
Tal es su convencimiento que Rokuro Hama finaliza su carta como la empezó: “Me gustaría concluir recordando que el problema real es el daño que causa el oseltamivir”.

UN SISTEMA CUESTIONABLE

En suma, el caso Tamiflu ha dejado en evidencia las limitaciones del actual sistema de aprobación de fármacos que permite que un medicamento llegue a ser superventas sin un análisis suficiente e independiente de los datos proporcionados por el laboratorio. Y así lo denunciaban Fiona Godlee y Mike Clarke en su editorial: “Este caso expone cómo se genera la evidencia sobre la seguridad y la eficacia de un medicamento. Gobiernos y organismos internacionales se han apoyado mucho en el estudio de Kaiser y otros así como en los estudios observacionales para justificar el almacenamiento y el uso generalizado de oseltamivir. No cabe duda de que suponen que otros han analizado de forma crítica y exhaustiva el conjunto completode datos. Esosotros incluirían las agencias reguladoras de medicamentos y los evaluadores de tecnologías de la salud -como el NICE- así como los editores de revistas y revisores de Cochrane. Pero no es así como funciona el sistema. Los reguladores de fármacos piden ciertos datos a la empresa antes de autorizar un medicamento y pueden hacer sus propios análisis pero muchos datos quedan sin revisar. Las evaluaciones NICE se basan en la información seleccionada de las compañías de medicamentos así como en las revisiones sistemáticas. Las revisiones sistemáticas Cochraneinvolucran extensas búsquedas de informes de investigación publicados y no publicados pero sólo rara vez se remontan a los datos brutos. Las revisiones sistemáticas sobre la base de datos de pacientes individuales son el patrón oro pero consumen tiempo y dinero. En cuanto a las revistas pueden pedir ver el conjunto de datos completo si sospechan de juego sucio pero eso es raro. Rutinariamente revisan sólo lo que se presenta en el manuscrito”.

El resultado final es quelos laboratorios han acabado por controlar el mercado farmacéutico proporcionando sólo aquellos datos que convienen a sus intereses y ocultando los que les pueden perjudicar poniendo el negocio en peligro. De ahí que Godlee y Clarke concluyan:“El sistema actual no está funcionando Peor que eso, da una falsa sensación de seguridad.Los fracasos del sistema han dejado un legado de evaluaciones de medicamentos para los que en ausencia de mejor información debemos asumir el mismo nivel de confusión e incertidumbre que respecto al oseltamivir. La industria del medicamento, directa o indirectamente, se encarga de la mayoría de las evaluaciones de los medicamentos así que la mayoría de las pruebas utilizadas para apoyar la política de medicamentos y tratamiento sigue envuelta en el secretismo. Sólo en una minoría de casos los datos han sido objeto de un análisis y una interpretación completa e independiente. En muchos, en la mayoría de los casos, las únicas personas que han visto el conjunto de datos son los empleados de la empresa” (la negrita es nuestra).

Finalmente y tras la denuncia los autores proponen cambios radicales que permitan devolver la confianza en las afirmaciones de los laboratorios. Básicamente proponen la realización de muchos más ensayos financiados con fondos públicos, de nuevas formas para que la industria del medicamento financie estudios independientes para conseguir la autorización de sus medicamentos y las modificaciones normativas necesarias para garantizar el libre acceso a los datos en bruto para licenciar y comercializar un medicamento o para acceder a datos inéditos de medicamentos ya en el mercado. “En el caso concreto del oseltamivir –concluyen Godlee y Clark- Rochedebe aclarar sin demora exactamente quién hizo qué en relación con sus ensayos. Por último, las revistas deben considerar la adopción de las políticas de JAMA (el diario de la Asociación Médica Americana)sobre revisión estadística independiente y deberían presionar para la entrega de meta-análisis individuales independientes a partir de datos en pacientes siempre que sea posible, especialmente en relación con los medicamentos que van a ser utilizados en condiciones comunes y comprados en grandes cantidades para proteger la salud de los ciudadanos”.

Antonio F. Muro

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124
Febrero 2010
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