Cómo tratar muchos casos diagnosticados de autismo

Víctor nació en el 2008 de parto natural y sin complicaciones creciendo alegre, risueño y sin problemas de salud. Sin embargo a los 15 meses recibió la vacuna de la triple vírica y empezó a tener problemas que los médicos diagnosticaron como Trastorno Generalizado del Desarrollo, nombre que engloba al autismo y al Trastorno Desintegrativo Infantil así como a los trastornos de Rett, Asperger y Tourette.Afortunadamente hoy, con 3 años, es un niño normal. Y lo mismo le sucedió a Clara que también fue diagnosticada como autista y hoy es una estudiante destacada. ¿Y cómo? Pues porque sus padres recurrieron a un protocolo que considera que en muchos casos los síntomas del autismo los provoca la intoxicación con metales pesados y otras sustancias que no son eliminadas por el organismo infantil debido a problemas metabólicos y de asimilación de nutrientes. Porque cuando éstos se solucionan la patología en muchos casos revierte.

A estas alturas el artículo ¿Es la mala salud intestinal la causa del autismo y otras patologías neurológicas? aparecido en el pasado número de esta revista debiera estar encima de la mesa de cualquier médico -con independencia de su especialidad-, con mayor motivo si es pediatra o neurólogo. Es más, debería ser de obligada lectura -como tantos otros de los textos aquí publicados- en las facultades de Medicina dada la trascendencia de lo que explica y la facilidad con la que su autor –Juan Carlos Mirre– presenta los argumentos científicos que respaldan la indiscutible interacción entre lo que ocurre en nuestros intestinos y nuestro comportamiento neurológico, especialmente importante en el caso del deterioro de los niños autistas para los que se sigue diciendo que no hay cura posible.

Porque no es ésa la realidad. Cientos de niños de todo el mundo atestiguanya que en muchos casos el autismo sí tiene cura. Quizás no en todos los casos pues es preciso distinguir entre aquellos niños que desde el momento de nacer muestran una sintomatología autista -cuya evolución es impredecible pero difícil- y aquellos que llevando una vida feliz con un desarrollo completamente normal empiezan a presentar síntomas de deterioro en su comportamiento que, finalmente, tras muchas pruebas y angustia, suele ser diagnosticado como Trastorno Generalizado del Desarrollo o autismo. Síntomas que suelen aparecer generalmente entre los 15 y 18 meses ¡coincidiendo con la aplicación de alguna vacuna! Pues bien, utilizando la estrategia terapéutica adecuada en estos casos sí es posible a menudo recuperarles.

Y el hilo que han utilizado algunos padres para sacar del laberinto de su propia mente a sus hijos hasta conseguir notables mejorías -y en muchos casos la cura completa- es el tratamiento biológico del problema, la corrección de posibles déficits de vitaminas, minerales y aminoácidos así como de los fallos enzimáticos o de los problemas metabólicos que presentan y que generalmente se deben a problemas de asimilación de nutrientes en el intestino -por las razones que el mes pasado se expusieron en el artículo antes citado- lo que además de generar neurotoxinas impide una adecuada desintoxicación del organismo.

En suma, la evidencia acumulada en los últimos años parece confirmar la relación entre vacunas y autismo. Quizás no de forma directa pues las vacunas quizás no sean por sí solas la causa pero es indudable que contribuyen a provocar la patología debido a los componentes patógenos que lleva -entre ellos escualeno y/o mercurio- y acumularse éstos en un organismo debilitado incapaz de desembarazarse de las toxinas acumuladas tanto antes de nacer –estando aún en la placenta- como en los primeros meses de vida. Toxinas que serían las que acaban afectando al funcionamiento neurológico del niño.

En suma, hoy hay razones sólidas para afirmar que muchas de las patologías neurológicas se deben a un sistema digestivo en malas condiciones siendo vital la flora bacteriana y su frágil equilibrio dadas las agresiones dietéticas y los compuestos químicos tóxicos que constantemente ingerimos, especialmente antibióticos.La gran mayoría de los neurólogos asevera que eso no es cierto y que no hay estudios que respalden la relación entre nutrición y autismo. Por supuesto o son unos ignorantes o, sencillamente, mienten. Hay centenares de trabajos. El último de ellos publicado en junio de 2011 en el Journal of Nutrition and Metabolism con el título Nutriotional and Metabolic Status of Children with Autism vs Neurotypical Children and the Association with Autism Severity(Estado nutricional y metabólico de niños con autismo comparados con niños neurotípicos y su asociación con la severidad del autismo) dirigido por el profesor James Adams de la Arizona State University (EEUU). Un estudio que confirma lo que algunos médicos llevan observando en su práctica clínica desde décadas: que la dieta juega en los niños autistas un papel fundamental, hasta el punto de poder recuperarse por completo.

Se observaron –explican los autores del estudio- muchas diferencias significativas entre los grupos autista y neurotípico (…) En general, parece que los niños con autismo tienen muchas anomalías en su estado nutricional y metabólico. Las relaciones causales subyacentes de tales anomalías no son aún bien entendidas pero una cuestión importante en la atención clínica de niños con TEA es que si bien la mayoría de las vitaminas, minerales y aminoácidos en plasma se encontraban dentro del rango de referencia otros biomarcadores (estrés oxidativo, metilación y sulfatación) eran anormales lo que sugiere que pueden ser importantes guías para el tratamiento”.

Es decir, que aunque los niños con autismo pueden tener niveles normales de vitaminas, minerales y aminoácidos éstos pueden no cumplir sus funciones biológicas adecuadamente algo que puede detectarse mediante los mencionados biomarcadores que generalmente los médicos obvian pedir en las analíticas. El estudio confirma pues lo que muchos otros médicos han expuesto y aplican ya hoy día. “El análisis –continúan diciendo los mencionados investigadores- encontró que algunas vitaminas, minerales, aminoácidos y, en menor medida, otros biomarcadores se asocian significativamente con las variaciones en la severidad del autismo siendo el nivel de vitaminas especialmente importante. Nuestra hipótesis es que el apoyo a estos problemas nutricionales y metabólicos aumentando la ingesta de nutrientes puede reducir los síntomas y las comorbilidades asociadas con el autismo”. Y añaden: “Estas disfunciones nutricionales y metabólicas pueden estar relacionadas con la etiología del autismo”.

Bueno, pues esta realidad se sigue ignorando por los neurólogos.

LA FILOSOFÍA DAN!

En suma, muchos casos de autismo pueden abordarse eficazmente de manera integral y no farmacológica. Y de hecho hay ya una corriente de profesionales que la promueve. Son los impulsores del movimiento ¡Venzamos al autismo ahora! –en inglés Defeat Autism Now! (DAN!)– que está consiguiendo extraordinarios resultados. Pero que nadie se confunda: no existe un protocolo único, una varita mágica, como reconocen los mismos impulsores del movimiento en su libro Autismo: tenemos tratamientos biomédicos efectivos. ¿Hemos hecho todo lo que podemos por este niño? La Individualidad en una epidemia de autismo porque en él aclaran: “Nosotros, los autores y nuestros colegas en el grupo DAN!, deseamos ser claros: no contamos con un protocolo para tratar el autismo sino un planteamiento respecto a cómo abordar cada caso individualmente sabiendo que se trata de una epidemia cuyas causas son ambientales. De hecho nuestros pacientes responden a una amplia variedad de enfoques que dependen de la constitución de cada niño”.

De ahí que su propuesta consista -para empezar- en eliminar de la dieta todos los alimentos que el niño autista no puede digerir correctamente a fin de evitar la absorción de sustancias que el organismo no reconoce como nutrientes, compensar los posibles déficits de los mismos causados por la mala absorción intestinal mediante suplementos y otros tratamientos biológicos útiles para tratar problemas intestinales y favorecer la eliminación de toxinas; mediante quelaciones si es necesario.

El doctor Bernard Rimland, investigador del autismo durante casi 50 años, padre de un hijo autista al que calificaron de incurable y hoy lleva una vida normal e impulsor en Dallas -en 1995- de la primera conferencia DAN! compareció en el 2005 ante el Congreso de Estados Unidos y declaró formalmente: “Hoy, por primeravez en la historia, hay niños autistas tratados con éxito viviendo entre nosotros y disfrutando de sus vidas. Estos niños integrados que ya no llevan la terrible etiqueta de ‘autista’deben su liberación del autismo a modalidades de tratamiento que fueron -y siguen siendo- ridiculizados, ultrajados y rechazados por la mayoría de las autoridades reconocidas en el ámbito educativo y los establecimientos de atención médica del autismo”. Bueno, pues siete años después de ese discurso y a pesar de los resultados obtenidos la clase médica más “ortodoxa -controlada por la gran industria farmacéutica- sigue negando la posibilidad de afrontar el autismo desde las tripas.

Afortunadamente no es el caso de otros. “Nosotros, los doctores Sid Baker, Jon Pangborn y yo mismo – cuenta el Dr. Rimland en el libro antes citado-, comenzamos el proyecto DAN! por diversas razones. La principal era que estábamos en total desacuerdo con la insistencia de las principales corrientes médicas de que el autismo es incurable, una discapacidad de por vida cuyos síntomas sólo pueden paliarse con drogas psiquiátricas. Sid, Jon y yo sabemos que mucho de lo que en Medicina se dio por establecido era -y es- erróneo. Así que decidimos remediar la situación”.

Y podrían conseguirlo. En España por ejemplo son cada vez son más los padres de niños calificados de autistas que gracias a entidades comola Asociación para Vencer el Autismo (AVA) tienen acceso a suficiente información como para buscar en los cambios dietéticos y la desintoxicación la solución al problema de sus hijos. Podríamos pues contar muchas historias sobre los beneficios de aplicar las pautas DAN! reforzadas con actuaciones complementarias pero dos servirán para demostrar que lo inesperado es posible y a veces lo calificado de incurable tiene en realidad cura.

LUCHAR POR LO INESPERADO

Víctor -nombre ficticio que usamos para preservar el propio- nació en abril de 2008 de parto natural, sin complicaciones y salvo algunos pequeños problemas bronco-respiratorios creció alegre y risueño… hasta recibir a los 15 meses la llamada vacuna triple vírica. Y es que a los diez días de ser vacunado comenzó a sufrir fiebres repentinas, a desconectarse de su entorno, a dejar de responder a los estímulos, a manifestarse a menudo con rabietas y pataletas y a desarrollar, en suma, conductas típicas del autismo. Hasta que finalmente llegó el diagnóstico, el silencio y su insensibilidad al calor humano. Hoy, afortunadamente y gracias a la lucha de sus padres, Víctor ha recibido el alta médica, está oficialmente curado.

A principios del pasado mes de diciembre de 2011–nos diría María, su madre- mi hijo pasó la última revisión y su neurólogo afirmó que podía darle el alta médica, que ya no había criterios objetivos para que siguiera acudiendo a su consulta. El niño, en la actualidad, ha superado los distintos déficits que padecía. Ha recuperado el lenguaje, es sociable y su conducta es normal. Acude a un aula corriente de una escuela pública y está perfectamente integrado. Tiene muchos amigos y ha sacado buenas notas. En diciembre alcanzó todos los objetivos e incluso obtuvo un Sobresaliente en la asignatura de Conocimiento del Medio”.

Bueno, pues hoy Víctor está curado porque sus padres se negaron a aceptar que el autismo de su hijo no tenía curación como los médicos les habían dicho. Y fue buscando en Internet como encontraron el artículo titulado Nosotros curamos el autismo de nuestro hijo escrito por Karyn Seroussi, -otra madre con el mismo problema: un hijo diagnosticado de autista- autora del libro Unraveling the Mistery of Autism and PDD (Desentrañar el misterio del autismo y el PDD) y fundadora junto a Lisa Lerwis de Autism Network for Dietary Intervention (ANDI) o Red Autista en pro de la Intervención Dietética (ANDI)”.

Repentinamente -explica Karoussi- nuestro alegre hijo Miles no podía ni reconocernos; ni a nosotros ni a su hermanita de 3 años. No establecía contacto visual y ni siquiera intentaba comunicarse con gestos. Su conducta se volvió cada vez más extraña. Arrastraba la cabeza por el piso, caminaba de puntillas (muy común en niños autistas), hacía sonidos extraños- como gargarismos- y se pasaba largos períodos repitiendo una misma acción; como abrir y cerrar puertas o llenar y vaciar una taza de arena en un cajón. A veces gritaba sin consuelo, se negaba a que le cogieran o abrazaran y desarrolló una diarrea crónica”. Bien, pues tras un comentario casual de la madre relacionando la alergia a la leche con las infecciones crónicas de oído probó a retirarle la leche que, junto a la pasta y los cereales, eran la base de su alimentación. “Lo que pasó entonces –cuenta Seroussi – fue poco menos que un milagro. Miles dejó de gritar, de pasar tanto tiempo realizando acciones repetitivas y hacia el final de la primera semana tiraba de mi mano cuando quería bajar las escaleras. Y por primera vez en meses permitió que su hermanita le cogiera de las manos para cantarle una canción”. Seroussi explica que eliminados los lácteos le retiraron luego el gluten y le modificaron la alimentación logrando pronto tal mejoría que a los tres años los médicos que le vieron coincidieron en que su autismo había desaparecido por completo.

Obviamente los padres de Víctor dedicaron muchas horas a estudiar cómo alimentar a su hijo guiados principalmente por la información del Autism Research Institute al tiempo que compartían sus experiencias con otras familias con casos similares en distintos lugares del planeta. Fue de hecho entonces cuando decidieron retirar de la dieta de su hijo cualquier alimento que contuviera gluten o caseína además del trigo -que sustituyeron por maíz-, la leche de vaca -dándole leche de almendras o de arroz- y el supermercado por los herbolarios. Y Víctor comenzaría a mejorar bajo la supervisión de los médicos especializados en el protocolo DAN! Como la doctora Rosella Mazzuka quien nos explicaría: “A los niños les hacemos una serie de análisis. Nada se hace a ciegas porque ningún protocolo puede ser igual a otro aunque la sociedad norteamericana ANDI establezca unas pautas básicas a seguir. La serie de analíticas cambian mucho de niño a niño. Se estudia pues caso por caso cómo se encuentra la absorción de nutrientes a nivel intestinal y si hay en su organismo acumulación de metales pesados. Asimismo se analiza la digestión de alimentos como el gluten o la caseína porque casi siempre nos hemos encontrado con que no los digieren. No digieren el pan y no digieren la leche. Y cuando hay una deficiente digestión de esos productos se generan unas macromoléculas llamadas morfinatos que son las que ‘adormecen’ un cerebro que debiera estar activo. Por eso cuando se eliminan de la dieta el niño mejora de forma notable. En patologías como el déficit de atención o el autismo pero también en otras muchas”.

NEGAR LO EVIDENTE

Y es que como sugieren los impulsores del moviendo DAN! a Víctor se le realizaron pruebas analíticas relacionadas con su metabolismo -la mayoría en laboratorios extranjeros- descubriéndose una presencia masiva de hongos y levaduras. Resultó evidente así que sufría una candidiasis crónica que no le permitía metabolizar los alimentos de forma correcta. Asimismo se constató la presencia de un alto nivel de mercurio, aluminio y otros metales pesados en su cerebro. Tratado de esos problemas el niño recuperaría la normalidad.

Y ante tal evidencia, ¿cómo reaccionaron los neurólogos? Pues manteniendo su forma de pensar a pesar de que habían calificado su situación de incurable. “Me he encontrado con la lamentable experienciade haber intentado explicar el tratamiento llevado a cabo con mi hijo al neuropediatra infantil que dirige las terapias de autismo y TGD en Tenerife así como al neurólogo que lo diagnosticó y que hoy día certifica su recuperación –nos diría con amargura María, su madre-habiendo recibido la burla y la indiferencia de ambos al respecto. En opinión de su neurólogo la dieta sin gluten y caseína es una ‘soberana estupidez’ y nada que tenga que ver con el protocolo DAN es a su juicio ‘científico’. Y a la pregunta de cómo piensa entonces él que se ha recuperado mi hijo se limitó a responderme ‘que el cerebro es algo impredecible’ y que seguramente ‘han tenido mucho que ver las terapias psicopedagógicas’, terapias a las que por cierto mi hijo dejó de ir hace mucho tiempo. He puesto a disposición de ambos médicos la información sobre los análisis realizados y el tratamiento seguido sin que ninguno de los dos haya querido verlos. Mi opinión personal es que su comportamiento es una vergüenza y lo malo es que esto está ocurriendo en los consultorios pediátricos de toda España desacreditando a médicos que podrían estar ayudando a numerosos niños a superar sus ‘trastornos del desarrollo’ en lugar de cerrarse en banda y negar sistemáticamente la eficacia de este tratamiento”.

La verdad es que nadie que conozca hoy a Víctor sospecharía que tuvo algún día el Trastorno del Espectro Autista. “En el abordaje del autismo–agregaría María- se siguen utilizando criterios de hace 50 años. Se sigue tratando como un trastorno psiquiátrico de imposible tratamiento y curación cuando en realidad los últimos estudios nos revelan que es una enfermedad neuroinmunológica de base biológica que puede ser diagnosticada con analíticas y marcadores bioquímicos y, por tanto, tratable y en muchos casos mejorable o recuperable. Mi primer consejo a los padres que se enfrenten a una situación similar a la nuestra es pues que ante la más mínima sospecha de encontrarse ante un Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) busquen un médico que conozca el protocolo DAN! con la máxima urgencia. El tiempo es un factor importante y corre en contra. Cuanto antes se actúe mejor. Hay que averiguar los posibles desequilibrios bioquímicos del organismo con pruebas de intolerancia y alergias alimenticias, ver si hay un sobrecrecimiento de levaduras o bacterias en los intestinos, el estado de los neurotransmisores, cómo funciona en el niño el Ciclo de Krebs, hacer estudios fecales y pruebas de metales tóxicos para ver hasta qué punto está intoxicado por déficit de metilación, etc. Sobre todo les aconsejaría que hagan cambios inmediatos en la alimentación del niño eliminando el gluten, la caseína láctea y todo tipo de azúcares, conservantes y aditivos ya que es lo primero que afecta a la neurotransmisión cerebral, la primera fuente tóxica que hay que corregir y detener”.

UNA AUTÉNTICA PESADILLA

Bueno, pues si el autismo de un hijo es un drama para cualquier familia es fácil imaginar lo que supuso para José Luis y Chelo ya que 2 de sus 4 hijos, los mayores, Samuel -de 12 años- y Clara -de 11-, fueron también diagnosticados como autistas a los pocos meses de ser inoculados con las vacunas “aconsejadas” por las autoridades sanitarias en el llamado Calendario Vacunal; vacunas que los padres creen que son obligatorias cuando eso es falso como en esta revista se ha denunciado ya en muchas ocasiones. Lo reiteramos: en España no existe la obligación de vacunar a nadie; mucho menos a un niño. De hecho en el convencimiento de que el problema de sus dos hijos mayores podía haberlo causado las vacunas que recibieron los padres se negaron a inoculárselas a los más pequeños, Ana -de 8 años- y Jacob -de 5-, que están perfectamente sanos.

Afortunadamente a pesar de que los neuropediatras les dijeron que el autismo no tenía tratamiento hoy Chelo tiene el alta clínica de su neuropediatra -es decir, estácurada– y Samuel se encuentra muy mejorado.

José Luis y Chelo tenían claro que querían un parto no medicalizado así que sus hijos nacieron de parto natural evitando que recibieran la primera vacuna que de forma generalizada se aplica hoy vergonzosamente a los recién nacidos. “El problema vino después –cuenta Chelo- pues los médicos de la Seguridad Social me llamaban a casa para pedirme que vacunara al niño. Entonces creí que tenían razón -ya sabes, ellos son profesionales de la salud y yo no- así que vacuné a Samuel. Él nació sano y antes de los 12 meses ya había comenzado a hablar, caminar, jugar, reír, interactuar… Sin embargo todo cambió después de la llamada vacuna triple vírica. A los 15 meses empezó a tener rabietas, a llorar, a no avanzar…; y a los 18 dejó de hablar, se le perdió la mirada, dejó de contestar cuando se le llamaba, hacía movimientos repetitivos, apagaba y encendía luces, abría y cerraba puertas, no sabía manejar adecuadamente los juguetes y estaba muy triste”.

Llevado al pediatra éste les diría que desconocía la causa o causas del problema. Las pruebas que se le realizaron no aportaron ninguna explicación pues los resultados eran aparentemente correctos. Solo que lo incorrecto, como después se demostraría, era la búsqueda en sí misma; porque si no se busca dónde se debe difícilmente pueden encontrarse las respuestas.

Finalmente el neuropediatra les dijo que Samuel padecía autismo, que no se sabía la causa y -lo peor- que no había tratamiento más allá de la estimulación precoz con la que no obtuvieron grandes resultados. Solo que lejos de aceptar la invitación al conformismo y la resignación los padres de Samuel comenzaron una larga investigación a través de Internet buscando soluciones siendo así como entraron en contacto con la Asociación para Vencer el Autismo (AVA) y con su presidenta, Ana Medina. Allí conocieron por primera vez las siglas DAN. “Nos atendieron –recuerda Chelo- como padres sufrientes que también son, con niños como el mío pero con una gran diferencia: los niños que siguen las pautas DAN! mejoran, mejoran y pueden llegar a recuperarse. Y algo muy importante: saben lo que le está sucediendo a mi hijo”.

En cuanto a Clara nació cuando Samuel tenía ya 18 meses y como por aquel entonces sus padres aún no se habían planteado que su estado pudiera tener que ver con las vacunas siguiendo las recomendaciones de los médicos la vacunaron igualmente.

La vacuné con la triple vírica a los 15 meses –nos explicaría su madre- porque si no me ‘reñían’ las enfermeras. Recuerdo que esa misma semana Clara comenzó a aletear, a girar en círculos, a gritar, a dejar de hablar, a no atender cuando la llamábamos… y entonces supe que era una reacción a la vacuna. Algo que años después confirmé con las analíticas de metales pesados que se la hicieron. Evidentemente no la vacuné nunca más. El diagnóstico para Clara fue también el de Trastorno Generalizado del Desarrollo. Según elriguroso análisis’ del neuropediatra ‘simplemente habíamos tenido mala suerte al tener a los dos niños con Trastorno Generalizado del Desarrollo’. Y su recomendación fue que no buscáramos soluciones más allá de la estimulación precoz, que no existía nada, que internáramos a los niños en la escuela especial y que nos olvidáramos”.
Por supuesto sus padres no atendieron tan “doctas” indicaciones “terapéuticas” y gracias a ello, a una Samuel mejora constantemente y sus dos hermanos pequeños están sanos.

Cabe agregar que poco antes de cumplir los 3 años sus padres llevaron a Clara y a su hermano a una excelente homeópata que les trató la hipófisis, el hipotálamo y todo el sistema nervioso central. Y a los dos meses Clara comenzó poco a poco a gritar, cantar y hablar. “Aún recuerdo –nos diría su madre-las palabras de la homeópata: si me hubieras traído al niño antes de los 3 años apenas se le notarían los trastornos porque cuanto antes se actúa, al no estar madurado del todo el sistema nervioso central, más rápidamente se pueden corregir los daños de las vacunas. Y no sólo los provocados por el mercurio sino por el propio virus de la vacuna”. En suma, actuar cuanto antes es clave.

NI GLUTEN, NI LÁCTEOS, NI AZÚCAR

En cambio los padres de Clara y Samuel comenzaron con el protocolo DAN! de la mano de la Dra. Rosella Mazzuka (véase el recuadro adjunto) cuando la niña contaba 5 años y el niño casi 7. “El mineralograma de su cabello -nos explicaría María-dio en ambos casos altos niveles de mercurio y arsénico. Fue entonces cuando asociamos su problema con el mercurio del timerosal de las vacunas. Además se les encargaron analíticas intestinales, de intolerancias alimentarias en sangre, de péptidos en la orina y otras. La AVAnos facilitó los kits de analíticas para enviar a Estados Unidos y toda la información y apoyo que nos había faltado en los años anteriores. Descubrimos así que tanto Clara como Samuelsufrían intolerancia a los lácteos y al azúcar y sus intestinos carecían casi de vellosidades habiendo en ellos multitud de bacterias patógenas, putrefacción y una sobreabundancia del Cándida Albicans. En suma, comenzamos a alimentarlos eliminando el gluten, el azúcar, los lácteos y otros alimentos que sus cuerpos no procesaban bien”.

Asimismo se les proporcionarían suplementos de vitaminas, minerales y aminoácidos. Aquellas que las analíticas revelaron como deficientes pues el mal estado de sus intestinos, junto al daño causado por las intolerancias no detectadas, provocaba que los nutrientes no fueran asimilados correctamente.
El primer cambio -nos contaría Chelo- lo notamos ya a la primera semana de incorporar los nutrientes sugeridos y haber eliminado progresivamente lácteos, gluten y azúcar: empezaron a dormir bien por la noche. Hacía años que se despertaban de noche, se movían inquietos en la cama, se despertaban a las tres de la madrugada y ya no dormían más; se pasaban pues el resto de la noche con lo que denominábamos una ‘risa nerviosa”, como si estuviesen ‘borrachitos, con estereotipias, gritos y demás. Desde entonces dormían toda la noche y se levantaban descansados. Estaban menos nerviosos y a medida que fueron desapareciendo de sus intestinos las cándidas fueron mejorando y atendiendo mejor. El trabajo de la pedagoga obtenía mucho mejor resultado, avanzaban más en la escuela, comenzaron a mirar a los ojos cuando les hablábamos, etc. Luego, tras un año con la dieta y los suplementos ortomoleculares -siempre todo natural-, comenzamos a quelarlos, a eliminar los metales pesados de su organismo. Con supervisión médica obviamente y contrastando los avances con analíticas. Al comenzar a eliminar el mercurio Samuel comenzó a hablar; cada día más. Incluso aprendió a leer y escribir así como a entender lo que le decíamos”.

Clara, por su parte, mejoró aún más y más deprisa. Hasta que el pasado verano consiguió el alta clínica. Hoy, tal y como relata con satisfacción su madre, está curada: “Clara es una niña normal que cursa actualmente 6º de Primaria con buenas notas, muy buen comportamiento y mejores sentimientos. La única espina es que su hermano no haya corrido paralela suerte a la de ella. Yo siempre le cuento que gracias a Samuel nos dimos cuenta de lo que le ocurría a ella y pudimos actuar más pronto. Aún así Samuel no es ni sombra de lo que era. Tiene un vocabulario básico de necesidades, lee, escribe y busca información en internet. Juega con sus hermanos y yo nunca me canso de luchar por él. Sigue con la dieta aunque no de forma tan estricta pues sus intestinos ya están bien y admite otros alimentos. También Clara mantiene una dieta sin gluten y sin lácteos porque su cuerpo no los procesa pero por lo demás, hace vida normal”.

El tratamiento ha permitido además que la ayuda psicopedagógica sea mucho más eficaz demostrando así lo íntimamente unidos que están los cambios físicos y los emocionales. “Mi hija Clara se ha recuperado completamente de su autismo –añadiría su madre-. Así que o es un milagro -y yo soy creyente- o el protocolo DAN! realmente funciona en estos casos. Me parece pues inconcebible que tantos médicos y enfermeras ignoren esta posibilidad pero lo que es ya inadmisible es que la mayoría se niegue simplemente a informarse!”

MEJORAR, CURAR, ES POSIBLE

La realidad es que cada caso es un mundo. Y que partiendo de las soluciones dietéticas y nutricionales citadas hay otros recursos terapéuticos apenas usados por los médicos del sistema sanitario que pueden sin embargo ayudar. Por ejemplo, como Samuel no tolera muchos productos químicos y no se le ha podido quelar de la forma tradicional sus padres buscan ahora deshacer en la medida de lo posible el daño causado en su sistema nervioso por medios alternativos. “Hace un par de años –nos contaría su madre- acudí a la doctora Esther de la Paz porque sabía que era especialista en terapias naturales. Y me fue de gran ayuda en dos ocasiones ya que Samuel no tolera ciertos medicamentos químicos y ella los sustituyó por naturales. También le testó y trató con el Quantum Scio recomendándome que cada vez que enfermase -cosa que sucede con frecuencia- le llevase para tratarse con el Par Biomagnético porque el organismo de Samuel no elimina bien ni las toxinas ni los restos de virus y bacterias tras una infección. Acudí asimismo a los terapeutas Patxi Vargas y Marisa Andrade que me han demostrado a lo largo de este tiempo una gran profesionalidad y experiencia en el Par Biomagnético, especialmente en el tema del autismo. Es de una ayuda enorme poder conocer por qué mi hijo se queja de dolor de barriga y, al testarlo, saber que es una bacteria, un hongo o un virus determinado, impactarle en los pares correspondientes y constatar la eficacia del resultado. También hemos logrado controlar la candidiasis así como los parásitos, virus y bacterias intestinales. Como ha sido de gran ayuda en la eliminación de los virus inactivados de las propias vacunas y del resto de metales pesados que aún quedaban en su organismo”.

En suma, tal y como el doctor Rimland asegura existen terapias alternativas que están demostrando su potencial para ayudar a estos niños a partir de la aplicación de las propuestas DAN!. Son los casos del Método Tomatis, el Método Padovan, la Terapia Craneosacral, la Homeopatía, la Acupuntura y otras técnicas propias de la Medicina Tradicional China, la Técnica de Eliminación de Alergias del doctor Devi Nambudripad, la Terapia Enzimática y de Sensibilidad Bioenergética, el protocolo de Kerri Rivera con MMSo la curación energética de varias escuelas. En México por ejemplo, en una clínica especializada de Puerto Vallarta que otro padre con un hijo autista abrió para dar atención a casos similares con la propuesta DAN!, utilizan una cámara hiperbárica que permite una mejor oxigenación cerebral de los niños; con muy buenos resultados a la vista de los testimonios. Afortunadamente el tratamiento con cámara hiperbárica en estos casos se ha comenzado a realizar también en el Hospital de la Caridad en Cartagena (Murcia).

Hay pues soluciones para el autismo. Es más, hay incluso cura completa para al menos un gran número de niños autistas aunque se siga negando. Ahí están los resultados para quien quiera verlos y los testimonios para quien quiera leerlos. Basta anteponer los hechos a las creencias.

Antonio F. Muro
Recuadro:


Dra. Mazzuka: “En el autismo es vital tratar a los niños cuanto antes”

La doctora Rosella Mazzuka, médico vinculada a la Sociedad Americana para el Avance de la Medicina (ACAM) especializada en tratamientos biológicos que aplica el protocolo DAN! desde hace 15 años, tuvo la amabilidad de contarnos su experiencia con los niños que lleva tratados.

-Díganos, ¿a su juicio a qué se debe el autismo?

-Se trata de una patología multifactorial. Es decir, son varios los factores biológicos que hay que tratar aunque el primordial es el sistema inmune que suele estar muy deteriorado en los niños autistas porque su organismo suele hallarse afectado por microbios patógenos, morfinatos procedentes de alimentos mal digeridos, metales pesados y otros tóxicos lo que provoca una reacción exagerada de tipo autoinmune que oxida las membranas celulares alterando especialmente las neuronales. Es más, el estrés oxidativo suele llegar a afectar a las membranas mitocondriales haciendo surgir una mitocondriopatía adquirida. Por eso la base del protocolo DAN! está en eliminar todo factor que altere al sistema inmune y de ahí que comencemos eliminando de la dieta el gluten, la caseína y los aditivos químicos. Hay que evitar la hiperexcitación del sistema inmunitario para que no libere linfoquinas, sustancias muy inflamatorias que alteran la neurotransmisión.

-¿Qué es lo que normalmente encuentra en los análisis biológicos realizados a los niños autistas?

-Lo que siempre encuentro en los resultados de laboratorio es un importante desequilibrio de la flora intestinal con candidiasis, parasitosis e infecciones varias, alergias e intolerancias alimentarias, grandes carencias de vitaminas, minerales y antioxidantes e intoxicación por metales pesados; entre ellos, el mercurio de las vacunas. Son niños que se presentan con el abdomen hinchado y padecen flatulencia, diarrea, estreñimiento o ambos problemas. Asimismo padecen muchas alergias e infecciones recurrentes como otitis, anginas, etc.

¿Y cuándo deben aplicarse las pautas nutricionales y dietéticas?

-El protocolo debe iniciarse cuanto antes porque ayuda a recuperar las funciones perdidas. Hay muchas enzimas que no trabajan bien y tienen funciones importantes así que el médico debe asegurarse de que el organismo recibe los nutrientes necesarios para activarlas. En el autismo se ha detectado de hecho un mal funcionamiento de 26 enzimas cada una de las cuales está codificada por un gen cuya función está desactivada. Por tanto es necesario un tratamiento ortomolecular a fin de recuperar la función enzimática reactivando la expresión de esos genes. De ahí que cuanto antes se inicie el protocolo más despejado estará el sistema neurológico para madurar y evolucionar, y mejores resultados podremos obtener con las terapias de estimulación externa.

¿Qué papel juega realmente la quelación –eliminación de metales pesados- en los niños autistas?

-Los metales pesados presentes en el organismo producen estrés oxidativo a nivel neuronal, obstruyen la microcirculación y producen hipoxia -falta de oxígeno- provocando además una respuesta autoinmune e inflamatoria. La quelación es pues muy importante y comienza en el momento es que prescribimos vitamina C, zinc, selenio y/o glutatión. En esta patología el sistema depurador natural no funciona bien; es decir, la metilación hepática no realiza bien su función por falta de nutrientes. En todo caso hay autistas que no llegan a necesitar una quelación química y basta proporcionarles las sustancias naturales que precisan para poder depurarse naturalmente.

-¿Y son realmente buenos los resultados del protocolo DAN!?

-Sí, pero en el autismo es vital tratar a los niños cuanto antes. El tiempo es importante en estos casos.

A. M.

Este reportaje aparece en
146
Febrero 2012
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