¿Son seguros los alimentos que ingerimos en España?

 

Los datos que sobre alimentación han empezado a surgir en los últimos meses no son tranquilizadores. La presencia habitual de parásitos como el Anisakis en el pescado, la resistencia generada por el exceso de antibióticos en nuestros alimentos, la continuada introducción de alimentos transgénicos, el aumento de casos de vacas locas –un problema que pervive y del que nadie habla- o los efectos nocivos a causa del clembuterol usado para engordar el ganado son sólo algunos de los problemas que presenta nuestra nutrición. El asunto está tan caliente que un empresario español ha denunciado a nuestro país ante las autoridades europeas. Se lo contamos en detalle.

La alimentación es la base de la salud. Y una alimentación inadecuada la base de numerosas enfermedades. Pocos científicos, médicos, investigadores o padres ponen en duda ya esa aseveración y por eso la Nutrición se ha convertido en una especialidad imprescindible para la prevención y tratamiento de un sinfín de enfermedades. El problema es que hoy día los alimentos llegan con demasiada frecuencia a nuestros platos contaminados o en malas condiciones. Algo que nuestra Administración sabe… y silencia.

Que el Ministerio de Sanidad y Consumo es consciente del problema lo demuestra el hecho de que recientemente ha constituido la llamada Agencia de Seguridad Alimentaria para intentar mejorar la actuación de la Comisión Interministerial de Ordenación Alimentaria asumiendo competencias que antes estaban desperdigadas en varios ministerios. Que ésta sea eficaz o sólo se trate de otra de las operaciones de imagen que tanto utiliza la ministra Ana Pastor lo dirá el tiempo. Pero estamos cansados de iniciativas que se quedan en buenas intenciones y de la inauguración de “importantes” centros de investigación cuyos resultados suelen ser nulos y que sólo se crean para dar una buena impresión a los ciudadanos y colocar en ellos a unos cuantos amigos. Porque el consumo seguro de alimentos en España está hoy en entredicho. Basta echar un simple vistazo a algunas de las noticias que nos ha dejado el verano.

Es el caso del estado de los percebes, bivalvos y erizos en Galicia tras el accidente del Prestige.

Contradiciendo las declaraciones oficiales, los análisis bioquímicos realizados por un equipo de la Universidad de La Coruña demostraban en un informe encargado por la Comisión de Cofradías de Galicia que -sobre todo, en la “Costa de la Muerte”- la concentración de fuel que había en ellos era "preocupante" hasta el punto de que los biólogos encargados del estudio opinan que en los próximos años se experimentará una progresiva reducción de su número.

En un control reciente de la agencia alimentaria gubernamental británica –la Food Standards Agency– se constató que un número considerable de filetes de pollo y productos elaborados con su carne no sólo contenían agua añadida en una proporción muy alta sino también “proteínas de origen vacuno y porcino sin declarar”. Teniendo en cuenta que estamos ya en un mercado único y recordando que el problema de las vacas locas tuvo su origen en Gran Bretaña y en los piensos con los que se alimentaba el ganado, la noticia es preocupante. ¿Cómo puede haber proteínas de vaca y cerdo en los pollos?

Tampoco conviene descuidarse con las verduras. En conjunto, un 3,6% de los alimentos frescos de la Unión Europea contiene más restos de pesticidas de los permitidos. Siendo los alimentos donde más se han encontrado la lechuga, los tomates, las uvas y las fresas. En todos ellos los límites exceden lo permitido legalmente.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya avisó en el primer trimestre del pasado año de la presencia de restos de plaguicidas en muestras de arroz, pimientos, lechugas y uvas. Ese ejemplo le sirvió además a la OCU para constatar que la estimación de los límites máximos de residuos actuales garantizan en general la seguridad de un alimento cuando lo consume un adulto sano… pero no tiene en cuenta ni las dietas completas ni los sectores más susceptibles, como los enfermos, los niños y los ancianos.

Más recientemente -el pasado mes de julio- la OCU presentaba otro estudio según el cual el 29% de las acelgas y una quinta parte de las espinacas y lechugas presentan en España "valores inaceptables" de nitratos superándose el límite legal establecido por la Unión Europea. Recordando que el consumo de alimentos con exceso de nitratos lleva a la formación de nitrosaminas en el cuerpo, sustancias consideradas cancerígenas cuando se consumen en altas dosis durante largo tiempo. La OCU pidió por ello datos oficiales sobre el nivel de nitratos en los alimentos tanto al ministerio de Sanidad y Consumo como al de Medio Ambiente… sin que hasta ahora se los hayan facilitado.

Por su parte,Greenpeace pidió la retirada del mercado alemán de pimientos españoles y turcos por su excesivo contenido de insecticida. En su nota, la organización ecologista afirmaba que el 31% de los pimientos analizados superaba hasta en 63 veces los valores permitidos.

Cabría esperar que ante hechos y denuncias como éstas nuestra Administración sanitaria mostrara al menos la misma diligencia que la adoptada con la injustificada persecución de los productos fitoterapéuticos, los complementos dietéticos o el Bio-Bac, a los que de momento nadie puede acusar científicamente de haber producido intoxicaciones, envenenamientos o muertes. Pero no es así. La prioridad pareciera ser la de perseguir a quienes molestan a la industria farmacéutica. El ministerio de Sanidad y Consumo practica hoy un doble rasero y una de las víctimas de esa discriminación es Antonio López Román, presidente de Laboratorios Oikos, quien harto de la persecución que padece –y que ha llevado a los tribunales en España- ha decidido devolverle la moneda a la ministra Ana Pastor poniéndola en un serio compromiso. ¿Cómo? Pues presentando una denuncia por presuntas irregularidades en el ámbito de la Salud Públicacontra el Estado español -fue admitida el 19 de junio del 2003- ante la Comisión de las Comunidades Europeas para el Control de Países Comunitarios y ante la Presidencia de la Unión Europea. Enviando copia de la misma –para ampliar la alarma- a la Comisaría de Agricultura y Pesca y a la Comisaría de Salud y Protección de los Consumidores. La denuncia –que fue previamente enviada en España a la Presidencia de Gobierno y a la Ministra de Sanidad- alerta a las autoridades europeas sobre algunas situaciones relacionadas con la alimentación en nuestro país. Entre otras, sobre la contaminación que sufren los pescados que se comercializan en España por el parásito Anisakis. En la denuncia presentada se explica que “los pescados con mayor riesgo de Anisakis son los de más consumo: boquerones -sobre todo los conservados en vinagre-, “pescados crudos” de restaurantes especiales, carpacho, cebiche, pescada, pescadilla, lubina, dorada, etc”.

La denuncia recuerda que para matar el parásito Anisakis hay que congelar el pescado fresco a –22º C durante al menos 72 horas, lo que nadie suele hacer en casa. Y recuerda que las personas a las que más puede afectar ese parásito son los niños, las embarazadas, los convalecientes, las personas de la tercera edad, las alérgicas y las muy medicadas porque, en general, tienen las defensas mas bajas de lo normal.

“Hay personas –afirma López Román en su denuncia-a las que en España han tenido que operar de urgencia y quitarles varios metros de intestino ya que el parásito había anidado allí. Otras, también afectadas de Anisakis, sienten súbitamente una sensación de agobio y asfixia, síntomas corrientes que pueden llevar al médico al error si no sabe reconocer que la causa es ese parásito. Lo cual podría llevar a los enfermos a la muerte sin que sus familiares supieran la causa real de su fallecimiento. Y además, la existencia del problema no trasciende adecuadamente a la opinión publica”.

“Las medidas sanitarias de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria –agrega López Román-se han revelado inútiles. Conozco personalmente a 3 personas que han sido infectadas con Anisakis y no murieron pero tienen secuelas gravísimas”.

López Román añadiría rotundo: “Como consumidor y científico que conoce lo que está pasando he entendido que es mi deber denunciar este y otros hechos graves que están acaeciendo en el ámbito alimentario en España. Por eso he solicitado también al Comisario de Agricultura y Pesca de la Unión Europea, Franz Fitcher, su inmediata intervención. Es evidente que hay un grave riesgo de salud tanto para los españoles como para los turistas; y nuestros vecinos europeos tienen el derecho de ser advertidos. Estoy haciendo lo que deberían hacer nuestras autoridades sanitarias que, por el contrario, se dedican a ocultar el problema. Y lo conocen por mí al menos desde finales de abril del 2002, fecha en la que informé por escrito del asunto a la anterior ministra Celia Villalobos. En suma, están ocultando a la opinión pública de forma descarada y continuada que el parásito Anisakis es un peligro para la salud publica de los españoles con lo que están violando el artículo. 43 de la Constitución”.

¿QUÉ ES EL ANISAKIS?

El Anisakis –hay varias especies- es un gusano redondo de pequeño tamaño -normalmente de unos 3 cms. de longitud y menos de 1 mm de diámetro- con un color blanquecino casi transparente que entra normalmente en el hombre al consumir pescado contaminado. El Anisakis suele parasitar en el tubo digestivo de algunas aves y, sobre todo, de los mamíferos marinos -ballenas, cachalotes y delfines- pasando al medio acuático a través de las heces. De ahí que sean muchas las especies marinas que hoy consume el ser humano que pueden estar afectadas por el parásito y contaminarnos. Entre ellas, pescados de consumo tan común como la merluza, la caballa, el jurel, el bacalao, la sardina, el boquerón, el arenque, el salmón, la pescadilla y el bonito.Las larvas se localizan en el hígado, la cavidad abdominal, el músculo y todas las vísceras. Y conviene saber que en ocasiones pueden aparecer hasta varios centenares de larvas por pez.

En España -segundo país del mundo en consumo de pescado tras Japón- los índices de afectados por Anisakis no eran hasta ahora elevados ya que con el calor, al cocinarlos, el parásito muere. Lo que no sucede con la evisceración precoz, el vinagre, la sal, el aceite, el escabeche, el ahumado y el paso por microondas. De ahí que las mayores opciones de riesgo hayan estado tradicionalmente en el consumo de boquerones en vinagre, el arenque crudo en salmuera ligera y los pescados ahumados en frío. Aunque el riesgo ha aumentado hoy al haberse incorporado a nuestra dieta nuevos platos de origen oriental elaborados con pescado crudo.

Por otra parte, el principal error en el que suelen caer las autoridades sanitarias a la hora de abordar el problema del Anisakis es pensar que al ser parásitos macroscópicos -es decir, que se pueden ver a simple vista si uno se fija bien- el peligro es pequeño porque el consumidor rechazará el pescado ya que se dará cuenta de que está infectado al comprarlo. Sólo que eso no está tan claro pues al tener unas dimensiones reducidas y ser de color blanco, casi transparente, las larvas se confunden a menudo con los tejidos del pescado, especialmente cuando es de color blanco.

¿POR QUÉ ES UNA AMENAZA?

Si nos limitamos a mirar los registros epidemiológicos podría decirse que el Anisakis se trata de un problema menor desde el punto de vista de la salud pública. Según un estudio realizado en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo la incidencia en nuestro país es de “solo” 3’87 casos por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, las cosas no son tan simples. Para empezar, no existe obligación de registrar los casos en los que se considera culpable de una afección al Anisakis. El segundo problema a la hora de definir la incidencia real es la dificultad para obtener y clasificar los datos a nivel hospitalario. Y es que la infección se manifiesta unas veces en forma de obstrucciones intestinales y en ese caso los pacientes son tratados en los servicios de cirugía pero, en otras, los síntomas son fuertes dolores abdominales y problemas digestivos por lo que los pacientes pasan a los servicios de digestivo y a las unidades de endoscopia digestiva. Es más, es frecuente que a la hora de la exploración la tensión arterial, la frecuencia cardiaca, el estado de consciencia y de orientación parezcan normales. Incluso las analíticas de control. Y claro, los médicos no entienden qué pasa cuando les bastaría hacer una simple pregunta a sus pacientes para averiguarlo: “¿Ha consumido usted recientemente algún pescado crudo o boquerones en vinagre?”. Si la respuesta es afirmativa la sospecha de que se trate de una parasitosis por gusanos nemátodos de la familia del Anisakis es evidente. ¿Por qué no se informa a los médicos de esta posibilidad? ¿Porque no es “políticamente correcto”?

LAS GRAVES CONSECUENCIAS DE UNA INFECCIÓN POR ANISAKIS

El Anisakis se aloja en la zona gástrica entre el 60 y 70 % de los casos. Cuando así ocurre, el paciente presenta -entre otros síntomas- dolores, náuseas, vómitos e, incluso, casos de hemorragia digestiva a consecuencia de las ulceraciones que provoca el parásito. El diagnóstico de esta forma clínica es fundamentalmente endoscópico (revisión con una microcámara introducida en el organismo). La endoscopia digestiva puede ser además terapéutica mediante la extracción del parásito o parásitos. Si no es posible la extracción el dolor persistirá durante días hasta que el parásito muera en el interior de la mucosa. En algunos estudios científicos se ha llegado a asociar el cáncer gástrico y la infestación por Anisakis simplex. Este hecho se apoyaría en tres observaciones: la mayor incidencia de cáncer gástrico en Japón -país donde es más frecuente la enfermedad-, la existencia de un carcinógeno –la arilamina-N-acetiltransferasa- en el parásito y la aparición de pólipos claramente precancerosos en pacientes con Anisakisasis gástrica.

En el resto de los casos -del 20 al 30%- el parásito se aloja en el intestino y suele provocar dolores abdominales agudos -que pueden confundirse con una apendicitis o una peritonitis- o causar una obstrucción intestinal del segmento donde se asienta. El diagnóstico de la llamada Anisakisasis intestinal es en un 80-100% de los casos posquirúrgico, durante el examen del segmento intestinal extirpado, aunque mediante medicación puede llegarse a terminar con los síntomas.

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC)introdujo recientemente un nuevo factor que deja en evidencia las optimistas cifras oficiales. Amedida que los alergólogos fueron realizando pruebas específicas a pacientes sensibilizados tras comer pescado se multiplicaron los casos positivos ante el Anisakis y negativos frente al pescado ingerido lo que sugiere que la contaminación por contacto con pescado parasitado es más frecuente de lo que se piensa.Según la SEAIC, en España la incidencia de patología por Anisakises muy desigual y está en función de las costumbres culinarias de las distintas zonas, registrándose un alto número de casos en el norte y centro de la península, y más reducida en la zona de Levante. Y son la merluza y el boquerón los principales alimentos relacionados con los casos de alergia.

¿Serán conscientes las autoridades sanitarias de la importancia del problema? La respuesta parece ser afirmativa pues en el año 2000 España ejerció la presidencia del Comité Ejecutivo del Codex Alimentarius, encargado de identificar y definir los problemas y necesidades de la Región Europea en materia de normas alimentarias y control de alimentos. Pues bien, en los meses anteriores a la reunión del comité nuestro país puso especial atención en incluir como problema de especial importancia la presencia en los pescados de parásitos con incidencia sanitaria.

El Ayuntamiento de Madrid, por su parte, llegó a desarrollar un programa municipal -aunque de escasa proyección pública- con una afirmación de principios como base del mismo: “El Ayuntamiento de Madrid, sensible al problema sanitario que la Anisakisasis humana ocasiona en nuestro municipio y área de influencia”.

Entonces, ¿por qué no se han hecho campañas adecuadas para informar a la ciudadanía? Porque el peligro es real. La revista Gastroenterología y patología ya afirmaba en junio del año 2000 lo siguiente: En conclusión, la Anisakisasis es una enfermedad que ha surgido en la última década en España sin que se sepa aún la causa exacta de su aparición. Sus importantes repercusiones clínicas y su incidencia creciente deben llevar a sospecharla e incluirla en el diagnóstico diferencial de las enfermedades digestivas. Con todo lo expuesto sobran razones para iniciar medidas profilácticas por parte de las autoridades sanitarias y de la población, recomendando a esta última la cocción del pescado y prestar especial atención a la ingestión de boquerones en vinagre”. A la vista de sus propios conocimientos sobre el parásito antes de leer este texto… juzgue usted, amigo lector, si han sido suficientes las medidas preventivas tomadas.

Los especialistas sí lo tienen claro. El doctor Alejandro Repiso -del servicio de Aparato Digestivo del Hospital Virgen de la Salud de Toledo y coautor de algunos estudios sobre la incidencia del Anisakis- confirmaba a esta revista un temor compartido con sus colegas: cada vez son más los casos diagnosticados- “El conocimiento sobre la enfermedad –nos diría- ha aumentado el índice de sospechas en casos que antes podían confundirse con ataques de apendicitis u obstrucciones intestinales y que, incluso, terminaban innecesariamente en el quirófano”.

Sabemos por experiencia que las autoridades -y las sanitarias menos- no tienen nunca culpa de nada. Ni de la desinformación social de un parásito tan dañino en los pescados ni de las muertes por la ola de calor del pasado verano. La gente sólo se muere de esas cosas en países como Francia, no en naciones tan avanzadísimas como la nuestra. Eso aquí no pasa.

Nosotros, por si acaso, le advertimos: asegúrese de calentar el pescado a una temperatura de al menos 60° C durante 10 minutos antes de comérselo. O congélelo a -­20 °C durante 24 horas antes de cocinarlo. En ambos casos morirían las larvas –si existieran- y no habrá peligro de consumirlo.

Hágalo mientras se adopta una reglamentación adecuada. Holanda lo hizo así y logró disminuir considerablemente la incidencia de la enfermedad. Y Estados Unidos lo reglamentó aún antes. La Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos exige desde 1987 que todos los productos de la pesca que no vayan a ser cocinados o procesados a temperaturas superiores a 60° C sean sometidos previamente a ultracongelación a ­35 °C durante al menos 15 horas o a congelación normal a ­23 °C durante un período mínimo de 7 días. Son ejemplos de actuaciones normativas que van más allá, incluso, de la simple prevención. Quizás hasta se podría llegar a hacer constar en etiquetados especiales indicaciones del tipo “Boquerones en vinagre elaborados con pescado congelado”. Supondría para los consumidores una garantía de consumo fuera de sus hogares.

En suma, tenga sobre todo precaución a la hora de ingerir boquerones en vinagre, arenque crudo en salmuera ligera o pescados ahumados en fríopero también en los casosde pescados poco cocinados, los huevos de salmón, el sashimi, los trozos de pescado crudo, el sushi, el ceviche, el pescado con especias marinado con zumo de limón, el lomi lomi y el salmón marinado con zumo de limón, cebolla y tomate. Es más, le sugerimos que elija a partir de ahora pescado congelado.

ENGORDANTES COMO EL CLEMBUTEROL

Volviendo a la denuncia presentada por Antonio López Román, hay que decir que la misma no se limitaba a incluir el Anisakis entre los problemas alimentarios descuidados por la administración sanitaria española. También denunciaba –apoyándose en noticias aparecidas en los principales diarios españoles- la contaminación de carnes, embutidos, pescados y mariscos por numerosos medicamentos y aditivos ilegales como el clembuterol, el ácido bórico o el formol.

Y hay que decir que también en este caso la realidad parece empeñada en darle la razón. Algunas semanas después de presentar su escrito se publicaban dos noticias relacionadas directamente con los procedimientos ilegales de engorde. Una explicaba que la Dirección General de Agricultura de Madrid había inmovilizado unos 200 terneros porque había detectado clembuterol en 2 de las reses. La otra hablaba de la detención -los pasados 12 y 13 de julio- por parte de las fuerzas de seguridad de 19 personas presuntamente pertenecientes a una red de distribución de sustancias ilegales para el engorde ilegal de ganado. En total se intervinieron unos 80 kilos de productos que habrían permitido manipular más de 10.000 toneladas de pienso. También se incautaron más de 65 litros de sustancia hormonal y 80 kilos de corticoesteroides.

Cabe agregar que entre las sustancias prohibidas utilizadas de forma fraudulenta la más común es el clembuterol, un fármaco sintético utilizado en veterinaria como broncodilatador pero que se emplea también de forma ilegal para aumentar el volumen del ganado destinado al consumo humano. El incremento del beneficio que reporta cada vaca tratada se calcula en 500 euros (unas 30.000 de las antiguas pesetas). Fácil de conseguir, un gramo y medio sirve para mezclar una tonelada de pienso y su precio oscila en torno a las 8.000 pesetas.

El consumo de carne de animales tratados con elevadas cantidades de clembuterol puede comportar la aparición de efectos graves en el consumidor como palpitaciones, nerviosismo, temblores, temblor involuntario de los dedos, dolor de cabeza, aumento de la transpiración, insomnio, espasmos musculares, aumento de la presión sanguínea y náuseas, alteraciones de la tiroides y disfunciones metabólicas. Además -como pudo constatarse tras el proceso por intoxicación en Barcelona del año 92- se puede producir un agravamiento de enfermedades preexistentes.

La Ley de Sanidad Animal considera el uso de clembuterol como “un delito contra la salud pública” que puede ser penado desde 60.000 a 1.200.000 euros. La sanción, sin embargo, no sirve para reparar los daños causados a la salud de los afectados que en muchos casos ni siquiera son reconocidos como tales por la Justicia -como queda reflejado en la sentencia del Supremo del año 2001- ante la imposibilidad de demostrar que sus dolencias son efecto directo de esa carne adulterada en concreto. Por eso lo normal es que se actúe por “delito de riesgo” y no por “delito contra la salud”. Los procesos judiciales con múltiples afectados suelen ser largos y muy costosos. Valga como ejemplo que la querella presentada en 1995 por la OCU contra fabricantes y ganaderos de la Comunidad de Madrid por una presunta intoxicación múltiple por clembuterol sigue aún si resolverse después de múltiples vicisitudes judiciales. En los ámbitos jurídicos, además, comienza a generarse un debate sobre la conveniencia de replantearse las consecuencias legales previstas para los delitos contra la salud pública relacionados con los alimentos. ¿Cumplen adecuadamente con las funciones de prevención de este tipo de conductas? Comienzan a existir serias dudas. Es bastante probable que el condenado no cumpla la pena de prisión y que la multa sea sensiblemente menor a los beneficios que obtuvo -o podría haber obtenido- con el fraude. Incluso la opción de apartar a los responsables del negocio alimentario parece ineficaz ya que es una medida tan solo temporal.

Así las cosas, antes de comerse un filete el consumidor sólo puede confiar en que los esfuerzos preventivos de las autoridades sanitarias hayan estado enfocados en la búsqueda de problemas concretos, en la dirección correcta. Una multa a los responsables del fraude es un nulo consuelo para quién pierde la salud -cuando no la vida, como en el caso de las vacas locas- por la falta de controles adecuados.

ANTIBIÓTICOS. SÍ… PERO ¡NO EN LA COMIDA!

La lista de sustancias utilizadas en nuestra alimentación a las que habría que prestar especial atención es tan larga que requeriríamos varios artículos para hablar medianamente a fondo de todas pero no queremos dejar en esta ocasión de mencionar unas que, con la excusa de utilizarse con carácter preventivo, han sido masivamente utilizadas para facilitar el engorde de los animales: los antibióticos. Especialmente porque su empleo abusivo convierte a las bacterias nocivas en más resistentes y su acumulación en el organismo humano –al ingerirlas con la carne en la comida- lleva al desarrollo de cepas cada vez más resistentes a esos antibióticos con los consiguientesproblemas de salud que ello conlleva.

La legislación actual sobre limitación del uso de antibióticos en el pienso de los animales está siendo superada. Por un lado, continúan conociéndose casos de redes ilegales dedicadas a mezclar fraudulentamente antibióticos en los piensos para después distribuirlos de forma ilegal. Por otro, cada vez son más los científicos europeos y norteamericanos que coinciden en que los tratamientos actuales están modificando el comportamiento de los seres humanos frente a los antibióticos. De hecho, ya desde la Organización Mundial de la Salud se reclaman soluciones a este problema. Herid C. Wegener, experto de la OMS, ha declarado públicamente que deberían buscarse alternativas al uso de antibióticos como método de engorde de los animales debido a que el uso de estos fármacos no permite discernir entre un uso terapéutico y un uso de engorde. La Organización de Consumidores y Usuarios también se ha mostrado muy crítica con el uso de antibióticos en sus boletines: A juicio de la OCU, la primera razón para inquietarse es que los antibióticos usados en la cría intensiva de animales pueden dejar restos en la carne que consumimos, afectando así directamente a la salud del consumidor (algunas sustancias pueden ser tóxicas, provocar reacciones alérgicas, afectar a la flora intestinal…).También pueden causar daño al entorno: una parte de los antibióticos llega al medio ambiente destruyendo microorganismos que son necesarios para el crecimiento de algunas plantas. Y el principal problema es que el abuso de los antibióticos contribuye a la aparición de gérmenes resistentes que son cada vez más difíciles de combatir”.

Afortunadamente las autoridades comunitarias tratan de responder a la nueva situación. El Consejo de Ministros de la Unión Europea celebrado el pasado verano aprobó la prohibición de aditivos utilizados en piensos y destinados a promover el crecimiento del ganado. El uso de antibióticos estará sometido a la evaluación y autorización de la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (AESA) y los aditivos destinados a la prevención de enfermedades avícolas estarán sometidos a medidas mucho más estrictas, como la evaluación cada cuatro años de las autorizaciones y de los límites máximos permitidos. La finalidad de esta medida es garantizar la seguridad de los productos y evitar así riesgos para la salud humana y animal.

Con medidas como estas podríamos empezar a estar más tranquilos si no fuera porque en un reciente estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios sedetectó la presencia de antibióticos en 11 de las mieles analizadas. Para la OCU, que se encuentren restos de antibióticos en la miel, es“inaceptable”. “No es de recibo –dicen- que aparezcan restos de antibióticos en un alimento como la miel. Sin embargo, están presentes casi en una de cada tres muestras en lo que es otro ejemplo más del abuso de estas sustancias. La Administración debería establecer una regulación del uso de estas sustancias en los casos necesarios y también poner los medios para que no lleguen al producto que va a ingerir el consumidor final”.

 No se trata ciertamente de cantidades peligrosas sino de lo ejemplarizante que puede resultar el uso de unas prácticas cada vez más extendidas. Por eso la OCU reclamaba “una legislación más severa sobre el uso de antibióticos con fines no curativos. Es preciso que se prohíba de forma expresa la adición de antibióticos a la comida para favorecer el crecimiento o a título profiláctico, al tiempo que se imponen unas reglas mínimas que aseguren las buenas prácticas de agricultura y ganadería y, por supuesto, que los sistemas de control existentes funcionen como es debido comprobando regularmente si se están cumpliendo esas leyes”. Demandas razonables de actuación que se formulan porque se echa en falta una respuesta adecuada de las autoridades correspondientes.

No hay que olvidar tampoco que todavía vivimos -y viviremos- bajo la pesadilla de las vacas locas. Que nadie piense que lo peor ha pasado. Juan José Badiola, referencia española cuando se habla de vacas locas en tanto director del Laboratorio del Centro Nacional de Referencia de Encefalopatía Espongiforme Bovina, afirmaba recientemente que el número de casos continúa creciendo y se prevé que alcance su nivel máximo en España en el 2005. En cuanto a la posible incidencia en los consumidores advirtió: “No ha habido ningún caso hasta ahora pero toquemos madera. Si el pico de casos animales se da en el 2005 significa que los casos pueden aparecer hasta muchos años después, como ha ocurrido en el Reino Unido. Allí, el primer caso de vacas locas es de 1986 y el primero en humanos de 1996. El periodo de incubación puede ser de entre siete y 15 años; y aquí no hemos llegado todavía al máximo de casos”. ¿Qué se está haciendo para prevenir la posible incidencia de la enfermedad a la largo plazo?

Podríamos seguir y hablar de las dioxinas, de los furanos, los hidrocarburos, los metales pesados, los plaguicidas, el DDT, los difenilos policlorados, los orgonofosforados, las hormonas, los conservantes, las bacterias -como la salmonella, la listeria o el staphylococcus, los parásitos -como la trichina-, etc. Pero no haríamos sino reiterar denuncias como las hasta ahora planteadas.

Créanos: la seguridad alimentaria precisa de esfuerzos mucho mayores de los que oficialmente se hacen. El propio Geoffrey Podger, director ejecutivo de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria es consciente de la necesidad de una mayor transparenciade las autoridades nacionales  “La primera lección es que la opinión pública no quiere paternalismos sino que se le expliquenlas cosas tal y como son. Cuáles son los riesgos, cuáles los problemas y qué se puede hacer. Sin ocultar nada y sin añadir nada. La comunicación fue un desastre en toda Europa con las vacas locas y costó mucho que la gente recuperase la confianza en el sistema de alimentación. Ésa fue nuestra principal tarea. La segunda lección, que es consecuencia de la primera, es que la gente no quiere que los políticos le informen sobre los problemas de seguridad alimentaria. La gente no cree a los políticos en estas cosas. Quiere que se dediquen a la política pero que de los riesgos les informen agencias independientes y preparadas. Y la tercera es que hay que estar abierto a cambiar la opinión científica sobre cualquier asunto si las pruebas lo indican. No hay que tener ninguna idea preconcebida sobre los riesgos y los mecanismos de actuación”.

 

Antonio Muro
 

Este reportaje aparece en
54
Octubre 2003
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