La normativa española sobre productos
cosméticos -en concreto el Real Decreto 1599/1997
de 17 de octubre y la Directiva Comunitaria 2003/15/EC
de 27 de febrero, traspuesta a ley nacional el 11
de septiembre de 2004- los define como
"toda sustancia
o preparado destinado a ser puesto en contacto con
las diversas partes superficiales del cuerpo humano
(epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios
y órganos genitales externos) o con los dientes y
mucosas bucales con el fin exclusivo o principal de
limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto y/o
corregir los olores corporales y/o protegerlos y mantenerlos
en buen estado". La lista de productos que se
pueden considerar cosméticos es pues amplísima y pasa
por cremas, emulsiones, lociones, geles, aceites para
la piel, máscaras de belleza, maquillajes, jabones,
aguas de colonia y perfumes, champús, depilatorios,
desodorantes y antitranspirantes, productos capilares,
para el afeitado, para desmaquillar, para los labios,
para el cuidado bucal y dental, para las uñas, para
los bebés, para el cuidado íntimo externo, para la
protección solar o para el bronceado sin sol...
Pero, ¿de qué están compuestos los cosméticos convencionales
que utilizamos
a diario? La ley dice claramente
que no pueden contener sustancias clasificadas como
carcinógenas, mutágenas o tóxicas pero un simple vistazo
a las etiquetas -incluso de marcas internacionalmente
conocidas y de prestigio- demuestra que las leyes
no se respetan. Y son cada vez más los expertos que
entienden que muchos cosméticos son auténticos venenos.
Por legales que sean. Porque aunque la excusa sea
que no son peligrosos ya que los tóxicos que contienen
están en pequeñas cantidades hablamos de productos
que en muchos casos se utilizan a diario y, por tanto,
la cantidad de sustancias perjudiciales que termina
entrando en nuestro organismo es al final elevada.
La cantidad "aceptable" de sustancias químicas tóxicas
en los cosméticos debiera ser
cero. Lo apoya
el hecho incontestable de que hoy está científicamente
demostrada la gran contaminación que sufrimos
todos
(lea en nuestra web -www.dsalud.com- el reportaje
titulado
"Estamos
todos altamente contaminados" que publicamos
en el nº 58). Y luego no se entiende por qué el número
de casos de cáncer aumenta en todo el mundo año tras
año...
LOS INGREDIENTES MÁS PELIGROSOS
Según la
Agencia para la Protección de la Salud
del Reino Unido cada mes aparecen más de 600 sustancias
químicas nuevas que se añaden a la lista de las 80.000
ya existentes. Y, sin embargo, sólo se ha constatado
los efectos que provocan en humanos ¡en menos del
10% de los casos! Es decir, hay "controladas" menos
de 8.000 sustancias y de ellas están permitidas para
su uso en cosmética algo más de 6.000. Permitidas...
sin que entendamos además la razón ya que está constatado
que muchas causan alergias, problemas de pigmentación,
irritación de la piel, trastornos hormonales e, incluso,
cáncer y daños genéticos a futuros bebés, como veremos
a continuación. Y es que, contra lo que algunos pretenden
que creamos, las sustancias de los productos cosméticos
no se quedan en la capa más superficial de la piel
sino que se absorben y pasan a la sangre pudiendo
provocar dolencias de todo tipo.
¿Y cuáles de esos componentes pueden ser tóxicos?
Al menos los que incluimos en estas páginas. Eso sí,
advertimos que por razones de espacio no citamos todas
las "sustancias sospechosas" de peligrosidad que utiliza
la cosmética convencional, sólo los más comunes. Sustancias
que, afortunadamente, no se usan en la cosmética natural
en la que más del 90% de sus componentes son materias
primas naturales de origen no animal. Aclarado este
punto recogemos un listado de las sustancias consideradas
más peligrosas. Por precaución, evítelas en la medida
de lo posible. Son éstas:
-Aceites minerales.
Se trata de sustancias derivadas del petróleo
que la industria cosmética utiliza como agentes antibacterianos
y para mejorar la textura de las cremas de tal forma
que resulte agradable ponerlas sobre la piel. También
son uno de los ingredientes principales de los productos
para el cabello, las lociones para después del afeitado,
los desodorantes, los enjuagues bucales, los aceites
para bebés, las pastas de dientes, etc.
Su uso industrial resulta muy rentable ya que son
aceites que cuesta muy poco obtener, algo que para
algunos prima sobre el hecho de que sean altamente
cancerígenos. Además estas sustancias cubren la piel
como si fueran una envoltura de plástico de tal forma
que tapan los poros, bloquean la respiración de las
células, extraen la humedad de la piel y la sacan
a la epidermis de manera que ésta aparece brillante
e hidratada. Pero sólo aparentemente porque, en realidad,
a causa de esa capa plástica que la recubre la piel
queda incapacitada para cumplir con sus funciones
de defensa. Entre otras cosas, impide eliminar toxinas
a través de la piel y, como consecuencia, aparecen
acné, irritaciones, rojeces y otros desórdenes además
de hacer que envejezca prematuramente. De ahí que
cuando se dejan de usar estas cremas con aceites minerales
la piel aparezca aún más seca y estropeada que cuando
se empezaron a usar.
En las etiquetas estas sustancias pueden aparecer
en su denominación latina o castellanizada
(vea
a este respecto el recuadro adjunto). Las más
habituales son
aceite mineral, paraffinum, paraffinum
liquidum, petroleum, etc.
También son derivados del petróleo sustancias como
la
cera microcristalina, el
ozokerite,
el
ceresin y la
vaselina. Pero de entre
estos derivados destaca especialmente el
glicol
propileno. Se trata de un líquido incoloro que
forma parte de la composición de multitud de productos
cosméticos... ¡y también de pinturas, detergentes
para ropa, ceras para suelos y anticongelantes y líquidos
de freno de los coches! De esta sustancia se pregona
que ayuda a retener la humedad de la piel y que hace
que ésta se perciba al tacto suave y sedosa... pero
lo que no se dice es que numerosos estudios relacionan
el
glicol propileno con la dermatitis de contacto
y con algunos trastornos del riñón o del hígado, que
puede inhibir el crecimiento de las células epidérmicas
e irritarlas (de hecho se le considera el principal
irritante de la piel, incluso en concentraciones muy
bajas) y que puede también irritar los ojos, causar
trastornos gastrointestinales, náuseas, dolor de cabeza
y vómitos además de afectar al sistema nervioso central.
-Ftalatos.
Los ftalatos son sustancias disolventes y suavizantes
que se pueden encontrar con excesiva facilidad en
cremas, esmaltes de uñas, perfumes, lacas de pelo
y desodorantes. Y eso que el Parlamento Europeo prohibió
su uso -a partir del pasado 1 de enero- en la fabricación
de juguetes que puedan meterse en la boca y en artículos
de puericultura ya que se les relaciona con daños
en los sistemas reproductor y endocrino así como con
un aumento del riesgo de padecer asma y cáncer. Así
al menos consta en algunos estudios; por ejemplo,
en el realizado por la Universidad de Rochester (Estados
Unidos) que señala que la exposición a estas sustancias
está también ligada a un elevado riesgo de anomalías
genitales en bebés varones. Pues bien, hay seis tipos
de ftalatos que no se pueden usar ya ni en la fabricación
de juguetes por razones de seguridad pero puede encontrárselos
en diversos cosméticos. Revise las etiquetas y evítelos,
especialmente los tres primeros que mencionamos. Hablamos
del
dietilhexiloftalato (DEHP), el
dibutilftalato
(DBP), el
butilbenzilftalato (BBP), el
diisononilftalato (DINP), el
diisodeciloftalato
(DIDP) y el
dinoctilftalato (DNOP).
-Fenol y fenil.
El fenol y el fenil son sustancias que
se utilizan como desinfectantes en el ámbito de la
medicina y como conservantes en la industria de la
cosmética. En el caso del fenol, por ejemplo, es conveniente
saber que se trata de un alcohol que se produce mediante
la oxidación parcial del benceno lo cual lo convierte
en un ingrediente tóxico que puede afectar al sistema
nervioso central, al corazón, al hígado, al riñón
y a la piel.
Nitropheno, phenolphthalein o chlorophenol
son sólo algunas de las denominaciones bajo las
que puede aparecer. En cuanto al fenil -que se incluye
muy a menudo en los cosméticos con el nombre de
phenylenediamine
sulfate- penetra por la piel, accede al torrente
sanguíneo y puede causar problemas hepáticos.
Estos alcoholes son incorporados en productos de todo
tipo pero especialmente en los enjuagues bucales.
De hecho, algunos contienen más alcohol que la cerveza,
el vino y otros licores (por ejemplo, el conocido
Listerine contiene un 21,6% de alcohol y por
ello en el recipiente figura una etiqueta de advertencia).
Etiqueta que, sin embargo, no aparece en las lacas
para el pelo, en muchas de las cuales el 95% de su
composición la suele constituir el alcohol etílico.
Pues bien, debe saber que cuando se enjuaga la boca
con ellos el alcohol actúa como solvente y hace a
los tejidos más vulnerables a padecer distintas dolencias,
incluido el cáncer. Al menos así lo demuestran algunos
estudios realizados al respecto. Los datos no dejan
lugar a la duda: los varones que normalmente utilizan
enjuagues que contienen un 25% de alcohol tienen un
60% más de posibilidades de padecer cáncer de boca
o de garganta que quienes no los usan. En el caso
de las mujeres ese peligro llega ¡al 90%!
-Ingredientes artificiales
o sintéticos.
La lista de cosméticos que contienen ingredientes
artificiales o sintéticos es prácticamente interminable:
champús, dentífricos, jabones, geles, limpiadores
faciales, lociones, acondicionadores para el pelo,
mascarillas, etc.
Por un lado están los PEGs -abreviatura de
glicol
polietileno- que son sustancias emulgentes que
se utilizan para cuajar agua y grasa o detergentes.
En sí mismas no son tóxicas pero contribuyen a eliminar
el factor protector natural de la piel por lo que
el sistema inmune queda más expuesto y, por tanto,
es más vulnerable. Es decir, que la piel y, por extensión,
el organismo se hacen más receptivos a otras sustancias,
incluidas las tóxicas. De ahí que no se permita usar
más de cinco PEGs en un mismo producto. ¿Y cómo reconocerlas?
Pues suelen aparecer con las siglas PEG seguidas de
un número que indica su peso molecular pero también
se las reconoce por las letras
eth al final
como es el caso de
steareth, ceteareth o -uno
de los más empleados-
sodium laureth sulfate.
Este último no debe confundirse con el
sodium lauryl
sulfate, un detergente muy irritante utilizado
en el 90% de los champús y dentífricos convencionales
que se encuentran en el mercado. Su efecto es tal
que, por el simple contacto con la piel, se absorbe
y se almacena en los tejidos del corazón, el hígado,
los pulmones, los ojos y hasta el cerebro. Y su listado
de efectos adversos no termina ahí ya que se sabe
que también afecta al sistema inmune, interactúa con
otros ingredientes favoreciendo la aparición de cáncer
y en cantidades suficientes puede modificar el material
genético contenido en las células. De hecho, en los
laboratorios se utiliza para inducir mutaciones en
bacterias. Además, al menos en animales, causa problemas
de pigmentación en la piel, corroe los folículos pilosos
y retarda el crecimiento del pelo.
Otro químico extremadamente peligroso es la
diethanolamine
(DEA). Y eso que se trata de una base detergente
y espesante que figura en la etiqueta de más de 600
productos cosméticos y para el hogar. Sobre esta sustancia
el doctor
Samuel Epstin -profesor de Salud
Ambiental de la Universidad de Illinois (Estados Unidos)-
afirma que, aplicada en repetidas ocasiones sobre
la piel de ratas, hace aumentar exponencialmente la
incidencia de cánceres de hígado y de riñón. Afirmaciones
sobre su peligrosidad que serían corroboradas por
John Bally -supervisor de la División de Cosméticos
de la
Food and Drugs Administration o FDA (la
"Agencia del Medicamento" estadounidense)- al reconocer
que diversos estudios han establecido el riesgo que
implica una exposición continua a ella, especialmente
en el caso de los niños.
-Colorantes.
Son sustancias que se emplean para darle el color
deseado a cremas, geles de baño, maquillajes, tintes,
etc. Pues bien, muchos de ellos han demostrado -al
menos en animales- ser altamente cancerígenos y alterar
las moléculas de ADN. Se les puede reconocer porque
sus denominaciones incluyen las sílabas
anilin
o
anilid -por ejemplo, el
acetanilid-
o por otras fórmulas más sencillas como HC
(HC
Orange 3), Acid
(Acid red 73) o Pigment
(Pigment Green 7).
-Solventes.
Muchos estudios relacionan los solventes con el aumento
de la incidencia de cáncer. Algunos de ellos -como
los que contienen el término
isopropil- se
usan también como solventes de pinturas y forman parte
de la composición de los líquidos anticongelantes
de los coches. Es una sustancia derivada del petróleo
que, sin embargo, la industria cosmética convencional
incluye en tintes de pelo, cremas de mano, exfoliadores,
cremas y espumas de afeitar, colonias y otros muchos
cosméticos.
-Fragancias artificiales.
Hablamos de fragancias muy baratas y de fácil producción
que se añaden a perfumes, geles de ducha, jabones,
desodorantes, productos para los bebés, champús, cremas
de manos y corporales, etc. Se las considera peligrosas
porque son bioacumulativas y se sospecha que puedan
producir trastornos en los sistemas reproductor y
endocrino. Además se ha observado que una vez sobre
la piel pueden causar alergias, dolores de cabeza,
mareos, tos, manchas oscuras en la piel, pérdidas
de concentración y hasta cáncer. Entre otras muchas,
se esconden en denominaciones como
acetil hexametil
-que incide sobre el sistema nervioso- o
bromocinnamal
-que resulta irritante para la piel-. Una de las
más utilizadas es el
tonalide.
-Liberadores de formaldehído.
Se trata de uno de los conservantes más utilizados
por ser un potente antimicótico. De ahí que se utilice
incluso en la fabricación de materiales de construcción
y de muebles ya que previene y evita la aparición
de moho y hongos. Es altamente cancerígeno por inhalación.
Además exponerse a él puede causar dolores articulares,
de cabeza o de pecho así como alergia, irritación
y envejecimiento prematuro de la piel, daño en las
membranas celulares y malformaciones en los fetos.
Su uso está prohibido en cosmética pero como es un
conservante muy barato y efectivo la industria se
las ha ingeniado para crear sustancias que directamente
no se pueden considerar formaldehídos pero que lo
liberan. ¿Cómo reconocerlas? De dos formas. Una es
fijarse en los ingredientes que se acompañan de la
palabra
urea como
diazolidinil urea, imidazolidinil
urea o
poliximetileno urea (no debe confundirse
con la urea que se encuentra en la sangre y que es
el resultado del metabolismo de las proteínas). La
otra forma de identificar estas sustancias es fijarse
en que llevan las letras
DM delante del nombre
del conservante químico como es el caso de la
DM
hidantoina. Respecto de estas dos sustancias destacan
los estudios realizados en la prestigiosa Clínica
Mayo (Estados Unidos) que demuestran que el
imidazolidinil
urea y el
DM hidantoina irritan el aparato
respiratorio y la piel y pueden producir palpitaciones.
Y los mencionados no son los únicos conservantes liberadores
de formaldehído. También lo hacen el dimetil
oxazolidino,
el
armilacetato o el
alkifenol.
OTRAS SUSTANCIAS DE LAS QUE
PREOCUPARSE
-El talco.
Es una sustancia químicamente muy similar al asbesto
o amianto, elemento conocido por provocar cáncer (especialmente
de pulmón). El talco forma parte de numerosos productos
cosméticos, entre ellos los maquillajes y los polvos
para los bebés. Pero también se emplea para lubricar
los condones. En este sentido, por ejemplo, ya en
1997 se publicó en la
Revista Americana de Epidemiología
que a largo plazo usar talco en la zona genital hace
que el riesgo de padecer cáncer de ovarios aumente
hasta un 60%. Además se sabe que tapa los poros de
la piel y que impide sus funciones normales.
-Aluminio.
Es otro elemento sobre el que también hay sospechas
fundadas acerca de su toxicidad. De hecho se han realizado
numerosos estudios -algunos de ellos incluso por la
Organización Mundial de la Salud- sobre la
relación entre el aluminio y el Alzheimer. Destacando
el hecho de que en las autopsias realizadas a pacientes
que padecían esa enfermedad se encontraran en sus
cerebros grandes concentraciones de aluminio. Además
gracias a esas investigaciones se sabe que el aluminio
puede unirse al ADN y modificar su estructura así
como alterar la actividad de los genes. Y su absorción
se produce tanto por vía oral como a través de la
piel. De ahí que los cosméticos que lo contienen sean
una fuente de contaminación que se debe tener muy
en cuenta. Especialmente porque el aluminio -en sus
distintas formas- puede encontrarse en cremas hidratantes,
pintalabios, desodorantes, antitranspirantes, etc.
Un ejemplo de la utilización cosmética del aluminio
es su presencia -en forma de
clorhidrato de aluminio-
en la mayoría de los antitranspirantes que se encuentran
en el mercado. Sólo que si bien su acción astringente
consigue reducir o inhibir el flujo de sudor también
puede causar cáncer de mama al provocar la mutación
de las células. Ello se debe al parecer a que al evitar
la eliminación de toxinas a través de las axilas fuerza
al cuerpo a depositarlas en las glándulas linfáticas
que se encuentran bajo los brazos. Y tal sería la
razón de que la mayoría de los tumores cancerígenos
de mama se encuentren precisamente donde se encuentran
esas glándulas.
Cabe agregar que efectos similares a los del clorhidrato
de aluminio los provocan los
parabenos, sustancias
bacteriostáticas y fungicidas utilizadas en multitud
de productos de belleza. Estas sustancias pueden imitar
el comportamiento de los estrógenos y favorecer el
crecimiento de tumores asociados a los niveles de
éstos como es el caso del cáncer de mama. Lamentablemente
los
parabenos -en cualquiera de sus formas-
se encuentran en más del 90% de los productos que
permanecen en piel y en más del 70% de los que se
enjuagan.
-Mercurio.
El mercurio es un metal pesado de elevada
toxicidad a pesar de lo cual a la industria cosmética
se la permite utilizarlo como conservante en productos
de maquillaje y desmaquillaje de los ojos siempre
que su concentración máxima sea del 0,007%. En la
etiqueta se puede encontrar bajo la nomenclatura
tiosalicilato
de
etilmercurio.
-Antioxidantes sintéticos.
Cabe mencionar el
butilhidroxitolueno o
BHT
(también puede aparecer como E-321). Se trata de un
antioxidante sintético que a pesar de no ser un agente
mutágeno es capaz de modificar la acción de ciertas
sustancias que pueden provocar cáncer. Se ha constatado
en ratas que a altas dosis afecta a la reproducción
y al número y desarrollo de las crías.
OPTE POR LO NATURAL
Tras lo expuesto nuestro consejo es obvio: opte por
productos naturales. Y sepa que para que un cosmético
pueda considerarse "natural" ha de estar compuesto
en más del 90% por materias primas naturales de origen
no animal y carecer de sustancias irritantes, tóxicas
o peligrosas. Tienen además la ventaja de que las
sustancias que se usan en su fabricación proceden
mayormente de plantas por lo que en muchos casos fortalecen
y mejoran también las funciones dérmicas.
Eso sí, sepa que no existe una cosmética 100% natural
ya que la mayoría de los productos llevan algún conservante
-aunque sea suave- para garantizar su durabilidad
y un emulgente que permita mezclar y cuajar las sustancias
obtenidas de las plantas y el agua. En todo caso,
la cantidad de sustancias químicas o sintéticas que
se añaden -como vemos, por pura necesidad- es menor
de un 10% de la composición final del producto. Esto
explica, entre otras cosas, su elevado precio, superior
al de los productos que para los mismos fines ofrece
la industria cosmética convencional. Claro que cuando
está en juego la salud no debería haber ninguna duda
a la hora de elegir.
Laura
Jimeno