El Botox puede llegar al cerebro y la médula espinal

La toxina botulínica o botulina -que se comercializa con muchos nombres siendo el más conocido el de Botox– lo produce la bacteria Clostridium botulinum y es uno de los venenos más poderosos que existen; de hecho se considera un arma biológica de destrucción masiva extremadamente peligrosa y por eso se prohibió por la Convención de Ginebra y la Convención sobre Armas Químicas. Entre otros muchos problemas puede provocar sequedad de boca, náuseas, vómitos, parálisis muscular progresiva, fallos respiratorios, botulismo, asfixia, lesiones neurológicas graves por anoxia y, por supuesto, la muerte.

Pues bien, aplicada localmente bloquea la liberación de acetilcolina provocando parálisis muscular temporal en la zona y por eso se usa en cosmética para evitar las arrugas… solo que en cuanto se pierde el efecto hay que volver a inyectarla. Técnica para la que se recurre a dos subtipos que son los más usados: la toxina botulínica tipo A (TbA) y la toxina botulínica tipo B (TbB). Se supone que sin efectos secundarios graves, afirmación que acaba de poner en entredicho un equipo de investigadores australianos, franceses y británicos -el trabajo se ha publicado en Journal of Neuroscience- según el cual la toxina puede llegar al cerebro y la médula espinal a través de los nervios. Lo han constatado mediante microscopía electrónica. Frédéric Meunier, uno de los investigadores, reconoció que se trata de "un hallazgo preocupante dado el poder extremo de esta neurotoxina". Matizando luego que solo "cuando la dosis es excesiva"… pero, ¿qué puede considerarse "excesivo" cuando se sabe que basta un solo gramo de toxina botulínica para matar a un millón de cobayas?