Expertos del Instituto Nacional del Cáncer reconocen que hay que replantearse el enfoque de la enfermedad

Un grupo de expertos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos integrado por Laura Esserman -de la Universidad de California-San Francisco-, Ian Thompson -de la Universidad de Texas- y Brian Reid, del Instituto de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson- acaba de reconocer en un artículo publicado en The Journal of the American Medical Association (JAMA) que ha llegado el momento de replantearse el actual enfoque convencional del cáncer. Siendo una de las cuestiones más importantes a revisar la de los actuales programas de screening (cribado) –la búsqueda temprana de tumores pequeños- porque en muchos casos se descubren “tumores indolentes”, es decir, que nunca se malignizarán ni extenderán por el organismo convirtiéndose en peligrosos para la vida y, sin embargo, se extirpan o tratan con radio o quimioterapia. Un problema que agravan los nuevos y sofisticados métodos de detección: las mamografías, las colonoscopias, la prueba del PSA para el cáncer de próstata y las pruebas de detección del cáncer de tiroides y de los melanomas. Y es que –afirman sin tapujos- han dado lugar “a muchos falsos positivos” en los que luego “fue peor para el paciente el tratamiento que la enfermedad”. Los expertos añaden que cada vez más se están tratando más tumores cuyo peligro potencial es en realidad “clínicamente insignificante”. ¿Su propuesta? Que la palabra “cáncer” se reserve exclusivamente a las lesiones con ”probabilidad razonable de progresión letal si no se tratan” y el resto de los tumores se clasifiquen como meras “lesiones indolentes de origen epitelial”.

Claro que el denominado Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos ya desaconsejó en Estados Unidos en 2009 que se hagan mamografías a las mujeres de menos de 50 años porque ¡los riesgos superan los posibles beneficios! Y asimismo desaconsejó el test del PSA porque tiene un 50% de error.
Hasta aquí la noticia. Ya en el nº 117 -correspondiente a junio del 2009- publicamos un extenso texto titulado Ponen en duda que la prueba del PSA prostático sirva para algo -puede leerlo en nuestra web: www.dsalud.com– en el que decíamos textualmente: “Un reciente estudio del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos concluye que la prueba del PSA permite diagnosticar cánceres de próstata antes y en mayor número pero eso no sirve para reducir el número de muertes. Claro que la idea de que detectar un tumor cuanto antes permite mejorar la incidencia y supervivencia de los enfermos está muy extendida pero no es cierta cuando no se sabe qué hacer para afrontar el problema. Es más, según John E. Niederhuber -director de ese instituto- ese trabajo demuestra que muchos hombres sufren hoy graves efectos secundarios –como impotencia e incontinencia- tras ser tratados por dar positivo y en realidad no tenían cáncer o, teniéndolo, iban a pasar muchos años antes de que éste pudiera provocarles problemas ya que el de próstata avanza muy lentamente”. Y añadíamos en el artículo:“El cáncer de próstata es un completo misterio para los oncólogos. No saben ni cuál es la causa ni cómo evoluciona ni cómo curarlo. Por lo que -como en los demás “tipos” de cáncer- se han dedicado a plantear hipótesis y a buscar “factores de riesgo”: la edad, cuestiones hereditarias o de raza, una dieta inadecuada… Así que han centrado sus esfuerzos en desarrollar métodos de diagnóstico específicos para detectarlo y en fomentar la idea de que detectar un tumor cuanto antes permite mejorar la supervivencia de los enfermos cuando tal cosa no es cierta ya que cuando no se sabe qué hacer para afrontar el problema conocerlo pronto sirve más bien de poco. Bueno, pues una de esas pruebas diagnósticas es la conocida como PSA y se supone que permite prevenir la muerte al enfermo si gracias a ella se detecta con prontitud el cáncer. Lo cierto, sin embargo, es que se trata de un método inmerso en controversia científica porque no es ya que sus presuntos beneficios sean cuestionables sino que hacérsela puede tener consecuencias graves”.
Posteriormente -en el nº 126- dimos a conocer que Richard Ablin, profesor de Inmunología y Patología en el Colegio de Medicina de la Universidad de Arizona (EEUU) y presidente de la Fundación Robert Benjamin Ablin de Investigación del Cáncer que fue quien desarrolló el análisis de antígeno prostático específico (PSA), acababa de reconocer públicamente en un artículo publicado en The New York Times que ese test es “demasiado caro y poco efectivo”. “No es más eficaz que tirar una moneda al aire” reconocería, añadiendo: “Nunca imaginé que el descubrimiento que hice hace cuatro décadas iba a dar lugar a tal desastre para la salud pública a causa del ansia de lucro de algunos “. “Ese test –afirmaría- revela simplemente la cantidad de antígeno de la próstata que un hombre tiene en sangre pero una infección, la ingesta excesiva de medicamentos de venta libre como el ibuprofeno o una simple inflamación benigna de la misma pueden alterar los niveles del PSA sin que ello sea señal de la existencia de cáncer. Hombres con lecturas de bajo nivel podrían albergar cánceres peligrosos mientras otros con lecturas altas pueden estar completamente sanos. He intentado aclarar todos estos años –añadiría- que la prueba de PSA no puede detectar si una persona tiene cáncer de próstata y, lo que es más importante, no puede distinguir entre dos tipos de cáncer de próstata: el que puede provocar la muerte y el que no. El test simplemente revela cuánto antígeno prostático hay en sangre” (los subrayados, mayúsculas y negritas son nuestras). Ablin terminaría su confesión denunciando que las farmacéuticas sigan vendiendo el test y los médicos recomendándolo. Sin éxito alguno porque como hemos repetido hasta la saciedad el cáncer es ante todo un negocio.
En fin, en ese mismo número contamos que son cada vez más los investigadores que reconocen abiertamente la ineficacia de los tratamientos convencionales para el cáncer. Entre ellos Max Wicha -fundador del Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Michigan (EEUU) y pionero en el estudio de las razones biológicas de las recidivas de los cánceres y de su capacidad para formar metástasis en otras partes del organismo- quien afirmó ya entonces que con frecuencia no sólo no funcionan sino que contribuyen a empeorar la situación (lea la extensa noticia que publicamos sobre ello en el nº 126 con el título Ineficacia de los tratamientos convencionales para el cáncer).