Greenpeace denuncia la primera patente sobre reproducción humana

 

El pasado mes de diciembre la Oficina Europea de Patentes (EPO) en Munich otorgó una patente sobre embriones manipulados genéticamente que otorga a su propietario los derechos de extraer células de embriones humanos para manipularlas genéticamente y producir embriones transgénicos. Esto significa que no sólo queda patentado automáticamente el proceso para la manipulación genética -la llamada línea germinal- sino también el “producto” de esta manipulación, es decir, la persona modificada genéticamente.
La decisión de la EPO representa la ruptura sin precedentes de un tabú. Esto nos lleva muy cerca de producir seres humanos en laboratorio y patentarlos”, declararía el Dr. Christoph Then,  experto en ingeniería genética de Greenpeace.
Al otorgar esta patente, la EPO ha infringido la Directiva de Patentes Europea que, entre otras cosas, prohíbe explícitamente las patentes sobre “procesos para modificar la línea germinal de la identidad genética de seres humanos, así como las patentes de embriones humanos para su uso industrial o con propósitos comerciales”.
Hasta ahora, la Universidad de Edimburgo -propietaria de la patente- sólo ha experimentado este proceso en ratones pero, como afirma el doctor Then, “cuando una empresa consigue una patente sobre procesos también planea desarrollarla y comercializarla. Esta patente sólo es la punta del iceberg”.
La Oficina Europea de Patentes, pues, ha ido más allá de sus competencias al otorgar patentes de plantas, animales, genes y partes del cuerpo humano, denuncia Greenpeace.
Pero tras la Universidad de Edimburgo se encuentra la empresa australiana Stem Cell Sciences (SCS) -que tiene un acuerdo de exclusividad con la universidad- y trabaja además con las empresas Aventis y Novartis.
Greenpeace denuncia el claro trasfondo comercial de este asunto ya que la oficina de patentes se financia exclusivamente de las comisiones. Sólo en 1998 recaudó unos 1,3 billones de marcos por este concepto. Pero lo que ha indignado más a la organización  es que la Oficina Europea de Patentes (EPO) -que reconoció haber cometido un “error” al permitir la patente de seres humanos- pide ahora cerca de 100.000 pesetas a cada una de las personas o entidades que quieran recurrir la decisión.
“La arrogancia de la EPO no tiene límites; no contenta con haber cometido el error y querer cobrar a quienes intentan subsanarlo, ahora rechaza cualquier recurso colectivo por lo que todos y cada uno de los europeos que han presentado recursos tendrán que enriquecerla con su dinero si quieren revocar la patente sobre seres humanos”,ha declarado Ricardo Aguilar, Director de Campañas de Greenpeace.
“Que todo esto esté ocurriendo ante la pasividad de la mayoría de los gobiernos europeos es inaceptable y desolador”, añade Aguilar.