La multinacional GlaxoSmithKline, condenada por probar una vacuna en niños sin consentimiento

El juez argentino Marcelo Aguinsky ratificó a finales de 2011 la decisión del Ministerio de Salud de condenar al laboratorio británico GlaxoSmithKline y a dos médicos a pagar 180.000 euros por conseguir de forma irregular el consentimiento de unos padres para que sus hijos recibieran una vacuna que se estuvo experimentando entre 2007 y 2008 para la neumonía y la otitis aguda. Catorce de los bebés -todos ellos de familias pobres- murieron poco después de ser vacunados pero los padres no pudieron “demostrar” que la causa fuera la vacuna. Ya se sabe que si alguien vacuna a un niño completamente sano y éste muere al poco tiempo eso no demuestra -para los jueces- que la causa haya sido ésa. La condena pues se obtuvo porque la multinacional farmacéutica y los profesionales que la administraban habían cometido irregularidades a la hora de conseguir el consentimiento de los padres. Según el juez en unos casos los padres eran menores de edad, en otros los permisos se los dieron los abuelos cuando no estaban autorizados para hacerlo y en un caso la madre era psicótica y no se evaluó su capacidad de discernimiento. Además se proporcionó la vacuna sin conocerse los antecedentes clínicos de los niños. Finalmente, los inspectores del ministerio advirtieron la “falta de seguimiento y registro adecuado” de las reacciones adversas a la vacuna. GlaxoSmithKline deberá pagar por ello 71.600 euros al Ministerio de Salud y el resto a los padres; una cantidad ridícula para una empresa que en el 2010 facturó 33.998 millones de euros. La vacuna en cuestión fue la Antineumocócica conjugada 10 valente que hoy está aprobada en más de 85 países, incluidos los 27 de la Unión Europea. Y ahora vacune usted a su hijo con ella si quiere…