Los beneficios generales de salud de un producto natural no pueden prohibirse salvo que éste sea perjudicial

D. José Yusty Bastarreche, magistrado del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo n° 3 de Madrid, ha dictado una significativa sentencia según la cual las alegaciones genéricas de que un producto natural es beneficioso para la salud no pueden prohibirse si realmente es así salvo que su consumo sea perjudicial. Así lo determinó en sentencia firme no recurrible el pasado 22 de septiembre de 2014 con ocasión del procedimiento que la Comunidad de Madrid incoó a la empresa Ki-Food sancionándola con 7.513 euros por «infracción grave en materia de publicidad y protección de los derechos de los consumidores» alegando que atribuían a algunos de sus productos “propiedades preventivas terapéuticas y curativas de enfermedades humanas o propiedades adelgazantes o que su consumo potencia la fuerza física, la capacidad mental y el equilibrio emocional”. Explicitando que la empresa usaba en su publicidad frases como «es el más recomendado para la salud», «el alimento que cambia la vida» y «el objetivo de Ki-food es ayudar a recuperar y mantener la buena salud» así como que «por falta de energía YANG puede producirse caída del pelo, afecciones de corazón, hemorroides, hepatitis, infección de orina…» y «por falta de energía YIN acidez, úlcera de estómago, diabetes, colesterol, varices, tensión alta…». Aseveraciones que según la Consejería de Sanidad madrileña violan la Ley 14/1986, de 25 de abril General de Sanidad, el Real Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, sobre Publicidad y Promoción Comercial de Productos, Actividades o Servicios con pretendida finalidad sanitaria, el Real Decreto 1487/2009, de 26 de septiembre relativo a los complementos alimenticios y el Reglamento CE 1924/2006, de 20 de diciembre, relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos.

Pues bien, el tercer apartado de la sentencia señala textualmente: “(…) De la lectura del contenido del folleto aportado al expediente administrativo lo que se desprende es que los productos de los que se hace publicidad son beneficiosos en general para la salud lo cual puede predicarse de todo aquello que no sea claramente perjudicial; y realmente, lo que contiene son declaraciones tan amplias y generales que difícilmente pueden ser calificadas como infracción de alguno de los preceptos señalados”.

El magistrado dio así parcialmente la razón al letrado madrileño Carlos Prada, que fue quien se opuso a las pretensiones de la Consejería de Sanidad madrileña, abriendo la puerta a futuras reclamaciones aunque esta sentencia no sea vinculante ni generalizable. Y decimos parcialmente porque si bien el magistrado entendió que la expresión «regala salud» no puede ser considerada «publicidad engañosa» sino «una mera afirmación optimista acerca de las propiedades» considera que «es cierto que algunas de las afirmaciones, o el conjunto de ellas tal y como está redactado, puede inducir a confusión a personas predispuestas a ello». Añadiendo que «en todo caso, la infracción no puede considerarse grave sino leve de acuerdo con la Ley 11/1998, de 9 de julio, de Protección de los Consumidores de la Comunidad de Madrid” por lo que en lugar de los 7.513 euros pedidos condenó a la empresa a una multa de 1.500 por infracción leve. En suma, una decisión «salomónica» cuya sentencia no especifica lo que una empresa puede o no decir exactamente pero permite vislumbrar la posibilidad de que otros jueces y magistrados entiendan que sí es lícito que los productos naturales inocuos puedan hacer alegaciones generales sobre sus beneficios para la salud.