Monsanto propone que hormigas voladoras genéticamente modificadas sustituyan a las abejas

Las dos terceras partes del polen que las abejas recogen y utilizan están contaminadas por plaguicidas tóxicos (insecticidas, acaricidas, fungicidas y herbicidas); hasta 17 diferentes se encontraron en una misma muestra. Lo denunció Greenpeace en un informe publicado en abril de 2014 asegurando que detectaron hasta 53 sustancias químicas diferentes en 12 países; entre ellas DDE -tóxico acumulable resultante de la degradación del hoy prohibido DDT– y neonicotinoide tiacloprid, insecticida neurotóxico.

En España, donde se obtuvieron 17 muestras (3 de pan de abeja y 14 de polen), se encontró también DDE -en una muestra-, imidacloprid -en cuatro-, clorpirifos, propargite -ilegal en Europa- y buprofezin (autorizado solo en Italia pero encontrado en España). Recordando Greenpeace entonces que en España hay autorizados ¡319 productos peligrosos para las abejas! por lo que exigió que algunos se prohibiesen de inmediato: clotianidina, imidacloprid, tiametoxam, fipronil, clorpirifos, cipermetrin y deltametrin.

Pues bien, un equipo de investigadores de Monsanto propone para resolver «el misterioso colapso de la población de abejas en el mundo» -hay que ser hipócritas para decir que su desaparición constituye un misterio- utilizar hormigas voladoras genéticamente modificadas ya que son 50 veces más resistente a ciertos plaguicidas. Tan peregrina idea ha surgido gracias a que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) concedió a la multinacional tres millones de dólares de subvención para que buscase una «solución». Y la plantean porque en palabras de su coordinador, el bioquímico John Leere, «la ingeniería genética agrícola y los plaguicidas neonicotinoides están aquí para quedarse».

La noticia pone los pelos de punta. ¿Reaccionará alguna vez nuestra sociedad ante lo que está pasando?