Piden la retirada de Gardasil en Dinamarca

La televisión nacional danesa -TV2- emitió en marzo pasado un dramático documental sobre una niña que había enfermado gravemente tras recibir Gardasil -la llamada vacuna contra el virus del papiloma humano- y nada más terminar el programa la emisora empezó a recibir llamadas de niñas o padres que contaban experiencias similares pero cuyos médicos les dijeron que sus problemas no podían deberse a las vacunas porque éstas no causan problemas graves. De hecho a casi todas ellas se les dijo que sus problemas eran «psicológicos». Y eso que sus síntomas eran graves -incluyendo convulsiones, pérdida de conocimiento durante horas y diversas discapacidades- y los psiquiatras a las que se les mandó no encontraron patologías psicológicas. Siendo alguna finalmente diagnosticada como afecta de un Síndrome de taquicardia postural ortostática (STOP), patología que -¡oh, casualidad!- se encuentra hoy básicamente entre quienes han recibido Gardasil.

La reacción popular haría que el 1 de junio el Gobierno danés creara centros regionales para recibir y examinar a cualquier persona sospechosa de tener una reacción negativa a Gardasil y la respuesta fue impresionante lo que pronto hizo pensar a las autoridades que el número de niñas afectadas era mucho mayor del calculado. Solo nueve días después -el 9 de junio- la lista de niñas que pidieron ser examinadas se encontraron con una lista mínima de espera de entre 6 y 9 meses. Ese mismo día Jesper Mehlsen, especialista del Hospital Synkopcenteret Frederiksberg, declararía: «Creíamos que el porcentaje de efectos secundarios graves era de 1 por cada 10.000 vacunaciones pero es como mínimo del doble».

Estimación que solo dos días después -el 11 de junio- modificaba: «La estimación más realista es que una niña de cada 500 sufrió efectos secundarios graves «. Añadiendo: «No me sorprendería descubrir que han enfermado miles de niñas, algunas gravemente».

Pues bien, tanto el ministro danés de Salud, Nick Haekkerup, como los miembros del Consejo Nacional de Salud de Dinamarca continuaron defendiendo el uso de Gardasil con el consabido latiguillo de que es segura y los beneficios superan a los riesgos. Sin duda porque necesitan mantener a toda costa esa postura para no ir a la cárcel. Y lo aseveran a pesar de que los médicos que tratan a las niñas afectadas no están en absoluto de acuerdo y de que la propia doctora Diane Harper, que participó en el desarrollo de Gardasil, declararía: «Los datos no permiten afirmar que los beneficios superen a los riesgos; la verdad es que sabemos muy poco sobre los efectos secundarios de la vacuna«.

Liselott Blixt, responsable de salud del Partido Popular Socialista en el Parlamento danés y que fue una de las personas que más luchó para lograr que Gardasil se introdujese en Dinamarca en 2008 afirma ahora: «Fui la primera en dar un gran ‘sí’ a la vacuna y ahora voy a ser también la primera en pedir que se retire».

Y mientras todo esto se discute miles de niñas sanas de todo el mundo están siendo llevadas a padecer graves problemas de salud que las autoridades achacan luego a problemas mentales. Hasta que empiece a haber padres que se tomen la justicia por su mano…