La Asociación Española Contra el Cáncer se alía con los colegios médicos

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) -entidad privada no oficial que dirige Isabel Oriol Díaz de Bustamante y cuya presidenta de honor es la Reina, Dª Letizia Ortiz Rocasolano– suscribió poco antes del verano un acuerdo con el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España (CGCOM) –que preside el Dr. Juan José Rodríguez Sendín- para colaborar en la «prevención, información y concienciación sobre el cáncer» así como en «la mejora de la calidad de vida de las personas afectadas por esta enfermedad y de sus familias». La idea básicamente es -según reconocen- concienciar a la población de la importancia de detectar precozmente el cáncer a fin de disminuir la incidencia y la mortalidad, potenciar la investigación y promocionar la formación entre los colectivos profesionales y voluntarios.

En esos mismos días el Consejo Social de la Organización Médica Colegial aprobó por unanimidad que la Asociación Española Contra el Cáncer se incorporase además al mismo junto a las otras entidades que ya lo integran: la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma), el Foro Español de Pacientes (FEP), la Confederación de Enfermos Crónicos, el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi) y la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI). Cabe añadir que el Consejo Social de la Organización Médica Colegial forma parte de la llamada Alianza científico-profesional en defensa del estado del bienestar.

En pocas palabras, los médicos se han aliado con una entidad privada que lleva casi 60 años apoyando las tesis y tratamientos oficiales sobre el cáncer cuya aportación para su curación ha sido NULA. Y eso que cuenta con una estructura basada en 52 juntas provinciales y representación en más de 2.000 localidades españolas. Considerada una entidad de carácter “benéfico-asistencial” asegura contar con más de 120.000 socios, 14.757 voluntarios y 744 empleados. Por eso requiere tantos fondos: no para prevenir o investigar en la curación del cáncer sino para mantener a cientos de empleados que viven gracias a la solidaridad de muchas buenas personas que no tienen ni idea de en qué se gasta la mayor parte de lo que entregan de buena fe. Y no hablamos de esos miles de voluntarios que actúan en el convencimiento de que su labor está siendo útil a la sociedad pero cuya labor se centra en recaudar dinero. Porque además de las numerosas subvenciones y donaciones que esta entidad recibe –públicas y privadas- y del dinero que aportan los “socios” se trata de una entidad experta en obtener fondos apelando a la solidaridad. No hay ya casi acto público en España en el que no estén presentes pidiendo dinero. Hasta multitud de empresas “colaboran” con ella para poder decir que son «solidarias» en sus anuncios. La verdad sin embargo es que incluso el dinero que se destina a “proyectos de investigación” sirve básicamente para justificarse dando trabajo a amigos y simpatizantes. Lo demuestra que ni uno sólo ha aportado algo de un mínimo interés en la resolución del problema del cáncer.