Aloe vera, una “planta milagrosa”

Sólo un grupo muy selecto de especies vegetales posee tanta capacidad curativa como el aloe vera. No en vano se trata de una planta que se ha ganado el apelativo de “milagrosa” por ser, entre otras muchas propiedades, antimicrobiana, astringente, analgésica, regeneradora de tejidos, cicatrizante, energetizante, antiinflamatoria, depurativa, digestiva, vasodilatadora, alcalinizante, gastroprotectora, desinfectante, colerética, colagoga, laxante… y así un largo etcétera. Siendo la ingesta en forma de zumo una de las maneras más rápidas y efectivas de beneficiarse de ellas. Especialmente si se tienen problemas digestivos o una úlcera.

Los antiguos egipcios llamaron al aloe vera “la planta de la inmortalidad” lo que demuestra la importancia que la otorgaron siendo los primeros en dejar referencia escrita de su uso como remedio curativo en los famosos Papiros de Ebers escritos en el 1500 a.C. (solo que ya en ellos se reconoce que sus propiedades se conocían muchos siglos antes). También está escrito que Aristóteles era conocedor de tales propiedades y por eso persuadió a su discípulo Alejandro Magno de que conquistase la isla de Socotora -que actualmente pertenece a Yemen- a fin de obtener suficiente cantidad de la planta –de la que la isla era y es muy rica- para curar las heridas de sus soldados. Otro griego, en este caso el médico y botánico Dioscórides, preparó en el siglo I d.C. un extenso y detallado informe sobre sus numerosas aplicaciones y en él se puede leer que ya entonces se usaba para tratar heridas, insomnio, desórdenes estomacales, hemorroides, estreñimiento, dolor de cabeza, picazón, problemas de encías, ampollas, quemaduras del sol, etc. Después, siglo tras siglo, el conocimiento sobre el aloe vera aumentaría a la vez que se contrastaban las propiedades de las que hablaban los antiguos por lo que hoy esta planta liliácea emparentada lejanamente con el ajo o la cebolla y de la que están catalogadas más de 300 especies distintas –aunque la más apreciada por su actividad terapéutica es el Aloe vera Barbadensis Miller, cuyas bondades detallaremos en este texto- se encuentra en muy diversos preparados farmacéuticos, alimenticios, cosméticos, etc., tanto en forma de crema o gel como de jabón, champú, pomada, pasta dentífrica o zumo. Pues bien, es precisamente al zumo de aloe vera al que queremos principalmente dedicar estas páginas anticipando al lector que para poder beneficiarse de todos sus nutrientes hay que eliminar antes uno de sus componente, la aloína, ya que es excesivamente purgante y potencialmente abortiva.

MÁS DE 200 NUTRIENTES

La importancia del aloe vera se explica porque posee más de ¡200 nutrientes! fundamentales para nuestro organismo, entre ellos 75 principios activos, una veintena de minerales, 18 aminoácidos y más de diez vitaminas. Datos que sin duda avalan sus incontestables propiedades. Y eso que el mayor porcentaje del peso total del gel de aloe –a partir del cual se obtiene el zumo- es ¡agua! En cuanto a lo que no es agua en el aloe vera cabe mencionar su riqueza en vitaminas A, C, E y todas las del grupo B, incluida la B12, muy poco frecuente en el mundo vegetal. Por lo que respecta a los minerales el aloe contiene aluminio, azufre, bario, boro, calcio (en cantidades importantes), cobre, cromo, estroncio, fósforo, hierro, magnesio, manganeso, potasio, silicio, sodio, yodo y zinc. Cabe destacar que el aloe es una de las pocas especies vegetales –junto con el gingseng, las setas shiitake, el alga chlorella y el ajo- que contiene germanio orgánico, mineral que además de ayudar a depurar el organismo reestructura y revitaliza la médula ósea, estimula la producción de endorfinas -calmando el dolor- y potencia el sistema inmune, por citar algunas de sus funciones más destacadas.
El aloe –y el zumo que se obtiene de él- contiene asimismo todos los aminoácidos esenciales excepto el triptófano y varios de los no esenciales; en concreto, ácido aspártico, ácido glutámico, alanina, arginina, cisteína, glicina, histidina, prolina, serina y tirosina. También es importante su riqueza en enzimas, responsables -entre otras cosas- de transformar los alimentos en energía y, por tanto, en vida para cada una de las células del cuerpo además de estimular el sistema inmune, aliviar el dolor o la inflamación, prevenir la acumulación de líquidos, favorecer la digestión, etc. Algunas de las enzimas contenidas en el aloe vera son la fosfatasa, la amilasa, la bradiquininasa, la catalasa, la lipasa, la celulasa, la tiroxinasa y la carboxipeptidasa.
Cabe añadir que esta planta contiene otros elementos terapéuticamente interesantes como la isobarbaloína (de efecto analgésico y antibiótico), el ácido aloético (también antibiótico además de purgante), la emodina (que es bactericida y laxante), el ácido cinámico (analgésico y anestésico), el ácido salicílico (analgésico y antiinflamatorio), la aloemicina (con las mismas propiedades que el ácido salicílico), el ácido crisafánico (fungicida) y la aloeuricina (que activa y fortifica las células epiteliales lo que la hace ser útil, por ejemplo, en caso de úlceras gástricas o duodenales) así como taninos, esteroles y triglicéridos. Aunque los componentes que han despertado en los últimos años mayor interés entre los investigadores son sus polisacáridos mucilaginosos -responsables de la actividad biológica del aloe-, en especial el acemanano (del que destacan sus propiedades para regenerar tejidos) y el aloérido (que presenta una potente actividad inmunoestimulante).
Ahora bien, como antes adelantamos el aloe vera puro contiene una sustancia conocida como aloína que le otorga un fuerte efecto purgante y no es adecuada para personas con problemas intestinales por lo que en el zumo de aloe -como en cualquier presentación que vaya a ser ingerida- debe eliminarse. Siendo así todo el mundo puede beneficiarse con seguridad de sus propiedades terapéuticas… salvo algunas personas en los casos de los que hablaremos al final de este texto.
Entremos ahora a hablar con más detenimiento de sus propiedades, algunas de las cuales ya las mencionó Dioscórides: “El zumo del aloe –dejó éste escrito hace ya veinte siglos –destriñe, provoca sueño, deseca, aprieta y condensa los cuerpos y, de otra parte, relaja el vientre. Bebidas dos cucharadas de él con agua fría o suero purga el estómago y restaña la sangre del pecho. Incorporado con miel resuelve los cardenales y las ojeras, mitiga las escabrosas inflamaciones que en los ojos se engendran y modera la comezón de los lagrimales. Aplicado con aceite rosado y vinagre sobre la frente y las sienes quita el dolor de cabeza y con vino detiene los caducos cabellos”.

LA “PLANTA DE LA INMORTALIDAD”… ¡O CASI!

Debemos decir que aunque muchas personas saben hoy que los efectos del aloe vera son evidentes gran parte piensa que actúa más bien a nivel externo –ha demostrado en uso tópico su utilidad para tratar heridas, quemaduras de todo tipo, eccemas, psoriasis, dermatitis, verrugas, acné, manchas, irritaciones y picaduras de insectos además de mantener la salud y elasticidad de la piel- pero lo cierto es que cada vez más estudios revelan sus propiedades cuando se ingiere. Eso sí, en dosis de 20-25 mililitros de zumo antes de cada comida y sin sobrepasar el cuarto de litro diario.
De hecho para tratar una afección de la piel lo óptimo es combinar la ingesta con el uso externo. Y es que se sabe que en el caso de la piel el aloe es capaz de contrarrestar la acción de las bacterias dérmicas, de disolver los depósitos grasos que obstruyen los poros, de destruir las células muertas permitiendo su eliminación, de regular el pH de las tres capas -epidermis, dermis e hipodermis- y regenerar sus células, de hidratarlas y protegerlas de agentes externos, de estimular la producción de las células responsables de la formación de colágeno -lo que atenúa la profundidad de las arrugas prematuras y retrasa la aparición de las propias de la edad-, de proteger la piel de los rayos ultravioletas, de eliminar las manchas cutáneas causadas por el sol, de reparar los tejidos desde dentro hacia fuera, de regenerar muchas de las células rotas tras el afeitado o la depilación y de prevenir y/o eliminar pequeñas estrías además de servir de bálsamo para la piel del bebé, por poner algunos ejemplos. Pero además el aloe es especialmente valorado por su capacidad para estimular la cicatrización y regeneración más rápidas de la piel en caso de lesiones de todo tipo -quemaduras, llagas, úlceras, laceraciones, eccemas, psoriasis, verrugas, heridas propias de enfermedades eruptivas como el sarampión o la varicela, picaduras de insectos, etc.-, para calmar el dolor que provocan dichas lesiones, para reducir la posibilidad de infecciones, para dilatar los capilares sanguíneos incrementando la circulación en la zona afectada y para reducir la fiebre y la inflamación que suelen acompañar a dichas lesiones. También es muy útil emplear el zumo de aloe para hacer gárgaras en caso de dolores dentales o de las encías, caries (ayuda a prevenir su formación), aftas, laringitis, amigdalitis, placas en la garganta o cualquier afección bucal o faríngea. Además el aloe da brillo y fuerza al cabello evitando su caída. Y se le considera asimismo un eficaz analgésico y un potente antiinflamatorio con el que aliviar el dolor provocado por golpes, esguinces, luxaciones, tendinitis, bursitis y dolencias reumáticas de todo tipo.
Cabe agregar que los últimos trabajos de investigación muestran que el zumo de aloe es especialmente eficaz para detener hemorragias internas y que es un excepcional cicatrizante muy útil en casos de úlceras gástricas, duodenales, etc. Además se ha contrastado que estimula el apetito, calma la acidez estomacal y el reflujo (por su poder alcalinizante), facilita la digestión, reduce los gases, mitiga molestias gastrointestinales, protege la mucosa gástrica de posibles lesiones, inhibe el crecimiento de la bacteria Helicobacter Pylori (a la que se considera responsable de la mayoría de las úlceras gastroduodenales), combate el estreñimiento, reduce la inflamación intestinal, equilibra la flora y la repuebla tras un tratamiento con antibióticos, facilita la absorción de los nutrientes y ayuda a eliminar parásitos intestinales. Asimismo estimula la producción y secreción de bilis y mejora la función hepática, pancreática y renal favoreciendo la desintoxicación del organismo. A este respecto, por ejemplo, se ha logrado confirmar que el aloe neutraliza los efectos nocivos de las toxinas producidas por los agentes patógenos que llegan a nosotros. Por otro lado, supone un potente refuerzo para el sistema inmune, ayuda a prevenir infecciones, estimula la actividad de monocitos y macrófagos y es útil para tratar los herpes (genitales y labiales), la gastroenteritis, la colitis, la vaginitis, la candidiasis y la bronquitis así como la gripe, la hepatitis, la neumonía vírica y la meningitis vírica, por mencionar algunas dolencias infecciosas.
A lo dicho hay que añadir que el zumo de aloe favorece el flujo sanguíneo y la depuración de la sangre, activa la circulación linfática, facilita el funcionamiento cardiovascular, rebaja los niveles de colesterol y triglicéridos y contribuye a equilibrar la tensión arterial.
Y por si todo esto fuera poco en la actualidad se están llevando a cabo numerosas investigaciones para confirmar si, como se intuye, el zumo de esta planta podría ayudar a bajar los niveles de azúcar en sangre lo que sería de gran ayuda para los diabéticos. Y para determinar hasta qué punto sus polisacáridos son de utilidad en casos de cáncer, principalmente melanomas. De hecho el doctor Faith Strickland -del M.-D. Anderson Cáncer Center de Texas (Estados Unidos)- ha llegado a decir que “el aloe verá será el arma contra el cáncer de piel en el futuro”.

VIGILE LAS DOSIS

Para terminar diremos que del uso de aloe vera –ya sea por vía tópica o sistémica- apenas se han reportado efectos secundarios indeseables y sólo se ha establecido como contraindicación absoluta el embarazo porque algunos principios activos pueden resultar abortivos. Tampoco se recomienda tomarlo durante la lactancia -porque al ser laxante puede provocar diarrea en el bebé- ni durante las menstruaciones –pues puede aumentar la intensidad de la hemorragia-. Además las personas aquejadas de problemas cardiacos o renales deberán ingerirlo con precaución porque en dosis altas puede provocar déficit de potasio. El único efecto general constatado por exceso de dosificación es una posible congestión del bajo vientre. En suma, tomado a las dosis adecuadas el zumo de aloe vera es un producto seguro y sin efectos adversos.
Y sepa que si quiere puede tenerla en casa pues apenas da trabajo o problemas: basta algo de agua y mucho sol. Además quizás le interese saber que en la NASA estas plantas son muy apreciadas ya que al parecer son capaces de absorber hasta el 90% de la toxicidad de sustancias como el PVC, la fibra de vidrio, los barnices, las pinturas y las radiaciones de ordenadores, televisores y demás aparatos eléctricos.
En fin, ya sabe el lector porqué esta planta se considera casi “milagrosa”.

L.J.

Recuadro:


Propiedades del Aloe vera

Las propiedades del aloe vera –resaltadas ya en la antigüedad- se vienen estudiando científicamente desde mediados del pasado siglo XX. Y merced a ello se ha comprobado que tiene actividad…

…alcalinizante.

…analgésica.

…antianémica.

…antiasmática (por su efecto broncodilatador).

…antimicrobiana (elimina hongos, virus y bacterias).

…antiinflamatoria.

…antiprurítica (calma el picor).

…astringente.

…cicatrizante.

…colagoga.

…colerética.

…depurativa.

…desintoxicante.

…digestiva.

…emoliente.

…energetizante.

…gastroprotectora.

…hepatoprotectora.

…inmunoestimuladora.

…laxante.

…reconstituyente.

…regeneradora de tejidos.

…reguladora.

…tónica.

…vasodilatadora.


Indicaciones

El Archivo Etnofarmacológico de la Universidad Panamericana de Texas (Estados Unidos) contiene más de 3.000 referencias a los usos terapéuticos que se han dado al aloe vera a lo largo de la historia. Obviamente no podemos enumerar tan ingente cantidad de indicaciones por razones de espacio así que nos limitaremos a reseñar las siguientes:

-Acidez estomacal.

-Acné.

-Afecciones bucales.

-Aftas.

-Alergias.

-Amigdalitis.

-Ampollas.

-Anginas.

-Anemia.

-Arrugas.

-Artritis.

-Artrosis.

-Asma.

-Bronquitis.

-Bursitis.

-Caída del cabello.

-Calambres.

-Cáncer de piel.

-Candidiasis.

-Caries.

-Caspa.

-Cataratas.

-Catarros.

-Cicatrices.

-Cirrosis.

-Cistitis.

-Cólicos.

-Colitis.

-Congestión intestinal.

-Congestión nasal.

-Conjuntivitis.

-Contusiones.

-Debilidad capilar.

-Depresión.

-Dermatitis.

-Diabetes.

-Diarrea.

-Disfonía.

-Dolor (de cabeza, de muelas, reumático, de estómago, musculares, etc.).

-Edema.

-Encías sangrantes.

-Erupciones.

-Esguinces.

-Estados de inmunodepresión.

-Estreñimiento.

-Eccemas.

-Fatiga.

-Flatulencia.

-Forúnculos.

-Gastritis.

-Gingivitis.

-Grietas.

-Gripe.

-Halitosis.

-Hemorroides.

-Hepatitis.

-Heridas de todo tipo.

-Herpes (labiales y genitales).

-Hiperglucemia.

-Hiperlipidemia.

-Hipertensión.

-Indigestión.

-Infecciones en general (por hongos, bacterias, virus, etc.)

-Infertilidad (por amenorrea o por ciclos anovulatorios).

-Insomnio.

-Irritaciones cutáneas.

-Jaquecas.

-Laringitis.

-Llagas.

-Luxaciones.

-Mala circulación.

-Manchas cutáneas.

-Melanomas.

-Migrañas.

-Orzuelos.

-Parasitosis.

-Periodontitis.

-Pezones estriados.

-Picaduras de insectos.

-Picores.

-Problemas estomacales, intestinales, renales, hepáticos o pancreáticos, en general.

-Prostatitis,

-Protector frente a rayos UV.

-Psoriasis.

-Quemaduras (solares, por radiación, por congelación, químicas, etc.)

-Reflujo.

-Resfriados.

-Sarro.

-Seborrea.

-Sequedad de piel.

-Síndrome de colon irritable.

-Sinusitis.

-Tos.

-Tendinitis.

-Trastornos digestivos.

-Úlceras de piel.

-Úlceras gastroduodenales.

-Urticaria.

-Vaginitis.

-Varices.

-Verrugas.

Este reportaje aparece en
110
Noviembre 2008
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