Blanqueadores dentales, una inyección de autoestima

Disfrutar de una bonita sonrisa es ya una realidad a nuestro alcance. Gracias a las nuevas técnicas y tratamientos en odontología estética podemos conseguir unos dientes blancos, brillantes y, sobre todo, sanos. Ahora bien, es necesario ponerse para ello en manos de un buen profesional y huir de esos tratamientos milagrosos que, además de inefectivos, pueden dañar irreversiblemente el esmalte dental.

Vivimos en una cultura donde la belleza se ha convertido en uno de los parámetros básicos por el que regimos nuestra vida diaria. Constantemente nos estamos comparando con estereotipos que inundan las páginas de las revistas, los anuncios de la televisión o las marquesinas de la parada del autobús. Son físicos perfectos -en realidad, casi siempre imágenes que han sido retocadas con el ordenador- pero cuerpos y rostros que, al fin y al cabo, nos están diciendo cómo «deberíamos» ser.

Ese es el motivo por el que cada vez es mayor el número de personas que acude a la consulta de un especialista a intentar mejorar su imagen. Y qué duda cabe de que la boca es una parte clave de nuestro rostro, carta de presentación en cualquier lugar al que vayamos.

Nuestros dientes se ponen en funcionamiento cada vez que hablamos o sonreímos estando constantemente visibles. En ese sentido, unos dientes blancos y brillantes dan sensación de higiene pero si su color es más oscuro pueden llegar a dar impresión de suciedad aunque no sea así. Claro que ya sabemos que con el cepillado sólo llegamos a la capa más superficial y si bien evitaremos la formación de cualquier placa no resolveremos las manchas.

Las tinciones actuales del esmalte dental pueden tener orígenes muy diferentes. Por tanto, antes de someternos a un blanqueamiento es necesario determinar las causas ya que en función de éstas el especialista nos recomendará una técnica u otra.

Existen diversos factores externos que provocan la aparición de manchas en nuestros dientes. Los más frecuentes son el consumo de tabaco y algunas bebidas como el té o el café. La nicotina, el alquitrán, la teína y la cafeína son sustancias que se adhieren al esmalte y le dan una coloración que varía del amarillo al gris oscuro y cuya intensidad aumenta de forma proporcional al consumo. Algo que la presencia de sarro acentúa puesto que su superficie rugosa facilita la formación de depósitos. Pues bien, este tipo de manchas, junto con las que aparecen con motivo del envejecimiento y la descalcificación, son las más sencillas de eliminar.

Por otra parte, están las manchas que se derivan de factores intrínsecos, es decir, que aparecen desde el interior del diente. Esas son ya más difíciles de combatir. Generalmente surgen como consecuencia de algunos tratamientos antibióticos en cuya composición se encuentra la tetraciclina, sustancia que provoca la desvitalización del diente, su necrosis y su consiguiente oscurecimiento.

EL BLANQUEAMIENTO DENTAL 

El “bleaching” o blanqueamiento es una de las técnicas más utilizadas para devolver un aspecto sano, brillante y natural a nuestra dentadura. Consiste en la aplicación de peróxido de hidrógeno o peróxido de carbamida en unos porcentajes que oscilan entre el 10% -si el paciente lo hace en su propia casa- y el 30% cuando se aplica en una clínica. Según el grado de tinción, se llevará a cabo el tratamiento de forma ambulatoria o en el gabinete de consulta siendo posible también la combinación de ambos.

Actualmente se emplea la luz de plasma para optimizar los efectos del agente blanqueador. Es una técnica muy poco abrasiva para los dientes pero que exige una higiene bucal escrupulosa ya que, de lo contrario, en menos de un año el esmalte puede haber recobrado su color original.

DE LOS FRENTES DE PORCELANA A LA MICROABRASIÓN 

Cuando el “bleaching” es ineficaz hay que recurrir a una técnica diferente como es el tratamiento “a facetas que consiste en la colocación de carillas, es decir, de frentes laminados de porcelana. La ventaja de este sistema es que, además de lucir unos dientes blancos, podemos corregir también defectos en su forma. Además, conservamos la pieza original y sus resultados son para toda la vida.

La “microabrasión” es otra de las posibilidades que hoy nos ofrece la odontología estética. El proceso es el mismo que el que se sigue para hacer desaparecer un tatuaje de la piel, si bien en este caso se trataría de eliminar la capa más superficial no de la epidermis sino de los dientes. Es decir, estamos hablando de acabar con la zona externa del esmalte. Obviamente, es una técnica mucho más abrasiva que el “bleaching” y sólo se recomienda en coloraciones leves muy superficiales. Este tratamiento emplea productos químicos que dejarán nuestros dientes más porosos y sensibles por lo que si queremos prolongar sus resultados deberemos prestar a nuestra boca una muy especial atención.

Someternos a cualquiera de estos procedimientos de blanqueado exige una profilaxis previa a fondo. Nuestra boca ha de estar en óptimas condiciones si no queremos que los productos químicos afecten a nuestros dientes provocando irritaciones, quemaduras, etc. De hecho, esta recomendación debe seguirse incluso antes de la aplicación de esas pastas y productos blanqueadores de venta en farmacias que no requieren de prescripción médica.

LOS DENTÍFRICOS MILAGROSOS 

Hablamos de esos dentífricos que se presentan como agentes milagrosos que darán a nuestra boca una sonrisa de cine. Numerosos especialistas en odontología estética coinciden en que el único poder atribuible a esas cremas es el de la prevención de manchas o el de mantenimiento de una dentadura que ya ha sido blanqueada pero en ningún caso comparable a los efectos del “bleaching”, las carillas de porcelana o la microabrasión. Su precio llega a ser de tres e, incluso, cuatro veces superior al de una pasta convencional y aunque algunas de ellas se hacen con plantas naturales que no perjudican la salud de nuestros dientes hay en el mercado productos que, aunque algo más efectivos, están elaborados a partir de bicarbonato, uno de los mayores enemigos de nuestra boca.

RECETAS TRADICIONALES 

Con el tiempo, muchos remedios procedentes de la cultura popular tradicional han recuperado vigencia demostrándose que la sabiduría ancestral es una gran maestra en medicina. En otros casos, las “recetas de la abuela” han perdido credibilidad o se han convertido en un auténtico atentado para la salud. Y es en este último apartado donde ha de incluirse el empleo de bicarbonato y limón para blanquear los dientes. Porque es cierto que son efectivos pero su eficacia reside precisamente en su gran poder abrasivo. Uno de los hábitos más reprochados por los dentistas es precisamente el de comer limones y entretenerse mordisqueando la corteza. El limón, como ácido, puede erosionar el esmalte hasta el punto de crear auténticas cavidades en nuestros dientes.

Por eso, regalarse una bonita sonrisa exige la supervisión de un profesional en odontología estética y, por supuesto, una inversión económica que puede oscilar entre las 25.000 y las 50.000 pesetas en el caso del “bleaching” ambulatorio, lo que se eleva a las 100.000 cuando se realiza en una clínica. La microabrasión cuesta alrededor de 50.000 pesetas y la colocación de carillas de porcelana unas 60.000 pesetas por pieza. Sin embargo, se trata también de una inversión en salud. Y no sólo bucal si tenemos en cuenta que, además de mejorar nuestro aspecto, elevaremos nuestra autoestima y afrontaremos cada día con una mayor seguridad y confianza en nosotros mismos.

Raquel González Arias

Este reportaje aparece en
13
Febrero 2000
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