De la biología de la consciencia a la consciencia de la biología

 Como si desde nuestro propio paisaje interior miráramos el paisaje, el mismo paisaje representa para cada observador una experiencia distinta, personal y única. Como si cada vez fuera un cerebro distinto el que leyera, cuando releemos el mismo capítulo encontramos nuevos significados. Desde la prisión de la rutina, el mundo de ayer es el mismo mundo de hoy, y todos los días tendrán el colorido gris del insoportable automatismo. Nos perdemos el mundo, el paisaje, la vida o aquello que en cada instante está naciendo, muriendo, siendo en nosotros.

 En la última década hemos aprendido más sobre el cerebro que en todo el resto de la historia de la neurología pero seguimos tan ignorantes de los procesos de la mente y la consciencia que tal vez aprenderíamos más de los antiguos textos de budismo que en el cientifismo autosuficiente y dogmático que pretende reducir la mente y la consciencia- esos preciosos instrumentos de la evolución- a meros procesos emergentes del campo neuronal. Hemos confundido la mente con un estado de alerta y el capítulo sagrado de la consciencia lo hemos reducido a la consciencia de sí. Pero, obviamente, hay niveles de mente y de consciencia, y la misma biología es uno de esos niveles que comenzaron a desplegarse con el mismo desarrollo del reino mineral donde ya observamos el estado primitivo de la consciencia desplegarse en lo que llamamos leyes de la naturaleza. Porque las leyes naturales son una manifestación de la mente: la corriente de la evolución es un movimiento de la consciencia.

Tomar consciencia de sí o de la consciencia es, sin duda, un nivel superior de la conciencia… pero no es La Consciencia. La corriente dominante de la ciencia pretende ahora que la mente es biológica y muy pronto llegaremos a decir que Dios es también un engendro emergente de nuestro pequeño universo neuronal. Sólo que ese universo neuronal es la emergencia de un universo no local, el mismo universo cuántico donde cada punto del vacío contiene todo el potencial del Creador. Ese universo es mental, como el universo emergente del mineral o lo biológico, como el universo del pensamiento y el de las ideas. Como el mundo de los arquetipos. La antigua distinción entre material y mental, entre cerebro, mente y consciencia, ha dejado de tener sentido. ¿Es material o mental la información contenida en este artículo? ¡Qué más da!

 Es información mental-material, material-mental. En todo caso, es expresión de distintos niveles de la misma consciencia, precipitada en forma de ideas, de pensamientos, de imágenes, de lenguaje, de letras, de tinta, de papel. Hasta el dinero invertido en conseguir la revista y el movimiento de los electrones en la retina o el tracto óptico son manifestaciones de diferentes niveles de la consciencia. Ésta es el campo unificado en el que los dualismos aparentes nos revelan su armónica complementariedad.

 Ahora sabemos, gracias a las técnicas de obtención de imágenes en el cerebro TEP -o tomografía de emisión de positrones- y RMF -o resonancia magnética funcional- cómo la mente despliega una película en el cerebro, revelándonos el modo en que los diferentes estados mentales hacen intervenir distintas regiones del cerebro de una persona normal.

 Las más recientes investigaciones apuntan en el sentido de un cerebro que lee cada nueva imagen incorporándola en el paisaje de todas las imágenes anteriores. Cada imagen enriquece el contexto interior y, sobre ese lienzo renovado cada día, pareciera que construyéramos interiormente el paisaje de la vida. Cuando se vive conscientemente, cada experiencia es nueva, toda ocasión es única, la vida tiene los vívidos colores de un paisaje interior, el calor de lo que siempre ocurre en nuestra más profunda intimidad, el sabor de una sabiduría existencialmente vivida.

 Podemos mirar una flor sin verla, podemos oír el canto del pájaro sin escucharlo, podemos existir, sin vivir la vida. Hasta podemos hacer el amor sin amarnos, y comprarnos la ilusión de ser felices en universos ajenos. Pero todo esto no es más que una caricatura de ese sagrado ritual de la vida, que instante a instante nos lanza a la corriente de Una Única Vida.

 En el territorio interior de la consciencia, la ciencia de vivir se puede convertir en oración o en poesía.

Miramos la flor y, si tomamos consciencia, se desata una visión: podemos desplegar el milagro de un jardín interior. Abrazamos el hijo y, si tomamos consciencia, nos abrasamos en un fuego interior. Miramos a los ojos de nuestra pareja y, si tomamos consciencia, la magia de la primera vez está otra vez en nosotros. Miramos el pasado y, si tomamos consciencia, a la luz del presente podemos cambiar su significado.

Triunfamos o fracasamos y, si tomamos consciencia, aprendemos.

Alcanzamos la meta, y si tomamos consciencia, empezamos.

Caminamos, y si tomamos consciencia, descubrimos el ser en cada paso.

Cuando tomamos consciencia estamos tan al interior de nosotros y del universo que no hay adentro ni afuera, ni universo ni nosotros, sólo ese sagrado ritual de aprender que nos conecta a la Gran Cadena del Ser.

Jorge Carvajal 

Este reportaje aparece en
46
Enero 2003
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