Desarrollan con hormonas una vacuna antienvejecimiento

El Dr. Salvador Capistrán ha diseñado una vacuna antienvejecimiento que se elabora con dos hormonas hipofisiarias que se encuentran en la orina -laHormona Foliculoestimulante (FSH) y la Hormona Luteoestimulante (LH)– y que, obtenidas de jóvenes sanos de apenas 15 años de edad, al ser inyectada en cualquier persona a partir de los 35 años evita la pérdida hormonal que se produce en cascada a partir de esa edad dando lugar al proceso de envejecimiento y degeneración. Ha sido bautizada como Flor de Primavera.

Durante milenios el hombre ha buscado sin éxito la Fuente de la Eterna Juventud, algo capaz de detener el proceso inscrito en los genes que nos lleva desde la niñez a la época de reproducción –lo único que parece interesarle a la Naturaleza- para pasar indefectiblemente al otoño y al invierno de nuestra vida. Y aunque ciertamente no se ha encontrado en el proceso de búsqueda se han averiguado al menos algunas cosas. Por ejemplo, el papel que la pérdida hormonal tiene en el proceso de envejecimiento. Así lo expone en las Conclusiones de su trabajo Transición hormonal y metabólica en la menopausia y senescencia el doctor Arturo Zárate, profesor de Medicina y Jefe de la Unidad de Investigación de Endocrinología del Hospital de Especialidades en México.

En la senescencia -el proceso de envejecimiento biológico- corren paralelos los procesos de envejecimiento y los cambios en el sistema endocrino; al llegar a cierta edad cada individuo llega con una reserva hormonal diferente y por ello las manifestaciones son variables. Además una deficiencia de cierto territorio hormonal puede afectar a otra área y así agravar la baja reserva que previamente existe. De acuerdo con este principio la fragilidad y friabilidad de una persona está condicionada por el estado de su reserva hormonal y el impacto que ésta tiene sobre el resto del sistema. La corrección hormonal podría mejorar las condiciones generales y ayudar a una mejor calidad de vida sin que el objetivo sea esencialmente la prolongación de la vida” (el subrayado es nuestro).

Ahora bien, ¿y cómo conseguir mantener intacta la cascada hormonal que enlaza los sistemas endocrino, nervioso e inmunitario? La respuesta -una respuesta al menos- llega desde México. El doctor Salvador Capistrán, tras desarrollar durante los últimos años vacunas individualizadas antitumorales con fracciones peptídicas tumorales presentes en la orina de los pacientes con extraordinarios resultados (vea en nuestra web –www.dsalud.com-el artículo que publicamos al respecto en el nº 57) ha comenzado a utilizar hormonas neurocerebrales también presentes en la orina en forma de vacunas individualizadas para tratar de reconducir la pérdida hormonal que comienza en el cerebro y retardar así los procesos de envejecimiento. Y a explicárnoslo dedicó parte de la ponencia que dictó en el congreso sobre Tratamientos Complementarios y Alternativos en Cáncer celebrado el pasado mes de Mayo en Madrid bajo al patrocinio de esta revista y el auspicio de la World Association for Cancer Research (WACR).

Se trata de conseguir –nos comentaría el doctor Capistrán- que nuestro cuerpo se sienta más joven de lo que en realidad es por la edad intentando mantener joven el entorno químico interno del organismo el mayor tiempo posible a fin de proporcionar a los genes el medio en el que mejor trabajan. Y eso lo podemos lograr introduciendo una señal bioquímica concreta. Hemos descubierto en la orina hormonas del hipotálamo y la hipófisis que son con las que los genes controlan y coordinan todo el trabajo de nuestro organismo. Usted sabe que nuestro nivel de hormonas empieza a declinar a partir de los 35 años haciéndose crítico a los 60. Pues bien, estamos convencidos de que aplicando inmunomoduladores hormonales naturales a partir de los 35 años se puede conseguir retardar el envejecimiento y de paso fortalecer los sistemas inmune y nervioso aminorando o evitando el riesgo de contraer cáncer y otras enfermedades degenerativas crónicas”.

UN HALLAZGO SORPRENDENTE

Cuenta el doctor Capistrán que en cierta ocasión le preguntó a su maestro Maximiliano Ruiz Castañeda -uno de los investigadores más importantes de la historia de México- qué otras sustancias que pudieran encontrarse en la orina además de los antígenos podían prevenir o afrontar las enfermedades autoinmunes, las alérgicas y el cáncer a lo que éste contestó escuetamente: “Las hormonas”.

Hay que decir que los tratamientos con hormonas no son nuevos. Se han venido utilizando en casos de infertilidad y como tratamiento postmenopáusico. Hasta hormonas sintéticas o procedentes de la orina de mujeres postmenopáusicas. Sin embargo, no fue ése el camino que siguió el doctor Capistrán. Éste enfocó su búsqueda en la fuente más pura posible y por eso decidió examinar a fondo la orina de niños y adolescentes que no presentaran ningún tipo de enfermedad.

Mandamos analizar la orina de niños de 7 y 15 años –nos explicaría Salvador Capistrán- y no encontramos en ellos fracciones peptídicas asociadas a patologías pero ¡ahí estaba el mensaje de las hormonas! La sorpresa se produjo cuando mandamos la orina a examinar con las más modernas tecnologías a un centro de investigación de Estados Unidos. La respuesta fue increíble: ¡había hormonas del cerebro que son precursoras de todos nuestros órganos y sistemas! Otra sorpresa fue constatar que a esas edades la naturaleza de las hormonas es idéntica en el hombre y en la mujer. Las neurohormonas no tienen compromiso con la identificación de un órgano de reproducción sexual. Son hormonas precursoras. Y si conseguimos mantenerlas en plenitud como lo están en el niño o en el adolescente habremos dado con el mensaje de no envejecimiento o retardo del mismo. Y eso tiene unas aplicaciones clínicas increíbles”.

En la orina se encontraron principalmente dos hormonas de la Hipófisis anterior –probablemente la glándula endocrina más importante del ser humano- denominadas gonadotropinas: la Hormona Foliculoestimulante (FSH) -cuya función más conocida es inducir en la mujer la maduración de los folículos en los que liberará el óvulo y en el hombre la producción de espermatozoides- y la Hormona Luteoestimulante o Luteinizante (LH), conocida por inducir la formación del cuerpo lúteo en la mujer -glándula que segrega progesterona, otra hormona que junto con los estrógenos prepara al útero para que reciba al óvulo en caso de que éste sea fecundado- y que estimula también la producción de testosterona -principal hormona masculina- en el hombre. Pero sus posibilidades como precursoras de nuevas sustancias biológicas son mucho más amplias y complejas en su relación con los sistemas nervioso e inmune.

El caso es que a partir de ambas hormonas -obtenidas de personas sanas de 15 años de edad- el doctor Capistrán ha elaborado una vacuna bautizada como Flor de Primavera que, inyectada a partir de los 35 años, puede –así lo asevera- evitar la pérdida hormonal que se produce en cascada a partir de esa edad dando lugar al proceso de envejecimiento y degeneración. “Nosotros –nos diría- tomamos las hormonas de fuentes directas, a poder ser de la misma familia. La madre tiene que aplicarse las hormonas de su hija de 15 años, recolectar el material, guardarlo y empezárselo a aplicar cuando sea preciso. Y en el hombre, de su hijo de 15 años. Porque en ellos las hormonas están en plenitud y el organismo se desempeña con pleno y perfecto equilibrio entre sistemas. Y si no hay hijas o hijos se buscan entre los adolescentes del resto de la familia porque de esa manera el mensaje será mucho más directo”.

SISTEMA ENDOCRINO-NERVIOSO-INMUNITARIO

No hay más que comparar las cantidades de hormonas presentes en un ser humano de 15, 35, 55 y 75 años para darse cuenta de la enorme pérdida de ellas que acompaña el paso de los años. Y al mismo tiempo un deterioro físico y del sistema nervioso -con la posible aparición de enfermedades neurodegenerativas- y del sistema inmune -con la presencia de numerosas enfermedades-. Es decir, la vejez.

La presencia inducida de hormonas precursoras en el momento en que el organismo deja de producirlas permitiría según Capistrán detener la pérdida en cascada que incide a nivel general. Ya no hay nadie que discuta la profunda relación existente entre los sistemas endocrino, nervioso e inmune. Y aunque sea a grandes rasgos vamos a dar un pequeño repaso, dada su complejidad, al importante papel jugado por las gonadotropinas.

El proceso de deterioro provocado por la pérdida hormonal se ve reflejado muy claramente en la menopausia de la mujer. A partir de la pérdida de su capacidad reproductora comienza un declive físico contra el que estamos permanentemente en lucha. Todas las mujeres mayores de 55 años han experimentado en algún momento los síntomas del climaterio que se caracteriza por el cese de la menstruación asociada a numerosas condiciones agudas y crónicas, físicas y emocionales que pueden en gran parte ser atribuidas a la deficiencia de estrógenos asociada a la menopausia y, por tanto, a desequilibrios hormonales.

Hasta hace muy poco se había aceptado –señala Zárate- que la menopausia era provocada por un agotamiento del aparato folicular ovárico que progresivamente llevaba a una deficiencia en la producción de hormonas -en particular de estrógenos- pero existe la sospecha de que el cerebro es el sitio donde se presentan las primeras modificaciones del proceso ya que aparece una irregularidad en el tipo y calidad de secreción de gonadotropina, oscilaciones profundas en la secreción de la Hormona Folículoestimulantey la Hormona Luteinizantecon una subsecuente alteración en los productos gonadales (…) El hipoestrogenismo resultante tiene una repercusión importante sobre todo el organismo, tanto en tejidos como en funciones de algunos aparatos y en los procesos metabólicos por lo cual resulta cada vez más difícil distinguir cuánto es debido al déficit hormonal y cuánto al envejecimiento per se”.

Lamentablemente el deterioro físico también se ve acompañado de serios problemas emocionales que, en opinión de Zárate, están relacionados directamente con la pérdida hormonal ya que parece demostrada la relación entre la pérdida de esteroides y determinadas funciones cerebrales. “Las manifestaciones emotivas de atención, sentimentales, cognoscitivas y alteraciones de la memoria –remarca Zárate en su artículo- provocó la investigación de la función de los neurotransmisores con relación al decremento en los estrógenoscirculantes ya que con base en experimentos previos se había demostrado que los esteroides sexuales modificaban la función neuronal. Los estudios han revelado que el hipoestrogenismo en la menopausia condiciona un decremento importante en las concentraciones de serotonina y endorfinas así como disminución menor en los niveles de acetilcolina, ácido gama-amino butírico. Los estrógenos intervienen en la síntesis de neurotransmisores, en la recaptura de los mismos y en la actividad enzimática que los elimina; asimismo, los estrógenos y varios de sus precursores -como son la testosterona, el DHEAy la alopregnenolona– tienen un efecto directo sobre la actividad neuronal y la plasticidad de la glía”.

De hecho es bien conocida ya la acción de los esteroides -singularmente de los estrógenos- sobre la síntesis y la actividad a nivel simpático de ciertos neurotransmisores (noradrenalina, serotonina) y neuropéptidos opioides. La carencia estrogénica podría estar detrás asimismo del aumento de la irritabilidad, el insomnio, la ansiedad y la respuesta aumentada al estrés habitual de la vida.

Y así vemos cómo el tercer elemento del eje, el sistema inmune, es también afectado por factores hormonales. La doctora Clara de Andrés -del Hospital Gregorio Marañón de Madrid- dice en su artículo Implicaciones inmuno-neuro-endocrinas en la patogenia de la Esclerosis Múltiple, al analizar a nivel general la respuesta que en cascada tienen las situaciones de estrés que afectan decisivamente al sistema inmune que, entre otros procesos, está acompañada de una disminución de secreción de las gonadotropinas pituitarias, de un aumento de la secreción de los glucocorticoides y una disminución de los esteroides gonadales. De nuevo podemos apreciar el importante papel que juegan las hormonas hipofisiarias, en este caso en la respuesta inmune.

Proponen –señala la doctora De Andrés citando un estudio de J. Correaleque los estrógenosy los progestágenosdeben añadirse a la lista de esteroides, incluidos los andrógenos(testiculares o adrenales) (…) y los glucocorticoidescomo moduladores de la síntesis de citoquinas en el sistema inmune. Es evidente también que la concentración de estos esteroides es crucial en la regulación de las respuestas inmunes”.

Bueno, pues revertir el desequilibrio hormonal que forma parte del envejecimiento y del deterioro inmunitario, como ha quedado de manifiesto en este mínimo repaso a tan complejo tema, es lo que pretende Salvador Capistrán con su vacuna: “Si la competencia hormonal e inmunológica –nos señala-reciben un estímulo oportuno y adecuado a partir de la tercera década lograremos un estado de salud satisfactorio que puede prolongarse por más y mejores años”.

RESULTADOS PRELIMINARES

-Usted pretende contrarrestar la pérdida hormonal en cascada y sus consecuencias negativas con una respuesta también en cascada pero en sentido positivo. ¿Puede lograrse eso sólo con una vacuna elaborada a partir de la orina?

-Así es. Sabemos que los genes decodifican prioritariamente las señales hormonales y realizan los ajustes en los sistemas hormonal, inmunitario y nervioso. Por tanto, si contamos con las hormonas naturales del hipotálamo y de la hipófisis que hemos hallado en la orina y las aplicamos en las dosis adecuadas en el tejido graso del brazo una vez por semana a partir de los 35 años obtendremos un estado óptimo de capacidad física y salud.

Lo que sí hemos constatado es que hay que individualizar cada caso clínico. Es importantísimo. La respuesta con la vacuna Flor de Primavera es diferente en cada mujer. Hay quien necesita 20 unidades y otras 40. En mujeres de 70 años ha llegado a haber incluso aumento de la turgencia de las mamas y de la sensibilidad del pezón; y las relaciones de pareja volvían a surgir. Uno puede tener testículos u ovarios pero si en el hipotálamo no se activa la señal de deseo no va a querer mantener relaciones sexuales. En cambio, si se restablece la señal de deseo el paciente vuelve a demandar relaciones sexuales además de experimentar un aumento de la vitalidad.

-¿Se trata, como en el caso de los antígenos antitumorales, de un tratamiento sin efectos secundarios?

-En efecto. El tratamiento Flor de Primavera no tiene riesgos, efectos colaterales o complicaciones. Lo que, por supuesto, no evita la vigilancia de otros factores patológicos concurrentes. Sabemos que con la edad aumentan los riesgos para la salud debido a la disminución paulatina de todas nuestras hormonas, aunado a la degeneración y disminución de funciones de una glándula muy importante, el timo, cuya capacidad empieza a declinar a partir de la madurez sexual. Esta glándula es la Escuela Superior en la que el sistema de defensa se capacita en aprender a reconocer lo propio de lo ajeno de nuestro organismo y, como consecuencia, ordena la destrucción de lo ajeno, incluso de las células que sufrieron alguna mutación que nos pudiera conducir al cáncer.

En cuanto a la dosis hay que ajustarla en función de la respuesta clínica de cada paciente. Teniendo la precaución en el caso de las mujeres de hacerlas una Colonoscopía y un test Papanicolau cada 6 meses además de una ecografía del abdomen y de las glándulas mamarias y en los hombres una prueba para conocer el Antígeno Prostático Específico además de ecografías de la vejiga y la próstata. La idea es prevenir y detectar tempranamente cualquier posible tumor. Así, si apareciera algún problema podría cambiarse la estrategia.

-¿Cuáles son las observaciones clínicas positivas que hasta ahora han tenido?

-Hablamos sobre la base de los resultados obtenidos tras el control y seguimiento de más de 500 casos -un 75% mujeres y un 25% hombres- durante más de 5 años. Lo que se explica porque la mayoría de nuestros pacientes son mujeres. Si el tratamiento se inicia a partir de los 35 años en las mujeres el climaterio y la menopausia se retrasan respecto a lo esperado sin que además se presenten los fenómenos indeseables provocados por la crisis hormonal. Hemos obtenido además notables mejoras en el estado general de las pacientes: su piel, su cabello, la masa muscular, el apetito sexual… Hasta el aumento de la sensibilidad del pezón y la humedad del canal vaginal son evidentes así como la mejoría del estado de ánimo y de la capacidad física disminuyendo paralelamente los problemas de las vías respiratorias en la temporada invernal.

En cuanto al hombre, mejora su estado físico y su deseo sexual recuperando el tono muscular del escroto. Hasta se percibe a veces la aparición de cabello negro donde antes había pelo cano, incluso en el vello pubiano. Añadiré que la mayoría de nuestros pacientes -hombres y mujeres- iniciaron el tratamiento después de cumplir los 50 y algunos sobrepasan hoy los 80. Y no ha habido problemas reseñables.

Ahora queremos profundizar en la posible aportación de la vacuna en otras patologías.

-Sabemos que está utilizando la vacuna Flor de Primavera en casos de cáncer junto a la vacuna de antígenos antitumorales propios y de inmunocompetentes obtenidos de pacientes que han superado determinados tipos de cáncer…

-Cierto. Porque sabemos que hay cánceres hormonodependientes. En breve vamos a dar una vacuna Flor de Primavera de niña a un hombre con riesgo de tener cáncer de próstata. Creemos que si empezamos a tratar así la hipertrofia benigna es posible evitar el desarrollo tumoral. En el caso del hombre, en cuanto alguien comienza a tener problemas de micción y el chorro pierde fuerza, necesita levantarse a media noche varias veces o no controla y se produce goteo le hacemos un estudio sencillo. Y aunque la hipertrofia que detectemos sea benigna le hacemos la vacuna. Lo tratamos como si fuera a desarrollar el cáncer. Con ello vamos a conseguir, entre otras cosas, que a los 30 días orine ya con una fuerza extraordinaria.

-Con las vacunas actualmente en su poder, sobre todo con las de los antígenos inmunocompetentes y la Flor de Primavera, ¿puede decirse que ha desarrollado una estrategia preventiva en el tratamiento del cáncer?

-Por increíble que pueda resultarle a algunos la respuesta es afirmativa. Por una parte, con la vacuna Flor de Primavera provocamos el estímulo del timoantes de que se atrofie con lo que mantenemos la competencia para que las células tengan la capacidad de reconocer lo ajeno; y siendo la célula cancerígena ajena a nuestro organismo poder neutralizarla. Hay mecanismos naturales por los que aunque yo tenga marcadores oncogénicos tumorales éstos no se van a disparar si mi sistema inmune no es competente para detectar la célula tumoral y destruirla.

Y respecto a los inmunocompetentes, si yo me encuentro ante una familia con antecedentes de tipo tumoral lo que hago es aplicarles el tratamiento para que tengan anticuerpos contra el adenocarcinoma ya que constituye el 80% de los cánceres. Y si ya tengo un antígeno inmunocompetente de adenocarcinoma lo lógico es que pueda proteger a cualquier familia con antecedentes cancerígenos mediante una vacuna para que sus miembros no desarrollen cáncer. Se dota así al sistema inmune de una “memoria” que le permite crear antígenos específicos contra esos tumores. Si se aplicaran a todos los casos disminuiría enormemente la incidencia de cáncer en el mundo y las Instituciones de Salud se ahorrarían miles de millones de euros al año.

Sonia Barahona

Este reportaje aparece en
97
Septiembre 2007
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