DMSO: una sustancia útil en diversas patologías, cáncer incluido

El Dimetil Sulfóxido (DMSO) es una sustancia inocua no patentable que es ignorada por el sistema sanitario a pesar de que hay unos 11.000 artículos científicos que avalan sus grandes propiedades terapéuticas; de hecho se sabe que, entre otras muchas propiedades, es antioxidante, antiinflamatoria, analgésica, antimicrobiana, cicatrizante, antiangiogénica y antimetastásica. Y si bien la FDA solo autoriza su uso en casos de cistitis intersticial hay numerosos trabajos de investigación que avalan su utilidad en patologías tan dispares como disfunciones gastrointestinales, neurológicas y oculares, artrosis, artritis, esclerodermia, tinnitus, herpes, úlceras, amiloidosis, hígado graso e incluso cáncer. De hecho se sabe desde 1971 que es antiangiogénica y de clara utilidad en cáncer habiéndose comprobado in vitro que las células leucémicas ¡vuelven a transformarse en células normales sanas!

El Dimetil Sulfóxido (DMSO) -o Sulfóxido de Dimetilo– es una sustancia orgánica que se obtiene de forma abundante como subproducto de la elaboración de celulosa por la industria papelera y se trata de un poderoso disolvente soluble en agua muy utilizado en procesos industriales cuando quiere evitarse cualquier posibilidad de contaminación del producto final. Y en los estudios biológicos y médicos se usa como crio-preservante, es decir, como protector de células y tejidos sometidos a bajas temperaturas ya que evita que se formen cristales de hielo permitiendo conservarlos intactos en nitrógeno líquido a -80ºC. Una propiedad que descubrieron los doctores J. E. Lovelock y M. W. H. Bishop dándola a conocer en un artículo publicado en 1959 en Nature. Hoy el método se utiliza tanto en Medicina para la crioconservación de tejido ovárico, oocitos, esperma y órganos a trasplantar como en Biología para la conservación del germoplasma de plantas y semillas así como para todo tipo de material genético. En suma, se trató de un importante descubrimiento porque antes no había posibilidad alguna de preservar tejidos vivos congelados en perfecto estado.

Conviene asimismo saber que si bien el DMSO no se encuentra formando parte de los seres vivos se produce en la naturaleza por oxidación en la atmósfera de su forma reducida, el Dimetil-Sulfuro (DMS), metabolito presente en muchas bacterias, algas y plantas que al emitirse al aire libre dan a éste un olor característico e inconfundible. Y, por cierto, la liberación por algas y corales del DMS que rápidamente se transforma en DMSO es un ejemplo del control biológico de la Meteorología ya que estas moléculas actúan en la atmósfera como núcleos de vapor de agua formando nubes y, eventualmente, lluvia.

Agregaremos que otra interesante propiedad es su capacidad transdérmica, es decir, la de atravesar la dermis y las membranas celulares de forma inocua; propiedad que unida a su poder disolvente en agua y otras sustancias orgánicas hacen del DMSO un estupendo transportador de principios activos y fármacos desde el exterior hasta el torrente sanguíneo evitando usar inyecciones y permitiendo una liberación lenta a dosis muy bajas (como los parches hormonales y de nicotina).

HISTORIA DE SU USO TERAPÉUTICO

¿Y cuándo y quién descubrió que el DMSO puede atravesar la piel y otras membranas sin dañarlas? Pues lo hizo en 1963 un grupo de científicos de la Oregon Universtity Medical School dirigido por el Dr. Stanley Jacob. De hecho constataron que es perfecta para trasportar sustancias analgésicas y antiinflamatorias al permitir acceder rápidamente a los tejidos subdérmicos inflamados que causan dolor; sobre todo en las lesiones poco profundas: contusiones, esguinces, tendinitis, artritis… Hoy se usa por ello incluso en los antimicóticos pues es capaz de atravesar hasta la capa córnea de las uñas.

Es más, son numerosos los trabajos posteriores que demuestran la utilidad del DMSO como agente de transporte transdérmico por lo que solo vamos a citar uno de los primeros. Nos referimos al artículo de síntesis que los doctores D. C. Wood y J. Wood -de la St. Louis University School of Medicine- publicaron en 1975 en Annals of the New York Academy of Sciences en el que se exponen diversos ejemplos que demuestran tanto su capacidad para transportar todo tipo de sustancias a través de la piel como las enormes posibilidades de este mecanismo para acelerar y ajustar el acceso directo de sustancias terapéuticas a zonas concretas del organismo.

Tres años después -en 1978- los doctores S. W. Shirley, B. H. Stewart y S. Mirelman publicaron en Urology los resultados de un amplio estudio con 213 pacientes con problemas de cistitis intersticial o síndrome de vejiga dolorosa demostrando que la instilación (irrigación) intravesical (por medio de un catéter que penetra por la uretra hasta la vejiga) de una solución de DMSO diluida en agua lograba un significativo alivio del dolor en el 70% de los pacientes que no respondían ya a los tratamientos analgésicos habituales. Una experiencia pionera que fue seguida por muchos médicos corroborando en 1994 el Dr. S. J. Childs -de la Universidad de Alabama-Tuscaloosa (EEUU)- con otros pacientes que sufrían el mismo problema -el trabajo se publicó en Urologic Clinics of North America- que el procedimiento carece de efectos secundarios negativos. Lo que refrendarían los 300 pacientes con esa dolencia tratados por los doctores J. Parkin, C. Shea y G. R. Sant en el New England Medical Center de Boston (EEUU) según explicarían en 1997 en Urology.

Es importante recordar que la cistitis intersticial está considerada una enfermedad idiopática -es decir, de causa desconocida- y crónica que tiene los mismos síntomas de la cistitis común pero no está provocada por una infección bacteriana y provoca la ulceración o destrucción -parcial o total- de la mucosa que tapiza las paredes de la vejiga lo que ocasiona una irritación constante de su epitelio, un deseo continuo de orinar y un dolor agudo a veces insoportable. Y si bien era una enfermedad rara en Occidente ha ido aumentando en el último medio siglo habiéndose detectado en 2010 en una de cada 1.000 mujeres y en uno de cada 2.000 hombres. De hecho el tratamiento de la cistitis intersticial con DMSO es el único uso terapéutico que la FDA autoriza para esta sustancia bastando aplicarlo una vez a la semana durante seis seguidas hasta que remita el dolor; pudiendo aplicarse de nuevo si reaparecieran los síntomas. Aún no se sabe con seguridad como actúa en este caso pero se sospecha que impide la desgranulación de los mastocitos liberadores de histamina y otras citoquinas proinflamatorias y aumenta el umbral del dolor en las terminaciones nerviosas del epitelio de la vejiga.

USO MASIVO DEL DMSO

Hemos empezado explicando la utilidad del DMSO en la cistitis intersticial porque, como ya hemos dicho, es la única patología para la que la FDA autoriza hoy su uso. Lo cierto sin embargo es que desde el descubrimiento del Dr. Santley Jacob se ha utilizado en todo el mundo en múltiples patologías solo que a menudo de forma descontrolada. Incluso empleando DMSO industrial que incluía impurezas que eran arrastradas al torrente sanguíneo al atravesar las capas de la dermis.

Lógicamente varios laboratorios se interesaron en su comercialización pero en noviembre de 1965 moriría en Irlanda una mujer culpabilizándose al DMSO de haberle provocado una reacción alérgica aunque luego se sabría que además estaba tomando otros fármacos por lo que no pudo determinase la causa real de su muerte. Lamentablemente la noticia coincidió con el resultado de un ensayo en el que se estaba probando su posible toxicidad y se detectaron daños en los cristalinos oculares de los animales tratados… porque se les habían dado dosis extremadamente altas. Fue sin embargo suficiente para que la FDA prohibiera su uso y se suspendieron todas las investigaciones clínicas. ¿O fue porque al ser el DMSO un producto natural su uso médico no es patentable?

El caso es que el DMSO se siguió investigando y diez años después había ya un centenar de estudios. Y siendo fácil de conseguir millones de estadounidenses se decidieron a utilizarlo sin consecuencia negativa alguna para su salud. ¿La razón? La prohibición de la FDA no afecta a los estados de Washington, Florida, Luisiana, Montana, Nevada, Oklahoma, Oregón y Texas en los que los terapeutas son libres de prescribir el DMSO a sus pacientes y éstos de usarlo.

Hoy se calcula que en los poco más de 50 años transcurridos desde su descubrimiento se han escrito más de 40.000 artículos científicos sobre el DMSO de los que unos 11.000 se refieren a sus posibilidades terapéuticas, tanto en animales como en humanos. De hecho los veterinarios lo usan actualmente en casi todos los países desarrollados.

En España solo se comercializó en humanos un producto tópico antiinflamatorio y analgésico, Pain Away, que no es sino una solución hidroalcohólica que contiene hipérico, árnica, caléndula, cayena, menta piperita, jengibre y aceite de mahanarayan y utiliza como trasportadores DMSO, limoneno -con el Ph equilibrado- y aceite wintergreen. Nuestra revista lo dio a conocer en un artículo que con el título Pain Away: lo más eficaz contra el dolor apareció en el nº 38 y puede consultarse en nuestra web –www.dsalud.com aunque hoy, que sepamos, no es ya posible adquirirlo en nuestro país. En Estados Unidos sí se comercializa un aceite parecido con el nombre comercial de Ultimate Pain Relief. Y con nombres similares en otros países varios tipos de cremas y aceites de variados contenidos solo que algunos contienen diclofenaco sódico -como Voltaren– u otros antiinflamatorios no esteroideos (AINES) que pueden provocar daños renales, cardiovasculares y gastrointestinales (incluido sangrado oculto y ulceración gástrica).

Cabe añadir que una vez el DMSO es ingerido o atraviesa la barrera de la piel-en uso tópico- hasta alcanzar el torrente sanguíneo es metabolizado por el organismo sin producir desechos tóxicos. Así lo constató -entre otros- un equipo del Squibb Institute for Medical Research de New Jersey (EEUU) dirigido por el Dr. K. K. Wong -el trabajo se publicó en 1971 en Journal of Investigative Dermatology– tras varios análisis efectuados tanto con conejillos de indias como con seres humanos. Según esos investigadores el DMSO (al 80%) aplicado tópicamente a la altura del codo se absorbe a las 4 horas en un 35%. Y una vez en el organismo el DMSO se transforma parcialmente en Dimetil-Sulfona y en Dimetil-Sulfuro (DMS) que junto con el DMSO remanente se eliminan por vía urinaria (salvo el Dimetil-Sulfuro que mayoritariamente se exhala con la respiración).

PROPIEDADES TERAPÉUTICAS

En suma, aunque el DMSO es universalmente conocido por su capacidad para atravesar las membranas sin alterarlas -lo que lo convierte en el mejor transportador transdérmico existente pudiendo incluso llevar sustancias que no pueden atravesar la barrera hematoencefálica- tiene también otras importantes virtudes terapéuticas, de las que merece la pena destacar estas:

-Es un poderoso eliminador de radicales libres, tanto por su capacidad antioxidante como por su capacidad quelante que le permite neutralizar los peligrosos iones metálicos.

-Es inmunomodulador; es decir, normaliza o estabiliza todo sistema inmune exacerbado sin deprimirlo; algo importante, especialmente en el caso de las llamadas enfermedades autoinmunes.

-Es vasodilatador -y por tanto hipotensivo-, algo fundamental en el caso de heridas y traumas con riego sanguíneo disminuido (problema a menudo más perjudicial que la propia herida o trauma).

-Es un eficaz antimicrobiano con efecto bacteriostático -no produce la muerte de las bacterias patógenas pero impide su reproducción-, antivírico, antifúngico y antiprotozoario.

Veamos ahora algunos de los trabajos que así lo indican y otros sobre su utilidad en muy distintas patologías.

Antimicrobiano.

En 1966 G. E. Pottz, H. Rampey y A. Benjamín presentaron en Viena durante un simposio dedicado al DMSO que basta una dilución del 5% para disminuir la resistencia bacteriana a los antibióticos, algo que ese mismo año confirmarían los japoneses S. Kamiya, T. Wakao y K. Nishioka en un artículo publicado en Journal of Clinical Ophtalmology (Japón) tras usarlo para tratar infecciones oculares por bacterias resistentes a los antibióticos. Dos años después -en 1968- los doctores H. Bash y H. H. Gadebusch publicarían en Applied Microbiology un trabajo demostrando que una dilución al 30% acaba in vitro hasta con la Candida albicans y el Staphylococcus aureus. Y ese mismo año y en la misma revista apareció un estudio de los doctores H. H. Gadebusch y J. C. Chan constatando su efectividad en distintos tipos de virus, incluido el de la gripe.

El Dr. Lázaro Sehtman, dermatólogo del Hospital Alvear de Buenos Aires (Argentina), utilizó por su parte un spray con fármacos antiinflamatorios y antivirales al que añadió DMSO en 17 pacientes con herpes zóster y herpes simple consiguiendo la remisión total en 48 horas con apenas dos aplicaciones al día; lo explicaron en un artículo que en 1975 publicaron en Annals of the New York Academy of Sciences.

Añadiremos que un equipo de la Universidad de California-Irvine (EEUU) coordinado por el Dr. J. S. Aquilar constató que el DMSO -a una concentración del 95%- inhibe por sí solo la replicación del ADN viral; el detalle de los experimentos se publicó en 2002 en BMC Infectious Diseases.

Potente analgésico.

Los doctores M. S. Evans, K. H. Reid y J. B. Sharp Jr. -de la Southern Illinois University School of Medicine- publicaron en 1993 en Neuroscience Letters un interesante trabajo en el que explican los mecanismos analgésicos del DMSO. Según cuentan aplicaron directamente DMSO sobre los nervios surales -la rama ciática que baja hasta los pies por detrás de las rodillas- de gatos y observaron que disminuía la transmisión del dolor en las fibras nerviosas de tipo C (no mielinizadas); bloqueo que tenía lugar siempre que la concentración de DMSO superara el 15%.

Un año después -en 1994- se publicaría en Fortschritte der Medizin un artículo firmado por los doctores W. Kneer, S. Kühnau, P. Bias y R. F. Haag -del Orthopädische Gemeinschaftpraxis en Stockach (Alemania)- informaba del tratamiento de tendinopatías agudas con DMSO. Se realizó un estudio con placebo y doble ciego sobre 157 pacientes con epicondilitis lateral a parte de los cuales se trató tres veces al día -durante 14- con un gel al que se había añadido DMSO al 10% y a los otros con el mismo gel pero sin el DMSO (en las 72 horas subsiguientes a los síntomas agudos de dolor). Pues bien, al finalizar el dolor había desaparecido por completo en el 44% de los tratados con DMSO lo que solo acaeció en el 9% de los tratados sin él.

Cabe añadir que las virtudes analgésicas del DMSO son especialmente interesantes en los casos de cáncer terminal. Varios médicos del Allergy Research Group de Alameda (California, EEUU) encabezados por el Dr. B. X. Hoang trataron exitosamente con DMSO a pacientes de cáncer en ese estado que sufren hipersensibilidad de las membranas celulares y la activación de los receptores de glutamato haciendo que se vuelvan insensibles a los opioides. El estudio se publicó en 2010 en Inflammation Allergy Drug Targets. Y el mismo director médico aunque al frente de un nuevo equipo -esa vez del Hospital 198 de Hanoi (Vietnam)- trató a 26 pacientes en estado terminal de cáncer con intensos dolores mediante perfusiones intravenosas de DMSO diluido y bicarbonato sódico logrando aliviarles el dolor durante más de tres meses. El tratamiento y sus resultados se describieron en 2011 en Journal of Pain Relief and Palliative Care Pharmacotherapy.

Analgésico y antiinflamatorio útil en casos de artrosis y artritis.

Según el University of Maryland Medical Center el DMSO puede utilizarse como transportador transdérmico en variados tipos de geles y cremas cuyo objetivo es la disminución del dolor y la inflamación relacionados tanto con la artrosis como con la artritis así como para todo tipo de lesiones tendinomusculares de origen traumático. Estos preparados suelen contener hasta un 25% de DMSO y se aplican hasta 3 veces al día en la zona dolorida siendo efectivos para recuperar parte de la movilidad perdida, incluso si el origen del dolor y la inflamación están relacionados con procesos de amiloidosis en la región articular. Eso sí, hay que tener en cuenta que tanto el DMSO como las sustancias analgésicas y antiinflamatorias incluidas en el tópico pueden causar irritación en la piel de las personas más sensibles o alérgicas por lo que es aconsejable hacer una mínima dosificación de prueba antes del tratamiento tópico.

El DMSO, usado tópicamente, disminuye además la inflamación cutánea al inhibir la metaloproteinasa MMP-9 de los queratinocitos; así lo corroboraron los doctores J. Majtan y V. Majtan -de la Academia Eslovaca de Ciencias de Bratislava (Eslovaquia)- dándolo a conocer en 2011 en Journal of Toxicology and Environmental Health.

Utilidad en la esclerodermia.

En 1967 el Dr. A. Scherbel y sus colaboradores de la Cleveland Clinic Foundation realizaron un estudio clínico con 42 pacientes con esclerodermia que no respondían a ninguno de los tratamientos convencionales demostrando la efectividad del DMSO en el 62% de los casos. Según publicaron en Annals of the New York Academy of Sciences los pacientes mostraron un significativo alivio del entumecimiento y del dolor así como de la cicatrización de las ulceraciones en los dedos. La esclerodermia es una grave enfermedad autoinmune que comienza a manifestarse en la piel como placas escamosas de color rosado a marrón producidas por un crecimiento descontrolado de colágeno que evoluciona afectando las articulaciones y puede llegar a comprometer órganos internos pudiendo ser mortal si incide en los riñones o el corazón. El DMSO continúa utilizándose desde entonces para esta patología aun cuando no se publicaron nuevas evidencias clínicas sobre sus efectos terapéuticos a excepción de un artículo aparecido en 1985 en Terapevticheskii Arkhiv que describe las experiencias positivas de un grupo de médicos soviéticos encabezados por el Dr. L. Murav’ev.

EFICAZ EN CÁNCER

Antiangiogénico y antimetastásico.

Un grupo de investigadores japoneses de la Universidad de Osaka dirigido por el Dr. K. Koizumi comprobó que el DMSO inhibe la producción de la metaloproteinasa MMP-2 bloqueando así la formación de capilares sanguíneos; capacidad antiangiogénica que darían a conocer en un artículo publicado en 2003 en Biological and Pharmaceutical Bulletin. Y en septiembre de 2014 un equipo del Graduate Institute of Basic Medicine de la FuJen Catholic University de Taipei (Taiwan) coordinado por el Dr. Chi-Chung Wang publicó en Plos One los resultados de unas investigaciones sobre su capacidad antitumoral constatando que inhibe la proliferación de células cancerosas -y por tanto la formación de masas tumorales- así como su migración mediante la regulación del supresor HLJ1 (de forma dosis-dependiente).

Antioxidante.

En 1971 la viróloga Charlotte Friend dirigiría en el Mount Sinai Hospital de Nueva York un experimento in vitro con células leucémicas constatando que basta echar en ellas una solución de DMSO para que vuelvan a diferenciarse y transformarse en células sanas normales; el trabajo se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Diez años después -en 1981- un equipo de la University of Colorado School of Medicine dirigido por el Dr. J. E. Repine publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences USA un trabajo según el cual los efectos anticancerígenos del DMSO se deben probablemente a que protege las hebras de ADN gracias a su capacidad antioxidante. Al menos así ocurrió al someter células cancerosas a los efectos de los radicales libres de hidroxilo generados por rayos gamma. Y de hecho así lo confirmaría posteriormente un equipo del New Jersey Medical School coordinado por el Dr. S. M. Goddu con un trabajo publicado en 1996 en Acta Oncológica. Sus ensayos se realizaron sometiendo a ratones a los efectos de yodo-123 (radionucleido) con y sin inyecciones de DMSO intratesticular y observando las alteraciones del ADN en el esperma. Ya en 2010 un grupo de investigadores del Research Reactor Institute de la Universidad de Kyoto encabezado por el Dr. Genro Kashino publicó en Journal of Radiation Research un ensayo in vitro sobre células según el cual el DMSO protege efectivamente las hebras de ADN por su capacidad antioxidante y no por una posible reparación genética.

Y hubo otras investigaciones. Como las de los doctores P. Morley y J. F. Whitfield -del National Research Council de Canadá)- publicadas en 1993 en Journal of Cellular Physiology y la Dra. Caroline Bouchard -del Institute for Molecular Biology and Tumor Research de Marburg (Alemania)- publicada en 2001 en Genes & Development quienes aseveran por su parte que el DMSO provoca la inhibición de la histona desacetilasa (HDAC). Y hoy es bien sabido que las HDAC provocan la sobreexpresión de varios genes en las células tumorales por lo que su inhibición puede rediferenciar esas células cancerosas transformándolas en células normales.

Agregaremos que un equipo del St. Olav’s University Hospital de Trondheim (Noruega) coordinado por el Dr. E. Christensen efectuó una serie de pruebas con 44 pacientes afectados por 60 tumores -carcinomas de células basales- a los que trató con ácido aminolevulínico, DMSO y terapia fotodinámica conjuntamente obteniendo excelentes resultados en el 81% de los casos tras 72 meses de seguimiento; la técnica utilizada y sus resultados fueron publicados en 2009 en Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology.

Resumiendo: desde 1971 se sabe que el DMSO -sustancia totalmente inocua- puede hacer que células tumorales se recuperen y vuelvan a ser normales. ¡Y los oncólogos sin utilizarla!

Eficaz en las úlceras.

Por lo que al tratamiento de las úlceras se refiere destaca el trabajo que publicó en 1975 en Annals of the New York Academy of Sciences el Dr. R. Miranda-Tirado, del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Se trata de un amplio estudio clínico con 1.371 pacientes con úlceras crónicas de diverso origen -la mayoría resultado de quemaduras- que llevaban más de un año sin resolverse y mostraban distintos grados de infección. El caso es que tras aplicar con un spray tres veces por semana una solución que contenía DMSO, antibióticos y antiinflamatorios el 95% se curó en unas semanas; detallándose casos espectaculares como el de un paciente de 60 años con una ulcera de origen varicoso en una pierna desde hacía ¡15 años!

El Dr. M. Lishner y sus colegas de la Universidad de Tel Aviv (Israel) presentaron por su parte en 1985 un trabajo de investigación clínica que se publicaría en Journal of the American Geriatrics Society. Veinte pacientes diabéticos con úlceras crónicas que no respondían a los tratamientos farmacéuticos convencionales fueron tratados diariamente -entre 4 y 15 semanas- con aplicaciones tópicas de DMSO lográndose la curación total de 14 y mejora parcial en los otros cuatro; dos en cambio no mostraron mejoría. Los investigadores lo atribuyeron a una mejor oxigenación del tejido, al aumento de la vasodilatación local y a una disminución de la agregación plaquetaria. Aconsejando ese tratamiento en todos los casos de úlceras diabéticas antes de optar por medidas quirúrgicas.

Asimismo se han estudiado los efectos del DMSO en las úlceras que a veces provoca el quimioterápico Adriamicina (Doxorubicina); lo hizo un equipo de la Trakya University de Edirne (Turquía) coordinado por el Dr. S. Uzunoglu aplicando tópicamente DMSO en zonas necrotizadas y extravasadas por el fármaco comprobando que es también eficaz en este tipo de ulceraciones. Los resultados se publicaron en 2013 en Journal of Plastic Surgery and Hand Surgery.

Uso en amiloidosis.

Los médicos llaman amiloidosis a la formación de depósitos extracelulares de proteínas en tejidos y órganos a los que denominan “amiloides”; hablándose de “amiloidosis primaria» si se desarrolla en un órgano sano y «secundaria” cuando se vincula con una patología previa. Pues bien, un equipo del Ospedale di Cattinara de Trieste (Italia) dirigido por el Dr. P. Morassi trató a dos pacientes con amiloidosis primaria y a otros dos con amiloidosis secundaria y mientras que no se obtuvieron resultados con los primeros en los segundos las inflamaciones artríticas que les afectaban disminuyeron y se optimizó la función renal tras cinco meses de tratamiento oral. El trabajo se publicó en 1989 en Minerva Médica.

Frente a los problemas gástricos e intestinales.

El Dr. A. S. Salim efectuó pruebas clínicas en el Trauma Centre Medical City de Bagdad (Irak) con 177 pacientes que sufrían destrucción aguda de la mucosa gástrica -causada por radicales libres- dando a un grupo alopurinol -un eliminador de radicales libres- y al otro DMSO constando que éste es igual de eficaz; el trabajo se publicaría en 1991 en Intensive Care Medicine. Posteriormente probaría en úlceras duodenales encontrando la misma efectividad para reconstruir la mucosa estomacal dañada. Y en 1993 publicó un nuevo trabajo en Surgery, Ginecology and Obstetrics en el que explica que estudió a 180 pacientes de artritis que sufrían grave erosión de sus paredes estomacales debido al abuso de antiinflamatorios no esteroideos (AINES) dividiéndoles en tres grupos a uno de los cuales se dio cuatro veces al día DMSO y a otro alopurinol usándose el tercero como grupo de control. Y al igual que en el trabajo anterior se demostró que el DMSO permite una rápida recuperación del epitelio gástrico.

Cabe añadir que en 2001 se publicó en Journal of Surgical Research el experimento de un grupo de médicos de la Finch University of Health Sciences encabezado por el Dr. C. K. Chang que sometió a un grupo de ratas con peritonitis al DMSO demostrando que inhibe la activación de determinados genes protegiendo así de la endotoxemia y el shock séptico.

Contra el hígado graso.

En 2012 apareció en Autophagy un trabajo firmado por un equipo dirigido por el Dr. Young Mi Song -del Yonsei University College of Medicine de Seúl (Corea)- sobre el papel del DMSO en el proceso de autofagia confirmando sus experimentos que activa ésta al inhibir la expresión del gen ATF4… lo que disminuye la acumulación de triglicéridos en los hepatocitos que da lugar al hígado graso.

¿Protector cardiaco?

Un equipo de la Universidad de Massachusetts (EEUU) dirigido por el Dr. J. Bardutzky publicó en 2005 en Journal of Cerebral Blood Flow & Metabolism una investigación con ratones sobre los efectos protectores del DMSO en casos de isquemia y se vio que, en comparación con los animales de control, disminuían las áreas infartadas. Cabe añadir que ya en 1967 el Dr. J. W. Finney y sus colegas de la Baylor University Medical Center de Dallas (EEUU) habían comparado los efectos protectores en la isquemia del DMSO con el que se logra usando una cámara hiperbárica y vieron que los resultados eran similares.

UTILIDAD EN LAS PATOLOGÍAS CEREBRALES

Protector neuronal, cerebral y encefálico.

En 1975 un equipo de la Universidad de Ottawa (Canadá) dirigido por el Dr. J. C. de la Torre publicó en Annals of the New York Academy of Sciences un trabajo en el que se constató, trabajando con distintos animales, que el DMSO es útil en distintos tipos de heridas traumáticas que afectan al sistema nervioso central: lesiones por impactos craneales, trombosis de la arteria cerebral, anoxia y lesiones en la médula espinal. Más tarde realizaría una serie de complejos experimentos con gatos para demostrar que una solución al 40% de DMSO, sola o combinada con prostaciclina (prostaglandina PGI2), ejerce una significativa neuroprotección en caso de isquemia cerebral. El trabajo se encuentra ampliamente explicado y documentado en su artículo publicado en 1991 en Canadian Journal of Physiology and Pharmacology.

Tres años después -en 1978- un equipo dirigido por el Dr. R. K. Laha publicó en Journal of Neurosurgery los resultados de unas investigaciones con perros sobre el efecto protector del DMSO en caso de embolia arterial (carótidas) constatando que en los animales tratados con DMSO -al contrario de lo que ocurrió con los del grupo de de control- no se produjo infarto cerebral alguno.

Los doctores P. E. Camp, H. E. James y R. Werner demostraron por su parte mediante complejos experimentos con conejos albinos que el DMSO ayuda a eliminar el edema cerebral acaecido como consecuencia de un golpe traumático disminuyendo la presión intracraneal, la presión sanguínea local y la proporción de agua y sus electrolitos. Los resultados se publicaron en 1981 en Neurosurgery.

Ya en 1991 los doctores M. Karaca, U. Y. Bilgin y M. Akar -de la Universidad de Dicle (Turquía)- y el Dr. J. C. de la Torre -de la Universidad de Ottawa (Canadá)- presentaron un interesante estudio conjunto en European Journal of Clinical Pharmacology con 10 pacientes que habían sufrido un severo trauma craneal y presentaban una elevada presión intracraneal (ICP). Tratados cada 6 horas con inyecciones intravenosas de DMSO durante varios días se redujo la ICP y siete de ellos recuperaron los parámetros normales a los 6 días de tratamiento probando así que el DMSO intravenoso puede reducir rápidamente la presión intracraneal y facilitar la recuperación neurológica.

Y en otro ensayo, esta vez con ratones, el Dr. S. Shimizu y sus colaboradores del Departamento de Neurología de la Universidad de Pittsburgh observaron esos mismos resultados protectores en caso de isquemia; el experimento se describe en un artículo publicado en 1997 en Neuroscience Letters.

Y por si fuera poco los doctores C. Lu y M. P. Mattson -del National Institute on Aging de Baltimore (EEUU) publicaron en 2001 en Experimental Neurology un estudio según el cual el DMSO inhibe las respuestas al glutamato de las neuronas del hipocampo impidiendo su muerte neuronal; concluyendo que su uso puede ser eficaz en las patologías neurodegenerativas de origen tóxico.

Uso en las enfermedades mentales.

Los doctores E. Ramírez y S. Luza -de la Universidad Peruana Cayetano Heredia de Lima (Perú)- publicaron en 1967 en Annals of the New York Academy of Sciences un artículo con el sugestivo título DMSO en el tratamiento de pacientes mentales en el que cuentan sus resultados tras tratar a 42 pacientes esquizofrénicos, maníaco-depresivos o neuróticos obsesivo-compulsivos a los que se dividió en dos grupos tratando a uno solo con DMSO y no recibiendo el otro más que la medicación habitual. Cinco mililitros de DMSO diluido al 50% que se les inyectó intramuscularmente de 2 a 5 veces al día según la gravedad de los síntomas. Los resultados variaron obviamente en función de la cronicidad de la neurosis siendo los casos agudos los de mejor resolución; de hecho la mayoría de éstos se recuperaron totalmente al cabo de 15 días de tratamiento; los más crónicos simplemente mejoraron pero no pudieron dejar el hospital, especialmente en el caso de los esquizofrénicos.

El Dr. M. J. Aspillaga y su equipo del Hospital de Niños Calvo Mackenna de Santiago de Chile publicaría en 1975 en Annals of the New York Academy of Sciences un trabajo con el sugestivo título de Terapia con DMSO para niños mongoloides con retraso mental severo. Y según se explica en él se administraron a 55 niños con Síndrome de Down (trisomía del cromosoma 21) inyecciones de 5 cc de DMSO al 5% junto con 5 miligramos de GABA (ácido gamma aminobutírico) y otros aminoácidos en días alternos y durante 3 meses. Divididos en dos grupos -mayores y menores de 3 años y medio- unos recibieron el tratamiento y otros sirvieron de control y no fueron tratados. Pues bien, los tratados mostraron al finalizar claras mejorías motoras y adaptativas así como leves mejoras en el uso del lenguaje que fueron muy notables entre los del grupo de más edad. En este grupo el coeficiente de inteligencia (IQ) pasó a una media de 40 en comparación con los 33 del grupo control. El personal sanitario del hospital manifestó de forma unánime la clara mejoría de los niños tratados con el DMSO respecto a sus parámetros previos al tratamiento.

Experiencia similar a la realizada por las doctoras A. Guiller y M. E. M. de Bernadou -del Hospital Pirovano de Buenos Aires (Argentina)- que se publicó el mismo año -1975- en Annals of the New York Academy of Sciences solo que esa vez con niños no-mongoloides. Con los mismos protocolos que en la experiencia chilena se trató a 13 niños sirviendo otros tantos de grupo de control y los resultados fueron similares: claras mejorías en los niños tratados.

Eficaz en alzheimer.

Los doctores Claudia Caputo y Andre I. Salama -del ICI Pharmaceuticals Group (EEUU)- publicaron en 1989 en Microbiology of Ageing un artículo que analiza los conocimientos que hasta entonces se tenían sobre el desarrollo de las placas de amiloides en relación con el alzheimer concluyendo que dado que el DMSO se ha mostrado eficaz en la disolución de los amiloides, tanto in vitro como en ratones, debería investigarse más a fondo su utilidad en alzheimer. Y siguiendo esa misma línea de deducción el Dr. S. A. Goppa -de la Medical University de Kisheinev de Moldavia- presentó un trabajo de investigación clínica en la Fourth International Conference on Alzheimer’s Disease and related Disorders celebrada en Minneapolis (EEUU) cinco años después -en agosto de 1994- en el que se describen los resultados de administrar durante nueve meses DMSO a 18 pacientes de alzheimer observándose mejorías a partir del tercer mes que fueron aumentando hasta el final del tratamiento. Y en él no se habla solo de recuperaciones a nivel cognitivo: la mejoría se cotejó con marcadores sanguíneos de neuroproteínas e inmunoenzimas específicas del alzheimer. Lo insólito es que han pasado 20 años desde aquel ensayo clínico y no se ha vuelto a publicar nada sobre el DMSO en alzheimer ¿Será porque no es una sustancia patentable?

Útil en problemas visuales.

El Dr. R. V. Hill -de la University of Oregon Medical School de Portland (EEUU)- publicó en 1975 en Annals of the New York Academy of Sciences un trabajo sobre el uso del DMSO en 50 pacientes con retinitis pigmentosa y degeneración macular (DMAE) a los que se trató varias semanas mediante lavados de ojos -dos veces al día- con una solución al 50% de DMSO. Pues bien, en 36 mejoró la visión. Cabe destacar que el Dr. Hill inició sus pruebas al comprobar que muchos de sus pacientes que utilizaban DMSO por problemas de artritis o lesiones musculares le informaban de mejoras visuales. De hecho aunque no hemos encontrado trabajos en publicaciones científicas sobre el DMSO en problemas oculares son numerosos los testimonios personales que hablan de mejoras de todo tipo; desde cataratas y glaucoma hasta presbicia.

¿Cura el tinnitus?

El Dr. A. Zúñiga Caro -del Hospital de Niños de Santiago de Chile -publicó en 1975 en Annals of the New York Academy of Sciences un interesantísimo trabajo sobre el DMSO en caso de acúfenos o tinnitus. Según explica en él trató a 15 pacientes de tinnitus instilando en el canal auditivo con un aerosol una dilución de DMSO y algunos fármacos antiinflamatorios y vasodilatadores una vez cada cuatro días durante un mes mejorando todos; de hecho el tinnitus desapareció por completo en 9. Es interesante destacar que algunos pacientes mejoraron también de sus problemas de cefaleas e insomnio. Con posterioridad varios médicos han utilizado técnicas similares de aplicación de DMSO pero combinándolo con aloe vera o capsicum obteniendo resultados rápidos y positivos.

Cabe destacar que la medicina convencional carece hoy de soluciones para estos pacientes con los que utiliza de forma tan ineficaz como peligrosa antibióticos y antidepresivos e, incluso, intervenciones quirúrgicas que no solo no suelen resolver el problema sino que crean nuevas complicaciones pudiendo incluso provocar sordera parcial o total.

Eficaz en la esclerosis múltiple.

En 1984 el Dr. Zingerman publicó en Zhurnal Neuropatologii i Psikhiatrii Im S.S. Korsakova (Rusia) un trabajo según el cual trató con DMSO a 34 pacientes con esclerosis múltiple y todos mostraron una rápida remisión de la enfermedad; algo que el investigador ruso atribuye a la disminución del edema, a la modulación del ataque autoinmune y a su efecto remielinizador.

Solución a la bronquiolitis infantil severa.

Un grupo de médicos chilenos del Hospital de Niños de Santiago de Chile encabezado por el ya citado A. Zúñiga Caro realizó una investigación clínica con 60 bebés hospitalizados por bronquiolitis severa a los que dividió en dos grupos dando a uno el tratamiento convencional -con antibióticos y carpa de oxígeno y vapor- y al otro de la misma forma pero además DMSO usando un spray. Pues bien, el 80% de éstos se recuperó a los 30 minutos de iniciado el tratamiento pudiéndoseles retirar la carpa de oxígeno. Los investigadores lo dieron a conocer en 1975 en Annals of the New York Academy of Sciences asegurando que es eficaz ante cualquier problema obstructivo pulmonar. De forma sencilla, barata y carente de efectos secundarios.

Útil en el Síndrome del dolor regional complejo.

Terminamos indicando que en el denominado Síndrome del Dolor Regional Complejo -también llamado Distrofia simpática refleja-, enfermedad crónica y progresiva caracterizada por dolor intenso, edema y cambios en la piel sin causa objetiva, es igualmente útil. Un equipo del Centro de Recuperación y Rehabilitación de Levante (Valencia, España) encabezado por el Dr. M. Gaspar trató a 29 pacientes con este problema mediante una solución tópica al 50% de DMSO logrando una disminución significativa tanto del dolor como de la incapacidad motora de las extremidades afectadas; el trabajo se publicó en 2012 en Farmacia Hospitalaria.

CONCLUSIONES

Como el lector habrá advertido la mayoría de los estudios experimentales y clínicos que demuestran las virtudes terapéuticas del DMSO se realizaron antes de 1978, año en el que la FDA decidió prohibir su uso médico alegando «dudas sobre su seguridad» -sobre todo en los ojos- y la posibilidad de reacciones alérgicas fuertes además de tacharlo de potencial neurotoxina. Aseveraciones que los estudios que acabamos de citar ponen claramente en entredicho. En fin, ¿alguna autoridad sanitaria puede explicarnos la verdadera razón de que el DMSO no sea utilizado aun hoy de forma masiva?

P. Mirre

Este reportaje aparece en
179
Febrero 2015
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