El legado de Wilhelm Reich

A pesar de su importancia los descubrimientos realizados por Wilhelm Reich permanecen apartados de la Ciencia y la Medicina porque ponen en peligro los privilegios de quienes se han erigido en sus representantes y temen quedar en evidencia y, al tiempo, porque rechazan lo que son incapaces de comprender y asumir. Afortunadamente un buen número de investigadores, terapeutas, médicos y profesionales de numerosos ámbitos del conocimiento han integrado esos hallazgos en sus trabajos y continúan explorando los caminos que abrió. De ahí que escuelas, fundaciones y centros de investigación de medio mundo hayan asumido la responsabilidad de transmitir su legado.

Proponemos al lector que antes de comenzar a leer este reportaje haga un sencillo ejercicio: siéntese derecho en una silla mirando al frente con la cabeza recta y luego gire ésta desplazando la mirada hacia un lado todo lo que pueda pero sin forzar. Los ojos deben seguir mirando “al frente” pero acompañando el movimiento de la cabeza. Luego, cuando haya llegado al límite, gire entonces hacia el mismo lado los ojos hasta que no pueda más. Luego haga el movimiento inverso retrocediendo muy lentamente los ojos hasta que “miren al frente” y luego la cabeza hasta volver a mirar realmente de frente. A continuación haga lo mismo hacia el otro lado. Eso sí, procure desplazar los ojos de forma continua y no a saltos. Repita el ejercicio completo varias pocas veces mientras respira profundamente. Una vez termine reflexione sobre lo que ha sentido. ¿Mareo? ¿Molestias? ¿Tensión en el cuello? ¿Dolor? ¿Ha podido desplazar los ojos en un movimiento continuo?

Suponemos que se preguntará qué sentido tiene hacer este sencillo ejercicio. Y la respuesta es que permite constatar uno de los secretos fundamentales de la naturaleza humana: que nuestra mente, cuerpo y emociones están realmente interconectados. Algo que quizás ahora a muchos nos parezca lógico y familiar -particularmente a los lectores de esta revista- pero hace apenas ochenta años, cuando un joven estudiante de Medicina llamado Wilhelm Reich se convirtió en discípulo del afamado descubridor del psicoanálisis, Sigmund Freud, no era así en absoluto. Y de hecho para la mayoría de los médicos, psicólogos y psiquiatras ése continúa siendo un terreno desconocido en el que no osan aventurarse.

¿PREGUNTAS SIN RESPUESTA?

Hace apenas dos meses publicamos un reportaje con el título Wilhelm Reich: a la búsqueda de los secretos de la Naturaleza -puede leerlo en el nº 138 de nuestra web: www.dsalud.com– en el que hicimos un breve recorrido biográfico de los trabajos, ideas, descubrimientos y geniales intuiciones de este médico e investigador austríaco. Es posible que quienes leyeran ese artículo o se hayan acercado alguna vez a la obra de Reich hayan pensado que es un autor demasiado enrevesado, que quizás sus enemigos tenían razón al tacharlo de loco o que, aunque sus ideas sean acertadas, resultan excesivamente complejas y no tienen nada que ver con la vida cotidiana. Sin embargo vamos a comprobar que no es así en absoluto; de hecho uno de los motivos por los que resulta difícil asimilar los descubrimientos de Reich es precisamente su simplicidad. Y es que nos hemos alejado tanto de la Naturaleza y nuestra cultura se ha tecnificado de tal modo que nos resulta casi imposible asimilar las ideas sencillas.

Unas pocas preguntas –que probablemente todos nos hemos hecho en algún momento- nos ayudarán a entender lo que Reich ha aportado y los beneficios que la humanidad podría extraer de esa aportación: ¿por qué la formidable curiosidad que todos los niños demuestran desde que nacen desaparece al poco tiempo de poner el pie en la escuela? ¿Por qué a pesar de los espectaculares “avances” de la Medicina -que constantemente se nos anuncian a bombo y platillo en los medios de comunicación- cada vez hay más enfermos y aparecen más enfermedades que la Medicina convencional se muestra incapaz de explicar y solucionar? ¿Cómo es posible que la especie supuestamente más inteligente que habita este planeta, la humana, sea precisamente la responsable de su brutal degradación? ¿Cómo es posible que el ser humano repita una y otra vez los mismos errores y que después de miles de años de civilización no consiga resolver sus problemas fundamentales y ser feliz? Pues bien, los descubrimientos de Reich permiten dar respuestas a éstas y a otras muchas preguntas así como explicar por qué están conectadas unas con otras y ofrecer soluciones a los problemas que estos interrogantes plantean.

TRES DESCUBRIMIENTOS CLAVES

Podemos destacar tres aportaciones cruciales de Reich: la primera es que no es verdad que exista un instinto destructivo natural en el ser humano como postuló Freud sino un orden social esencialmente represivo. Según él no somos infelices por naturaleza sino a causa de vivir en una sociedad autoritaria en la que la libertad ha sido notablemente restringida. La segunda es que existe un principio común de funcionamiento en todos los seres vivos: el de la pulsación. En otras palabras, que todos vivimos por mor de una permanente carga y descarga de energía vital y de ahí que todo lo que perturbe su libre fluir nos provoque trastornos de diversos tipos y gravedad. Y la tercera es el descubrimiento de que esa energía vital que alimenta a todos los seres vivos emana de la energía cósmica primordial presente en todo el universo a la que bautizó como energía orgónica.

Ahora bien, ¿cómo recibió la sociedad estos descubrimientos? ¿Provocaron cambios en la organización social, la gestión de los recursos naturales y la protección del medio ambiente, la educación, el cuidado de la salud…? Desgraciadamente, no. Sencillamente porque el núcleo central de los descubrimientos de Reich sigue siendo aún desconocido por el gran público y se halla apartado de la ciencia y medicina oficiales. Apenas unas pocas ideas han calado y muchas veces de forma incompleta o simplificada cuando no tergiversada.

LA FÓRMULA DE LA VIDA

Debemos decir que el ejercicio que propusimos al comienzo es sólo un ejemplo sencillo que permite detectar cómo lo que hay almacenado en nuestra mente y en nuestras emociones se manifiesta en el cuerpo. De hecho fue una de las aportaciones fundamentales de Reich: mostrar que el cuerpo y la mente no son independientes sino que, junto con las emociones, forman una misma cosa, un organismo vivo cuyo principio básico de funcionamiento es la energía. Energía que está presente en todas las cosas y en los seres vivos se manifiesta como energía vital. Para entendernos: hablamos de un fluido vital que envuelve a todos los seres vivos y penetra en ellos posibilitando la vida. Siendo su funcionamiento básico un permanente movimiento de pulsación merced al cual todo ser vivo se carga y descarga energéticamente. Dos ejemplos sencillos son los latidos del corazón y la respiración pero esta fórmula es universal: si a través de un microscopio observamos una diminuta ameba veremos cómo se encoge y se expande; si vamos al mar lo veremos en las medusas; y si miramos hacia el cielo comprobaremos que hasta las nubes de la atmósfera se cargan con vapor y se descargan mediante la lluvia y la nieve.

Bueno, pues la importancia de este hecho universal trascendental es que nos indica que cualquier cosa que perturbe esa pulsación –es decir, el libre fluir de la energía- tiene inevitablemente consecuencias negativas para cualquier biosistema.

En el ámbito de la Medicina, sin embargo, los médicos se limitan a observar en los seres humanos los síntomas puramente físicos de esas perturbaciones y las llama “enfermedades” o “patologías”; y si son masivas,  “epidemias”. Los psiquiatras, por su parte, observan los síntomas estrictamente psíquicos y los denominan “trastornos mentales” o “neurosis”. Reich en cambio denominaba a todo ello “biopatías”, es decir, trastornos biológicos, alteraciones del biosistema en su conjunto. De ahí la tensión, mareo, malestar, jaqueca, náuseas o dolor que muchas personas experimentan al realizar el simple ejercicio propuesto o por qué son incapaces de un movimiento continuo de los ojos. Tales síntomas, cuando aparecen, son indicios de que algo perturba el equilibrio y fluidez energética de nuestros sistemas biológicos.

ATRAPADOS EN LA CORAZA

Durante su primera etapa como psicoanalista -recién salido de la facultad- Reich constató que el Psicoanálisis, disciplina que se basa exclusivamente en lo mental y en la asociación libre de ideas, en aquello que puede ser expresado con palabras, es incapaz de ayudar a sanar a muchos pacientes. Y pronto coligió que la razón era que el paciente no podía por eso remontarse en las sesiones terapéuticas más allá del primer o segundo año de vida que es cuando el niño empieza a hablar. Todo lo que había sucedido desde la concepción hasta la aparición del habla permanecía pues en un territorio totalmente desconocido y ajeno a las palabras. Y justamente ése es el territorio en el que se aventuró Reich.

Desarrollaría así un método que bautizó como Vegetoterapia en el que no se trabaja con palabras sino sobre todo con emociones, expresiones biológicas, movimientos de la musculatura, gestos… Porque para Reich tanto el origen de las neurosis como de los trastornos físicos se encuentra en emociones reprimidas que quedan “almacenadas” en la musculatura provocando en ella rigidez. Formándose así con los años una “coraza” que impide la libre circulación de la energía. Y ésa era a su juicio  la explicación del enorme porcentaje de fracasos de los psicoanalistas asegurando que las neurosis no pueden resolverse elucubrando simplemente el enfermo sobre el problema tumbado en un diván sino que es preciso que el terapeuta actúe también en el plano físico: sobre la coraza muscular. Coraza que Reich dividiría en siete segmentos: ojos-oídos-nariz, boca, cuello, tórax, diafragma, abdomen y pelvis.

Una coraza que desde el primer choque con el mundo exterior vamos construyendo como defensa; solo que nos aísla del exterior pero a menudo también de nuestras propias emociones. Y en tales casos el resultado es un organismo rígido incapaz de sentir y de comunicarse, un organismo que teme sus propias sensaciones y el contacto con lo vivo, un organismo “acorazado” que trasmitirá su miedo y su rigidez a sus hijos, a sus alumnos, a sus pacientes…

Luego, con el tiempo, terminaría infiriendo que el segmento ocular se relaciona con el temor o el rechazo a ver las cosas o a los demás, el segmento de la boca con el llanto, los gritos, el enfado y/o la frustración, el segmento del cuello con “tragarse las emociones”, el segmento torácico con el control, el recelo, el tener “un nudo en el pecho”, el segmento del diafragma con el rechazo de las ondas de placer que surgen desde abajo, el segmento del abdomen con la necesidad de controlar, de conservar, y, finalmente, el segmento pélvico con la sexualidad.

De ahí que el método que desarrolló para ayudar a sus pacientes fuera más allá del terreno puramente psicológico y entrara también en el dominio de lo biológico -trabajando sobre los bloqueos y endurecimientos de esos segmentos- integrando cuerpo y mente en un proceso de crecimiento personal que abarca al sujeto en su conjunto, incluida la relación con el entorno a fin de recuperar así el equilibrio, la movilidad y el flujo de energía. En suma, liberando al paciente de sus emociones reprimidas, al cuerpo de sus corazas y a la mente de sus miedos. Restaurando con ello la capacidad de contactar consigo mismo y con la vida.

EL MIEDO A LA VIDA

Ahora bien, a pesar de ser un avance de gran importancia a la hora de tratar problemas de salud la Vegetoterapia no resolvía el problema del origen de esos trastornos. Y para Reich carecía de sentido gastar enormes recursos y tiempo en curar a unas pocas personas en lugar de localizar el origen del problema e impedir que muchas más personas enfermen. Porque si bien para él estaba claro que es la represión de los impulsos naturales lo que provoca los trastornos, ¿cuál era el origen de esa represión? Para encontrar la respuesta Reich se aventuró en el terreno –por entonces prácticamente desconocido- de la Sociología lo que le granjeó el enfrentamiento directo con los psicoanalistas ya que Freud había planteado por entonces que la explicación a los males de la humanidad era una especie de “instinto de muerte” que impulsa al ser humano hacia la autodestrucción. Pero ésa era una idea puramente teórica, sin base clínica alguna, y Reich la rechazó. De ahí que para averiguarlo se implicase en los intensos movimientos sociales y políticos que convulsionaban en esa época Austria y Alemania y que desembocaron en el triunfo de Hitler, colaborara con el partido comunista y participase directamente en la lucha obrera.

Siendo ese conocimiento de primera mano del comportamiento de las masas lo que le ayudó a encontrar la clave que buscaba: el origen del sufrimiento humano no se encuentra en su naturaleza –como proponía Freud- sino en el orden social que lo reprime desde que nace. Es decir, concluyó que es la represión de las emociones, de los instintos naturales, de la sexualidad, de la expresión de lo vivo la causa directa de la construcción de la coraza y también la causa del “miedo a la libertad” de las masas. Lo que explica por qué se arrojaron en brazos de Hitler y continúan arrojándose en los de cualquier líder salvapatrias que se tercie. Y es que, según Reich, lo que llamamos dictadura autoritaria no sólo existe en los estados totalitarios sino también en los regímenes democráticos: “La democracia fue tratada como un estado de libertad garantizada –escribía en 1942– y no como un proceso para el desarrollo de la responsabilidad colectiva. Además los individuos de las democracias fueron y son aún educados para someterse a la autoridad”.

LOS NIÑOS DEL FUTURO

En definitiva, Reich estaba proponiendo un cambio radical en la sociedad para prevenir el sufrimiento y los trastornos tanto físicos como mentales. Y ese cambio empezaba por la forma de concebir, parir, criar y educar a nuestros hijos. Basándose en estudios realizados por el antropólogo Malinowski y en la experiencia de Summerhill –una escuela libre autogestionada fundada en 1921 por A. S. Neill– Reich desarrolló el concepto de autorregulación que consiste en permitir el libre desarrollo de las necesidades naturales, primero del feto y después del bebé y del niño, de acuerdo siempre con su propio ritmo madurativo y sin imposiciones exteriores.

Y dejemos por un momento que sea el propio Reich quien explique la enorme trascendencia de este problema: “Cuando un niño nace sale de un útero caliente, a 37 grados centígrados, y pasa a un ambiente de 18 o 20 grados. Lo que supone un golpe. El choque del nacimiento… es muy fuerte. Pero podría superarse sino sucediera lo siguiente. Ya fuera se le coge por las piernas y se le golpea en las nalgas. El primer saludo es pues un manotazo. Y el segundo, apartarlo de la madre. ¿Cierto? ¡Apartarlo de la madre! Quiero que se fije bien ahora. Es algo que no se comprenderá dentro de cien años. ¡Apartarlo de la madre! La madre no debe tocar ni ver al bebé. El bebé no tiene ya contacto corporal tras haberlo tenido nueve meses a una temperatura bastante alta… ¿Y qué les ocurre? Mírelos, no pueden hablarle, sólo lloran. Lo que les ocurre es que quedan encogidos. Se contraen, se repliegan lejos de este feo mundo… y luego llega lo peor: esa pobre criatura trata siempre de abrirse y encontrar algún calor; va a la madre y pone sus labios sobre el pezón. ¿Y qué ocurre? Que el pezón está frío, no está erecto, no sale la leche o ésta es mala. Y esto es algo muy general; es lo normal. ¿Qué hace entonces la criatura?  ¿Qué respuesta le queda? ¿Qué puede responder bioenergéticamente ante esto? Porque no puede dirigirse a ti y decirte: ‘Oye, escucha, sufro tanto, tantísimo’. Sólo llora. Y acaba dándose por vencido. No lo dice con palabras pero ésa es la situación emocional. Y los orgononistas lo sabemos. Lo deducimos de nuestros pacientes. Lo deducimos de su estructura emocional, de su conducta, no de sus palabras. Las palabras no pueden expresarlo. Aquí tenemos el odio en su verdadero origen. De aquí nace el ‘no’, el gran ‘NO’ de la humanidad”.

Y ese “no”, que representa el comienzo del aislamiento, el principio de la coraza, fue la preocupación central de Reich en sus últimos años. De ahí que afirmara: “Es preciso equipar a los niños del futuro con el tipo de estructura caracterial y el vigor biológico que les permita ser capaces de tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir de manera racional su propio futuro y el de sus hijos”.

LA ENERGÍA CÓSMICA UNIVERSAL

Evidentemente no fue su única aportación. Y es que en el tortuoso camino vital que siguió al verse obligado a cambiar constantemente de residencia -perseguido por sus ideas, por su compromiso social y por su honestidad intelectual- fue integrando gran cantidad de ideas y planteamientos cuyas aplicaciones a la vida cotidiana complementan las que hemos descrito en el campo educativo. Vamos a cerrar pues este reportaje con otras dos que nos parecen fundamentales: el cuidado de la salud y la preocupación por el medio ambiente.
En todo caso como ambas se basan en el descubrimiento central de Reich -la ya mencionada energía orgónica o energía universal primordial- proponemos aquí al lector que antes de continuar leyendo realice otro sencillo experimento: colóquese ante una ventana abierta desde la que pueda ver el cielo sin obstáculos. Sitúese a unos dos metros, imagine una lámina transparente en el lugar en el que estaría el cristal de la ventana y fije ahí la vista. Transcurridos unos segundos o unos minutos –dependiendo de ciertos factores- verá aparecer un gran número de puntitos brillantes que se mueven girando constantemente. Bueno, pues está visualizando usted la energía orgónica. Obviamente existen formas más sofisticadas de percibirla, comprobarla, medirla y hasta trasmitirla. Y lo que es más importante: existen ya aplicaciones prácticas basadas en ella de enorme utilidad. Pero centrémonos en el objetivo de este texto y expliquemos brevemente cómo Reich utilizó las propiedades de esta energía vital tanto para ayudar a sanar a las personas enfermas como para ayudar a la madre Tierra, al planeta que nos acoge.

EL ACUMULADOR DE ENERGÍA ORGÓNICA

Y empezaremos explicando que Reich construiría un dispositivo especial que permitiera almacenarla basándose en un hecho singular: los materiales orgánicos atraen el orgón mientras los metales lo repelen. De ahí que el «acumulador de orgón» consista básicamente en un habitáculo con varias capas en las que se alternan material orgánico en la parte exterior y metal en el interior. Porque eso atrae la energía orgónica hacia el interior impidiéndola luego salir hacia fuera. Una vez constatado ese hecho Reich comenzaría a experimentar con los acumuladores de orgón -a principios de los años cuarenta del pasado siglo XX- introduciendo en su interior a personas con trastornos de todo tipo obteniendo resultados esperanzadores incluso en patologías graves como cáncer. De ahí que empezaran a interesarse en el método médicos convencionales que se formarían en Orgonomía; y así ocurre hasta hoy. Cabe añadir que un tratamiento «normal» -si es que existe tal cosa ya que cada persona es un mundo-  requiere varias sesiones -depende de la gravedad de la patología- de entre cinco y treinta minutos diarios. No existe pues un método sistematizado que pueda aplicarse de modo generalizado ya que no se trata de una operación mecánica sino de ayudar a la naturaleza en un proceso autorregulado. Sencillamente, cuando la persona que se introduce en el acumulador alcanza un determinado nivel de carga energética comenzará a sentir sensaciones desagradables y eso es lo que indica que la sesión debe terminar. Evidentemente como hablamos de energía biológica no existe peligro de sobrecarga; basta tomar aire fresco para compensar un posible exceso. Pero por esa misma razón no deben esperarse resultados inmediatos ya que el acumulador lo que hace es cargar al organismo en su totalidad; sólo después empiezan a ceder por tanto los síntomas concretos.

Ahora bien, las enfermedades crónicas necesitan tratamientos largos; de meses e, incluso, de años. Prueba de su funcionamiento natural y global. En cualquier caso cuando se trata de problemas muy localizados -como quemaduras, caries, heridas, etc.- puede utilizarse un dispositivo llamado Shooter que mediante un tubo hueco de metal dirige la carga de orgón sobre una zona concreta logrando a veces mejorías muy rápidas; especialmente en la cicatrización de heridas o disminuyendo el dolor en caso de quemaduras.

Cabe añadir que este aparato fue prohibido en su momento por la FDA (Food and Drug Administration) -como ya contamos en un anterior reportaje- y terminó siendo el detonador del final desgraciado de Reich.

UNA MEDICINA PARA EL PLANETA

Agregaremos finalmente que los hallazgos de Reich nos permiten comprender que el funcionamiento de la Naturaleza es esencialmente el mismo a todos los niveles. Que el mismo mecanismo de pulsación que rige para todos los seres vivos se manifiesta igualmente a gran escala para todo el planeta. Que la energía vital que nos alimenta es una manifestación de la energía cósmica universal. Por eso lo dicho sobre la salud humana puede aplicarse a la salud del planeta. Y, por cierto, sépase que la Hipótesis Gaia formulada hace algunas décadas por James Lovelock y Lynn Margulis -ambos postularon que nuestro planeta, Gaia, es un organismo vivo está basada precisamente en los trabajos de Reich que en la última etapa de su vida iniciaría una serie de experimentos que abrieron vías de actuación cruciales a la hora de prevenir y tratar los trastornos de la Tierra. Siendo en el transcurso de esos experimentos -debido a un accidente acaecido en su laboratorio en 1951- cuando Reich descubrió que las radiaciones atómicas producen un efecto de sobreexcitación en el orgón transformándolo en una especie de energía estancada que llamó DOR (Deadly Orgon, es decir, Orgón mortal).

De ahí que de la misma forma que determinados impactos emocionales pueden alterar el equilibrio energético en el ser humano otra clase de impactos –debidos principalmente al acelerado proceso de industrialización y consiguiente destrucción de recursos naturales- puede hacer lo mismo con el sistema vivo mucho más complejo pero funcionalmente idéntico que es el planeta. Nos referimos a la falta de energía que existe en las zonas desérticas y a la sobrexcitación energética producida principalmente por la acción humana que ha llevado a un aumento de manifestaciones DOR en todo el planeta.

Y de hecho aunque se han desarrollado medios muy precisos para analizar y medir tales efectos existen unas pocas observaciones sencillas que podemos realizar sin necesidad de sofisticados equipos y nos permiten comprobar si un entorno está “sano” o “enfermo”. Es sencillo: en las zonas saludables, de atmósfera limpia, las nubes crecen y adoptan formas redondeadas que absorben gran cantidad de energía orgónica y la descargan en forma de lluvia; por el contrario, en atmósferas “enfermas” pueden producirse tanto sequías persistentes como descargas desproporcionadas en forma de lluvias torrenciales en zonas donde habitualmente no se producen. Asimismo, los cielos plomizos, las nubes grisáceas o negruzcas y la atmósfera irrespirable de las grandes ciudades son un indicativo de DOR que a nivel global está provocando un alarmante avance de la desertización que afecta a todos los organismos vivos.
¿Y cómo podemos ayudar a la Naturaleza? Pues para reducir los efectos DOR y corregir desequilibrios climáticos Reich diseñó el Cloudbuster (Rompenubes) con el que –como ya comentamos en nuestro anterior reportaje- obtuvo un éxito total consiguiendo que volviera a llover en zonas desérticas e incluso que se repoblaran con vegetación. Posteriormente, en 1965, el Dr. Richard Blasband realizó una serie de operaciones con el Rompenubes obteniendo también resultados positivos.

Añadiremos finalmente que en la actualidad el Instituto Orgón de Alemania y el Laboratorio de Investigación de Biofísica Orgónica de Estados Unidos son dos de los lugares de referencia en los que se continúa la investigación de estos fenómenos. Especialmente en este último donde el profesor James DeMeo viene realizando -desde 1977- las principales investigaciones en este campo repitiendo las experiencias de Reich y profundizando en ellas con resultados igualmente positivos tanto en la provocación de lluvias en desiertos como en la modificación de DOR estancado.

Como conclusión diremos que los beneficios para la humanidad si se produjera un cambio global en la línea que marcan los descubrimientos de Reich son tan evidentes como las razones que determinados grupos de poder han tenido y continúan teniendo para impedirlo. Reich decía: “El problema no es lo que hacer sino cómo empezar”. Lo sucedido durante sus últimos años y en las seis décadas transcurridas desde su muerte son una muestra suficientemente explícita de que tenía razón. Afortunadamente son muchos los científicos, médicos, investigadores y personas comprometidas internacionalmente en rescatar su obra del olvido, devolverle la credibilidad que le arrebataron mediante injurias y poner sus descubrimientos a disposición de la humanidad.

Jesús García Blanca
Recuadro:


El legado de Reich

Contactos en España:

Escuela Española de Terapia Reichiana(Valencia): http://www.esternet.org
Xavier Serrano Hortelano:http://www.esternet.org/xavierserrano
Fundación Wilhelm Reich(Figueres) http://www.wilhelm-reich.org

Contactos en otros países:

Wilhelm Reich Institut(Alemania): http://www.orgon.de/
Wilhelm Reich Museum(Maine, E.U.A.): http://www.wilhelmreichmuseum.org/
American College of Orgonomy: http://www.orgonomy.org
Orgon Biophysical Research Laboratory(Oregon, E.U.A.): www.orgonelab.org
James DeMeo: www.saharasia.org; www.naturalenergyworks.net
Società Italiana di Analisi Reichiana: http://www.analisi-reichiana.it/site01/index.php
Escuela de Summerhill (Reino Unido): http://www.summerhillschool.co.uk/
Vídeos WR: http://www.trettin-tv.de/

Aplicaciones prácticas:

Construcción y uso del acumulador de orgón:
http://www.esternet.org/orac.htm
http://www.orgonics.com/

Medicina orgonómica:
Manuel Redón Blanch / Centre Clinic Reichià Orgó (Barcelona): http://orgo.eresmas.net/
Clínica de Medicina Orgonómica (Fundación Wilhelm Reich): http://www.wilhelm-reich.org/clini.html

Análisis de casos clínicos:
http://www.slideshare.net/Si_on/casos-acumuladorpblico
http://www.esternet.org/tratamiento_melanoma_malig.htm


Dispositivos que producen DOR:

-Instalaciones nucleares.
-Líneas de alta tensión.
-Torres emisoras de radio, TV y telefonía.
-Teléfonos móviles.
-Radares.
-Televisores y ordenadores de rayos catódicos.
-Aparatos de rayos X.
-Bobinas o aparatos de inducción.
Luces fluorescentes.
-Hornos microondas.
-Mantas eléctricas.
-Detectores de humo.
-Todo aparato que cree un campo electromagnético.
-Relojes, despertadores o cualquier aparato que utilice materiales radiactivos para crear luminosidad.
-Gases químicos fuertes.

Cómo contrarrestar el DOR:

Airear con frecuencia las habitaciones y llenarlas de plantas verdes, cascadas o fuentes de agua.


Los segmentos de la coraza y las patologías asociadas 

Segmento Función Patologías

1. Ojos-oídos-nariz.
Integración de los tres sentidos: contacto con el exterior. Cefaleas, migrañas, epilepsia (pérdida de conciencia), conjuntivitis, iritis, desprendimiento de retina, glaucoma, astigmatismo, miopía, hipermetropía, vértigo, rinitis, desviación tabique nasal, pólipos, derrames.

2. Boca. 
Comunicación y abastecimiento de energía. Anorexia mental, estomatitis, gingivitis, piorrea, caries, tartamudez, ceceo, paperas.

3. Cuello. 
Instinto de conservación.  Artrosis cervical, tortícolis, mastosis, angina, laringitis, hipertiroidismo, hipotiroidismo.

4. Tórax (incluye los brazos).
Zona de paso entre los segmentos 1-3 y 5-7. Trastornos del Timo, reumatismo articular agudo (trastornos en el bombeo del corazón), miocarditis, neurosis cardíaca, angina de pecho, infartos, pleuresías, tuberculosis, bronquitis, asma.

5. Diafragma.
Distribuidor de energía. Enfermedades gastrointestinales: vómitos, espasmo del esófago, neuritis gástrica, úlcera, gastritis, cálculos biliares, pancreatitis.

6. Abdomen.
Puente entre los segmentos 5 y 7. Diarrea, estreñimiento, colitis, rectocolitis, apendicitis, cálculos, nefritis, nefrosis.

7. Pelvis. (incluye las piernas). 
Sólo puede funcionar si funcionan los anteriores. Neurosis histérica, hemorroides, cistitis, enuresis nocturna, prostatitis, frigidez, impotencia, eyaculación precoz o retardada, tensión premenstrual u otros trastornos relacionados con la menstruación (dismenorrea, esterilidad, amenorrea, embarazos histéricos).

 

Este reportaje aparece en
141
Septiembre 2011
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