MPS 310: sorprendente irradiador fotónico

El déficit de exposición a la luz solar puede ser causa de múltiples dolencias o agravarlas así que para tratar de solventar esa carencia se ha diseñado un aparato bautizado como MPS 310 que permite irradiar el cuerpo y darse una auténtica ducha de luzcon fotones lo que según su inventor permite repolarizarlas células y armonizarlas. Es más, sus creadores aseguran que permite convertir en información fotónica –es decir, en luz- cualquier sonido –armónico o desarmónico, música incluida-. Y para demostrarlo se ha desarrollado otro dispositivo llamado NLD (Noise Light Detector o Detector del ruido de la luz) que hace justo lo contrario: ¡convierte en sonido la luz! Hay además un tercer aparato, el TFG 910, que permite transmitir la información de cualquier sustancia o producto pasándola directamente a las células sin necesidad de que se ingieran.

Avisamos antes de comenzar: absténganse de leer este artículo quienes vivan aún inmersos en el paradigma cartesiano, materialista y mecanicista –entre los que desgraciadamente se encuentra la mayoría de los médicos- y para quienes conceptos como quark, gluón, fotón, bosón, leptón, fermión, espín, quanto, prión o bioenergía ni les suenan a pesar de ser hoy de uso común en todos los centros de investigación de Física y Medicina Nuclear y Cuántica del mundo. Y lo advertimos porque vamos a hablar de una serie de sorprendentes dispositivos de la empresa Medical Electronic –las Placas Fotónicas MPS 310, el Detector del ruido de la luz (NLD) y el Generador de Frecuencias TFG 910- cuyo funcionamiento escapa a los conocimientos de la rudimentaria física newtoniana.
A fin de cuentas hace ya 57 años que el inventor estadounidense George Devol desarrolló un brazo artificial multiarticulado que se podía programar para realizar determinadas tareas específicas pero ni él mismo pudo imaginar que su invento se sofisticaría tanto que hoy permite a un cirujano operar no ya desde fuera del quirófano y alejado de su paciente sino incluso estando a miles de kilómetros de él. Obviamente merced a brazos robóticos y programas informáticos que combinan retroalimentación visual, auditiva y táctil así como a la existencia de Internet. De hecho ni siquiera hace una década resultaba fácil imaginarlo pero en octubre del 2010 se realizó ya la primera operación quirúrgica robótica integral, incluyendo la anestesia; intervención realizada en el Hospital General de Montreal (Canadá) para extirpar la próstata de un paciente y que se hizo gracias al robot Da Vinci que manejaría a distancia el Dr. Armen Aprikian en el McGill University Health Centre (MUHC) y a McSleepy, un androide que desde el 2008 se ocupa de automatizar la anestesia en quirófanos. Y es sólo el principio de lo que la Telecirugía ofrecerá en el futuro.
Pero volvamos a lo que en esta ocasión nos ocupa recordando que no es la primera vez que hablamos de las tecnologías de información fotónica, también conocidas como optrónicas al tratarse de una combinación de tecnologías electrónicas y ópticas (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com los artículos que con los títulos Biolumnis: singular método curativo basado en la Biofotonterapia y El tratamiento de quemaduras con Biofotonterapia se publicaron en los números 45 y 68 respectivamente). Bueno será en todo caso que antes de hablar de esta nueva tecnología repasemos algunos conocimientos.
Un fotón –palabra griega procedente de “fos” o luz- es la partícula elemental responsable de las manifestaciones cuánticas del fenómeno electromagnético, es decir, la que se encarga de transportar toda forma de radiación electromagnética: rayos gamma, rayos X, luz ultravioleta, luz visible, luz infrarroja, microondas y ondas de radio. Y como todo quanto posee tanto propiedades corpusculares como ondulatorias (el conocido fenómeno onda-partícula); es decir, se comporta como onda en fenómenos como la refracción y como partícula cuando interacciona con la materia para transferir una cantidad fija de energía.
Pues bien, la luz es responsable del fenómeno de fotosíntesis, proceso por el cual en los vegetales la materia inorgánica se convierte en orgánica gracias a la energía que aporta. Es decir, hablamos del proceso por el que la energía fotónica se transforma en energía química; concretamente en Adenosín Trifosfato o ATP, considerada por ello “la molécula de la vida”.
Solo que la luz también interacciona con los animales, incluidos los seres humanos; siendo uno de los ejemplos más conocidos de su acción la formación de vitamina D por exposición al sol. Otro buen ejemplo de cómo los fotones se convierten en realidades tangibles lo tenemos en el hecho conocido de que cuando el organismo absorbe energía fotónica se activa toda una cascada de reacciones que finaliza en la percepción visual.
Y es que cuando un fotón golpea en un objeto éste puede ser reflejado, transmitido o absorbido; depende de las propiedades ópticas de la sustancia con la que interactúe. La diferencia es que cuando un fotón es reflejado o transmitido retiene su energía mientras que si es absorbido ésta se entrega a los átomos del objeto fotoaceptor o cromóforo (se llama así a toda sustancia que absorbe la energía de la luz al tener muchos electrones). Energía que se puede convertir en calor (los átomos o el material se calientan), excitar otros átomos o moléculas (los electrones cambian su nivel de energía), ionizar un átomo o molécula (entregar un electrón) o romper enlaces químicos (construir nuevos compuestos). En definitiva, los fotones de la luz son fundamentales para poner en marcha los procesos químicos básicos a nivel celular.
Ahora bien, sería en la década de los 70 del pasado siglo XX cuando se descubrió que la información fotónica también se produce en el interior de nuestro organismo. Lo descubrirían en 1974 el biofísico alemán Fritz Albert Popp y su colega Bernd Ruth demostrando experimentalmente que todas las células del cuerpo emiten luz; muy débil, eso sí. Constatando además que esa luz se genera ¡en el ADN!
Es más, Popp comprobaría que las células del mismo tipo se comunican entre sí a nivel fotónico -es decir, emitiendo luz- porque vibran en la misma frecuencia. Y eso implica, por tanto, que irradiando energía fotónica a una determinada frecuencia se puede transmitir energía e información a conjuntos celulares concretos; y, por tanto, a órganos. Pudiendo ello provocar además reacciones químicas.
Más recientemente, en el 2005, Mitsuo Hiramatsu -científico del Laboratorio de Investigación Central de Hamamatsu Photonics en Japón- demostró a su vez que las manos emiten luz aunque ésta no sea visible para el ojo humano. Y no sólo ellas: “Las manos –declaró entonces- no son las únicas partes del cuerpo que emiten fotones produciendo una luz brillante o diminutos incrementos de energía de luz; también la frente y las plantas de los pies emiten fotones”.
Cuatro años después, en el 2009, cualquier duda al respecto quedaba disipada. Los investigadores japoneses Masaki Kobayashi, Daisuke Kikuchi y Hitoshi Okamura publicaron un trabajo titulado Imaging of Ultraweak Spontaneous Photon Emission from Human Body Displaying Diurnal Rhythm en el que afirmaban: “El cuerpo humano, literalmente, brilla. Siendo la intensidad de la luz que emite 1.000 veces menor de la que nuestros ojos pueden captar; es una emisión ultradébil de fotones. Energía que se libera como luz a través de los cambios en el metabolismo energético. El cuerpo humano emite luz directa y rítmicamente. Los cambios diurnos en la emisión de fotones podrían estar relacionados con cambios en el metabolismo energético”.
Y más recientemente, en julio pasado, un equipo de investigadores dirigido por el profesor Gerhard Rempe -director del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica que también dirige la División de Dinámica Cuántica– aseguró haber constatado que puede obtenerse luz ¡de un solo átomo!
En resumen, las más recientes investigaciones han demostrado que todos los organismos emiten luz. A un ritmo constante. Desde unos pocos fotones por célula y día hasta cientos de fotones por centímetro cuadrado y segundo en la región espectral de entre 190 y 800 nm. Biofotones asociados a las interacciones que se producen entre energía y materia.
Ahora bien, ¿cuál es el papel de esos fotones que surgen del ADN?

VEHÍCULOS DE INFORMACIÓN

Este tipo de comunicación –explicaría Fritz Albert Popp a Eduardo Punset en el programa de televisión nº 281 de Redeses responsable de la formación de los órganos, del hígado, del riñón, etc. Porque las células utilizan esta forma de comunicación para crear también las fuerzas que se atraen entre sí y transmitir qué tienen que hacer. La información se manifiesta de esta manera. Para lo cual en el interior de cada célula se tienen que producir cerca de 1.000 reacciones químicas por segundo. Hasta la información acerca del lugar y momento exacto en que esas reacciones químicas se han de producir se lleva a cabo a través de unos pocos biofotones que son coherentes; y precisamente porque son coherentes pueden transmitir una cantidad de información tan grande”.
En suma, la transmisión de información a nivel fotónico está constatada. De hecho se trabaja ya por sugerencia del Premio Nobel R. P. Feynman en ordenadores en los que se utilizarán en lugar de bits clásicos bits cuánticos. Además ello permitirá la transmisión segura de datos privados merced a la Criptografía Cuántica descubierta por C. H. Bennett y G. Brassard en 1984. No olvidemos que el investigador austríaco Anton Zeilinger y sus colegas de la Universidad de Viena ya demostraron en el 2005 que era posible una transacción económica con base fotónica entre el Vienna City Hall y el Bank Austria Creditanstalt. Y el mismo Zeilinger consiguió en el 2009 transmitir fotones entrelazados sin conexión alguna entre los observatorios españoles de Las Palmas y Tenerife -pertenecientes al Instituto de Astrofísica de Canarias- como demostración de la viabilidad de comunicaciones cuánticas entre la Tierra y la Estación Espacial Internacional ya que la cantidad de atmósfera que debieron atravesar los fotones es equivalente: 144 kilómetros.
Para hacerse una idea de la increíble velocidad de transmisión de la información que se produce entre fotones -emparejados o entrelazados- baste saber que cuando los investigadores hicieron una medición de los fotones que se mantuvieron en La Palma sus contrapartes entrelazadas experimentaban al instante la misma afectación; independientemente de si estaban en pleno “vuelo” o ya habían “llegado” a Tenerife. Y es que según los trabajos sobre entrelazamiento cuántico dos fotones que nacen de una misma fuente coherente están entrelazados; es decir, que lo que le pasa a uno de ellos le ocurre igualmente de forma instantánea al otro… ¡independientemente de la distancia a la que se encuentren! Lo singular es que ese entrelazamiento cuántico es propio de sistemas microscópicos pues en el ámbito macroscópico esa propiedad se pierde.
En suma, está demostrado que los fotones pueden transmitir información a la velocidad de la luz a nivel aéreo pero, ¿y a nivel celular?

DÉCADAS DE INVESTIGACIÓN

La investigación científica sobre el papel de los fotones y sus campos ondulatorios se inició a principios del siglo XX y hay desde entonces experimentos y trabajos que apuntan a su papel como transmisores de información biológica. El primero en sugerirlo así fue el biofísico ruso Alexander Gurwitsch quien en 1922 descubriría experimentando con raíces de cebolla que la división de las células de la punta de una raíz influía en la división de las células de la otra raíz. Comunicación entre raíces que se interrumpía si entre ambas se colocaba un vidrio corriente pero que no era así si lo que se colocaba era un cristal de cuarzo. Y como quiera que éste permite el paso de las radiaciones ultravioletas infirió que la comunicación entre las raíces tenía que producirse a través de la luz pero en el rango de los ultravioleta. Decidiendo llamarla «radiación mitogenética».
Gurwitsch verificaría su hipótesis fabricando una especie de «pistola» que contenía la raíz de una cebolla en el interior de un cilindro de cristal que colocó en la punta con la que apuntaría a la pequeña zona de la raíz de otra cebolla bombardeándola así con fotones durante tres horas. Examinada luego la muestra bajo el microscopio constataría que el número de divisiones celulares en el área irradiada de la segunda raíz se había incrementado ¡en un 25%!
Gurwitsch trató entonces de bloquear las emisiones fotónicas de la pistola interponiendo una delgada lámina de cristal de cuarzo constatando que efectivamente no lo impedía; en cambio si ponía vidrio o una sustancia gelatinosa sí bloqueaba la transmisión. Su conclusión fue que la información fotónica entre las cebollas se tenía que producir mediante radiación electromagnética del rango ultravioleta.
A partir de aquí las versiones difieren pero la mayor parte de las fuentes aseguran que sus experimentos no se pudieron reproducir. Otras aseguran en cambio que laboratorios de París, Berlín, Frankfurt y Moscú corroboraron esos hallazgos. La Academia de Ciencias de Estados Unidos alegaría en cambio que no pudo replicar el experimento sugiriendo así que Gurwitsch debió habérselo inventado. Su posterior trabajo y alto prestigio en la antigua Unión Soviética parecen sin embargo demostrar lo contrario. De hecho fue galardonado en 1941 con el Premio Stalin por sus estudios sobre radiación citogenética -que presumiblemente podía conducir a una forma barata y sencilla de diagnosticar el cáncer- y nombrado director del Instituto de Biología Experimental de Leningrado entre 1945 y 1948.Escribiendo en esa época -entre otras obras- El análisis mitogenético espectral (París-1934), la Teoría del Campo Biológico (Moscú 1944), Introducción al estudio de la Mitogénesis (Academia de Ciencias Médicas de la URSS, Moscú, 1948) y Principios de Biología Analítica y Teoría de Campos Celulares (Nauka, Moscú 1991).
Pocos años después, a mediados del siglo XX, los investigadores soviéticos V. P. Kaznacheyev, S. P. Shurin y L. P. Mikhailova confirmarían -tras miles de experimentos- que las células vivas transmiten información a través de los fotones; en particular en la banda de las radiaciones ultravioleta.
La verdad es que hoy, leyendo sólo los títulos de estos trabajos, sorprende el carácter precursor de la investigación soviética en esos años y la perdurabilidad de sus conclusiones. Y es que entre otros muchos títulos podemos encontrar trabajos como Algunos problemas de la Biología Cuántica y la cuestión de la trasmisión de información en los sistemas biológicos (1965) o Significado de los flujos de luz ultradébiles en el efecto citopático de los virus (1966).
Aunque mucho más sorprendentes son las conclusiones de sus investigaciones, recogidas por el Dr. Jorge Carvajal -miembro de nuestro Consejo Asesor– en su artículo ¿Por qué se puede curar con la luz? quien citando a esos investigadores soviéticos cuenta: “Las células, inmersas en una solución nutritiva, se encontraban en dos balones de cuarzo que estaban en contacto entre sí. Pues bien, uno de los cultivos celulares fue contaminado por un virus y se constató que prácticamente de forma simultánea las células de la colonia contigua enfermaron también. Ese mismo fenómeno se produjo cuando en uno de los recipientes las células fueron destruidas por dosis de radiación ultravioleta o envenenadas. En cada ocasión las células del recipiente vecino enfermaron igualmente mostrando los mismos síntomas. Y eso a pesar de que ambos recipientes estaban aislados ya que sus paredes eran de cuarzo. Bueno, pues cuando se utilizó vidrio en lugar de cuarzo las células quedaron protegidas y no hubo ya transferencia patógena. Por tanto, la misma no pudo deberse a los productos químicos o a los virus introducidos en el primer cultivo. De hecho éstos no se encontraron en el cultivo vecino…”
Evidentemente quien haya seguido nuestros últimos artículos sobre las recientes investigaciones de Luc Montagnier y los trabajos de Jacques Benveniste no podrá dejar de asociar sus resultados con los obtenidos por los investigadores soviéticos.
En suma, fue así como se llegaría hasta 1974, año en el que Ruth y Popp, utilizando un multiplicador fotoelectrónico –un aparato tan sensible que puede detectar la presencia de una luciérnaga a diez kilómetros de distancia-, comprobaron que efectivamente las células emiten radiación. Y decidieron bautizar a los generadores de esa radiación como biofotones. Asimismo constataron la excelente capacidad de las células sanas para emitirlos, detectarlos y acumularlos.
A partir de ese momento Popp desarrollaría sus teorías sobre el papel de los biofotones en todos los procesos vitales. “Fenómenos biológicos como el crecimiento celular, la comunicación intracelular e intercelular, la diferenciación de las células, las interacciones entre los sistemas biológicos y las infecciones microbianas pueden ser entendidas en términos de biofotones”, escribiría en el 2003 en Propiedades de los biofotones e implicaciones teóricas.
Pero quien quizás más haya indagado en el campo electromagnético para conocer las razones de las enfermedades es el profesor Konstantin Korotkov, científico ruso catedrático de la Universidad de San Petersburgo -y también miembro de nuestro Consejo Asesor- que desarrolló un sistema a partir de las investigaciones de Semyon Kirlian denominado Gas Discharge Visualization (GDV) que permite visualizar por ordenador el campo de energía humano. Técnica que ayuda a conocer el estado bioenergético de una persona al tiempo que permite ver en tiempo real cómo reacciona el cuerpo a ese nivel -de forma instantánea- ante un tratamiento médico, el ejercicio, el estrés o la meditación. ¡Hasta cómo le afectan los pensamientos! Invitamos al lector a leer en nuestra web –www.dsalud.com- los artículos El estudio científico del cuerpo energético (nº 24),La investigación científica del aura y la prevención de enfermedades(nº 27),Fundamentan científicamente las medicinas orientales (nº 57) y ¡Las palabras pueden modificar el ADN! (nº 67).
Obviamente Popp no es el único que atribuye el papel de fuente de organización a los fotones. Hay muchos otros. Como Maricela Yip y Pierre Madl -investigadores del Center for Advanced Studies and Research in Information and Communication Technologies & Society de la Universidad de Salzburgo- que en su trabajo La luz de la Vida – Biofotones afirman: “Es posible mostrar pruebas del extraordinario grado de coherencia de los biofotones. De ello se desprende que este fenómeno universal de los sistemas biológicos es responsable de la transferencia de información en el interior de las células y entre ellas, los órganos y los organismos. Este patrón de respuesta es crucial para la biocomunicación intra y extracelular incluyendo la regulación de las actividades metabólicas de las células así como el crecimiento y diferenciación; e, incluso, del desarrollo de la evolución. Los organismos no sólo son sujetos o sólo objetos sino sujetos y objetos al mismo tiempo (…) Y no sólo los compuestos celulares y la población de la especie sino también el crecimiento, la embriogénesis, la morfogénesis, los ritmos biológicos, la metamorfosis y la diferenciación de los tejidos. Es más, también la comunicación y las formas sociales, los patrones y los comportamientos de las personas y las poblaciones están organizados y regulados por fotones coherentes”.
Terminamos este repaso a los biofotones mencionando al investigador chino J. J. Chang, miembro del Instituto de Biofísica de la Academia China de Ciencias que en su trabajo Propiedades físicas de los biofotones y sus funciones biológicas plantea el papel que juegan éstos en el ADN y la elaboración de proteínas, incluido el proceso de replicación del ADN, la síntesis de proteínas y la señalización celular. Y Chang -como Popp- sostiene que la emisión de biofotones tiene su origen en un campo electromagnético coherente deslocalizado en el interior de los organismos vivos -lo cual nos aboca  a nuevas incógnitas sobre la relación del hombre con el universo- que a su vez actúa como regulador de los procesos vitales en los seres vivos. “El ámbito de los biofotones es sólo una parte de los campos electromagnéticos en los sistemas vivos –explica Chang- pero una parte importante (…) En el interior de los organismos vivos hay además campos eléctricos, campos magnéticos, campos de atracción y gravedad cada uno de los cuales desempeña su función en relación con los demás. En los sistemas vivos los iones desempeñan igualmente un papel importante. Para aprender sobre biofotones es pues necesario entender la vida y conocer las funciones e interacciones entre campos internos y externos, incluyendo la luz del sol. La verdad esencial es que la vida en la Tierra se ha desarrollado y evolucionado de forma permanente bajo la influencia del sol y otros campos”.

DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA 

Quizás todo lo hasta ahora descubierto sea sólo parte de la verdad y corresponda a una visión simplista ya que probablemente la realidad es bastante más compleja. Pero es suficiente para entender la importancia de la luz en la salud y que su déficit puede provocar desequilibrios energéticos y ser causa de enfermedad. Hoy se sabe de hecho que un déficit de exposición a la luz solar puede agravar o ser causa de dolencias como el trastorno afectivo estacional, el síndrome premenstrual, la infertilidad, la falta de energía, la fatiga y cansancio injustificados, la depresión, la irritabilidad, los trastornos del sueño, la variación de peso estacional, la falta de concentración, la inapetencia sexual, los dolores articulares y los de cabeza, algunas afecciones digestivas o la disminución de las defensas. Incluso se empiezan a encontrar relaciones entre la carencia de luz solar y la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica y la degeneración macular asociada a la edad.
Pues bien, la Terapia Biofotónica -conocida también como Fotoestimulación, Fotobioestimulación o Polarización Inducida por Estimulación Lumínica (P.I.E.L.)- busca a través de la luz y de acuerdo con lo hasta ahora expuesto la estimulación directa intracelular y molecular, la reorganización celular y la inhibición y estimulación de ciertas acciones. En otras palabras, convertir la energía lumínica del espectro de la luz visible en reacciones químicas y físicas que provoquen cambios terapéuticos en el paciente.
Fue pues para quienes no pueden disfrutar de la luz solar -bien por vivir en algún lugar donde el sol aparece pocas veces al año, porque se trabaja de noche o porque se vive en un lugar donde apenas da- así como para reforzar los sistemas de recuperación orgánicos que el ingeniero Dieter Jossner diseñó las placas fotónicas MPS 310. Hablamos de un dispositivo que contiene 120 pequeñas lámparas LED, diodos semiconductores envueltos en una cápsula traslúcida, que cuando se someten a una corriente eléctrica emite luz a determinadas longitudes de onda logrando así emular las frecuencias de las radiaciones electromagnéticas que emite de forma natural el sol. “Al igual que hoy tenemos la costumbre de ducharnos con agua -afirma Jossner-pronto será una práctica habitual para algunos ‘ducharse’ con luz, con fotones que reproduzcan las frecuencias del espectro solar. Ello permitirá a muchos volver a conectarse a la vida. Sus células se repolarizarán y entrarán en armonía con la vida. De hecho cuando alguien se expone a la influencia de la luz de estos fotones lo primero que suele manifestar es un estado de relajación general y paz”.
Lo singular es que la placa fotónica MPS 310 es un dispositivo al que se puede luego ir añadiendo distintos módulos que mejoran sus posibilidades terapéuticas. En principio puede funcionar como una fuente de fotones -libre de parpadeo y sin zumbido ni ruido electromagnético- capaz de emitir una gama de polifrecuencias que incluye las solares –las que van desde la salida del sol hasta el ocaso- pero también ¡las frecuencias cerebrales! Una aplicación ciertamente sugerente cuyas posibilidades terapéuticas habrá que valorar bien en el futuro.
Es más, la placa MPS 310 permite convertir cualquier onda electromagnética en luz; entre ellas, las ondas sonoras. Y transformar pues una frase, una canción o una melodía musical… en ondas fotónicas; es decir, en luz. Basta para ello conectar con un cable a la placa MPS 310 cualquier reproductor de audio -una radio, una casete, un MP3, un reproductor de CD, un iPhone, un ordenador…- para que ésta convierta las ondas sónicas que le llegan por el cable en ondas fotónicas, en una luz que cambia de intensidad y frecuencia a medida que “traduce” la melodía. Es decir, que en lugar de escuchar la Sexta Sinfonía de Beethoven podemos percibir la melodía a nivel lumínico, fotónico.
¿Y cómo saber que ello sucede realmente así? Pues comprobándolo mediante un ligero y manejable dispositivo llamado NLD (Noise Light Detector o Detector del ruido de la luz) ya que éste hace justo lo contrario: ¡convierte en sonido la luz! Sea la de una simple bombilla, la de una pantalla de ordenador o la de un televisor, por poner meros ejemplos. Obviamente en tales casos lo que se escuchan son ruidos desarmónicos. Pues bien, si usted apunta con el NLD hacia la placa fotónica cuando ésta está “traduciendo” a luz la mencionada música de Beethoven –que usted no oye porque el sonido pasa por cable desde el equipo a la placa- la demostración de que realmente sucede así estaría en que el dispositivo transformara la luz que en ese momento emite la placa… en la Sexta Sinfonía. ¿Y es así? La respuesta, por sorprendente que pueda parecer, es afirmativa. En suma, se comprueba que la placa convierte en luz la Sexta Sinfonía y que el NLD capta esa luz y la vuelve a transformar en la Sexta Sinfonía. Aseguramos al lector que uno se queda perplejo cuando comprueba que es verdad.
Y no sólo podemos bañarnos en luz con la música de Mozart. Se puede hacer lo mismo con una voz que recite a Neruda, con un mantra, con el sonido de los pájaros, con el susurro de las olas y el viento o con el transcurrir de un riachuelo. O usarla… terapéuticamente.
¿Cómo? Pues combinando la placa fotónica con otro singular dispositivo, el generador de frecuencias TFG 910, capaz de convertir en luz cualquiera de las miles de frecuencias -frecuencias de Rife, Nogier, Bahr, Reininger o Clark– que utiliza la Medicina Bioenergética y normalmente son aplicadas a través de medios electromagnéticos: pulsos electromagnéticos, placas, electrodos, etc. (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com– los reportajes que hemos dedicados a aparatos como el Mora Plus, elQuantum-SCIO, el Quantec, el Oberon, el MILTA…).
Julio Alonso, director del Centro de Terapias Naturales ITAKA –con sedes en Madrid y Alicante- y miembro de nuestro Consejo Asesor, participaría en su desarrollo y, sobre todo, en su adaptación para terapias energéticas como la Acupuntura o la Auriculopuntura que aplica en función de los pulsos del paciente. “Gracias a las sugerencias que en su momento les hice –nos explicaría Alonso- podemos hoy controlar con una mano el pulso del paciente mientras con la otra acercamos o alejamos el terminal hasta buscar la distancia de incidencia precisa usando el pie para cambiar las frecuencias. Hasta que finalmente obtenemos la frecuencia que el enfermo precisa y entonces la placa fotónica la emite irradiándola en forma de luz. Por supuesto es posible trabajar con frecuencias estándar pero somos muchos los terapeutas a los que nos gusta saber cuál precisa exactamente el enfermo detectándola mediante el control del pulso del propio paciente”.
Cabe agregar que otra de las posibilidades que permite es transmitir las frecuencias de los medicamentos o productos biológicos u homeopáticos que quieran usarse en lugar de tener que ingerirlos. Basta depositarlos en una placa que se conecta al TFG 910 y transmitir al paciente esa información.
“La placa fotónica es realmente un dispositivo de última generación –nos diría Julio Alonso- y aún no hemos tenido tiempo suficiente para comprobar todas sus posibilidades, sobre todo en las patologías más complicadas, pero hemos podido constatar ya un cambio radical en los estados de ánimo, especialmente entre los enfermos con depresión y entre quienes están sometidos a situaciones de máximo estrés o angustia; por ejemplo, por sufrir enfermedades graves como el cáncer. Cambia radicalmente su estado emocional. En estos casos me parece un extraordinario recurso terapéutico. Asimismo hemos comprobado que induce mejoría en todo tipo de afecciones de la piel y en las heridas”.
Añadiremos que otra de las ventajas que ofrece el generador de frecuencias TFG 910 es que permite trabajar con las frecuencias correspondientes a las ondas cerebrales -alpha, beta, theta y delta- y a las ondas Shuman. A este respecto nos diría el Dr. Domingo Pérez León, director del Instituto Biológico de Madrid y miembro también de nuestro Consejo Asesor, que “con su aplicación buscamos ‘reparar’, ‘equilibrar’ y ‘armonizar’ las frecuencias cerebrales en el paciente y preparar además el terreno para que luego puedan actuar de mejor manera otras frecuencias o cualquier tipo de terapia. Con el generador de ondas cerebrales podemos inducir y reproducir las distintas ondas cerebrales y transmitir dichas oscilaciones a un dispositivo de fotones MPS-310 o a un dispositivo de campos magnéticos, y ambos dispositivos aplicarlos al paciente para hacerle oscilar con la frecuencia cerebral que mejor está relacionada con la enfermedad que presenta. Hasta el momento hemos tenido buenos resultados en distintas patologías regulando dichas frecuencias cerebrales. Como en casos de ansiedad, estimulación de endorfinas, dificultad para concentrarse, trastornos de la memoria, fatiga crónica, insomnio, taquicardia, problemas de audición, contaminación electromagnética, mejora del sistema inmune y fracturas óseas, entre otras”
En suma, estos tres dispositivos suponen un auténtico salto cuántico en el tratamiento terapéutico.

 Francisco San Martín

Recuadro:


Casos clínicos tratados con la Placa de Fotones MPS 310

Julio Alonso, director del Centro de Terapias Naturales Itaka –con sedes en Madrid y Alicante-, ha tenido ya la oportunidad de utilizar la placa fotónicaMPS 310 en algunos de sus pacientes de forma combinada con otras terapias. Estos son algunos de los casos que nos contaría:

Caso nº 1. Mujer de 57 años con linfoma no Hogkin tratada con quimioterapia. El tratamiento con fotones se inició con el objetivo de paliar los efectos secundarios de la quimio. A partir de la segunda sesión experimentó una mejoría espectacular en su astenia, cansancio, depresión y mal estado general remitiendo las náuseas y la pesadez digestiva secundarias a la quimioterapia. Durante 10 minutos se irradió la zona del tórax con los cuatro colores principales en polifrecuencia y con ondas alfa otros cinco minutos. Además se la irradió con luz durante 10 minutos en el abdomen; cinco en verde y cinco en amarillo en polifrecuencia.

Caso nº 2. Paciente de 40 años con cáncer de mama izquierdo recidivante. Presentaba linfedema postquirúrgico del brazo izquierdo con dificultades de movilidad, dolor intenso y daños secundarios a la radioterapia, a la cirugía y a la quimioterapia en el territorio del plexo braquial. Se le aplicaron seis sesiones con el MPS 310 en colores polifrecuencia sobre el área de la cicatriz de la mama izquierda; con los colores verde, azul y violeta y una combinación de los cuatro colores fundamentales en ondas alfa. A la cuarta sesión experimentó una mejoría importante del dolor, aumento de la movilidad y descarga importante en el linfedema. Como efecto añadido se apreció una mejoría radical del estado de ánimo y del estado general desde la primera sesión.

Caso nº 3. Mujer de 80 años, con Herpeszoster Florido en la zona dorsal correspondiente a las vértebras 10 y 11. Padecía neuralgia sensitiva, sensaciones disestésicas y fuerte vesiculación supurante. Se le aplicaron posifrecuencias en azul y verde sobre el segmento afectado apreciándose una mejoría del 80% desde la primera sesión y una recuperación total a la quinta. No quedó ningún signo residual de dolor o neuralgia post-zosteriana.

Caso nº 4. Mujer de 50 años tratada de cáncer de mama izquierda recidivante. Acudió recién intervenida de un pequeño absceso residual en la cicatriz sin signos inflamatorios agudos ni tumorales. Se trató la herida con polifrecuencias en verde, azul y violeta complementándose todos ellos con ondas alfa. La paciente experimentó un alivio del 80% en la herida desde la primera sesión y una mejoría del estado general y anímico, especialmente de su estado depresivo. En tres sesiones se pudo apreciar la curación total de la herida.

Caso nº 5. Paciente con depresión y mal estado general vinculado a la ingesta de inmunosupresores por enfermedad autoinmune (lupus eritematoso sistémico). Se le aplicaron seis sesiones con combinación de los cuatro colores fundamentales en polifrecuencia: diez minutos de ondas alfa y cinco de ondas delta. En las tres últimas sesiones se eliminaron las ondas alfa y delta y se la trató con los fotones usando la grabación de un mantra. Se apreció mejoría del estado general y anímico desde la primera sesión y alivio total del cuadro residual a la sexta sesión.

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141
Septiembre 2011
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