Importancia de la Cronobiología en la salud

La Cronobiología es la disciplina que estudia los mecanismos por los que se producen los ritmos biológicos y qué aplicaciones tiene ese conocimiento en Biología y Medicina; un conocimiento que es hoy importante en Neurociencia, Endocrinología, Psiconeuroendocrinoinmunología y la Ciencia del Sueño. Teniendo especial importancia los ritmos biológicos que dependen tanto de los ritmos cósmicos y terrestres como de los relojes endógenos que regulan los ciclos de nuestro organismo. Y es que la actividad de cualquier ser viviente se manifiesta siempre con una variación regular y no como un proceso continuo. A fin de cuentas la vida en nuestro planeta se rige por ritmos anuales, mensuales y diarios o circadianos. Bien está pues conocerlos porque inciden en nuestra salud.

“El tiempo nace en los ojos”
(Julio Cortázar)

Que los ciclos juegan un papel clave en la Naturaleza se sabe desde la más remota antigüedad y por eso la humanidad siempre ha hecho esfuerzos por conocerlos y adaptarse a ellos; entre otras cosas porque inciden en nuestro organismo. Ya Hesíodo advirtió que unas enfermedades afectan a los hombres de día y otras de noche. Aristóteles, por su parte, dedicó tres breves tratados al sueño de los que el primero –Acerca del sueño y la vigilia– explora la función de éste a partir del ciclo actividad-reposo. Aunque fue Galeno quien reflejó de manera más detallada el carácter rítmico de los procesos vitales. Un conocimiento que, por cierto, demostraron tener asimismo los médicos árabes del Medievo.Y es que las civilizaciones antiguas mantenían intactos saberes tradicionales que contemplaban la naturaleza como un todo integrado. Lamentablemente esos conocimientos se perdieron o alteraron con el paso del tiempo quedando reducidos a los aspectos materiales y mecanicistas que subyacen en la ciencia moderna occidental.

LOS RITMOS BIOLÓGICOS

El primer testimonio escrito de un fenómeno cronobiológico reconocido se ha adjudicado al matemático, astrónomo y geofísico francés Jean Jacques d’Ortous De Mairan (1678-1771) quien en 1729 describió cómo las hojas de una planta llamada Mimosa Púdica se extendían durante el día y se contraían de noche.

Una observación interesante en sí misma ya que permitía dejar patente la existencia de un “ritmo biológico” básico, el que dura 24 horas, el diario, que como más tarde se constató se halla presente en todos los seres vivos. Pero De Mairan hizo algo más interesante aún: metió la planta en un armario donde no entraba la luz y pudo comprobar que el ritmo de contracción y expansión de las hojas se mantenía demostrando así que el ciclo no dependía de factores externos o exógenos –en este caso de la luz- sino que estaba controlado por algún mecanismo interno, es decir, endógeno.

A principios del siglo XIX Christoph Hufeland confirmaría la importancia del ciclo de 24 horas: “En todas las enfermedades aparece este período regular -escribiría-; es, de alguna forma, la unidad de nuestra cronología natural”. A mediados del mismo siglo William Ogle demostraría por su parte que los cambios de temperatura del cuerpo también se suceden con una periodicidad que no depende de factores externos.

Obviamente estos hallazgos -y otros- que apuntaban a un origen endógeno de los ritmos biológicos chocaban frontalmente con la Fisiología académicamente aceptada de Claude Bernard y sus seguidores. En particular con el concepto de “homeostasis” propugnado por Walter Cannon que hacía depender los procesos y fenómenos biológicos de la influencia externa. Con lo que los descubrimientos de la joven ciencia de la Cronobiología se encontraron con la habitual oposición de quienes en cada época se aferran a los privilegios y la aparente seguridad que les confiere el monopolio de la “verdad”. Afortunadamente en este caso la disciplina se asentó a medida que los descubrimientos fueron conformándose a los modos y maneras de la Ciencia establecida centrándose en estudios de campo y procedimientos estandarizados. Siendo a mediados del siglo XX con los trabajos del estadounidense Colin Pittendrigh -con moscas y roedores- y los del alemán Jürgen Aschoff -con aves y mamíferos (incluidos seres humanos)- cuando se sentaron las bases formales de lo que hoy se conoce como Cronobiología. Correspondería sin embargo al investigador de origen rumano Franz Halberg la idea de bautizar a los ritmos básicos de alrededor de 24 horas como “circadianos” (del latín circa diem, cercano al día).

QUÉ ES LA CRONOLOBIOLOGÍA

En suma, la Cronobiología estudia los ciclos temporales en los seres vivos y cómo determinanlos procesos biológicos o influyen en ellos. Siendo el ciclo básico el circadiano, relacionado con la rotación de la Tierra y que se halla presente en todas las especies estudiadas; desde las bacterias al ser humano. Ciclo que dura unas 24 horas y es por el que se rigen principalmente los procesos metabólicos siendo el más fácilmente observable el de actividad/reposo. Ahora bien, hay otros muchos ciclos que habitualmente se clasifican siguiendo dos criterios: por su duración –distinguiéndose entre infradianos (aquellos cuya frecuencia es igual o mayor a 28 horas y, por tanto, el evento ocurre menos de una vez al día) y ultradianos (aquellos cuya frecuencia es igual o menor a 20 horas y, por tanto, el evento ocurre más de una vez al día)- y por su origen -según los rija una influencia exógena o externa o un mecanismo endógeno o interno (véase la tabla 1).

La Cronobiología estudia pues un complejo sistema integrado por:

-Múltiples ritmos biológicos de distinta duración.

-Relojes biológicos endógenos integrados en los seres vivos; y,

-Sincronizadores exógenos (conocidos como zeitgeber, palabra alemana que puede traducirse como “dador de tiempo”).

Cabe destacar que los zeitgeber son agentes externos que permiten conectar el «reloj de la naturaleza» con el «reloj interno» de los seres vivos. Son los casos de la luz y la temperatura pero también las interacciones sociales o las manipulaciones farmacológicas. Y cabe decir que algunos sincronizadores tienen tanta fuerza que pueden modificar la actividad del reloj interno. Por ejemplo, la luz –el más potente de los zeitgeber- permite forzar la sincronización del reloj biológico a los períodos de alternancia luz-oscuridad. ¿Cómo? Pues en el caso de los seres vivos diurnos ajustando su actividad al período de luz y en el caso de los nocturnos al de oscuridad. Por eso consejos tan sencillos como despertarse al amanecer, dormirse al anochecer o hacer una pequeña siesta a mediodía tienen tantos beneficios para la salud.

A LA BÚSQUEDA DEL RELOJ BIOLÓGICO

Una vez quedó patente la existencia real de ciclos biológicos y se constató su importancia en el funcionamiento de todos los seres vivos las investigaciones se dirigieron a localizar los relojes biológicos de las diferentes especies. Y no debió ser Julio Cortázar quien puso en la pista a los investigadores pero no deja de ser singular que afirmara en su primera novela –Los Premios, publicada en 1960- que “el tiempo nace en los ojos” y unos años después, en la década de los setenta, se localizara el primer reloj biológico en mamíferos comprobándose que consistía en dos pequeños núcleos situados en la base del cerebro, por encima del quiasma óptico, punto en el que se cruzan las fibras de los nervios ópticos; de ahí que por su situación se les denominara Núcleos Supraquiasmáticos (NSQ). Esos núcleos, formados por unos cuantos miles de neuronas, reciben la información de la luz recogida por las retinas y, tras procesarla, la envían a la compleja red formada por los múltiples sistemas –todos ellos interrelacionados- de nuestros organismos: el inmunitario, el endocrino, el termorregulador, el neurológico… Conectando el ritmo exterior con el interior y favoreciendo su sincronización.

Así que la puerta de entrada para el tiempo estaba efectivamente en los ojos. Es más, resulta igualmente curioso que en 1970 Cortázar titulara uno de sus microrrelatos como Instrucciones para dar cuerda al reloj y en él dijera: “Cuando te regalan un reloj te regalan un nuevo pedazo frágil de ti mismo. No te regalan un reloj, tú eres el regalado; a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”… Toda una lección de cronobiología en clave “cortazariana”.

Pues bien, una de las sustancias fundamentales para el funcionamiento del mecanismo descrito es la ya ampliamente conocida melatonina que a sus numerosas virtudes -lea en nuestra web (www.dsalud.com) el artículo que con el título Melatonina: unamaravilla natural para tratar numerosas dolencias publicamos en el nº 83– suma su papel como reguladora del reloj circadiano. En suma, la glándula pineal segrega melatonina cuando el sol –lo que el organismo percibe a través de los ojos- se oculta a fin de relajar el cuerpo y favorecer el sueño; por eso su presencia es tan escasa durante el día y tan alta de noche. Obviamente ese reloj, instaurado en nosotros a través de los ojos, se ha incorporado ya a todos los seres vivos con el paso de los milenios y tiene hoy básicamente carácter endógeno.

De hecho una serie de trabajos publicados en 1972 demostraron que la lesión de los Núcleos Supraquiasmáticos (NSQ) provoca la pérdida de los ritmos circadianos. Es más, en las dos décadas posteriores otros experimentos confirmarían que el reloj biológico está en ellos porque aislados del organismo de un animal mantenían su actividad rítmica. Y al ser trasplantados a otro animal con los núcleos lesionados el organismo recupera sus ritmos circadianos.

EL RELOJ INTERNO HUMANO

En los seres humanos el reloj biológico funciona igualmente mediante el envío de señales humorales y neurales para sincronizarse con el ciclo básico de 24 horas. Se ha descubierto que este reloj “maestro” se compone de numerosos osciladores –neuronas y células glías de soporte- y se coordina con otros relojes sectoriales localizados en diferentes áreas del cerebro. Asimismo, y como complemento de este reloj “maestro”, se ha planteado que existen también osciladores periféricos localizados en células no nerviosas que se sincronizan igualmente con los ritmos circadianos; por ejemplo, en los tejidos del hígado, pulmones, timo y bazo o en las células de la sangre.

Cabe añadir que peces, anfibios, aves y reptiles poseen relojes internos similares a los descritos en los mamíferos y localizados en los mismos órganos aunque sus mecanismos no son idénticos; siendo mayores las diferencias en el caso de las plantas que poseen muy pocas piezas en común con las especies animales.

Añadiremos que entre las numerosas vías de investigación abiertas en el campo de la Cronobiología se encuentra la relacionada con el desarrollo del feto. Y es que con el fin de asegurar una sincronización precisa de las funciones vitales con los cambios del medio los mamíferos desarrollan los relojes biológicos durante la gestación mediante un complejo programa preparado para adaptarse al ritmo circadiano del entorno constituido en ese momento por el cuerpo de la madre que comunica al feto información relativa a la hora del día y la estación del año; información que es utilizada por éste para establecer poco a poco los ritmos que encontrará cuando nazca. Habiéndose establecido experimentalmente que uno de los principales elementos utilizados por la madre para trasmitir esa información es precisamente la melatonina. De modo que en la embarazada se puede considerar que el reloj biológico del feto funciona como un reloj periférico controlado por el reloj “maestro” de la madre hasta el momento del nacimiento.

Por lo que respecta a su origen se desconoce si se trata de algo que empezó a desarrollarse en los comienzos del ciclo evolutivo y posteriormente fue evolucionando dentro de cada especie o si cada ser vivo por separado fue desarrollando los diferentes tipos de relojes en respuesta a determinadas condiciones externas. Hoy se piensa que se trata fundamentalmente de una creación evolutiva de los organismos para adaptarse con mayores garantías al ritmo circadiano además de tener que ver con la necesidad de proteger el ADN de la radiación ultravioleta del sol y poder así relegar la división celular a los períodos de oscuridad.

LA SEMANA COMO CICLO SELENIANO

Los ritmos circadianos no son en todo caso los únicos de importancia en los seres vivos. La semana, que representa la cuarta parte del ciclo lunar, constituye otro ritmo biológico de enorme importancia para la salud. El médico antropónomo Pablo Saz lo llama “el ritmo de la creación” recordando no sólo la relación simbólica de cada día de la semana con antiguos dioses planetarios sino una cuestión mucho más simple pero profunda: no descansamos cada cuatro días o cada diez sino cada siete. Un ritmo que continúa intacto desde la Prehistoria relacionando pues los ciclos de actividad/reposo con ciclos geofísicos y astronómicos. De hecho el ritmo semanal conserva aún los esfuerzos del hombre por adaptarse a los ritmos cósmicos en busca de salud.

Piénsese que el ser humano ha organizado inmemorialmente sus períodos de actividad -intercalando momentos de reposo- en función de determinados momentos críticos que coinciden con cambios en los ciclos: el amanecer y el atardecer, los cambios de luna, los solsticios y los equinoccios. Los primeros coinciden con los ritmos circadianos que hemos descrito; los últimos con los ritmos estacionales. En cuanto a los ciclos lunares o selenianos son los que marcan el ritmo semanal de nuestra actividad laboral y social.

Los babilonios hacían sacrificios los días 7, 14, 21 y 28; es decir, cada 7 días. Y es muy probable que fuesen ellos los responsables de relacionar cada hora del día y cada día de la semana con los dioses planetarios (incluyendo el sol). De hecho antes de que la Astrología Médica desapareciera de las facultades de Medicina víctima del progreso mecanicista, esta disciplina conservaba los conocimientos de las antiguas civilizaciones sobre la influencia de los planetas en los ritmos biológicos y en la fisiología humana.

Así, Saturno dio nombre al sábado y está relacionado con el timo y con todo aquello que funciona de modo lento y prolongado en el organismo; el Sol dio nombre al domingo y gobierna el sistema circulatorio y el hormonal; la Luna nombró al lunes y está relacionada con la fecundidad y con las mareas; Marte sirvió para denominar al martes y correlaciona con las suprarrenales; Mercurio corresponde al miércoles y a la glándula paratiroides además de gobernar los centros de coordinación nerviosa; Júpiter dio nombre al jueves y está relacionado con el hígado; y, finalmente, Venus nombró al viernes y tiene relación con la fecundidad y el amor psicofísico.

DE LA ASTROLOGÍA MÉDICA A LA CRENOMEDICINA

Podemos pues decir que la Cronobiología es una ciencia moderna que tiende un puente hacia conocimientos olvidados y aunque los rescata desde su perspectiva materialista y experimental integra aspectos interesantes que proporcionan una visión más holística-más global- de la salud y la enfermedad, rompiendo gran parte de los estrechos límites en los que se encuentra encerrada la medicina alopática y abriendo de este modo una esperanzadora puerta a otra forma de concebir y ejercer la Medicina.

En este sentido es interesante observar cómo Hipócrates -considerado por muchos el “padre de la medicina” y autor del famoso juramento hipocrático que supone el primer código ético de la profesión médica- mantenía una visión “sagrada” que sus discípulos recogieron en el Corpus Hipocraticum: “Conociendo los cambios de las estaciones, las salidas y puestas de los astros, según las leyes de su propia actuación, podrá prever la constitución futura del año. Quien investigue en este sentido y conozca de antemano los momentos oportunos podrá tener el conocimiento más exacto de cada caso en particular y en la mayoría de ellos llegará a obtener la salud y conseguirá éxitos nada desdeñables en el ejercicio de su arte. Si alguien creyera que estas nociones pertenecen a la Astrología en cuanto desistiera de esta opinión aprendería que la Astrología contribuye a la Medicina no en pequeña sino en grandísima medida pues con las estaciones cambian también las enfermedades y el predominio de los órganos internos del hombre”.

La Cronobiología añade un elemento temporal de importancia crucial al estudio de las dolencias y de las estrategias para su tratamiento. Al dónde y al cómo de la fisiología y la anatomía patológica añade un cuándo basado en lo que Pittendrigh denomina “orden temporal interno” y que no es sino la sincronización de todos los ritmos circadianos con su profunda influencia sobre los procesos internos del organismo. Este orden interno implica que ciertas funciones se cumplen más adecuadamente a ciertas horas y que conocer esa secuencia puede resultar de enorme utilidad (véase la tabla 2).

Como bien se sabe, se llama metabolismo al conjunto de reacciones bioquímicas y procesos físico-químicos que tienen lugar tanto en las células como en los tejidos y órganos, complejos procesos interrelacionados entre sí que son la base de la vida a escala molecular y permiten las diversas actividades. Conjunto de acciones que se desarrollan mediante dos procesos conjugados que se denominan catabolismo y anabolismo. Las primeras –las catabólicas- son las reacciones que liberan energía; las segundas -las anabólicas- son las que utilizan esa energía liberada para recomponer enlaces químicos y construir componentes de las células (como las proteínas y los ácidos nucleicos). Catabolismo y anabolismo son pues procesos complementarios que dependen uno del otro.

Pues bien, hoy sabemos –generalizando- que todos los procesos relacionados con el catabolismo -que implican descomponer moléculas complejas en otras más simples y es cuando se almacena la energía- se producen principalmente durante el día. En cambio los procesos relacionados con el anabolismo -que implican construcción de componentes celulares y tejidos así como gasto de energía- se producen mayoritariamente de noche.

Un ejemplo de la importancia de estos ritmos en relación con protocolos de seguimiento hospitalarios es el de los llamados “recuentos de CD4” usados en el marco del “montaje SIDA”. Oficialmente se afirma que estos procedimientos se realizan para “valorar el nivel de defensas” de las personas etiquetadas como “seropositivas” y los resultados de esos conteos se convierten por ello en uno de los criterios fundamentales para decidir la estrategia posterior de tratamiento. Asegurándose que cuanto más baja es la cifra de CD4 peor es el estado de salud del paciente lo que implica mayores posibilidades de recibir la tóxica medicación convencional. Sin embargo puesto que las células sanguíneas -entre las que se encuentran los linfocitos T4 o CD4- poseen su propio reloj biológico sincronizado con el ritmo circadiano y puesto que su misión fundamental no es de defensa sino el reciclaje de restos celulares -es decir, un proceso típicamente anabólico- su actividad principal se produce durante la noche. Y eso supone que cuando se hacen normalmente los recuentos, durante el día, estas células suelen estar poco o nada activas y por tanto aparecen resultados muy bajos que son interpretados como “defensas bajas” dando por sentado que han sido destruidas por el supuesto VIH. Cuando aplicando los conocimientos de la Cronobiología que venimos apuntando bastaría realizar esos recuentos por la noche para que los resultados se elevasen en muchos casos muy por encima de los niveles considerados susceptibles de medicación. Luego, ¿por qué no se hace así?

CRONODIAGNÓSTICOS Y CRONOTERAPIAS

Y es que una de las más importantes aplicaciones médicas de la Cronobiología es el llamado Cronodiagnóstico que parte de la constatación de que los valores únicos -es decir, tomados en un determinado momento del día- no son representativos de la fisiología corporal y es preciso realizar mediciones periódicas en distintos momentos para establecer tablas de valores que sirvan de criterio más preciso a los diagnósticos. Por otra parte, se están investigando distintas técnicas que permiten evaluar el estado funcional del propio sistema circadiano mediante la combinación de los resultados de medición de diferentes marcadores. Así, el llamado TAP es un test combinado que mide el índice de funcionamiento del sistema circadiano utilizando tres marcadores: la Temperatura (medida en la piel de la muñeca), la Actividad (motora) y la Posición (del cuerpo).

Asimismo, el estudio del sistema circadiano y su conexión con otros ritmos y ciclos de la naturaleza permite abordar de otro modo la comprensión de los trastornos de la salud y la forma de actuar para restituirla. Se han documentado gran cantidad de enfermedades debidas a los efectos directos de alteraciones de los ritmos biológicos que vienen a sumarse al ya muy conocido jet lag que se produce al viajar saltándose diferentes usos horarios, especialmente en dirección Este. A corto plazo estas alteraciones provocan desórdenes del sueño y otros de tipo psiquiátrico o neurológico como el trastorno bipolar o ciertos tipos de depresiones. Por su parte, los efectos a largo plazo incluyen exacerbaciones de enfermedades cardiovasculares y metabólicas como la obesidad, la diabetes e, incluso, una posible participación en los desordenes metabólicos relacionados con el cáncer.

Pero además de estos efectos directos debido a alteraciones concretas de los ritmos biológicos puede decirse que no hay enfermedad que no esté de una forma u otra influenciada por estos ciclos. De modo que las distintas sintomatologías pueden presentar variaciones a lo largo del ciclo de 24 horas (véase como ejemplo la tabla 3) lo cual tiene lógicamente una gran importancia a la hora de administrar determinados tratamientos, especialmente los farmacológicos. De ahí que una de las ramas de la Farmacología sea precisamente la denominada Cronofarmacología que estudia el modo de coordinar la periodicidad de los tratamientos con el reloj biológico a fin de aumentar su eficacia o disminuir los efectos secundarios. Asimismo se han desarrollado terapias específicas para los trastornos del reloj interno como las Terapias de Luz o de Privación de Sueño que, en combinación con la administración de melatonina, están dando espectaculares resultados a corto plazo en el tratamiento de depresiones y trastornos bipolares. De hecho un estudio publicado en el 2005 por la revista Psychological Medicine incluía esta impactante recomendación: “La Terapia de Privación de Sueño es el antidepresivo más rápido disponible actualmente: aproximadamente el 60% de los pacientes, independientemente del subtipo de diagnóstico, responden con mejoría en pocas horas”.

Es importante saber que los ritmos biológicos tienen una especial relación con el sueño ya que además del mecanismo evidente que provoca un aumento de la necesidad de dormir cuanto más tiempo despierto lleva uno y de la ingesta de sustancias hipnógenas o inductoras de somnolencia -como la adenosina- en el sueño de los humanos intervienen distintos ciclos biológicos, el más importante de los cuales es el ciclo luz/oscuridad.

Ahora bien, en el sueño intervienen también dos procesos ultradianos (de periodicidad inferior a la diaria): la alternancia de las diferentes fases del sueño -que se repiten cada 90-120 minutos, incluso durante la vigilia- y el primer período de 12 horas del ciclo luz/oscuridad -que sería el responsable de la necesidad de hacer siesta a mediodía.

Cabe añadir que el estudio de la relación de los ritmos biológicos con el sueño y la vigilia ha servido para determinar diferentes “cronotipos” en función de que la persona haya desplazado su periodo de actividad predominantemente hacia la mañana o hacia la noche. A los primeros se les denomina “lagartos” y presentan una caída más rápida en la secreción de melatonina y mayor tendencia a la responsabilidad y a adaptarse a las normas mientras a los noctámbulos se les denomina “lechuzas” y presentan menor temperatura nocturna y temperamentos más creativos y desordenados.

INVESTIGACIÓN

Para terminar mencionaremos que las vías de investigación abiertas por la Cronobiología son innumerables: la localización de los “engranajes” del reloj biológico y su modo de funcionamiento así como sus interrelaciones con los sistemas biológicos -inmunitario, endocrino, nervioso, termorregulador, conductual, metabólicos…-; la dilucidación de los problemas relacionados con la sincronización de los múltiples relojes internos y de los trastornos y sus consecuencias; la influencia de los factores externos sobre los mecanismos endógenos y su repercusión en los ritmos biológicos; y las implicaciones de la Cronofarmacología, la Cronodiagnosis y las distintas terapias basadas en ritmos y ciclos. Existen de hecho ya departamentos dedicados a la Cronobiología y sus ramas en numerosas universidades de todo el mundo.

En el caso español pueden estudiarse materias relacionadas con la Cronobiología en las universidades de Madrid (en la Autónoma), Barcelona, Sevilla (en la Pablo Olavide), Murcia y Oviedo. Existen asimismo grupos de investigación en Madrid, Barcelona, Vigo, Oviedo, Valladolid, Badajoz, Palma de Mallorca, Granada y Murcia. En esta última, en la Universidad de Murcia, hay un laboratorio –Cronolab– con varios proyectos en marcha que cuenta con una página web muy activa y documentada que incluye una sección de enlaces a numerosos centros de investigación a nivel internacional así como una completa guía de artículos científicos y libros sobre Cronobiología, Cronoterapia y otros temas relacionados con los ritmos biológicos (www.um.es/cronobio). Es interesante visitarla.

 Jesús García Blanca

Recuadro:


Clasificación de los ritmos biológicos

Por su frecuencia:

Ultradianos.  Alta frecuencia.
Menores de 20 horas.
Electroencefalograma, electrocardiograma, respiración, secreción hormonal, fases del sueño…

Circadianos.  Frecuencia media.
Entre 20 y 28 horas. Sueño/vigilia, actividad/reposo, excreción de orina y otros procesos metabólicos, cambios de color en distintas especies de invertebrados…

Infradianos.  Baja frecuencia.
Superiores a 28 horas.
Ciclo menstrual, migraciones, desarrollo gonadal…

Circanuales.  325 días Reproducción, hibernación…

Por su origen:

Endógenos. Exógenos
Dependientes de factores geofísicos. No dependientes de factores geofísicos Se producen como respuesta pasiva a factores ambientales.
Diarios, semanales, mensuales, estacionales, anuales. Actividad neuronal, latido cardíaco, respiración, secreción hormonal, fases del sueño…


El reloj circadiano: máximos y mínimos en relación con la hora del día.

hora A.M. P.M.
1:00 Comienzo de trabajos de parto.
2:00 Sueño profundo. Máxima coordinación manual.
3:00 Máxima actividad procesos de reparación. Hora óptima para una mini-siesta.
4:00 Máximo número de nacimientos espontáneos. Buen tiempo de reacción.
5:00 Temperatura mínima. Máxima eficiencia cardiorrespiratoria. Aumento de la fuerza muscular.
6:00 Sueños intensos. Alta secreción cortisol. Máximos de las función gustativa.
7:00 Máxima secreción testosterona en hombres. Aumento presión arterial. Temperatura corporal alta.
8:00 Aumento movimientos del vientre. Mejor tolerancia al alcohol. Mejor desempeño en carreras y natación.
9:00 Mínimo peso corporal. Inicio descenso temperatura. Aumento secreción melatonina.
10:00 Aumento funciones alerta.
11:00  Mayor frecuencia de relaciones sexuales.
12:00 Mejora del estado de ánimo


Frecuencia horaria de eventos fisiológicos y patológicos.

Evento Banda horaria de mayor frecuencia

Síntomas de alergia nasal 
Entre las 06:00 y las 12:00

Dolor de pecho (angina)
Entre las 06:00 y las 12:00

Aumento agudo presión arterial
Entre las 06:00 y las 12:00

Artritis reumatoide
Entre las 06:00 y las 12:00

Comienzo de la menstruación
Entre las 06:00 y las 12:00

Jaquecas / Migrañas
Entre las 06:00 y las 12:00

Ataques cardíacos 
Entre las 07:00 y las 12:00

Ataques de asma 
Entre las 12:00 y las 06:00

Pico de presión arterial 
Entre las 12:00 y las 06:00

Comienzo trabajo de parto 
Entre las 12:00 y las 06:00

 

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141
Septiembre 2011
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