El uso del móvil durante el embarazo puede provocar daños cerebrales en el feto

Usar el móvil durante el embarazo puede provocar daños cerebrales en el feto. Así lo indica al menos un reciente trabajo realizado con roedores por el doctor Hugh S. Taylor -Jefe de Obstetricia, Ginecología y Ciencias Reproductivas de la Facultad de Medicina de la Yale University (EEUU)- según el cual las emisiones radioeléctricas llegan hasta el feto mientras éste se encuentra aún en el útero materno pudiendo ello afectar muy negativamente su desarrollo. Paralelamente la Academia Americana de Pediatría acaba de pedir que se revisen los actuales límites de exposición a las emisiones radioeléctricas tras constatar que estar sometido de forma continua a ellas es peligroso, especialmente en el caso de los niños. Y mientras nuestras autoridades sanitarias siguen mirando hacia otro lado…

¿Podemos afirmar realmente que nos importan nuestros hijos si desde antes de nacer no les evitamos los peligros que pueden afectar a su salud? ¿Estamos dispuestos a jugar con su desarrollo motor y cognitivo simplemente por no evitar los comportamientos rutinarios que pueden afectarle durante el embarazo? Porque las radiaciones electromagnéticas de los teléfonos móviles han pasado ya a formar parte del grupo de tóxicos medioambientales que pueden no sólo afectar la vida de la madre sino condicionar el desarrollo del feto y el comportamiento del niño una vez nazca. No se trata pues ya de establecer restricciones al uso del móvil -y otros dispositivos inalámbricos- en el caso de los niños que están creciendo sino de prevenir los peligros potenciales durante la gestación de los bebés.

Todos sabemos hoy que la ingesta de alcohol por la madre durante el embarazo -especialmente en momentos claves del desarrollo cerebral- afecta a la neurogénesis y a los patrones posteriores de desarrollo condicionando la evolución cognitiva del feto primero y del bebé después. Como sabemos que el tabaco que fuma la madre durante la gestación puede hacer que su hijo tenga luego deterioro cognitivo y/o trastornos del comportamiento (como el TDAH o Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). E igualmente sabemos que la exposición prenatal a la cocaína y al alcohol puede dar lugar a serios problemas de salud y comportamiento en los bebés. Incluso sabemos que el mero estrés materno prenatal puede reducir la inteligencia y las habilidades del lenguaje en su descendencia. Obviamente la gravedad de esos efectos dependerá de la dosis y del momento de la exposición pero durante el período de la neurogénesis cerebral incluso si ésta es pequeña puede provocar graves problemas en el feto que no se producirían en la etapa adulta. En pocas palabras: durante el desarrollo del feto todo lo dicho –y cualquier otra exposición a químicos medioambientales tóxicos- puede provocar secuelas neurológicas permanentes en el cerebro de los no natos. Existe abundante literatura científica que lo demuestra.

Pues bien, lo mismo puede empezar a decirse ya de los teléfonos móviles, las antenas de telefonía, los Wi-Fi y demás aparatos que emiten radiofrecuencias. Porque quien diga aún que no hay estudios científicos que demuestren los daños de las radiaciones electromagnéticas que emiten ¡MIENTE! Existen y son contundentes. Así que si está usted embarazada o piensa estarlo sepa que usar el móvil o estar sometida a radiaciones similares a las que emite implica arriesgar no ya su salud sino ¡la de su hijo! Un grupo de científicos acaba de constatarlo tras investigar a ratonas preñadas ¡y los roedores son mucho más resistentes a las radiaciones (al igual que a los tóxicos)! El trabajo, titulado Fetal Radiofrequency Radiation Exposure From 800-1900 Mhz-Rated Cellular Telephones Affects Neurodevelopment and Behavior in Mice (La exposición fetal de ratones a la radiación de radiofrecuencias de 800 a 1.900 Mhz de los teléfonos móviles afecta a su desarrollo neurológico y a su comportamiento), acaba de publicarse en Scientific Report y constata cómo los teléfonos móviles afectan a los fetos de los mamíferos durante la gestación. Aseverando sus autores que se trata de “la primera evidencia experimental de neuropatologías debidas a la radiación de la telefonía móvil en el útero”. 

TRASTORNOS DE MEMORIA Y DE COMPORTAMIENTO 

El autor principal del citado estudio es el doctor Hugh S. Taylor y su credibilidad no es discutible pues además de Jefe de Obstetricia, Ginecología y Ciencias Reproductivas y Director de Endocrinología Reproductiva e Infertilidad de la Facultad de Medicina de la Yale University (EEUU) ha sido premiado con ocho becas de investigación por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y publicado más de 125 artículos en revistas de gran impacto siendo en la actualidad Editor-Jefe de Reproductive Science. Pues bien, Taylor afirma en su trabajo lo siguiente: “Hemos demostrado que la exposición fetal a 800-1.900 Mhz -la radiación de radiofrecuencia de los teléfonos móviles- produce alteraciones conductuales y neurofisiológicas que persisten en la edad adulta. Los ratones expuestos a ella durante el embarazo tuvieron luego problemas de memoria y eran hiperactivos lo que indica que en el útero la exposición a la radiofrecuencia es potencial causa de trastornos neuroconductuales. Además hemos demostrado que deteriora la transmisión sináptica glutamatérgica en las células piramidales de la corteza prefrontal -asociada a los cambios de comportamiento- lo que sugiere un mecanismo por el cual la exposición a la radiación del teléfono móvil en el útero puede conducir a una mayor prevalencia de trastornos del comportamiento”.

Debemos añadir que hasta el momento eran casi desconocidos los efectos sobre el feto de la radiación de los móviles cuando los mismos emiten en los márgenes legales establecidos según la “tasa de absorción específica” o SAR (por sus siglas en inglés), unidad de medida de la cantidad de energía radiactiva que absorbe un organismo. Límite que la Unión Europea tiene establecido en 2,0 W/kg y Estados Unidos en 1,6 W/kg (cabe reseñar que así se mide el impacto térmico porque, lamentable y vergonzosamente, aún no se tiene en cuenta el efecto no térmico).

El caso es que Taylor y sus colaboradores expusieron a ratonas gestantes a la radiación de un teléfono móvil situado encima de su jaula y luego midieron la actividad eléctrica del cerebro de los ratones así gestados cuando ya eran adultos llevando a cabo además con ellos una serie de pruebas para valorar sus cerebros encontrándose con que su memoria era más reducida que las de sus congéneres gestados sin estar sometidos a radiación así como más hiperactivos. Deduciendo de estos hallazgos y de otras investigaciones anteriores que los problemas de comportamiento en el TDAH pueden estar asociados con una reducción de la materia cerebral, tanto gris como blanca, principalmente localizadas en la corteza prefrontal.

Y advertimos a quienes siguen afirmando falsamente que no hay documentación científica sobre el peligro de las radiaciones electromagnéticas que los autores del trabajo que comentamos comienzan de hecho su estudio dando por “probados científicamente” –proporcionando las correspondientes citas bibliográficas- los siguientes efectos biológicos en el caso de los móviles: impacto sobre la división y la proliferación celular tanto por inducción de la apoptosis como por la alteración del ciclo celular, formación de especies reactivas de oxígeno que provocan daños celulares por estrés oxidativo y activación -entre otras- de la señalización de las proteínas ERK y p38 MAPK que participan en el control de las respuestas celulares a las citoquinas y el estrés.

A lo que hay que sumar un dato importante: el equipo de Taylor ha demostrado por primera vez que la radiación electromagnética de los móviles altera la transmisión glutamatérgica neuronal.Aunque los mecanismos moleculares precisos que condujeron a alterar la transmisión glutamatérgica sináptica en la corteza prefrontal identificados en este estudio no son del todo conocidos –explican en su trabajo- proporcionan la primera evidencia que relaciona cambios en los circuitos neuronales centrados en la neuronas piramidales de la capa V de la corteza prefrontal (CPF) con el deterioro de la memoria y las conductas cognitivas en los animales expuestos a la radiación de los teléfonos móviles. Nuestros resultados indican que la liberación de glutamato desde las terminales nerviosas a las neuronas de la CPF y la respuesta de las neuronas al glutamato están alteradas en los ratones expuestos prenatalmente a la radiación del teléfono móvil”. Y como se sabe el glutamato es un neurotransmisor básico para muchas funciones cerebrales -nos ayuda a concentrarnos, a aprender y a almacenar recuerdos en la memoria- por lo que un desequilibrio en su producción y almacenamiento puede convertirlo en una excitotoxina capaz de provocar daños neuronales de serias consecuencias.

Esos investigadores también han demostrado que los cambios electrofisiológicos y conductuales en ratones expuestos en el útero a radiaciones electromagnéticas son proporcionales al tiempo de exposición lo que les sugiere que “se pueden establecer límites para el uso del móvil por las mujeres embarazadas”. Y lo que es más importante: dejan la puerta abierta a que los efectos de las radiaciones electromagnéticas sean aún más profundos de lo que ellos han podido establecer en este experimento. “Nuestros resultados –afirman- también implican que los efectos de la exposición prenatal a la radiación en el cerebro podrían ser globales ya que la transmisión glutamatérgica sobre las neuronas en otra zona del cerebro, el hipotálamo ventromedial, también se redujo. Los efectos de la exposición prenatal a la radiación del teléfono móvil podría tener pues efectos más profundos en las funciones cerebrales que lo reportado en este estudio”.

Obviamente no faltará quien crea que las ratonas, por muy embarazadas que estén, no dejan de ser animales y sus fetos no son humanos… pero quien así piense olvida que es con ratones con los que se experimentan casi todos los fármacos antes de probarse su uso en humanos. Lo que no obsta para que sus autores reconozcan las limitaciones de su trabajo y la necesidad de nuevos estudios. “En resumen –concluyen diciendo en él- hemos demostrado que la exposición fetal a la radiación de radiofrecuencias ocasiona trastornos neuroconductuales en ratones. Esperamos pues que estos hallazgos mejoren nuestra comprensión de la etiología de los trastornos neuroconductuales”. Y añaden: “El aumento de trastornos de comportamiento en los países desarrollados podría deberse en parte a la exposición de los fetos a la radiación telefónica. Se justifica por ello hacer pruebas adicionales en primates y humanos a fin de determinar si los riesgos son similares y poder así establecer límites de exposición más seguros durante el embarazo”.

En suma, son las madres quienes deben plantearse ahora si se justifica esperar a esos nuevos estudios y seguir sometiendo a los bebés que están gestando a las radiaciones electromagnéticas del móvil y otros dispositivos o prevenir para no arriesgar su salud e, incluso, su vida.

LENTO PERO SEGURO

A fin de cuentas el comentado no es un trabajo aislado sino uno más de una larguísima lista. El propio Hugh S. Taylor colaboró por ejemplo con el doctor John Wargo -profesor de Política y Riesgo Ambiental en la Universidad de Yale (EEUU)- en la elaboración de un informe para la organización Environment and Human Health Inc. (EHHI) (Medio Ambiente y Salud Humana Inc) como parte de un proyecto de investigación sobre los efectos de los teléfonos móviles en el que, ante sus resultados y los de otros colegas, ambos manifestaron su honda preocupación sobre lo que éstos pueden provocar. “El cerebro humano –escribiría Taylor en ese trabajo- es especialmente susceptible a numerosas agresiones ambientales que pueden producir daños irreversibles en los períodos críticos del desarrollo del sistema nervioso, entre la concepción y la madurez plena. Un amplio número de estudios revisados por colegas informan de cambios en el sistema nervioso de ratas, ratones y seres humanos tras la exposición a la radiación del teléfono móvil que incluyen disminución del aprendizaje, tiempo de reacción disminuida, disminución de la función motora, memoria reducida, hiperactividad y cognición disminuida”.

Agregando que los peligros son mucho más serios y preocupantes en los niños. “Los cráneos más delgados de los niños pequeños –explicaría Taylor- permiten a la radiación del teléfono móvil penetrar en los tejidos de sus cerebros más profundamente que en los adultos”. Añadiendo en otro momento: “Los dispositivos colocados en los bolsillos del pantalón en el modo de espera exponen más los órganos reproductores a la energía de las radiofrecuencias. Y llevarlos en los bolsillos de la camisa aumenta la exposición de los tejidos mamarios. Además en los niños y en los fetos, en pleno desarrollo de su sistema nervioso, la división celular es más rápida y la exposición superior por lo que un mayor uso diario aumentará el riesgo de efectos adversos para su salud”.

Y de la misma opinión es el profesor Wargo quien asevera que existen numerosas evidencias ya sobre los daños potenciales de la telefonía móvil. “La evidencia científica –escribe- es hoy suficientemente sólida y muestra que los teléfonos móviles suponen riesgos significativos para la salud de los niños y las embarazadas. Exige pues la promulgación de una nueva normativa por parte del Gobierno Federal. Es más, la industria de la telefonía móvil debe tomar de inmediato medidas para reducir la radiación electromagnética de los teléfonos y evitar que se comercialicen sus productos entre los niños”.

PETICIÓN DE RESPONSABILIDADES

Recordemos una vez más que ya en mayo de 2011 un comité de expertos de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) –entidad adscrita a la Organización Mundial de la Salud (OMS)- clasificó la radiación de los teléfonos móviles como “posiblemente cancerígena para los humanos”, al mismo nivel pues que el DDT, los gases de los automóviles o el combustible de los aviones. Y que apenas unas semanas después la Oficina de Contabilidad (GAO) -agencia independiente que trabaja para el Congreso estadounidense- decidió investigar cómo se gasta el dinero de los contribuyentes el Gobierno Federal revisando las “pruebas” a las que se someten los teléfonos móviles antes de ponerlos a la venta. Y tras hacerlo publicó lo averiguado en un texto que tituló Los niveles de exposición y las pruebas a las que son sometidos los teléfonos móviles tienen que ser reevaluados. Realmente explícito.

No está de más añadir que la GAO se puso en marcha tras recibir un trabajo previo realizado por asesores de la industria como Om P. Gandhi, Alvaro De Salles y otros titulado Límites de exposición: la absorción de la radiación de los teléfonos móviles, especialmente en los niños, está subestimada. Texto en el que ya sus autores denunciaban que en el actual proceso de certificación de los teléfonos móviles se utiliza un modelo de cabeza de plástico llamado Specific Anthropomorphic Mannequin (SAM) (Maniquí Antropomórfico Específico) que en gran medida subestima la tasa de absorción específica para los usuarios habituales de teléfonos móviles, especialmente niños. Es simple: una cabeza más pequeña que la de un SAM absorberá una cantidad relativamente mayor de SAR. Además SAM utiliza un fluido que tiene las propiedades eléctricas promedio de las constantes registradas en una cabeza pero no diferencia tejidos cerebrales y no discrimina entre la absorción de niños y jóvenes. Cuando el SAR para un niño de 10 años es un 153% superior al SAR registrado en el modelo SAM. “La absorción de la cabeza de un niño –se decía en ese informe- puede ser dos veces superior. Y la de la médula ósea de su cráneo, diez veces mayor que en los adultos. Es necesario por tanto un nuevo proceso de certificación que incorpore diferentes modos de uso, tamaños de la cabeza y propiedades del tejido”.

Así que como los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos financian estudios en esa área junto a otras agencias federales la GAO decidió intervenir, revisar la investigación científica, entrevistar a expertos en salud pública e ingeniería y hablar con funcionarios de las agencias federales, representantes de instituciones académicas y de la industria de la telefonía móvil y asociaciones de consumidores, valorar las pruebas a las que se someten los teléfonos móviles y estudiar sus manuales y las normas de certificación y orientación así como las websites más relevantes. Y en su informe lo primero que se denuncia es que las cifras sean de 1996 y no hayan sido nunca actualizadas. “El límite de exposición a la energía de radiofrecuencias fijado por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) –se dice en él- puede no estar reflejando las últimas investigaciones y sus pruebas no estar identificando la exposición máxima en todas las condiciones de uso posibles”. Cauto pero directo, propio del lenguaje administrativo.

Además la GAO constató que las normas aprobadas por la Comisión Federal de Comunicaciones sobre seguridad de los teléfonos móviles -similares por cierto a las europeas- están obsoletas por lo que entre otras recomendaciones hizo ésta: “La Comisión Federal de Comunicaciones debe volver a evaluar formalmente -y, en su caso, cambiar- el actual límite de exposición de energía a las radiofrecuencias así como los requisitos de los teléfonos móviles relacionándolos con los distintos usos posibles; sobre todo cuando se llevan junto al cuerpo”. Pero el tiempo pasa y los ciudadanos seguimos esperando…

TAMBIÉN LOS PEDIATRAS PIDEN CAMBIOS EN LA LEGISLACIÓN

Y si a alguien le quedan aún dudas de que la normativa debe cambiar cuanto antes sepa que el propio presidente de la Academia Americana de Pediatría, Robert Block, instó recientemente a la Comisión Federal de Comunicaciones a que reconsidere y revise sus normas dado el perjuicio que se puede estar causando a los niños. “La Academia Americana de Pediatría –le dice en su texto Block al máximo responsable de la Comisión Federal de Comunicaciones, organización profesional sin ánimo de lucro que agrupa a 60.000 pediatras de atención primaria, subespecialistas pediátricos y especialistas quirúrgicos pediátricos dedicados a la salud, la seguridad y el bienestar de los infantes, niños, adolescentes y jóvenes adultos, apoya firmemente la propuesta de que se haga una nueva investigación formal sobre las normas de radiación de los teléfonos móviles y demás dispositivos inalámbricos”.

En su escrito Block recuerda que los móviles se usan cada vez más y durante más tiempo, especialmente por los niños y adolescentes, recordando que “en el pasado las normas se basaron generalmente en el impacto de la exposición sobre el varón adulto y, sin embargo, los niños no son ‘adultos pequeños’ por lo que están impactados de forma desproporcionada por todas las exposiciones ambientales, incluyendo la radiación de los teléfonos móviles. Según la IARC cuando éstos son utilizados por niños la media de absorción de la energía de las radiofrecuencias es, comparada con el uso del móvil por los adultos, dos veces mayor en el cerebro y 10 veces mayor en la médula ósea del cráneo. La Academia, consciente de que la Comisión Federal de Comunicaciones se está planteando revisar las normas de emisión y si éstas deben ser diferentes en el caso de los niños, considera por ello esencial que cualquier nuevo estándar para los móviles y demás dispositivos inalámbricos se base ante todo en la protección de las poblaciones más jóvenes y vulnerables a fin de proteger sus vidas”. Y aún va más lejos en su propuesta ya que también pide que se proteja a los niños del actual uso compulsivo de otros medios electrónicos:“La Academia ha hallado efectos potencialmente negativos -sin que se conozcan efectos positivos- en el uso de diversos medios por niños menores de dos años, incluyendo la televisión, los ordenadores, los teléfonos móviles y otros dispositivos inalámbricos manuales. Hay sobre todo estudios que muestran de forma consistente que los niños mayores y los adolescentes utilizan hoy esos medios de comunicación de manera abusiva lo que puede contribuir a provocarles obesidad y otros problemas de salud que impidan su adecuado desarrollo”.

Lo paradójico es que los propios fabricantes aconsejan en sus manuales tomar precauciones sugiriendo entre otras cosas no llevar nunca el móvil pegado al cuerpo. Leamos lo que el paquete de seguridad del iPhone 4S comercializado en 2011 recomendaba: “La medición SAR del iPhone puede exceder de los límites de exposición de la Comisión Federal de Comunicaciones si al transportarlo se coloca a menos de 15 mm del cuerpo (por ejemplo, cuando se lleva el iPhone en el bolsillo (…) Cuando utilice el iPhone cerca de su cuerpo para hacer llamadas de voz o para la transmisión inalámbrica de datos a través de una red móvil éste debe mantenerse a al menos 15 mm del cuerpo”. Y he aquí otro ejemplo que aparece en el manual de la popular BlackBerry: “Use el manos libres si está disponible y mantenga el dispositivo a al menos 25 mm de su cuerpo (incluido el abdomen en el caso de las embarazadas y la parte inferior del abdomen en las adolescentes) cuando esté encendido y conectado a la red inalámbrica”.

Y, sin embargo, a pesar de tales advertencias, ¿cuántos anuncios de móviles ha visto usted en los que se hagan estas recomendaciones o se indique por ejemplo que no se deberían usar estando en contacto directo con la oreja? ¿Y cuántos anuncios de móviles u ordenadores incitan directamente a su uso por niños? Hemos denunciado varias veces que las compañías hacen estas advertencias en los prospectos porque saben que casi nadie los lee y les permite no ser condenadas en los tribunales si alguien les lleva a ellos pero lo cierto es que su comportamiento es de una inadmisible falta de ética.

Antonio F. Muro

 

Este reportaje aparece en
157
Febrero 2013
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