¿Estamos conectados con la biosfera?

En 1951 el físico alemán Winfried Otto Schumann predijo mediante cálculos matemáticos la existencia de una resonancia magnética entre la superficie de la Tierra y la Ionosfera. Posteriores estudios confirmarían su hipótesis y apuntarían que esa resonancia -que terminaría conociéndose como Resonancia Schumann– podría ser la conexión entre el campo magnético de la Tierra y los campos magnéticos de los seres humanos teniendo ello incidencia en nuestros procesos vitales y, por ende, en nuestra salud. Siendo elemento clave de esa conexión la glándula pineal, órgano situado en el centro del cerebro que es precisamente el encargado de segregar melatonina -hormona con complejas funciones biológicas entre las que destaca la regulación de nuestros biorritmos- y dimetiltriptamina (DMT) -sustancia natural considerada el más potente alucinógeno que existe-. De ahí la importancia que para la salud puede tener la alteración de esa conexión electromagnética existente entre los seres vivos y la biosfera de nuestro planeta.

Todos somos conscientes de que el acelerado desarrollo tecnológico de las tres últimas décadas ha traído consigo una contaminación electromagnética generalizada que está invadiendo todos los resquicios de nuestra vida cotidiana. Y la evidencia de que eso está afectando negativamente a todos los seres vivos del planeta va imponiéndose poco a poco: tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) decidieron clasificar las radiaciones electromagnéticas emitidas por los teléfonos móviles y dispositivos similares de “posiblemente cancerígenos” reconociendo que su uso conlleva un mayor riesgo de tumores cerebrales malignos –gliomas- por lo que recomiendan tomar medidas para reducir al máximo su exposición, especialmente en el caso de los niños. Decisión que tomaron nada más saber que la Asamblea del Consejo de Europa había aprobado un documento en el que se pide a todos los gobiernos europeos la adopción de “medidas razonables” para reducir la exposición a las radiaciones electromagnéticas de todos los aparatos que las emiten.

Hasta los tribunales lo asumen ya en sus últimas sentencias judiciales. En el caso de España -tal y como en su momento publicamos- el Tribunal Supremo afirmaría en una sentencia del 9 de junio de este año que la instalación de infraestructuras para servicios de telecomunicación es una actividad “con efectos significativos en la salud y el medio ambiente” y entraña “riesgos para la salud humana”. Y el Tribunal Supremo de Italia -como dimos a conocer en la sección de Noticias del pasado mes- acaba de aseverar en una sentencia no solo que el uso prolongado de un móvil puede provocar cáncer sino que si alguien enferma por usarlo en el trabajo debe considerarse un caso de “enfermedad laboral”.

Bueno, pues la glándula pineal, que juega un papel fundamental tanto en la regulación de nuestros biorritmos como en la regeneración celular, puede ver alterado su funcionamiento cuando es sometida a las radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia de muchos de los dispositivos modernos. Y ello afecta indefectiblemente a la salud. Veámoslo con perspectiva y en detalle.

UNA GIGANTESCA CAJA DE RESONANCIA

Corría el año 1899 cuando el famoso ingeniero y genial inventor Nicola Tesla intentaba en su laboratorio de Colorado Springs (EEUU) desarrollar un trasmisor de gran potencia con el fin de determinar las leyes de propagación de las corrientes electromagnéticas tanto en la tierra como en la atmósfera. Ciertamente lo que ocurrió en aquel laboratorio -conocido como Wardencliffe- se encuentra aún a un paso de la leyenda y el misterio pero a partir del cuaderno de investigación que dejó Tesla podemos conocer algunas de sus observaciones y descubrimientos. Y entre ellos está el hecho de que la Tierra se comporta como un enorme conductor que hace posible no sólo enviar información sin hilos sino trasmitir electricidad a cualquier parte del planeta sin apenas pérdida. Es más, Tesla consiguió medir la resonancia del gigantesco conductor que es el planeta estableciendo su valor en 10 hercios! (vibraciones por segundo).

Cincuenta años después el Dr. Winfried Otto Schumann -director del Instituto de Electrofísica de la Universidad Tecnológica de Munich (Alemania) postularía a partir de cálculos matemáticos la existencia de una resonancia magnética natural en la cavidad situada entre la superficie de la Tierra y la Ionosfera cuyo valor calculó igualmente en 10 hercios. Posteriores observaciones corroborarían la existencia de esa especie de “ruido de fondo” permanente que consiste en ondas resonantes que aparecen cuando son “excitadas” (como las ondas circulares en el agua de un estanque al arrojar una piedra). Un alumno y posterior sucesor de Schumann, Herber König, precisaría por su parte que el pico de mayor intensidad de esas ondas se sitúa en realidad en 7,83 hercios.

¿Y qué origina ese fenómeno que actualmente conocemos como Resonancia Schumann? Pues aún no se sabe con certeza pero se piensa que su origen no está en el interior de la Tierra sino en la actividad eléctrica de la atmósfera: postulando algunos que se debe a los relámpagos. Aunque lo que realmente importa es saber si ese fenómeno tiene alguna trascendencia para los seres vivos y, sobre todo, si afecta de alguna manera a su salud. Los fundamentalistas científicos -especialmente los pseudocientíficos que se autodenominan “escépticos”- lo niegan. Eso sí, sin más argumentos que los habitualmente utilizados por ellos: la burla, el escarnio, el insulto… (las personas interesadas en la forma de actuar de tales individuos pueden leer en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Fundamentalistas científicos contra el pensamiento crítico publicamos en el nº 134). Lo cierto, sin embargo, es que son numerosos los científicos (véase el recuadro adjunto) que han estudiado el asunto y formulado hipótesis razonablemente fundamentadas.

GEOMAGNETISMO

El magnetismo es una extraña fuerza aún no bien comprendida porque parece actuar sobre determinados cuerpos o materiales y no sobre otros. Así lo observaron ya los antiguos griegos contándose que fue en la ciudad de Magnesia donde surgió el término “magnetismo” porque había en ellas unas singulares piedras que atraían los trozos de hierro. En todo caso el primero en estudiar el fenómeno fue el filósofo Tales de Mileto a mediados del siglo VI a. C. siendo desde entonces multitud los físicos e investigadores de distintas disciplinas que han analizado sus propiedades y efectos.

Actualmente se afirma que cada electrón es un diminuto imán. Y si es así quiere decir que, de una forma u otra, toda materia es magnética (aunque haya casos en que sus efectos no sean visibles). Por otra parte, magnetismo y electricidad están relacionados porque son los electrones los que determinan la carga eléctrica de un cuerpo. La diferencia es que si están en reposo generan un campo eléctrico y si se mueven dan lugar a una corriente eléctrica. Dando a su vez lugar la interacción entre el magnetismo y la electricidad a una radiación -que se puede emitir- o a un campo electromagnético -que abarca sólo un determinado espacio físico-. Siendo la disciplina que estudia sus características el Electromagnetismo cuyos fundamentos estableció inicialmente Michael Faraday y completó James Maxwell.

Pues bien, hoy se sabe que nuestro planeta es un gigantesco imán que posee un campo magnético que se extiende desde el núcleo externo líquido -donde se cree que se origina- hasta el lugar en el que choca con el viento solar (corriente de partículas cargadas de energía que fluye desde el sol). Lo singular es que actualmente los polos magnéticos terrestres no coinciden con los polos geográficos ya que se hallan invertidos: el polo norte magnético está en el sur geográfico y viceversa. Es más, los polos magnéticos y los geográficos no coinciden en el mismo punto del globo: hoy el polo sur magnético se encuentra de hecho a unos 1.800 kilómetros del polo norte geográfico y se está desplazando de forma constantemente en dirección a Siberia a razón de unos 40 kilómetros por año. Lo más sorprendente en cualquier caso es que según estudios realizados sobre el magnetismo que ha quedado impregnado en las rocas se ha podido establecer que los polos magnéticos se han invertido ya -a intervalos irregulares- ¡más de veinte veces! en los últimos cinco millones de años. Habiendo tenido lugar la última inversión hace unos 780.000 años. Añadiremos que recientes mediciones han mostrado que la intensidad del campo magnético terrestre ha disminuido en los últimos cien años entre un 5% y un 10% y hay científicos que estiman que desaparecerá en apenas 1.500 años.
Pues bien, teniendo presente todo lo dicho vayamos ahora al interior de los seres vivos.

LAS ONDAS CEREBRALES

Tras la II Guerra Mundial el psiquiatra alemán y profesor de la Universidad de Viena (Austria) Hans Berger descubrió que en el cerebro humano existe cierto potencial eléctrico. Basándose en trabajos del médico inglés Richard Caton -que había demostrado la existencia de potencial eléctrico en perros- Berger logró no sólo observar gráficamente los impulsos eléctricos del encéfalo -mediante un singular amplificador al que llamó electroencefalógrafo– sino medirlos. Investigaciones posteriores completarían las observaciones de Berger hasta establecer el registro completo de las distintas frecuencias de onda que emite el cerebro humano cada una de las cuales se ha relacionado con estados psico-neuro-fisiológicos diferentes y, por tanto, con alteraciones y trastornos… pero también con potencialidades aún por descubrir. Siendo los tipos de ondas y sus características principales las siguientes:

Ondas Delta: aquellas cuya frecuencia oscila entre 0,2 y 3,5 hercios. Se relacionan con estados en los que el hemisferio derecho del cerebro se halla en plena actividad: sueño profundo y meditación, estados de trance e hipnosis profunda.

-Ondas Zheta: aquellas cuya frecuencia está entre 3,5 y 7,5 hercios. Corresponde a los estados de vigilia en los que se da un equilibrio entre los dos hemisferios cerebrales. Se relacionan con una mayor capacidad para el aprendizaje, la fantasía, la imaginación y la creatividad.

Ondas Alfa: las que oscilan entre 7,5 y 13 hercios. Son las ondas de la actividad plena del hemisferio izquierdo: tranquilidad, relajación, creatividad, optimismo, despreocupación y sentimientos de integración cuerpo-mente.

Ondas Beta: las que se sitúan entre 13 y 28 hercios. Representan el estado de máxima alerta y se registran durante situaciones de ansiedad, irritación, inquietud o miedo.

Ondas Gamma o Ram-Alta: las de frecuencias superiores a 28 hercios. Corresponden a estados de estrés y confusión.

Bueno, pues el actual estilo de vida -sobre todo en las grandes ciudades- tanto en lo que se refiere al trabajo como a la diversión, las dietas catastróficas, la falta de descanso y reposo, los constantes estímulos visuales y auditivos, la presencia permanente de antenas, Wi-Fi, móviles, ordenadores y pantallas en el hogar, el trabajo, los lugares de ocio, las tiendas, los bares, las cafeterías y hasta las plazas públicas nos está sumiendo a todos -lo queramos o no- en un estado de permanente vigilancia y alerta, de ansiedad, irritación, inquietud y estrés acumulado. La simple invención de la luz eléctrica ya empezó a alterar los períodos naturales de luz y sonido ampliándolos en detrimento de los de oscuridad y silencio y solo ello incidió muy negativamente en los mecanismos de regeneración y renovación celular. Una situación aceptada absurdamente como “normal” que ha agravado la invasión emisión masiva y constante de radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia extrema (ELF por sus siglas en inglés) producidas de forma artificial debido al desarrollo tecnológico y que ha multiplicado sus efectos negativos. Con lo que cada vez más personas, especialmente las más sensibles, tienen dificultades simplemente para poder sobrevivir y tienen que marcharse a espacios libres de la brutal contaminación electromagnética actual. Radiaciones que interfieren además con las naturales de la Resonancia Schumann, algo que antes sólo se producía cuando había grandes tormentas electromagnéticas.

¿Podemos atribuir a una simple coincidencia azarosa el que las frecuencias de las ondas alfa del cerebro humano se correspondan con las de la Resonancia Schumann? Porque todo indica que en la naturaleza -contra lo que postulaban Charles Darwin y sus seguidores- nada sucede por azar. De hecho cálculos recientes apuntan la posibilidad de que la influencia creciente de las radiaciones electromagnéticas artificiales -y otros fenómenos aún más peligrosos, como el proyecto HAARP- estén alterando las frecuencias de la Resonancia Schumann desplazándolas hacia valores superiores a los 13 hercios; es decir, hacia las frecuencias de las ondas beta del cerebro humano que se corresponde con estados de salud alterados.

El primero en denunciar lo que está pasando fue el ingeniero de Telecomunicaciones australiano Lewis Hainsworth tras constatar que las radiaciones electromagnéticas de extremadamente baja frecuencia –que son las que más penetran en el organismo- tienen consecuencias negativas para la salud pudiendo producir desordenes mentales, conductas antisociales, perturbaciones neurológicas y somatización de esos estados alterados así como procesos de crecimiento anormal de tejidos e inmunodeficiencia. Entre otras cosas porque interfieren en la Resonancia Schumann. Algo que numerosas investigaciones posteriores confirmarían. Es el caso de un trabajo -el artículo se publicó en octubre de 2005 en Internacional Journal of Geomagnetism and Aeronomy- que documentó estadísticamente la relación el sistema cardiovascular, la actividad cerebral humana y las denominadas “cajas de resonancia terrestre”: la Resonancia Schumann existente entre la Ionosfera y la superficie terrestre y la denominada Resonancia Alfvén que se halla en la Ionosfera.

EL OJO DE HORUS

En España uno de los investigadores pioneros en relacionar problemas de salud con las radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia fue José Luis Bardasano, biólogo, médico y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid). Y éste, en sus múltiples ponencias y artículos, ya plantea que el elemento clave que relaciona las radiaciones electromagnéticas humanas con las terrestres es la glándula pineal, fascinante órgano relegado durante mucho tiempo por la Medicina que hasta hace no mucho se resistió a admitir las complejas y trascendentales funciones que tiene para la vida.

Pues bien, Bardasano explica que la glándula pineal se comporta como un magnetorreceptor que genera alteraciones a nivel neurológico. Y cita la teoría neuronal de Ramón y Cajal quien ya planteó que las sinapsis o uniones de las células del cerebro no son sólo de carácter químico sino también eléctrico y, por tanto, sujetas a interacciones con las radiaciones electromagnéticas que podrían ser por ello causa de diversas afecciones.

La glándula pineal fue descrita por vez primera en el siglo III antes de Cristo por Herófilo de Calcedonia quien la relacionó con el flujo de pensamiento. Cinco siglos después Galeno hizo su descripción anatómica llamándola konarium por su semejanza con un piñón de donde derivó su nombre actual. Luego, durante el Renacimiento, Andrés Vesalio publicaría una descripción más precisa en su obra De humanis corporis fabrica. Y Descartes, en De homine (obra publicada en 1633), le asignó la función de percepción del entorno considerándola además la manifestación física del alma. Siendo eso lo que la puso en relación con conceptos espirituales de antiguas civilizaciones como la hindú -que la denominaba el Tercer Ojo– y la egipcia -cuyo Ojo de Horus es una representación sorprendentemente exacta del interior del encéfalo humano con la pineal en el centro (vea la ilustración adjunta).

Ya en el siglo XIX, al observarse la similitud de la glándula pineal humana con la de los demás mamíferos y otros vertebrados inferiores, se infirió que debía de tratarse de un órgano atrofiado y la Medicina no le reconoció función alguna. Actualmente se considera en cambio que su reducción no se debe a una involución sino que se trata de un proceso madurativo. Habiéndose empezado a conocer la enorme importancia de sus células funcionales, los pinealocitos, que son las que producen las enzimas necesarias para la síntesis de la melatonina (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Melatonina, una maravilla natural para tratar numerosas dolencias publicamos en el nº 83) y que además juegan su papel en el control del ciclo sueño-vigilia, en la producción de antioxidantes, en la apoptosis celular y en el control de los centros neuroendocrinos del hipotálamo armonizando el sistema vegetativo con el medio ambiente. Y lo que se conoce no es más que un esbozo de lo que se sospecha dadas las especiales características de este pequeñísimo pero importante órgano.

MEMORIA EMOCIONAL

David Klein, jefe del área de Neuroendocrinología del estadounidense Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NICHD por sus siglas en inglés), postula por ejemplo que las retinas primitivas tenían dos funciones: la captación de imágenes y la producción de melatonina. Aseverando que esta segunda función pasó a la glándula pineal en el curso de la evolución. De hecho la pineal tiene una estructura molecular semejante a la de un ojo en estado primitivo por lo que ese investigador piensa que originariamente pudimos tener tres ojos que habrían evolucionado de modo diferente: dos de ellos saliendo hacia el exterior y el tercero hundiéndose en el cráneo.

Otra hipótesis plantea la convicción de que la Dimetril-Triptamina (DMT) -como antes dijimos el más potente alucinógeno producido por la naturaleza- la sintetiza también la glándula pineal a partir del triptófano, aminoácido esencial para la vida presente en todos los seres vivos que se cree juega un papel fundamental en el sistema nervioso. De hecho hoy se cree que la DMT podría ser la responsable de las imágenes y visiones de los sueños además de contribuir a entrar en meditación profunda y constituir una especie de memoria emocional.

Por su parte, Xavier Serrano -psicólogo clínico y orgonoterapeuta-, partiendo de las últimas investigaciones de Wilhelm Reich, plantea que la glándula pineal sería “el puente entre lo neurovegetativo y lo bioenergético”; lo que explicaría que las personas psicóticas -que carecen de una coraza caracterial y por ello tienen un campo energético totalmente abierto- sean más sensibles a percepciones extrasensoriales “aunque debido a su incapacidad para la contención confunden lo de fuera con lo de dentro y de ahí su delirio”. Serrano asegura que seres humanos no condicionados por la represión y estructuras de carácter flexible -y por tanto campos energéticos más fluidos- “podrían tener una conciencia ampliada y llegar, entre otras muchas cosas, a una metacomunicación; incluso telepática”.

Otra línea de investigación relaciona los ritmos que regula la glándula pineal con la luz y el sonido, ambos constituidos por ondas y por ello influenciados tanto por las ondas de resonancia natural como por las ondas artificiales ELF que podrían por ello interferir en los procesos bioquímicos (producidos en el sistema endocrino) y eléctricos (producidos en el sistema nervioso). De ahí la importancia de la luz y el sonido en el mantenimiento de la salud o como base para técnicas terapéuticas como la Cromoterapia, la Musicoterapia, la Sonopuntura o la Sanación Vibracional.

En suma, el ritmo y la vibración de las ondas en diferentes espectros de duración e intensidad ponen en relación muchos de los fenómenos mencionados: los campos electromagnéticos de la tierra y su interacción con los de los seres vivos, las frecuencias de las ondas cerebrales humanas y los distintos estados que pueden favorecer si se modulan adecuadamente y, por último, la sorprendente capacidad que tienen ciertas vibraciones para comunicar mensajes, estados mentales y emocionales.

EL AGUA Y LAS EMOCIONES

Edward Bach constataría por su parte -en la década de los veinte del pasado siglo XX- que el agua puede almacenar la información de los campos magnéticos generados por flores y plantas con las que entra en contacto. Un planteamiento que años después retomaría el francés Jacques Benveniste llegando a la conclusión de que el agua permite en efecto almacenar información; postularía así lo que hoy conocemos como “memoria del agua”. Es más, afirmó que las moléculas de las sustancias vivas tienen un determinado espectro de frecuencias que pueden grabarse digitalmente con un ordenador para ser luego reproducidas o enviadas por la red a cualquier lugar del mundo. Pudiéndose así transmitir esa información de nuevo a otra agua distinta y lograr que ésta actúe como si la sustancia cuya frecuencia ha recibido se encontrara físicamente en ella (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título La memoria del agua publicamos en el nº 140).

Masaru Emoto descubriría por su parte -ya en la década de los noventa- que la estructura molecular del agua puede modificarse simplemente con imágenes, pensamientos, palabras y emociones (tiene en nuestra web –www.dsalud.com– amplia información al respecto en los artículos que con los títulos La estructura del agua cambia con el sonido, las emociones y los pensamientos y Masaru Emoto: “La enfermedad se supera cuando se recupera la armonía” publicamos en los números 52 y 78 respectivamente).

Emoto, a su vez, se había basado en los trabajos del químico y médico coreano Mu Shik Jhon, profesor de la Universidad de Seúl, quien publicaría los resultados de sus cuarenta años de investigación en un libro titulado El puzzle del agua en el que explica cómo el agua no sólo es esencial para la eliminación de desechos metabólicos y como catalizador de reacciones bioquímicas sino que constituye un excelente medio de trasmisión de energía debido a su capacidad para retenerla; en particular si se trata de agua estructurada hexagonalmente, es decir, formando estructuras de seis moléculas unidas en un anillo en forma de hexágono. ¿Por qué? Pues porque esa estructura favorece el almacenamiento de energía al ser más alto su calor específico que el del agua con estructura pentagonal. El agua hexagonal tiene pues mayor capacidad para expulsar desechos, absorber cambios de temperatura y proteger de las influencias energéticas negativas. Explicaría asimismo que el agua de manantiales y cascadas incorpora disueltos numerosos minerales que mantiene en forma iónica y que mientras los iones de calcio, sodio, zinc, hierro, plata y cobre fortalecen la estructura hexagonal los de potasio, cloro, flúor, aluminio y azufre la debilitan.

No olvidemos por otra parte que el mismísimo Luc Montagnier -Premio Nobel de Medicina- ha constatado científicamente la capacidad del agua para recibir, almacenar y actuar como transmisor de señales electromagnéticas procedentes del ADN de bacterias y virus reproduciendo sus efectos sin presencia física. Pudiendo extraerse dos ideas básicas de su nueva línea de investigación: la primera, que si el ADN de virus y bacterias es capaz de transmitir al agua su “huella electromagnética” lo lógico es que ocurra lo mismo con cualquier otra entidad viva; y la segunda, que si esa huella electromagnética puede transmitirse entre recipientes separados físicamente debe ser posible también mediante la emisión de radiofrecuencias actuar sobre el agua interna de cualquier ser vivo, incluidos los humanos; tanto positiva como negativamente. Discovery DSALUD dio a conocer todo ello de manera extensa en un artículo publicado en el nº 138 titulado Luc Montagnier: el ADN transmite electromagnéticamente información al agua que se complementaría dos números después -en el nº 140- con el artículo La memoria del agua (el lector puede leer ambos en nuestra web: www.dsalud.com).

AGUA DE CRISTAL LÍQUIDO

Debemos asimismo mencionar el extraordinario descubrimiento efectuado por la bioquímica y bióloga mexicana Esther del Río de que los seres humanos estamos hechos de agua, sí, pero de un agua muy especial compuesta de cristales líquidos en forma de clatratos que permiten que la luz –y, por ende, la energía- viaje a velocidades increíbles por nuestro organismo transmitiendo información. Siendo su pérdida una de las principales causas de enfermedad por lo que su restitución permite recuperar la salud.

Se explica de forma amplia en el artículo que con el título Por las venas corre ¡luz! apareció en el nº 85 de la revista (lo tiene el lector en nuestra web: www.dsalud.com) y en él la doctora Del Río cuenta que todo empezó al conocer los trabajos sobre la estructura del agua de Linus Pauling que ya en la década de los 50 del pasado siglo XX, utilizando un aparato de difracción de rayos X, formuló la teoría de que las moléculas de agua podían presentarse unidas formando un dodeicosaedro de caras hexagonales y pentagonales a las que llamó clatratos. Un clatrato (del latín clathratus que significa “rodeado o protegido por vallas o verjas“) es una sustancia en la que un componente cristaliza en una estructura muy abierta que contiene huecos o túneles en los que pueden estar atrapados los átomos o moléculas pequeñas de un segundo componente. Pauling apuntó que cada clatrato está formado por 32 caras externas y una pirámide de 4 triángulos equiláteros sobre la base de un cuadrado. En total pues 37 (que guardan las 37 moléculas de agua). También observó que eran inestables -se forman y se destruyen a la 10-11 s. (10 a la menos 11 segundos) pasando por un intervalo en donde las 32 caras forman 4 octaedros para volverse a agrupar inmediatamente en clatratos. Pues bien, según Esther Del Río “el agua de nuestros tejidos es en su mayor parte cristal líquido en forma de clatrato (H2O)37; es decir, un estado intermedio de la materia (mesomórfico), estable y que por ser cristal líquido conserva las propiedades de los líquidos más las propiedades de los cristales ópticos. Y lo más importante: es capaz de almacenar datos, de tener memoria”. En otras palabras, como los cristales líquidos mantienen todas las propiedades de movimiento de los líquidos y las propiedades ópticas de los cristales sólidos sirven como unidades de almacenamiento de memoria y responden a diferentes longitudes de onda vibratoria. Todo lo cual les permite codificar y recodificar información en millonésimas de segundo. De hecho las propiedades de los cristales líquidos han sido la base de los inventos más importantes del siglo XX y parte del XXI pues gracias a sus propiedades el desarrollo de la informática actual nos ha llevado a los ordenadores, los láser, las pantallas de plasma, los móviles, los satélites artificiales, las naves espaciales, los telescopios, los microscopios electrónicos y toda la informática capaz de registrar, guardar, ordenar datos, codificar programas, etc. Pues bien, según Esther Del Río gran parte del agua de nuestro interior es agua de cristal líquido y de ahí que a su juicio seamos “el mejor ordenador del mundo” pues todas nuestras células se comunican a través de ese singular líquido. Lo malo es que eso también nos hace hipersensibles a las radiaciones electromagnéticas.

MÁQUINA DE SUEÑOS

Es muy posible por otra parte que la luz sea uno de los más antiguos elementos curativos utilizados por la humanidad. Aún se debate si la terapia cromo-espectral fue creación de los helenos o de los egipcios pero poco importa pues probablemente se trate de uno de esos descubrimientos ancestrales que se producen simultáneamente en diferentes lugares y cuya antigüedad se pierde en el registro de la historia. Lo que sí se sabe con certeza es que Pitágoras practicaba alguna clase de terapia con colores y que Aristóteles fue el primero en asegurar que la luz se propaga en forma de ondas. Y desde entonces la investigación de la luz no ha cesado. Destacando Isaac Newton y su descubrimiento -hacia 1672- de la descomposición en colores de la luz al atravesar un prisma o la poco conocida Teoría de los colores publicada en 1810 por Goethe. A partir de ahí comienza un período fructífero en el que los médicos se implican en la utilización de la luz y los colores para tratar dolencias como la parálisis o la tuberculosis. En 1876 Augustus Pleasanton publicaría el libro Luces del sol y azules explicando los efectos beneficiosos de la luz azul en el sistema nervioso y endocrino así como en los órganos secretores. Dos años después aparecería la obra Los principios de la luz y el color donde el estadounidense Edwin Babbitt construye una auténtica enciclopedia de experiencias curativas a base de colores. E importantes avances serían el sistema cromo-espectral desarrollado por el médico italiano Dinshah Ghadiali y el descubrimiento durante los años veinte y treinta del pasado siglo XX de que tanto el sistema nervioso autónomo como el endocrino están ligados al cerebro a través de los ojos realizado por el Dr. Harry Riley Spitler, considerado el “padre de la Sintónica”, disciplina que trata el equilibrio fisiológico del sistema nervioso.

Sin embargo todos estos prometedores avances quedarían eclipsados cuando Gerhard Domagk -un bacteriólogo alemán del grupo IG Farben– descubrió una sulfonamida por la que recibiría el Premio Nobel en 1947. Un descubrimiento que contribuyó de forma sustancial a que las corrientes dominantes de la medicina se alistaran en la guerra farmacológica contra los microbios en lugar de explorar los caminos holísticos que abrían los descubrimientos de Spitler y sus colegas.

A pesar de lo cual -de forma casi clandestina- las investigaciones sobre la luz y el color continuarían y al comenzar la década de los noventa del pasado siglo XX se puso ésta en relación con la melatonina y la glándula pineal abriendo así las posibilidades para desarrollar estrategias terapéuticas que abarcaran la compleja gama de funciones de la pineal. Y entre ellas se encuentran las versiones sofisticadas de la Maquina de Sueños que Brion Gysin propuso a comienzos de la década de los sesenta. Hablamos de un cilindro con aberturas y una bombilla en su interior montado sobre una plataforma que al girar hacía que la luz pudiera salir con una frecuencia constante situada en el rango de las ondas alfa. Es decir, una vez más las ondas de la Resonancia Schumann. El artefacto producía una forma de estimulación fótica que altera la conciencia y que se piensa pudo tener origen al observar lo que ocurre cuando alguien que atraviesa una selva recibe los rayos del sol cortados por los árboles. Cabe añadir que estas máquinas se han desarrollado en los últimos años hasta conseguir que, en las condiciones adecuadas, se pueda provocar una descarga endógena de dimetiltriptamina (DMT).

HASTA LAS PALABRAS PUEDEN MODIFICAR EL ADN

Cabe añadir que un grupo de investigadores rusos integrado por científicos de diversas especialidades -entre ellos genetistas y lingüistas- dirigido por el biólogo Peter P. Gariaev llegó asimismo a la conclusión de que el ADN puede ser modificado mediante sonidos y frecuencias y, por tanto, ¡por las palabras! De hecho lingüistas rusos descubrieron que el código genético -especialmente en la parte menos estudiada hasta ahora- sigue las mismas reglas de todas las lenguas. Con lo que el poder de la palabra sobre la salud -sostenido durante milenios por diversas corrientes de pensamiento- quedaría así confirmado. En él se explica -entre otras muchas cosas- que nuestro ADN es como un bioordenador capaz de recoger y transmitir información de su entorno a través de ondas a partir de las cuales pueden modificarse los patrones de comportamiento de las células. Según el equipo de Gariaev la evolución ha creado en los organismos vivos “textos genéticos” articulados de acuerdo a patrones semejantes al conjunto de normas y reglas subyacentes en todas las lenguas humanas en los que los nucleótidos del ADN juegan el papel de caracteres. Y a partir de esos “textos genéticos” se van conformando los distintos procesos orgánicos. Siendo pues el ser humano, en definitiva, un “bello discurso” de la Naturaleza.

Aunque lo más destacable respecto a lo que en esta ocasión nos ocupa es que Gariaev asegura que los cromosomas de los organismos multicelulares actúan como antenas de recepción y transmisión de “textos genéticos”, los descifra, los codifica y los reenvía. Y aun más, constituyen -en forma replegada- una puerta holográfica (capaz de reproducir la imagen de todo el organismo en cada una de su partes) abierta al espacio y al tiempo. De hecho Peter Gariaev ha conseguido reparar cromosomas dañados por rayos X mediante la emisión de patrones de frecuencia. Es más, llegó a capturar patrones de información de un ADN y lo implantó en otro reprogramando así las células de éste. Y aún más: consiguió transformar embriones de rana en embriones de salamandra simplemente transmitiendo nuevos patrones de información del ADN mediante frecuencias; es decir, sin manipularlo físicamente (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título ¡Las palabras pueden modificar el ADN! publicamos en el nº 67).

FRECUENCIAS PROHIBIDAS

Lo singular es que todo apunta a que existen diversas formas de reparar o estimular adecuadamente las funciones de la glándula pineal y contrarrestar la influencia negativa de los campos ELF así como las posibles alteraciones de la Resonancia Schumann. Destacando entre ellas la utilización de ciertas frecuencias conocidas desde tiempo inmemorial que han sido ocultadas -cuando no prohibidas- por quienes ven en ellas un medio de liberación emocional y espiritual y, en consecuencia, un peligro para su avidez de poder y dominio. Algunas de las cuales se trasmitieron durante la Edad Media a través de cantos gregorianos. Es el caso -entre otros- del solfeo del Himno de San Juan en el que cada verso comienza con la sílaba que posteriormente -con alguna modificación- dio nombre a la nota correspondiente de la escala musical occidental (vea el recuadro adjunto).

Pues bien, terminamos indicando que esas frecuencias fueron redescubiertas y difundidas en el libro Healing Codes for the Biological Apocalypse de Leonard Horowitz, Joseph Barber y Joseph Puleo quienes plantearon una serie de aplicaciones asignadas a cada una: UT como frecuencia para liberar el miedo y la culpabilidad, RE para deshacer las situaciones y facilitar el cambio, MI para la transformación y los milagros, FA para la conexión y las relaciones, SOL para despertar la intuición y LA para volver al orden espiritual.

Cabe añadir que según el Dr. Lee Lorenzen, bioquímico que trabaja con métodos de cristalización del agua, la frecuencia de 528 hercios permite reparar el ADN celular dañado y/o retrasar el envejecimiento. Asegurando que permite reestructurar tanto las moléculas del agua potable -antes de beberla o cocinar con ella- como el agua de nuestro organismo. Claro que ya existen hasta diapasones afinados tomando como base esas frecuencias que permiten afinar instrumentos e interpretar música que recupere en parte el sentido que la misma tuvo sin duda en las civilizaciones antiguas y que no se dirigía únicamente a los oídos sino a una conexión global mediante vibraciones que potenciaban el equilibrio, la creatividad, la tranquilidad y la introspección, capacidades intuitivas y obviamente estados globales de salud.

Jesús García Blanca
Recuadro:


Bibliografía y referencias

Enlaces para consultar bibliografía y referencias científicas:

http://fundacion-eticotaku.org/2011/01/15/las-resonancias-schumann-y-la-salud-humana/

www.hese-project.org/hese-uk/en/niemr/50_yrs_schumann.pdf

www.wiley.com/bw/submit.asp?ref=0742-3098

Libros, artículos y tesis doctorales dirigidas por José Luis Bardasano:

http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1667122

Libros:

Mu Shik Jhon. El puzzle del agua.

http://tienda-ecohabitar.org/index.php?route=product/product&product_id=3814

www.waterpuzzle.com/

Masaru Emoto. Mensajes del agua

http://gestionsostenibledelagua.files.wordpress.com/2012/07/mensajes_de_agua.pdf

Ben Lonetree. Seven Subtle Vibrations

http://sedonanomalies.com/Schumann.htm

Rick Strassman. DMT: Spirit Molecule

www.organiclab.narod.ru/books/DMT-The-spirit-molecule.pdf

Terence McKennaEl manjar de los dioses.

http://es.scribd.com/doc/47516615/El-manjar-de-los-dioses-Terence-McKenna

Más información en:

-Resonancia Schumann: www.hese-project.org/hese-uk/en/papers/schlegel_schumann.pdf

-Geomagnetismo: www.geomag.us/

-Ondas cerebrales: www.scholarpedia.org/article/Neural_fields

-Glándula pineal: http://en.wikipedia.org/wiki/Pineal_gland

-Glándula pineal en el Antiguo Egipto: www.egyptmysteries.org

-Magnetoterapia: www.magnetotherapy.de

-DMT: /www.mind-surf.net/drogas/dmt.htm

-El efecto fantasma del ADN: http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2011/06/01/el-efecto-fantasma-del-adn

-Agua de cristal líquido: www.aguacristalliquido.mex.tl/13944_Dra–Esther-del-Rio-Serrano.html

-Máquina de sueños: http://briongysin.com/

-Sonopuntura: www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/rehabilitacion-fis/sonopuntura.pdf

-Las frecuencias prohibidas: http://musicosporlaconsciencia.wordpress.com/category/solfeggio

 

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156
Enero 2013
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