La mayoría de los fármacos no caduca ¡en décadas!

Ante la gravedad de la crisis económica que vive Europa muchos gobiernos han optado por reducir la disparatada cantidad de dinero que los estados occidentales gastan en fármacos dejando simplemente de financiar algunos en lugar de dejar de hacerlo con la mayoría a pesar de que se sabe que muchos son no sólo inútiles sino peligrosos. Lo que sin embargo nadie ha planteado es acabar de una vez con la estafa que supone su “fecha de caducidad” y que sí supondría un gigantesco ahorro para los ciudadanos y los estados ya que la mayoría de los fármacos no caduca ¡en décadas! La “fecha de caducidad” es pues a menudo una mera estrategia comercial diseñada para que la gente compre una y otra vez los mismos fármacos alegando que pasado cierto tiempo no funcionan o son más peligrosos cuando en la mayoría de los casos eso es falso.

¿Cuántas veces ha mirado el lector antes de consumir un medicamento su fecha de caducidad y, tras comprobar que ha caducado se ha deshecho de él para a continuación comprar otro en la farmacia o ir a la consulta del médico a por una nueva receta? Seguro que más de una vez pensando ante todo en la seguridad porque siempre se nos ha dicho que usar un medicamento caducado no sólo es ineficaz sino potencialmente peligroso. Sin embargo no hay estudios serios e independientes que avalen tales afirmaciones. De hecho todo indica que la mayoría de los fármacos no caduca ¡en décadas! Y eso no es de recibo, especialmente ante una crisis económica como la actual en la que los gobiernos buscan a toda costa ahorrar y una de las mayores partidas de gasto es la de medicamentos; especialmente en España porque somos ¡el segundo país del mundo en consumo de fármacos!

¿Cuál es pues la realidad? Analicémosla pero antes dejemos algo claro: cuando en este artículo se hace referencia a la vida útil de un medicamento deberá sobreentenderse que hablamos siempre de aquellos conservados en condiciones adecuadas de temperatura y humedad (aunque incluso en estos casos hay excepciones). Algo que la OMS define así: “Los medicamentos deben almacenarse normalmente en locales secos y bien ventilados a temperaturas de 15º a 25° C o, en determinadas condiciones climáticas, hasta de 30º C. No debiendo haber ni olores raros, ni indicio alguno de contaminación, ni luz intensa”.

John Sandford-Smith -oftalmólogo y consultor emérito- escribió ya en el año 2003 en el British Medical Journal un esclarecedor artículo titulado Los fármacos obsoletos pueden ser útiles en el que simplemente narraba su experiencia en Nepal explicando: “A menudo, en los países en desarrollo, la alternativa al medicamento caducado es ningún medicamento. Así que cuando tuvimos que hacer más intervenciones quirúrgicas de las previstas utilizamos lidocaína que llevaba al menos 10 años caducada pero seguía en la farmacia de un hospital del centro del país sin pérdida aparente de efecto. Constatamos que hasta fármacos biológicamente activos como la hialuronidasa liofilizada parecen retener su potencia incluso años después de la fecha de caducidad (…) Los medicamentos, como los viejos soldados, se desvanecen por lo general muy, muy lentamente. Sería pues mucho mejor para todos que los medicamentos fueran etiquetados con algo así como ‘después de tal fecha no se puede ya garantizar que este fármaco sea 100% eficaz, sobre todo si ha sido almacenado en ambientes cálidos o con mucha luz’”.

Un año después Francisco Debesa, Rogelio Fernández y Julián Pérez -miembros del Centro para el Desarrollo de la Farmacoepidemiología de La Habana (Cuba)- publicarían en la Revista Cubana de Farmacología un artículo titulado La caducidad de los medicamentos: justificación de una duda en el que sus autores afirmaban: “Incluso 10 años después de la fecha de caducidad la mayor parte de los medicamentos tienen todavía mucha de su potencia. Es por eso que la sabiduría indica que si su vida depende del medicamento y debe recibir el 100% de la dosis es mejor que la tire y compre un frasco nuevo pero si su vida no depende de un medicamento caducado se puede aconsejar la toma del medicamento y ver qué pasa”. Añadiendo: “Un manejo ético ante una partida de medicamentos vencidos sería reevaluar su potencia y toxicidad y, si se mantiene dentro de las especificaciones, darle el uso para beneficio de los pacientes. Esto siempre que el gasto originado en la reevaluación sea mucho menor que la pérdida que significaría destruir los medicamentos”.

Obviamente no son los únicos que han puesto el dedo en la llaga. Son muchos los investigadores que llevan años preguntando por qué productos químicos purificados caducan a los 2, 3 o 4 años de ser envasados cuando muchos están en excipientes especialmente diseñados para su conservación durante largo tiempo; algunos en comprimidos y cápsulas con cubiertas entéricas a fin de que no liberen su contenido hasta llegar al estómago. Además muchos se comercializan envasados en blíster, en frascos de vidrio topacio que no dejan pasar la luz del sol, en sobres unidosis con estucados de papel y aluminio…

Entonces, ¿qué significa en realidad la “fecha de caducidad” de un medicamento? Pues contrariamente a lo que se cree no significa que dejará de ser eficaz o peligroso traspasada esa fecha. Sólo indica hasta cuándo el fabricante, de acuerdo con la agencia reguladora, garantiza la máxima eficacia.

LAS NORMAS DE DATACIÓN DEBEN SER MODIFICADAS

Afortunadamente un grupo de investigadores encabezado por el doctor Lee Cantrell -de la Facultad de Farmacia de la Universidad de California (EEUU) y miembro en la División de San Diego del Sistema de Control de Tóxicos de ese mismo estado- acaba de publicar un trabajo que va a relanzar el debate sobre las fechas de caducidad. Titulado Stability of Active Ingredients in Long-Expired Prescription Medications (Estabilidad de principios activos en medicamentos con receta caducados hace tiempo) y publicado on line en octubre de 2012 en Archives of Internal Medicine afirma en su síntesis: “Los medicamentos caducados no pierden necesariamente potencia. Su fecha de caducidad es sólo una garantía de que la potencia declarada durará al menos hasta el momento señalado por el fabricante. Puede pues valorarse el uso de medicamentos caducados en las ocasiones en que no hay otras alternativas viables o haya problemas financieros. Los estudios en curso demuestran que muchos medicamentos mantienen su potencia años después de sus fechas de caducidad” (el subrayado y la negrita son nuestros).

En declaraciones posteriores al canal de televisión CNN Salud Leo Cantrel declararía: “Las fechas de caducidad de los fármacos son un tanto arbitrarias y ello implica que los consumidores y las farmacias están tirando medicinas en perfecto estado. Lo que tiene importantes implicaciones en los casos de escasez de medicamentos y, sobre todo, en lo que se refiere al coste de la atención sanitaria”.

Para el estudio que comentamos los investigadores usaron ocho medicamentos caducados –Somnafac, Fiorinal con codeina nº 1, Codempiral nº 3, Bamadex, Obocell, Nebralin, Seconal, y Hicomine– que fueron descubiertos en una farmacia de venta al por menor en sus envases originales sin abrir y decidieron estudiar los 15 ingredientes activos diferentes de los que estaban compuestos. Todos los fármacos habían expirado ¡entre 28 y 40 años antes! de la prueba y habían sido conservados en condiciones aparentemente normales, nada sofisticadas, sobre todo teniendo en cuenta la fecha de su puesta a la venta, muy anterior siquiera al comienzo de las normas reguladoras sobre caducidad. Después analizaron tres comprimidos o cápsulas de cada medicamento y cada muestra se probó 3 veces para cada uno de sus ingredientes activos. El único ingrediente que no pudieron testar por falta de un estándar analítico fue la homatropina. Y el resultado fue concluyente: “Doce de los catorce ingredientes probados -el 86%- estaban presentes en concentraciones de al menos el 90% de las cantidades registradas en la información del medicamento, lo que generalmente se reconoce como potencia mínima aceptable”. Tres de ellos incluso mostraron inesperadamente presencias superiores al 110% de las cantidades marcadas. Luego teniendo en cuenta que la FDA permite una “variación razonable” -de ahí que la mayoría de los medicamentos que se comercializan en Estados Unidos contengan entre el 90% y el 110% de la cantidad de ingrediente activo señalado en la información del prospecto- los doce ingredientes seguían siendo válidos para su utilización.

Al valorar globalmente los datos –explican los autores del estudio- comprobamos que 12 de los 14 ingredientes retuvieron su potencia íntegra al menos 336 meses (28 años), 8 de ellos 480 meses (40 años). Dada la imposibilidad de confirmar que las condiciones de almacenamiento fueran las ideales estos resultados apoyan que se extienda de forma amplia la fecha de caducidad de muchos fármacos”.

Los propios investigadores reconocen en su artículo que la implicación más importante de su trabajo tiene que ver con el posible ahorro de costes que podría derivarse de la ampliación de las fechas de caducidad de los medicamentos. “Dado que los estadounidenses –señalan en las Conclusiones de su trabajo- se gastan hoy más de 300.000 millones de dólares anuales en medicamentos recetados extender las fechas de caducidad conllevaría un enorme ahorro en gastos de atención. En conclusión, este estudio proporciona evidencia adicional de que muchos productos farmacéuticos recetados conservan su potencia completa durante décadas, mucho más allá de las fechas de caducidad establecidas por los fabricantes. Luego dados los ahorros potenciales sugerimos que las prácticas actuales para fechar la caducidad de los medicamentos sean reconsideradas”. En pocas palabras: se ha acabado el debate. Ya no se trata de especulaciones. Todo indica que la inmensa mayoría de los fármacos no caducan en décadas. Así que el Ministerio de Sanidad y Consumo español tiene ahora la oportunidad de reducir en España los costes sanitarios de manera enorme y sin perjudicar a los profesionales de la salud y a la población. Y si no lo hace de inmediato habrá que exigirle que explique las razones.

Obviamente es de esperar que no falten las críticas al citado estudio. Sus propios autores, admiten que haber analizado fármacos tan antiguos puede generar algunas dudas. Los expertos consultados por nosotros, sin embargo, piensan justo todo lo contrario: el hecho de que se trate de fármacos tan antiguos y se hayan conservado tan bien en condiciones de almacenamiento no especiales demuestra que el estudio es aún más concluyente. A fin de cuentas la fabricación y las posibilidades de conservación de los medicamentos han mejorado mucho en las últimas décadas. Luego todo indica que su vida útil debe ser aún mucho más larga. Es más, si los fármacos analizados estaban en perfectas condiciones 40 años después de su fabricación y envasado, ¿qué hace pensar que no fueran a estar en idénticas condiciones a los 100 años e, incluso, dentro de unos siglos?

EL PROGRAMA DE EXTENSIÓN DE VIDA ÚTIL

De hecho -aunque no sea de dominio público- las Fuerzas Armadas norteamericanas gozan oficialmente desde hace tiempo del derecho a utilizar muchos medicamentos -salvo algunas excepciones- más allá de las fechas de caducidad. Resulta que a mediados de la década de los 80 del pasado siglo XX los gestores de los depósitos de medicamentos de la Fuerza Aérea estadounidense -que almacena cantidades ingentes de fármacos para atender a su personal así como en previsión de situaciones de emergencia, tanto civiles como bélicas- se plantearon seriamente el alto coste que representaba tener que renovar constantemente los fármacos caducados. Y es que en aquel entonces tenían almacenados ya medicamentos por valor de ¡mil millones de dólares! Así que decidieron entrar en conversaciones con la FDA para saber si la fecha de caducidad era real y acordaron con ésta realizar una prueba con más de 100 fármacos. Se demostraría así que el 90% continuaba siendo igual de seguro y eficaz mucho después de su fecha de caducidad (uno de ellos la había sobrepasado 15 años).

Los resultados obtenidos llevarían a la formalización en 1986 del programa Shelf Life Extension Program (SLEP) o Programa de extensión de vida útil, iniciativa federal tomada para alargar la fecha de caducidad de los fármacos y reducir así los costes de reposición de las reservas federales de medicamentos considerados críticos; encargándose la FDA de asegurar que se guardasen de forma estable y con estrictas medidas de control ambiental. El programa, administrado conjuntamente por la FDA y el Departamento de Defensa, incluye en la actualidad al Departamento de Defensa, la Reserva Estratégica Nacional, la Oficina Federal de Prisiones, el Servicio Postal y el Departamento de Asuntos de Veteranos. En pocas palabras, el programa SLEP -que se desarrolla desde hace 26 años- demuestra de forma incuestionable que la fecha de caducidad de los fármacos no es real y que en la gran mayoría de los casos pueden consumirse porque la potencia de sus principios activos permanece intacta (otra cosa es que sean eficaces para las patologías que se recetan, estén o no “caducados” los fármacos) Lo que lleva a una pregunta inevitable: y siendo esto así, ¿por qué no se ha informado de ello al público y a las demás instituciones oficiales? ¿Por qué no se ha minimizado el coste de las clínicas y hospitales de todo el país… y del resto del mundo? De lo que no cabe duda es que la gran beneficiada de ese silencio es la industria farmacéutica.

En el trabajo Maximizing State and Local Medical Countermeasure Stockpile Investments Through the Shelf-Life Extension Program (Maximización de las inversiones estatales y locales en el almacenamiento de medicamentos para contramedidas a través del Programa de Extensión de Vida Útil) publicado en Biosecurity and Bioterrorism sus autores –Brooke Courtney, Joshua Easton, Thomas V. Inglesby y Christine SooHoo- analizan el alcance del programa SLEP. “En la actualidad –señalan- sólo las reservas federales son elegibles para el SLEP; las contramedidas de reserva estatales y locales no están autorizadas para participar y no existe un programa similar para ellas. Por tanto los antivíricos y antibióticos almacenados a nivel estatal y local deben desecharse cuando llega su fecha de caducidad a pesar de que las agencias federales que participan en el SLEP reciben extensiones de vida útil para esos mismos medicamentos y se utilizaron a menudo fondos o subsidios federales para la compra de tales reservas. Dada la falta de alternativas prácticas -incluida la rotación de productos- las administraciones estatales y locales que almacenan existencias seguirán teniendo sólo reservas de medicamentos no caducados. Con el impacto significativo que ello supone ya que dará lugar a una carga adicional e innecesaria para el contribuyente al tener que reemplazarse periódicamente las existencias cada pocos años”.

En otras palabras: en Estados Unidos se sabe que muchos medicamentos no caducan pero se obliga a reemplazar todos los arsenales públicos de fármacos al llegar la fecha de caducidad… salvo en el caso de las Fuerzas Armadas. Y no parece lógico que si la FDA y el Gobierno estadounidense están al servicio de los ciudadanos y no de la industria no se haya hecho extensivo todavía el programa SLEP a los organismos civiles.

A fin de cuentas el proceso que permite a las Fuerzas Armadas usar productos caducados -lo que eufemísticamente llama la FDA “ampliar su vida útil”– es muy simple. Lo que ésta hace para “determinar si las fechas de caducidad de los productos incluidos en el SLEP pueden ampliar su vida útil” es solicitar muestras de los lotes almacenados, evaluar su estabilidad y calidad -según el procedimiento descrito en el New Drug Applications– y constatar que al menos el 95% del producto está químicamente intacto. Y cuando se comprueba que es así el lote al que pertenece simplemente se reetiqueta con un nuevo número y se le pone una nueva fecha de caducidad. Prueba que a partir de ese momento se hará anualmente o cada dos años -en función del producto- de forma indefinida hasta que un día el resultado sea negativo o las existencias del producto se acaben. Luego solo deben almacenarse en las condiciones y temperatura recomendadas por el fabricante.

Cabe añadir que el programa SLEP abarca todo tipo de medicamentos salvo los elaborados con sustancias biológicas -como las vacunas-, los calificados como inestables por los propios laboratorios y los que no se hubieran almacenado en las condiciones de temperatura recomendadas por el fabricante además de aquellos productos existencias almacenadas tuvieran un valor inferior a 10.000 dólares porque el gasto no compensa.

UN SECRETO BIEN GUARDADO

El público estadounidense no se enteró de la existencia del programa SLEP hasta la aparición en el 2000 de un artículo de Laurie P. Cohen publicado en el Wall Street Journal titulado Many Medicines Are Potent Years Past Expiration Dates (Muchos medicamentos siguen siendo eficaces años después de su fecha de caducidad en el que se recogían testimonios muy esclarecedores. Por ejemplo el de Francis Flaberty, exdirector del programa de pruebas de la FDA: “Los fabricantes de fármacos ponen las fechas de caducidad por razones comerciales, no por razones científicas –denunciaba Flaherty en el artículo-. No les resulta rentable que haya productos en las estanterías durante 10 años”. O el de Joel Davis, exfuncionario de la FDA encargado precisamente de las fechas de caducidad, que reconocería que salvo excepciones puntuales -como la nitroglicerina, la insulina y algunos antibióticos líquidos- la mayoría de los fármacos dura mucho más. “La mayoría de los medicamentos se degrada muy lentamente –afirmaría-. Puede usted tomar los fármacos que tiene en casa aunque lleven en ella muchos años, sobre todo si los conserva en el refrigerador”.

Laurie Cohen pone en su artículo el ejemplo de la aspirina: “Bayer considera que la aspirina es útil durante dos o tres años y que después se debe desechar pero el propio Chris Allen, vicepresidente de la unidad de Bayer que fabrica la aspirina, reconoce que se trata de una cifra ‘muy conservadora’ porque cuando la han puesto a prueba cuatro años después seguía siendo eficaz al 100%”.

Entre otros ejemplos Cohen cita el caso de unos fármacos que según su fabricante deben conservarse “a temperatura ambiente” y estuvieron dos años en un almacén de Omán a una temperatura media de 57 grados centígrados que luego, probados en el seno del programa SLEP, se constató que mantenían su potencia y estabilidad.

BENEFICIOS DEL PROGRAMA SLEP

De los 56 productos enviados a la FDA en 1985 para ser evaluados con motivo del programa SLEP el 80% vio extendida su fecha de caducidad; y de ellos el 84% al menos 3 años. Muchos años después -en 2006- un amplio estudio sobre ese programa que se publicaría en Journal of Pharmaceutical Science con el título Tability profiles of drug products extended beyond labeled expiration dates desvelaría que en el 88% de los lotes examinados se había ampliado la fecha de caducidad al menos un año. Siendo en todo caso la ampliación media de 66 meses (cuatro años y medio). “Los datos SLEP apoyan la afirmación de que si muchos medicamentos se almacenan correctamente pueden ampliar su vida útil más allá de la fecha de caducidad –se dice en las Conclusiones pero dada la variabilidad entre lote y lote de la estabilidad y calidad de los productos farmacéuticos eso sólo puede asegurarse mediante el control periódico y la evaluación sistemática de cada lote”. Sirva como ejemplo de lo dicho el caso de la ciprofloxacina, antibiótico fabricado para hacer frente a un posible ataque con ántrax. Resulta que su vida útil según el fabricante es de 3 años pero evaluado a través del SLEP se alargó la vida útil del fármaco otros 10 años más.

Lógicamente la extensión de la vida útil de los fármacos implica un ahorro considerable. Según el artículo antes citado y publicado en Biosecurity and Bioterrorism por cada dólar gastado en 2005 en las pruebas de SLEP (tests, envíos, reetiquetados, etc.) las Fuerzas Armadas estadounidenses consiguieron ahorrar 94. Evidentemente las cifras varían en el tiempo pero los beneficios son constantes: en 1997 el Departamento de Defensa estadounidense se gastó 172.000 dólares en pruebas SLEP pero se ahorró gracias a ello 23 millones y en 1998 se gastó 260.000 dólares y se ahorró 40 millones.

Un análisis efectuado en 2005 por el Sistema Nacional de Salud reconocería por su parte que por cada dólar gastado en el SLEP la Reserva Estratégica Nacional se había ahorrado 22. Calculando que en los años 2008, 2009 y 2010 ese ahorro pasaría a ser de 28 dólares por dólar gastado en el SLEP.

LAS MULTINACIONALES 

La industria farmacéutica no ha negado nunca los resultados del llamado Programa de Extensión de Vida Útil. No puede hacerlo ya que lo lleva a cabo la propia FDA. Pero sí niega que la fecha de caducidad de los fármacos sea una mera herramienta de marketing destinada a conseguir mayores ingresos.

La cuestión, argumentan, es que las fechas de caducidad no dependen sólo de los laboratorios sino de las agencias reguladoras… con las que como bien se sabe mantienen una estrecha relación. Según el Departamento Técnico de Farmaindustria -la patronal del sector en España- la caducidad de los medicamentos se establece de acuerdo con “la evaluación de los estudios de estabilidad que presenta un laboratorio en el momento de la solicitud a registro del medicamento”. Estudios que están determinados por las características específicas de cada medicamento siendo importantes aspectos como el contenido de sustancia activa, la presencia de productos de degradación de los principios activos, la fotoestabilidad, la exigencia de esterilidad, los materiales que están en contacto con el medicamento, la necesidad de refrigeración o la zona climática de destino -entre otros- y “deben presentarse a la agencia evaluadora para su aceptación antes de poder indicar en el envase la caducidad y condiciones de conservación propuestas”.

En España –nos diría Daniel Gil, miembro del Departamento de Comunicación de Farmaindustriala entidad responsable de esta evaluación es la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Y puede ocurrir que, tras la evaluación, se limiten los periodos iniciales de validez propuestos por los laboratorios y se establezcan caducidades más cortas. Por otra parte, las agencias de evaluación de medicamentos -la española y la europea- no aceptan periodos de validez superiores a 5 años lo que significa que unilateralmente los laboratorios no pueden ni fijar ni modificar la caducidad de los medicamentos”. Y ante nuestra pregunta de si hay alguna razón que impida a la Administración solicitar nuevas pruebas para ampliar la vida útil de determinados medicamentos almacenados su respuesta fue ésta: “Esa duda deberá resolvérsela la propia Administración. En concreto, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios”. Dicho y hecho: trasladamos esa respuesta a la agencia y uno de sus portavoces nos confirmó que no hay ningún impedimento. “No hay inconveniente –nos contestaron- en que se realicen estudios de estabilidad sobre materia prima o productos terminados y con ello ampliar el periodo de caducidad. Las condiciones son aquellas que permiten demostrar, en lotes de producción industrial, que no se ha producido una degradación del producto que lo sitúe fuera de especificaciones”. Entre otras cosas, añadiremos nosotros, porque ya está previsto hacerlo en casos excepcionales. “No es habitual conceder caducidades por encima de 5 años –añaden en todo caso- salvo en casos excepcionales. Generalmente las compañías ajustan su producción a periodos de tiempo más bajos por lo que no es necesario ir más allá salvo en casos excepcionales en los que por cualquier razón haya habido una sobreproducción de un determinado producto en una circunstancia excepcional y que éste no haya sido consumido dentro de su periodo de caducidad”.

En otras palabras, la decisión al respecto depende de la voluntad del Gobierno y de sus autoridades sanitarias. Éstas tienen potestad para someter medicamentos almacenados en condiciones adecuadas a nuevos estudios una vez alcanzada la fecha de caducidad y decidir si procede alargar su vida útil.  Y no vale alegar que si los antiguos medicamentos están mucho tiempo en el mercado los “nuevos” llegarán a él más lentamente… obviando que en las últimas décadas los “nuevos” suelen introducir a menudo “mejoras” -si es que lo hacen porque es algo muy discutido- muy poco significativas respecto los “antiguos”. Ni tampoco que las informaciones más actuales sobre las propiedades, interacciones, contraindicaciones y efectos secundarios de los fármacos que se vayan conociendo mientras están en el mercado se actualizan más fácilmente si se adquiere el producto cada cierto tiempo cuando la verdad es que en esos casos ¡bastaría con  actualizar los prospectos y ponerlos a disposición de los pacientes en Internet y en las farmacias! Asimismo carecen de valor las alegaciones que afirman que los medicamentos pueden estar mal almacenados y ello ser perjudicial pero también puede deteriorarse un medicamento mal almacenado antes de que caduque.

En suma, quizás no todos los fármacos mantengan sus propiedades durante décadas pero todo indica que la mayoría sí. Téngase además muy en cuenta que el programa SLEP se puso en marcha para ampliar la fecha de caducidad de los fármacos que demostraran una eficacia una vez caducados de al menos ¡un 95%! Luego si en lugar de ese nivel se midiese una eficacia del 80% -quizás sería más que suficiente, sobre todo en patologías no severas o en condiciones no críticas- es muy probable que casi ninguno caducase en décadas. Algo que sería muy fácil de comprobar si hubiese voluntad de hacerlo… lo que no es el caso. Ni las grandes multinacionales que los fabrican ni los gobiernos e instituciones que los pagan  van a consentirlo.

Por eso incluso quienes han efectuado las investigaciones ya hechas sobre la caducidad real de los fármacos se limitan a pedir que lo aceptado para las Fuerzas Armadas estadounidenses se amplíe a todo el ámbito civil y de ahí que manifiesten en las Conclusiones del estudio antes citado que “se trata de un asunto de importancia nacional ya que los gobiernos estatales y locales afrontan vencimientos inminentes de sus depósitos y deben hacer frente a importantes desafíos presupuestarios que hacen imposible reemplazar todos los medicamentos que caducan (…)”. Petición de sentido común extrapolable a Europa, especialmente en estos momentos de crisis.

En definitiva, ha llegado el momento de exigir a nuestros gobernantes que constaten rápida y eficazmente si los fármacos caducan realmente cuando indican las fechas de caducidad o su vida útil es en realidad mucho mayor. El ahorro económico sería enorme para el sistema sanitario y las pruebas que se necesitan para comprobarlo están al alcance de cualquier estado a un coste razonable.

Antonio F. Muro

 

Este reportaje aparece en
156
Enero 2013
Ver número