Iridología de Reflejo Múltiple, un método de diagnóstico rápido y muy eficaz

La Iridología es una disciplina desarrollada en la segunda mitad del siglo XX que permite mediante el análisis de la estructura y los cambios de pigmentación del iris ocular conocer el estado de salud global de una persona. Y es que en los ojos se refleja el estado de cada uno de nuestros órganos. Pues bien, esta disciplina puede haber dado un salto cuantitativo y cualitativo en su desarrollo científico con la postulación de la llamada Iridología de Reflejo Múltiple, propuesta que cuestiona en buena medida las teorías publicadas hasta el momento y que pone en duda hasta los mapas topográficos iridianos utilizados hasta hoy para efectuar los diagnósticos. Les explicamos en qué consiste esta nueva propuesta.

 “Todo cabe en lo breve. Pequeño es el niño y encierra al hombre; estrecho es el cerebro y cobija el pensamiento; no es el ojo más que un punto y abarca leguas”.

Alejandro Dumas

Si los ojos son el espejo del alma, como dice la cultura popular, los iris podrían describirse como los notarios del estado del cuerpo ya que según los iridólogos registran el nivel de salud que se posee, las debilidades innatas del individuo, las características de su constitución corporal y los cambios que se han producido en el organismo como consecuencia de la vida que uno ha llevado, entre otros datos. Es decir, que quien pueda leer el lenguaje de los iris –apenas un pequeño punto coloreado- podrá abarcar las leguas que decía Dumas ya que explorándolos se puede mirar hacia el interior del cuerpo, hacia sus vísceras y órganos, y obtener una panorámica excepcional sobre el estado general de quien ve a través de ellos.

LA VENTANA DEL CUERPO

¿Y qué es el iris? Se trata de la parte “coloreada” del ojo humano, una estructura compuesta por una membrana circular y contráctil bañada por el humor acuoso del ojo que tiene unos 13 milímetros de diámetro y un grosor de aproximadamente 0,3 que se encuentra debajo de la córnea. El hecho de que sea más oscura o más clara está en función del grosor de una especie de laminillas de pigmentación que contiene cada iris y en las que se concentra melanina de tal forma que cuanto más gruesas son esas estructuras más melanina contienen y, por tanto, más oscuro será el mismo. Ahora bien, además de dar color el iris actúa como un verdadero obturador y diafragma que regula la cantidad de luz que se necesita en cada momento para que la visión sea correcta. Y lo hace controlando la dilatación de la pupila –el orificio dilatable y contráctil situado aproximadamente en el centro del iris- que abre o cierra dependiendo de la intensidad de luz que incida sobre él. Y es que en caso de ser excesiva podría provocar incluso quemaduras en la retina. En los animales de vida diurna, por ejemplo, la pupila es de forma circular y nunca se cierra completamente a diferencia de las pupilas en hendidura -por ejemplo las de las lechuzas- que sí se cierran en su totalidad.

En suma, tales son las características de la ventana que la Iridología utiliza para mirar el interior del cuerpo. Y es que, como su propio nombre indica, esta disciplina científica estudia el iris y, más concretamente, su estructura y los cambios de pigmentación que se producen en su superficie. Algo que permite, atendiendo al mapa topográfico –hay que decir que cada escuela o corriente dentro de la Iridología ha perfeccionado el suyo-, valorar el estado general de salud de la persona. De hecho, el correcto examen del iris –cuando lo realiza un profesional acreditado y se hace acompañado por un análisis clínico completo- es uno de los métodos más fiables de diagnóstico de las deficiencias orgánicas o de los procesos morbosos que puedan afectar a una o varias partes o funciones del cuerpo.

UN AFORTUNADO HALLAZGO

¿Y cuál es el fundamento de esta técnica diagnóstica? Pues la conexión del iris con los centros nerviosos del cuerpo. Y es que se estima que cada uno de ellos consta de unas 28.000 terminaciones nerviosas que le conectan directamente con el cerebro por lo que cualquier modificación que se produce en el organismo queda registrado en la zona iridiana.

De hecho, así lo afirmaban ya egipcios y griegos aunque la “constatación científica” de ese hecho tuviera que esperar hasta el siglo XIX cuando una pirueta del destino quiso que un niño húngaro, Ignaz Von Peczely, hiciera un descubrimiento fundamental. Corría el año 1836 cuando el joven Ignaz -de sólo 10 años entonces- jugaba con una lechuza en el jardín de su casa –sita en una población cercana a Budapest (Hungría)- y ésta, en su intento por escapar, se partió una pata. Compadecido, el niño entablilló la extremidad de la lechuza y la cuidó durante muchos días lo que le permitiría comprobar que, a medida que el ave sanaba, desaparecía la mancha negra que había aparecido en el iris del animal tras el accidente. Pasados los años y siendo ya estudiante de Medicina decidió investigar aquel fenómeno del que había sido testigo siendo niño. Así que empezó a observar metódicamente los ojos de centenares de personas y a anotar de qué forma se combinaban sus estados físicos con la situación de los iris, qué se veía cuando alguien estaba aquejado de una dolencia y qué cuando sanaba. Y así, poco a poco, fue contrastando su idea inicial de que las dolencias del cuerpo se reflejan en el iris con la afortunada circunstancia de que esa conexión deja un rastro que puede ser leído en los ojos del enfermo. Aquellos datos darían lugar en 1850 a la primera “topografía iridiana” que configuraría la base de la Iriodiagnosis, que definió como “la ciencia que revela los desórdenes funcionales del cuerpo humano por alteraciones del tejido iridial, círculos concéntricos, oscurecimientos, nubecillas y decoloraciones del iris del ojo”. Todos esos hallazgos fueron recogidos en 1873 en “Descubrimiento en el campo de la terapéutica y el naturismo. Introducción al estudio del diagnóstico por los ojos”, primer libro dedicado a la Iridología y en el que se exponen las relaciones concretas entre ciertas enfermedades y determinadas partes del iris al que el médico húngaro consideraba como una especie de pantalla que muestra aquello que no funciona bien en el cuerpo. Lógicamente con el paso de los años aquel primitivo mapa topográfico iridiano que realizara Von Peczely se ha ido perfeccionando hasta convertirse en una excepcional herramienta diagnóstica gracias a la cual no sólo se pueden detectar enfermedades sino que es posible prevenir males e, incluso, observar predisposiciones genéticas a padecer patologías de todo tipo.

DIAGNÓSTICO POR EL IRIS

Actualmente con la Iridología no sólo es posible saber si un ser humano está sano o no sino que además permite conocer el estado, el tipo de dolencia y la gravedad de la misma. Por ejemplo, en el iris pueden reconocerse tanto las tendencias patológicas, los procesos agudos o crónicos o las lesiones como los cambios favorables de dolencias que se encuentran en fase de remisión. En el iris se pueden observar debilidades y fortalezas adquiridas o innatas de los diferentes tejidos, glándulas y órganos, el estado de los sistemas gastrointestinal, nervioso o circulatorio y, en general, la situación del organismo del individuo. Sustancias tóxicas, congestiones, inflamaciones o infecciones también provocan signos en los iris y en ellos es posible leer el grado de acidez del organismo y deficiencias nutricionales así como el grado de respuesta del cuerpo a un tratamiento que se esté llevando a cabo. Pero también se pueden prevenir enfermedades ya que permite detectar el comienzo de una dolencia antes de que se manifieste físicamente. Así ocurre por ejemplo con la diabetes, los trastornos cardiovasculares, la apendicitis o las anemias pero también en el caso de la tuberculosis, que se ve en el iris mucho antes de que se pueda hallar el bacilo de Koch en el esputo del paciente o en los análisis con rayos X.

Para llegar a un diagnóstico el iridólogo observa, en primer lugar, el color, la densidad y la estructura general del iris para fijar el tipo o constitución del mismo (vea el recuadro adjunto). Luego, a partir de ese primer vistazo, empieza propiamente la lectura del iris. Para ello se utiliza el mapa iridológico que en su día describiera von Peczely y que se ha venido enriqueciendo con las aportaciones de distintos expertos. Este mapa es una división del iris por áreas y su vinculación con los diferentes órganos y sistemas del cuerpo. Se compone de 12 sectores radiales –como las 12 horas de un reloj- que dividen los 360 grados de la circunferencia del iris y de seis círculos o coronas.

El círculo número 1 está alrededor de la pupila y es un ribete irregular que tiende a desaparecer con el paso de los años. Para muchos iridólogos es el reflejo del estado metabólico de la persona.

El círculo número 2 y 3 ocupa la cuarta parte de la circunferencia del iris y se relaciona con las representaciones de los órganos abdominales.

Inmediatamente después está el círculo 4 que no es muy grande y en los que se localizan los problemas neuroglandulares, endocrinológicos, de circulación general y de los sistemas defensivos y linfáticos del organismo.

En el círculo número 5 -el de mayor área- se encuentra la representación de los grandes órganos, desde el cerebro al esqueleto pasando por el hígado, los pulmones y el corazón así como los órganos de los sentidos.

Y cerrando el conjunto se encuentra el círculo 6 que localiza el contorno del cuerpo, la piel, los orificios naturales, la circulación superficial y la de retorno.

Además, según la división que establece el mapa topográfico, en cada ojo se puede observar el estado de un órgano. El problema es que existen diferentes tesis y escuelas que establecen diversos mapas topográficos o, lo que es lo mismo, ubican las distintas partes del organismo en diferentes zonas topográficas iridianas. Aunque la mayoría de ellas establece que en el ojo derecho se pueden leer los signos correspondientes al cerebro, el oído, la laringe, la hipófisis, la glándula tiroides, los brazos, el estómago, el hígado, la vejiga y el colon mientras en el izquierdo se leen los signos dejados por los riñones, las glándulas suprarrenales, el útero, la próstata, los ovarios, los testículos, la piel, las mucosas, la sangre y el sistema linfático.

Pues bien, esos signos –o, más concretamente, su ubicación, tipo, forma, tamaño y color- son el lenguaje que el iridólogo ha de traducir y que informa de cuál es la parte o función afectada, el tipo de alteración y su gravedad. Con ellos, la pericia del iridiólogo y el complemento de un reconocimiento clínico general se puede elaborar un diagnóstico ajustado sobre la salud del paciente.

Sólo que ahora un naturópata navarro llamadoJavier Echavarren ha dado un paso más con la formulación de lo que denomina Iridología de Reflejo Múltiple.

IRIDOLOGÍA DE REFLEJO MÚLTIPLE

Echavarren entró en contacto con la Iridología hace casi 25 años cuando intentó, a través de esta disciplina, encontrar soluciones a unos problemas de salud para los que la Medicina convencional ni siquiera le daba explicaciones. Hoy este naturópata, fitoterapeuta e iridólogo navarro es uno de los mayores expertos en diagnóstico por el iris de nuestro país. Y no sólo eso sino que además ha dado cuerpo doctrinal a un nuevo enfoque de esta ciencia que cuestiona las teorías publicadas hasta el momento y que propone nuevos mapas topográficos del iris así como un estudio completo de los signos que aparecen en ellos y una explicación de las llamadas “reglas de proyección” que emplea el cuerpo para transmitir información a través del sistema iridiano. Esta nueva y revolucionaria propuesta es lo que se conoce como Iridología de Reflejo Múltiple y supone una auténtica revolución dentro de la Iridología ya que plantea conocimientos totalmente novedosos que entran en colisión frontal con algunos de los principios que se tenían hasta hoy como verdades absolutas.

“Como sabe-nos diría Echavarren-, la Iridología es una técnica de diagnóstico que puede aportar información sobre el estado de salud de todo el cuerpo solamente con la observación de los iris, sin realizar ninguna otra manipulación física. Esto es así porque se ha demostrado que existe relación entre una determinada alteración fisiológica y su correspondiente manifestación en los iris con determinados signos en ubicaciones y características específicas. Eso sí, desconocemos la vía física por la que lo hace pero se puede afirmar que el cuerpo humano dispone de un sistema que proyecta en los iris y pupilas unos signos que informan de las alteraciones genéticas y fisiológicas que se producen en él. La Iridología de Reflejo Múltiple que yo propongo no resuelve esa duda pero sí supone un salto cualitativo y cuantitativo que permite explicar el comportamiento del sistema iridiano en la proyección de las alteraciones, según el tipo de alteración, el tejido afectado, el grado de gravedad, etc. Pero también, como he podido comprobar, en los iris se proyectan signos en los primeros meses de vida que se denominan signos genéticos. Estos signos son muy importantes porque, además de informar sobre la constitución física adquirida, advierten de la predisposición de la persona a padecer alguna patología en una función, órgano o sistema determinados”.

Hay que decir que para llegar a estas conclusiones Javier Echavarren asegura haber analizado los iris de más de 65.000 personas de todas las edades y condiciones en los casi 25 años que lleva dedicado al estudio empírico de la Iridología. Además ha estudiado y comparado las obras de diferentes autores y sus mapas topográficos lo que le ha permitido concluir que se hacía necesario extraer los datos correctos de cada uno de ellos para crear uno que recogiera el mayor grado de efectividad. “El resultado final de todo ese trabajo –nos explicaría- es la Iridología de Reflejo Múltiple (IRM en su forma abreviada). Se trata de una ciencia de diagnóstico que interpreta la información que transmiten los signos que se manifiestan en los iris y las pupilas como consecuencia de una alteración fisiológica, de una predisposición genética que pone en evidencia una clara relación entre la Iridología y la Embriología, de un trauma o de otra alteración de salud provocada por el devenir de la vida. Sus fundamentos se basan en el conocimiento de las Reglas de Proyección; del mapa topográfico resultante de las mismas y del estudio de los signos que se revelan en él ”.

En cuanto a las Reglas de Proyección, nos contaría Javier Echavarren que son un conjunto de normas que explican la mecánica de proyección del sistema iridiano de determinados signos en unas zonas topográficas concretas. De hecho, éste es el primer estudio que demuestra que el sistema iridiano funciona mediante unas reglas de proyección y que con ellas se puede conocer dónde y cómo se proyectan la mayoría de las alteraciones que se producen en el organismo. Las reglas, ideadas por nuestro entrevistado, son cuatro:

– La Regla de Proyección número 1 informa de la proyección de las alteraciones en las zonas topográficas izquierda o derecha. Según Echavarren, las partes que pertenecen al lado izquierdo del cuerpo proyectan sus alteraciones en la zona topográfica del iris izquierdo y las que pertenecen al derecho lo hacen en el iris derecho. “Así, -explica el iridólogo navarro- el lóbulo izquierdo del cerebro, el esófago, la glotis, el esternón, el páncreas, el aparato digestivo (en un 85% de los casos), el corazón (en un 77% de las ocasiones) o la columna vertebral (en un porcentaje del 53%) proyectan sus alteraciones sobre la topografía iridiana izquierda mientras que el lóbulo derecho, el hígado, un 15% de los casos de aparato digestivo, un 23% de los de corazón y un 47% de los que afectan a la columna se proyecta en el iris derecho. El resto de las partes del cuerpo se proyectarán en un iris u otro en función de que pertenezcan a una mitad del cuerpo u otra”.

– La Regla de Proyección número 2 es la que aporta la información sobre el Reflejo Múltiple que da nombre a esta disciplina. “Verá –nos seguiría explicando Echavarren-, la proyección de las alteraciones produce un fenómeno particular que ningún autor había enunciado hasta ahora. Se trata de lo siguiente. Por una parte, hemos observado que en un mismo espacio topográfico del iris se proyectan signos que informan de alteraciones de una o de varias partes o funciones del organismo. Por otra, cada una de esas partes proyecta diferentes alteraciones en la misma zona topográfica. Por tanto, la Proyección de Reflejo Múltiple es el fenómeno por el cual en un mismo espacio topográfico se proyecta más de una alteración producida por una misma función o por diferentes partes o funciones. Aunque sólo es una más de las reglas de proyección que explican el funcionamiento de esta nueva concepción de la Iridología, el reflejo múltiple supone un cambio drástico en todo lo que hasta ahora se conocía del de esta ciencia”.

– En cuanto a la Regla de Proyección número 3 permite saber si la proyección de la alteración se debe a una afección o a una disfunción.

– Por último, la Regla de Proyección número 4 nos informa sobre la proyección de las alteraciones en las coronas o círculos, con dependencia o independencia del tipo de tejido o función afectados.

En cuanto al Mapa Topográfico del iris que propone Javier Echavarren, lo ha creado aplicando las reglas de proyección y los datos obtenidos a lo largo de su investigación que muestran cómo las zonas de proyección de las diferentes partes y funciones del cuerpo humano se superponen unas a otras. Hecho que no se había reflejado anteriormente en ninguna de las topografías que se empleaban. “Los iridólogos –afirma nuestro entrevistado- no nos hemos inventado el mapa topográfico iridiano. El sistema iridiano es uno más del organismo. Lo que hemos hecho ha sido reflejarlo al delimitar sus zonas topográficas y al ubicar las alteraciones de sus partes en su zona topográfica correcta”. Pues bien, como consecuencia de la regla de proyección de reflejo múltiple, al proyectarse en una misma zona topográfica alteraciones de diferentes partes y funciones del organismo el mapa resultante está saturado de distintas zonas topográficas iridianas superpuestas entre sí. “Nuestro mapa topográfico –nos aclara- muestra las zonas topográficas de proyección de la mayoría de las alteraciones de cada parte o función del organismo humano y deja al descubierto que nadie ha ubicado correctamente las zonas topográficas de diversas partes del organismo. Por tanto, cada zona de proyección que hemos reubicado constituye en sí un descubrimiento”.

Por lo que respecta al estudio de los signos que se leen en los iris “han sido proyectados –explica Echavarren- por las predisposiciones genéticas del individuo o por las alteraciones que se producen en el organismo. Además no desaparecen cuando se cura la alteración sino que después de haber estado latentes y, más tarde activos, pasan a una fase residual. Gracias a ellos y al estudio de su tipo, forma, tamaño, color, génesis, estado funcional, ubicación y relación con otros signos se tiene conocimiento de muchas alteraciones que no es posible conocer con otros métodos de diagnóstico. En esta línea, por ejemplo, hemos comprobado que ciertos signos proyectados en una zona topográfica determinada producen unos efectos determinados que nos permiten saber cuál es la parte afectada, el tipo de alteración, la gravedad y los efectos que producen”.

VENTAJAS Y ASIGNATURAS PENDIENTES DE LA IRIDOLOGÍA DE REFLEJO MÚLTIPLE

En cuanto a la efectividad que se obtiene con la aplicación de la Iridología de Reflejo Múltiple Javier Echavarren no duda en calificarla como muy elevada. “De hecho –dice-, en la actualidad sabemos que existen alteraciones que se ven antes y mejor con los conocimientos que aporta esta técnica porque rápidamente proyectan signos sobre el iris. Lo mismo ocurre con patologías asintomáticas o desconocidas que, sin embargo, dejan unas huellas en las correspondientes zonas topográficas iridianas que se convierten en el primer signo de anormalidad. Por otro lado, con la lectura de los signos ‘genéticos’ que hemos definido se puede conocer en muchos casos cuáles son las partes más débiles del organismo de una persona y prevenir las alteraciones y enfermedades que pueda padecer”.

Cabe agregar que a estas ventajas -ya de por sí suficientemente interesantes- hay que unir otras. Por ejemplo, el hecho de que la Iridología de Reflejo Múltiple proporciona una información rápida, global y completa de la salud del individuo además de ponerle sobre la pista de sus predisposiciones a padecer determinadas enfermedades a fin de que, de este modo, pueda prevenirlas de forma más eficaz. Además su aplicación es inocua y no requiere de ninguna manipulación física. Basta con abrir los ojos.

Eso sí, lo más adecuado es complementar la información que nos aporte la Iridología con otros datos. Así nos lo recomendará todo iridólogo ya que, como explica Echavarren, “el contenido de la información que nos aportan los signos iridianos y pupilares es amplio pero un conocimiento de otros factores como la alimentación, la actividad que desarrolla el enfermo, sus hábitos, los factores ambientales, etc., terminan por definir hasta qué grado afectan las diferentes alteraciones proyectadas”.

En todo caso, como reconoce nuestro entrevistado con loable honestidad, hay que dejar constancia de las dificultades que entraña la ciencia de la Iridología: “En todas las entrevistas que me han hecho y lo hago constar también en mi libro ‘Principios y fundamentos de la Iridología de Reflejo Múltiple’dejo patentes las dificultades de la Iridología y las complicaciones para extraer la información que los signos portan. Además siempre destaco que con los conocimientos que tenemos actualmente y con los elementos que empleamos hoy no es posible conocer en muchos casos cuál es la fase en la que se encuentran los signos que vemos reflejados en el iris del paciente. Es decir, en un alto porcentaje de casos no sabemos si el signo está en fase activa, latente o residual. O lo que es igual, no sabemos en muchos casos si el signo proyectado se corresponde con una alteración que afecta al organismo que no delata sintomatología (fase latente), a una alteración que delata sintomatología (fase activa), a una alteración que se ha curado totalmente (fase residual) o a una alteración de origen genético que no se ha desarrollado. Conocer cuál es la fase de los signos es, por tanto, una asignatura pendiente que esta ciencia aún tiene que descifrar. En este caso las fotografías de los iris son una de las herramientas que nos permite valorar en el tiempo este tipo de variaciones y llegar a una conclusión sobre el estado de salud de la persona”.

Por otro lado, y a pesar de la eficacia que se le reconoce a la técnica que ha venido perfeccionando durante los últimos 25 años, Javier Echavarren también deja constancia de las dificultades que sigue habiendo en el diagnóstico. “Hay casos –nos diría-en los que solamente se puede hacer un diagnóstico por la información que los signos portan; es decir, existen muchas alteraciones que la medicina oficial aún desconoce. En estos casos el diagnóstico iridiano es muy superior al que se hace con los métodos de la medicina oficial y los parámetros por los que se obtiene la información sobre el estado de salud son totalmente diferentes al que se obtiene con otras técnicas de diagnóstico”. Así, nuestro entrevistado nos explicaría que: “por la ubicación del signo o signos que se proyectan en los iris se nos informa de cuál es la parte afectada o del tipo de alteración; en el tipo, forma, tamaño y color queda reflejado el grado de alteración y la incidencia que ha tenido el sistema nervioso o el sistema de la circulación sanguínea; y por la información que aportan otros signos complementarios proyectados por alteraciones en otras partes del organismo, en muchos casos, sabemos que en la génesis o desarrollo de la alteración ha tenido incidencia la alteración de esa parte del organismo. Además el genotipo iridiano también aporta información muy importante ya que una persona con un buen genotipo iridiano tiene más posibilidades de curarse que la persona que es portadora de un genotipo iridiano nervioso, un genotipo iridiano de mala circulación o un genotipo iridiano morboso, por ejemplo”.

“Por el contrario –agrega-, hay diagnósticos que solamente se pueden realizar con los métodos que emplea la medicina oficial o cuya precisión es mucho mayor que con la información que obtenemos de los signos. Por tanto, hay que ser realistas y dejar claro que no existe ninguna ciencia de diagnóstico que sea capaz de realizar diagnósticos completos en los que informe el tipo y grado de alteración, de cuáles han sido las causas de la enfermedad y de en qué proporción han afectado los diversos factores patógenos. Los diagnósticos que se hacen con el empleo de todas las técnicas de diagnóstico son virtuales. Es más, ni con el empleo de todas las técnicas de diagnóstico es posible hacer un diagnóstico que se ajuste totalmente a la realidad”.

Debemos añadir que el grado de honestidad de Echavarren es tal que nos llegaría a reconocer que si bien la Iridiología se basa en el ya mencionado descubrimiento de Ignaz Von Peczely sobre la aparición de una mancha negra en el iris de una lechuza tras romperse accidentalmente una pata… ellos no había podido corroborar esa relación. “Debo decir con sinceridad que nosotros hemos estudiado conejos, gallinas, perros y búhos a los que se les había roto una pata y no conseguimos percibir ningún tipo de signo. Quizás se deba a que estos animales tienen diferente estructura en los ojos. Habría que estudiar cada especie por separado porque en cada animal los iris poseen una estructura particular. Y conocer el mapa topográfico de las alteraciones iridianas en los animales requeriría amplios estudios para obtener conclusiones. Nosotros tenemos claro en cualquier caso que, a excepción del signo llamado ‘transversal’ que percibimos en un perro, los signos que se proyectan en los animales son diferentes a los que se proyectan en los iris de los humanos”.

Esta constatación no impide sin embargo reconocer que la Iridología está suficientemente fundamentada. Sin olvidar quela Iridología de Reflejo Múltiple plantea una visión muy diferenciada que entra en conflicto con la concepción de la Iridología convencional. Por tanto, como todas las nuevas propuestas que vienen a romper con lo establecido, es probable que tenga que atravesar una etapa de incomprensión e incluso de rechazo antes de ser valorada en su justa medida y, finalmente, comprendida y asumida. En todo caso, rememorando a Paracelso-filósofo y médico alemán del siglo XVI- no debemos olvidar que “nada hay más poderoso cuando a una verdad le ha llegado la hora de ser comprendida”.

El propio Echavarren es optimista: “Yo creo que esto es positivo porque hace avanzar la ciencia. También tengo claro que dando a conocer esta nueva disciplina se van a producir grandes cambios dentro de la Iridología que la llevarán a una etapa de esplendor y progreso”.

El tiempo dirá. Lo que es evidente es que es positivo tener cada vez un mayor número de alternativas eficaces en la búsqueda de nuestra propia salud y bienestar.

L. J.

 

Este reportaje aparece en
71
Abril 2005
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