La farsa del cambio climático

La XXV Cumbre del Clima celebrada en Madrid terminó sin medidas eficaces concretas y dos grupos de países enfrentados: los que apuestan por reducir aún más rápidamente las emisiones de CO2 -liderados por Europa- y los que como China, India, los países productores de petróleo y los menos desarrollados no están dispuestos ni a aportar más fondos ni a adoptar nuevas medidas. Y lo peor de todo: se utilizó reiteradamente el argumento de que el planeta se está calentando por exceso de CO2 en la atmósfera -lo que como ya hemos explicado ampliamente es falso- para no tener que afrontar el problema real: la brutal contaminación y deforestación del planeta por las grandes industrias -especialmente las petroleras, eléctricas, químicas y farmacéuticas- y la obsolescencia programada que obliga al consumo masivo de todo tipo de dispositivos.

CAMBIO CLIMÁTICO

Sesenta millones de euros -gastos menos ingresos- es lo que a los españoles nos ha costado la inútil cumbre del clima celebrada en Madrid en diciembre de 2019 donde lo único que se ha hecho es repetir como un mantra la falaz advertencia de que nos acercamos a la extinción si no tomamos medidas de inmediato y que la culpa es básicamente de las emisiones de CO2 que produce el hombre. Y es que ya se sabe que una mentira repetida hasta la saciedad termina haciendo mella en las mentes de las personas menos informadas. Además las verdades oficiales siempre tienen en el vulgo preponderancia sobre las reales. No hay más que ver cómo la sociedad ha asumido la estupidez de que una niña de 16 años sin formaciónGreta Thunberg– les diga a los gobernantes, científicos y periodistas del mundo lo que hay que hacer porque ella sabe cuál es el problema que padece nuestro planeta y cómo afrontarlo.

Dicho esto agregaremos que el hecho de que nuestro mundo está medioambientalmente contaminado -incluido el aire- es obvio y NADIE lo discute. Se están incendiando impunemente en todo el mundo bosques y selvas sin que nadie haga nada serio por evitarlo, se echan a lagos, ríos y mares todo tipo de productos industriales químicos tóxicos -y no solo plásticos e hidrocarburos- por falta de controles rigurosos, se vierten a las aguas y alcantarillas fármacos tóxicos -además de antibióticos- que están alterado genéticamente la vida vegetal y animal -fluvial y marina- con muy graves consecuencias para su salud… y para la nuestra ya que luego los consumimos, se abusa de los herbicidas y pesticidas que provocan grandes matanzas de plantas e insectos -sobre todo de las abejas sin las cuales la supervivencia sí se vería amenazada aunque todo indica que la principal causa de su extinción masiva son las radiaciones electromagnéticas que sin embargo se potencian y apoyan en un alarde de cretinez-, se agregan innecesariamente aditivos tóxicos a los alimentos solo para que algunos se enriquezcan, se potencia la tecnología 5 G cuyos potenciales daños se ocultan o minimizan, se permite la obsolescencia programada con lo que se están fabricando constantemente todo tipo de aparatos que ya no sabemos ni dónde almacenar -electrodomésticos, ordenadores, coches, etc.-, se contamina el aire…

La lista es muy larga pero de todo esto se ha pasado de puntillas -o no se ha hablado ni en esta cumbre ni en las anteriores porque en realidad no se han convocado nunca para prevenir y resolver los problemas reales medioambientales sino para presionar a los gobiernos a fin de que sus ignorantes -y a menudo corruptos- gobernantes aporten gigantescas sumas de dinero a los proyectos -muchos de ellos ilusorios e irrealizables cuando no innecesarios- que presentan las numerosas multinacionales y grupos de poder que viven de prometer resolver problemas -en general inexistentes- que les financiamos los ciudadanos. Hoy día muchos grupos se enriquecen de hecho inventándose problemas presuntamente catastróficos que a continuación se ofrecen a resolver, estafa en toda regla en la que se utiliza a aquellos políticos ávidos de gloria y reconocimiento que a cambio están dispuestos a vaciar las arcas de sus naciones. Y todo eso lo saben muy bien los gobernantes más poderosos del planeta que por eso ni han acudido a la cumbre a pesar de que la misma se ha presentado al público poco menos que como la última oportunidad de supervivencia de la humanidad. Algo que luego apoyan toda esas «buenas personas» que aprovechan para ir de solidarios, altruistas, benefactores y ejemplares ciudadanos preocupados por los demás y, sobre todo, por los más necesitados pero que no son en realidad sino millonarios con unos egos enfermizos, personajes de todo tipo entre los que destacan «artistas» e «intelectuales» que suelen militar en movimientos supuestamente «progresistas» o simpatizar con ellos.

El esperpento en esta ocasión ha llegado al extremo de que una iglesia sueca ha calificado a Greta Thunberg como «el segundo Mesías» y The Times la ha designado «personaje del año»! Y eso que hablamos de una niña rica, pija y enferma utilizada por grupos de poder que alega que abandonó los estudios porque de nada servirán en un mundo arrasado por el calentamiento global.

EL CUENTO DE LA EMERGENCIA CLIMÁTICA 

Seamos concisos y claros: es absolutamente falso que haya consenso entre los científicos sobre el presunto calentamiento global y que éste pone en peligro la supervivencia de la Tierra. Es una mentira inventada y asumida por quienes carecen de datos, no se informan, no investigan nunca y asumen como verdades las que otros -normalmente desde el poder y usando los grandes medios de comunicación que controlan- les inculcan. La mayoría de la gente cree tener «criterio propio» pero en realidad se ha limitado a asumir como propias creencias que se le han impuesto sutilmente.

Y pasa en todos los ámbitos. Un ejemplo es la idea aceptada acríticamente de que en muchos ámbitos existe «consenso científico». Una falsedad que permite a los que imponen tales «consensos» manejar a la sociedad a su antojo. Ya lo dijo el conocido antropólogo y escritor Michael Crichton: «Seamos claros: el trabajo de la ciencia no tiene nada que ver con el consenso. El consenso es el negocio de la política. En ciencia el consenso es irrelevante. Lo relevante son los resultados reproducibles. Los mejores científicos de la historia son excelentes precisamente porque rompieron con el consenso».

Pues bien, una de las pruebas de la falta de consenso en el tema del presunto cambio climático es el documento que la Fundación de Inteligencia Climática (CLINTEL) -entidad que agrupa a más de 500 científicos de todo el mundo- envió al secretario General de la ONU Antonio Gutierres el pasado 23 de septiembre con el título Declaración climática europea: no hay emergencia climática. Documento en el que entre otras muchas cosas se dice lo siguiente:

1) El archivo geológico revela que el clima de la Tierra varía desde que existe el planeta con fases naturales frías y cálidas.

2) El mundo se ha calentado menos de la mitad de lo previsto originalmente y principalmente se ha debido al desequilibrio radiactivo, a la diferencia entre la luz solar que absorbe la Tierra y la energía que irradia al espacio.

3) El dióxido de carbono (CO2) no es un contaminante; de hecho su aumento ha promovido el crecimiento global de la biomasa vegetal por lo que es bueno para la agricultura ya que ha aumentado el rendimiento de los cultivos en todo el mundo.

4) No hay evidencia estadística alguna de que el calentamiento global esté intensificando la cantidad o frecuencia de huracanes, inundaciones, sequías y desastres naturales. Es más, las medidas para reducir los niveles de dióxido de carbono (CO2) son tan dañinas como costosas.

5) No existe emergencia climática así que no hay motivo para el pánico y la alarma. Nos oponemos pues drásticamente a la política dañina y poco realista de que en 2050 la emisión de CO2 sea «cero».

6) Los «modelos climáticos» tienen muchas deficiencias y es absurdo usarlos como herramientas políticas; de hecho se está exagerando el impacto de los gases de efecto invernadero e ignorando que enriquecer la atmósfera con CO2 no es negativo sino beneficioso para el planeta.

El propio Bjorn Stevens, director del Instituto Max Planck de Meteorología y uno de los científicos que defiende que el calentamiento global existe y lo provoca el CO2, reconocería sin embargo durante la cumbre de Madrid que los modelos climáticos que se están utilizando «son inadecuados porque no nos dan una idea, por ejemplo, de cómo cambiará todo el trópico con el calentamiento, si los patrones de lluvia se intensificarán, si el Amazonas se perderá o si las áreas lluviosas se expandirán. Los modelos no sirven de guía para contestar a todas esas preguntas importantes en todas las regiones”. Interrogado entonces sobre la realidad de la «emergencia» ante la que se supone estamos diría: “La emergencia es una declaración más política que científica”.

Y no crean los lectores que solo esos 500 científicos discrepan de la teoría de que el CO2 es el principal responsable del supuesto calentamiento global de la Tierra. Ya en 2006 treinta y dos de los principales científicos internacionales del ámbito de la climatología firmaron la denominada Declaración de Consenso de Hohenkammer según la cual no hay bases científicas para afirmar que el supuesto calentamiento global se deba a los llamados gases de efecto invernadero. Tres años después -en marzo de 2009- un centenar de científicos norteamericanos publicaría en diversos diarios norteamericanos un manifiesto -pagando porque el medio se negaba a informar de lo que se decía en él- titulado With all due respect Mr. President, that is not true (Con el debido respeto, señor Presidente, eso no es cierto).

Cuatro meses más tarde -en junio- 60 científicos alemanes publicarían una Carta Abierta a la Canciller alemana Ángela Merkel en la que se expresaban en el mismo sentido. Y ya en 2010 serían 1.000 los investigadores -de diversos países y disciplinas científicas- que firmaron un manifiesto similar y lo presentaron en la Conferencia sobre el Clima de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Tales son los datos y hechos objetivos y, sin embargo, ¿en cuántos medios de comunicación se han dado a conocer? Sin comentarios.

Vamos a reiterarlo: la afirmación de que el 97% de los científicos del mundo está de acuerdo en que nos hallamos ante una grave emergencia porque el planeta se está calentando rápidamente y el exceso de CO2 es la principal causa es una GRAN MENTIRA. Lo explicamos ampliamente en el reportaje ¿Es el dióxido de carbono culpable del calentamiento global? que apareció publicado en el nº 229 de la revista. Tal falacia procede de un trabajo publicado en 2009 en el que en un subgrupo de apenas ¡77 científicos! respondió a una simple encuesta y el 97% respondió afirmativamente a dos ambiguas preguntas que llevaban a responsabilizar al hombre de que está ocurriendo. Hablamos pues de pura y dura manipulación.

Es más, puede hablarse de desinformación aunque cada vez más periodistas y representantes políticos empiezan a darse cuenta de que están siendo manipulados. El pasado 28 de noviembre por ejemplo la resolución del Parlamento Europeo que declara la emergencia climática y ambiental en el viejo continente y el mundo se aprobó con 429 votos a favor, 225 en contra y 19 abstenciones; es decir, hubo ya 244 parlamentarios discrepantes.

MANIPULANDO LAS CIFRAS 

Para convencernos de la «gravedad» del problema y de nuestra culpabilidad se recurre constantemente a cifras y gráficos que abruman. Nos enseñan una fecha y nos dicen: ¿Veis? A partir de ese año hay en el mundo más calor, más incendios, más tornados, huracanes y otros fenómenos naturales extremos, mayor deshielo en los polos…» Y claro, ante tales «datos» e imágenes -cuidosamente seleccionadas- nadie duda. Sin embargo cualquiera que trabaja con estadísticas sabe que las cifras pueden presentarse de forma que digan lo que uno quiera. El autor norteamericano Gregg Easterbrook escribió metafóricamente: «¡Tortura a los números y lo confesarán todo!» En la revista estamos de hecho acostumbrados a ver esa estrategia cuando se habla de las vacunas y de los supuestos beneficios de otros fármacos. Y lo primero que se hace siempre es hablar de sus beneficios a partir del año en que se introduce la vacuna o comercializa el medicamento ocultando los datos anteriores porque a menudo dejan en evidencia lo que pretende concluirse.

Veamos algunos ejemplos: el pasado 1 de diciembre el diario El País –firme defensor de la causa del calentamiento y de que los humanos somos los responsables- afirmaba que Groenlandia está perdiendo hielo siete veces más rápido que en la década de 1990 según el trabajo Balance de masas de la capa de hielo de Groenlandia de 1992 a 2018 -publicado en Nature -y que la causa es el calentamiento global. Sin embargo no dijo ni una palabra del trabajo publicado el pasado mes de abril realizado por un grupo de investigadores de la NASA que se publicó en Nature Geoscience con el título Interruption of two decades of Jakobshavn Isbrae acceleration and thinning as regional ocean cools (Interrupción de dos décadas de aceleración y adelgazamiento del Jakobshavn Isbrae a medida que el océano regional se enfría). Se trata de un trabajo que desvela que el glaciar Jakobshavn Isbrae –famoso porque de él se desprendió el iceberg que mandó al fondo del mar al Titanic y ha sido símbolo durante más de una década del calentamiento global por su pérdida de hielo- ¡está creciendo de nuevo! Y en él puede leerse lo siguiente: “Vinculamos tales cambios al enfriamiento simultáneo de las aguas oceánicas en la bahía de Disko que se extienden al fiordo de hielo de Ilulissat. Las temperaturas del océano en los 250 metros superiores de la bahía se han enfriado a niveles no vistos desde mediados de la década de 1980”. Es decir, el glaciar encogió hace años… ¡y ahora ha crecido! En realidad nada diferente de lo que viene ocurriendo desde hace siglos. Pero claro, los datos anteriores que demuestran ese ciclo constante de enfriamiento/calentamiento se ocultan.

Y hablando de temperaturas: según la Organización Meteorológica Mundial la temperatura global promedio del periodo 2015-2019 está en camino de ser la más cálida de cualquier otro período equivalente registrado… ¡pero es que hablamos de solo un grado más que en la época preindustrial (1850–1900)!

Por otra parte, ¿cuál es la temperatura «ideal» del planeta? ¿Es que alguien puede afirmar saber eso? ¿Cómo se calcula? Se nos dice que si la temperatura aumentara de media solo grado y medio respecto a la actual el caos sería inevitable y que si se sube cuatro grados desaparecerían los glaciares y los fenómenos atmosféricos catastróficos aumentarían por doquier pero, ¿cómo se sabe eso? Pues usando «modelos» que son más que cuestionables como ya hemos comentado. Es decir, se trata de una extrapolación meramente especulativa en modo alguno constatable y aún así se da por cierta. Inconcebible.

Por otra parte, ¿estamos seguros de que las temperaturas se están midiendo correctamente? Porque, ¿dónde están instaladas las estaciones meteorológicas de las que se extraen los datos? ¿En las grandes urbes, auténticas islas de calor? ¿En medio del campo? ¿En los hielos polares? Porque la cuestión no es baladí. Analicémoslo.

Fue en enero de 2005 cuando la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos comenzó a registrar temperaturas incluyendo los datos en su red de referencia climática -la U.S. Climate Reference Network (USCRN)- gracias a las 114 estaciones de temperatura que espaciadas de manera relativamente uniforme hay instaladas en los 48 estados interiores del país y que se colocaron lejos de las ciudades porque se constató que éstas contaminan las lecturas; de hecho así había ocurrido con las estaciones anteriores ya que creaban sus propios microclimas cálidos. Pues bien, según los datos actualizados procedentes del nuevo sistema publicados a finales de agosto de 2019- en Estados Unidos no ha habido calentamiento alguno desde al menos 2005, momento en el que la red se puso en marcha. Es más, según los datos las temperaturas son algo más bajas que hace 14 años. ¿Por qué nadie informa de ello? Porque hablamos de datos objetivos obtenidos por un organismo oficial estadounidense.

Existe una web realmente interesante para quienes no se conforman con admitir como cierto todo lo que le cuentan sobre el clima: realclimatescience.com. Y lo es porque su autor, Tony Heller, es un geólogo e ingeniero ambientalista que documenta gráficamente cada uno de los datos y textos que aporta, sean artículos de prensa de principios de siglo -en algunos de los cuales ya se afirmaba que el planeta se iba a congelar-, sean gráficos recientes de la NASA o documentos del Gobierno norteamericano, Pues bien, en una de sus entradas Heller explica muy bien cómo puede manipularse a la población a través de gráficos y utiliza como ejemplo los datos de la National Climate Assessment (Evaluación Nacional del Clima), entidad que depende del programa Cambio Global de los Estados Unidos y envió a periodistas y responsables políticos para que entendieran el peligro del calentamiento global. Los gráficos mostraban un aumento de las olas de calor desde 1960, la disminución del hielo marino en el Ártico desde 1979 y el aumento del nivel del mar desde 1920, entre otros. Bueno, pues las mediciones empiezan en cada caso en un año distinto -1960, 1979 y 1920- algo que Heller explica con sencillez: “Cuando se desea engañar a las personas con estadísticas elegir la fecha de comienzo es muy importante”.

Heller pone de manifiesto el engaño comparando los datos de las gráficas con los de los años que no se proporcionan ya que hacerlo demuestra por ejemplo que antes de 1960 hubo veranos mucho más calurosos en Estados Unidos; por ejemplo en la década de los años 30. Posteriormente las temperaturas comenzaron a descender pero para subir luego de nuevo. Es algo cíclico, ¿Y que se consigue ocultándolo? Pues hacer creer que la temperatura está subiendo desde 1960 cuando en realidad era más alta treinta años antes.

Las alarmantes cifras del gráfico sobre la pérdida de extensión del hielo marino ártico comienzan en 1979 y muestran una disminución progresiva pero según los propios datos del informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de 1990 -que muestra los datos desde principios de la década de los setenta- la extensión de hielo era mucho menor antes. Y lo ilustra aportando un documento gráfico de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) adjunto al informe de 1990 en el que se dice: “En el periodo 1972-1975 la extensión de hielo marino era significativamente menor”.

¿Y qué pasa con el nivel del mar? Nos dicen que terminará cubriendo en unos años muchas islas y costas y lo justifican con datos según los cuales su nivel aumenta constantemente desde el pasado siglo XX. Bueno, pues Heller volvió a recurrir a los datos oficiales de la NOAA y lo que éstos demuestran es que el nivel del mar aumenta ciertamente 2,8 milímetros al año pero que ¡lleva haciéndolo así desde hace 20.000 años! Luego afirmar que se debe al calentamiento de las últimas décadas es igualmente mentira.

EL ABSURDO DE DEMONIZAR AL CO2 

Quienes mantienen la farsa de que el planeta se está calentando han demonizado como principal responsable al dióxido de carbono (CO2) que ha pasado de ser fundamental para la vida a responsable de todo lo malo que le ocurre al planeta. Es más, ha sido la excusa perfecta para a acabar con las minas de carbón al alegarse que su quema genera emisiones de CO2. Una estrategia a la que han contribuido las organizaciones ecologistas -con Greenpeace a la cabeza- que promueven la descarbonización de la Tierra sin reparar en gastos. Claro que las principales organizaciones ecologistas mantienen estrechas relaciones con los grandes grupos económicos. Lo denunció esta revista de forma detallada y documentada en el artículo ¿Están las principales organizaciones ecologistas al servicio de grandes grupos económicos? que apareció en el nº 179, correspondiente a febrero de 2015. En él se explicaba por ejemplo -entre otras muchas cosas- que la World Wildlife Fund (WWF) -Fondo Mundial para la Naturaleza- fue fundada en 1961 por Bernardo de Lippe-Biesterfeld, presidente también -hasta su muerte en 2004- de las reuniones del famoso Club Bildelberg que cada año reúne a las 130 personas más influyentes del mundo y nació promovido y financiado por David Rockefeller.

Es más, es la propia Fundación Rockefeller la que controla las llamadas Cumbres de la Tierra en las que los grupos ecologistas juegan siempre un mero papel de comparsas. Dimos asimismo cuenta de que el Fondo Mundial para la Naturaleza, Greenpeace, Amigos de la Tierra, Survival International, Sierra Club y otras organizaciones las controla el denominado Club de las Islas al frente del cual están el Príncipe Felipe de Edimburgo y la Reina Isabel II con el apoyo de empresas como Shell, Unilever, Barclays, Anglo-American Corp, RTC Corp., De Beers, Imperial Chemical Industries y otras.

Y todo ello indica que el movimiento ecologista está hoy compartiendo objetivos con los grupos de poder que controlan el mundo y explica que los verdaderos y graves problemas del planeta y de la humanidad no solo no se hayan solucionado en las últimas décadas sino que se han ocultado a la población (puede leer el reportaje antes mencionado en nuestra web: www.dsalud.com).

Lo llamativo es que las plantas necesitan el CO2 para fabricar el oxígeno que respiramos y que cuanto más hay en el aire más rápido crecen los bosques y pastizales y mejor se soportan las sequías. De hecho el trabajo Ecologización de la Tierra y sus causas -publicado en 2016 en Nature Climate Change con la colaboración de la NASA- concluyó que el aumento de los niveles de dióxido de carbono experimentado en las últimas tres décadas ha tenido un impacto ¡enormemente positivo! en la reverdificación o enverdecimiento del planeta -más hojas en plantas y árboles- habiendo aumentado la vida vegetal en algunas regiones más del 50%. En pocas palabras, gracias al aumento de CO2 ¡el planeta se está volviendo más verde!

La revista lo dio ya a conocer en el reportaje antes citado ¿Es el dióxido de carbono culpable del calentamiento global? en el que el catedrático emérito de Estratigrafía de la Universidad de las Islas Baleares premiado en Canadá con la Medalla Sorby -una de las máximas distinciones mundiales en este ámbito- Luis Pomar nos explicó que no existe correlación directa entre la concentración de CO2 en la atmósfera y la temperatura global. Es más, en su opinión las plantas han tenido que ir adaptándose a lo largo de la historia -lamentablemente- a niveles cada vez más bajos de CO2. Luego el actual aumento de CO2 en el planeta es una bendición y no un desastre. Según explica «hoy la concentración atmosférica de CO2 está ligeramente por encima de las 400 ppm (partes por millón) y las 200 ppm que algunos proponen ahora alcanzar se corresponden con el índice de las épocas glaciales. Tendría pues consecuencias devastadoras”. Es decir, sería suicida pasar de una concentración de CO2 en la atmósfera del 0’04% al 0’02% como se propone.

Si en lugar de reducir las actuales 400 ppm de CO2 de la atmósfera a 200 ppm aumentáramos su cantidad a 800 ppm ¡las plantas crecerían el doble! -asevera Pomar-. Lo sabe cualquier agricultor que por eso en los invernaderos inyectan CO2 a fin de que sus plantas crezcan más y mejor. Si aumentan la temperatura y el CO2 la fotosíntesis será más rápida y la producción orgánica mayor. Y lo llamativo es que está tan constatado que es un procedimiento subvencionado. Por el contrario, bajar el nivel a 200 ppm lo que haría es provocar una desertización; y no por falta de agua sino por déficit de CO2. Sería un suicidio colectivo. Afortunadamente dudo que eso sea posible”.

Una impresión que por cierto confirma la Dra Claudia von Werlhof –responsable del Movimiento Planetario para la Madre Tierra– según la cual ”si el CO2 desaparece tanto como sea posible de la atmósfera entonces terminaríamos asfixiándonos junto con toda la vida del planeta; por tanto hay algo fundamentalmente incorrecto en toda la argumentación. ¡Se alza sobre pies de barro!” 

EL GRAN AUSENTE DEL DEBATE: EL SOL

Resulta igualmente increíble que en el debate sobre el calentamiento global se haya conseguido ocultar lo evidente: que la temperatura que en cada época disfrutamos depende básicamente del sol. En septiembre pasado el periodista Doron Levin dio a conocer en la revista Forbes un artículo sobre la investigación realizada por los profesores Nir Shaviv y Henrik Svensmark, miembros del Consejo Académico Asesor de Global Warning Policy Forum (GWPF). Shaviv es además presidente del Departamento de Física de la Universidad Hebrea de Jerusalén y se cuenta entre los que sostienen que el aumento de los niveles de CO2 tiene un papel menor en comparación con la influencia del sol y la radiación cósmica. Hablamos de alguien que se matriculó en la Universidad Technion de Israel -equivalente en el país al famoso Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Estados Unidos- ¡a los 13 años! y completó su trabajo postdoctoral en el Instituto de Tecnología de California y el Instituto Canadiense de Astrofísica Teórica. Pues bien, a las pocas horas de publicarse en la web la entrevista que se le hizo la revista la retiró con la peregrina excusa de que “no cumplía los estándares editoriales”. Afortunadamente The Global Warning Policy Forum decidió entonces publicarla en su web: https://www.thegwpf.com/revealed-the-climate-story-forbes-doesnt-want-you-to-read/?preview=true.

¿Y que decía Shaviv tan políticamente incorrecto como para censurarlo? Pues entre otras cosas esto: “Los defensores de que el cambio climático lo ha provocado el hombre ignoran el efecto del sol sobre el clima de la Tierra «. Según explica la actividad solar varía con el tiempo produciéndose una variación importante aproximadamente cada once años o más, momento en el que aparecen y desaparecen manchas solares en la superficie de sol que afectan claramente a nuestro clima. Se trata de algo en general conocido pero en 2008 Shaviv pudo cuantificarlo utilizando datos marinos y su conclusión es que cuando el sol está más activo aumenta el nivel del mar porque al ser la temperatura mayor el agua se expande y cuando hay menos baja. La correlación, según afirma, es clara.

“El vínculo entre la actividad solar y el calentamiento y enfriamiento de la Tierra es indirecto –aclara-. Los rayos cósmicos que inciden en la atmósfera terrestre procedentes de la explosión de estrellas masivas en el universo juegan un papel importante en la formación de los llamados núcleos de condensación de nubes necesarios para la formación de éstas. Cuando el sol está más activo el viento solar reduce la cantidad de rayos cósmicos que inciden en la atmósfera. Además un viento solar más activo conduce a una menor formación de nubes y a que sean menos blancas y menos reflectantes y por eso se calienta la tierra”

Shaviv agrega que el impacto del sol en el clima puede probarse con numerosas evidencias, tanto estudiando fósiles de cientos de millones de años como con las lecturas de las boyas y datos de altimetría satelital de las últimas décadas. «Todo apunta a lo mismo: la mayor parte del cambio climático lo causa el impacto del sol en la atmósfera y eso significa que la responsable es la naturaleza y no el hombre. De hecho duplicar la cantidad actual de CO2 solo aumentaría la temperatura un grado o grado y medio. Cualquier estudiante de Física de primer año lo sabe”.

Contundente. Y el catedrático español Luis Pomar va aún más lejos: “Según tres prestigiosas agencias de investigación independientes en los dos próximos ciclos de actividad solar la emisión va a disminuir y eso hará que las temperaturas sean cada vez más frescas, con inviernos más fríos y veranos más irregulares. Si estas predicciones se cumplen entre 2030 y 2050 la actividad solar será mínima y en tan escenario no solo no vamos hacia un calentamiento global sino que en un par de décadas podemos entrar en una mini-fase de enfriamiento. Lo curioso es que el hecho de que coincida el descenso de energía solar con una atmósfera sobrecargada de CO2 podría librarnos de ese período de congelación. Sería irónico pues que se esté tratando de eliminar lo que en un futuro próximo podría ser nuestra salvación”.

LA JERARQUÍA 

En fin, son tan claros los datos que tiran por tierra la farsa de que la Tierra se está calentando rápidamente y estamos a las puertas de un cataclismo que quienes han hecho el montaje marketiniano de la cumbre han recurrido a lo emocional en lugar de a lo racional para que la población apoye lo que buscan. Y para ello han utilizado a una cría que hoy tiene 16 años a la que muchos medios de comunicación ya han calado.

The Times publicó por ejemplo un durísimo artículo titulado Greta Thunberg y el complot para forjar un guerrero climático en el que desvela los vínculos entre ella y diversos grupos de poder empresarial y medioambiental. “El fenómeno protagonizado por Greta –señala el artículo- involucra al lobby de la energía verde, a profesionales de la publicidad y las relaciones públicas, a determinadas élites del movimiento ecologista y al think tank de un exministro socialdemócrata sueco a los que financian algunas de las principales empresas energéticas del país”. Juan Cruz Peña publicaría por su parte en elcondifencial.com un artículo titulado El vínculo que une a Greta Thunberg con los grandes ‘lobbies’ financieros internacionales en el que entre otras muchas cosas explica lo siguiente al hablar de la cumbre: “De manera mucho más discreta, en un segundo plano casi imperceptible, hay todo un entramado de ‘lobbies’ que están apoyando el movimiento que lidera Greta Thunberg y en general todas las acciones encaminadas a influir en la opinión pública y en los distintos gobiernos. Desde hace años se están situando en el lugar que les permita poner bajo sus intereses un movimiento que no para de crecer”.

¿Y a quiénes se refieren? Pues a personajes con enormes fortunas y a grandes empresas. Uno de ellos es Ingmar Rentzhog, fundador de We Don’t Have Time, la plataforma que ha popularizado las distintas acciones de protesta de Greta y está estrechamente relacionada con el exvicepresidente estadounidense Al Gore.

Otro es Daniel Donner -el «jefe de prensa» de Greta- que trabaja en un conocido lobby con sede en Bruselas llamado European Climate Foundation (ECF) al que están vinculados entidades como Rockefeller Brothers Fund, Bloomberg Philanthropies y Children Investments Fund Foundation, departamento filantrópico de The Children’s Investment Fund (TCI). Es más, Juan Cruz asegura que también participan en Climate Works Foundation empresas como BlackRock, Allianz, Axa, Bank of America Merryll Lynch, BNP Paribas, Carlyle Group (accionista de Cepsa), Citi, Credit Suisse, HSBC, Investec, JP Morgan, Temasek, Rabobank y la propia Fundación Rockefeller.

Organizaciones y empresas a las que -como ya adelantamos antes- hay que añadir Shell, Unilever, Barclays, Anglo-American Corp, RTC Corp., De Beers e Imperial Chemical Industries que forman parte del denominado Club de las Islas al frente del cual han estado el Príncipe Felipe de Edimburgo y la Reina Isabel II y está detrás de las organizaciones ecologistas más importantes: el Fondo Mundial para la Naturaleza, Greenpeace, Amigos de la Tierra, Survival International, Sierra Club, etc.

Recordemos asimismo que en su día la revista ya dio a conocer que en un informe del Comité sobre Medio Ambiente del Senado de Estados Unidos elaborado en septiembre de 2004 y actualizado cuatro años después en el que se analizaba la actividad política de los grupos ecologistas y las fundaciones que los financian se decía que “el activismo medioambiental se ha convertido en una industria milmillonaria en Estados Unidos”. Y es que además del dinero que la gente aporta vía donaciones las campañas medioambientales reciben millones procedentes de fundaciones «caritativas» entre las que se encuentran la Rockefeller Brothers Fund, empresa vinculada a 34 empresas petrolíferas surgidas de la división de la Standard Oil; entre ellas la multinacional petrolera más poderosa del mundo: Exxon Mobil Corporation. Es más, Rockefeller Brothers Fund entregó a Greenpeace entre 2001 y 2008 nada menos que 1.150.000 dólares. Terminamos este apartado indicando que otras fundaciones citadas en los artículos ya citados son PEW, Turner y Heinz. 

DERRIBAR EL SISTEMA

En definitiva, quienes están detrás de la farsa del cambio climático no son precisamente personas, entidades o empresas que se caractericen por su ética y altruismo por lo que sus intenciones filantrópicas y desinteresadas deben ser puestas en entredicho. De hecho lo que pretenden es conseguir asustar a la población para que presione a los gobiernos y éstos se vean «obligados» a aportar ingentes cantidades de dinero que terminarán en sus arcas. Solo que la farsa empieza a ser difícil de mantener si los dirigentes de las grandes potencias no la apoyan y a la cumbre de Madrid solo ha venido el presidente de uno de los 20 países del llamado G20: Argentina. El resto -que está bien informado de la farsa- se ha escaqueado.

Y es que es tal la cantidad de expertos y científicos que se han decidido ya a hablar para desmentir tanta falacia que quienes aun la apoyan con timidez empiezan a cubrirse las espaldas. Como hizo la ex ministra de Medio Ambiente de Canadá Christine Stewart alegando: “No importa si se trata de falsa ciencia; existen beneficios ambientales colaterales (…) El cambio climático proporciona la mayor oportunidad de lograr justicia e igualdad en el mundo». Y con palabras tan esclarecedoras como demagógicas se quedó satisfecha. Tim Wirth, ex Subsecretario de Estado estadounidense para asuntos globales y una de las personas responsables de la creación del Protocolo de Kioto, reconocería por su parte: “Incluso si la teoría del calentamiento global es incorrecta estaremos haciendo lo correcto en términos de política económica y política ambiental”.

Algo que como ya hemos argumentado no es cierto. Hay quienes propugnan por ejemplo acabar con el carbón para optar por fuentes menos contaminantes y baratas pero el ya citado Nir Shaviv advierte de que “cambiar a fuentes de energía más costosas hará que pasemos de países más industrializados a países más pobres que pueden pagar menos por turbinas eólicas y paneles solares. Incluso en los países desarrollados la presión de renunciar al combustible fósil pone a las personas pobres en peligro de congelarse durante el invierno por falta de calefacción doméstica asequible. Además el crecimiento económico de los países del Tercer Mundo se inhibirá si no pueden obtener préstamos del Banco Mundial para desarrollar plantas de energía a base de fósiles baratos. Se trata de problemas humanos serios aquí y ahora y no en un futuro teórico”.

Luis Pomar coincide con la advertencia: “Seamos claros: un planeta más frío y con menos dióxido de carbono reduciría enormemente la extensión de tierra cultivable, las estaciones de crecimiento, los hábitats de vida silvestre, la producción de los cultivos y nuestra capacidad para alimentar a la humanidad. Si lográramos disminuir drásticamente el nivel de CO2 –algo que dudo- contribuiríamos a provocar una gran hambruna y no a evitar un calentamiento global”.

En definitiva, va siendo hora de que se entienda: la farsa del cambio climático -porque los problemas reales del planeta citados al principio de este texto no dependen tanto de dinero sino de voluntad política- esconde un gigantesco negocio… por no decir una colosal estafa. El Green New Deal (El nuevo sueño verde) que pretende poner en marcha la Comisión Europea podría superar los 500.000 millones de euros en «inversiones» en las próximas décadas. Y eso solo puede obtenerse subiendo aun más impuestos. De hecho el plan del Gobierno socialista de Pedro Sánchez de descarbonizar España de aquí a 2050 es además de una estupidez algo que solo contribuirá a reducir las emisiones de CO2 en 2030 ¡un 0,2%!

“Las empresas que apoyan esta campaña -explica The Times al hablar de la farsa- están frotándose las manos ante la bonanza de contratos públicos que pueden obtener gracias a las políticas verdes defendidas por Thunberg ante los gobiernos de Occidente. Sea o no consciente de ello esta niña es la punta de lanza de una estrategia de presión que busca generar unos réditos empresariales concretos”.

Y es que, de hecho, ¿quién va a repartir el dinero que se destine a la farsa? ¿A qué entidades, fundaciones, organizaciones ecologistas y empresas de qué países? Obviamente nadie responde. Resulta por demás paradójico que vayan a ser los países de Europa quienes más dinero aporten a este montaje fraudulento cuando resulta que es en el viejo continente donde menos se contamina el planeta.

Es hora además de entender que tras todo esto hay intereses y razones ideológicas. Ottmar Edenhofer, principal autor del cuarto informe resumido del Intergovernmental Panel on Climate Change que se publicó en 2007 declararía tres años después “Uno tiene que liberarse de la ilusión de que la política climática internacional es política ambiental. La política de cambio climático se trata de cómo redistribuimos de facto la riqueza del mundo”. Y a la propia Greta Thunberg se le ha hecho decir -¿o es que alguien es tan ingenuo que cree que no le escriben sus discursos?- lo siguiente: «La crisis climática no tiene que ver sólo con el medio ambiente. Es una crisis de derechos humanos, de justicia y de voluntad política. Los sistemas coloniales, racistas y patriarcales de opresión la han creado y alimentado. Necesitamos desmantelarlos todos«. Mezcla inteligente de churras y merinas para que quien esté a favor de los derechos humanos y la justicia y en contra del racismo, el colonialismo y la explotación crea que eso implica estar también necesariamente a favor de las propuestas sobre el cambio climático. Pura demagogia marketiniana.

¿Aún lo duda? Pues sepa que la directora climática de la ONU, Christiana Figueres, no tuvo reparo en declarar que el verdadero objetivo de la conferencia climática de París de 2014 era “cambiar el modelo de desarrollo económico (capitalista) que ha estado reinando durante al menos 150 años, desde la Revolución Industrial«.

Richard Lindzen, miembro de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos, no duda por su parte en afirmar: “Una conjetura inverosímil respaldada por una falsa evidencia repetida sin cesar se ha convertido en un conocimiento políticamente correcto que se utiliza para promover el vuelco de la civilización industrial. Lo que vamos a dejar a nuestros nietos no es un planeta dañado por el progreso industrial sino un registro de estupideces insondables así como un paisaje degradado por la oxidación de parques eólicos y paneles solares en descomposición”. Claro que como bien dice el profesor Nir Shaviv «El calentamiento global ya no es un problema puramente científico con repercusiones para la sociedad: ha adquirido una cualidad moralista, casi religiosa. Si crees lo que todos creen eres buena persona; si no lo haces eres mala persona. ¿Y quién quiere ser pecador?”

 

Antonio F. Muro y Jose Antonio Campoy

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