Llamativas propiedades terapéuticas de la corteza de un árbol

El Pau d’Arco -o Palo de Arco- es el nombre que se da a la corteza de un árbol sudamericano que se usa terapéuticamente desde hace más de 2.000 años por las antiguas culturas indígenas amazónicas y andinas para tratar patologías tropicales como la malaria, los parásitos intestinales y las infecciones bacterianas y fúngicas así como para buena parte de los problemas de piel; pues bien, la moderna investigación científica no solo ha avalado su eficacia en tales casos sino que ha descubierto nuevas aplicaciones ya que todo indica que ayuda a tratar desde la obesidad hasta las enfermedades neurodegenerativas e, incluso, el cáncer.

PAU DE ARCO

Se llama Pau d’Arco a la corteza de un árbol llamado lapacho -botánicamente Handroanthus impetiginosus aunque antes se le denominaba Tabebuia impetiginosa– que está presente en parques, plazas, jardines y avenidas de muchas ciudades mediterráneas, indias, chinas y japonesas por la belleza de sus flores. Y si se asignó a la especie el nombre de “impetiginosa” fue porque entre las tribus nativas brasileñas se usaba su corteza como antiséptico para el impétigo, infección cutánea habitual en el país que provoca el Staphylococcus aureus, bacteria anaerobia grampositiva asociada a una amplia gama de patologías, desde infecciones cutáneas y mucosales benignas -como la foliculitis, la forunculosis o la conjuntivitis- a abscesos profundos, osteomielitis, meningitis, endocarditis, neumonía y malaria.

Cabe añadir que además de Pau d’Arco se la denomina también taheebo, flor amarilla, guayacán, curaire, curarí y curarire y que se usa asimismo la corteza de una variante de la misma especie: la Tabebuia avellanedae.

Los indígenas nativos sudamericanos la han usado para tratar todo tipo de infecciones -víricas, bacterianas, fúngicas y parasitarias- e incluso en casos de sepsis. Tópicamente se usa haciendo decocciones y aplicando el líquido en todo tipo de inflamaciones e infecciones cutáneas -desde heridas, quemaduras o llagas hasta psoriasis o dermatitis- e internamente en infecciones intestinales y urinarias. Se asevera asimismo que es un eficaz hipoglucemiante, hipotensor y antianémico.

Por lo que respecta a las flores del lapacho los indígenas las maceran en vino que usan como expectorante y para aliviar diversos problemas respiratorios, ataques de asma incluidos.

Tales son sus aplicaciones milenarias aunque no empezaron a ser constatadas con análisis modernos hasta muy recientemente como bien explica un equipo de la Escuela de Farmacia de la Universidad de Londres (Reino Unido) coordinado por J. R. Gómez-Castellanos en un artículo que publicó en 2009 en Journal of Ethnopharmacology titulado Red Lapacho (Tabebuia impetiginosa). A global ethnopharmacological commodity? (Lapacho rojo (Tabebuia impetiginosa): ¿una sustancia etnofarmacológica global?).

PRINCIPIOS ACTIVOS Y PROPIEDADES TERAPÉUTICAS

El grupo de moléculas orgánicas activas terapéuticamente más importantes del Pau d’Arco son la quercetina, las menaquinonas y las naftoquinonas (entre las que destacan el lapachol y, en menor medida, el lapachenol y las lapachonas). Y lo indicamos porque si bien muchos de los estudios que vamos a reseñar se hicieron con disoluciones y extractos de Pau d’Arco otros se hicieron estudiando solo dos de sus principales principios activos -el lapachol y la beta-lapachona- tanto extraídos de Handroanthus impetiginosus como de especies muy similares del mismo género.

Estas son, en suma, las principales propiedades terapéuticas del Pau d’Arco: 

Antibiótico, antimicótico y antiparasitario.

 Los primeros estudios microbiológicos que determinaron la capacidad antibiótica y antifúngica de la corteza del lapacho fueron desarrollados en la década de los cincuenta del pasado siglo XX por biólogos del Departamento de Antibióticos de la Universidad Federal de Pernambuco (Brasil) entre los que se encontraban los doctores O. Gonçalves de Lima y G. Pereira Pinto pero fue una década después cuando se demostró la eficacia de las naftoquinonas del lapacho frente a la Candida albicans y otros hongos patógenos certificándolo mediante ensayos bioquímicos. Estudios entre los que cabe destacar los realizados en el New York Botanical Garden (EEUU) por H. Gershon y L. Sanks demostrando que la actividad fungicida de las lapachonas es superior a la del fármaco ketoconazol dándolo así a conocer en 1975 mediante un trabajo publicado en Canadian Journal of Microbiology.

En 1994 se publicaría en Planta Médica un trabajo de colaboración entre P. Guiraud -de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Grenoble (Francia) y varios investigadores de la Universidad Federal de Pernambuco (Brasil) sobre el poder antibiótico y antifúngico tanto del lapachol como de la beta-lapachona constatando in vitro que ambas sustancias son muy efectivas contra patógenos como el Staphylococcus aureus, la Pseudomonas aeruginosa y el Bacillus subtilis así como frente a los mohos Candida albicans, C. parapsilosis, C. tropicalis y Cryptococcus neoformans. Los autores comprobaron que su eficacia antifúngica es superior al fármaco que habitualmente se usa para ello: el ketoconazol.  Y un dato importante: según aseveran su eficacia antimicrobiana se debe a que ambas naftoquinonas bloquean la capacidad respiratoria de las mitocondrias al afectar a la cadena de transporte de electrones en la membrana interna.

Un grupo de investigadores de la Seoul National University de Corea encabezado por Byeoung-Soo Park comprobó por su parte que el ácido carboxílico y el lapachol presentes en el Pau d’Arco son beneficiosos para nuestra flora intestinal; según explicaron en 2005 en Journal of Agricultural and Food Chemistry su extracto inhibe en cultivos bacterianos las distintas especies del Clostridium sin afectar negativamente a las bifidobacterias y lactobacilos. Un año después el mismo equipo comprobaría que es muy eficaz frente a la Helicobacter pylori, bacteria a la que se achacan la mayoría de las úlceras gástricas; lo dieron a conocer en 2006 en un trabajo aparecido en Journal of Ethnopharmacology. 

Es antiinflamatorio y analgésico.

Un equipo de la Universidad Federal de Pernambuco (Brasil) dirigido por E. R. de Almeida publicó en 1990 en Journal of Ethnopharmacology un estudio comparativo con ratones entre la eficacia antiinflamatoria del lapachol y el conocido antiinflamatorio no esteroideo (AINE) fenilbutazona y comprobaron  que el lapachol actúa mejor que el fármaco.

Dos años después un grupo de investigadores de la Universidad Federal de Rio Grande del Sur (Brasil) encabezado por J. D. Grazziotin publicó en 1992 en Journal of Ethnopharmacology un trabajo en el que se testó con ratones la eficacia analgésica de los principales componentes del Pau d’Arco y comprobaron que los más activos son dos naftoquinonas: el lapachol y la alfa-lapachona.

En 2008 un grupo coreano de la Kangwon National University encabezado por S. E. Byeon demostró por su parte mediante ensayos murinos que el extracto acuoso del Pau d’Arco inhibe la producción de las prostaglandinas pro-inflamatorias PGE-2 y reduce la expresión del RNAm impidiendo la secreción de la ciclooxigensa COX-2. El trabajo apareció en Journal of Ethnopharmacology y en él se afirma que ello explica su eficacia en enfermedades tan distintas que cursan con inflamación como la artritis y la ateroesclerosis.

En 2012 otro grupo coreano -esa vez de la Kyung Hee University y dirigido por M. H. Lee- realizó nuevos ensayos murinos usando extracto alcohólico de Pau d’Arco y comprobaron que una dosis de 200 miligramos por kilo de peso disminuye notablemente la inflamación y, por ende, el dolor; el estudio apareció en Molecular Medicine Reports y según dicen sus autores explica su eficacia en casos de artritis y artrosis.

Cinco años después -en 2017- un equipo de la Sejong University de Corea encabezado por  H. J. Park publicó en BMC Complementary and Alternative Medicine un trabajo según el cual el Pau d’Arco activa los macrófagos y células intersticiales del epitelio intestinal haciendo que segreguen citoquinas antiinflamatorias a la vez que impiden la liberación desde los nódulos linfáticos mesentéricos de las células Th1 y Th17 proinflamatorias. Así lo coligieron tras tratar von Pau d’Arco a ratones con intestinos inflamados.

Ese  mismo año un grupo de investigadores de la Waseda University de Japón publicó en Frontiers in Nutrition una serie de experimentos in vitro demostrando que el extracto acuoso de Pau d’Arco inhibe la secreción de citoquinas inflamatorias COX-2 sin afectar a las ciclo-oxigenasas (COX-1) como hacen los antiinflamatorios de síntesis (AINES) provocando graves efectos secundarios que van desde sangrado gastrointestinal y disfunción renal hasta accidentes cardiovasculares. 

Previene la obesidad y ayuda en casos de cáncer.

Un grupo del Korea Food Research Institute dirigido por Won Hee Choi comprobó que la beta-lapachona del Pau d’Arco previene la obesidad. Lo constataron con ratones y ver que los que la tomaban  con la dieta engordaban menos y tenían bastante menos grasa parda. Según el trabajo -aparecido en 2016 en Diabetes Journal– contribuye a la transformación de grasa blanca en grasa parda porque incrementa el gasto energético, regulación que se hace por vía de la expresión de una fracción del ARN-no codificante o miARN (exosoma); en concreto por la acción epigenética del MIR-382 que según distintos investigadores es un exosoma antitumoral. Un grupo del Affiliated Jiangsu Shengze Hospital de la Nanjing Medical University de China dirigido por Xu Yan comprobó de hecho que funciona como supresor tumoral en diferentes tipos de cáncer; es más, constataron concretamente que inhibe la proliferación, invasión y migración de células malignas de glioma silenciando el oncogén YBX1. Su trabajo se publicó este mismo año -2019- en OncoTargets and Therapy.

También este año -2019- se ha publicado en Bioscience Reports un trabajo cuyo título es por sí mismo explícito: MIR-382 functions as tumor suppressor and chemosensitizer in colorectal cáncer (El MIR-382 funciona como supresor tumoral quimiosensible en el cáncer colorrectal). El autor es un equipo del Affiliated Hospital of Southwest Medical University de China encabezado por el doctor Hui Yao.

La verdad es que las propiedades anticancerígenas del Pau d’Arco llevan años testándose. Ya en 1968 un equipo de la Universidad Federal de Pernambuco (Brasil) dirigido por C. Ferreira de Santana evaluó los efectos antitumorales de un extracto acuoso del mismo y según informaron en la Revista do Instituto de Antibióticos de la propia universidad inhibe en ratones en un 44% el crecimiento de los sarcomas.

En 1974 un grupo del National Security Council dirigido por J. B. Block publicó en Cancer Chemotherapy Reports un trabajo en el que se explica que suministraron distintas dosis de lapachol  a 19 personas con cáncer sin obtener resultados antitumorales significativos a excepción de la regresión de un cáncer metastásico de mama; además aseguraron que tiene efectos secundarios negativos que limita usarlo a dosis mayores.

En 1998 un grupo de la Kyushu University coordinado por T. Ikegawa presentó una patente farmacológica para un producto basado en las naftofurandionas del lapacho aseverando que es eficaz en algunos tipos de leucemia.

En 2002 un grupo de investigadores del Dana-Farber Cancer Institute de Harvard (EEUU) encabezado por A. B. Pardee publicó en Current Cancer Drug Targets un trabajo con el ilustrativo título de Cancer Therapy with beta-lapachone (Terapia del cáncer con beta-lapachona) en el que presentaron evidencias de que esta naftoquinona interfiere en la respiración mitocondrial de las células tumorales generando un exceso de especies reactivas de oxígeno (ROS) lo que las lleva a la apoptosis.

Un equipo de la Universidad Estadual de Campinas de Brasil dirigido por la doctora Mary L. Queiroz realizó por su parte varios ensayos murinos y comprobó que tanto dosis de 120 miligramos por kilo de peso de extracto de Pau d’Arco como 1 miligramo de beta-lapachona logran prolongar la vida de ratones con ascitis de Erlich al estimular la actividad de los macrófagos contra las células tumorales. El trabajo apareció en 2008 en Journal of Ethnopharmacology y en él se advierte de que dosis más altas producen efectos tóxicos, especialmente a nivel hematopoyético en la médula ósea.

Los oncólogos utilizan en el cáncer de mama inhibidores de estrógeno -con máxima prudencia por sus peligrosos efectos colaterales- y resulta que el Pau d’Arco posee  efecto antiproliferativo al  actuar sobre los genes específicos de respuesta a los receptores de estrógeno de las células malignas de mama. Lo constataron los doctores del Strang Cancer Prevention Center de Nueva York (EEUU) B. Mukherjee, N. Telang y G. Y. Wong cuyo trabajo apareció en 2009 en International Journal of Molecular Medicine con el título Growth inhibition of estrogen receptor positive human breast cells by Taheebo from the inner bark of Tabebuia avellanedae tree (Inhibición en células humanas de cáncer de mama del crecimiento del receptor de estrógeno positivo por taheebo o corteza interna del árbol Tabebuia avellanedae).

Un año después -en 2010-un grupo de investigadores de la Jeju National University de China encabezado por el doctor Dong-Oh Moon investigó la telomerasa de las células tumorales como posible diana para eliminarlas y tras sumergir células de leucemia en un medio rico en beta-lapachona observó que, efectivamente, disminuía en ellas la telomerasa. Lo dieron a conocer en 2010 en  Journal of Medicinal Food.

En 2014 un grupo del College of Medicine de la National Taiwan University coordinado por la doctora Hsiu-Ni Kung constató in vitro y en ratones que la beta-lapachona es eficaz en células tumorales de leucemia, hepatoma, osteosarcoma, próstata, mama, pulmón, vejiga y páncreas. Según el artículo que publicaron en Chemotherapy lleva a esas células tumorales a la apoptosis al transformase la beta-lapachona en una semiquinona inestable que se oxida cíclicamente (ciclo de óxido-reducción) volviendo luego a recuperarse como lapachona. Tal ciclo continuo agota los antioxidantes de las mitocondrias y las lleva a la muerte.

Este mecanismo antitumoral sería posteriormente confirmado por un equipo del Simmons Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Texas (EEUU) coordinado por M. A. Silvers con un trabajo aparecido en 2017 en Journal of Biological Chemistry. Según explican la beta-lapachona incide en la enzima quinona-oxidoreductasa-1 (NQO1) -excepcionalmente abundante en las células tumorales- sobreactivando la cadena de electrones de la respiración mitocondrial dando ello lugar a una excesiva producción de oxigeno reactivo que daña el ADN de las células tumorales al tiempo que agota el ATP de sus mitocondrias. En definitiva, induce su apoptosis.

Y no es todo: el Pau d’Arco tiene moléculas con actividad anti-aromatasa y no olvidemos que los inhibidores de esta enzima se utilizan oncológicamente en los cánceres de mama de mujeres en etapa postmenopáusica. Según un equipo del Health Sciences Center de la Universidad de Texas (EEUU) encabezado por N. Telang por eso la naftofurandiona tipo de naftoquinona presente en el Pau d’Arco- inhibe el crecimiento tumoral. Han dado cuenta de ello en noviembre de este mismo año -2019- en un trabajo publicado en Biomedical Reports según el cual su extracto silencia el gen ESR-1 codificante de la aromatasa de forma similar a drogas de síntesis como Letrozol y Exemestano.

Corroboraban así lo descubierto por un grupo de oncólogos de la University of North Carolina de Greensboro (EEUU) encabezado por Zhenquan Jia cuyo trabajo apareció en 2014 en Toxicology and Applied Pharmacology con el explícito título de Mechanistic studies of cancer cell mitochondria and NQO1-mediated redox activation of beta-lapachone, a potentially novel anticancer agent (Estudio mecanístico de las mitocondrias de células cancerígenas y la activación redox del NQO1 por la beta-lapachona. Un nuevo y potencial agente anticancerígeno). En él sostienen que el efecto antitumoral de la beta-lapachona se debe a que agota el NAD (nicotinamida-adenina-dinucleótido) de las células tumorales y genera en sus mitocondrias excesivos radicales de oxigeno reactivo (ROS).

Agregaremos que un grupo de la Pharmacology Research Division de la India encabezado por S. P. Panda ha publicado este mismo año -2019- en Journal of Ethnopharmacology los resultados de un ensayo murino que demuestra que un extracto rico en lapachonas y naftoquinonas de la Tabebuia chrysantha -especie muy próxima a T. impetiginosa– reduce sensiblemente el peso y volumen de la masa tumoral del carcinoma de Ehrlich. Asimismo comprobaron que incrementa de forma notable en sangre la cantidad de antioxidantes -como el glutatión, la SOD (superóxido-dismutasa) y la catalasa- y lleva a la muerte a las células tumorales. 

Ayuda en las enfermedades neurodegenerativas.

Un equipo del Seoul National University Hospital de Corea encabezado por M. Lee efectuó varios ensayos murinos para evaluar la posible utilidad de la beta-lapachona frente a la enfermedad de Huntington y según explican en el trabajo que publicaron en 2018 en  PLoS One los síntomas y variables clave de los ratones con fenotipos de esta enfermedad a los que se administró oralmente beta-lapachona mejoraron significativamente en comparación con los animales de control.

Y este mismo año -2019- un equipo coreano de la School of Medicine Ewha Womans University de Seúl encabezado por J. S. Park comprobó en ratones con enfermedad de parkinson inducida a los que se inyectó beta-lapachona que su motricidad mejoraba claramente. Según aseveran en el trabajo publicado en Biomolecules & Therapeutics tras analizar el tejido cerebral de los animalillos la beta-lapachona protege las células de la astroglía. 

Protege los riñones.

Un numeroso equipo de la University of Science and Technology de Corea encabezado por Y. H. Kim efectuó varios ensayos trabajando con ratones con daño renal inducido y tras darles beta-lapachol observó que -a diferencia de los del grupo de control- se suprimía la proteinuria y el daño glomerular. Su trabajo apareció en 2012 en Free Radical Biology & Medicine y en él se explica que el beta-lapachol disminuye los procesos de inflamación y afibrosamiento renal al lograr el equilibrio NAD/NADH (nicotinamida-adenina-dinucleótido oxidada/reducida). 

Tiene propiedades antienvejecimiento.

Un amplio grupo de investigadores del Korea Advanced Institute of Science and Technology encabezado por J. S. Lee constató que administrar beta-lapachona a ratones envejecidos disminuye la degeneración motora y cognitiva relacionada con la edad independientemente de su actividad y alimentación y además adelgazan más fácilmente si se ponen a dieta mejorando sus niveles de insulina y glucosa. El trabajo se publicó en 2018 en PLoS One y según sus autores se debe a que la ingesta de beta-lapachona regula la ratio NAD/NADH mejorando el metabolismo respiratorio de las mitocondrias. 

Inhibe la agregación plaquetaria.

En 2006 apareció en Journal of Ethnopharmacology un interesante artículo según el cual distintos tipos de extractos de Pau d’Arco inhiben la agregación plaquetaria y la proliferación celular en el epitelio aórtico de conejos. El estudio lo hizo un numeroso grupo de investigadores de la Chungbuk National University de Corea encabezado por el doctor D. J. Son y en él se destaca que entre los distintos efectos moleculares que tienen lugar el Pau d’Arco bloquea la secreción de ácido araquidónico. 

Mejora la cicatrización de heridas.

Un equipo del College of Medicine de la National Taiwan University encabezado por la doctora Hsiu Ni Kung publicó en 2008 en American Journal of Physiology Cell Physiology el trabajo In vitro and in vivo wound healing promoting activities of beta-lapachone (La beta-lapachona mejora la cicatrización de heridas tanto in vitro como in vivo). El ensayo se hizo con ratones que padecían heridas diabéticas inducidas cuya evolución se comparó con la de ratones sanos y se constató que la beta-lapachona acelera notablemente el proceso de cicatrización. Estudios paralelos explicarían que la beta-lapachona incrementa la proliferación de queratinocitos, fibroblastos y células endoteliales que migran a la zona afectada y además estimula a los macrófagos para que liberen factores de crecimiento VEGF y EGF. 

Previene la alopecia.

Un grupo de biólogos de la Shiseido Company de Japón encabezado por el doctor Masahiro Ota patentó en 1998 un extracto alcohólico de lapacho asegurando que alivia el picor en el cuero cabelludo y previene la alopecia; al menos así se recoge en la patente reseñada en Patent Database Chemical Abstracts (ahora SciFinder).

CONCLUSIONES

Evidentemente los trabajos reseñados no son más que una pequeña muestra de los existentes ya que no es posible en un texto divulgativo como éste hacerse eco de todos pero dejan claro que las tinturas y cremas tópicas elaboradas con Pau d’Arco son eficaces en todo tipo de enfermedades cutáneas, desde la dermatitis y la psoriasis hasta las producidas por infecciones bacterianas o fúngicas así como en los casos de cicatrices, heridas y quemaduras; actividad tópica que puede reforzarse ingiriendo simultáneamente cápsulas.

Sus componentes son asimismo eficaces para combatir bacterias, hongos y parásitos patógenos y además poseen propiedades antiinflamatorias lo que hace al Pau d’Arco útil en las enfermedades inflamatorias intestinales pero también en muchas otras, especialmente en la artritis y artrosis.

En cuanto al cáncer -como sucede con casi todas las sustancias naturales- no se han hecho ensayos clínicos -no le interesa a la industria oncológica- pero son numerosas las evidencias de sus propiedades antitumorales según ensayos efectuados por prestigiosos laboratorios de investigación tanto in vitro como con ratones.

Cabe añadir que el Pau d’Arco se puede encontrar en las tiendas dedicadas a la medicina natural tanto en forma de polvo como en cápsulas y que asimismo se comercializan sus principios activos -en especial el lapachol y la beta-lapachona- en fórmulas desarrolladas específicamente. Incluso puede tomarse directamente la corteza desecada sometida a decocción en forma de tisana.

El Pau d’Arco parece ser en general inocuo pero no deben ingerirlo las embarazadas porque hay indicios de que pueden afectar al feto; así se infiere al menos de un ensayo murino realizado por un grupo de la Universidade Federal de Juiz de Fora (Brasil) dirigido por la doctora Martha de Oliveira Guerra tras suministrar a ratonas preñadas 100 miligramos de lapachol por kilo de peso durante la gestación y comprobar que si bien ellas no sufrieron síntoma tóxico alguno se constató un retraso en el crecimiento fetal; el ensayo se publicó en 2002 en Contraception, International Reproductive Health Journal. Cinco años después esa misma investigadora efectuaría un nuevo ensayo junto a Rita de Cássia da Silveira -otra investigadora de la misma universidad- pero con ratones macho a los que se dio la misma dosis y detectaron una menor producción de líquido seminal; el trabajo apareció en 2007 en Phytotherapy Research.

Paula M. Mirre

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