Confirmada la farsa de los CDC: ¡las vacunas causan autismo!

En abril de 2012 denunciamos que los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos decidieron ocultar -con ayuda de científicos y asociaciones médicas corruptas, laboratorios y medios de comunicación ligados al poder- la relación entre el mercurio de las vacunas y diversas patologías neurológicas -especialmente en niños- y cómo fue perseguido por ello el Dr. Andrew Wakefield tras publicar un riguroso estudio que así lo afirmaba contradiciendo la tesis oficial. Pues bien, el Dr. William W. Thomson, epidemiólogo de los CDC que participó en la conspiración, acaba de admitirla públicamente y ha pedido perdón a Wakefield por destrozar su carrera. El tiempo nos vuelve a dar la razón.

La utilidad de las campañas masivas de vacunación para prevenir enfermedades así como su seguridad ha sido de nuevo puesta en entredicho. El pasado 27 de agosto el Dr. William Thompson, científico de alto nivel de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estadounidenses, admitió haber “cocinado” los datos del artículo que publicó en 2004 en Pediatrics junto a otros investigadores de esa agencia a fin de ocultar la relación entre el timerosal de la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) y los trastornos del espectro autista. Denuncia relevante que tendrá -o así debería ser- gravísimas consecuencias sanitarias y jurídicas y que no ha sido dada a conocer por la inmensa mayoría los grandes medios de comunicación. La única excepción ha sido la CNN que no dudó en titular así la noticia: “Fraude en los CDC al descubierto: se oculta al público un 340% mayor de riesgo de autismo”. Por su brevedad y relevancia reproducimos íntegramente la nota de prensa emitida por los abogados del doctor Thompson.

Nota de prensa de 27 de agosto de 2014. Declaración del Dr. William W. Thompson sobre el artículo de 2004 que examina la posibilidad de relación entre la vacuna MMR (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo: “Mi nombre es William Thompson y soy científico de alto nivel de los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades donde he trabajado desde 1998. Lamento que mis coautores y yo omitiésemos información estadísticamente significativa en el artículo que en 2004 publicamos en Pediatrics. Los datos omitidos sugerían que los varones afroamericanos que recibieron la vacuna triple vírica antes de los 36 meses corrieron mayor riesgo de sufrir autismo así que al decidir qué hallazgos debíamos comunicar tras la recogida de datos no se siguió el protocolo en las conclusiones finales. Quiero ser absolutamente claro: creo que las vacunas han salvado y continuarán salvando innumerables vidas y nunca sugeriría pues a un padre que evite vacunar a sus hijos; de cualquier raza. Las vacunas previenen enfermedades graves y los riesgos asociados a su administración están muy compensados por sus beneficios individuales y sociales. Mi preocupación se centra en la decisión de haber omitido conclusiones en un estudio concreto de una vacuna concreta para un subgrupo particular. Los riesgos de las vacunaciones son conocidos y es responsabilidad de los CDC informar adecuadamente de ellos. En los últimos 10 meses he tenido de hecho varias conversaciones con el Dr. Brian Hooker sobre los estudios llevados a cabo por los CDC sobre las vacunas y su incidencia en el desarrollo neurológico -incluidos los Trastornos del Espectro Autista- y coincidimos en que la toma de decisiones y análisis de los CDC deben ser transparentes. Sin embargo no sabía que estaba grabando todas nuestras conversaciones ni me dio la oportunidad de negarme a que mi nombre se hiciera público y mi voz se subiera a Internet. Estoy muy agradecido por los muchos emails de apoyo que he recibido en los últimos días. No voy a contestar a más preguntas de momento. Estoy entregando información al congresista William Posey y, por supuesto, pienso seguir cooperando con el Congreso. También me he ofrecido a ayudar en el reanálisis de los datos del estudio y en el desarrollo de otros nuevos pero de momento estoy centrado en mi trabajo y en mi familia. Asumo que haya científicos que puedan diferir en su interpretación de la información y, de hecho, lo hacen. Yo haré todo lo que pueda para ayudar a cualquier científico imparcial y objetivo -de dentro y fuera de los CDC- a analizar los datos recogidos por los CDC y otros organismos públicos a fin de valorar si las vacunas están o no asociadas a un mayor riesgo de autismo. Hay aún más preguntas que respuestas pero es de agradecer que tantas familias estén buscándolas en la comunidad científica. Mis colegas y supervisores de los CDC han sido totalmente profesionales desde que este asunto se hizo público. De hecho he recibido un premio basado en el rendimiento tras conocerse toda esta historia. Manifiesto asimismo no haber sufrido presión ni represalia alguna y, por supuesto, no es verdad que saliera escoltado del edificio como algunos han afirmado” (el original en inglés de esta nota de prensa puede leerse en el enlace www.morganverkamp.com/august-27-2014-press-release-statement-of-william-w-thompson-ph-d-regarding-the-2004-article-examining-the-possibility-of-a-relationship-between-mmr-vaccine-and-autism).

Hasta aquí la nota publicada en Internet, diplomática y convenientemente supervisada por los abogados del Dr. Thompson a fin de evitarle pleitos a su cliente pero que deja claras dos cosas. La primera, que las conclusiones del estudio se manipularon para que no pudiera inferirse que la vacuna puede causar autismo. La segunda, que no está dispuesto a enfrentarse al sistema y ha aceptado defender la eficacia de las vacunas y la profesionalidad y ética de quienes manejan los CDC; sin duda porque acusarles de lo contrario implica auto-culparse después de tantos años trabajando para ellos. Pero retrocedamos un poco para tener una visión de conjunto de lo acaecido en los últimos meses y comprender mejor la relevancia de este comunicado.

ANTECEDENTES

En febrero de 1998 The Lancet publicó un estudio cuyo autor principal era el Dr. Andrew Wakefield en el que se apuntaba que la exposición temprana a la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) podía ser causa de un nuevo trastorno del intestino relacionado con el autismo; artículo que se convirtió en el detonante de nuevas investigaciones así como de acciones de reivindicación por parte de numerosas familias cuyos hijos sanos empezaron a manifestar signos de autismo poco después de ser vacunados. La lógica preocupación social suscitada llevaría a los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades a orquestar de inmediato, en connivencia con asociaciones médicas profesionales, científicos corruptos, laboratorios fabricantes de vacunas, grandes medios de comunicación y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), una campaña que evitara que las vacunas pudieran relacionarse con los cada vez más numerosos casos de autismo en Estados Unidos y Europa donde hoy 1 de cada 150 niños en edad escolar presenta síntomas autistas cuando hace 25 años esa proporción era de apenas 1 por cada 10.000. Una operación que se planificó durante una reunión secreta celebrada los días 7 y 8 de junio de 2000 en el Simpsonwood Center de Norcross (Georgia, EEUU) en la que participaron 51 científicos y médicos de los CDC así como representantes de la FDA y la industria farmacéutica: Merck, SmithKline, Wyeth, North American Vaccine y Aventis Pasteur. Algo que hoy sabemos porque sus actas fueron obtenidas por un grupo de padres de niños autistas gracias a la denominada Ley de Libertad de Información.

Elemento clave de esa operación sería -como en su momento ya denunciamos en la revista- la contratación de una empresa privada para que gestionase la base de datos oficial sobre la seguridad de las vacunas -y hacer que de ese modo quedase legalmente fuera del alcance del público- y la publicación entre 2002 y 2003 de cuatro estudios “cocinados” por personal de los CDC en Dinamarca y publicados en revistas de gran difusión y prestigio -a los que siguieron otros estudios e informes oficiales- que presuntamente aportaban la “evidencia científica” de que no existía relación alguna entre el timerosal y el autismo. Trabajo que permitió desactivar miles de demandas presentadas por padres estadounidenses cuyos hijos habían desarrollado trastornos neurológicos tras la administración de la vacuna triple vírica incluida en el calendario vacunal aprobado por la FDA.

En evidente conexión con esta campaña fraudulenta los editores de The Lancet publicaron entonces una retractación del artículo del Dr. Wakefield mientras el Sunday Times iniciaba una campaña de descrédito contra él y el British Medical Council le abría una investigación que culminaría en 2010 retirándole la licencia para ejercer la Medicina.

Pues bien, ahora, una década después de la publicación de aquellos estudios, un científico de la agencia que protagonizó ese ocultamiento -los CDC– reconoce que ocultaron datos en el estudio que publicaron en 2004 y que formaba parte de la campaña de fabricación de evidencias falsas para exculpar al timerosal de provocar autismo. Vomitivo. Porque pone bajo sospecha el resto de los artículos en los que participó, sus intervenciones académicas y sus declaraciones públicas así como todos los trabajos del resto de los firmantes del artículo y, por extensión, de todos los artículos y evidencias presentadas por los CDC.

Y la pregunta a hacerse es obvia: ¿cuántos niños han desarrollado trastornos autistas en estos diez años con esas vacunas declaradas “oficialmente” inocentes de causar autismo? ¿Quién devolverá al Dr. Wakefield su reputación, su carrera, su licencia y, en definitiva, la vida que tuvo que abandonar para comenzar de nuevo en Estados Unidos? ¿Qué pasará con las recomendaciones que continúan difundiéndose por el Gobierno estadounidense -y obedientemente por el resto de los gobiernos- asegurando que las vacunas no causan problemas neurológicos? (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos Timerosal y autismo: silencio, ocultación y mentiras y Las vacunas pueden causar autismo publicamos en los números 148 y 153 respectivamente).

“¡DIOS MÍO!, NO SÉ CÓMO PUDIMOS HACER LO QUE HICIMOS…”

Obviamente la historia del reconocimiento del Dr. William W. Thompson no empezó el 27 de agosto, día en que publicó su confesión. Él mismo reconoce en esa nota que llevaba diez meses -es decir aproximadamente desde noviembre de 2013- manteniendo conversaciones con el Dr. Brian Hooker, prestigioso bioingeniero y profesor de la Universidad de Redding (California, EEUU) con una larga carrera como investigador de la seguridad de las vacunas además de padre de un niño con autismo. Hoy sabemos que Thompson no sólo proporcionó información confidencial al congresista Posey como explica en su nota sino al Dr. Hooker e, incluso, al Dr. Andrew Wakefield tal y como este último nos ha confirmado personalmente. Hablamos de miles de páginas que incluyen protocolos del estudio, planes de análisis, notas manuscritas, correos electrónicos y otras comunicaciones entre los participantes y sus directores. De hecho fue con esos documentos con los que el Dr. Hooker accedió a los datos que habían sido ocultados por los CDC y con ellos llevó a cabo la nueva evaluación cuyos resultados publicó el pasado 8 de agosto de 2014 en Translational Neurodegener. Un artículo cuya principal conclusión es ésta: “El presente estudio aporta evidencia epidemiológica de que los varones afroamericanos que reciben la vacuna MMR antes de los 24-36 meses son más propensos a recibir un diagnóstico de autismo”. Riesgo que aumenta ¡un 340%! Un impactante resultado que debió haberse dado a conocer hace diez años pero fue ocultado por los autores de aquella investigación. El Dr. Hooker comenta que a su juicio Thompson probablemente se sinceró con él dada su doble condición de científico y padre de un niño afectado. Lo que parecen avalar algunos de los fragmentos de las conversaciones telefónicas que ambos mantuvieron ya que son realmente estremecedores. Así, pueden escucharse frases como…

-¡Dios mío!, no sé cómo pudimos hacer lo que hicimos… pero lo hicimos (…) Está todo ahí, está todo ahí. Tengo las notas manuscritas”.

…“Siento enorme vergüenza cuando me encuentro con familias de niños autistas porque yo he sido parte de ese problema”.

…“Los CDC han retrasado diez años la investigación (sobre el autismo). La falta de transparencia de los CDC nos ha hecho perder diez años de investigación (sobre la conexión vacunas-autismo)”.

“Los CDC están… paralizados. El sistema entero está paralizado. Tengo un jefe que me pidió que mintiera si me veía forzado a testificar pero no voy a mentir. Básicamente he dejado de mentir”.

Hasta ese momento la identidad del “chivato” arrepentido de los CDC se mantenía en la sombra por razones evidentes: estaba poniendo al descubierto una operación fraudulenta llevada a cabo por una de las más poderosas agencias gubernamentales cuyo lema es Saving lives, protecting people (Salvando vidas, protegiendo al pueblo) y violando acuerdos de confidencialidad. Y, por tanto, arriesgando su futuro profesional e incluso su seguridad personal. Por mucho menos ha habido casos de “desaparición”, “suicidio repentino” o arresto psiquiátrico. Hasta que el 22 de agosto -catorce días después de la publicación del artículo del Dr. Hooker- se produciría un giro en los acontecimientos con la aparición de un video producido por Autism Media Channel -del que Wakefield es productor y director- en el que se desveló el nombre del confidente. Haciendo públicos la web de información crítica sobre salud Natural News pocos días después dos impactantes correos electrónicos de Thompson. Uno de ellos dirigido a la Dra. Melinda Wharton, directora de la División de los Servicios de Inmunización de los CDC en 2002, cuando Thompson y sus compañeros de equipo ya conocían los resultados del estudio que revelaba la relación entre la vacuna y el autismo. El correo se refiere a los resultados calificándolos de “sensibles”: “He tratado de llamar su atención sobre algunas cuestiones jurídicas potencialmente sensibles en relación con los documentos que deberíamos usar en este estudio”. Pero lo más significativo es que anuncia ya lo siguiente: “Voy a contratar a mi propio abogado y consideraré seriamente retirarme como autor del manuscrito”.

El segundo correo está fechado el 2 de febrero de 2004 y dirigido a la entonces directora de los CDC, la Dra. Julie Gerberding. Thompson debía presentar en unos días los resultados de su trabajo al Instituto de Medicina (IOM por las siglas en inglés de Institute of Medicine) y tenía muchas dudas sobre cómo actuar. Un correo -que por cierto enviaría directamente a Gerberding saltándose el protocolo habitual- en el que parece amenazar con contar la verdad: “Tendré que presentar algunos resultados problemáticos en relación con la asociación estadística entre la vacuna MMR y el autismo”. Luego, tras recriminar a Gerberding por la política de los CDC sobre la seguridad de las vacunas, menciona dos cartas dirigidas a la misma directora por el congresista David Weldon en las que éste cuestionaba la integridad de los científicos del Programa Nacional de Inmunización… Cartas que aún permanecen sin respuesta. Thompson añadiría: “Es hora de que nuestros líderes apoyen a sus científicos y hagan lo correcto”. El correo acababa dando a Gerberding un ultimátum para que contestara al congresista. Sin embargo ésta ni siquiera respondería al correo y como Thompson no quería presentar los resultados “cocinados” ante el Instituto de Medicina (IOM) fue sustituido por el primer autor del artículo, el Dr. Frank DeStefano, quien hizo la presentación ocultando datos estadísticos significativos. Manteniéndose maquiavélicamente sin embargo el nombre de Thompson en el artículo definitivo que sería utilizado para denegar compensaciones a unas cinco mil familias afectadas; es más, continúa citándose para exculpar a las vacunas de los graves daños neurológicos que provocan. En cuanto a la directora de los CDC, Julie Gerberding, dejaría su cargo en 2009 para pasar a dirigir la División de Vacunas de Merck con un sueldo de dos millones de dólares anuales. Sin comentarios.

En fin, parece obvio que debieron ser el video de Autism Media Channel y los dos correos electrónicos citados los que llevaron a Thompson a protegerse haciendo la mencionada confesión pública aunque no quepa descartar que realmente estuviese arrepentido y le pesara la conciencia dado el enorme daño causado. De hecho tenemos constancia de un diálogo entre Thompson y Wakefield mantenido en una red social que transcribimos:

¿Es cierta la nota de prensa?, preguntaría Wakefield.

-Sí –respondería escuetamente Thompson.

-Gracias. Hizo usted algo correcto y honorable.

-Estoy de acuerdo. Y le pido perdón nuevamente por el precio que tuvo usted que pagar por mi falta de honestidad.

-Le perdono completamente; sin ningún rencor.

Cabe añadir a lo ya dicho un dato significativo: el mismo día en el que Thompson hizo pública su confesión la revista Translational Neurodegener decidía retirar el artículo de Hooker. ¿La razón? Esto es lo que alegó el propio editor en una nota: “El editor, lamentablemente, debe retractarse de este artículo debido a intereses no declarados por parte del autor que comprometen el proceso de revisión. Además una revisión post-publicación ha arrojado dudas sobre la validez de los métodos y del análisis estadístico por lo que los editores no mantienen su confianza en la claridad de los hallazgos. Pedimos disculpas a todas las partes afectadas por los inconvenientes causados”.

La revista colgaría además en su web la siguiente advertencia ante su fulminante retirada del artículo de Hooker: “El editor de este artículo tiene serias dudas sobre la validez de sus conclusiones debido a posibles conflictos de interés no declarados por el autor y los revisores. El asunto está investigándose. Entre tanto se avisa a los lectores que traten con precaución las conclusiones de este estudio. Una vez se complete la investigación se tomarán las medidas que correspondan”.

Por nuestra parte añadiremos que el artículo había pasado el habitual proceso de revisión por pares además de por el propio Dr. Thompson quien había llegado a las mismas conclusiones antes de retirar los datos que permitieron falsear el estudio.

En suma, el artículo sobre el que pesa una confesión pública de fraude por su principal autor permanece publicado mientras el que utiliza los datos correctos ha sido retirado. Extraña paradoja que solo se explica conociendo el enorme poder de quienes manejan los hilos en el ámbito de la salud.

¿INVESTIGACIÓN DEL CONGRESO?

Afortunadamente hay personas dispuestas a sacar a la luz la verdad y conseguir que se castigue a los responsables. Safeminds -organización estadounidense fundada en 2000 para investigar el papel del mercurio en los trastornos autistas que viene denunciando desde hace una década que los CDC ocultan esa relación- ha pedido ya una investigación a fondo sobre la manipulación perpetrada por el Servicio de Salud norteamericano. Una denuncia que ahora se ve refrendada por la confesión de Thompson. Según Lyn Redwood, vicepresidenta de Safeminds, “esto es solo la punta del iceberg; hemos encontrado problemas con todos y cada uno de los resultados generados por los CDC negando la relación vacunas-autismo. En 2004 el investigador de los CDC Thomas Verstraeten publicó un estudio examinando el timerosal en las vacunas con similares manipulaciones del protocolo; en 2007 otro estudio de los CDC minimizaba el efecto del timerosal en problemas de lenguaje, algo que ahora Thompson admite; y en 2010 un estudio de los CDC utilizó trucos estadísticos para eliminar detecciones de riesgo de autismo”. Redwood exige por todo ello que se cree cuanto antes una comisión independiente de investigación con poder para demandar a los responsables y se retire a los CDC la supervisión de la seguridad de las vacunas.

Sabemos además que un grupo de familias afectadas está preparando ya una demanda contra los CDC que se sumará a las dos presentadas contra Merck en cortes federales; una a partir de las denuncias de dos antiguos científicos de esta multinacional que la acusan de haber proporcionado información adulterada y haber ocultado datos al Gobierno en relación con la eficacia de la vacuna de las paperas atribuyéndole una eficacia del 95% y cumplir así las exigencias de la FDA para su aprobación, y una segunda que se apoya en evidencias proporcionadas por los mismos científicos para reclamar daños debido a que Merck ha monopolizado el mercado de la rubeola de modo fraudulento y utilizado ese monopolio para vender una vacuna más cara y menos efectiva.

Paralelamente, el ya mencionado congresista William Posey -que lleva muchos años fiscalizando de cerca la labor de los CDC, especialmente en el asunto de las vacunas y el autismo- está revisando las alegaciones de Thompson con la intención de abrir una investigación en el Congreso.

MALA CONDUCTA CIENTÍFICA Y OBSTRUCCIÓN A LA JUSTICIA

A la espera de que estas iniciativas se materialicen tenemos noticia de una que se acaba de hacer efectiva y previsiblemente tenga grandes repercusiones: el pasado 14 de octubre se presentó formalmente por los doctores Andrew Wakefield y Brian Hooker junto al fiscal James Moody una queja ante los doctores Harold W. Jaffe -Director Científico Asociado de los CDC- y Don Wright– Director Ejecutivo de la Oficina para la Integridad en la Investigación (ORI por las siglas en inglés de Office for Research Integrity)- por “presunta mala conducta en investigación” (falsificación por omisión de resultados) en el artículo publicado en 2004 en Pediatrics. Queja enviada además -entre otros organismos y cargos de relevancia- al actual Director de los CDC –el Dr. Tom Frieden-, a la oficina del Inspector General del Departamento de Salud, al presidente de la Academia Americana de Pediatría, a los congresistas Bill Posey, Daryl Issa y Gwen Moore, al Director de los Institutos Nacionales de Salud Mental -el Dr. Thomas Insel-, a la responsable del Centro Nacional de Información sobre Vacunas y al Instituto de Medicina. Reservándose el derecho a difundirla a través de Autism Media Channel y otros medios en interés público.

Se trata de un documento de 34 páginas apoyadas con 36 anexos -que incluyen notas manuscritas de los autores y grabaciones de las numerosas llamadas que Thompson hizo a Hooker- en las que se documentan minuciosamente las operaciones fraudulentas llevadas a cabo por un grupo de científicos de los CDC para alterar el resultado de sus investigaciones y presentar las vacunas como seguras ocultando la significativa relación estadística entre el timerosal que contienen y los trastornos del espectro autista, datos que fueron eliminados de los resultados finales con criterios no científicos.

“El grupo investigador encabezado por el Dr. Frank DeStefano que incluía a los doctores William Thompson, Marshalyn Yeargin-Allsopp, Tanya Karapurkar Bashin y Coleen Boyle encontró asociaciones estadísticamente significativas entre la edad de la primera administración de la vacuna MMR y el autismo en (a) todo el grupo de niños autistas, (b) niños afroamericanos y (c) niños con autismo ‘aislado’”, definido por el grupo de investigadores como aquellos con autismo sin discapacidades de desarrollo”, explica el escrito. Añadiendo que para encubrir esa asociación los investigadores llevaron a cabo conductas claramente fraudulentas: por una parte eliminaron a los niños “problemáticos” de la muestra alegando que no disponían de certificado de nacimiento del estado de Georgia y que éste era necesario para obtener la fecha de nacimiento, sexo, peso, raza y otros datos significativos cuando en realidad en el protocolo previo al estudio se reflejó que esos datos ya se habían obtenido mediante los expedientes escolares y no eran pues necesarios los certificados de nacimiento.

Asimismo los autores llevaron a cabo un reagrupamiento por edades a fin de alterar los datos estadísticos porque estos no beneficiaban la conclusión a la que querían llegar. Cambios de protocolo que se hicieron después de obtener los resultados y, por tanto, con el evidente propósito de alterarlos. Tales manipulaciones fueron las que permitieron concluir -falsamente- que no había diferencia entre los niños vacunados y los del grupo de control en cuanto a la incidencia de autismo. Siendo esto lo que permitió “engañar” a los editores de Pediatrics publicación de la Academia Americana de Pediatría que entre otros grupos financian Merck y los CDC- que publicó el artículo final, a los revisores, a los lectores y al público en general. Y lo que impidió que las familias afectadas recibieran al menos compensaciones económicas por los daños de la vacuna.

Hablamos en suma de actuaciones que no pueden excusarse como diferencias honestas de opinión ni como errores en la interpretación de la información puesto que durante tres años todos estuvieron de acuerdo en que había una asociación significativa y decidieron omitirla de modo intencionado y deliberado.

Terminamos indicando que meses después de la confesión pública de Thompson ni la revista ni los autores han hecho declaración alguna a excepción de la que hizo DeStefano el 28 de agosto a la CNN asegurando -a sabiendas de que no era cierto- que todos los autores se reafirmaban en sus conclusiones. Aunque lo más lamentable -y vergonzoso- es que DeStefano es ¡el actual Director de la Oficina de Seguridad de la Inmunización!

Finalizamos este texto explicando que durante su elaboración tuvimos oportunidad de conversar de nuevo con el propio Dr. Wakefield quien se manifestaría con tanta claridad con dureza: “El encubrimiento y la mentira -nos diría- son el modus operandi habitual de los defensores oficiales de las vacunas y sus fabricantes”. Añadiendo: “El Gobierno federal fracasa sistemáticamente a la hora de proteger a los ciudadanos imponiéndose los beneficios corporativos”. Finalmente nos adelantaría que están dispuestos “a presentar una querella criminal por obstrucción a la justicia y una demanda civil en nombre de los niños a los que se denegó justicia en el Programa Nacional de Compensación por Daños Vacunales”.

Jesús García Blanca
Recuadro:


Enlaces a documentos y videos

Video con la llamada telefónica de Thomson:

www.youtube.com/watch?v=8697rSvIqhg

Video en el que Thompson afirma que el timerosal puede causar autismo:

www.youtube.com/watch?v=3EK4ZE-SPIc

Video en el que se revela el nombre de Thompson:

http://vimeo.com/user5503203/review/103711143/91f7d3d4d8

El escándalo de los CDC en Facebook:

www.facebook.com/hashtag/cdcwhistleblower?source=feed_text&story_id=852821051397778

Petición a Pediatrics de que retire el artículo fraudulento:

www.change.org/p/lewis-r-first-editor-in-chief-publicly-issue-a-retraction-of-the-fraudulent-2004-mmr-autism-study

Escrito presentado por los doctores Andrew Wakefield y Brian Hooker junto al fiscal James Moody:

http://media.wix.com/ugd/b3aa2b_da6435ff9a2144d6aa3358fec58550af.pdf

Correos electrónicos de Thompson desvelados por Natural News:

www.naturalnews.com/images/CDC-Gerberding-warning-vaccines-autism.JPG

www.naturalnews.com/images/CDC-DOJ-Investigation-MMR-Vaccine-Autism-NN-Watermark.jpg


Dos datos relevantes para situar el problema de las vacunas

En Estados Unidos llegan cada año llegan al Vaccine Adverse Event Reporting System -organismo que recoge la información sobre efectos adversos de las vacunas- unos 12.000 informes pero se estima que representan solo entre el 5 y el 10% de las reacciones adversas que realmente se producen. El Dr. David Kessler ya estimó de hecho en 1993 -así lo publicó en JAMA– que los afectados entonces llegaban a 1.200.000 Un posterior estudio del Dr. Gary Goldman constataría durante la campaña de vacunación contra la gripe H1N1 un incremento ¡del 4.250%! en los informes de muerte fetal. El estudio fue rechazado por Journal of Obstetrics and Gynecology -posiblemente por intervención de los CDC– pero finalmente sería publicado en Human & Experimental Toxicology y está disponible en este enlace: http://het.sagepub.com/content/32/5/464.full.

Terminamos este breve recuadro indicando que en un correo electrónico fechado el 5 de mayo de 2008 Tina Cheatham, de la Administración de Servicios y Recursos del Departamento de Salud estadounidense, le confesaría lo siguiente a la periodista de la CBS Sharyl Attkinson: “El Gobierno nunca ha compensado, ni se le ha ordenado compensar, ningún caso basado en la determinación de que el autismo fuese realmente causado por vacunas. Hemos compensado casos de niños que muestran encefalopatía o enfermedades cerebrales genéricas. Encefalopatía que puede estar acompañada de una progresión de síntomas que incluyen comportamiento autista, autismo o daños cerebrales”. En pocas palabras: admite que no se han pagado “compensaciones por autismo” pero sí “por encefalopatías acompañadas de autismo”. Increíble paradoja.

 

Este reportaje aparece en
177
Diciembre 2014
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