¡Una persona con lesión medular completa logra andar!

Una persona con lesión medular completa ha conseguido volver a sentir sus piernas, ponerse de pie y andar ¡por primera vez en la historia! Aun con limitaciones ya que solo ha pasado un año desde su operación pero el hecho da esperanzas fundadas a los enfermos medulares de todo el mundo. Es una fantástica noticia que sin embargo debería abochornar a nuestras autoridades sanitarias porque el especialista británico que ha dirigido el proceso, Geoffrey Raisman, lo ha hecho siguiendo la técnica descubierta y desarrollada por la investigadora española Almudena Ramón Cueto a quien nuestras autoridades ningunearon e incluso boicotearon cuando dio a conocer sus resultados.

Una vez más la genialidad de un investigador español ha sido despreciada por sus colegas y las autoridades sanitarias y aprovechada por un extranjero, el neurocientífico británico Geoffrey Raisman, que pasará a la historia por hacer que un lesionado medular paralizado de cintura para abajo haya logrado volver a andar según dio a conocer en Cell Transplantation. Éxito que sin duda debe a la doctora española Almudena Ramón Cueto, creadora e impulsora de la técnica utilizada y que durante años trató en vano que la Administración le apoyara y le diera los fondos necesarios para poder llevar a cabo en España una intervención como la ahora efectuada. De hecho nuestra compatriota ya había demostrado en ratas y monos que la regeneración neuronal (axonal) y recuperación de la médula es posible utilizando la glía envolvente del bulbo olfatorio como de forma amplia dimos a conocer en la revista (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos Afirman que los nervios dañados de la médula espinal ¡pueden regenerarse! y ¿Quieren bloquear la investigación sobre la regeneración de la médula espinal? aparecieron en los números 139 y 140 respectivamente). Y no hablamos de un logro médico cualquiera sino de algo realmente transcendente.

La historia es simple: hace cuatro años la médula espinal de un bombero polaco de 40 años llamado Darek Fidyka resultó seccionada dejándole paralizado de cintura para abajo. Algo más de dos años después Geoffrey Raisman decidiría operarle inyectándole en el lugar de la lesión células extraídas de la glía envolvente del bulbo olfatorio -un centenar de microinyecciones- tras injertarle un pequeño trozo de tejido nervioso tomado del tobillo que uniera los extremos de las fibras nerviosas seccionadas y las nuevas pudieran crecer desde ambos lados hasta unirse y restablecer los impulsos nerviosos. Apenas en tres meses Fidyka comenzó a ganar músculo en la pierna izquierda recuperando sensaciones como las del calor y el frío a la vez que empezaba a sentir pinchazos. Al año, tras intensas sesiones de fisioterapia, era ya capaz de caminar apoyándose en unas barras paralelas; y hoy, tras recuperar la sensibilidad pérdida en ambas piernas, lo hace ayudado solo por un andador. Es más, conduce su coche. Un éxito ante el que Raisman declararía solemnemente: «Estamos en el inicio de la reparación de lesiones medulares y otro tipo de lesiones, incluyendo los accidentes cerebrovasculares. No hay razón alguna para creer que si el sistema nervioso puede autorrepararse en el caso de las ratas no vaya a ser así en el del hombre. Se ha abierto la puerta a un futuro enorme”.

A CADA QUIEN LO SUYO

Evidentemente no cuestionamos ni el trabajo ni el mérito de Raisman pero es de justicia reconocer que su éxito se debe en buena parte a la investigadora española Almudena Ramón Cueto por varias e importantes razones. Para empezar, el primer artículo científico en el que se describe -por primera vez en el mundo- la posibilidad de obtener células de la glía envolvente olfatoria de mamíferos adultos -no células madre sino células adultas- lo publicó la doctora Ramón Cueto en 1992 en Neuroscience. Dos años después -en 1994- publicaría otro en Experimental Neurology junto a Manuel Nieto-Sampedro en el que -también por primera vez en el mundo- se demostraba que introducir en la médula espinal células de la glía envolvente olfatoria permitía regenerar los axones lesionados en su interior. Cabe matizar que Nieto Sampedro no había publicado antes ningún trabajo sobre esta línea de investigación y que después sólo publicaría cinco más; el primero en el 2000, cinco años después de que Ramón Cueto propusiera el uso de la glía envolvente del bulbo olfatorio para reparar lesiones medulares y dos años después de que las utilizara en animales para reparar en ellos lesiones medulares severas.

En cuanto a Raisman basta consultar la base de datos oficiales SCOPUS para constatar que el primer artículo que publicó sobre la utilización de glía envolvente del bulbo olfatorio para tratar daño medular es de 1997; es decir, tres años después del artículo de Almudena Ramón Cueto en Experimental Neurology y dos años después de que la doctora diera a conocer en otro artículo publicado junto a Facundo Valverde que la glía envolvente puede en efecto ser utilizada para reparar lesiones medulares severas. Es decir, los trabajos de Almudena Ramón Cueto son anteriores a los de Raisman en varios años.

Es de justicia señalar también que la primera vez en el mundo que se consiguió la regeneración de axones tras una lesión medular severa (completa) en mamíferos la logró ella en 1998 en el Miami Project to Cure Paralysis, trabajo financiado por Human Frontier Science Program. Y la primera vez en el mundo que se consiguió que mamíferos parapléjicos volvieran a caminar y recuperar la sensibilidad tras una lesión medular severa (completa) lo logró igualmente ella en el 2000 (trabajo que por cierto financió el padre de una persona con lesión medular).

Cabe añadir que Almudena Ramón Cueto ha publicado más de 20 artículos científicos sobre la glía envolvente habiendo demostrado su capacidad regenerativa en ratas y monos. Es más, ella y el doctor Juan Moliner -Jefe de Neurofisiología Clínica del Hospital Doctor Peset de Valencia- demostraron en 2006 en un mono con lesión medular completa –Chiqui- que la señal nerviosa pasa a través de la zona dañada si se trasplantan antes en ella células de la glía envolvente del bulbo olfatorio. De hecho la muerte de ese mono -como en su día dimos a conocer- ocupa su lugar en la historia negra de la ciencia española porque fue sacrificado en secreto sin que la doctora Ramón Cueto lo supiera y sin que, cuando lo supo, se le permitiera acceder al cadáver. Afortunadamente a pesar del intento de borrar el rastro de lo conseguido con él se conservan los resultados de las múltiples pruebas neurofisiológicas que se le realizaron mediante estimulación magnética transcraneal. Además la veracidad del hallazgo se contrastó con otros neurofisiólogos y los resultados se presentaron ante la Sociedad Americana de Neurociencia. Es más, existe un video en el que se da cuenta de la exploración clínica del mono y un informe médico de la doctora María Delgado, Jefa de la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital La Fe de Valencia, que demuestran que el mono no presentaba sufrimiento alguno que justificara su sacrificio.

Pero sigamos: en 2007 la doctora Ramón Cueto presentó junto a su equipo este trabajo -también ante la Sociedad Americana de Neurociencia- en el que se demostraba -una vez más por primera vez en el mundo- que esta terapia autóloga -es decir, usando células adultas de la glía envolvente olfatoria extraídas del propio receptor- permite la recuperación funcional de primates no humanos con lesión medular severa. ¡Con monos, no ya con ratas! Publicando al año siguiente -2008en Journal of Physiology un trabajo -de nuevo por primera vez en el mundo- que demuestra que los músculos de los animales parapléjicos también se recuperan de su atrofia con la terapia. Y en la revista Brain -por supuesto por primera vez- que la combinación de entrenamiento en una cinta andadora (rehabilitación) y el trasplante de glía envolvente olfatoria adulta mejora notablemente la calidad del movimiento de los animales parapléjicos trasplantados. También ese año publicaría en Glia -por primera vez- que la terapia no sólo es viable sino segura en el caso de primates no humanos y que se pueden obtener números elevados de estas células -y por tanto no es necesaria su modificación genética- del propio bulbo olfatorio del animal enfermo; lo que elimina la “patentabilidad” de estas células y la rentabilidad como medicamento que pretenden obtener algunas farmacéuticas.

Hay que añadir que la doctora Almudena Ramón Cueto demostró que su técnica funciona también en la fase crónica, cuando el problema persiste desde hace tiempo, como ahora se ha confirmado con el caso de Fidyka. Así lo dio a conocer en 2009 en Journal of Neuropathology and Experimental Neurology demostrando -lo repetimos aunque canse: por primera vez en el mundo- que también mamíferos parapléjicos con lesión crónica volvían a caminar tras ser tratados. Comunicando en Experimental Neurology dos años después -en 2011- que ya estaba todo dispuesto para aplicar la terapia en humanos.

Y ya en 2012 Almudena Ramón Cueto publicaría junto a Raisman un artículo en Handbook of Clinical Neurology en el que se incluyó una foto de la doctora Ramón Cueto sobre el procedimiento quirúrgico que debe utilizarse para obtener un bulbo olfatorio con el que realizar el trasplante autólogo. Luego es innegable que Raisman conocía el procedimiento de Almudena Ramón Cueto antes de aplicarlo en 2013.

RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL

En suma, la trascendental aportación de Almudena Ramón Cueto no ha obtenido el más mínimo reconocimiento en su propio país. Aquí las autoridades del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y las sanitarias lo que hicieron fue negarle los fondos y medios necesarios que le permitieran culminar su trabajo con humanos como sí logró Raisman. Ni siquiera los medios de comunicación considerados «serios» han tenido la ética suficiente como para hacerse eco de todo esto. Apoyo que sin embargo sí recibió desde el extranjero. En 2007 por ejemplo, en pleno enfrentamiento con las autoridades del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) por lo que Almudena siempre ha considerado obstruccionismo y falta de apoyo, 23 científicos estadounidenses y europeos expertos en lesión medular manifestaron en un documento dirigido a las autoridades gubernamentales y sanitarias españolas que Almudena era la pionera mundial en la utilización de glía envolvente olfatoria para reparar lesiones de la médula espinal por lo que pedían se le diese el apoyo necesario para continuar con sus investigaciones en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia; investigadores que no dudaron en calificar la situación generada por ese centro de “escándalo científico”.

Cuatro años después -en 2011- la revista internacional Experimental Neurology -una de las principales revistas científicas del área de las neurociencias con cerca de 100 científicos expertos en Neurología experimental en su equipo editorial- invitó a Almudena Ramón Cueto a que fuera la editora de un volumen monográfico sobre su área de trabajo titulado Entendiendo la glía envolvente olfatoria y su proyección para la reparación del sistema nervioso lo que supuso su reconocimiento como pionera a nivel internacional en ese ámbito. Cabe añadir que para la elaboración de ese monográfico Almudena Ramón Cueto invitó a otros científicos -que desde entonces han seguido sus pasos- siendo uno de ellos ¡Geoffrey Raisman! cuya contribución al mismo versó sobre la reparación de lesiones de los plexos braquiales y lumbosacro (nervios periféricos) que era su principal campo de experiencia y no el de la lesión medular.

ACOSO Y DERRIBO

Como en su momento contamos ampliamente la doctora Ramón Cueto trató durante años de mantener su trabajo científico en la esfera de la investigación pública apoyada por la Fundación Investigación en Regeneración del Sistema Nervioso (IRSN)entidad gestionada y dirigida por lesionados medulares españoles- pero la situación de enfrentamiento con la dirección del Instituto de Biomedicina (IBV) de Valencia -dependiente del CSIC- llegó a ser insostenible y provocó finalmente su marcha a la esfera privada. Alejandro Bañuelos, tetrapléjico y miembro de dicha fundación, acusaría de ello al CSIC. “Para nosotros -nos diría- la estrategia es clara: quieren hacer desaparecer del instituto la investigación para reparar lesiones medulares con terapia autóloga. Es simple: primero impidieron que el laboratorio que dirige la doctora recibiera financiación y contratara personal y así ahora, una vez despojado de trabajadores, poder tener la coartada de alegar que ‘al no haber personal’ y no desarrollarse allí ‘suficientes trabajos”’ el laboratorio no se justifica. Matan así dos pájaros de un tiro: acaban con la línea de investigación para la cura de la lesión medular que promueve la Fundación IRSN y, paralelamente, ‘anulan’ a la propia investigadora que desarrolla el trabajo, la doctora Ramón Cueto. Mire, están tan persuadidos de que pueden actuar con impunidad que en una conversación con el presidente de nuestra fundación y en presencia de nuestra abogada el director del instituto tuvo el atrevimiento de calificar la expulsión de nuestra gente como ‘daños colaterales’. Añadiendo que si financiásemos a ‘otros’ laboratorios del CSIC y desistiésemos de promover esa línea concreta de investigación ‘no tendríamos ya problemas’ (…) En fin, prefiero no poner adjetivos a sus comentarios”.

En suma, el Instituto de Biomedicina (IBV) de Valencia impidió así la que probablemente hubiera podido ser la última fase de la investigación de Almudena Ramón Cueto: la intervención en humanos que ahora se ha realizado en Polonia.

Afortunadamente el trabajo hecho no cayó en saco roto pues el Centro de Innovación Médica en Regeneración Medular (CIMERM) propuso a Almudena que seleccionara y dirigiera un grupo de especialistas clínicos con el fin de dar los pasos necesarios para diseñar una terapia que incluyese, junto a otras estrategias terapéuticas innovadoras, la aplicación en humanos con lesión de la médula espinal de las células llamadas glía envolvente del bulbo olfatorio. La doctora aceptó y se puso al frente de la Dirección Médica y Científica de CIMERM en el Parque Científico de la Universidad de Valencia y, junto con su equipo, desarrolló los procedimientos y protocolos que desembocaron en el diseño de una Terapia Regenerativa Medular para personas con lesión de la médula espinal que aúna los resultados y experiencia investigadora y médica de más de 20 años en los campos de la neurofisiología, la neurocirugía, el radiodiagnóstico funcional, la rehabilitación dinámica, la fisioterapia integral, la psicoterapia y la terapia con glía envolvente del bulbo olfatorio. El siguiente paso era llevar todo a la práctica y el CIMERM estableció para ello una alianza con el Grupo Hospitalario IMED por el que el equipo del CIMERM se instalaría en el Hospital IMED de Elche donde tras un serio proceso de adaptación el pasado mes de septiembre se empezó a trabajar con pacientes. Cabe pues esperar que en poco tiempo lo conseguido en Polonia pueda repetirse en nuestro país y nuestros parapléjicos y tetrapléjicos -si no todos buena parte de ellos- puedan volver a caminar.

Francisco San Martín

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177
Diciembre 2014
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