Los tumores de mama remiten a menudo espontáneamente

Muchos de los tumores de mama ¡remiten espontáneamente cuando no se tratan! Así se infiere de un estudio efectuado por un equipo de investigadores noruegos que se publicó en octubre de 2011; es decir, desaparecen sin tratamiento si simplemente se da al organismo tiempo suficiente para eliminarlos. Y aún más: el trabajo pone en entredicho la afirmación de que para prevenir problemas es conveniente hacerse mamografías periódicas. Cae pues un nuevo mito al igual que sucedió recientemente con otra de las pruebas más solicitadas por los oncólogos y cuya fiabilidad es nula: la del PSA para determinar un posible cáncer de próstata. Es más, es peligrosa y por eso el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos ha recomendado ya que deje de usarse en hombres sanos.

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El autismo era un trastorno poco frecuente que comenzó a crecer a partir de 1960 coincidiendo sospechosamente con la época en que los antibióticos empezaron a utilizarse de forma universal y abusiva. De hecho hasta aquel año en los países industrializados el autismo apenas afectaba a 1 de cada 10.000 niños y a partir de entonces la cifra aumentaría espectacularmente.

Son numerosas las patologías neurológicas que se manifiestan cuando la persona sufre disfunciones intestinales: autismo, esquizofrenia, depresión, hiperactividad, trastorno bipolar, epilepsia, dislexia…

La doctora N. Campbell-McBride atendió a centenares de autistas y nunca encontró un solo caso en el que no hubiera problemas digestivos. Algo que muchos otros médicos e investigadores comprobarían después: siempre hay anomalías intestinales cuando se sufre autismo.

Stephen Collins constató que las bacterias intestinales influyen en la química del cerebro y, por tanto, en el comportamiento; así ocurrió de hecho con ratones al desequilibrarles su flora intestinal. Algo que según él puede tratarse eficazmente reequilibrándola con prebióticos y probióticos.

Son numerosos los trabajos que han asociado ya las gastritis, las úlceras, la pesadez de estómago tras comer, la hinchazón, el dolor en la boca del estómago, el reflujo gastroesofágico y el síndrome de intestino irritable con la ansiedad y la depresión.

Poca gente lo sabe pero en nuestro cuerpo hay ¡diez veces más bacterias que células! Proporción que en el intestino es ¡100 veces superior! Así que “nuestro intestino” es más bien “el intestino de las bacterias”. De ahí que lo más correcto sea hablar de un “ecosistema bacteriano” que vive en simbiosis con nosotros.

En dos o tres generaciones hemos pasado de un régimen en el que predominaban los alimentos frescos a una alimentación plagada de azúcar, grasas hidrogenadas o desnaturalizadas, harinas refinadas y toda suerte de alimentos que han sido desvitalizados al ser procesados industrialmente. Y para colmo durante ese mismo período se ha universalizado el uso de los antibióticos afectando muy negativamente al sistema digestivo.

Un desarrollo exagerado de la flora patógena hace que las vellosidades y enterocitos de las paredes intestinales no se renueven de forma constante y ello provoque un déficit de las enzimas necesarias para completar el proceso digestivo a la vez que abre poros en la pared intestinal permitiendo que tanto las bacterias patógenas como diversas toxinas y péptidos no digeridos puedan llegar al flujo sanguíneo extraintestinal. Lo que puede hacer que sustancias tóxicas indeseables lleguen hasta el cerebro y que los péptidos no digeridos desencadenen una reacción indeseable del sistema inmune.

Al autista hay que someterle a una dieta que excluya  los cereales y los lácteos y administrarle grandes dosis de probióticos ricos en bacterias beneficiosas para regularizar su flora intestinal y hacer que sea ésta la que se encargue de eliminar la flora patógena.

Un trabajo dirigido por el profesor G. Gibson publicado en New Scientist en el 2006 demostró que los niños autistas mejoran notablemente tomando simplemente a diario un probiótico como el Lactobacilus plantanum.

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Enero 2012
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