Microchips: la amenaza invisible

Los microchips conllevan enormes peligros relacionados con la seguridad, la salud y la intromisión en la vida privada de las personas constituyendo un negocio en expansión con enormes e inquietantes perspectivas de futuro. Porque existen datos suficientes como para afirmar que hay grupos de poder interesados en implantárselos a toda la sociedad -con muy diferentes excusas- a fin de poder saber dónde se encuentra cada persona en todo momento e incluso grabar en esos dispositivos toda aquella información que les permita ejercer un control lo más estrecho posible. Pues bien, todo indica que el primer amago se hizo intentando “colarlos” a través de las leyes de Reforma Sanitaria propuestas por Barak Obama pero afortunadamente no fructificó; en todo caso es razón suficiente para no bajar la guardia. Les contamos cómo se ejecutó la operación.

Entre los centenares de obras de ese género absolutamente realista llamado ciencia-ficción que devoré cuando tenía 17 años, recuerdo un breve relato de Philip K. Dick en el que alguien se despertaba repentinamente en una especie de hospital… para descubrir que no era un ser humano sino un robot averiado. Algo que de algún modo me ha hecho ser consciente del proceso de mecanización informática en el que nos hallamos hoy inmersos, especialmente desde que empezaron a circular por Internet noticias sobre la implantación de microchips en humanos. Porque más nos vale ir haciéndonos a la idea de que alguien pretende robotizarnos por motivos inconfesos.

LA REFORMA SANITARIA DE OBAMA

Quizás el principal reclamo electoral del actual presidente de Estados Unidos haya sido la Reforma Sanitaria, todo un reto para un país en el que decenas de miles de personas se han visto obligadas a vender sus casas para pagar los gastos médicos tras ser atendidos -y de ahí que muchos renuncien ya a esa posibilidad salvo que esté en inminente peligro su vida- pues siendo el más poderoso del planeta posee paradójicamente uno de los sistemas sanitarios más ineficaces, injustos y caros del mundo occidental ya que cuarenta y seis millones de personas carecen en él de cobertura sanitaria por estar reservada prácticamente a ancianos y pobres que son además atendidos en unas condiciones de protección raquíticas y a través de programas sanitarios gestionados por compañías privadas que cobran por ello precios abusivos. En suma, en ningún lugar como en Estados Unidos se refleja mejor esa verdad de que la salud es ante todo un negocio.

Bien, pues sin entrar a analizar las leyes que se han ido aprobando vamos a explicar cómo pretendía utilizarse ese proceso de reforma para obligar a los ciudadanos a aceptar que se les implantasen microchips de control y seguimiento. Intento fracasado del que hemos seguido su rastro a través de varios textos legales.

LA LEY HR3200 Y EL REGISTRO DE DISPOSITIVOS

El 14 de julio de 2009 se presentó en la Cámara del Congreso un proyecto de ley tituladoAmerica’s Affordable Health Choices Act (HR 3200) –que podríamos traducir comoLey de opciones para una salud asequible en América (HR significaHouse of Representatives, es decir: Cámara de Representantes)- cuyo texto original (1) incluía una sección -concretamente la 2521- titulada National medical device registry (Registro nacional de dispositivos médicos) en la que se estipulaba la creación del mencionado registro y su implementación en estos términos (los subrayados son nuestros):

-Páginas 1001-1002, párrafo 1: “La Secretaría –se dice en él- establecerá un registro nacional de dispositivos médicos para facilitar el análisis de información sobre resultados y seguridad postventa de cada dispositivo”; entre ellos, “un dispositivo de clase II implantable“.

-Página 1002, párrafo 2. En él se mencionan diversos procedimientos a realizar entre los que se incluyen “métodos validados para analizar información sobre resultados y seguridad del paciente a partir de múltiples fuentes para enlazar esa información con la incluida en el registro (…) incluyendo el uso de (i) información prevista en otras provisiones de este capítulo y (ii) información de fuentes públicas y privadas identificadas en el párrafo 3” que incluye“(I) información electrónica federal relacionada con la salud (…), (II) información electrónica del sector privado relacionada con la salud (como datos sobre compras farmacéuticas y reclamaciones de aseguradoras sanitarias) y (III) cualquier otra información que la Secretaría considere necesaria“.

-Página 1005, párrafo 5: “La Secretaría de Salud y Servicios Humanos establecerá y comenzará a implementar el registro (…) antes de que transcurran 36 meses desde la fecha de aprobación de esta ley sin tener en cuenta si se han promulgado o no regulaciones finales para establecer y hacer operativo el registro para esa fecha”.

Es importante tener en cuenta que al comienzo del texto la sección 163 -tituladaSimplificación administrativa- establece en la página 58, subpárrafo D, lo siguiente: “Permitir la determinación en tiempo real (o casi en tiempo real) de la responsabilidad financiera de una persona en el momento del servicio y, en la medida de lo posible, antes del servicio; incluyendo si es elegible para un servicio específico con un médico específico en una instalación específica lo cual podrá incluir una tarjeta de identificación de beneficiaria con capacidad de lectura mecanizada”.

Por último, en las páginas 1006-1007, párrafo 2, se dice: “La Secretaría de Salud y Servicios Humanos, (…) adoptará regulaciones (para el) uso de historiales médicos electrónicos certificados”.

Como puede comprobarse la redacción del documento es enrevesada incluso para lo habitual en un texto legal. No obstante una serie de acontecimientos acaecidos durante la década anterior a esta propuesta y ciertos documentos gubernamentales nos ayudaran a averiguar de qué clase de dispositivo se está en realidad hablando, sus características, posibles usos y peligros así como establecer un contexto que nos permitirá interpretar las posibles intenciones con las que se elaboró esta base legal.

TECNOLOGÍA BAJO LA PIEL

El 15 de diciembre de 1999 una empresa llamada Applied Digital Solutions (ADS) hizo pública una nota de prensa con este titular: “ADS adquiere los derechos para el primer dispositivo digital implantable en humanos con aplicaciones en negocios electrónicos, seguridad, sanidad y justicia”. La nota incluía esta declaración: “Insertado bajo la piel, con un sistema de alimentación libre de mantenimiento, la miniatura ‘Digital Angel’ posee un mercado potencial de miles de millones de dólares”. Y añadía de modo explícito: “El transceptor implantable envía y recibe información y puede estar localizado constantemente mediante tecnología GPS”. Pues bien, la red de noticias WorldNetDaily se hizo eco de esa información provocando de inmediato las protestas de la Unión Americanapor las Libertades Civiles, el Black Radical Congress y otras organizaciones. Una reacción negativa que llevó a la empresa ADS a “corregir” sus intenciones aclarando públicamente que el dispositivo que estaban desarrollando sería únicamente para “uso externo“. Sin embargo Scott Silverman -que ha venido ocupando los más altos cargos de dirección en ADS y sus filiales, Verichip Corporation y Digital Angel Corporation– declararía en una entrevista para Fox News: “Estamos trabajando en un producto que internamente hemos llamado PLD. PLD significa Personal Locating Device (Dispositivo de localización personal) y se trata de un GPS implantable del que nuestra compañía posee la patente. Puede ser quirúrgicamente implantado en la zona de la clavícula de un niño o de quien se esté interesado en localizar. Es el primer microchip implantable para humanos y tiene múltiples aplicaciones de seguridad, financieras y sanitarias”. Luego añadiría que gracias a él Digital Angel iba a “potenciar la calidad de vida de millones de personas”. El dispositivo consiste en un circuito integrado de identificación por radiofrecuencia que es propiamente el microchip, un condensador y una antena envolviendo un núcleo de ferrita; todo ello en una cápsula de cristal protegida por una sustancia de silicona y polipropileno poroso marca Biobond cuyo propósito es evitar que se mueva por el interior del cuerpo.

El 30 de octubre de 2000 un grupo escogido de miembros del Gobierno estadounidense, militares, investigadores privados y unos pocos periodistas fueron invitados a una reunión en Cipriani -un monumental restaurante de lujo de la calle 42- donde se les presentó el primer prototipo de Verichip y donde Norman Yoshio Mineta -entonces Secretario de Comercio- ejerció como principal conferenciante. Posteriormente intervendría Richard Sullivan, Director Ejecutivo de la empresa, para dar a entender que el propio presidente Bill Clinton estaba al tanto de los proyectos de ADS por intermediación de Mineta.

Un año después -el 19 de diciembre de 2001- ADS presentaría a la opinión pública el Verichip como “un dispositivo de identificación miniaturizado implantable de múltiples aplicaciones médicas, de seguridad y de emergencias”. Y unos meses después -en abril del 2002, con George Bush (hijo) ya en el poder, la empresa anunciaría que el Verichip había obtenido el visto bueno de la Foodand Drugs Administration (FDA) –la conocida Administración de Alimentos y Medicamentos- para su fabricación, venta y distribución en Estados Unidos considerando ésta que no se trataba de un “dispositivo médico” y, por tanto, no requería ser especialmente regulado. Al mes siguiente se implantaría un Verichip a una familia de Florida -con gran cobertura mediática- y ADS insistiría en que la FDA no lo consideraba “dispositivo médico”.

El 17 de noviembre de 2003 un artículo publicado en USA Today informaba de un nuevo dispositivo diseñado para sustituir las tarjetas de crédito. Y pocos días después Verichip Corporation anunciaba la aparición de un dispositivo suyo bautizado como Veripay que utilizaba -al igual que Verichip– tecnología de identificación por radio frecuencia (RFID por las siglas en inglés de Radio-Frequency Identification) para realizar pagos y transacciones en sustitución de las tarjetas. Richard Sullivan declararía entonces que su objetivo era ver cómo los microchips los utilizaban los niños, los prisioneros, los empleados de aeropuertos, los de las plantas nucleares… agregando que la sociedad entera podría utilizarlos en lugar de las tarjetas de crédito (incluyendo la posibilidad de operar en cajeros).

En el 2004 la FDA aprobaría finalmente el Verichip a pesar de las continuadas declaraciones de Silverman afirmando que la agencia no lo consideraba un dispositivo médico. El documento -publicado el 10 de diciembre- se titulaba: Guía para la industria y el personal de la FDA – Documento guía para controles especiales de clase II: sistema transpondedor de radiofrecuencia implantable para identificación del paciente e información sanitaria (2). Y aclaramos que un transpondedor es un artilugio que combina la recepción, amplificación y reemisión de señales con respuestas automáticas de mensajes al recibir determinadas señales preestablecidas que hasta ahora sólo se había utilizado de forma generalizada en el ámbito de la Aeronáutica. Según informan sus fabricantes estos dispositivos se implantan mediante una sencilla operación que dura unos quince minutos y requiere únicamente anestesia local.

Pues bien, el apartado 2 del documento guía de la FDA dice literalmente que “está limitado al siguiente dispositivo tal y como se describe en 21CFR 880.6300”. Esta abreviatura se refiere al Título 21 del Code of Federal Regulations, es decir, al Código de Reglamentos Federales cuya sección 880.6300 se titula precisamente Sistema transpondedor de radiofrecuencia implantable para identificación del paciente e información sanitaria que se describe como “un dispositivo que permite el acceso a una identificación segura del paciente y a información sobre salud. Este sistema puede incluir implante pasivo, transpondedor, insertor y escaner” (3).  Y si se pulsa en el enlace Ver información relacionada éste conduce a un cuadro en el que figuran los siguientes datos: “Nombre del dispositivo: Microtranspondedor Verichip de información sanitaria y lector de bolsillo. Compañía: Digital Angel Corporation. Fecha de aprobación: 22 de julio de 2004” (4). El enlace del nombre del dispositivo nos conduce a su vez a una ficha informativa (5) que incluye la posibilidad de acceder a la carta de aprobación que Donna-Bea Tillman -Directora de la Oficina de evaluación de dispositivos del Centro para Salud Radiológica y Dispositivos (CDRH por sus siglas en inglés)- en la FDA- dirigió a James Santelli -Vicepresidente de Finanzas de Digital Angel Corporation– en la que entre otras cosas se dice lo siguiente: “El CDRH ha completado la revisión de su petición para la clasificación de Verichip […] La FDA ha determinado que este dispositivo -y otros sustancialmente equivalentes de este tipo- deben ser clasificados como clase II […] bajo el nombre genérico de ‘Sistema transpondedor de radiofrecuencia implantable para identificación del paciente e información sanitaria” (6).

Poco después, el 11 de enero de 2005, Richard Seelig, Vicepresidente de Aplicaciones Médicas de Verichip Corporation, realizaría una declaración para el Comité nacional sobre estadísticas vitales y de salud durante la cual describió el dispositivo implantable Verichip, mencionó la reciente aprobación por la FDA y añadió: “Vamos a trabajar estrechamente con todos nuestros colaboradores clave, incluidos consumidores, distribuidores y hospitales para conseguir una adopción de Verichip lo más amplia posible“. De hecho, en noviembre del 2004 Verichip ya había firmado un acuerdo con el mayor distribuidor de productos sanitarios de Estados Unidos, Henry Schein Inc. Y la viabilidad económica parecía ya superada y en camino de mejorar ya que si en 1999 un dispositivo tenía un coste aproximado de dos dólares en el 2004 había logrado reducirlo a 7 centavos y la previsión para 2018 era de 1 centavo lo que posibilitaría colocarlos masivamente.

Como se ve los acontecimientos hablan por sí mismos. Pero hay más: ese mismo mes Tommy Thompson, que había sido Secretario de Salud desde la llegada de George Bush (hijo) a la Presidencia en el 2001, dejó su puesto al tiempo que se convertía en miembro nominal de la Junta Directiva de Applied Digital Solutions. Y Thompson utilizó su posición de privilegio y sus contactos en la Administración para promocionar el dispositivo al que se referiría en estos términos: “Es nuestro bebé y tenemos patentes sobre él”. En otra ocasión declaró: “El crecimiento de esta compañía va a ser exponencial (…) Toda la industria de la sanidad quedará atrás en tecnología y esto va a traernos, con enorme ímpetu, un cambio, la transformación que a mi entender necesita nuestro sistema de salud“. De hecho públicamente se mostró dispuesto a auto-implantárselo bautizándolo como un “salvador de vidas”, ladina estrategia para que las personas ingenuas menos informadas y formadas aceptasen implantárselo sin más. Sin embargo el tiempo pasó y no tenemos noticia de que llevara a cabo su intención; de hecho en determinado momento alegó que estaba “demasiado ocupado” para someterse a la operación de implante (que, no lo olvidemos, dura apenas 15 minutos). Posteriormente un portavoz de Verichip le excusaría diciendo que Thompson “quería primero verlo funcionar en la vida real”… cuando para entonces la empresa aseguraba que había ya más de doscientas personas con el microchip implantado y unos años después hablaba de “varios miles de personas”.

El caso es que dos años después Thompson dejó su puesto en la ADS para presentar su candidatura a ¡Presidente de Estados Unidos!… recibiendo una sustanciosa aportación de ADS a su campaña electoral.

Ciertamente no sabemos en qué medida pudo haber influido Thompson en la aprobación de Verichip por parte de la FDA pero lo que sí sabemos es que en una nota de prensa de Verichip Corporation emitida el 7 de julio de 2005 Scott Silverman diría literalmente: “Estamos encantados de haber sido capaces de atraer a tan respetados miembros de la comunidad sanitaria; una parte importante de nuestra estrategia ha sido atraer líderes de opinión y el Secretario Thompson ha jugado un papel destacado en el diseño de políticas sanitarias de este país. Esperamos pues que asista a la compañía para hacer de Verichip una parte importante del panorama sanitario”. A pesar de lo cual Thompson negó haber participado en ello. Se sabe sin embargo que un alto cargo de la FDA, Lester Crawford, agradeció a la Secretaría de Salud durante la celebración de un congreso sobre innovaciones médicas que mantuviese a la agencia profundamente implicada en asuntos de tecnología; y citó como ejemplo “los chips implantables y escáneres de Verichip que nuestra agencia aprobó la pasada semana”. Esto sucedía mientras Thompson aún estaba al frente de la Secretaría de Salud. El Washington Post explicaría luego que tras su marcha recibió opciones sobre 166.667 acciones del stock de Verichip y otras 100.000 de APS además de 40.000 dólares en efectivo en el 2005 y otro tanto en el 2006.

Parecía evidente que el negocio tenía perspectivas más que alentadoras. Y un titular de IDTechEx del 8 de mayo de 2006 parecía anunciar que los deseos del Vicepresidente de Aplicaciones Médicas de Verichip iban a hacerse realidad: “Rápida adopción de RFID en Sanidad”. La información añadía que el mercado para esta tecnología crecería con rapidez pasando de 90 millones de dólares en 2006 amás de 2.000 millones en 2016 (7). Y es obvio que tal volumen de negocios no iba a alcanzarse implantando microchips sólo a presos en libertad vigilada y enfermos de alzheimer.

Por si todo esto fuera poco ese mismo año IBM -que es una de las mayores accionistas de Verichip– recibió la aprobación de una patente para un invento llamado Identificación y seguimiento de personas utilizando dispositivos de etiquetaje RFID” El propósito, según Todd Lewan –periodista de Associated Press-, era “recopilar información que podría ser utilizada para monitorizar los movimientos de una persona en el interior de un almacén u otras zonas como tiendas, aeropuertos, estaciones, aviones, salas de espera, instalaciones deportivas, bibliotecas, teatros, museos, etc”. Cuando se le preguntó a IBM sobre el proyecto rehusó hacer declaraciones.

A finales del 2008 Verichip y Digital Angel se separarían adquiriendo la primera un año después Steel Vault -una empresa proveedora de productos relacionados con la seguridad- con el fin de crear PositiveID. El anuncio se haría en agosto de 2009 al tiempo que se relanzaba Verimed, un dispositivo capaz de almacenar historiales médicos electrónicos. La nueva empresa aseguraría haber unido la tecnología de Verichip y la seguridad en la protección de datos que ofrecía la experiencia de Steel Vault esperando financiar el proyecto merced a la Leyde Recuperación en Inversión -convenientemente aprobada ese mismo año- que preveía emplear 23 millones de dólares en esfuerzos destinados a sufragar tecnología de información sanitaria”. El informe financiero para la Comisión de Bolsa y Valores elaborado por Verichip ese año decía que habían adoptado “una estrategia para construir la huella geográfica de las instalaciones sanitarias que puedan utilizar y utilizarán nuestro sistema VeriMed como parte de un protocolo estandarizado“. Añadiendo: “Esperamos continuar poniendo estas semillas para un futuro previsible ya que nos esforzaremos en construir nuestra red a través de los Estados Unidos y ultramar“.

Bueno, pues fue precisamente en ese momento cuando se presentaría el Proyecto de Ley HR 3200 que incluía la creación de un Registro nacional de dispositivos médicos entre los que se incluían “dispositivos de clase II implantable”.

Recapitulando: por una parte, hay una empresa que desarrolla un microchip especialmente diseñado para ser implantado en seres humanos que mantiene excelentes relaciones con el Gobierno norteamericano -en su Junta Directiva hay todo un ex Secretario de Salud-, consigue que lo apruebe rápidamente la FDA, firma un acuerdo con el mayor distribuidor de productos sanitarios estadounidense y a continuación se fusiona con una empresa especializada en seguridad que relanza un dispositivo para almacenar historiales médicos electrónicos; y, por otra, se presenta casi simultáneamente un proyecto de ley que incluye una serie de medidas relacionadas con un producto de ese tipo que habla de incorporar en él historiales médicos, datos bancarios y, como remate inquietante, “cualquier otra información que la Secretaría de Salud considere necesaria”. Bueno, pues aún hay quien dice que no ve relación entre todo ello.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

En fin, sigamos en todo caso la azarosa trayectoria de esta propuesta legal. Tras su presentación el 14 de julio de 2009 el texto pasó por cinco comités de la Cámarade Representantes, tres de cuyas actas pueden consultarse en los archivos online de la Bibliotecadel Congreso (8), lo que nos ha permitido saber que en ellos no se mencionó en absoluto la Sección2521 en la que se habla de los “dispositivos de clase II implantables”. Un cuarto comité, el Budget Committee, únicamente analiza los aspectos económicos de los proyectos de ley. En cuanto al quinto y último, el Oversight and Gobernment Reform Committee, tras su reforma de 1997 se convirtió en el más poderoso de todos los comités de la Cámara incluyendo en sus deliberaciones temas de Seguridad Nacional, Defensa y Tecnología. Lamentablemente ni los informes de estos dos últimos comités están disponibles en la Biblioteca del Congreso ni se encuentra activo el enlace que en la página dedicada a cada ley conduce a los Archivos del Congreso donde se recoge lo debatido en cada sesión. Así pues no podemos saber si fue en este organismo en el que, tras una serie de enmiendas, se tomó finalmente la decisión de desechar el proyecto que quedó aparcado el 14 de octubre y nunca se convertiría en Ley.

Sin embargo sólo unos días después se presentaría otro proyecto de ley muy similar -concretamente el 29 de octubre- incluso en el título –Affordable Health Care for America Act (HR 3962) (9) o Ley de Sanidad asequible para América– que incluía la sección sobre el Registro de dispositivosaunque con un texto levemente modificado. Nuevo proyecto que sufriría luego otra serie de revisiones y ampliaciones que culminarían en una nueva propuesta: el cambio total del texto para convertirlo en otra ley titulada esta vez Preservation of Acess to Care for Medicar Beneficiaries and Pension Relief Act. La propuesta la hizo el senador Max Baucus el 18 de junio de 2010 y llama la atención que fuese aceptada por una mayoría tan aplastante: ¡417 contra 1! Siendo interesante resaltar que todas las votaciones anteriores relacionadas con estos dos proyectos -tanto en los comités como en el Congreso- se habían ganado por márgenes muy ajustados (10).

Pero nuestro recorrido por los textos legales no acaba aquí. El 17 de marzo de 2010 se presentaría una propuesta para conciliar dos leyes: la HR 3200 -que ya hemos comentado y que se decidió aparcar- y la llamada Student Aid Fiscal Responsibility Act. Solo que, sorprendentemente, el texto de esta propuesta de unificación (11) ¡volvía a recoger la redacción original de la sección dedicada al Registro de dispositivos tal y como se redactó en julio de 2009! Era evidente que alguien intentaba incluirlo a toda costa.

¿Y qué pasó entonces? Pues que tras un sorprendentemente corto proceso de debate la ley acabó siendo aprobada y firmada por el presidente Barak Obama sólo 13 días después -el 30 de marzo de 2010 (12) – con el título final de Health Care and Education Reconciliation Act (HR 4872)… solo que de nuevo¡toda referencia a los dispositivos médicos implantables había desaparecido! ¿A propuesta y por decisión de quién? ¿En qué comité o sesión de la Cámarade Representantes o del Senado se eliminó la disposición que hubiese dado cobertura legal a la eventual decisión de implantar microchips a todos los estadounidenses? A pesar de una exhaustiva búsqueda y de haber solicitado ayuda en la Embajada de Estados Unidos en Madrid no hemos podido averiguarlo.

¿UN RUMOR ABSURDO?

Es interesante mencionar que en un artículo titulado El último rumor sanitario: implantes de microchips (13) aparecido en OpenCongress el 8 de septiembre de 2009 -es decir, mientras la HR 3200 estaba siendo revisada por los comités del Congreso- Donny Shaw trató de hacer creer que todo lo aquí denunciado era un rumor sin fundamento argumentando que los dispositivos clase II según la FDA son “cosas como implantes dentales, bolsas de aplicación intravenosa y catéteres” atribuyendo la confusión “al miedo al Gobierno, a pura paranoia o a la simple aparición de la palabra implantable”. Sin embargo ya hemos explicado que la FDA –y no cabe duda alguna al respecto- incluye los sistemas transpondedores con tecnología RFID -como el Verichip- en la clase II. Además, si se trataba de una inocente medida de carácter práctico como se ha querido hacer creer, ¿por qué los legisladores retiraron ese texto del proyecto de ley?

Es más, si no existía un plan para implantar masivamente microchips a todos los estadounidenses, ¿cómo se explica que los legisladores de varios estados norteamericanos se movilizaran rápidamente y mientras se intentaba colar esa disposición entre 2008 y 2010 aprobaran leyes de ámbito estatal ¡prohibiéndolo expresamente! Porque así se hizo por ejemplo en Washington, California, Dakota del Norte, Ohio, Oklahoma, Colorado, Florida, Wisconsin, Pennsylvania, Georgia…

Como muestra significativa diremos que la House Bill1175 debatida el 22 de junio en la Asamblea Generalde Pennsylvania (14) empieza aclarando que la prohibición de los implantes no se refiere únicamente a la utilización de violencia física, amenaza o intimidación sino que incluye el hecho de condicionar de alguna forma a la gente a implantarse el microchip por estar supeditado a beneficios laborales o de cualquier otra clase; admitiéndolo sólo como excepción si lo ordena un tribunal federal. Aunque quizás lo más importante de esta ley es que confiere a las personas a las que se les implante el microchip el derecho a reclamar daños y perjuicios mediante demanda civil.

A esta ofensiva legal contra los microchips debemos sumar otros posicionamientos públicos de relevancia contrarios a la implantación de esta tecnología. El Consejo de Asuntos Judiciales y Éticos de la Asociación Médica Americana (AMA) emitió en 2007 un informe titulado Dispositivos RFID en humanos (15) en el que decían sobre los microchips: “Pueden plantear algunos riesgos físicos, comprometer la privacidad del paciente o presentar otros peligros sociales” así como“Pueden causar interferencias electromagnéticas que podrían interferir con dispositivos electroquirúrgicos y desfibriladores (…) No se ha determinado si pueden afectar a la eficacia de los fármacos”. Y concluían: “Si las pruebas objetivas demuestran consecuencias negativas mayores que los beneficios en relación con la atención de la salud la profesión médica se hará cargo la importante responsabilidad de oponerse al uso de etiquetado RFID en los seres humanos“.

Por su parte el Departamento de Seguridad Nacionalde Estados Unidos, en su informe sobre el uso de tecnología RFID para identificación humana (16), recogería esta contundente declaración: “La RFID parece ofrecer pocos beneficios en comparación con los riesgos de privacidad y seguridad personal sin beneficios para la seguridad nacional (…) Recomendamos desfavorablemente la RFID para identificación y seguridad de seres humanos“.

Por último citaremos un documento de la Comisión Europea titulado Aspectos éticos de las tecnologías de la información y comunicación implantadas en el cuerpo humano (17) -incluye una mención explícita del dispositivo Verichip– que critica su aprobación por la FDA y lleva a cabo una contundente crítica de los dispositivos desde el punto de vista legal y ético mencionando los problemas de seguridad, los riesgos potenciales para la salud y las cuestiones relacionadas con la dignidad humana.

¿El resultado? Que las empresas que parecían dispuestas a invadir el planeta con sus microchips parecen haber desaparecido… al menos nominalmente. Su sucesora, PositiveID, compró en febrero de 2010 los derechos de Easy Check Medical Diagnosis y ha desarrollado mediante un acuerdo con Receptors LLC -una empresa especializada en Proteómica- un dispositivo implantable basado en la tecnología de Verichip para medir los niveles de glucosa que ha bautizado como Glucochip y combina -según la propia web de la empresa- las capacidades de sistemas biosensores con los microchips de tecnología RFID.

Asimismo PositiveID está desarrollando sistemas de gestión de historiales médicos electrónicos a los que se accede mediante localización online pero según Wikipedia ya no comercializa el sistema Verimed. La única noticia que hemos podido encontrar referente al Verichip es una nota de prensa del 11 de octubre de 2011 en la que se menciona un pedido realizado por el estado de Israel para utilizarlos con su personal militar en situaciones de emergencia.

¿Y a qué se debe esa brusca desaparición de un producto por el que tantas molestias se tomaron, en el que se implicó a altos cargos del Gobierno de Estados Unidos, por el que incluso se llegó a desafiar la legalidad ocultando información sobre sus peligros a una agencia estatal y, como aliciente final, con tan sugerentes expectativas comerciales? ¿Es realmente una desaparición… o simplemente una cortina de silencio?

CÁNCER Y OTROS PELIGROS Y AMENAZAS

Como antes explicamos la FDA aprobó esos dispositivos en el 2006, probablemente gracias a la influencia del entonces Secretario de Salud y posteriormente directivo de ADS, Tommy Thompson. Pero enseguida veremos que existen más preguntas sin respuesta en relación con el proceso de autorización. La más importante de las cuales quizás sea ésta: ¿entregó la empresa fabricante a la FDA toda la información que tenía sobre los potenciales peligros para la salud de sus dispositivos? Pues todo indica que no… a pesar de que tenía la obligación de hacerlo. Hoy se sabe que Scott Silverman -en ese momento Director Ejecutivo de Verichip Corporation- ocultó varios estudios que relacionaban los microchips implantados en animales domésticos ¡con tumores malignos! Estudios que finamente saldrían a la luz pública el 8 de septiembre de 2007 gracias a un reportaje de Todd Lewan -periodista perteneciente a la agencia Associated Press a quien ya hemos mencionado antes- quien encontró que ocho estudios publicados en revistas especializadas entre 1996 y 2006 demostraban con contundencia la relación entre los microchips y el cáncer: “Los transpondedores fueron la causa de los tumores”, concluía el estudio del Dr. Keith Johnson (1996); “Hubo una inequívoca asociación entre el implante y el sarcoma”, escribía por su parte el Dr. KerryBlanchard (1999);“Los tumores son claramente debidos a los microchips implantados”, decía el estudio del Dr. Thomas Tillmann (1997). Y así sucesivamente.

Silverman, sin embargo, sólo aportó 3 de esos 8 estudios. Además según un informe de Katherine Albrecht -de la organización de consumidores Caspian (18)– hizo “numerosas afirmaciones falsas” en entrevistas públicas y artículos. Dos meses después del reportaje de Lewan, Caspian -que desde 1999 lleva a cabo una dura crítica al uso irresponsable de la tecnología RFID- publicaría un informe titulado Inducción en el laboratorio de tumores en roedores y perros mediante microchips: revisión de la literatura 1990-2006 que confirma de modo contundente la relación causa-efecto entre el implante de un microchip de radiofrecuencia y el cáncer. En él se comentan once artículos publicados en revistas de Patología y Toxicología, y en seis de ellos se recogen resultados que muestran que entre el 0,8% y el 10,2% de los ratones y ratas desarrollaron tumores malignos. Y otros dos artículos describían resultados similares en perros. Los tumores malignos aparecían en la zona cercana a los implantes y posteriormente se extendían a otras partes del cuerpo. Y no crea el lector que este informe no se conoce: provocó una caída del 40% del valor en bolsa de VeriChip. Solo que ésta respondió primero negando conocer algunos estudios cuando se produjo la aprobación de la FDA y posteriormente diciendo que ya había informado a la agencia de esos efectos y que los tumores no se deben a los microchips porque se da en muy pocos casos y hay ya muchos animales domésticos que los llevan implantados en todo el mundo.

Es importante tener en cuenta que los microchips que llevan implantadas las mascotas y que son obligatorios en muchos países -condenando así a muchos animales a enfermar o morir- son idénticos a los utilizados para implantes humanos exceptuando únicamente el código de identificación que en los animales es de 10 dígitos y en los humanos de 16.

El caso es que -sea responsabilidad de la empresa por ocultar información o de la FDA por no realizar estudios independientes y rigurosos- en la guía que la agencia estadounidense publicó el 10 de diciembre de 2004 no aparecen los peligros relacionados con tumores y sarcomas; ni siquiera los pocos estudios que ADS sí entregó. Cuando periodistas de Associated Press preguntaron a dirigentes de la FDA qué documentación exacta habían recibido de Verichip la agencia se limitó a no contestar. Katherine Albrecht, por su parte, pidió esa misma información pero acogiéndose a la Leyde Libertad de Información y más de un año después recibió una breve carta en la que simplemente se le decía que ¡no había documentos archivados en relación a su petición!

De modo que finalmente los “posibles riesgos para la salud” que recoge el documento-guía de la FDAy que se mencionan en la carta remitida el 12 de octubre de 2004 por la agencia al Vicepresidente de Finanzas de Digital Angel a la que hemos aludido anteriormente son los siguientes: “Reacciones adversas en los tejidos; desplazamiento del transpondedor implantado (pudiendo perderse en el interior del cuerpo); seguridad de información comprometida; fallo del transpondedor; fallo del insertor (es decir, del instrumento utilizado para implantar el chip); fallo del escáner electrónico (que se utiliza para leer el chip); interferencias electromagnéticas y peligros eléctricos (se refiere a que si la persona entra en el campo de acción de ondas electromagnéticas o corrientes eléctricas éstas podrían afectar al chip); problemas relacionados con aparatos de resonancia electromagnética (que pueden causar quemaduras severas) y pinchazos con agujas”.

La incompatibilidad con sistemas de resonancia magnética (MRI por sus siglas en inglés) es uno de los peligros más serios ya que según la propia FDA puede llegar a causar “quemaduras severas en el paciente” a lo que se añade la posibilidad de que el microchip deje de funcionar tras ser expuesto a un escáner potente de MRI.

Otro grave problema lo plantea la posible “migración” del dispositivo, es decir, que -a pesar del envoltorio diseñado para que quede anclado- se desplace por el interior del cuerpo pudiendo incluso perderse sin posibilidad de ser localizado por un escáner. De hecho eso es lo que sucedió con nada menos que la mitad de los chips implantados en perros según un estudio de seguimiento de cuatro meses.

Las zonas cargadas con emisiones de radiofrecuencia también interfieren en los dispositivos por lo que es muy probable que no sea posible leerlos en el interior de ambulancias o helicópteros, lugares por otra parte en los que se suele trasladar a las personas en casos de emergencia y que por tanto desarmaría uno de los argumentos preferidos de los defensores del Verichip. Eso sin contar que vivimos literalmente rodeados de ondas electromagnéticas cuyos efectos sobre los microchips ni siquiera se conocen con precisión.

En cuanto a la posibilidad de desactivarlos o retirarlos, a pesar de las declaraciones de la empresa haciendo creer que se trata de operaciones simples y rápidas la realidad es muy otra; de hecho según Caspian no existe un procedimiento oficial para desactivar un microchip implantado ya que no tiene fuente de alimentación ni partes móviles y, por tanto, en teoría podría trasmitir indefinidamente. Por lo que se refiere a su extracción existen al menos dos testimonios de periodistas: el de Robyn Curnow -de la CNN- y el del francés Guillaume Jan. La primera cuenta la dolorosa operación y el largo postoperatorio que sufrió por las dificultades para localizar el microchip y extraerlo; en cuanto al segundo la desagradable experiencia fue filmada e incluida en un reportaje de la organización Next-up que puede verse en este enlace:http://videos.next-up.org/RfidExtractionRadiationEthics/2008Fr.html.

¿QUÉ HAY DETRÁS DE LOS IMPLANTES?

En suma, todos estos datos nos llevan a preguntarnos: ¿son los microchips implantables el artilugio perfecto para los que buscan llevar hasta sus últimas consecuencias el dominio del mundo? Muchas evidencias apuntan en esa dirección.

La tecnología RFID se utilizó por primera vez durante la Segunda Guerra Mundial cuando los ingleses colocaron transpondedores en los aviones aliados para ayudar a los operadores de los radares a distinguirlos de los alemanes. Posteriormente el Gobierno estadounidense los utilizaría para marcar camiones que entraban y salían de determinadas instalaciones; como el Laboratorio Nacional de Los Álamos. En cuanto a su utilización en seres humanos hay quienes afirman que ya se probaron en Estados Unidos y Suecia a comienzos de la década de los 70 del pasado siglo XX. Se asegura de hecho que el Primer Ministro sueco Olof Palme autorizó que se implantasen en presos; y de hecho pocos años después -a mediados de la década de los 80- el ex Director General de Estadísticas Jan Freese admitió que se habían implantado en pacientes ambulatorios.

Es más, a partir de 1999 -muy posiblemente a raíz del anuncio de Verichip– numerosas web dedicadas a la información médica –como WebMD, IDTechEx, Healthy and Wellness y otras- hablaban ya de la posibilidad de que se utilizasen implantes en seres humanos de forma masiva; en particular en el ámbito sanitario.

Claro que un año antes -en el 2005- VeriChip ya se había ofrecido por su parte a implantárselos gratuitamente a pacientes de un centro para discapacitados de Chattanooga (Tennesse, EEUU). Afirmando luego que había mantenido contactos con el Pentágono para implantar su tecnología RFID en personal militar. Posteriormente el Director Ejecutivo de esa compañía, Scott Silverman, instaría al Gobierno norteamericano a utilizar sus implantes para controlar tanto a los inmigrantes legales como a los trabajadores extranjeros. Y que no todos en Estados Unidos se tomaron esa iniciativa a título de inventario lo demuestra el hecho de que el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, le dijo al Senador Arlen Specter que estudiaría su propuesta de implantar microchips a todos los trabajadores colombianos que entrasen en Estados Unidos.

En febrero de 2007 VeriChip llegó a un acuerdo con los responsables de una conocida ONG de enfermos de alzheimer para implantar microchips en 200 de ellos y así estudiar su eficacia y seguridad. Por su parte, la mayor aseguradora de New Jersey, Horizon Blue and Blue Shield, colaboraría también con un centro médico regional y con VeriChip en la idea de implantar microchips en personas.

A estos intentos y experiencias siguieron otros de tal modo que durante su trayectoria Applied Digital Solutions (ADS) ha recomendado y promocionado sus productos para muy distintos usos: para controlar a autistas, dementes o enfermos del corazón, para vigilar a personas en arresto domiciliario o libertad condicional, para controlar a personas que se hallen en programas de protección de testigos, para incrementar la seguridad en el comercio vía internet, para mejorar el control de armas e, incluso, para implantarlos en niños, ancianos, trabajadores de aerolíneas, plantas nucleares u otros sectores así como a víctimas potenciales de secuestros o a meros excursionistas. Microchips para todo.

Cabe por tanto dentro de lo posible que esta empresa o alguna de sus filiales o sucesoras participara activamente en el intento de dar cobertura legal a una implantación masiva de microchips que hubiese significado el cumplimiento de sus expectativas tantas veces expresadas públicamente. Y aunque a primera vista el intento no se ha materializado la forma en que han ocurrido los acontecimientos parece indicar que podría repetirse. Muchos indicios apuntan en esa dirección como veremos enseguida.

UNA INVASIÓN SILENCIOSA

Según informa The Settle Times agencias federales y agentes de la ley compran información sobre personas a brokers de información comercial, compañías que recopilan informes digitalizados sobre millones de individuos a partir de grabaciones públicas, operaciones de crédito y muchas otras fuentes, y posteriormente las ponen a la venta. Recuérdese que en el proyecto de ley que venimos analizando se incluía una previsión -en la página 1002- para enlazar “información electrónica del sector privado relacionada con la salud” así como“cualquier otra información que la Secretaría considere necesaria”.

No obstante, no parece que haya sido necesaria la aprobación de esa ley para que estemos ya inmersos en una situación de indefensión total en cuanto al control de la información privada, tanto sanitaria como financiera o incluso simplemente sobre los hábitos de consumo. De hecho Elliott Maxwell -un investigador de la Universidadde Pennsylvania que asesora a EPCglobal, organización que viene impulsando el llamado Código Electrónico de Producto para crear una red mundial de información estandarizada que combine RFID e Internet- planteó este gravísimo problema en estos términos: “Será difícil saber quién está reuniendo qué información, quién tiene acceso a ella, qué se está haciendo con ella y quién debería ser considerado responsable de todo ello”.

Por su parte, Katherine Albrecht, en un artículo titulado RFID: rastreándolo todo en cualquier parte (19), escribe: “Los analistas prevén un momento en el que el sistema (RFID) se utilizará para identificar y rastrear cada cosa producida en el planeta” y añade: “El objetivo final es crear un mundo físicamente interconectado en el que cada cosa del planeta sea numerada, identificada, catalogada y rastreada; y la tecnología para hacer eso realidad existe”. Aclarando luego que el problema para implantarla “es político y no tecnológico” y mencionando entre las empresas que la promocionan a Wal-Mart, Tesco, Procter and Gamble, Phillip Morris y Coca-Cola. Asimismo, el informe titulado RFID para la sanidad y las farmacéuticas 2009-2019 incluye entre la veintena de empresas que están ya utilizando la tecnología RFID a Pfizer, GlaxoSmithKline, Abbott, Joshnson & Johnsony Novartis.

Una preocupación que parecía compartir nada menos que el antiguo jefe de la unidad dedicada a crímenes informáticos del Departamento de Justicia de Estados Unidos Mark Rasch, quien declararía: “Con etiquetas en tantos objetos y recogida de información en bases de datos que pueden enlazarse a tarjetas bancarias casi ningún aspecto de la vida estará a salvo de las miradas indiscretas de corporaciones y gobiernos”.

Añadiremos a estos datos de por sí preocupantes dos informes confidenciales que finalmente fueron localizados. El primero data de 2002 y fue realizado por Fleishmen-Hillard, una de las mayores agencias del mundo en materia de relaciones públicas y comunicación. En él se aconsejaba a la industria la estrategia a seguir para trasmitir al público la “inevitabilidad de la tecnología” -refiriéndose por supuesto a la tecnología RFID- y “neutralizar la oposición” adoptando nombres más “amistosos” como “Bar Code II” o “Green Tag“. El segundo informe fue realizado en 2003 por Helen Duce, directora para Europa del sector industrial relacionado con la tecnología RFID y que advertía de “la pérdida de beneficios para los consumidores que podría suponer una cobertura informativa negativa” de los problemas relacionados con la privacidad. Duce recomendaba decir a los consumidores que RFID está regulada por las autoridades federales y que es una simple mejora del conocido código de barras.

CONTROL, EUGENESIA Y DISIDENCIA

¿Le parece que exageramos? Pues sepa que ya se han utilizado implantes cerebrales como método para intentar conseguir el control de la mente y la modificación de la conducta; experimentos que se habrían realizado con prisioneros, soldados, enfermos mentales, niños y ancianos en los que se habrían alterado las funciones cerebrales mediante la modificación de sus frecuencias. Es más, ya durante la guerra de Vietnam se inyectaron en muchos soldados los llamados chips Rambo para aumentar el flujo de adrenalina en sus organismos. Y el Dr. Carl Sanders, inventor del biochip de interfase de inteligencia controlada, afirma por su parte que durante la invasión de Irak se implantaron en muchos soldados microchips a fin de tenerlos localizados. No estamos pues hablando de ciencia ficción.

La doctora Rauni-Leena Luukanen-Kilde, ex Ministra de Salud de Finlandia, diría en un artículo escrito en el 2000 titulado Implantes de microchips, control de la mente y cibernética lo siguiente: “Cada pensamiento, reacción, sonido y observación visual produce un determinado potencial neurológico, ondas y patrones en el cerebro y en sus campos electromagnéticos que pueden ahora descifrarse como pensamientos, imágenes y voces. El estímulo electromagnético puede por consiguiente cambiar las ondas cerebrales de una persona y afectar la actividad muscular causando calambres dolorosos experimentados como una tortura. El sistema electrónico de vigilancia empleado por la Agencia de Seguridad Nacional americana puede seguir y ocuparse simultáneamente de millones de personas”.

¿Sorprendido? Pues algunas interpretaciones y advertencias van mucho más lejos. En un programa de Fox News -disponible en YouTube– se plantea hasta la posibilidad de que un microchip pueda activarse a distancia y liberar una dosis letal de cianuro en la persona portadora.

Lo singular es que ya en septiembre de 2009 el médico alemán Ryke Geerd Hamer denunció públicamente que se pretendía utilizar una campaña de vacunación masiva –como la puesta en marcha por la falsa epidemia de gripe A- para implantar microchips en decenas de miles de personas. “La idea final es que cualquier crítico del sistema, en cualquier parte del mundo, pueda ser eliminado usando un chip asesino”, aseguraba Hamer.

Y la ex Ministra finlandesa parece corroborar ese temor: “Las técnicas de control de la mente se pueden utilizar con fines políticos. El objetivo de los controladores mentales en la actualidad es inducir a las personas o grupos ‘objetivo’ a actuar contra sus propias convicciones e intereses. Esta ‘guerra silenciosa’ está siendo conducida por agencias de inteligencia militares contra soldados y civiles ignorantes de lo que está ocurriendo”. La doctora Rauni-Leena Luukanen-Kilde acababa su artículo afirmando que la amenaza del control absoluto por medio de microchips sólo podrá evitarse educando a la gente y actuando pronto: “Se está agotando el tiempo para cambiar la dirección de la medicina militar y asegurar el futuro de la libertad humana”.

Y es que hace ya tiempo que 1984, la obra maestra de George Orwell, dejó de ser una mera novela: alguien parece decidido a controlar a todos los habitantes del planeta. En este caso ha fracasado, pero ¿no se estará preparando algún otro plan que no requiera la legalidad para ejecutarse? La Nanotecnología al menos lo permite. Más vale pues que, por si acaso, estemos atentos.

Jesús García Blanca

El artículo publicado en la web es bastante más extenso que el que apareció originariamente en la revista impresa (y figura en la versión en PDF que está accesible a nuestros suscriptores) ya que tuvo que acortarse por razones de espacio.

Recuadro:


Notas:

(1) http://www.gpo.gov/fdsys/pkg/BILLS-111hr3200ih/pdf/BILLS-111hr3200ih.pdf

(2) http://www.fda.gov/MedicalDevices/DeviceRegulationandGuidance/Guidance
Documents/ucm072141.htm

(3) http://www.accessdata.fda.gov/SCRIPTs/cdrh/cfdocs/cfcfr/CFRSearch.cfm?
fr=880.6300

(4) http://www.accessdata.fda.gov/SCRIPTs/cdrh/devicesatfda/index.cfm?
Search_Term=880.6300

(5) http://www.accessdata.fda.gov/SCRIPTs/cdrh/devicesatfda/index.cfm?
db=pmn&id=K033440

(6) http://www.accessdata.fda.gov/cdrh_docs/pdf3/K033440.pdf

(7) http://www.idtechex.com/research/articles/rapid_adoption_of_rfid_in_
healthcare_00000470.asp

(8) http://thomas.loc.gov/cgi-bin/bdquery/z?d111:HR03200:@@@X

(9) http://www.gpo.gov/fdsys/pkg/BILLS-111hr3962ih/pdf/BILLS-111hr3962ih.pdf

(10) http://clerk.house.gov/evs/2010/roll393.xml

(11) http://www.gpo.gov/fdsys/pkg/BILLS-111hr4872rh/pdf/BILLS-111hr4872rh.pdf

(12) http://thomas.loc.gov/cgi-bin/bdquery/D?d111:1:./temp/~bdKaHP:@@@S|/home
/LegislativeData.php?n=BSS;c=111|

(13) http://www.opencongress.org/articles/view/1202-The-Latest-Healthcare-
Rumor-Microchip-Implants

(14) http://www.legis.state.pa.us/cfdocs/legis/PN/Public/btCheck.cfm?txtType=
HTM&sessYr=2009&sessInd=0&billBody=H&billTyp=B&billNbr=1175&pn=2239

(15) http://www.ama-assn.org/resources/doc/ethics/ceja-5a07.pdf

(16) http://www.dhs.gov/xlibrary/assets/privacy/privacy_advcom_12-2006_
rpt_RFID.pdf

(17) http://ec.europa.eu/bepa/european-group-ethics/docs/avis20_en.pdf

(18) http://www.antichips.com/

(19) http://www.spychips.com/rfid_overview.html

 

Este reportaje aparece en
148
Abril 2012
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