¿Es internet un peligro para la salud mental de los niños?

El abuso y mal uso de Internet empieza a ser causa de problemas de ansiedad y adición entre los usuarios más jóvenes. Son de hecho ya muchos los psicólogos que consideran un motivo serio de preocupación que niños y jóvenes rehúyan cada vez más los contactos sociales para refugiarse en la red y en las nuevas tecnologías. Según el director del Centro de Investigación Innocenti (IRC) de la UNICEF, Gordon Alexander, “cada vez son más los niños que se muestran incapaces de imaginar la vida sin su perfil en las redes sociales”. Otro de los problemas que señala el informe del IRC -publicado hace unos meses- Child Safety Online: Global challenges and strategies es el aumento de casos de adicción a la pornografía entre menores así como la reproducción entre chicas menores de los estereotipos femeninos de la pornografía, tanto en lo que respecta a la apariencia como a los comportamientos sexuales.

Internet ha abierto a nuestros hijos las puertas a un mundo de muchas luces pero también de algunos rincones oscuros que llegan acompañados de nuevos nombres. ¿Sabía usted por ejemplo que hikikomori es un término japonés que significa “encerrarse, confinarse en uno mismo” y sirve para designar a aquellas personas –generalmente adolescentes y jóvenes- que abandonan la vida social y se encierran en sus dormitorios durante largos períodos de tiempo –hasta años- refugiados únicamente en las nuevas tecnologías? Los hikikomori se refugian en un mundo alimentado por Internet basado en videojuegos, mangas, juegos de rol, canales por satélite, etc. Todo lo hacen sin salir de casa. Con sus ritmos circadianos totalmente alterados duermen de día, comen por la tarde y se pasan la noche conectados a la red jugando con videojuegos o viendo la televisión. Sus relaciones personales son inexistentes y simplemente satisfacen sus impulsos sexuales fantaseando con heroínas virtuales, estrellas pomo o cantantes de moda. Y si bien parece ser aún un fenómeno social circunscrito a Japón el problema corre el riesgo de extenderse porque algunos especialistas en trastornos del comportamiento afirman que podrían existir ya en ese país cerca de ¡tres millones de jóvenes! que han caído en este extraño tipo de adicción, en algunos casos acompañada de depresión o de comportamientos agresivos hacia sus padres. Y su futuro es poco prometedor pues los expertos aseguran que aunque finalmente abandonen sus habitaciones tendrán difícil encontrar trabajo a tiempo completo y ser capaces de entablar una relación a largo plazo.

Los hikikomori representan ciertamente el extremo de una de las grandes trampas de Internet, la adicción, un fenómeno que comienza a verse como un serio problema en todo el mundo ya que cada vez afecta a más a niños y jóvenes. De hecho hay padres que se enfrentan hoy a grandes dificultades simplemente para apartar a sus hijos del ordenador.

Y si la adicción es una trampa de consecuencias indudables en el comportamiento familiar, escolar y laboral mucho más peligroso resulta el fácil acceso que hoy día tienen los niños y adolescentes a todo tipo de imágenes y comportamientos sexuales, buscadas o no, en torno a los cuales ha surgido también un nuevo vocabulario. El sexting, por ejemplo, consiste en el envío a través del móvil o de Internet de imágenes de contenido sexual; la sextorsión es el chantaje que de algún modo se hace a la persona que aparece en esas imágenes entre las que proliferan menores; y el grooming consiste en la captación a través de la red de un menor por parte de un adulto que se hace amigo del niño y le engaña con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor o, incluso, como preparación para un encuentro sexual real, consentido o no.

Internet, ese mundo maravilloso que ha cambiado definitivamente nuestras vidas mejorando las comunicaciones, facilitando las relaciones comerciales y ampliando nuestros conocimientos es al mismo tiempo refugio de depredadores sexuales y plataforma de negocios tan rentables como la pornografía que pueden acabar atrayendo a los niños a zonas que en el mundo real y no virtual les estarían vedadas por sus padres y por la propia sociedad dada su inmadurez. Sin embargo a través de Internet pueden acceder a ellas; y desde ellas ciertos individuos pueden acceder a los niños con una tremenda facilidad, muchas veces ante la ignorancia de unos padres que han perdido el control por falta de tiempo, de interés o de conocimientos sobre una tecnología con la que sus hijos les pueden engañar con una facilidad antes desconocida… ¡sin salir de casa!

A finales del pasado año el Centro de Investigación Innocenti (IRC) de la UNICEF publicó el informe Seguridad infantil en Internet: retos y estrategias globales con el objetivo de proporcionar una mejor comprensión de los riesgos a los que se enfrentan los jóvenes a nivel mundial en la red. La investigación, realizada en colaboración con el Centro contra la explotación infantil y la protección online (CEOP) en el Reino Unido, señala cuatro aspectos que a nivel global necesitan coordinarse para crear un entorno más seguro para los niños en la red: enseñarles a protegerse por sí mismos, acabar con la impunidad de quienes les acosan, reducir el acceso a material dañino y apoyar la recuperación de las víctimas. Afortunadamente en España parece que estamos todavía lejos de comportamientos similares; razón de más en cualquier caso para estar alertas.

LA ADICCIÓN A LA RED

Las estadísticas dicen que la situación en nuestro país no es preocupante pero las estadísticas son números que no valen a la hora de afrontar los problemas de casa. Y no hace falta ser un hikikomori para tener un problema de adicción. Tanto desde la investigación social como desde la clínica se están haciendo esfuerzos para tratar de estudiar el fenómeno y decidir si Internet puede ser adictivo del mismo modo que los son el alcohol u otras drogas. Y si bien no hay aún una opinión clara sobre la cuestión de la adicción crece el consenso en torno a la necesidad de investigar las posibles consecuencias de un uso “excesivo” de Internet pareciendo cada vez más evidente que su utilización es potencialmente beneficiosa sólo hasta cierto punto a partir del cual es probable que se vuelva problemática. Evidentemente la adicción es un problema que puede surgir a cualquier edad pero se vuelve más preocupante cuando empieza en la adolescencia.

La doctora Kimberly Young -de la Universidad de Pittsburg y creadora del Center for On-Line Addiction- define la adicción a Internet como “un deterioro en el control de su uso que se manifiesta como un conjunto de síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos. Es decir, la persona ‘netdependiente’ realiza un uso excesivo de Internet lo que le genera una distorsión de sus objetivos personales, familiares o profesionales“. El adicto, como en otras adicciones, necesita estar cada vez más tiempo enganchado a la red para experimentar el mismo grado de satisfacción. Los motivos que llevan a caer en la dependencia son muy variados y a veces no somos conscientes de que existen: la soledad, la inseguridad, problemas sentimentales, de trabajo, el aburrimiento por falta de otras actividades, desórdenes psíquicos como depresiones, complejos o neurosis…; en definitiva, las mismas causas que pueden provocar cualquier otra adicción.

Según explica la psicóloga Isabel Menéndez en su trabajo Las nuevas adicciones infantiles se puede considerar adicción cuando se dan en el niño tres o más de estos comportamientos:

1. Siente gran satisfacción y euforia cuando está frente al ordenador.
2. Piensa en Internet cuando está haciendo otras cosas.
3. Miente sobre el tiempo real que pasa conectado a la red.
4. Descuida sus relaciones sociales, familiares, estudios, etc.
5. Está angustiado o inquieto cuando no está conectado a un chat.
6. Intenta cortar con el ordenador y no lo consigue.

“Los niños más susceptibles de tener problemas de abuso o adicción a Internet –asegura Isabel Menéndez– son jóvenes introvertidos con baja autoestima, poca comunicación familiar o problemas familiares que escapan así de la soledad o de sus problemas reales para refugiarse en un mundo virtual en el que no deben demostrar nada a nadie porque, entre otras cosas, están protegidos por el anonimato; como en el caso de los chat en el que el adolescente más reservado puede convertirse en el novio virtual de cientos de chicos/as. Para ellos esas amistades son reales pero pueden convertirse en el único lugar en el que chico se sienta bien y eso es peligroso”.

Otros comportamientos a los que deben de estar especialmente atentos los padres son:

-La privación del sueño porque se navega más durante la noche.

-Una irritabilidad extrema cuando se les interrumpe o se les niega al acceso.

-El abandono de sus obligaciones o aficiones (suelen salir menos los fines de semana por quedarse frente al ordenador).

-Las discusiones familiares debidas al uso de la red.

-La incapacidad de control en el uso de internet (se ponen para navegar una hora y están cinco); y

-El descuido de su propia salud (no comen o cenan de forma regular, no duermen lo suficiente…).

¿Y cuál es la situación en nuestro país? ¿Cómo es el comportamiento de nuestros pequeños? ¿Hay que alarmarse?

DE MOMENTO NO HAY UN PROBLEMA GLOBAL

Aunque cada hogar es un mundo diferente y al margen de que algunos padres tengan que estar precavidos o tomar medidas ante este tipo de situaciones individuales, la realidad es que en España, a nivel global, no se trata de un fenómeno preocupante. Así quedó al menos de manifiesto en el estudio EU Kids On Line II realizado por la organización Niños europeos en la Red (EU Kids Online por sus siglas en inglés) cuyo objetivo es “identificar, comparar y proponer conclusiones a partir de investigaciones existentes y en desarrollo en Europa sobre niños y tecnologías en la red”. El trabajo, financiado por el programa Safer Internet Plus de la Comisión Europea -publicado hace unos meses en colaboración con la Universidad del País Vasco y dirigido por la socióloga Maialen Garmendia– es el resultado de una macroencuesta entre más de 25.000 niños y niñas de 25 países europeos de entre 9 y 16 años, y a uno de sus padres. Con él se buscaba determinar el grado de incidencia de la mayoría de los riesgos de Internet que pueden afectar a niños y niñas, y la buena noticia es que en España hay una menor incidencia de estos riesgos que en la media de los países europeos.

De media los menores españoles de entre 9 y 16 años se conectaron por primera vez a Internet con 9 años pero este dato sufre importantes variaciones por franjas de edad. Así, nos encontramos con que el grupo más joven de menores encuestados (9-10 años) comenzó a conectarse a los 7 años mientras que los menores de 15 y 16 años accedieron a Internet por primera vez -como media- con 11 años. “Se puede observar por tanto –dice el estudio- cómo en España y a nivel europeo la edad en la que comienza el uso de Internet está descendiendo de manera muy notable”. Y semejante descenso hace prioritario el control de los padres.

Los menores que usan Internet pueden dividirse en dos grupos: los que lo usan todos o casi todos los días –el 58%- y aquellos que lo utilizan una o dos veces por semana –el 34%-. Con lo que ambos grupos suponen más del 90% de todos los menores que usan Internet. En el caso de España la frecuencia de uso diario se sitúa por debajo de la media europea y muy por debajo de la mayoría de los países europeos; solo Austria y Turquía están por debajo de España.

El tiempo medio en Internet para un menor de entre 9 y 16 años en España es de 71 minutos al día; algo por debajo pues de la media europea que es de 88. Todos somos conscientes de “sentadas” de varias horas ante el ordenador pero la estadística es la estadística. Las diferencias más notables se refieren en cualquier caso a la edad: el tiempo de uso de Internet de los menores españoles pasa de los 45 minutos (9 y 10 años) a los 97 minutos (15 y 16 años). Diferencia que es incluso más marcada en la media europea donde el tiempo pasa de los 58 minutos a los 118 por día.

Queda por ver –señala el estudio- si los menores pasarán aún más tiempo en Internet en el futuro. En el caso de España todavía hay margen de crecimiento para llegar a los niveles europeos. Lo que está claro es que para muchos niños y niñas europeos Internet es una parte muy importante de su vida cotidiana”. Según el director del Centro de Investigación Innocenti (IRC) de la UNICEF, Gordon Alexander,“cada vez son más los niños que se muestran incapaces de imaginar la vida sin su perfil en las redes sociales” por lo que parececlaro que el consumo en nuestro país seguirá aumentando; lo que permite un importante margen de maniobra para trabajar en la prevención de posibles comportamientos adictivos.

En general el 84% de los menores españoles encuestados afirma usar Internet en casa. La mayoría (63%) lo hace en el salón (u otra habitación común) pero un 42% puede usarlo en su propio cuarto o en otro lugar privado del hogar. “De estos datos –explica el EU Kids On Line- se extraen dos implicaciones. Primero, debe aumentar la concienciación sobre la seguridad en los padres porque parece ser el mejor medio de llegar a la mayor cantidad posible de menores. Segundo, muchos menores utilizan Internet en un lugar en el que es difícil para los padres supervisar su uso. El uso de Internet en la habitación propia es sensiblemente inferior al de la media europea. Sin embargo lo elevado del porcentaje hace que también sea necesario considerar este factor en las tareas de prevención de riesgos”. Aunque aún estemos lejos de los tiempos de uso que definen una adicción será bueno que nos apliquemos el viejo refrán español: cuando las barbas de tu vecino veas arder pon las tuyas a remojar.

TRATAR LAS ADICCIONES

Hace sólo unos meses abría sus puertas en el Capio Nightingale Hospital de Londres una unidad destinada a tratar a niños que están tan enganchados a la tecnología que en opinión de sus padres y médicos ponen su salud en riesgo. Siendo muchos los padres que acudieron a él que aseguran que sus hijos montan en cólera si se les pide que apaguen sus ordenadores con una actitud a veces tan agresiva que en algunos casos tuvo que intervenir la policía. Algunos de esos niños habían comenzado a desarrollar previamente trastornos del sueño y depresión como resultado de su comportamiento ante el ordenador. Parece que la situación es pues allí peor que en España. Una encuesta realizada en Londres en una escuela de Secundaria reveló que al menos una cuarta parte del alumnado pasaba seis horas diarias frente a la pantalla del ordenador –tiempo más que excesivo según los profesionales- por lo que es inevitable que el rendimiento intelectual y las relaciones sociales y familiares terminen degradándose.

La adicción a la tecnología es como un juego –señaló el doctor Richard Graham, experto en trastornos de niños y adolescentes responsable de la Unidad de Adicción- que termina con síntomas de abstinencia – como la agitación- porque el niño o joven permanece hiperestimulado y eso le lleva a estar siempre en alerta”.

La unidad de Graham centra su trabajo en la estimulación de la interacción social; es decir, los padres también están implicados y se les enseñan métodos para que puedan desconectar a sus hijos de la red sin que ello ocasione ningún conflicto. El programa de la clínica ofrece tratamiento residencial durante el cual los niños están libres de tecnología y pueden centrarse en la interacción social cara a cara. También está diseñado para aumentar las actividades sociales al margen del ordenador y desarrollar estrategias que permitan al niño hacer frente a los problemas que puedan acaecerle mientras está en línea; como el acoso cibernético, el llamado ciberbulling. Y, por supuesto, se trabaja en el concepto de “higiene tecnológica” para enseñar a los niños a desconectarse de Internet y de los videojuegos.

Los servicios de salud mental -afirma Graham- tienen que adaptarse rápidamente a los mundos cambiantes que los jóvenes habitan y entender seriamente cómo sus vidas pueden verse afectadas por el tiempo en línea no regulado, en la pantalla o en el juego. Hemos encontrado que muchos de los servicios existentes no reconocen la complejidad de estas situaciones, anclados en modelos más antiguos de la adicción y el abuso de sustancias”.

En resumen, los problemas de adicción se presentan especialmente en chicos/as con las siguientes características: baja autoestima, poco control emocional, indecisión, inseguridad, pocas relaciones sociales, poca resistencia a la frustración y problemas familiares (crisis, violencia, abandono psicológico y otros).

EL SEXO, LOS NIÑOS E INTERNET

Uno de los riesgos que más deberían preocupar a los padres es el del acceso a imágenes sexuales y contactos indeseados. Desafortunadamente hay noticias que ya no extrañan a nadie: “Detenido un joven de 15 años por grooming o ciberacoso. El menor obtuvo fotos desnudas de tres niñas y apoderándose de la lista de contactos de sus cuentas de correo electrónico las amenazó con difundir las fotos entre sus conocidos”. “Dos hombres de 21 y 28 años han sido detenidos por la Policía Nacional de Valencia por acoso sexual a través de una red social a niñas de entre 12 y 16 años a las que prometían regalos”. “Un hombre fue detenido por violar a una menor tras contactar con ella a través de la red social Tuenti y coaccionarla. Con sólo 16 años esta chica cayó en las redes de un peligroso fenómeno cada vez más extendido en Internet: el grooming”. “Detenido un joven de 20 años como presunto autor de un delito de pornografía infantil y corrupción de menores al colgar en Internet fotografías de una menor murciana que no atendió sus exigencias sexuales. El modus operandi que usan los ciber-acosadores consiste en ganarse la confianza de la menor con el objeto de obtener fotografías de desnudos, ofertándole en contraprestación ropa de marca, regalos y dinero. Después solicitan los favores sexuales de la menor bajo la amenaza de de divulgar sus fotos entre sus contactos o bien colgarlas en Internet. Una vez satisfecha esta exigencia inicial aún pueden intentar prostituirla para su beneficio económico”. “Una niña sube una foto desnuda a la red porque sus padres no la dejan tener novio”. “Una denuncia online de una menor permite detener a un sextorsionador que engañaba a aspirantes a modelos en las redes sociales. El detenido había creado perfiles falsos en la red social Facebook para dar credibilidad a las supuestas empresas y desde ahí ofrecer a las jóvenes participar en un casting online para incluirlas posteriormente en el book de la agencia. En dicho casting, realizado por medio de la webcam, el individuo les pedía que posasen cada vez con menos ropa con la excusa de comprobar si sus cuerpos se ajustaban a lo que buscaba la agencia hasta que acababan desnudándose. Cuando el depredador había conseguido las imágenes de las víctimas sin ropa daba un paso más y las obligaba a realizar actos obscenos ante la cámara bajo la amenaza de difundir las imágenes ya obtenidas entre los contactos de su entorno familiar y social, proceso conocido como sextorsión”.

El rápido crecimiento del mundo digital –señala Gordon Alexander- no ha creado los delitos de abuso y explotación sexual de los niños pero sí ha aumentado la magnitud y el alcance de los posibles daños que pueden ocasionar. Tenemos que reconocer esto y tomar la mayor cantidad posible de medidas adecuadas respetando los derechos de los niños a explorar el nuevo entorno y todo el potencial que la tecnología ofrece”.

En suma, el sexo -ese mundo prohibido que tan lejano nos parecía en nuestra niñez y al que generalmente se accedía de forma gradual- está hoy presente en cada rincón de la existencia de los niños. Primero fue la publicidad, después las canciones, más tarde las series de televisión y ahora, por la puerta grande, los niños tienen libre acceso a todos los rincones inimaginables -buscados o no- a través de Internet. ¿Están preparados para ello nuestros hijos? A la vista de las noticias citadas no todos; y no siempre.

IMÁGENES Y MENSAJES SEXUALES

En la encuesta de EU Kids On Line, ante la dificultad de resultar excesivamente explícitos a la hora de preguntar a los niños, la cuestión fue planteada de la siguiente manera: “Durante el último año habrás visto muchas imágenes diferentes: dibujos, fotografías, videos, etc.; algunas veces pueden ser obviamente sexuales; por ejemplo pueden mostrar gente desnuda o practicando sexo”. Preguntándoles a continuación: “¿Has visto algo de este tipo (sexualmente explícito) en los últimos doce meses?” (aclaremos que no se preguntó esto a los menores de 10 años). Pues bien, afortunadamente en España la mayoría de los menores afirma no haber visto imágenes de ese tipo. Estos son algunos de los datos obtenidos:

-El 13% de los menores españoles afirma haber visto imágenes sexualmente explícitas -tanto online como offline- frente al 23% de los menores europeos. Y la forma más común de ver este tipo de contenidos es a través de Internet (de ese porcentaje sólo el 3% las vio más de una vez a la semana; el 2% una o dos veces al mes).

-El visionado de las imágenes sexuales está muy relacionado con la edad: pasa de cerca del 1% entre los más pequeños a casi el 5% entre los menores de 15 y 16 años; tendencia que también se produce a nivel europeo.

-Por lo que se refiere al género también se dan diferencias con un mayor visionado de estos contenidos entre los niños.

-Entre los menores que afirmaron haber visto imágenes sexuales cerca de un tercio (32%) afirmó haberse sentido molesto por ello.

Cabe añadir que el 27% de los menores accedió a este tipo de contenidos por casualidad y un 37% mientras navegaba por una web de videos. El resto entró directamente en páginas de adultos o llegó a ellas a través de redes sociales u otro tipo de páginas. De ellos casi la mitad vio imágenes de los órganos sexuales y sexo explícito; como videos de adultos “haciendo” el amor.

En el caso de los menores españoles sólo el 9% de los niños de entre 11 y 16 años afirmaron haber recibido mensajes sexuales; y de ese 9% la cuarta parte afirmó haberse sentido afectado o molesto por haberlos recibido.

Pero lo que realmente llama más la atención en la encuesta es la actitud de los progenitores: el 67% de los padres cuyos hijos recibieron mensajes de tipo sexual, el 61% de los que fueron acosados a través de Internet y el 51% de los que accedieron a contenidos sexuales lo ignoraban. “Como en cualquier faceta de la vida –afirma Maialen Garmendia- en Internet es muy difícil proteger a los menores de todos los riesgos; sin embargo la ayuda de los padres es clave para que puedan superar estos riesgos sin consecuencias negativas”.

Y aunque no esté siempre directamente relacionado con el sexo sino con un intento de buscar nuevos amigos sorprende que en España un 9% de los menores de entre 9 y 16 años afirme haber acudido a citas con gente que conoció en Internet; siendo obviamente el porcentaje mayor en función de la edad. Y de nuevo en este apartado se confirma la ceguera de los padres: el 70% de aquellos cuyos hijos reconocieron haber mantenido ese tipo de encuentros negaban tal posibilidad. Sólo un 22% de los padres sabía que sus hijos los tuvieron.

ADICCIÓN Y PORNOGRAFÍA, UN CÓCTEL PELIGROSO

Es evidente a la vista de los datos que en nuestro país -quizás por el alto coste económico que supone tener redes de alta velocidad en las casas- estamos aún lejos de considerar un problema la posible adicción o el posible visionado de páginas de alto contenido sexual por parte de los niños y adolescentes. Sin embargo quizás por eso estamos en el mejor momento de prevenir ya que parece evidente que no hay demasiado interés en poner límites a una industria tan rentable como de la pornografía. De hecho mueve al año unos 14.000 millones de dólares ¡sólo en Estados Unidos!; es decir, que sus habitantes se gastan más de 3.000 dólares por segundo en pornografía. Y en ese país se hace un video pornográfico nuevo cada 39 minutos.

Si uno vuelve una y otra vez a exponerse a material de esa naturaleza poco a poco llegará a tener una biblioteca pornográfica en su mente de la que no podrá librarse –asegura el doctor Víctor Cline, psicólogo clínico y experto en comportamiento de la Universidad de Utah refiriéndose al acceso de los niños y jóvenes a ese tipo de contenidos-. Estará ahí, lista para recordarse, aún cuando uno no quiera. Existe abundante evidencia en estos momentos que sugiere que los comienzos u orígenes de muchas desviaciones y perversiones sexuales son aprendidas. Y una de las formas de aprendizaje es el exponerse a material pornográfico. Es difícil de olvidar ya que la persona tiene dentro de sí una librería de material antisocial. Se puede excitar solamente con las imágenes que ya tiene en su mente”.

Evidentemente se trata de un proceso que no afecta a todos los niños por igual pero que muchos especialistas comienzan a relacionar con el aumento de delitos sexuales protagonizados por los propios adolescentes cuando caen en una espiral destructiva. “Me he encontrado –señala Cline-con que casi todos mis problemas con adultos adictos sexuales se iniciaron con la exposición del porno en la infancia o la adolescencia (a menudo a los ocho años). El patrón típico fue la exposición a la pornografía leve o el abuso sexual (por sus amigos, hermanos, personas mayores o, accidentalmente, por el descubrimiento del porno del padre) con una frecuencia cada vez mayor de la exposición a través del tiempo y una eventual adicción más adelante. Esto era casi siempre tarde o temprano acompañado por masturbación. Esta adicción fue seguida por un aumento de la desensibilización a la patología de los materiales, la escalada de tipos cada vez más variados, aberrantes y “más duros” de los materiales eróticos y, finalmente, el intento de llevar a cabo las fantasías sexuales a las que fueron expuestos. Esto podría incluir el exhibicionismo, el voyeurismo, llamadas telefónicas obscenas, solicitud de prostitutas e incluso en ocasiones molestar a los niños y sexo forzado. La mayor parte del daño fue a través de la infidelidad compulsiva (a veces infectar a la mujer con las enfermedades venéreas) y una destrucción de la confianza en el vínculo conyugal que en muchos casos, en última instancia condujo a un divorcio y a la ruptura de la familia”.

El caso es que hay cada vez más expertos que consideran que el consumo de pornografía no se contempla en general como un problema social grave cuando lo es y de ahí que reclamen atención sobre el asunto y pidan más protección, sobre todo para los más vulnerables: niños y adolescentes. “Las nuevas tecnologías de información y comunicación –puede leerse en el informe de UNICEFhan creado un entorno en el que la pornografía se ha convertido en un contenido de fácil acceso. Una de las principales diferencias con la época ‘pre-Internet’ es que hoy en día hay muchos sitios disponibles mostrando las formas más graves de la pornografía a los que los jóvenes pueden acceder. Y aunque hasta la fecha existe una evidencia limitada sobre las posibles consecuencias de dicha exposición cada vez son mayores las preocupaciones expresadas por los profesionales que trabajan con jóvenes por los aparición de crecientes niveles de adicción la pornografía así como por las presiones emergentes sobre las niñas para que imiten en sus comportamientos sexuales a los de las mujeres de los videos pornográficos”.

Los defensores de la pornografía en la red señalan que los daños pueden en todo caso derivarse de la pornografía asociada a la violencia pero no de aquélla que está desprovista de ella. Sin embargo es fácil encontrar ejemplos de pornografía no violenta que la mayoría de los terapeutas -así como los ciudadanos más comunes- no consideran modelos saludables de comportamiento sexual: la pornografía infantil, el sexo con animales, el sexo en grupo, el sexo que humilla y denigra a las mujeres y su papel en las relaciones sexuales hombre/mujer (sin violencia abierta) o las películas que presentan distorsiones graves acerca de la sexualidad humana.

Y es que según la investigación sobre los efectos de pornografía no violenta “adulta” de Dolf Zillmann y Bryant Jennings cuando sujetos experimentales son expuestos a presentaciones repetidas de pornografía adulta no violenta en un período de seis semanas…

…aumenta su insensibilidad hacia las mujeres y trivializan la violación.

…desarrollan percepciones distorsionadas acerca de la sexualidad.

…les apetecen tipos más desviados, extraños o violentos de pornografía (escalada) porque el sexo normal ya no les satisface.

…devalúan la importancia de la monogamia y desconfían del matrimonio como institución duradera. Y…

…no ven las relaciones monógamas ni normales ni naturales.

Mary Anne Layden, coautora y directora del Programa de Traumas Sexuales y Psicopatología de la Universidad de Pensilvania (EEUU), asevera por ello: “La presencia de pornografía en la vida de muchos niños y niñas adolescentes es mucho más significativa de lo que la mayoría de los adultos cree. La pornografía deforma el desarrollo sexual saludable de estos jóvenes”.

De otros riesgos -como el del ciberacoso y el del bulling on line- hablaremos en otro momento. La buena noticia es que en España no tenemos grandes problemas aún; la mala es que no faltan dramas a pequeña escala en muchas casas. Y no lo olvidemos: es mejor prevenir que curar.

Antonio San Martin 

Recuadro:


Recomendaciones a los padres

La doctora Kimberly S. Young afirma en su trabajo Internet Addiction: Symptoms, Evaluation And Treatment que todo niño que pasa mucho tiempo ante un ordenador corre el riesgo de toparse y hablar con un depredador de Internet. Y de ahí que los padres deban estar atentos si éste…

…pasa muchas horas en el ordenador y sus notas en la escuela disminuyen.

…pasa mucho tiempo sin supervisión en las redes sociales.

…es muy reservado acerca de las actividades en línea y sobre la gente que habla con él.

…descarga fotos de extraños o imágenes pornográficas.

…recibe llamadas telefónicas extrañas o éstas aparecen reflejadas en la factura del teléfono.

…recibe llamadas telefónicas inusuales o regalos.

…espera hasta que otros miembros de la familia están durmiendo o fuera de la casa antes de ponerse en línea.

…apaga rápidamente las aplicaciones de software o cambia de pantalla cuando alguien entra en el cuarto.

…visita webs relacionadas con sexo, muerte, destrucción u otros temas mórbidos.

…utiliza cuentas en línea de las que los padres no saben nada o utiliza múltiples direcciones de correo electrónico.

Cabe agregar que según la organización Protectkids.com los padres pueden reducir esos riesgos si…

…enseñan a sus hijos a no comunicarse en línea con personas que no conocen físicamente al margen de Internet; lo que incluye a los “amigos de amigos”. Bajo ninguna circunstancia debiera un niño conocer en persona a alguien que sólo conoce a través de Internet pues en la mayoría de los casos en los que se explota a un niño éste es engañado o forzado a encontrarse con depredadores fuera de línea.

…revisan la lista de “amigos” de su hijo en Internet y exigen que les desvele el nombre real de cada uno.

…revisan la página del niño o el perfil en línea para asegurarse de que no hay información personal que le permita identificarse; incluyendo fotos, el nombre de la escuela o los nombres de los amigos cercanos. Muchos depredadores mantienen archivos detallados sobre sus objetivos y recopilan información a través del tiempo a partir de una amplia variedad de comentarios. Cualquier información aparentemente inocua puede resultar perjudicial cuando se combina con comentarios realizados semanas o meses antes.

…exigen a su hijo si ya ha sido abordado o acosado en línea que elimine su antigua cuenta, elija un nuevo nombre de usuario y comience con otro.

…le prohíbe el uso de una webcam. Son utilizadas por los depredadores para explotar niños.

… instala un software que permita realizar el seguimiento de contenidos en el equipo utilizado por su hijo. No hay otra manera de estar seguro de lo que está haciendo su hijo en línea o con quién se está comunicando. Y no hay otra manera de tener un registro exacto de lo que se dijo en el caso de que su hijo esté en contacto con un depredador. Hágalo incluso si le parece que está “espiándole” porque todo padre tiene la responsabilidad de saber con certeza quién entra en la vida de su hijo.

A. S

Este reportaje aparece en
148
Abril 2012
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