¿Qué nos excita sexualmente?


Tanto las partes del cuerpo que llaman más la atención del sexo contrario como los órganos de percepción que en unos y otras predominan a la hora de la excitación sexual son distintos en hombres y mujeres. En ese sentido -según los expertos-, los hombres suelen fijarse primero en el trasero y en las piernas de las féminas mientras que éstas centran su atención primigenia en los ojos y en las manos de los varones. Algo que viene condicionado por los órganos a través de los cuales nace inicialmente esa excitación y que en los hombres son principalmente la vista y el tacto  mientras en las mujeres priman el olfato y el oído.

El goce sexual es una necesidad que el ser humano precisa imperiosamente satisfacer por naturaleza. Algo imprescindible y genéticamente tan natural como amar, respirar, comer, beber o defecar. Y ello es así aunque condicionamientos culturales de diversa índole -normalmente de origen religioso o sanitario- lo hayan intentado convertir a lo largo del tiempo en un asunto moral o ético, máxime en esta cultura del pecado en la que se halla inmersa buena parte de la sociedad actual. Tema escabroso del que hoy no queremos hablar aun cuando somos conscientes de que se trata de un problema grave que condiciona la vida de muchas personas dificultando su posibilidad de realizarse y ser más feliz.

Lo importante en cualquier caso -y en eso coinciden todos los expertos- es que el deseo sexual tiene un origen genético en TODOS los seres vivos -independientemente de su nivel evolutivo- motivado por el impulso que lleva a cada especie a perpetuarse reproduciéndose. Obviamente, ese deseo, esa necesidad -instintiva y propia de todos los animales sexuados- es distinta en cada especie y nivel. Y así, en el ser humano ha sido barnizada y mediatizada por multitud de factores bien conocidos. Al punto de que hoy vivimos en una sociedad internacional pero no uniforme en la que conviven simultáneamente morales locales más o menos extensas -pero comúnmente asumidas en su ámbito- que lo mismo consideran aceptable la monogamia que la poligamia, la abstinencia sexual o el celibato de por vida que la promiscuidad mas absoluta, la fidelidad extrema que el intercambio de parejas…

En todo caso, no es éste el lugar ni el momento de tratar tema tan complejo. Nuestra intención es menos ambiciosa: pretendemos sólo explicar -y de manera muy simple y sencilla- qué partes del cuerpo son las que -siempre según quienes de esto saben mucho más que nosotros- excitan sexualmente con mayor intensidad a hombres y a mujeres. Y, por supuesto, qué órganos sensoriales son los que llevan a que eso -de manera puramente inconsciente- sea así. 

LA EXCITACIÓN DE LA LIBIDO 

Qué duda cabe de que el grado de conocimiento científico actual nos permite conocer y analizar en buena medida las pautas que llevan a lo que ha dado en llamarse "estado de excitación sexual". Conocimiento que se basa en los procesos -especialmente bioquímicos- que hoy sabemos tienen lugar en el interior de nuestro organismo y del que no vamos a hablar con la precisión que cabría por resultar innecesario en un artículo divulgativo de características como el que nos ocupa.

Sí conviene decir, en cualquier caso, que las reacciones originadas por cuestiones sexuales crean una especie de circuito cerrado entre la mente y el cuerpo físico que gira vertiginosamente retroalimentándose y provocando descargas hormonales que, a su vez, provocan procesos mentales focalizados con el futurible gozo sexual. Obviamente, los órganos físicos suelen ser los primeros en desencadenar el proceso ya que el organismo tiene a su disposición emisores y receptores que -sobre todo en ciertas especies animales- son tremendamente sofisticados. Aunque no tanto en el ser humano porque el grado de socialización actual no suele hacerle tener que buscar pareja mucho más allá de su entorno como ocurre, por ejemplo, con algunas aves e insectos.

Por otra parte, los órganos receptores -desde el punto de vista sexual- no están igualmente desarrollados en el hombre que en la mujer. Hay algunas diferencias tanto en la calidad como en la cantidad de las emisiones. 

LOS HOMBRES Y LAS MUJERES NO PERCIBEN IGUAL 

En suma, los expertos explican que los órganos físicos que excitan la libido son básicamente los mismos en el hombre y en la mujer pero saben igualmente que éstos no actúan ni con la misma intensidad ni en el mismo "orden".

En ese sentido, quienes de esto saben aseguran que en el caso de las féminas el órgano sensorial que primero actúa -o se "activa"- a la hora de excitarse es el olfato, siguiendo -por orden de inmediatez e intensidad- el oído, la vista, el tacto y el gusto. Por el contrario, en el caso de los varones el órgano que prima y que más excitación provoca en él es la vista, seguidos -en este orden- por el tacto, el olfato, el gusto y el oído (estos dos últimos pueden cambiar de lugar según los patrones estéticos). 

CUESTIÓN GENÉTICA 

¿Y por qué el órgano sensorial que más excita a las mujeres es el del olfato?, se preguntarán muchos de nuestros lectores. Pues la verdad es que no se sabe a ciencia cierta… pero así es. Los investigadores entienden, eso sí, que la causa debe estar en su mayor desarrollo debido a las experiencias de la especie que han tenido lugar desde el principio de los tiempos y que deben haberse transmitido genéticamente generación tras generación. E infieren que la causa ha de estar en la necesidad que tenían las hembras -durante la noche más oscura de la humanidad, en el sentido etimológico del término- de distinguir a distancia el olor o el lamento -llamada- de su "cachorro" entre los demás de la "manada". Ello sería -dicen- lo que habría hecho desarrollar más a la mujer los órganos del olfato y el oído. Algo que explica también un hecho conocido y constatado: la facilidad que tiene la mujer que recientemente ha dado a luz de identificar a su hijo la segunda vez que lo tiene delante por el olfato.

Por el contrario, el hombre ha desarrollado más a lo largo de la historia dos órganos distintos -la vista y el tacto- por la sencilla razón de que los necesitaba usar con más frecuencia. No en vano durante millones de años el hombre se ha caracterizado por su condición de cazador, lo que precisaba de una vista aguda y de saber elegir -a ciegas muchas veces- el arma o el camino que le orientaran hacia su refugio.

Esa es la razón de que a los hombres -cuestión visual- le exciten la libido los colores vivos (por eso ellas se pintan los labios de rojo) mientras las mujeres se excitan -cuestión olfativa- con los aromas naturales de flores o bosques. Lo que se debe, en suma, a algo que permanece en el inconsciente colectivo. 

QUÉ PARTES DEL CUERPO NOS EXCITAN MÁS

Las partes del cuerpo que llaman más la atención de uno y otro sexo también son diferentes; al menos, eso aseguran quienes han estudiado el asunto. Y así, las partes del cuerpo masculino en las que primero se fijan las mujeres cuando conocen a un hombre son -y por este orden- los ojos, las manos, la boca, el trasero y las piernas. Los hombres, por su parte, valoran en primer lugar el trasero y luego las piernas, los ojos, la boca, la nariz y las manos. (Hay que añadir que según los expertos el orden puede variar un poco según nos encontremos en unas latitudes a otras. Como es igualmente obvio que las preferencias aquí reseñadas son de carácter general y pueden o no coincidir en el orden con las del lector).

En ese sentido, llama precisamente la atención que entre las partes del cuerpo femenino que más excitan a los hombres no aparezcan en uno de los cinco primeros lugares los pechos, tantas veces objeto de culto -e, incluso, de fetichismo- por parte de la sociedad anglosajona y, muy especialmente, la norteamericana. Pero afirman quienes saben de esto que normalmente pasan a un segundo plano si los otros aspectos enunciados resultan satisfactorios a la vista.

Datos estos que, en definitiva, corroboran lo ya apuntado por muchos antropólogos e historiadores: que la reproducción y la supervivencia se valen de la manifestación física para que no desaparezca la especie. Porque no deja de ser curioso comprobar cómo en casi todas las especies animales las hembras eligen al más fuerte de los machos porque eso les asegura la protección y una descendencia sana y fuerte. Y de ahí que se fijen primordialmente en la mirada -en su determinación-, en las manos -herramientas de su fortaleza- y en su boca -y, por ende, en su dentadura, símbolo de su capacidad para obtener alimento-. Lo mismo que los hombres, de forma instintiva aún hoy, centran su atención en el trasero -necesidad de perpetuarse ellos mismos y la especie- y en las piernas -fortaleza para que la hembra pueda seguirles y servirles en el hogar mientras ellos van de caza en busca de alimento-.

Obviamente, en nuestra sociedad moderna tales valores han cambiado sustancialmente y las hembras tienden a buscar al más inteligente ya que es él quien mejor puede sobrevivir en las actuales junglas de asfalto. Sólo que ello, hoy por hoy, no puede impedir que aflore en ella inconscientemente lo que se halla inscrito en su interior desde hace miles de generaciones.
 



SENTIDOS QUE MÁS EXCITAN…

(Por orden de preferencia)

A LOS HOMBRES: 

Vista
Tacto
Olfato
Gusto
Oído 

A LAS MUJERES: 

Olfato
Oído
Vista
Tacto
Gusto
 



PARTES DEL CUERPO QUE EXCITAN MÁS…

(Por orden de preferencia)

A LOS HOMBRES: 

Trasero
Piernas
Ojos
Boca
Nariz
Manos 

A LAS MUJERES: 

Ojos
Manos
Boca
Trasero
Piernas
 



LA ALTURA DE LOS HOMBRES Y LAS MUJERES 

Si bien -como decía Eckermann- "generalizar es siempre equivocarse", los expertos aseguran que las formas anatómicas dicen mucho de la personalidad del individuo porque los seres humanos, sea cual sea su origen, al adaptarse al medio adquieren una morfología que representa en alguna medida su propia adaptación mental. Y, en ese sentido, han podido reseñar algunas características generales de las personas en función de su altura.

Características que se definen entendiendo como hombres de talla media o normal -en nuestro contexto- a quienes miden entre 1,65 y 1,75 cms., "altos" a quienes están entre el 1,75 y el 1,95 y "bajos" a quienes se hallan entre el 1,50 y el 1,65 (las características que a continuación reseñamos no son aplicables a quienes miden menos de 1,50 o más de 1,95).

Pues bien, al parecer los hombres "altos" llaman más la atención de las mujeres… pero generalmente éstas se casan con hombres "bajos". ¿Y por qué? Pues porque perciben en éstos un mayor sentimiento de protección y porque los "bajos" suelen ser menos "juerguistas" que los "altos"; es decir, son -en general- más hogareños y fieles. ¿Y qué marca la diferencia de comportamiento entre ambos? ¿Por qué influye la altura? Pues tiene que ver con la presión sanguínea y la adaptación al medio pero no es este el momento de analizar ese hecho en detalle.

El caso es que los hombres "bajos" -así lo indican al menos las estadísticas- suelen ser personas afables, corteses y trabajadores que no se cuestionan como objetivo la infidelidad, tanto conyugal como laboral. Suelen ser pragmáticos y, a la vez, cariñosos con su mujer y sus hijos. Por contra, suelen tener unos horizontes personales cortos ya que no se arriesgan por nada que no puedan manejar. Es decir, son conservadores. Sexualmente hablando suelen ser buenos amantes pues su pragmatismo les induce a estructurar muy bien sus relaciones sexuales. Es decir, no son muy imaginativos ni despiertan grandes pasiones pero "cumplen".

¿Y qué pasa con los "altos"? Pues en general suelen ser prepotentes aunque en su descargo hay que decir que son más combativos y creativos que los "bajos". Tienen a flor de piel la autoestima y buscan la trascendencia en todo lo que hacen. Les gusta ser admirados y tienen -generalmente- un carácter irascible. En sus relaciones sexuales suelen ser volubles pero, a cambio, se entregan con pasión. No se puede esperar de ellos una gran fidelidad pero las mujeres no suelen criticarselo en exceso. En cuanto a la cuestión laboral, suelen durar poco en sus trabajos si bien en cada uno dejan su huella positiva.
 

Este reportaje aparece en
10
Noviembre 1999
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