¿Sirven para algo los complejos vitamínicos?

Los expertos no se ponen de acuerdo. Mientras para unos las vitaminas y minerales que ingerimos con una alimentación equilibrada son suficientes para mantener la salud, otros afirman convencidos que no sólo es necesario en nuestra sociedad actual tomar suplementos diariamente sino que, tomadas algunas vitaminas en megadosis, podemos protegernos del cáncer, las enfermedades coronarias y la degeneración celular en general. ¿Quién tiene razón?

Son numerosos los especialistas en nutrición que vienen asegurando desde hace algún tiempo que no estemos tomando con la comida todos los nutrientes que precisa nuestro organismo. Carencia que, a su juicio, se debería tanto al uso de productos químicos en los cultivos y al proceso de fabricación y conservación de los alimentos como al cambio en los hábitos alimenticios de la gente que, en los últimos años, se ha decantado por un mayor consumo de azúcares, grasas animales y alcohol. Postura claramente contrapuesta al de otros expertos para quienes de la alimentación obtenemos sobradamente los nutrientes que necesitamos y para quienes lo único que se consigue tomando vitaminas adicionales es producir “orina cara”, como dice irónicamente el Dr. Víctor Herbert, profesor de Medicina de la Escuela Nacional de Medicina Monte Sinai de New York.

Por el contrario, otros se pronuncian no sólo por la casi «obligatoria» necesidad de realizar un aporte extra de vitaminas y minerales diarios a la dieta alimenticia sino, además, en dosis muy superiores a las recomendadas en los mismos envases. Es el caso del Dr. Carl Pfeiffer -médico psiquiatra y pionero en estudios nutricionales-, quien argumenta que una buena nutrición da mejores resultados en los enfermos incluso que los medicamentos y la psicoterapia combinados. “Es mi creencia firmemente sostenida -asegura-que con una toma adecuada de micronutrientes (vitaminas y minerales), sustancias esenciales que necesitamos para nutrirnos, la mayor parte de las enfermedades crónicas no existirían. Una buena terapia de nutrición es la medicina del futuro”. El doctor Pfeiffer pasó gran parte de su vida estudiando la química del cerebro y aplicando sus teorías sobre nutrición en pacientes con una de las enfermedades mentales más graves: la esquizofrenia. Los resultados fueron espectaculares observándose un promedio de remisión del 80%.

¿Cuál es, pues, la verdad? Pues hay que decir que son muchos los investigadores que han publicado resultados de sus estudios al respecto y que éstos -que precisan muchos años de seguimiento- son contradictorios. De ahí la necesidad de continuar con ellos.

Estamos entrando en una segunda ola de investigación de las vitaminas –dice al respecto Jeffrey Blumberg, director asociado del Instituto de Investigación de Nutrición Humana para el Envejecimiento de la Universidad Tufts de Massachusetts-. La primera ola fue cuando se descubrieron las vitaminas y sus efectos para combatir la desnutrición y algunas enfermedades crónicas. Pero hoy la investigación comienza ya en el terreno de la prevención y como remedio de las grandes enfermedades, como el cáncer o las enfermedades cardiovasculares”.

Hay que reconocer que, en buena medida, el descrédito de las vitaminas se produjo porque en un principio fueron presentadas como la panacea que curaba todos los males. Y así, la gente comenzó a consumir vitaminas para incrementar su potencia sexual, para curar los resfriados, para no envejecer, para evitar el síndrome premenstrual, etc. Por otra parte, los grandes laboratorios farmacéuticos dejaron de asignar fondos y energía en su investigación porque las fórmulas químicas para la obtención de vitaminas son de dominio público y no pueden ser patentadas.

¿QUÉ SON LAS VITAMINAS? 

Los científicos han identificado hasta la fecha 13 sustancias orgánicas a las que llaman comúnmente vitaminas. Todas ellas juegan un papel vital para ayudar a regular las reacciones químicas que protegen a las células y convierten comida en energía y tejido vivo. Algunas de esas sustancias son producidas por el cuerpo humano, es decir, se sintetizan dentro del organismo. La vitamina D, por ejemplo, es fabricada por la piel cuando está expuesta a los rayos solares debido a la acción de la luz ultravioleta. Otras, como la K, la Biotina y el Ácido Pantoténico son fabricadas dentro del estómago merced a bacterias residentes. Sin embargo, la gran mayoría deben ser tomadas por vía oral.

Pues bien, estudios realizados a partir de los años ochenta indican que las vitaminas -pero en dosis muchísimo más altas de lo que normalmente se recomienda- protegen contra la aparición de un amplio espectro de enfermedades que van desde cataratas hasta defectos congénitos, problemas cardiacos o cáncer. Es más, sus defensores aseguran que es un remedio altamente eficaz para detener los efectos del envejecimiento.

El dos veces premio Nobel Linus Pauling y el Dr. Ewan Cameron -experto en cáncer- fueron los primeros en demostrar las increíbles propiedades de la vitamina C y su uso como preventivo para la aparición de cáncer. Trabajos que dieron pie a que otros biólogos y médicos investigaran los efectos de las deficiencias vitamínicas en la dieta y gracias a ello descubrieran que había una serie de enfermedades directamente relacionadas con esas carencias, como por ejemplo la anemia perniciosa, el escorbuto y otras dolencias relacionadas con la descalcificación o el ablandamiento de los huesos.

Merced a lo cual muchos médicos dedican hoy sus esfuerzos a tratar y prevenir las enfermedades crónicas con “alimentos y vitaminas que no son caros y consiguen un retraso de la aparición de la enfermedad. Con que lográramos un retraso de tan sólo 10 años en la aparición de las enfermedades degenerativas podríamos ahorrar billones de dólares en tratamientos”, asegura el Dr. Charles Butterworth Jr., de la Universidad de Alabama.

En cualquier caso, lo que sí se ha corroborado a través de numerosos estudios científicos realizados mediante encuestas por todo el mundo a distintos sectores de la población es la relación tan directa que existe entre dieta y salud. Una dieta rica en frutas y vegetales, por ejemplo, se relaciona con la baja incidencia de cáncer y de enfermedades cardiacas. En los estudios se analizaron los nutrientes, minerales y vitaminas para poder determinar qué carencia de éstos podía llevar a enfermedades específicas. Y así, el bajo consumo de vitamina C aparece asociado al riesgo de cáncer, una dieta pobre en ácido fólico con riesgos de defectos de nacimiento, el alto consumo de calcio con una disminución del riesgo de osteoporosis… Y estos son sólo algunos ejemplos de una larga lista.

LAS VITAMINAS MÁS BENEFICIOSAS 

Intrigados por estos datos, elInstituto Nacional de la Salud norteamericano, universidades y algunas instituciones tanto públicas como privadas empezaron a asignar fondos para la investigación tanto de laboratorio como clínica. Y a finales de los ochenta se presentaron las primeras conclusiones sobre las evidencias beneficiosas de algunas vitaminas:

  • Ácido fólico. También conocido como Folate. Es un tipo de vitamina B y fue aislada por primera vez a partir de la espinaca. Ejerce un efecto protector contra dos de los más comunes y devastadores problemas neurológicos que afligen a los recién nacidos: la espina bífida y la anencefalia (crecimiento anormal del cerebro). También se ha relacionado con la disminución del cáncer cervical. Las frutas y verduras frescas tienen un alto contenido en folate.

  • La vitamina K. Útil para la prevención de la coagulación y como ayuda para que los huesos retengan el calcio actuando como preventivo de la osteoporosis que afecta a muchas mujeres después de la menopausia. Una reciente investigación llevada a cabo en Holanda sobre 1.500 mujeres con edades comprendidas entre 45 y 80 años comprobó mediante el análisis de la orina que el consumo de vitamina K reducía la pérdida de calcio en un 50%.

ANTIOXIDANTES 

Sin embargo, el mayor entusiasmo hacia las vitaminas lo ha provocado un grupo conocido como antioxidantes. Estos nutrientes son capaces de desactivar las moléculas tóxicas y volátiles –conocidas como radicales libres de oxígeno-, subproducto del metabolismo normal de las células. Estas moléculas nocivas para el organismo son creadas por el organismo por exposición a la luz solar, rayos X, ozono, humo de cigarrillo, contaminación de motores de combustión, etc.

Los radicales libres dañan el ADN alterando compuestos bioquímicos y corroyendo la membrana celular. Los científicos creen que estas alteraciones celulares son las responsables del desarrollo de enfermedades tipo cáncer, problemas cardiacos, pulmonares y cataratas así como la causa principal del envejecimiento. Los antioxidantes, al atacar a los radicales libres, favorecerían un retraso en la degeneración de los tejidos y, como consecuencia directa, el alargamiento de la vida. Son estos:

  • La vitamina A. En realidad no es una sustancia única sino un grupo de elementos químicamente relacionados que ha conservado el nombre genérico. Es esencial para la reproducción y el mantenimiento del tejido epitelial (piel, pulmones, aparato gastrointestinal, útero, etc.), jugando un papel muy importante en el proceso de defensa del cuerpo frente a la agresión exterior. Es vital en el tratamiento de estados precancerígenos y como potenciador del sistema inmunológico. El déficit de vitamina A conlleva pérdida de agudeza visual y otras enfermedades derivadas del resecamiento de la superficie de la córnea del ojo como la xeroftalmia.

Pero hay que tener cuidado con su abuso debido a su elevada toxicidad. Ingerir más de 5 mg. diarios puede producir daños a largo plazo en el hígado.

  • La vitamina E. Puede ser efectiva en la prevención de daños cardiacos por la acción de los radicales libres. Se ha comprobado que esta vitamina, administrada después de un ataque al corazón, ayuda a preservar el músculo cardiaco. También acelera la recuperación de pacientes que han sufrido operaciones de by-pass coronario. Es uno de los antioxidantes más esenciales pues ayuda al cuerpo a usar el oxígeno correctamente. Estimula el sistema inmunológico, reduce las infecciones y el riesgo de cataratas en personas de edad avanzada. Recupera los tejidos de los pulmones paliando los efectos del humo de los cigarrillos y la contaminación atmosférica en general y coadyuva en enfermedades respiratorias como enfisemas o bronquitis. El Dr. Daniel Menzel, de la Universidad de California, sugiere que se provea a los niños con dosis de antioxidantes para protegerlos de enfermedades pulmonares de la misma manera que la fluorización del agua protege contra las caries dentales. Además, mejora el estado general de pacientes aquejados de la enfermedad de Parkinson, retrasa los temblores, la rigidez y la pérdida de estabilidad.

La ingesta masiva no parece producir efectos perjudiciales debido a su baja toxicidad.

  • Beta caroteno. Pariente químico de la vitamina A, es un compuesto naranja oscuro que se encuentra de forma abundante en las zanahorias, boniatos y melones. El organismo convierte el beta caroteno en vitamina A conforme se va necesitando. Eso hace imposible una sobredosis de beta caroteno aunque el exceso de vitamina A puede producir daños en el hígado. Doctores del Colegio de Medicina de Harvard han llegado a un impresionante descubrimiento sobre el beta caroteno: en un numeroso grupo de 22.000 pacientes con historia de enfermedades cardiacas a quienes se les suministraron suplementos de este compuesto -50 mg. en días alternos- descendió a la mitad el riesgo de ataques al corazón, hemiplejías y muertes; y en los pacientes a los que además se les dio una aspirina diaria junto al beta caroteno no se produjo ningún problema. Ahora se está llevando a cabo una investigación con 45.000 mujeres después de la menopausia para ver si hay efectos similares. También se ha considerado como un poderoso combatiente del cáncer puesto que en países como Japón y Noruega -con dietas ricas en beta caroteno-, la población tiene una muy baja incidencia de enfermedades de pulmón, colon, próstata, cáncer cervical y cáncer de mama. Un estudio realizado por el Centro de Estudios de Cáncer de la Universidad de Arizona advierte que tomando diariamente de 3 a 6 meses beta caroteno se observa en los pacientes una reducción de lesiones precancerosas de boca del 70%.

  • La vitamina C. Científicos delInstituto Nacional de la Visión de EE.UU. estiman que el consumo de vitamina C podría demorar 10 años la aparición de las cataratas, con lo que la mitad de las operaciones quirúrgicas podrían ser eliminadas. Excelente potenciador del sistema inmunológico, favorece la formación de colágeno y de los huesos; es además un buen antioxidante y productor de energía. En un estudio realizado por elInstituto para la Nutrición Óptima en Londres con 1.038 médicos y sus mujeres, aquellos que tomaron una dosis diaria de 410 mg. de vitamina C tuvieron menos síntomas de enfermedades degenerativas. Un gran número de estudios científicos ha demostrado que aquellos que toman una dosis alta de vitamina C tienen menos peligro de contraer cáncer. Se la relaciona también con el incremento de la densidad de los huesos (que disminuye a partir de los treinta y cinco años). También ayuda a la absorción del hierro por lo que debería ser incorporada en dosis altas en la dieta de los mayores.

¿QUÉ CANTIDAD DE ESTOS NUTRIENTES ES NECESARIA? ¿ES MEJOR RECIBIRLOS MEDIANTE LA ALIMENTACIÓN O COMO SUPLEMENTO?  

Normalmente, en todos los envases de vitaminas se indica la cantidad diaria recomendada y, en ocasiones, marca diferencias entre adultos y niños. Sin embargo, esas cantidades están variando constantemente. La FDA (Foods & Drugs Administration) norteamericana marcó unas pautas durante la Segunda Guerra Mundial para que los soldados tuvieran una buena nutrición. Más tarde esos niveles se convirtieron en estándar para toda la población y se han tomado como base para el resto de los países aunque es el Ministerio de Sanidad de cada país el que marca las cantidades recomendadas.
Sin embargo, las opiniones siguen estando enfrentadas. Por un lado están los que afirman que la gente en general está tomando más nutrientes de los que necesitan y, por el otro, los que defienden que hay un déficit de vitaminas y minerales debido fundamentalmente a los malos hábitos alimenticios; entre estos, algunos agregan que esas carencias deberían suplirse con la ingesta de suplementos vitamínicos en dosis mucho más elevadas de las recomendaciones oficiales.

La verdad es que lo ideal sería que la educación de la población fuera encaminada a incrementar el consumo de aquellos alimentos que les proporcionan el aporte nutricional necesario sin tener que recurrir al aporte extra más que en contadas ocasiones pero lo cierto es que la población de las grandes ciudades cada vez consume menos vegetales y frutas frescas mientras aumenta el consumo de carnes, alimentos preparados, dulces y grasas. De ahí que los especialistas en nutrición aboguen por el cambio de hábitos y patrones de conducta de forma mantenida antes que recurrir a la ingesta de vitaminas.

En cualquier caso, los expertos están de acuerdo en que tomar un complejo multivitamínico diariamente no perjudica a nadie. El problema es que -si sus defensores tienen razón- hay que tomar altas dosis para prevenir enfermedades o retardar el envejecimiento. Y, en ese sentido, mientras algunos afirman que hay suficientes evidencias para justificar la ingesta de grandes cantidades de antioxidantes otros indican que aún es temprano para hacer esa afirmación ya que los efectos a largo plazo de tomar vitaminas y minerales en grandes cantidades aún son desconocidos. Y se apoyan, por ejemplo, en que el exceso de vitamina D puede causar depósitos de cálcio dañinos en el tejido muscular, incluso en el corazón.

El bioquímico Walter Willett -de la Escuela de Salud Pública de Harvard- manifestó recientemente: “Actualmente indicamos a la gente que no tome megadosis de vitaminas pero no excluyo la posibilidad de que en unos dos o tres años cambiemos de idea”.

El Instituto para la Nutrición Óptima de Londres, fundado en 1984 por el doctor Pauling, quien acuñó el término “Nutrición Ortomolecular”, defiende que si se le proporcionan al cuerpo las moléculas correctas (“orto”) se erradicarían la mayor parte de las enfermedades y que la nutrición óptima es la medicina del mañana.

Por nuestra parte, entendemos que la mejor estrategia sería doblar el consumo de aquellos alimentos ricos en estos nutrientes, hacer ejercicio, bajar el consumo de grasas y eliminar el alcohol y el tabaco. En definitiva, comer saludablemente y proporcionar complementos vitamínicos al organismo eliminando en lo posible los aditivos en los alimentos, la contaminación del agua, los fritos y los radicales libres, aumentando el consumo de las vitaminas antioxidantes A, C y E y minerales como el selenio, el magnesio y el zinc. Y, por supuesto, no olvidar la estrecha vinculación entre nutrición, salud mental y conducta.

 María Pinar Merino

Este reportaje aparece en
10
Noviembre 1999
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