Santiago de la Rosa: “La sociedad está demandando terapias complementarias desde hace tiempo”

El doctor Santiago de la Rosa es uno de esos médicos que no ha sucumbido al lavado de cerebro al que se somete a los alumnos en las facultades de Medicina. De hecho, su paso por la universidad no consiguió eliminar su curiosidad innata por saber y no se limitó a absorber las verdades oficialmente establecidas por el sistema. Impenitente buscador, este médico madrileño dirige una consulta a la que ha incorporado aparatos de última tecnología, desconocidos por buena parte de sus colegas. Hemos hablado con él.

A finales de este mes de enero se cumplirá un año del nombramiento del doctor Santiago de la Rosa como primer presidente de una comisión de Medicina Naturista adscrita a un Colegio Oficial de Médicos. Médico General, Naturista, homotoxicólogo (Homeopatía de 2ª generación), acupuntor y ex jefe del Servicio de Medicinas Complementarias de la conocida Clínica Ruber de Madrid entre 1989 y 1998, este médico es también pionero en la utilización de diversas tecnologías al servicio del diagnóstico y tratamiento holístico de sus pacientes. Y para hablar de la efectividad de esos aparatos y de su sistema de trabajo nos desplazamos hasta su consulta en una céntrica calle madrileña.

-No es aún muy habitual en España que un médico convencional se interese por terapias y técnicas terapéuticas no farmacológicas…

-Bueno, yo cursé la carrera de Medicina -tres años en Soria y otros tres en Zaragoza- pero todo lo que me enseñaron en la facultad fue a recetar fármacos en función de las “enfermedades” diagnosticadas. Bien en función de los síntomas que el enfermo explica, bien atendiendo a sus pruebas complementarias.

Luego, una vez se etiqueta la “enfermedad” que el paciente tiene, se nos enseñaba a prescribir fármacos: antiálgicos (para quitar o reducir el dolor), antipiréticos (para bajar la fiebre), antiinflamatorios, antiácidos, antipalúdicos, etc. Es decir, productos para reducir, quitar o aliviar los síntomas molestos de la dolencia. O a poner vacunas. En suma, nos convertimos en recetadores de fármacos. Eso es todo. Entonces sufrí una rinitis alérgica y comprobé en mi propia carne (entre los 13 y los 23 años) que ni los antihistamínicos, ni la cortisona, ni las autovacunas me curaban, sólo me mejoraban algo. Puede imaginarse mi decepción después de acabar la carrera. Así que dejé los tratamientos tradicionales y me traté con acupuntura y medicina naturista comprobando que con ellas se estimulan las fuerzas curativas del propio organismo haciendo que éste sane. A mí eso no me lo enseñaron en la facultad pero me convenció y seguí por ese camino. Nadie me contó qué era la acupuntura, la homeopatía o la medicina naturista. No me explicaron que el organismo tiene un importantísimo componente energético. Ni me hablaron de la existencia de otras muchas terapias poco agresivas y eficaces.

-Y decidió formarse por su cuenta.

-Eso es. Estudié acupuntura y me fui dos veranos a China. Y me gusta tanto lo que hago que intento dar a conocer estas terapias, no sólo a mis compañeros, sino en cualquier foro. Para mí es un orgullo haber podido trabajar y tratar a gente entre 1989 y 1998 exclusivamente con acupuntura y medicina naturista nada menos que en la prestigiosa Clínica Ruber de Madrid. Todos los tratamientos que sugería eran naturistas.

-¿Y cómo reaccionaron sus compañeros?

-Pues al principio mi trabajo tuvo una gran acogida, era algo nuevo, pero pronto empecé a notar cierto escepticismo. Y la situación se fue complicando hasta que percibí que no encajaba en el cuadro médico y la gerencia dejó de apoyarme psicológicamente. Al parecer, la gota que colmó el vaso y que provocó mi salida de la clínica fue un programa de radio en la Cadena Ser en el que participé y pregunté, como médico, por qué no se regulaban las terapias no convencionales en España. Seis días pusieron una carta encima de mi mesa en la que se me decía que necesitaban el despacho para otro compañero y me fuera a las consultas externas. Significaba el final y tuve que centrar todo mi esfuerzo en la consulta privada. Aquello me afectó mucho y tuve un decaimiento físico y emocional…

-Pero, a cambio, hoy preside la Comisión de Medicina Naturista del Colegio Oficial de Médicos de Madrid. ¿Qué se ha pretendido con su creación?

-Es una comisión nueva, futurista y ambiciosaque pretende transformar la mentalidad del médico tradicional, llevarlo hacia una medicina más humana, que entienda al paciente en su globalidad y le trate de la forma más natural posible. Si lo conseguimos me sentiré orgulloso porque el esfuerzo habrá valido la pena.

-¿Y cuándo cree que las universidades van a incorporar por fin esas enseñazas a las facultades de Medicina?

-Las terapias no convencionales terminarán llegando a la universidad. Es inevitable. Ya lo han explicado en su revista el Dr. Arturo O´Byrne y el Dr. Jorge Carvajal, entre otros muchos médicos con amplias miras. Muchos de nuestros colegas médicos van a tener que aprender a ver al paciente como una dualidad (materia y energía), a diagnosticar no sólo el físico sino también a nivel energético, a ver el yin y el yang del paciente y de su enfermedad. Porque si no lo hacen así sólo estarán tratando un aspecto de la dolencia. Hay que enseñar todo esto a los jóvenes médicos… y a otros que no son tan jóvenes. Deben aprender lo que hoy se llama medicina naturista, biológica, holística o integral. El cambio lo está pidiendo la propia sociedad, los investigadores y el colectivo de médicos de las generaciones más jóvenes. De hecho, para estos es algo normal ya escuchar términos como acupuntura, homeopatía, fitoterapia, oligoterapia, etc.

-Sabemos que dispone de aparatos poco convencionales que se encuentran entre las tecnologías médicas más avanzadas y con las que se pueden tratar múltiples dolencias. ¿Puede hablarnos de ello?

-Verá, soy muy aficionado a las nuevas tecnologías; de hecho, mi hobby es la electrónica y, por mi profesión, sé que la electromedicina ha avanzado mucho en el desarrollo de herramientas tecnológicas que ayudan tanto a diagnosticar como a tratar a los pacientes. Y de esa manera, procurando estar al tanto de los últimos avances, hoy puedo utilizar y ofrecer tecnologías poco habituales en mi consulta diaria y estoy muy satisfecho con ellas. Aunque le diré una cosa: ya puede uno tener los mejores aparatos del mundo que como no tenga ojo clínico y sepa tratar adecuadamente al paciente éste no se cura.

-¿Y para qué los utiliza?

-Trabajamos con dos diferentes para detectar los desequilibrios energético-funcionales del enfermo, el Biocheck y el GDV, desequilibrios que se pueden medir mediante electroacupuntura de Voll. Con este sistema se mide eléctricamente el organismo en su totalidad como lo haría la ECG para el corazón, la EEG para el cerebro o la EMG en los nervios. Sólo que además nos da información sobre los meridianos de acupuntura y sus bloqueos, las toxinas acumuladas, los desajustes energéticos, en una palabra, que debemos interpretar para luego utilizar el tratamiento más adecuado para cada paciente. Pidiéndole al paciente también, cuando es necesario, sus informes y análisis de sangre u orina así como sus radiografías. Hay que valorar el estado energético y el físico. Eso es hacer una medicina personalizada y holística.

-¿En qué enfermedades son útiles esos aparatos?

-Se pueden utilizar en todas para medir y conocer cómo está el paciente energético-funcionalmente. En todo caso, las patologías que más vemos en consulta son cefaleas, neuralgias, reumatismos, dolor en general -especialmente, de espalda-, rinitis, asma, estreñimiento, fatiga crónica, estrés, ansiedad, alergias en general, intolerancias alimentarias, problemas crónicos de piel, desintoxicación tabáquica y muchas otras. Cada una la estudiamos minuciosamente y le ponemos su tratamiento no convencional.

-Vamos a ver: y si tan efectivo es el Bio-Check para diagnosticar, especialmente en fases iniciales de una enfermedad, ¿por qué no se dispone de ese aparato u otros similares en los hospitales públicos?

-Lo desconozco. Lo que es obvio es que es difícil encontrarlos en ellos.

-Tengo entendido que el Bio-Check, además de un aparato de diagnóstico, es al mismo tiempo una herramienta de tratamiento en el mismo acto médico.

-Así es. Bueno, hay que decir que ahora el Bio-Check se llama Mattech (Tecnología de la Matriz o Sistema Básico de Pischinger) y es, a mi juicio, una de las máquinas médicas más sofisticadas que existe. Podemos valorar energético-funcionalmente todos los parámetros biológicos del paciente en sólo 12 minutos. Y bastan luego otros diez minutos para tratarlos con biorresonancia y corregir las disfunciones bioenergéticas. Después de unas sesiones volvemos a chequear al paciente y vemos –al igual que él- la mejoría de sus parámetros biológicos.

-¿A qué se refiere cuando habla de “sistema básico”?

-En terminología del doctor Pischinger, el “Sistema Básico” o “Matriz” está constituido por el espacio extracelular, formado por proteoglicanos y glucosaminoglicanos (azúcares). Aquí se encuentran los macrófagos, granulocitos, neutrófilos, etc., es decir, parte de nuestro sistema inmunitario, agentes de defensa y de barrera para contener la destrucción de la célula.Pues bien, los primeros estudios de Pischinger -continuados después por los doctores Berger y Bergsmann y, recientemente, ampliados por el doctor Heine– explican que la matriz y el espacio extracelular constituyen una parte muy importante del organismo a la hora de prevenir y tratar las enfermedades crónicas y subagudas.

-¿Quiere decir que el estado de salud de una persona se puede determinar observando esa matriz?

-Exacto. Para eso es para lo que se usa el Mattech, para hacer un chequeo biológico y valorar los desequilibrios energético-funcionales del paciente, su grado de toxemia, sus bloqueos, irritaciones, acidez, intolerancias, grado de envejecimiento y estrés, etc. Luego, con los parámetros obtenidos, se decide ya el tratamiento, que puede consistir en drenar sus tejidos, oxigenarlos, alcalinizarlos, desbloquearlos, etc.

-¿Y eso se hace mediante biorresonancia?

-Así es. La biorresonancia consiste en captar, modificar y emitir las frecuencias electromagnéticas del cuerpo para armonizar o modular o modificar la bioinformación patológica acumulada en él. Para lo cual se utilizan los mismos electrodos con los que se efectúa la exploración.

-¿Qué parámetros biológicos explora el aparato?

-Los fundamentales: la edad biológica, la funcionalidad vital, el estrés fisiológico y psicológico, la inflamación orgánica, la función inmunitaria, el desequilibrio energético, el índice de alergia alimentaria, el índice de intolerancia, el estado del pH, las zonas de acúmulo de homotoxinas, etc.

-Observo que el aparato tiene varios electrodos. ¿Tienen algún peligro potencial?

-Ninguno. Aunque no pueden utilizarse en pacientes con marcapasos, obviamente.

¿Y dónde se colocan?

-Dos en los pies, dos en las manos y uno en la cabeza.

-¿Cuánto dura una sesión con el Mattech?

-Para hacer un diagnóstico bastan diez o doce minutos. En cuanto al tratamiento, el tiempo de aplicación suele ser el mismo. Por tanto, la duración total no llega a media hora.

-¿Y cuántas sesiones son necesarias para reequilibrar un organismo?

-Depende de cada caso pero, por término medio, seis. A mitad de tratamiento, es decir, a la tercera sesión, volvemos a hacer otro chequeo para ver cómo está incidiendo la terapia en las zonas de desequilibrio.

-¿Y los resultados son realmente tan buenos?

-La persona percibe mejoría desde la primera sesión. Es más, cuanto mayor es su desarmonización más evidente se hace su rearmonización. En este sentido podemos decir que son muy satisfactorios, entendido como una singularidad.

-Hablemos ahora, si le parece, de otros de los aparatos que veo en su consulta. Por ejemplo, ¿qué es el D’Arson?, ¿para qué se utiliza?

-Pues es otra máquina de electromedicina que emite una onda electromagnética muy especial que empleo fundamentalmente para el tratamiento del dolor. Con él también se puede hacer masaje linfático.

-Pensé que para el dolor utilizaba el Neuralter

-Básicamente, sí. Con él trato sobre todo dolores reumáticos y lesiones deportivas. El propio paciente me indica cómo es su dolor, su intensidad y su inflamación, si es un proceso agudo o crónico y el Neuralter diseña un tratamiento personalizado. El aparato funciona emitiendo una onda electromagnética de alta frecuencia pero de escasa potencia, investigado y desarrollado en la Universidad de Sevilla por Manuel Mayo -su inventor- y el profesor José Ramón Zaragoza.

-Sé que también utiliza la Cromoterapia.

-Así es. Con un aparato llamado Fotocrom que tiene efectos antiálgico, antiinflamatorio, antiedematoso y bioestimulante del trofismo tisular. Además, con el Fotocrom se pueden equilibrar los canales energéticos y puntos de mayor energía, denominados por la Medicina Ayurvédica “chacras”. En el tratamiento se emplean colores determinados -cálidos o fríos- según la situación del paciente.

-Veo que tiene también el Relaxial, un aparato del que ya hablamos en el número 33 de la revista.

-Sí. Y es muy útil para tratar el estrés y la ansiedad así como para devolver el equilibrio psicoemocional a la persona que se trata con él. Para ello se utiliza una mezcla de música, colores e imágenes.

-No quiero abusar de su amabilidad pero no quiero terminar esta entrevista sin felicitarle por su esfuerzo. Abrir camino no es fácil. En ningún ámbito. Pero menos aún en el de la Medicina.

-Gracias. Es verdad; y usted lo sabe muy bien.

José Antonio Campoy

Este reportaje aparece en
46
Enero 2003
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