CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 123 / ENERO / 2010

Saludos. Me gusta vuestro trabajo y lo utilizo habitualmente para consulta porque me parece muy actual, muy en línea con la verdad de las cosas… pero en esta ocasión he entrado en la web para informarme sobre la insuficiencia renal y he leído datos contradictorios. Veréis, en el artículo titulado Cómo tratar ortomolecularmente las alteraciones del sistema urinario se dice en el apartado de Recomendaciones Generales que conviene ingerir “abundantes zumos de frutas naturales excepto uvas y fresas». Sin embargo un párrafo más abajo, en Alimentos adecuados, se dice al hablar de las frutas que son de especial interés la sandía, las uvas y las peras. Luego, ¿en qué quedamos? ¿Las uvas son recomendables o no? Yo pensaba que sí pero ahora tengo dudas. ¿O he interpretado mal lo que se dice? ¿Se refiere quizás a no combinar uvas y fresas? Dicho esto añadiré que me sigue pareciendo que hacen un trabajo estupendo. Ánimo.

Mauro Valladares

Entendemos sus dudas. Verá, el artículo habla de cómo afrontar las enfermedades renales en general y debemos decir que normalmente en esos casos las frutas -y sus jugos- son muy recomendables, fresas y uvas incluidas. El problema está en que eso es así… salvo en los casos de litiasis renal porque tanto las uvas como las fresas son muy ricas en ácido oxálico y por tanto no deben tomarse. Y previendo eso fue por lo que al hablar en general se sugirió evitarlas cuando en realidad sí pueden tomarse salvo si se tienen piedras en el riñón. Vamos a matizarlo en el texto que permanece en la web por si en el futuro a alguien le genera dudas como a usted. Y gracias pos sus palabras de ánimo.


Sr. Director: hoy día se pretende hacer creer a muchas personas sanas que padecen trastornos mentales o, al menos, hacerlas dudar para que se planteen esa posibilidad. A ello se dedican actualmente muchos psiquiatras. Claro que en la “biblia” de la Psiquiatría -el DSM IV (acrónimo inglés del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) casi no existe conducta, emoción, sensación o actitud que no esté contemplada ya como “enfermedad mental. Si eres activo y capaz se te considera “hiperactivo”. Si un día debido a un problema estás triste y por la tarde contento -porque lo has resuelto- te califican de persona que padece un “trastorno bipolar”. Vamos, que según esos «expertos» no debe haber más gente sana que la que no expresa sus emociones. Cuando la verdad es que la industria farmacéutica y los psiquiatras lo único que pretenden es convertirnos a todos en pacientes porque obtienen beneficio de ello. Y lo más vergonzoso es que ya se dedican incluso a medicar a niños. ¡Hasta a los de un año de edad! Lamentable. Lo inconcebible es que la Psiquiatría es en realidad una pseudociencia sin base científica alguna. Lo asegura el profesor emérito de Psiquiatría de la Universidad de Siracusa de Nueva York (EEUU) Tomas Szasz, conocido crítico de los fundamentos morales y científicos de esta disciplina y uno de los referentes de la Antipsiquiatría mundialmente famoso por sus libros El mito de la enfermedad mental y La fabricación de la locura: un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental. Los fármacos psiquiátricos tienen graves efectos secundarios que en muchos casos inducen a la violencia y al suicidio aunque los «expertos» aleguen gratuitamente que esa conducta, acción o tendencia suicida se haya debido a algún «brote psicótico». Estamos seguros de que si las personas que aceptan ingerir esos fármacos se tomaran el tiempo suficiente para leerse los prospectos se lo pensarían dos veces antes de consumirlos Es más, experimentarían reacciones fisiológicas y endocrinas solo leyéndolos. La propia FDA acusó en su día a la multinacional Eli Lilly, fabricante del Prozac, de ocultar que ese fármaco puede provocar conductas agresivas e intentos de suicidio. Lo cierto, empero, es que cada día se diagnostican más depresiones y otras patologías mentales que se tratan con fármacos porque siempre hay una «pastillita milagrosa» que los psiquiatras ofrecen a quienes en realidad lo que de verdad necesitan es comunicarse y sentir cariño y apoyo. A través del marketing se está convenciendo a muchas personas de que están “enfermas” -o podrían estarlo- cuando tienen problemas que no saben resolver y éstas aceptan que puede ser así porque es más cómodo echar la culpa de lo que les pasa a una situación ajena a ellos que no controlan que tener que afrontarla. Se consigue así hacer “clientes”. Cuando en la asociación que presido estamos persuadidos de que la comunicación es el disolvente universal de los problemas psicoemocionales y la alternativa más inteligente para cualquier “problema” que nos abrume. Lo irracional –aunque sea lo que proponen los psiquiatras- es elegir el camino de las drogas psiquiátricas. Nuestro mensaje, en suma, es claro y contundente: existen alternativas al tratamiento farmacológico psiquiátrico y de ahí nuestra labor para concienciar, prevenir y desenmascarar los abusos que se están produciendo en el ámbito de la salud mental. Vamos a ser muy claros: los tratamientos psiquiátricos vulneran los derechos fundamentales del ser humano.

Juan José Melgarejo Ruiz
Presidente de la Comisión Ciudadana Derechos Humanos (www.ccdh.info)

Suscribimos lo que dice. Es más, de hecho lo hemos denunciado de forma amplia en varios reportajes que el lector interesado puede leer en nuestra web: www.dsalud.com. Sin mucho éxito. Los fármacos para los “problemas mentales” siguen siendo un negocio redondo a pesar de que no sirven absolutamente para nada. Y es posible sencillamente porque la ética brilla por su ausencia en nuestra sociedad.


Sr. Campoy: en primer lugar le felicito por su extraordinaria y singular revista de la que soy suscriptor desde hace años. Soy un varón de 61 años y hace año y medio me diagnosticaron reflujo gastroesofágico sin hernia de hiato visible teniendo el esófago -según el informe emitido- con relieve mucoso y peristalsis normal y sintomatología «atípica» pues no tengo los síntomas clásicos de esa enfermedad como pueden ser pirosis, etc. Tengo la sensación de que algo me subiese hasta la garganta y termina en un «eructo», sobre todo cuando me inclino hacia delante. Me sucede cuando hago a diario deporte intenso, estoy angustiado y tengo ansiedad… o sin más. Después, en las horas sucesivas, tengo un sabor «raro» en la garganta. Además por las mañanas me levanto con una leve afonía y carraspeo. Tras el diagnóstico el médico de aparato digestivo me recetó tres pastillas de Cidine al día para mejorar el tracto intestinal (voy al baño regularmente todos los días a la misma hora) y una pastilla de Nexium -también al día- que me negué a tomar pese al enfado del doctor que me dijo que “era decisión y responsabilidad mía pero que tuviera en cuenta que dada la situación si no tomaba la medicación que me prescribía a no muy largo plazo podría desarrollar un cáncer de esófago”. Y aquí estoy después de año y medio sin tomar la medicación citada y con la cada vez más fuerte presión de mi familia para que la tome. Están preocupados por el vaticinio del médico respecto al cáncer de esófago. Además me hablan de personas del entorno que toman el «milagroso» Omeprazol desde hace muchos años, les va de maravilla –dicen- y no tiene efectos secundarios. Incluso el médico de cabecera me dijo que es completamente inocuo e inofensivo. No obstante intuyo que el tratamiento de la patología que padezco no debe ser fácil porque cuando voy al herbolario al que acudo habitualmente en busca de algún remedio natural me dicen que para el reflujo no hay nada por lo que me recomiendan un zumo o una infusión a «ver si me hace algo». En cuanto a la alimentación he probado un montón de cosas. He dejado de tomar alimentos que contengan ácidos (tomate, naranjas, etc.), tomado complementos dietéticos como Inulac y Caricol -quizás no los haya tomado el tiempo suficiente-, enzimas y otro tipo de preparados similares. No consigo erradicar las molestias que me recuerdan cada día que estoy castigando a mi esófago. La alimentación que hago es hiposódica para mantener la presión arterial en límites normales. He intentado seguir La Dieta Definitiva pero lo que necesito no es adelgazar sino engordar. Como soy una persona muy activa estoy muy delgado y no tengo en el cuerpo nada de grasa, sólo músculo. Ya no sé qué comer para evitar el reflujo, mantener mi peso y no adelgazar más. Suelo tomar mucho arroz, pescado, legumbres, pasta, mucha fruta, pan y los fines de semana carne con la que me da la impresión de que mejoro. Es más, en una ecografía que me hicieron recientemente me descubrieron dos piedras en un riñón y una piedra pequeñísima en la vesícula biliar que no se si podrá ser la causante del «reflujo». Le pregunté al doctor y no me quiso aclarar nada. O no supo. Además he revisado su prestigiosa revista y el libro La Dieta Definitiva y se habla poco sobre la acidez, que no sé si es lo mismo que el reflujo. ¿Qué me recomienda? Tomo todos los días la punta de una cucharadita con ácido ascórbico puro del que he comprado recientemente un kilo en un laboratorio. ¿Suspendo su ingesta? Lo digo por las piedras en el riñón y porque me es muy difícil conseguir la vitamina C en forma de ascorbato cálcico. Dándole las gracias anticipadas y pidiéndole disculpas por las molestias que le pueda causar reciba un cordial saludo.

R. Granda

Vamos a ver: actualmente se utilizan como protectores gástricos y esofágicos los llamados inhibidores de la bomba de protones. Y los que en estos momentos se utilizan clínicamente son el Esomeprazol (que se comercializa como Nexium), el Omeprazol (como Pepticum, Losec y Parizac), el Lansoprazol (como Opiren, Flas, Zoton e Inhibitol), el Pantoprazol (como Pantecta, Protonix, Somac y Pantoloc) y el Rabeprazol (como Rabecid, Aciphex y Pariet). En suma, tanto el Nexium que usted se negó a tomar como cualquier omeprazol que compre porque ese médico y sus conocidos le sugieren hacerlo pertenecen a la misma familia y sus efectos secundarios son similares si no los mismos. Porque claro que existen. Basta leerlos en el folleto de cualquiera de los fármacos mencionados. Que un médico diga que el omeprazol es inocuo sólo demuestra que es un ignorante o un mentiroso. Y sobre el hecho de que le amenace con un posible cáncer si no lo toma nos vamos a abstener de calificar su actitud para no ser groseros. Mire, en el nº 119 publicamos una noticia dando a conocer un trabajo de investigación dirigido por la Dra. Cristina Reimer en la Universidad de Copenhague (Dinamarca) que se publicó en julio del pasado año 2009 en Gastroenterology. El estudio se hizo con 120 personas sanas a la mitad de las cuales se les dio durante doce semanas un placebo y a la otra mitad 40 miligramos al día de Nexium (esomeprazol) ocho semanas y luego el placebo otras cuatro. Pues bien, el 44% de quienes ingirieron ese inhibidor de la bomba de protones sufrieron al suspender su ingesta -en comparación con el 15% del grupo de placebo- acidez estomacal, reflujo ácido e indigestión. Ese descubrimiento hizo que la doctora Reimer afirmara: «Tanto los pacientes como los médicos deben ser conscientes de que cuando se suspende la toma de este fármaco pueden aparecer o agravarse los síntomas”. Agregando que tampoco es aconsejable tomarlos en exceso ni durante tiempo prolongado y que desde luego no deben ingerirse nunca si no se está seguro del problema a tratar. Según la doctora Reimer ingerir estos fármacos a largo plazo sólo se justificaría si se padece reflujo gastroesofágico grave y para evitar a quienes toman antiinflamatorios no esteroides -como la aspirina- que éstos causen estragos en el estómago. La propia revista, en un editorial, denuncia por su parte que al menos a la tercera parte de las personas que los toman se les renuevan las recetas sin necesidad. Por otra parte ya en el nº 67 de la revista explicamos que estos medicamentos aumentan además el riesgo de padecer neumonía. Lo descubrió un grupo de investigadores holandeses al sospechar que limitar la acción de los jugos gástricos con ellos podría impedir la destrucción de las bacterias patógenas que ingerimos con la comida. Bacterias que pueden colonizar en tal caso el estómago y alcanzar el aparato respiratorio en mayor cantidad produciendo infecciones. Pues bien, su sospecha la confirmó tras analizar el historial médico de casi 370.000 pacientes y constatar que muchas de las personas consumieron esos fármacos antes de sufrir una neumonía. Según sus datos el riesgo al menos se duplica. Asimismo vieron que el riesgo era mayor cuanto mayor es el consumo de ellos. Cabe añadir que además interfieren en la regeneración de los huesos y aumentan el riesgo de fracturas de cadera pudiendo igualmente provocar dolores de estómago y de cabeza, diarrea, estreñimiento, vómitos, mareos, sarpullido y tos. Y no digamos ya si se toman conjuntamente con otros fármacos con los que interactúan negativamente. Sea pues sensato porque hay métodos naturales para resolver esos problemas más eficaces y menos peligrosos. Añadiremos que si le recetan un inhibidor de la bomba de protones quizás se deba –es lo más habitual- a que sospechan que usted está infectado por la bacteria Helicobacter pylori a la que se achacan casi todas las úlceras gástricas y los problemas de reflujo pero en tal caso no entendemos que no le hayan sugerido tomar conjuntamente un antibiótico o le sometieran a alguna prueba para constatar si está infectado. Le sugerimos que lo averigüe. Basta con que acuda a un terapeuta formado en el Par Biomagnético. Sabrá si es así y podrá además eliminar la bacteria en un par de sesiones. Es más, podrá averiguar si la causa es ésa… u otra bacteria, virus, hongo o parásito patógeno. Y eliminarlo. En cuanto al Cidine su principio activo es la cinitrapida (ácido tartrato) y se receta para estimular la motilidad intestinal pero tiene también potenciales efectos secundarios negativos y se trata de un sedante suave por lo que si no lo necesita realmente es mejor que tampoco lo tome. ¿Y a qué puede deberse su reflujo esofágico? Lo más probable es que se deba a una intolerancia farmacológica, a que sea alérgico o intolerante a algún alimento o a que sufre la carencia de algún nutriente. No tome pues fármacos una temporada para ver si eliminándolos desaparece el problema. Y paralelamente hágase unos tests de alergia e intolerancia alimentarias para poder desechar todo aquel que le siente mal. Finalmente siga un tratamiento ortomolecular con un buen especialista aunque ya le adelantamos que hay algunas cosas que seguramente le ayudarán: zumos de aloe vera, col y apio y una sal de schussler: la Natrum Phosphoricum. Pruebe además con dos productos homeopáticos: Iris versicolor a la 200CH (5 gránulos 2 veces al día) y Lycopodium 30CH (5 gránulos por la noche). Por lo que se refiere al ácido ascórbico siendo tan pequeña la cantidad que dice ingerir a diario no hay problema pero sepa que en la forma de ascorbato cálcico –que es alcalina en lugar de ácida y por eso más aconsejable- sí se encuentra fácilmente (no tanto en las farmacias, eso es verdad). Entre otros fabricantes los tiene la marca LKN que se anuncia todos los meses en la revista y comercializa productos de excelente calidad.


Increíble es la palabra que empleo para describir la cantidad y calidad de información que dais tanto a través de la web como de la revista. Gracias, de verdad. Y ahora voy al grano: tengo un hermano de 24 años que sufre ansiedad y depresión. Su comportamiento es extraño. Parece un niño. Apenas habla con la gente y no reconoce lo que está ocurriendo. Con la familia se vuelve agresivo y se enfada mucho cuando le preguntamos por qué está así. Nunca nos ha dicho qué siente ni qué le ocurre. Lo cierto es que era una persona normal hasta hace 3 años en que un día llegó a casa sin casi poder hablar y diciendo que se sentía plenamente consciente. Nos dijo que había fumado un porro. Pero nos cuesta creer que un porro le haya afectado tanto. Sabemos que el alcohol siempre le ha sentado mal aunque bebiera muy poco. Nos hemos informado y sabemos que sólo fumó un porro, no tomó ninguna otra droga. Pues bien, lo cierto es que a partir de ese momento comenzó a sufrir ansiedad, luego comenzó con depresión y no puede –dice- concentrarse en lo que hace. Como dije apenas habla y cuando lo hace tartamudea mucho. No se puede expresar bien y se le olvidan las cosas. Tampoco presta atención. Es más, hay días en que está muy nervioso y no le podemos decir nada porque nos grita para que nos callemos; y otros días se muestra más tranquilo. Durante ese tiempo ha ido a muchos psicólogos, médicos y especialistas pero no ha mejorado. Ha tomado de todo tipo de homeopatía y productos naturales y sólo le han servido para calmarse un poco. Otros medicamentos no ha tomado. Bueno, la verdad es que sin que él lo sepa le estamos poniendo unas gotas de Haloperidol en la comida después de que se lo recetara un psiquiatra para que se tranquilizara. Solo que hemos comprobado que le pone más nervioso aun cuando el médico nos dijo que era imposible. Así que no sabemos si continuar dándoselo. Actualmente mi hermano ya no quiere acudir a ningún otro médico ni a otro sitio. Está cansado de acudir a médicos. Lo cierto es que nosotros seguimos dándole Haloperidol. Orina mucho, supongo que por culpa del medicamento, o porque cogió esa manía. Tiene muchos miedos y obsesiones, deja que pasen los días sin hacer nada. Me pregunto si la depresión se debe a que se negó a tomar los antidepresivos que le recetaron o a que es consciente de que sus facultades mentales están mermadas. No son las mismas de hace 3 años. También pienso si no se deberá a un desequilibrio del eje hipotálamo-hipofisiario-suprarrenal causado por la sustancia que fumó. No sabemos a dónde ir ni qué hacer ya que cada día está peor. Realicé una consulta por medio de internet al Centro Médico Euroespes y me dijeron que en estas condiciones no podían ayudarnos. Espero que vosotros sepáis orientarnos a fin de conseguir su bienestar y el de toda mí familia. Estaríamos eternamente agradecidos. Muchas gracias.

A. Martínez

Mire usted, el Haloperidol es un neuroléptico perteneciente al grupo de las butirofenonas -y, por tanto, un potente antagonista de los receptores dopaminérgicos centrales- que se receta como antipsicótico y como antiemético (para prevenir las náuseas y los vómitos) al igual que como sedante en casos de manías. Y basta leerse el prospecto con los posibles efectos secundarios para echarse a temblar. ¿Cómo le dan ese fármaco sin que lo sepa? ¡Es su salud y su vida! Entre otras cosas puede producir temblor, rigidez, salivación excesiva, bradiquinesia, acatisia, distonía aguda, movimientos involuntarios de la lengua, cara, boca o mandíbula -¡que pueden llegar a ser permanentes!-, hipertermia, rigidez muscular generalizada, inestabilidad autonómica, alteración de la conciencia, depresión, sedación, agitación, somnolencia, insomnio, cefaleas, confusión, vértigo, convulsiones, náuseas, vómitos, pérdida de apetito, dispepsia, hiperprolactinemia, galactorrea, ginecomastia, oligo o amenorrea, hipoglucemia, síndrome de secreción inapropiada de ADH, taquicardia, hipotensión, arritmias ventriculares, agranulocitosis, trombocitopenia, hepatitis, constipación, visión borrosa, sequedad bucal, retención urinaria, priapismo, disfunción eréctil, edema periférico, sudoración o salivación excesiva, pirosis, falta de regulación de la temperatura corporal, rash, urticaria… y hasta anafilaxia. Incluso se han reportado casos aislados de muerte súbita en pacientes psiquiátricos. ¡Es puro veneno! Por muy legal que sea y por mucho que haya psiquiatras descerebrados que lo recomienden. ¿Cuántas veces hemos advertido a nuestros lectores que se lean los prospectos de los fármacos que van a tomarse -o a dar a sus hijos- y no se limiten a seguir las instrucciones que les da el médico de turno? Los médicos están para asesorar, no para decidir por los enfermos. Y el hecho de que una gran mayoría crea que cualquier fármaco es aconsejable o medianamente seguro por el simple hecho de estar aprobado -afortunadamente no todos piensan así que hay médicos excelentes aunque sean pocos- demuestra sólo que son unos ignorantes a los que se les ha lavado el cerebro. Dejen de dar a su hermano ese fármaco. Probablemente mejore ¡sólo con hacer eso! Que se desintoxique de inmediato. Y busquen la causa de su estado. Que dudamos mucho sea a causa de ese porro que a usted tanto le preocupa. Es mucho más posible que la causa fuera una vacuna o una intoxicación por ejemplo. ¿Se vacunó de algo hace tres años cuando empezó todo? ¿Siguió algún tratamiento farmacológico? ¿O empezó todo con un shock traumático de tipo emocional? Esta última opción es importante valorarla. Y en ese sentido lo mejor que podemos sugerirle es un tratamiento anatheorético. En el centro que dirige Joaquín Grau en Madrid (91 522 89 09) pueden darle el nombre de algún terapeuta con experiencia. Tampoco cabe descartar un problema de parasitación o una infección bacteriana, vírica o fúngica. Una sola sesión con el Par Biomagnético puede orientar sobre esa posibilidad. En España quien más experiencia tiene es Juan Carlos Albendea por lo que le sugerimos que su hermano –si acepta- acuda a él (lo puede localizar en el 91 704 57 81). Y, por supuesto, no estaría de más un chequeo a fondo para valorar su estado general y encontrar otras posibles causas. Hay varios médicos que pueden hacerlo pero nosotros vamos a sugerirle dos: Alberto Martí Bosch (91 435 56 13) y Santiago de la Rosa (91 431 35 16). Suerte.


Sr. Director: le felicito por su revista ya que la encuentro muy interesante y me sirve de guía para solucionar muchas de las situaciones que tanto yo como mi familia padecemos. Pero hay algo que me desborda y no puedo controlar: me he convertido en una persona con un carácter muy agresivo. Fui una persona pacífica hasta que mi marido y yo adoptamos a nuestra hija. La niña llegó a casa con 6 años y una actitud totalmente fuera de control, capaz de organizar las situaciones más insólitas y espectaculares en lugares públicos. Después de una larga procesión por diferentes psicólogos y de tener diagnósticos tan dispares como alteración límite de la personalidad, retraso mental y déficit de atención con hiperactividad, entre otros, supe que nunca podría ser una madre normal. He llegado a vivir muchas situaciones de vergüenza que me sacaban de mis casillas y me ponían en contra del mundo. Así empecé a luchar con todo y contra todo, incluso contra mí misma. Me encontré con profesionales a los que el caso se les escapaba de las manos. Las circunstancias hicieron que mi carácter cambiase y me llegase a alterar con mucha facilidad. Para colmo el año pasado estuve muy enferma después de una histeroscopia que me originó una septicemia. Acabé en coma y me tuvieron que operar de urgencia para extraerme la matriz y un ovario que estaban altamente infectados. Afortunadamente conservo el otro ovario pese a que la infección se había extendido por todo el cuerpo y la sangre. Después de la intervención me mantuvieron anestesiada porque mi cuadro clínico era de posible muerte. Me despertaron un día después y cuando abrí los ojos en la UCI me sentí presa del pánico. Tenía un aparato en la boca para respirar y un montón de cables recorrían mi cuerpo cosidos a mi piel con puntos. La experiencia de la UCI no se la deseo a nadie. Fueron horas y horas postrada. Mis manos se quedaron agarradas a las barandillas de la cama en un estado de rigidez tal que aún hoy tengo siento dolor en las articulaciones de los dedos. Con el tiempo físicamente me he ido recuperando pero tengo los nervios destrozados. Ahora mi hija está más calmada pero está entrando en la adolescencia y me resulta imposible controlarme cuando se porta mal. Ahora soy yo la que arma las situaciones más insólitas y espectaculares cuando no actúa de manera adecuada; por ejemplo, cuando se abraza a desconocidos. Además hace muchos años que soy migrañosa crónica y cada vez el dolor es más frecuente e insoportable. Me estoy medicando con Almográn, Flurpax, Cincofarm y Naproxeno sódico. He probado otras medicaciones naturales y homeopáticas pero no me hacen efecto (también tomo Diacepán para los nervios en los momentos más críticos) ¿Qué puedo hacer para calmar mi agresividad? Me he convertido en el ogro de la familia. En los actos sociales la gente ya espera a ver cuándo voy a montar el numerito, sobre todo si está presente mi hija. Espero que me pueda ayudar. Muchas gracias por su atención.

Mercedes R.
(Barcelona)

Mire, ante todo le sugerimos –como en la carta anterior ya hemos explicado- que se lea usted los prospectos de los fármacos que se está tomando. Y si después de hacerlo sigue tomándolos porque cree que lo que en ellos se dice no le va a pasar a usted o porque piensa que aunque las advertencias son muy claras no pueden ser ciertas porque entonces no se comercializarían ¡despierte! En esos fármacos no está la solución a su problema. De eso sí estamos seguros. Así que plantéese otras opciones. Para empezar sepa que la mayoría de los casos de agresividad irracional o incontrolada los provocan ¡los antidepresivos! En segundo lugar revise su alimentación. En más que probable que aunque a usted le cueste aceptarlo la causa pueda estar igualmente en ella. No tanto por lo que ingiere –que también- sino por lo que no ingiere. Porque la irritabilidad se la puede causar el déficit de algunos nutrientes; en especial de las vitaminas B1, B3, B9 (ácido fólico) y E así como de algunos minerales: zinc, magnesio, potasio y fósforo. Y otro tanto pasa con la carencia de ácidos grasos poliinsaturados (omega 3 y 6 preferiblemente). Por otra parte sepa que provoca igualmente irritabilidad la intoxicación por mercurio así que si tiene amalgamas en la boca hágaselas quitar. Como lo provoca una exposición continuada a ondas electromagnéticas. Y el consumo de aspartamo así que no tome edulcorantes o alimentos preparados que lo contengan (como la Coca-Cola). Y sustituya su pastilla de Valium –es decir, el Diacepán- por el sencillo azafrán que tiene las mismas propiedades para la ansiedad pero sin ninguno de sus efectos negativos. En suma, desintoxíquese y alcalinice su organismo, siga las normas de La Dieta Definitiva, busque un buen experto en Medicina Ortomolecular, elimine las amalgamas de su boca si las tiene, no consuma aspartamo, tome cápsulas de omega 3 y 6 (por ejemplo Aceite de Krill, Lyprinol o Algatrium), eche algo de azafrán –no colorante- en sus comidas y elimine toda bebida o alimento que lleve aspartamo. Todo ello después, por supuesto, de dejar de ingerir los fármacos que menciona. Siempre supervisada por un profesional que la oriente. En esta misma sección damos algunos nombres de médicos en otras respuestas. Agregaremos que no estará de más plantearse la posibilidad de que la irritabilidad la cause algún problema enterrado en su mente por lo que un tratamiento con Anatheóresis o con el Tapping no debería descartarse como posible opción terapéutica.


Estimado Sr. Campoy: leo su revista cada mes y me gusta especialmente la sección de Cartas al Director porque se aprende mucho con las preguntas y las experiencias de los demás. Casi todas comienzan felicitándole a Vd. y a su equipo por su labor y valentía al enfrentarse a las instituciones oficiales y aún cuando estoy de acuerdo con esas felicitaciones he de decir que hay algo que me tiene preocupada con respecto a la búsqueda de la salud. Y es que si descartamos a la medicina oficial, que trata los efectos y no las causas prescribiendo medicamentos que tienen más efectos secundarios que beneficios, y queremos tratarnos con las medicinas alternativas a nuestro alcance tenemos que tener una cartera bien grande porque esos tratamientos –y también los médicos naturistas- son muy caros. No son aptos para cualquier bolsillo. Aprovecho pues para pedirles que hablen en su revista de la llamada Urinoterapia de la que hay mucha información en internet y varios libros publicados. Ya sé que hablaron en uno de los números de la revista del tratamiento con orina. Creo recordar que hablaron de ella cuando se utiliza inyectada y no como la han usado tantas civilizaciones lejanas y cercanas que es aplicándola en las zonas enfermas o tomándola directamente. De hecho ya van 5 congresos presentados por médicos, naturistas y químicos -desde el primero que se celebró en India en febrero de 1996- hablando de las bondades de tomar la propia orina como tratamiento para múltiples enfermedades. Aseguran que en nuestra propia orina está el antígeno específico de la enfermedad que padecemos. El próximo congreso se celebrará en Guadalajara (México) donde varios profesionales hablarán de las ventajas de esta terapia. Varias personas, entre las que me incluyo, la hemos tomado durante tiempo y no sólo no nos hemos intoxicado sino que, por ejemplo, a mí se me ha reducido el tiempo de curación de una gripe. Y eso sin gastar un euro del bolsillo. Simplemente con una alimentación lo más sana posible. Eso sí, la orina sabe bastante mal si se come carne, embutidos y alimentos enlatados o precocinados. Como se cuenta en muchos libros el sabor de la orina se asemeja a un caldo de verduras. Le agradecería mucho que publicase esta carta y que pudiera ver algún día en su revista algún estudio sobre los tratamientos con Urinoterapia. Reciba un cordial saludo Vd. y todo su equipo.

Esperanza Castro

Vamos a complacerle aunque no es una terapia por la que nos sintamos especialmente atraídos. Y no porque no funcione –que funciona- o porque no tenga la ventaja de ser muy económica –es evidente que lo es- sino porque tiene sus inconvenientes (y no hablamos de la necesidad de superar el asco que da beberse la propia orina). Por eso está bien su uso en algunos países asiáticos -como la India-, iberoamericanos o africanos -donde en muchos la pobreza es endémica- pero no tanto en los países más desarrollados. Lo explicaremos en un reportaje próximamente.


Estas cartas aparecen en
123
Enero 2010
Ver número