CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 128 / JUNIO / 2010

Sr. Director: el viernes 30 de abril a las 22.30 y el sábado 1 mayo de 2010 a las 10.50 se proyectó por el canal ARTE + 7 de la TV francesa una película de 52´ de duración, La infancia bajo control, realizada en Francia por Marie-Pierre Jaury en 2009 que sale al paso de un informe del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia) del 2005 titulado Los trastornos del comportamiento en el niño y en el adolescente en el que presumían haber llegado a la conclusión de que era posible predecir que un niño travieso o desobediente pudiera llegar a convertirse en delincuente en la edad adulta y, en consecuencia, recomendaba detectar cualquier posible alteración en su comportamiento desde la guardería para evitar que se convirtieran en futuros criminales. Entre los rasgos infantiles que permitirían predecir al criminal del futuro están la agresividad, el cinismo, la escasa docilidad o el bajo índice de moralidad. El informe fue utilizado como base de un anteproyecto de ley sobre la prevención de la violencia que preveía la creación de un carné de comportamiento que serviría para realizar un seguimiento del pequeño que, en caso de no ajustarse a los criterios de normalidad del Gobierno de turno, debería ser modificado con fármacos. Afortunadamente el informe y el anteproyecto de ley provocaron una revuelta de numerosos pediatras, psicólogos, psicoanalistas e intelectuales, y de muchas de sus instituciones, que acusaron al INSERM de querer promulgar la vigilancia generalizada de los más pequeños -desde la edad de 3 años- bajo la influencia de la psiquiatría conductista anglosajona legitimando así una ideología «de la seguridad» que está en plena expansión. Una ideología fascista que pretende delirantemente localizar desde la primerísima infancia a los futuros delincuentes potenciales con el fin de prevenir lo que un diputado ponente denominó sus «comportamientos desviados». Una peligrosa manera de ver las cosas que ya está determinando las políticas sanitarias y sociales en países como Canadá, Alemania y Gran Bretaña. La premisa de la que parten es que la delincuencia es una enfermedad reconocible desde la temprana infancia de manera que los gobiernos, con el apoyo de las neurociencias y de la psiquiatría, deben poner a la infancia bajo estricta vigilancia. Para las neurociencias a cada trastorno le correspondería su detectable y comprobable molécula. La etología, la neurobiología y la genética se dedican a investigar las causas fisiológicas de los comportamientos «antisociales». Cada vez se utilizan tests más irracionales para diagnosticar más precozmente la «anormalidad» de los ataques de cólera, de las angustias, depresiones, hiperactividad o dificultad para concentrarse de los niños. El objetivo es «curarlos» con diversos medicamentos que la perversa industria farmacéutica aconseja y que les son administrados a los niños cada vez más frecuentemente como Prozac (fluoxetina), paroxetina, Ritalina (metilfenidato), ansiolíticos, antipsicóticos y antiepilépticos. Sustancias todas con reacciones adversas y consecuencias catastróficas. Apoderarse de objetos, no prestar atención, desobedecer, mentir y soltar agresividad se identifican como síntomas de esos «trastornos del comportamiento» clasificados por la biblia de la Psiquiatría americana -el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM))- entre más de 400 patologías. Con claridad y concisión la película entrevista a investigadores y profesionales de los diferentes países a los que esto concierne -también de Suiza y Bélgica- y escuchando los argumentos de ambas partes intentan alertar sobre las falsas raíces científicas de esta totalitaria política de control y sus posibles consecuencias (agradecemos a Isabel Núñez Salmerón la información sobre la emisión de la película). En la sociedad planificada que describe, el psicólogo de Harvard B. F. Skinner -creador del conductismo- el control de los seres humanos desde la infancia sería tan «científico» que no se producirían disidencias con el orden establecido: «Podemos lograr un tipo de control bajo el cual las personas controladas, aunque estén siguiendo un código inimaginable en el sistema antiguo, se sientan a pesar de todo libres. Creerán estar haciendo lo que quieren y no lo que se les obliga. Tal es la fuente del tremendo poder del refuerzo positivo: no hay restricción y no hay rechazo. Mediante un cuidadoso plan cultural no controlaremos la conducta final sino la inclinación a conducirse: los motivos, los deseos, las aspiraciones. Lo curioso es que, en ese caso, nunca se suscita la cuestión de la libertad». (Walden 2). Los profesionales que practican los TCC (Tratamientos Cognitivo Conductuales), los psiquiatras y los neurocientíficos se han constituido pues en la vanguardia ideológica de los que quieren controlar y someter nuestras vidas, nuestras conductas, nuestro pensamiento, nuestras elecciones y nuestros deseos a los intereses de los sectores dominantes. No todos los pertenecientes a las profesiones enumeradas pero sí una gran mayoría; aunque puedan no ser conscientes de ello. El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

Juan Pundik
Presidente de la Plataforma internacional contra la medicalización de la infancia

Coincidimos con usted plenamente. Aunque no es menos cierto que ya en la actualidad se manipula de forma vergonzosa a la ciudadanía -sin que la inmensa mayoría sea consciente de ello, personas inteligentes incluidas- gracias al control de los grandes medios de comunicación social y, sobre todo, de los medios que sirven las «noticias» a los medios; y es que es grotesco que los profesionales no se den cuenta de que produciéndose miles de noticias cada día en todo el mundo se ofrezcan siempre las mismas y contadas de la misma manera. No entienden que a ellos solo les llegan las que otros previamente han seleccionado. Basta sentarse a ver y escuchar el informativo de televisión de cualquier cadena para comprobar que todos hablan de las mismas cosas aunque luego haya matices de opinión… en política nacional y deportes. En otros temas, especialmente en el ámbito de la salud, todos repiten las mismas verdades oficiales. Hasta las noticias «curiosas» que pretenden dar un toque de originalidad son las mismas. En suma, el control de la sociedad sería hoy ya casi absoluto si no hubiera sido por Internet. ¿O no es significativo lo que ocurre en el ámbito sanitario? ¿No se ha lavado de tal manera el cerebro a la gente que todo el mundo se cree no ya que los fármacos sean la mejor solución a los problemas de salud sino la única solución… cuando no hay uno solo que cure nada? En la revista somos muy conscientes de lo que está pasando y sabemos perfectamente que lo que usted denuncia es verdad. Por eso a los artículos que ya hemos dedicado a este asunto van a seguir otros. Entre ellos el dedicado en este número a esa pseudociencia llamada Psiquiatría. Invitamos al lector escéptico que crea que exageramos a informarse y formarse visionando los videos -al menos once- que con el nombre genérico de Psiquiatría: industria de la muerte tiene a su alcance en Youtube. Le abrirán los ojos, la mente y, quizás, la conciencia.


Sr. Director: hace cuatro décadas algunas series televisivas americanas nos representaban doctores apuestos y competentes que despertaron numerosas vocaciones. Personajes con carisma y ética, muy humanos, que distan mucho de los modelos actuales que la caja boba nos representa a diario. El paradigma es el Dr. House cuyo actor encarna el papel a la perfección (nada tiene que ver con el padre de aquel ratoncito simpático, Stuart Little, que hizo las delicias de los pequeños). Mucho antes, el inolvidable Marcus Welby (Robert Young), doctor en Medicina, se ganó a un público entusiasta ganando un Emmy al mejor actor en una serie dramática. Tenía una sonrisa natural empática, una simpatía arrolladora. Y eso que incluso en un capítulo creo que inyectó epinefrina (nuestra adrenalina) intracardiaca a un paciente con parada cardiaca lo que hoy estaría contraindicado; pero es que los procedimientos médicos cambian. El actor James Brolin, interpretando al Dr. Steven Kiley como asistente del Dr. Welby, se hizo asimismo muy popular. Como Peter McDermott en la serie Hotel de los años 80 que muchos recordarán. Luego vendría la circulación extracorpórea que permitió la cirugía a corazón abierto, los trasplantes de órganos, el dacron y la cirugía mínimamente invasiva. El Dr. Joe Gannon (Chad Everett) fue otro guaperas de esa saga que despertó tantas vocaciones médicas haciendo gala de sus enormes e inconfundibles patillas. ¿Y quién es ese Gregory House (Hugh Laurie) del que habla ahora todo bicho viviente? Sus modos son trogloditas, carece de la más mínima ética y en el manejo del paciente aplica unas cuantas decenas de algoritmos decisionales de base estadística. Eso sí, despilfarrando personaje misterioso y desconcertante que se droga por su dolor crónico y suscita sentimientos encontrados de amor y odio al mismo tiempo entre colaboradores y pacientes. Al final no hay enfermedad rara que se le resista pero la Medicina no debería ser un negocio sino un ejercicio de humanismo. En una sociedad que cabalga a pasos agigantados a lomos de la técnica y el mercantilismo cosificante tendría que imponerse la vocación sobre el sensacionalismo cuando se debaten asuntos como la eutanasia, el aborto, la clonación, el suicidio, las células madre totipotenciales, las técnicas de recombinación del DNA, la Genómica, etc. La Medicina y la ciencia luchan contra el envejecimiento y las enfermedades -especialmente el cáncer y el dolor- procurando una vida digna para todos nosotros. Si algún día somos capaces de curar el cáncer seremos inmortales. Aquellos libros que leímos en nuestra tierna juventud como Un mundo feliz de Aldoux Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Tiempo de silencio de Luis Martín Santos, 1984 de George Orwell y tantos otros nos parecen hoy más verosímiles que nunca y no tan utópicos como antaño. La riqueza espiritual del ser humano no es -como plantearon algunas voces autorizadas como la del profesor Ochoa- la que concibe únicamente al ser humano como el resultado de un orden atómico. El médico no debe ser pues sólo un científico sino una buena persona que proporcione una aproximación diagnóstica basada en la evidencia y en estudios multivariantes y metaanálisis ayudando con ello a restaurar la salud del doliente; por encima de todo debe procurar el alivio espiritual del paciente lo que se incardina en el hipocratismo conceptual que impregna toda la esencia del proceder de un galeno. Personalmente prefiero la semiología exploratoria de los doctores Marañón, Jiménez Díaz y Pedro Pons a los paradigmas propuestos hoy.

Javier Mazana
(Tenerife)

Es evidente que la Medicina se ha deshumanizado. Básicamente porque se ha masificado y porque en lugar de un servicio público es un negocio privado mayoritariamente sustentado con dinero público. Y obviamente los médicos son a la vez colaboradores y víctimas de ese sistema. Con lo que muchos, hartos de ir de quijotes a los que nadie reconocía el esfuerzo y su compromiso ético, optaron por integrarse en el sistema y endurecerse para acallar su conciencia. Por eso la mayoría no conoce ni sabe nada de sus pacientes. A veces se saben los nombres pero, por supuesto, lo ignoran todo de sus vidas. Porque han decidido que no les importa. No quieren involucrarse emocionalmente. Ellos cumplen con su “trabajo”, siguen las normas de los protocolos que les han impuesto y hacen lo que les dicen. Punto. Luego se van a sus casas y se olvidan de los enfermos. Entre otras razones porque si tienen una patología leve mejorarán sin duda y desaparecerán de sus vidas. Y si es grave lo harán igualmente porque hoy los médicos ya no saben curar prácticamente nada. Obviamente son útiles y absolutamente necesarios en casos de riesgo vital –un infarto, un ictus, una úlcera sangrante…- e incluso problemas menores –una fractura ósea, una dermatitis, una infección simple, un problema de diarrea o estreñimiento- pero no tienen solución a las miles de enfermedades que hay ya descritas. Especialmente porque ¡no existen!, son inventadas. De hecho los médicos no saben hoy qué hacer en el caso de las llamadas enfermedades degenerativas y crónicas. Salvo prescribir fármacos sintomáticos y paliativos que engorden las arcas de la industria farmacéutica. Obviamente nos estamos refiriendo a la mayoría de los médicos y muy especialmente a quienes trabajan en el ámbito de la Seguridad Social. Porque fuera de ésta sí hay “vida”. En el ámbito privado son afortunadamente cada vez más los que han optado por formarse por su cuenta y empiezan a saber tratar realmente a los pacientes tras cuestionarse lo que les habían enseñado en las facultades de Medicina. Y eso mantiene la esperanza de que algún día todo este sinsentido acabará. Y el paradigma de médico zafio y egoísta que representa el Dr. House se irá a pique. Especialmente porque lo único que le hace en realidad atractivo es que se trata de un rebelde que está en contra del sistema y casi siempre termina teniendo razón porque salva al paciente. Y eso es lo que la gente quiere estando dispuesta a perdonar todo lo demás. ¿El problema? Que se trata de un personaje de ciencia ficción, un personaje irreal como Supermán o Spiderman. En el mundo no existe ningún Dr. House resuelvelotodo.


Estimado Sr. Campoy: estoy desesperada y necesito que me ayuden. Llevo más de 20 años sufriendo fuertes dolores de barriga y diarreas. He visitado muchos médicos –incluyendo algunos naturistas- y hospitales pero nadie me cura. Primero me dijeron que tenía el Helicobacter Pilory y después de darme hasta tres veces el antibiótico para la bacteria dijeron que estaba erradicado. También tengo hernia de hiato. He cambiado de médico y en unos análisis que me hizo me sacaron que tenía un parásito intestinal. Otra vez antibióticos. Dos veces después salió negativo pero sigo igual. Debo decirle que me he hecho pruebas de intolerancia a los alimentos. Alérgica no soy y aunque me sale un parámetro pequeño a la harina no soy celíaca porque me han hecho biopsia. Se me sigue hinchando el estómago y el intestino. A veces me pongo que parece que voy a reventar. Por favor, ¿podría darme el nombre y dirección de algún doctor de su confianza a ver si encuentro solución para este problema ya que me está haciendo sufrir mucho? También le pido que me indique algún sitio para mis ojos. Tengo los lagrimales cerrados y cojo muchas conjuntivitis. El mes de noviembre me los pincharon en la Clínica Barraquer de Barcelona pero no me ha servido de nada; incluso los encuentro peor que antes. Se me irritan mucho y me afectan a la visión. Le pido su ayuda. Es la única esperanza que me queda. Reciba un cordial saludo de

Carmen López
Sabadell (Barcelona)

Lo más rápido para eliminar parásitos y microbios patógenos es el Par Biomagnético como hemos explicado muchas veces… cuando lo hace alguien con experiencia. En todo caso sus problemas intestinales apuntan a eso, a una flora intestinal deficiente o a alguna intolerancia alimentaria… ¡o farmacológica! ¿Está usted tomado fármacos? Porque no lo dice y es una causa muy corriente. Puede usted consultar en Barcelona por ejemplo al Dr. Oriol Camerino (93 284 12 05), al Dr. Miguel Ángel Ibáñez (93 532 00 86) o a D. José María Cardesín (93 453 00 77). Todos ellos podrán ayudarla. En cuanto a su problema de ojos el Par Biomagético puede igualmente ayudarla si es una infección pero también lavárselos –párpados incluidos- con agua y limón. Instílela directamente en ellos en la proporción de una gota de limón por cada cinco de agua. Y si no mejorara acuda a la Clinica Vissum que tiene varios centros por toda España (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el reportaje que publicamos en el nº 71 con el título Curan úlceras, queratitis y perforaciones corneales graves ¡con un simple colirio!).


Estimado Director: mis primeras palabras son para dar mi más sentido pésame a D. Antonio F. Muro por el fallecimiento de su hermano José y las gracias -y seguramente las de todos los lectores de su artículo Cómo evitar y/o tratar un accidente cerebrovascular que apareció en el nº 125- porque con gran entereza y generosidad supo convertir una pérdida cercana y sin duda dolorosa en información que puede ser muy útil a otras personas. Ojalá sirva para que alguna vez algún médico dé una respuesta más humilde y cooperante que la que recibió de aquella joven doctora que, ajustándose quizás a su protocolo de negación de esperanzas y alternativas que tan bien se enseña en las facultades de Medicina, cercenó la posibilidad de probar un tratamiento de Acupuntura que a buen seguro, en el peor de los casos, no habría agravado un ápice la situación del enfermo. Es profundamente lamentable que se sigan produciendo situaciones de este tipo que nos niegan la posibilidad de elegir nuestra propia vida -pues el modo en el que queremos sanar o seguir crónicamente enfermos es una opción vital sin duda- en aras de un sistema deshumanizado, ignorante o falsario y profundamente rentable. Y gracias al autor del artículo también por su valentía habitual así como al director de esta magnífica publicación por seguir manteniendo una línea editorial profundamente comprometida con la verdad y el bienestar de las personas. A ver si este posicionamiento ético empieza a transmitirse por contagio… Dicho esto me permito plantearle una cuestión que algo tiene que ver en el fondo con esa misma actitud de la Medicina alopática de no querer admitir otras posibilidades distintas a las suyas. Tengo 42 años y nací con una cardiopatía congénita por lo cual a los cuatro años y medio fui operado de Tetralogía de Fallot con éxito. Sin embargo posteriores problemas durante la adolescencia –una arritmia auricular- me obligaron a tomar betabloqueantes y antiarrítmicos, cada vez más fuertes según iban dejando de hacer el efecto pretendido los que en cada momento tomaba. En una época en la que mi tratamiento consistía en Trangorex –cuyo principio activo es la amiodarona– sufrí una crisis (angina de pecho) por la que siguiendo el protocolo médico en la sala de Urgencias me inyectaron en vena grandes dosis de la misma amiodarona que me produjo una crisis tirotóxica (uno de los efectos «secundarios» -que no sé por qué los llamamos así porque son igual de principales que los pretendidamente terapéuticos) que me provocó hipertiroidismo iatrogénico el cual a su vez provocaba un estado sostenido de arritmia de más de 150 o 160 pulsaciones por minuto (a veces cerca de 200) que al mantenerse durante dos días estuvo a punto de acabar con mi existencia. Finalmente fui trasladado inestable y bajo responsabilidad de mi familia a la Fundación Jiménez Díaz (Clínica de la Concepción) de Madrid donde afortunadamente consiguieron revertir la situación. Les estoy profundamente agradecido por ello. Meses después, cuando la situación de hipertiroidismo empezó a normalizarse (aunque tardé varios años en obtener el alta definitiva de mi endrocrino), me hicieron un estudio de electrofisiología y se optó -con mi consentimiento- por implantarme un marcapasos para, una semana después, hacerme la ablación del nodo aurícula-ventrículo (cauterizar el canal eléctrico que conducía el latido de la aurícula al ventrículo). También como consecuencia de todo este proceso me indicaron que debía tomar para siempre Sintrom al objeto de impedir que la sangre se remansara en la aurícula -que fibrilaba- y así impedir un accidente cardiovascular. Llevo pues dieciséis años tomando este anticoagulante y a veces he tenido algunos incidentes no graves (hematomas que surgen casi sin darme cuenta) que me han hecho replantearme la necesidad de tomarlo pues veo que los médicos lo prescriben con mucha facilidad a casi todo el mundo. Y en mi caso lo hicieron sólo con carácter preventivo pues nunca he tenido ningún problema específicamente vascular; además de que más bien soy hipotenso, tengo los triglicéridos bajos, el colesterol perfectamente y sigo una dieta ovolacteovegetariana. Es decir, estoy lejos del perfil de riesgo de los accidentes cardiovasculares; sin embargo las transaminasas de mi hígado están un poco por encima de los valores de referencia desde hace años (motivo de más para no querer tomar ningún fármaco que no sea imprescindible). Acabo de finalizar un tratamiento de Acupuntura para mejorar la situación de mi corazón y de mi hígado ya que no me fue posible someterme a la terapia del Par Biomagnético debido a que es incompatible con portar un marcapasos. Lo que más lamento es que sé -en muchas ocasiones por artículos publicados en su revista- que hay muchos productos naturales que me irían muy bien para mejorar mi situación cardíaca y hepática; por ejemplo, bayas de goji, cardo mariano… pero precisamente están contraindicados si se toman anticoagulantes orales. Y es por todo ello que me gustaría conocer qué opinión les merece mi caso; es decir, si a pesar de la fibrilación auricular puedo sustituir el Sintrom por algún tratamiento no farmacológico que a mi familia y a mí nos pueda ofrecer la misma seguridad que nos han hecho creer que produce el fármaco. Le quedo sinceramente agradecido por su contestación al tiempo que le animo a continuar con su excepcional actividad divulgadora.

 Antonio Tomás Cortés Rodríguez
(Cáceres)

Ante todo gracias por sus amables palabras hacia Antonio Muro que agradecemos aunque su carta, dada la cantidad de ellas que mensualmente recibimos, haya tardado tanto en aparecer. Por lo que se refiere a su caso no es posible darle, como sin duda comprenderá, un consejo general sin valorar a fondo su situación por lo que nos vamos a permitir sugerirle que acuda al Dr. Taher Abbas (93 456 96 34), cardiólogo formado en métodos naturales que podrá aconsejarle convenientemente. En todo caso le adelantamos que a nosotros no nos parece en general razonable el uso del Sintrom como preventivo. No solo puede provocar hematomas como usted dice sino hemorragias internas; incluso en el cerebro. Cuando hay productos naturales inocuos que permiten conseguir lo mismo. Si es usted lector habitual de la revista sabrá que los problemas de arteriosclerosis no se deben a nuestro juicio al exceso de colesterol como se afirma sino a déficits nutricionales. Lea en nuestra web –www.dsalud.com– el texto que con el título El método más eficaz para prevenir y tratar los problemas cardiovasculares apareció en el nº 64 y el titulado La injustificable demonización del colesterol que se publicó en el nº 90. Mire, para prevenir los problemas cardiovasculares lo que hay que hacer es asegurarse de que con la comida tomamos suficientes nutrientes –sobre todo las cantidades mínimas diarias de vitamina C- y asegurarnos de que no tenemos carencias de lisina, prolina y coenzima Q-10. Y, sobre todo, porque eso sí es peligroso y no el colesterol, vigilar el nivel de triglicéridos. Y éstos se mantienen en los niveles adecuados simplemente haciendo algo de ejercicio a diario y reduciendo o eliminando de la dieta el azúcar, el alcohol, los carbohidratos refinados y las grasas trans y saturadas así como tomando a diario dos gramos de ácidos grasos omega 3. En cuanto a los alimentos para bajar el colesterol olvídese de ellos: son un reclamo publicitario para incautos. Y de las estatinas no nos molestamos en hablarle porque ya hemos dicho suficiente sobre ellas como para que nadie en su sano juicio se las tome (lea si no lo ha hecho el artículo que publicamos en el nº 91 con el título ¿Causan las estatinas recetadas para bajar el colesterol las enfermedades neurodegenerativas?).


Sr. Director: me dirijo a Ud. para obtener y precisar información acerca del aminoácido arginina ya que tengo entendido que dicha sustancia puede activar el crecimiento de los virus herpes según se explica en el artículo Cómo tratar ortomolecularmente el virus herpes y sus diferentes manifestaciones que aparece en el nº 103 de la revista. Lo pregunto porque he visto que el producto Viusid contiene arginina entre sus componentes. En suma, ¿quizás la arginina no es tan importante en el aumento de la velocidad de crecimiento de los virus herpes o es que los demás componentes del producto opacan esa acción? ¿No sería más razonable que el producto tuviese L-Lisina? De hecho yo receto la L-lisina junto con zinc, vitamina C y ácido alfa lipoico con excelentes resultados en casos de herpes zoster. En suma, la composición de ese producto, aunque haya tan buenas referencias de él en sus artículos, no me da por ello seguridad como para indicarlo.

Dra. Armida Tovar
(Venezuela)

El presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular, José Ramón Llorente, explicó efectivamente en el nº 103 de la revista que la arginina promueve el crecimiento del herpes mientras la L-Lisina lo inhibe o al menos ralentiza su crecimiento. Añadiendo que se recomienda precisamente la L-lisina para contrarrestar el exceso relativo de arginina, aminoácido que según él está además contraindicado en la esquizofrenia y en las patologías renal y hepática. Por su parte el laboratorio fabricante afirma que los trabajos que indicaban eso son antiguos habiendo otros posteriores que demuestran la capacidad anti-herpética de la arginina. Entre ellos el titulado Antiviral effect of arginine against herpes simplex virus type realizado por T. Naito, H. Irie, K. Tsujimoto, K. Ikeda, T. Arakawa y H. Koyama que se publicó en abril del 2009. Asimismo explican que desde el punto de vista de la biología molecular se sabe que en el genoma del virus herpes simplex hay un clúster en el que se observan regiones ricas en arginina que se regulan por metilación y controlan genes de proliferación y no por tomar mucha arginina va a haber más regiones ricas en las mismas ya que eso viene marcado genéticamente. Agregarían que sería mucho más lógico limitar la ingesta de S-adenosilmetionina que es la donadora de los grupos metilos ya que sin metilaciones la regulación génica no va a tener lugar. El laboratorio concluye afirmando que usan arginina en su producto por la acción beneficiosa que tiene en todos los procesos de síntesis de óxido nítrico y de moléculas asociadas al sistema inmune. Tales son las respuestas que hemos recibido y la revista se limita a transmitir.


Estas cartas aparecen en
128
Junio 2010
Ver número
Última revista
Último número Mayo 2020 de la revista mensual Discovery DSalud
237 | Mayo 2020
Cartas al director Editorial Ver número